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miércoles, 6 de junio de 2018

De un abogado contra la cojera y las caídas.

San Claudio de Besançon, obispo y abad. 6 de junio.

Nació sobre 594 en el castillo de Bracon, Salins-les-Bains, Francia. A los 7 años fue internado por sus padres en un monasterio muy estricto de Besançon para formarse con vistas a hacer la carrera eclesiástica. A los 20 años, luego de una excelente educación en letras, ciencias y piedad, fue nombrado canónigo de la catedral de Besançon, y al poco tiempo ordenado presbítero. Sin embargo, lo abandonó todo para ser monje. Sin embargo, en 626 fue nombrado y consagrado obispo de Besançon. Tuvo gran amistad con San Cesáreo de Arlés (27 de agosto). Durante su tiempo al frente de la sede promovió la evangelización, la construcción de iglesias y la caridad para con los necesitados. En esta época dícese sanó milagrosamente a un niño enfermo.

En 633 Claudio renunció al obispado para tomar el hábito monástico en el célebre monasterio de Condat, fundado por Santos Román y Lupicinio (28 de febrero) en el siglo V. En 638 fue elegido abad de la comunidad y durante años llevó al monasterio a tener un prestigioso lugar en la Francia carolingia, y tanto que, después de su muerte, hasta hoy, se le conocería como monasterio de St-Claude. Sobre los días finales del santo hay gran duda, pues en 685 volvemos a hallar un Claudio obispo de Besançon, del que casi todos los hagiógrafos dicen es nuestro santo. Pero, sin embargo, su muerte está perfectamente documentada a 6 de junio de 699 en el monasterio de Condat como abad.

Fue sepultado en la iglesia abacial y durante siglos su sepulcro fue muy venerado, y su culto extendido por toda Francia. Su sepulcro fue profanado en 1794 por los revolucionarios franceses y su cuerpo incorrupto fue quemado por completo menos el antebrazo, salvado por por un revolucionario que aún conservaba algo de piedad. Hoy se venera en la catedral de Besançon. Es abogado de los jugueteros, los comerciantes, los camareros y panaderos, y se le invoca contra la cojera, los accidentes y las caídas peligrosas.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-https://www.heiligenlexikon.de


A 6 de junio además se celebra a:


San Iarfhlaith,
eremita y obispo.
San Felipe el Diácono.
San Agobard, obispo.





miércoles, 28 de febrero de 2018

Fueron grano limpio y gloria de Dios.

Santos Román y Lupicinio de Condat, hermanos abades. 28 de febrero.

Nació Román sobre 390. se formó en el monasterio de Ainay, cerca de Lyon, bajo la dirección de su abad San Sabino (3 de septiembre), y luego regresó a su casa aunque en su corazón ardía la vocación monástica. Ayudó a su padre en el negocio familiar y rechazó cualquier matrimonio que se le propusiera, algunos muy ventajosos. Cuando tenía 35 años quedó huérfano, se deshizo de todas sus propiedades, reservándose solo un ejemplar del conocido libro "Vidas de los Padres del Desierto" y unas cuantas semillas y herramientas. Con su carga se fue al Jura, donde tomó morada bajo un pino. Luego estableció una ermita, germen del célebre monasterio de Condat.

Allí parecía que nadie le hallaría, pero la noticia de aquel eremita que había logrado cultivar entre las montañas pronto se extendió y le llegaron algunos discípulos, entre ellos su hermano Lupicinio. En un año eran tantos, que ambos hermanos ya gobernaban dos recintos cenobíticos, aunque unidos en la Regla y la caridad. Una hermana suya, de la que no tenemos nombre, también tuvo su propio monasterio entre los riscos, donde con los años llegaría a haber la impresionante cantidad de 500 monjas. En los tres monasterios la vida era idéntica: celda separada, teniendo solo la iglesia y el refectorio en común. Vestían túnicas sencillas de piel, que protegían de la lluvia, pero no del frío. La austeridad, penitencia, ayuno, oración, trabajo y lectura eran las máximas de los monasterios de Román, imitando la vida de los monjes de Oriente.

Lupicinio superaba a todos en sus privaciones, pues dormía en un tronco de árbol y vivía de un menjurje a base de cebada y salvado, sin sal ni aceite. Solamente una vez, y por contentar a unos monjes, accedió a añadir un caldo de pescado a su rancho. Su estricto modo de vida hizo que algunos monjes protestaran y se fueran. Entonces Román le regañó de ser causa de dispersión de los monjes, a lo que Lupicinio le respondió: "No te preocupes, esos son la paja que se separa del grano. Son orgullosos y Dios no está con ellos". Sin embargo, Romano, más comprensivo, fue por ellos y les convenció de regresar al monasterio.

Román y los leprosos.
Hacia los 50 años Román peregrinó a Agaunum para venerar las reliquias de San Mauricio (22 de septiembre), y mientras iba en camino se hospedó con unos leprosos, a los que abrazó y besó, quedando los enfermos milagrosamente sanos con este gesto de cariño. La fama de este portento llegó a Ginebra, donde el clero y la nobleza le recibió con gran pompa y celebrando un pontifical en la catedral. Se dice que San Hilario de Arlés (13 de enero) les ordenó presbíteros, luego de conocerles y ver sus abundantes virtudes.

Román murió en 640, luego de despedirse de sus hermanos y exhortarles en la fidelidad a Jesucristo. Sus reliquias se veneran en el Jura. San Gregorio de Tours (17 de noviembre) escribió sus vidas. En cuanto al monasterio, pronto se llamaría de San Oyend (1 de enero), su ercer abad, y posteriormente y hasta hoy, se conoce como San Claudio (6 de junio), pues este célebre obispo de Besançon fue monje allí, y allí se halla su venerado sepulcro.


Fuentes:
-"Año cristiano, o ejercicios devotos para todos los días del año". P.P J. Croisset. Logroño, 1851.
-"Vidas de los Santos". Volumen II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 28 de febrero además se celebra a






lunes, 1 de enero de 2018

El Taumaturgo de Condat.

San Oyend de Condat, abad. 1 de enero.

Su "vita" fue escrita por un monje de Condat en el siglo VI, y aunque el autor casi fue contemporáneo del santo, tiene más de leyenda que de historia. Gran parte de esta "vita" pretende explicar los ritos del "Óleo de San Oyend", un aceite bendecido que el monasterio ofertó durante siglos a los devotos del santo. Igualmente explica la presencia de algunas reliquias en el monasterio, para darles autenticidad.

Según este escrito, Oyend (Eugend, Agend, Yan, Eugendo) nació en Franconia, a finales del siglo V y fue hijo de un presbítero. Siendo aún un niño pequeño tuvo una visión en la cual veía a dos religiosos que le tomaban y le llevaban consigo a una alta montaña, desde la cual oyó una voz, como el Patriarca Abraham, que le decía "Tu descendencia será tanta como estas estrellas". Y aparecían cientos, miles de monjes que confirmaban aquellas palabras. Además, se vio el niño Oyend en el cielo, donde los ángeles entonaban salmos y cánticos ante el trono del Altísimo. Cuando terminó la visión, la refirió a su padre, el cual lo confió a los Santos abades Román y Lupicinio (28 y 29 de febrero), que recién habían fundado un monasterio en Condat.

Así, a los siete años entró al monasterio. Pronto aprendió a leer, escribir y cantar. Apenas tuvo la edad requerida, tomó el hábito monástico allí mismo. Fue penitente y orante como pocos, y se dice siempre llevó una áspera camisa de pelo bajo el hábito y unos zapatos de madera, toscos y sin refinar por dentro. Dormía sobre un saco de paja, sumamente incómodo. Su oración era prolongada, y salía de ella transfigurado, con una luz sobrenatural emanando de su rostro. No comía sino una sola vez al día, a la hora de Sexta, y solo comía otra vez si la obediencia se lo imponía.

Estudió las Escrituras y los Padres de la Iglesia, destacando por su recta comprensión de la doctrina católica. Su obispo quiso ordenarle presbítero para que pudiera predicar el Evangelio, pero Oyend nunca quiso, sino que prefería ser un simple monje sin honores. Fue un gran auxilio para su abad, el cual descargaba con confianza numerosos encargos y acciones de gobierno, teniéndole por vicario fiel. Destacó sobre todo como director de la escuela del monasterio, en la que él mismo se había formado. Poco tiempo después tuvo una visión en la cual los santos fundadores Román y Lupicinio le cedían su cayado y su cíngulo, en signo de que le elegían para que fuera abad del monasterio cuando los monjes lo decidieran.

Y efectivamente, al poco tiempo, en 490, murió su abad y Oyend fue elegido por unanimidad como abad de Condat. Fue prelado piadoso, noble y recto al mismo tiempo. Aun así, a veces recibía críticas de sus monjes, a las cuales respondía con humildad y redoblando sus penitencias para ser mejor. Tuvo el don de milagros, y los dones de conciencias y de sanación. Incluso por medio de sus cartas hacía milagros, lo cual fue aprovechado, según la leyenda, por varios prelados y presbíteros, para escribirle y obtener respuesta suya, y así, por medio de estas cartas "milagrosas", aliviar las penas de los enfermos. Otro sacramental muy usado por el santo fue el aceite bendito, que sus visitantes se llevaban del monasterio para ungir a enfermos, obrándose portentos.

También eran efectivas su acción y oración contra el demonio. Cuéntase que una joven de Secundiac cayó bajo el dominio de un demonio, que llegó a enloquecerla hasta el punto de tener que ser atada con cadenas. Conjurado el demonio a que dejara a la muchacha en paz, el diablo dijo que sólo podría contra él sino el Oyend, el abad de Condat. Fueron a rogarle al santo que viajara a exorcizar a la joven, mas Oyend se negó a salir del monasterio, aunque firmó una nota en la cual ordenaba al diablo, en el Nombre de Cristo, a salir de la joven. Todavía no habían llegado a la mitad del camino cuando el diablo, sintiendo cerca la presencia del santo abad, salió del cuerpo de la poseída.

Nuestro santo tuvo, por iluminación divina, el conocimiento previo de las cosas, como la pronta muerte de algunos de sus monjes, a los cuales avisaba para que se prepararan para el encuentro definitivo con Cristo. También predecía la llegada de los prelados o personajes ilustres, esmerándose en que todo estuviera listo. También tuvo el especial don de conocer las virtudes o vicios de los que rodeaban sintiendo un agradable perfume o espantoso hedor, según el caso. Algo que también leemos de Santa Cristina la Admirable (24 de julio).

Uno de los "hechos" más conocidos y representados en la iconografía de San Oyend es una visión que tuvo: Se le aparecieron los apóstoles San Pedro, San Pablo y San Andrés un día que descansaba bajo un árbol. Luego de saludarles y preguntarles de donde venían, los tres santos le revelaron quienes eran. Oyend, luego de besar sus pies inquirió que hacían los santos por aquellos parajes, siendo que sus cuerpos se veneraban en Roma y de Patras. Entonces San Pedro le contestó: – "Eso es verdad, nosotros estamos donde tú aseguras, mas hemos venido aquí, que es donde debemos habitar ahora". Y desaparecieron. En ese momento vio el santo abad se acercaban dos monjes que años atrás habían salido en peregrinación, quienes traían un arca con reliquias los santos Pedro, Pablo y Andrés. Las reliquias fueron llevadas al monasterio solemnemente y veneradas durante siglos en el altar.

También gozó nuestro santo de la protección del gran San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias; 1 y 13 de diciembre, traslaciones), el cual socorrió a varios de sus monjes en una ocasión en que Oyend les había enviado a comerciar con sal. Sucedió que a los dos meses aún no habían regresado los monjes y Oyend entristeció sobremanera, pensando no les habría enviado a la muerte. Entonces, estando en oración en su lecho, se le apareció San Martín, quien le aseguró que estaba a salvo por su protección, aunciándole el día y hora en que llegarían al monasterio. Oyend lo comunicó a sus monjes al día siguiente, y así mismo ocurrió, pues el día y hora anunciados aparecieron los monjes. Además experimentó la protección de San Martín cuando el monasterio de Condat sufrió un incendio y milagrosamente se salvaron numerosos bienes, pudiendo reconstruirse el monasterio en poco tiempo. Además, el aceite bendito, siendo lo más inflamable, quedó intacto en medio de las cenizas el recinto.

Luego de la Navidad de 509, Oyend se sintió desfallecer y pidió le fuera impartido el sacramento de la Extremaunción, pues sabía no le quedaban sino pocos días de vida. Consoló a sus monjes, que estaban tristes por perderle, y les animó a elegir un abad mejor que él mismo. Tuvo una visión en la cual los santos Román y Lupicinio entraban con un ataúd y alegres le mostraban el cielo. Pidió a sus monjes no retrasaran su muerte con oraciones, sino que pidieran mejor para que alcanzara pronto el cielo. Y así, el primer día de año de 510, teniendo 60 años, el santo abad entró a la gloria eterna. 

Fuentes: 
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"Les vies de tous les Saints de France". Tomo V. M. CH. BARTHELEMY. Versalles 1864.

A 1 de enero además se celebra a
San Demet de Plozevet, eremita.
San Concordio, presbítero y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...