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viernes, 13 de marzo de 2015

De gárgolas y protestonterías



Bellas gárgolas cumpliendo su función elemental:
drenar agua.
Pregunta: Hola, soy de Argentina. Yo soy católico, y toda mi familia es protestante. Me preparo todo lo que puedo para estar presto a responder las preguntas que me hacen (generalmente ataques) respecto de la fe católica. Pero esta que le hago no he encontrado respuesta. Es sobre las gárgolas que hay fuera y dentro de ellas. Los evangélicos me preguntan el porqué, y yo les digo que es porque el arte de aquel tiempo, pero no atino a dar una respuesta razonable a esa duda. Confío en que sabrá responderme, y si no puede responderme, dígame lo que ud. supone, lo que ud piensa al respecto. Gracias de antemano. Argentina.



Respuesta: En cuanto a los ataques, bueno… los católicos ya nos acostumbramos a ello, pero sin embargo, no nos preparamos lo suficiente. Te animo a que lo hagas. Por otro lado, me admira que los protestantes te acusen de que el diablo esté presente en la catedral, por las gárgolas. Eso es darle un poder a la imagen, no de representar sino ya de estar presente (es igual, pero no es lo mismo) al diablo. Ciertamente la dan más importancia a una imagen que los mismos católicos. Por otro lado, casi es de risa, porque el demonio forma parte esencial de la predicación protestantes. Las referencias a los ataques, las tentaciones, los empujes del diablo son frecuentes, por no decir constantes como Pi, en los sermones protestantes. Su visión del mundo, donde Satanás está presente lo mismo en una fiesta, en un disfraz, que en una barra de labios femenina, dice mucho más de su fijación con Satanás que una triste gárgola llena de polvo en una iglesia católica, en la que nadie se fija y si acaso lo hacen es para reirse. En el fondo es desconocimiento del uso de la imagen en la enseñanza católica. No toda imagen en un templo es para venerar, ni mucho menos. Algunas son alegorías, mensajes, símbolos religiosos; el mal existe y tambien se representa ¿acaso no están llenos de alimañas los “comics” protestantes? La gárgola es un símbolo más. Y aquí entramos en la historia, finalidad práctica y simbolismo de las gárgolas.

Una leyenda dice que la costrumbre de las gárgolas proviene de una especie de basilisco llamado La Gargouille, que vivía junto al Sena y destruía barcos, pueblos y solo se aplacaba con un criminal que le ofrecían cada año, pero el bicho prefería doncellas. En el siglo VII San Román (23 de octubre) predicó en Rouen y les dijo que si se convertían al cristianismo, el les libraría del animal. Así, Román se llegó a la orilla del río e hizo un exorcismo, con el que dominó al dragón-basilisco. Le ató, lo llevó a la ciudad y le quemó. Ahora, pero como la cabeza y la garganta, acostumbradas al aliento de fuego (!) no se quemaban, se montó en un palo y se puso a la puerta del ayuntamiento como recuerdo.

Leyendas aparte, lo más certero que se sabe es que el nombre viene del francés gargouille (palabra usada para hablar del sonido semejante al de un líquido en un tubo). Vamos, como hacer gárgaras. De hecho esta palabra viene de ahí mismo, del latín gargula (garganta). Ya esto nos habla de su finalidad: dejar pasar el agua que corría por los tejados, un desague para que el agua no corra por la piedra y la debilite. Lo cual no es un invento medieval, ya lo hicieron, por lo menos, los egipcios, griegos y romanos (en Pompeya abundan). Las primeras gárgolas medievales son de la época gótica y se cree que son las de la catedral de Lyon. Es curioso, porque las gárgolas, son las continuadoras del bestiario usado por el románico, muy prolífico en representar seres extraños y misteriosos, que a su vez toma del paganismo anterior a la llegada de la fe. Recordemos que Europa no fue totalmente cristiana (si lo fue alguna vez) hasta muy avanzado el medievo. Las primeras gárgolas góticas son bastas, herederas del románico, y no siempre representaban criaturas deformes o diablos, pero según avanza, se van volviendo más elaboradas, distinguiéndose por su deformidad y fealdad (aunque son bellas obras de arte). El arte cisterciense las rechazaría profundamente, a ellas y a toda ornamentación innecesaria y fantasiosa. Entiéndase que rechazaba las representaciones, no el uso práctico. Incluso han motivado el patronato de Santa Franca de Visalta (25 y 26 de abril, y último domingo de agosto en Montelana) sobre las pesadillas y malos sueños.
Gárgola para nada "demoníaca",
solo es un cantero.
Pero, ¿por qué son de aspecto monstruoso, como diablos, dragones, seres deformes?: Si tenemos en cuenta que en la Edad Media todo adquiere simbolismo, que es la época del afianzamiento de la teología católica y de las representaciones teológicas, el momento de llevar al pueblo inculto la fe mediante imágenes, podemos entenderlo: La gárgola, desde su posición está sobre nosotros, pero vemos su parte inferior. Ella nos acecha, permanece alerta, como el texto bíblico de 1 Pedro 1, 8: “estad alertas, el diablo anda como león rugiente, buscando a quien devorar”, pero deja al descubierto su debilidad, no es invencible (ya sabemos que en la enseñanza medieval todo lo bajo, lo inferior del cuerpo y la naturaleza es maligno). Este es un sentido simbólico de la gárgola. Otro sentido simbólico es todo lo contrario: la gárgola, con su aspecto, ahuyentaba a otros espíritus, brujas y seres malvados que se basan en mitos y creencias más antiguos aún. Así la gárgola custodia el recinto sagrado de los embates del Maligno.

Hay que decir que no toda representacion de este tipo es una gárgola. No, solo son gárgolas las usadas como desague. Luego tomó el nombre cualquier representación fantástica de dragones, grifos y seres deformes, pero en realidad no lo son. También suelen tener forma de murciélago, animal asociado al mal, la oscuridad, además, con alas, lo cual recordaría el origen del diablo: un ángel. Aun hoy las estampas de San Miguel nos enseñan un diablo con alas de murciélago. Con el tiempo se hacen más complicadas, aumentan su tamaño para ser más visibles y presentes, son más llenas de símbolos y lecturas, como toda la imaginería del momento. Además de ser desagues, ya forman parte del estilo gótico y serán retomadas en alguna medida por el neogótico. Mas tarde, en el siglo XV, con la decadencia del gótico, pues la gárgola padece la misma decadencia: se convierte en una figura cómica y de risible, deforme. También habían pasado de los edificios religiosos a los civiles, como casas, ayuntamientos, etc.

En fin, resumiendo, que esto se hace muy largo y a la gente no le gusta leer mucho, a lo largo de la historia han tenido varias lecturas. 

1. Símbolo del mal, que acecha.

2. Significan lo desconocido, pues nunca representan animales conocidos, sino mezcla de estos o fantasiosos.

3. Almas condenadas por sus pecados, a las que se impide la entrada en el cielo, del cual el templo es imagen. Es posible que esta sea la más pensada por los clérigos medievales.

4. Guardianes de la Iglesia, que mantienen alejado al diablo.

5. Representaciones del demonio y sus tentaciones, recuerdan al fiel la necesidad de seguir los preceptos religiosos para no ir al infierno.

sábado, 21 de abril de 2012

El Arte Cisterciense

Pregunta: Hola, magnífico tu nuevo blog. Quería reiterar una pregunta, que tal vez no recibiste. En el post sobre el santoral cistersiense, mensionabas el arte cistersiense y te preguntaba que tipo de arte era y como se podría reconocer. Gracias. Adelante y que Dios te bendiga.

Respuesta: Que Dios te bendiga tambien, amigo. De seguro recibí la pregunta, pero no puedo responder todo lo que recibo, lamentablemente, por falta de tiempo o de bibliografía. En este caso, saco tiempo y te respondo, tomando de “Els cistercens, historia, espiritualitat” del monje Luis M. Llorent, de Montserrat; y de “Los Cistercienses”, libro que compré en mi visita a Santa María de las Huelgas de Burgos, y de algunos apuntes que tengo de cuando estudié.

Cister, origen:
Para entender el arte cisterciense, hay que acercarse, someramente a Císter.
La Orden nace del deseo de regresar al origen de la Regla de San Benito, inspirada en el monacato oriental, con la soledad, la oración y el trabajo como pilares de la vida monástica y, en definitiva, de la entrada en la vida divina, que es lo que ya inicia el monje en esta vida: adelanta el paraíso, viviendo en continua contemplación de Dios. Para esto se fundan las abadías pequeñas, pobres y alejadas de las vías principales de comercio. Originada de la anterior reforma de Cluny, decaída en su fervor original y ha sido una Orden, muy rica en personas, abadías y santidad.

Santos Roberto, Alberico y Esteban
Fue clave en la reforma de la Iglesia en pleno siglo XI. Sufrió mucho y perdió personas, abadías y posesiones con las guerras de religión, la persecusión de Enrique VIII, la Revolución Francesa y la Desamortización, en toda Europa. Aunque fue fundada por los Santos Alberico de Citeaux , Roberto de Molesmes y Esteban Harding (los tres el 26 de enero y, además, Roberto el 29 de abril y Esteban el 28 de marzo), pero el impulso y conformación se las dio San Bernardo de Claraval (20 de agosto), eminente predicador, escritor y santo, amante de María, Doctor de la Iglesia.

Císter, arte y liturgia:
Para lograr este regreso a la simplicidad de los orígenes, el monje necesitaba librarse de todo aquello que, durante siglos, había ido adhiriéndose a su vida, y la ampulosidad del culto y la riqueza, incuidas las destinadas al servicio Divino. De ahí que el arte propio de Císter se caracterizó por la asuteridad, desnudez y eliminación de todo lo accesorio, tenido como elemento de distracción y superficialidad. San Bernardo y los primeros monjes destierran el oro y las piedras preciosas de sus iglesias, no simbolizan para nada “los destellos de la luz divina” (Suger). 
Oh, vanidad de vanidades, pero más insensata incluso que vana: la Iglesia resplandece en sus murallas y carece de todo en sus pobres”. San Bernardo. Apología a Guillermo.
Císter, arte y arquitectura:
De las iglesias cistercienses, desarrolladas entre el románico y el gótico, lo primero que destacaba es la ausencia de campanario, considerado fútil y signo de ostentación. Una simple espadaña para la campana era suficiente (1)


Abadía de Beaulieu. 1144
Císter introduce el concepto de la luz, anticipándose al gótico, mediante las líneas rectas, los ábsides planos, la ausencia de las naves laterales, y los capiteles sin adornos Y son ejemplos, Léoncel, Silvacane, o Noirlac, las tres en Francia. No hay resquicios para sombras y oscuridades. Las iglesias eliminan las tribunas para seglares y nobles, al ser exclusivamente para los monjes. Esto es al principio, pues ya en el siglo XII, en plena expansión, las iglesias vuelven a ser de culto público, retornan los sitiales, rejas separatorias, y el coro en medio de la nave. Tambien se aumentan las naves laterales a 3 o 5, se retoma el ábside semicircular, con capillas radiales y deambulatorio. Se destinan las capillas a advocaciones marianas o santos titulares de donantes, que suelen ser abades, obispos o nobles. Las columnas y capiteles, verdaderas historias en escenas lineales en el románico, se desnudan en Císter. Son lisos o, a lo sumo, adornados con hojas de caña (recordando el origen: “Cistels”, o sea, “juncos”, en francés), pero nunca deberán tener figuras de personas o animales, mucho menos mitológicos. 

Santa María de Gradefes.
Siglo XII

Císter, arte e imagen:
Para Císter, la imagen religiosa sobra. Solo se admitían las imágenes del Crucificado y la de la Virgen María, Madre de la Orden. La imagen es considerada motivo de curiosidad, imaginación y distracción a la hora de la oración y la contemplación. Más que mediación, son estorbo. Bernardo incluso llega a decir que la imagen es un recurso para ignorantes, así que sus iglesias serán sin pinturas o esculturas. Las capillas laterales, en caso de haberlas, serán desnudas de todo, solamente tendrán un altar de piedra (2).


Císter, arte y vidrieras
Vidriera moderna en Pontigny
retomando el ideal austero.
Las vidrieras no escapan a esta desnudez: Deben ser “blancas y sin imágenes” (I Capítulo General de Císter). Y es que la vidriera juega en Císter, como en la Iglesia entera, un papel fundamental en la trasmisión del mensaje: La luz que entra por ellas, luego de su practicidad, espresa la comunicación divina, la gloria celestial y esplendor de Dios. Es en las vidrieras donde algo de imaginación se ve en Císter, expresada en formas geométricas simétricas. En el siglo XII se introducen el rojo y el azul, y luego ya toda la gama de colores normal en las vidrieras.

Císter, arte y manuscritos:
La iluminación de manuscritos no escapa a esta austeridad, aunque no faltan bestias mitológicas o escenas cotidianas, se rechaza el uso de colorido. En 1152 el Capítulo General decreta que las iniciales de los libros sagrados, aunque destacadas, deben ser de un solo color y sin decorar.

Aclaro que no siempre se siguieron los cánones mandados, sino que muy pronto Císter comenzó a tener posesiones, recibir donaciones, impuestos y prebendas, que terminaron por traducirse en iglesias más fastuosas, abandonando la pureza y simplicidad de las líneas. Y lo muestran las abadías de Rueda, Aragón, con su torre mudéjar del siglo XIV; la abadía de Alcobaça, Portugal, donde campean el románico, el gótico y el plateresco; Poblet, España, con un fantástico retablo de alabastro; o, Royamount, fundada por San Luis de Francia (25 de agosto) y cuyas ruinas dejan entrever su fastuosidad y altivez góticas. Aunque hoy Císter haya retomado aquellos orígenes de austeridad y sencillez, los amantes del arte finalmente agradecemos, por el aporte que supuso a los estilos gótico y barroco, donde Císter incursionó ampliamente, a costa de sacrificar su ideal de sencillez.

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(1) Esta idea la recogerá el Carmelo Descalzo, propagando la clásica espadaña, simple o triple en sus monasterios.

(2) Esta visión de las imágenes, que puede parecer brusca, e incluso con ecos protestantes, halla eco en otros místicos, tal vez no de manera tan drástica, pero sí que se palpa. Los santos, mientras más adentrados en Dios y la vida mística, menos necesitan de las mediaciones visuales que tal vez un día le sirvieron para acercarse a Dios. Tampoco nos descubren nada nuevo: para la Iglesia, la imagen es medio, no fin en si mismo, pues eso sería idolatría. Por eso no es de extrañar que, mientras menos fe y vida interior, más imágenes, reliquias, devociones y cosas exteriores se necesitan. Y lo dice uno a quien le gustan las imágenes, pero que no le sirven para orar, sin ser místico ni nada, sino un simple cristiano.

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