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lunes, 21 de octubre de 2019

Madre de los indígenas.

"Celebramos el centenario de la madre Laura Montoya y celebramos que está en marcha su proceso de canonización. Puede que para esto último pasen algunos años, puede que pasen muchos! Grande dicha seria para vosotros todos que un día pudierais estar en la basílica de San Pedro, el primer templo de la cristiandad, presenciando la ceremonia. Estaríais con miles de peregrinos de todo el mundo pero especialmente colombianos. Tensa vuestra emoción, a punto de explotar vuestra dicha, un ilustre sacerdote, el padre postulador, lee un balance de la vida de Laura Montoya, mejor de la madre Laura. Habla de sus virtudes, de su obra misional, de sus escritos, de sus prodigios, de la extensión de su comunidad y pide al Papa que en vista de que no se encuentra nada que la empañe declare que es digna de llegar a los altares. El Papa pronuncia una alocución, acepta el concepto del postulador y declara solemnemente lo que se le pide, se descorre en este mismo momento un velo en el altar de la gloria y aparece el cuadro de la nueva santa! Estalla el órgano en un himno jubiloso, los aplausos y los vítores ensordecen el amplio recinto, resuenan las campanas en el aire de Roma y por vuestras mejillas corren lágrimas de alegría; es que en el firmamento de los santos ha nacido una estrella, y esa estrella es nuestra!"

De esta manera el escritor, periodista y político colombiano Fernando Gómez Martínez vaticinaba en sus escritos, publicados luego de su muerte con el titulo de "Vigencia de un pensamiento", la gloria futura que traería para la iglesia colombiana la glorificación de una de sus más ilustres y admirables hijas: la madre Laura de Santa Catalina de Siena. Su presagio nacía de la pura admiración y devoción, pero solo los designios divinos llevarían a cabo semejante obra, cuando en 2013 esta insigne religiosa fuera elevada a los altares, convirtiéndose así en la primera persona de nacionalidad colombiana en ser declarada santa:

Santa María Laura de Jesús Montoya y Upegui, virgen fundadora. 21 de octubre.

Primera Infancia.
María Laura de Jesús Montoya y Upegui, o mejor conocida como la Madre Laura, nació el 26 de mayo de 1874 en Jericó, Antioquia (Colombia) en el hogar de Juan de la Cruz Montoya y Dolores Upegui. La mayor de tres hijos, es bautizada apenas unas horas después de su nacimiento por petición de su madre, que al ser una mujer de profunda convicción religiosa se negaba a darle pecho a la recién nacida hasta que no recibiera las aguas santas del bautismo y entrara a ser parte de la familia de Dios. Años más tarde, cuando Laura, de 35 años, regresó por primera vez a su pueblo natal buscaría con desespero la pila bautismal en la catedral y se arrodillaría envuelta en lagrimas ante esta, profundamente agradecida por el don de haber nacido a la gracia de Cristo en aquel lugar.

Cuando la niña tenía apenas dos años de edad, su padre, Don Juan de la Cruz es asesinado en medio de una riña por motivos religiosos y políticos de la época. Aunque a su padre ya se le tiene como un mártir de su causa, la familia queda completamente desprotegida y la viuda, Doña Dolores Upegui, sin un solo centavo y preocupada por el futuro de sus hijos: Laura, Carmelita y Juan de la cruz, se ve obligada a salir de Jericó y dirigirse a la hacienda de su padre, Lucio Upegui, en el municipio de Amalfi.

Dolores aprovecha este tiempo para educar a sus hijos en el don de la piedad y la misericordia. Cada noche sin falta la familia se reúne para orar juntos el rosario, Laura se ve intrigada al escuchar cada día el nombre de un hombre desconocido por el cual se oraba con intenso fervor; cuando la niña pregunta a su madre si ese hombre por el que rezan pertenece a la familia su madre le responde: "Ese hombre es el asesino de tu padre, debemos orar por nuestros enemigos porque ellos nos acercan a Dios". Sin embargo, su estadía en aquella casa no duraría mucho. Incapaz de pedirle demasiado al abuelo Lucio, deja al cuidado de sus padres a Laura y Carmelita mientras que ella se lleva consigo al pequeño Juan de la Cruz.

Al referirse a sus recuerdos de infancia Laura siempre los pondrá como el periodo más difícil y triste de su vida. Huérfana de padre, se vio separada de su madre por la imposibilidad de ella de velar por su hija, además, su madre nunca fue una mujer muy cariñosa o cercana. Laura confesaría años más tarde al escribir sus memorias que su madre tenía su manera muy propia de expresarle cariño pero que no recordaba la hubiera abrazado alguna vez en toda su vida. Por el otro lado, su abuelo materno siempre demostró gran molestia ante su presencia por verla "morena y poco agraciada" mientras que su hermana, al ser mas pálida, de cabellos rubios y rasgos finos se llevaba todas las demostraciones de afecto. Laura terminaría sintiéndose una extraña indeseable y fea en el hogar que le tocó en sus primeros años. Su carácter, dulce y amistoso del principio cambio por uno más serio y retraído, cosa que ella luego agradecería ante Dios por sentir que de esta manera su apego hacia las criaturas no tuvo oportunidad de crecer.

En su niñez no se sintió en lo absoluto atraída hacia Dios o la religiosidad de su familia. Cumplía con los preceptos devocionales a los que era obligada a asistir y hasta se preparó para la primera comunión, pero para ella esos ritos no significaban casi nada. Su concepto de Dios era de algo lejano. El rechazo familiar la hizo una niña arisca y rebelde, a la que fue muy difícil llevar a la escuela y hacerla convivir con otros niños de su edad. Pero en la soledad de las montañas y los campos era otra, cuando jugaba en la soledad de los montes no se sentía sola ni atacada, era como su santuario y allí fue donde Dios le salió por primera vez al encuentro.

La Madre Laura en su juventud.
La Gracia "de las homigas".
Cuando tenía algo más de 8 años, mientras jugaba a las afueras de su casa como de costumbre, se fijó en un hormiguero y veía como las hormigas salían y entraban de aquel agujero. Ella se propuso en ayudarlas a llevar su carga de hojas hasta la entrada del hormiguero y mientras estaba en esto sintió como un rayo la atravesaba, haciéndola estremecer por completo hasta el punto de sentir que perdía la razón. Se levantó, miró el cielo y lo vio limpio y despejado con un sol brillante y ni una sola nube a la vista. Dice ella que fue en este preciso instante que reconoció a Dios como su verdadero y único padre. Empezó a gritar fuertemente llamando a Dios con alaridos y gemidos envueltos en lágrimas de alegría y de dolor por sentirlo tan cerca pero no poseerlo por completo. Fue la primera de varias experiencias místicas que la santa viviría. Después de ello su vivencia espiritual se vería del todo transformada. El solo deseo de la presencia de Dios la movía de forma sobrenatural en su interior, la quemaba por hacerlo conocer y amar, tanto que la empujaba a salir muy de madrugada, cuando aun nadie se había levantado, a lomo de mula hasta el pueblo más cercano y allí participar y comulgar en la primera misa del día.

Más tarde, cuando tendría unos 12 años de edad, mientras tendía la ropa en el tendedero de su casa sintió de nuevo que un rayo la atravesaba y la dejaba con un deseo inmenso de recibir a Cristo en el Santísimo Sacramento, un sentimiento tan grande que la dejo como electrizada y envuelta en lagrimas, revelándole así la grandeza de la presencia eucarística y postrándola como derrotada por el amor sobre un banco cercano. A estos fenómenos la santa llama "el golpe del hormiguero" y el "golpe del banco" respectivamente. De inmediato empieza a querer verse rodeada de confesores y directores espirituales para buscar en humildad el camino que Dios tenia trazado para ella.

Solo viviría unos cuantos años en la casa del abuelo Lucio, puesto que cuando su madre estuvo lo suficientemente estable regresó a por sus dos hijas mayores y se las llevó consigo. La Sra. Dolores las preparaba poco a poco enseñándolas a leer y escribir, más algunos otros conocimientos básicos hasta que tuvieron edad para ir a la escuela, cuando Laura tenía 11 años aproximadamente. La convivencia con su madre no duraría mucho. Afanada por las necesidades económicas, Dolores regresaría a trabajar en la finca de su padre y dejaría a Laura como interna en el colegio del Espíritu Santo en Medellín.

A pesar de su carencia de medios económicos, de aptitudes sociales y de ser despreciada por las niñas pudientes que compartían con ella las aulas de clase, Laura muestra aptitudes para el estudio y la directora del colegio, la Sra. Rosalía Restrepo, junto a otros amigos cercanos ven en ella un muy buen prospecto de maestra. Laura ve todo aquello con buenos ojos pues solo piensa en poder colaborarle a su madre con los gastos y deudas, aunque su corazón ya se ha visto atraído por la idea de entrar al Carmelo, después de saber la noticia de la muerte de una de las religiosas del convento carmelita en Medellín.

Juventud.
A los 16 años termina sus estudios básicos y se propone a convertirse en una maestra de escuela para ayudar a su familia. Durante aquel tiempo tiene que también esquivar continuamente a varios pretendientes que se ven atraídos por sus bellas facciones y ojos encendidos. Ella ya hace tiempo ha escogido a Cristo como Esposo para toda la vida y por consejo de su confesor empieza a usar gafas oscuras para esconder sus atributos de los hombres, cosa que solo causa el rechazo de las otras señoritas de la ciudad que la piensan en extremo presumida como para esconder sus ojos de los demás.

Después de una corta estadía con su madre se traslada de nuevo a Medellín para estudiar en la Normal de Institutoras y convertirse así en maestra. Pasa a vivir con su tía, la hoy Sierva de Dios, María de Jesús Upegui, mujer muy estricta y de profunda piedad que era responsable de un asilo para enfermos mentales en el que vivía y en donde Laura se vería obligada a trabajar para ayudar con su mantenimiento. Años más tarde la tía María de Jesús fundaría también una congregación religiosa: Las Siervas del Santísimo y de la Caridad, hoy presentes en nueve países. Laura tendría entonces que trabajar en el manicomio, atendiendo a cada uno de los enfermos junto a los demás trabajadores cuando su tía se ausentaba y además encontrar tiempo para cumplir con sus deberes académicos, esto hasta que tuvo la oportunidad de mudarse a la Normal y terminar allí sus estudios.

Laura como maestra.
Después de tres años (1891-1893) Laura consigue su título de maestra y es designada para enseñar en el pueblo cerca a la finca de su abuelo, Amalfi. De inmediato brilla por sus aptitudes para la enseñanza y para infundir el deseo de una vida más piadosa en las personas. Tanto, que hizo que nacieran envidias contra ella y se levantaran calumnias en su contra que terminaron sacándola de allí, eso sí, no sin dejar una estela de almas convertidas y mas temerosas de Dios. Luego, desde 1895 a 1907 fue enviada a otros institutos en Fredonia, Santo Domingo, La Ceja, Marinilla y de regreso a Medellín.

En esta última ciudad su prima, Leonor Echevarría funda el Colegio de la Inmaculada y la invita a ella para que la ayude a dirigir el instituto. Juntas logran hacer de aquel establecimiento uno de los mas respetados en toda la ciudad por el espíritu de piedad y moralidad que allí se respira. Las familias más importantes envían a todas sus hijas e estudiar allí y el colegio no para de crecer mientras era recomendado por las autoridades eclesiásticas de Medellín. Con todo y el éxito que juntas tenían, Laura, que ya había profesado votos de pobreza, castidad y obediencia ante su confesor, no se siente satisfecha pues continuamente piensa en el claustro carmelitano. Pero Mons. Joaquín Pardo, arzobispo de Medellín y amigo de la obra de la santa la compele a abandonar los deseos de la clausura, cosa que ella obedece exteriormente. Durante esta misma época llega las manos de Laura la biografía de un nuevo santo, San Benito José Labre (16 de abril). Este santo mendigo francés la deja profundamente enfervorecida y conmovida, hasta el punto de, si lo del claustro carmelitano no se daba, desear abrazar ella misma la vida de mendiga por amor a Cristo.

El colegio parecía prosperar cada vez más, aun después del fallecimiento de su prima Leonor, quien le había entregado el colegio por completo antes de morir, pero la desconfianza de Laura por las glorias del mundo, que le eran tan efímeras, no la dejan bajar la guardia. Un día el demonio mismo se presenta ante ella en forma de un perro negro gigante, con ojos de fuego y cuernos largos advirtiéndole que la va a destruir a ella y al colegio pues se siente ofendido por la cantidad de almas que Laura ha logrado arrebatarle en todo aquel tiempo. La santa lejos de tener miedo le reprende y lo golpea hasta someterlo en el suelo, pero las amenazas se cumplen y poco tiempo después el colegio, y de manera especial la persona de Laura Montoya, se ven fulminados con un sin fin de acusaciones y calumnias que terminan por lograr el cierre del colegio y que Laura salga en medio de burlas, insultos y humillaciones de la ciudad.

Algún tiempo después y con la ayuda de amigos de gran influencia en la alta sociedad, Laura lograría defenderse de las calumnias y limpiar su buen nombre en aquella ciudad mediante una carta abierta dirigida a toda la ciudad, pero ya no volvería abrir el colegio y se propondría a huir con esmero del reconocimiento de los del mundo, eso sí, perdonando cualquier ofensa que recibiera en el pasado. Es durante esta misma época que también atraviesa un periodo de profunda sequedad espiritual. Ya ni las fuertes penitencias con que antes se castigaba le emocionan o atraen hacia la piedad, se siente más como una mundana que camina en un mundo al que no pertenece y al que ha dicho adiós para siempre.




Vocación Misionera.
En 1907 Laura recibe las primeras noticias de comunidades indígenas que moraban a los alrededores del rio Norosi, tributario del Magdalena, y cuando aún era rectora de la Inmaculada en Medellín, hace su primera excursión a la selva, acompañada de varios hombres y algunas mujeres jóvenes. Allí se da su primer encuentro con los indios y en su interior un fuego nuevo se enciende. Su corazón se dividiría en dos, entre el claustro y la selva y aun después de los trágicos sucesos del colegio y de su humillación pública, no logra desterrar de su corazón ninguno de esos dos proyectos hasta que después de conocer nuevas noticias sobre la lamentable situación en que se encontraban muchas de estas comunidades se da cuenta que aunque del Carmelo desea una celda para consumirse toda en el amor de Dios, nunca podría ser feliz allí sabiendo de sus "hijos" que sin Dios, morían solos e ignorados en las selvas. Y lo pone en estas palabras a su confesor: "Mi llaga son los indios americanos. Me siento madre de todos ellos. Me duelen por olvidados, por su indigencia de todo, por su recelosa hurañía, porque en sus cuevas y guaridas vegetan y mueren lejos de Dios, teniéndolo tan cerca."

Su director espiritual sin embargo no lo ve con buenos ojos, le dice que ese trabajo es de hombres y le plantea más bien ayudarle a que se construya en su casa una ermita para vivir a imitación de Santa Rosa de Lima (23 y 30 de agosto). Pero ella nunca llega a convencerse de aquella vía de perfección que le proponía su director espiritual. Laura entonces empieza a reunir recursos y piensa en reclutar mujeres que la quieran acompañar en su misión. Pero su director no es el único en el clero de Medellín que no ve con buenos ojos los deseos de Laura por considerar "peligroso para la moral" que un puñado de mujeres solteras partieran al monte a convivir con los indios, con su desnudez y "su falta de conciencia".

Es así que empieza a recibir negativas de varios prelados, obispos y sacerdotes y se ve obligada a plantearse un viaje a Roma, para pedirle al papa San Pio X (21 de agosto) que se acuerde de los pobres indígenas que morían en medio de la indigencia, vagando sin rumbo en las montañas, después de ser expulsados de sus tierras por los colonos y que enviara la mas pronta ayuda. Pero, considerando mejor como ese poco dinero que tenia para el viaje a Roma lo podría utilizar para llevarles provisiones a sus hijos en la selva, corre a la catedral y se arrodilla ante la imagen de la Inmaculada Concepción y le pide a ella, en todo su madre, que lleve su angustia por los indígenas a la recamara del sumo pontífice, y que ese día, cuando el Santo Padre descansara su cabeza en la almohada se acordara de los indios americanos. No se va sin dejar una última súplica ante la virgen: "Los indios están huérfanos y me parten el alma. ¿No querrás ser su madre? ¡Yo llevare tu nombre entre ellos y te serviré hasta de rueda de carro que te lleve a sus corazones. Ábreme sus caminos y reinaras en ellos!"

Madre y Fundadora.
Decidido ya cancelar su viaje a Roma, deja el asunto en manos de la virgen inmaculada, a quien desde ya pone como patrona de su obra. Y he aquí que unos meses más tarde, el 12 de junio de 1912, Pío X publicaba la encíclica "Lacrimabili Statu Indorum", la cual exhortaba a los prelados del continente americano a hacer lo posible por remediar el terrible estado de las comunidades indígenas. Ya con este respaldo desde Roma y después de hacer pequeñas excursiones a la selva que siempre la dejaban con el corazón roto por no poderse quedar entre ellos, Laura parte del todo a la misión, con el permiso y bendición de Mons. Maximiliano Crespo, responsable del terreno de la diócesis donde comenzaría.

El 7 de mayo de 1914 sale la caravana a lomo de mulas, encabezada por Laura Montoya, ya casi de 40 años, seguida por su madre, Dolores (quien más tarde sería una de las primeras religiosas de la comunidad y moriría vistiendo el habito de la congregación y refiriéndose a su hija como "madre"), el sacerdote Lubin Gómez y 5 señoritas más, quienes después de pasar por una rigurosa entrevista por parte de Laura, se convierten así en las primeras integrantes de la nueva comunidad. Después de varios días de camino, llegan a la pequeña población de Dabeiba, verdadera cuna de su obra, la más cercana a alguna tribu indígena en kilómetros. Los primeros meses son difíciles pues los habitantes de aquella población las quieren muy lejos y los indígenas están muy temerosos y desconfiados como para acercarse. Pero poco a poco "las catequistas" como primero se hacen llamar, armadas de regalos y de ternura los hacen acercarse y con mucha paciencia van sembrando las primeras semillas de educación y fe en aquellas pobres almas, almas que se alegraban al saber que tenían alma pues hasta ahora la noción de esa pertenencia se les había sido negada por los "otros blancos".

Providencialmente uno de los primeros amores de los indios, e introductora a estos de la religión, es la Santísima Virgen María, representada en un cuadro que llevaban consigo las misioneras. Los indios se presentaban ante la choza de las catequistas con flores para "Maria mare mia" como ellos la llamaban. Varios años mas tarde, cuando los primeros misioneros protestantes llegaron a los terrenos indígenas en la región, espantaban a los indígenas al prohibirles el culto a la madre de Jesús, pues ellos ya no concebían el cristianismo sin su "María mare mia".

Cuando la obra se hacía cada vez más grande y las responsabilidades y trabajos también crecían, ya Laura no pudo escapar mas a la idea que desde hace años su amigo, el obispo Crespo y otros sacerdotes le proponían, levantar canónicamente una congregación religiosa. Así es que Laura escribe las primeras constituciones y nace la congregación de Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena. Esta ultima por que el obispo Crespo encontró parecido el espíritu de la nueva comunidad al de la santa de Siena. Tendrían que pasar 39 años para que Roma aprobara oficialmente la comunidad, y 4 después de la muerte de la fundadora. Desde aquel momento todas pasan a llamarse hermanas y adoptar un nombre religioso, para Laura reservan el apelativo de madre y ella decide conservar su nombre y agregarle también el de Santa Catalina de Siena.

No todos, en especial dentro de la Iglesia, entendieron la obra de la madre Laura, ciertamente el ambiente de la época junto a algunas envidias, llevaron a que varios prelados se levantaran en contra de la naciente congregación y especial contra la figura de la fundadora. Entre estos estaban los padres carmelitas, quienes al llegar a Colombia en 1911, pretendían hacerse cargo de la obra de los indios y encontrar a una mujer "con ínfulas de religiosa" haciéndose cargo del asunto no les cayó nada bien. Más tarde, cuando las asperezas con los carmelitas pasaron serian los padres eudistas y el obispo, hoy Venerable Miguel Ángel Builes, quienes arremeterían contra ella. Aun con todo esto, de entre los carmelitas surgió el padre Elías del Santísimo Sacramento que fue uno de los pocos que entrevistó en persona a Laura, examino su espíritu y encontró la voluntad de Dios en sus obras. Por supuesto, la madre Laura no cosechó en toda su vida ni un solo enemigo, a las acusaciones que contra ella se levantaban respondía con claridad y practicando encarecidamente la humildad, siempre velando por el bien y el futuro de la obra, reconociendo en ella misma un mero instrumento, algo de lo que Dios se servía para establecer su reinado entre los indígenas.

Durante casi 26 años Laura Montoya estuvo recorriendo las montañas y selvas del noroccidente colombiano, algunas veces a pie, otras a lomo de mula y otras en canoa, surcando los ríos más caudalosos, otras veces obligada a dormir sobre el suelo de la selva, a merced del clima, de las serpientes y demás animales salvajes, todo por la ansia intensa de calmar su sed, y la sed de Cristo por aquellas almas perdidas y solas en medio de las montañas.

En el escapulario de su habito pone la palabra SITIO (tengo sed en latín) que vendría a ser la inspiración de su obra. En la sed de Cristo crucificado, su llaga, su maternidad espiritual de los indios americanos llegaría a su plenitud. En su hombro derecho lleva cosida una imagen de la inmaculada, que iba a su lado como una compañera mas de misión, primer faro de auxilio en medio de las dificultades y verdadera reina y madre de las "ambulancias". Así le llamo ella a los pequeños puestos de misión que iba fundando en cada comunidad indígena y afro descendiente que encontraba y en la cual dejaba religiosas listas para servir, educar y trabajar en aquellas tribus. En cada uno de estos lugares abundan por montones testimonios e historias de milagros y curaciones obradas por la sola presencia de la madre Laura, quien veía todos estos prodigios como los hechos más comunes y corrientes. También historias conmovedoras como la de un indígena que bañado en llanto se lanzó a abrazarla al entender que Cristo había pagado con su muerte todos sus pecados, Laura supo en ese momento que aquella inocente alma entendía mejor que cualquier otro cristiano de ciudad lo inmenso e incomparable del amor de Dios.

Sepulcro de la Madre Laura.
Fue en el transcurso de su obra misional que su obra literaria nació y empezó a crecer a la luz de su robusta espiritualidad. La madre Laura escribió 814 cartas y más de 25 libros, entre ellos su autobiografía, un compendio de más de 1000 páginas escrita por mandato de su confesor donde expresa con su puño y letra la "historia de las misericordias de Dios en un alma" como ella lo llamó y catecismos traducidos a algunos dialectos indígenas. Académicos actuales que se han acercado a sus escritos destacan de manera especial un destello místico, como chispazos o ráfagas de luz que recuerdan de manera inmediata a otros santos escritores como Santa Teresa de Jesús (15 de octubre, 26 de agosto, La Trasverberación, y 13 de julio, la Traslación) o la misma Santa Catalina de Siena (29 de abril y 1 de abril, La Impresión de las Llagas). Es tanto el asombro que han causado sus obras que poco después de su canonización se empezó el proceso en Roma para lograr que un día sea reconocida como Doctora de la Iglesia.

Al cielo.
Al acercarse al final de su vida Laura se asienta en Medellín, donde decide erigir la Casa Madre de su congregación, junto al noviciado de esta. En la mitad de ambas estructuras levanta el "templo de la luz", un santuario donde ella desea dar gloria y solemnidad al Santísimo Sacramento como no puede recibirlo en las capillas de las ambulancias que ha fundado en las selvas por la humildad y falta de recursos. Es en la casa del noviciado donde transcurrirán los últimos 9 años de su vida, confinada a una silla de ruedas después de sufrir una terrible parálisis y donde empieza a sufrir los dolores por el inicio de la linfagitis que haría que su cuerpo se hinchara hasta el punto de casi imposibilitarse moverse por sí sola y causándole grandes dolores físicos. Este último periodo de su vida lo dedica a imprimir el carisma de su obra en las jóvenes novicias, a continuar su correspondencia y dejar algunos folletos nutridos en espiritualidad para aliviar las sequedades de sus hijas que estaban en campo de misión, y de manera encendida a la adoración del Santísimo Sacramento.

Después de ofrecer al Señor una larga y penosa agonía y de recibir de su confesor el permiso para morirse, la madre Laura de Santa Catalina de Siena entrega su alma a Dios el 21 de octubre de 1949, a los 75 años de edad. Toda Medellín se mueve a sus funerales y sus hijas ya ven en ella una segura intercesora. Pero el proceso para su santificación no inicia si no hasta 1963. En 1991 son reconocidas sus virtudes heroicas, después de verificarse un primer milagro por su intercesión es beatificada por el papa San Juan Pablo II (22 de octubre) el 25 de abril de 2004, y después de comprobarse un segundo milagro es canonizada por el Papa Francisco el 12 de mayo de 2013. A la ceremonia acuden más de 3000 colombianos para ver elevada a los altares a su primer compatriota, entre ellos sus hijas misioneras, ya esparcidas por 21 países.


Fuentes:
-"Historia de las misericordias de Dios en un alma" (autobiografía de Santa Laura Montoya Upegui), Congregación de Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, quinta edición, Medellín, 2013.
-"Beata Laura Montoya, mujer intrépida". Manuel Díaz Álvarez, editorial San Pablo, Bogotá, 2004.


A 21 de octubre además se celebra a
Santa Dorotea de Colonia, virgen y mártir.
San Walfroy de Trier, estilita.

Santa Celina de Laon, viuda.

domingo, 10 de junio de 2018

Apasionado del arte, pero del pío.

Beato Juan Domingo Banchetti, cardenal dominico. 10 de junio.

Nació en Florencia, en 1376, en una familia de orígenes humildes. Gracias a la caridad de algunos clérigos pudo estudiar algunos rudimentos de las letras, aunque en su infancia padeció porque tartamudeaba y le costaba repetir lo aprendido, por lo cual era considerado lerdo y de pocas luces. En 1394 tomó el hábito dominico en Santa María de Novella, en la misma Florencia. Tal vez fuera la incapacidad de repetir verbalmente lo que oía, lo que ejercitó su memoria, de tal modo que aprendía fácilmente la filosofía, latín, artes. En poco tiempo fue un alumno aventajado y celebrado por sus maestros. Y, quien sabe, si esta confianza de los demás, junto a la inestimable gracia de Dios, hizo que su tendencia al tartamudeo desapareciera. Más que eso, sería un predicador elocuentísimo. 

Estudió en la Universidad de París, donde terminó la Teología, con excelentes resultados y sendos elogios de sus maestros. en esta época escribió varios tratados teológicos y algunos comentarios a las Escrituras. Su primera misión apostólica fue la enseñanza de la teología en Venecia, a la par de la predicación, ejercicio que mantuvo durante doce años. Probadas sus virtudes por parte de sus superiores, fue elegido prior del prestigioso convento de Santa María Novella de Florencia, donde él mismo había profesado 15 años antes. Su actividad predicadora en Florencia fue activísima, con gran fruto de numerosas conversiones. Tanto sería que se dice que terminando de predicar en Génova San Vicente Ferrer (5 de abril, segundo lunes de Pascua 17 y 18 de noviembre en Juchitán; 13 de junio, invención de las reliquias, 29 de octubre, traslación de las reliquias), le rogaron unos florentinos que fuera a su ciudad a predicar, y él les contestó: "No hay motivo de por qué yo vaya a Florencia; pues en ella predica de ordinario un predicador a quien, si no creen, no creerían aunque vinieran a predicarles los ángeles desde el otro mundo".  

También fue Juan Dominici prior del convento de Fiésole, y en esta función recibió en la Orden a San Antonino de Florencia (2 y 10 de mayo), quien a los 15 años se decidió a abandonar el mundo. Juan no creía que aquel niño tan poco curtido pudiera seguir las renuncias de la vida religiosa, por lo que, para dilatar su entrada, le preguntó sobre a cuales tipos de estudios le interesaría dedicarse en el futuro, y el jovencito le respondió: "A los decretos de los Sumos Pontífices tal como se hallan coleccionados en el libro de las Decretales". La respuesta de Juan fue: "Ea, pues, hijo, ve por ahora a casa, que yo te prometo recibirte cuando te sepas todo ese libro", pensando que esto le llevaría años y si volvía a pedir el hábito, ya sería más hombre. Pero he aquí que Antonino se empeñó tanto en el estudio, que al año siguiente ya podía repetirla y analizarla sin esfuerzo. Vencido, Juan le envió a Cortona, donde le recibió encantado el Beato Lorenzo de Ripafratta (27 de septiembre), y le admitió a la Orden. 

Juan Dominici fundó varios conventos de frailes y uno de monjas en Venecia, obra que amó toda su vida, estando muy pendiente de la observancia de las monjas, a las que llamaba “muy hijas suyas”. Además, se preocupó por el mantenimiento material y espiritual de los conventos de frailes, reformando siempre que era necesario, para que se cumpliera la Regla en toda su extensión. Fue gran colaborador del Beato Raimundo de Capua (5 de octubre) en esta labor de celo por la observancia. Fue un apasionado del arte, como hombre culto, pero fue muy crítico con las veleidades del arte renacentista, al que consideraba poco apropiado para las iglesias. Como contraparte promovió el arte sacro y que los frailes se formaran en el arte de la pintura. Tal vez por ello en su convento de Fiésole tomó el hábito el insuperable pintor dominico Beato Fra Angelico (18 de febrero). 

Juan fue también prolífico escritor, apologeta y diplomático. Durante el Cisma de Occidente fue un decidido defensor de los verdaderos papas, los de Roma, criticando con acidez a los antipapas y a los prelados que les apoyaban. En 1408 el Papa Gregorio XII lo nombró Arzobispo de Ragusa, actual Dubrovnik y cardenal de la Santa Iglesia. Fue Legado Papal entre 1414 y 1417 y su acción fue definitiva para lograr la abdicación del mismo papa en aras de terminar el Cisma. El nuevo papa, ya único, Martín V, también tuvo muy cerca de sí a Juan Domingo, y le envió como Inquisidor Mayor para alcanzar la rendición y la conversión de los herejes husitas Bohemia y Hungría, pero poco pudo hacer, pues los husitas estaban exaltados por la ejecución de Juan Huss y el rey Wenceslao temía ejercer más mano dura contra los herejes. 

Entonces Juan se fue a Hungría, en otra misión de legacía, pero a los pocos días de llegar murió de unas fiebres terribles, el 10 de junio de 1419. Los Religiosos Humillados de San Pablo, fundados en esta ciudad, acogieron con veneración el cuerpo del santo fraile, a quien debían la aprobación papal de su Orden, que el santo les llevó en su viaje. En aquella iglesia se veneran aún sus reliquias. Juan Dominici nunca fue beatificado oficialmente, pero en 1832 la Sagrada Congregación de Ritos aprobó su culto inmemorial y concedió a los dominicos celebrar su memoria litúrgica.  

 


Fuentes:
-"Sacro Diario Dominicano". FR. FRANCISCO VIDAL. O.P. Valencia, 1747.
-Vidas de los Santos. Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 10 de junio además se celebra a:


Santos Getulio y
compañeros mártires
.
Beato Bardo de
Maguncia, obispo.
San Landeric
de París, obispo.







jueves, 18 de enero de 2018

"El fuego de la caridad ardía en su corazón"

Beata Regina Protmann, virgen fundadora. 18 de enero.

Nació en 1552 en Braunsberg, Prusia Oriental, en una familia de mercaderes. Su familia había permanecido fiel a la fe católica en medio de la revolución desatada por la herejía luterana, reciente en el tiempo. Católica creció Regina, dando muestras firmes de piedad y caridad. En 1571 se dio más intensamente a la oración, y junto a dos amigas se retiró a una casa vieja de su ciudad. Las tres iniciaron la obra de las "Hermanas de Santa Catalina de Alejandría", conocidas como "las Catarinas". Su espiritualidad se nutrió principalmente de la máxima benedictina "Ora et Labora", y de la divisa ignaciana de "Ad Maiorem Dei Gloriam". Pronto tuvo más discípulas y entre todas organizaron su vida para dedicar horas a la oración, al trabajo y a la caridad. 

En este tiempo de la Contrarreforma católica, y en siglo XVII también, numerosas mujeres dieron un paso al frente inspiradas por Dios para liderar la causa del Evangelio. Como Santa Ángela de Merici (27 de enero), Santa Juana de Lestonnac (15 de mayo y 28 de diciembre, traslación de las reliquias), o Mary Ward. Detrás de muchas de ellas estaba la espiritualidad jesuítica de misión, educación y cultura como medios para detener la herejía y mantener fieles a los católicos. Lamentablemente, la Iglesia no estaba preparada para aquello y las directrices del Concilio de Trento sobre la clausura de las monjas hicieron imposible que muchas obras fructificasen. Otras resistieron, acomodándose a la clausura o semiclausura, y otras lograron su cometido. Regina hubo de padecer muchísimo por esta mentalidad. Para los clérigos (jesuitas incluidos) era impensable que hubiera mujeres consagradas visitando las casas de los pobres, catequizando, cuidando enfermos en sus propios hogares ¡incluso por las noches! Como Mary Ward, Regina luchó por no tener clausura ni semiclausura, pero al mismo tiempo ser religiosas y no solo seglares. En realidad no era algo nuevo en la Iglesia, pero si algo ya olvidado.

En 1583 las Hermanas fueron oficialmente reconocidas por su obispo, y el papa Clemente VIII les dio su aprobación en 1602. Sobre ella el mejor dato que poseemos es lo que escribe el jesuita Engelbert Keilert, cercano a ella: 
"El fuego de la caridad cristiana ardía en su corazón. ¡Los pobres y los necesitados pueden hablar de esto! Cuántas veces no lavaba los pies de los pobres en la casa anfitriona, cuántas veces no limpiaba las heridas de los pacientes. ¿Tenía alguien fiebre, dolor de muelas, hinchazón, una enfermedad ocular o lo que fuera?, pues ella sabía un medio para ello. Si se enteraba que alguien estaba enfermo, aunque fuera una persona completamente desconocida enviaba allí a una hermana con una sopa confortante y una comida sólida para fortalecerle.

Desde hace más de cuarenta años dirige a las Hermanas Catarinas. Ella es un ejemplo para todas sus hermanas. Se impone a sí misma las mortificaciones más estrictas, que prohíbe a sus hermanas. A menudo ella regala su ropa o ropa de cama, duerme en el piso desnudo o pasa la noche rezando ante el Sacramento por la conversión de los pecadores. Cuando escucha que la guerra o un conflicto armado estalla en algún lugar comienza una oración de cuarenta horas con su comunidad, como si sólo ellas fueran capaces de evitar la calamidad. Insistentemente va hacia su meta a pesar de las decepciones y contratiempos, inspirada por su lema de vida 'Como Dios quiera'".

Regina subió al encuentro con el Esposo Cristo el 18 de enero de 1613, luego de pasar toda la Navidad enferma. Su culto siempre fue reducido, pero su ejemplo animó a muchos a hacer el bien y trabajar por Cristo. Sus reliquias se veneran en Grottaferrata desde el siglo XX. Fue beatificada por San Juan Pablo II el 13 de junio de 1999.


A 18 de enero además se celebra a
San Máximo de Serbia, rey y obispo.
Santa Margarita de Hungría, princesa, virgen dominica.

martes, 15 de septiembre de 2015

Santo Domingo "In Soriano".

Pregunta: he visto que tienes otras fechas para celebrar a nuestro P. Santo Domingo de Guzmán. Se que antes lo festehaban el 4 de agosto. Pero las otras fechas que tú pones, digo el 24 de Mayo y 15 de septiembre, eran fiesta de antes, o que? Gracias. México.

Grabado con la aparición.
Respuesta: Bueno, algunos santos tienen varias celebraciones a lo largo del año. Unos de carácter universal, como San Pedro (29 de junio, 1 de agosto, 22 de febrero) o San José (19 de marzo y 1 de mayo). Otros de carácter local, como aquellos de los que celebran traslaciones, o hechos importantes, como San Basilio, del que se conmemora su ordenación episcopal el 14 de junio. Y otros tienen festividades propias de las órdenes religiosas en que profesaron. Por ejemplo, los agustinos celebran la conversión y Bautismo de San Agustín, a 24 de abril; o los carmelitas, que recuerdan la Trasverberación de Santa Teresa, el 26 de agosto. En el caso de Santo Domingo, además del 4 de agosto (memoria para la Iglesia Universal), tenemos el 24 de mayo (traslación de las reliquias) y el 15 de septiembre (aparición de la imagen de Soriano). Y en esta última me detengo:

Santo Padre Domingo “in” Soriano. 15 de septiembre.
El convento dominico de Soriano, Calabria, fue fundado en 1510, por Fray Vicente de Catanzáro. Hubo bastante oposición por parte del clero y los franciscanos de Soriano para que se fundase un convento más. Ya se sabe, a más entre repartir, menos ración. Dicen las crónicas que sucedió que eligiendo los dominicos un peñasco en medio de la ciudad, para fundar, pusieron una cruz. Pero siendo obligados a trasladarse más arriba, se llevaron dicha cruz y, claro… al otro día esta apareció en el peñasco del principio. Y ya sabemos, se entendió como signo divino que el convento se fundase allí, donde se había puesto la cruz primeramente. A pesar de esta leyenda, era un convento pobre y sin relevancia; uno más hasta el 15 de septiembre de 1530. Este día sucedió el prodigio: El lego sacristán del convento, Fray Lorenzo, encendía las velas del altar para cantar maitines, cuando vio a tres mujeres hermosísimas dentro de la iglesia, junto a la puerta. Pensando que había dejado la puerta abierta y se habían colado, se lamentaba por ello, pues las mujeres tenían prohibido el paso terminantemente a la zona claustral de los religiosos. Y esto se extendía a la iglesia, aun cuando fuera pública, mientras durasen los oficios de los religiosos. en este lamentarse estaba cuando la más hermosa y venerablede las tres le llamó y se desarrolló este diálogo:
-"¿Qué iglesia es esta? ¿quien habita este convento?" – preguntó la dama.
-"Este convento es de frailes predicadores, y la iglesia se llama de Sto. Domingo" - respondió Fray Lorenzo.
-"¿Y hay aquí alguna imagen de Santo Domingo?" – continuó la señora.
-"Señora, aquí no hay otra imagen de este santo que una burdamente pintada en la pared, bajo la cual hay un altar para decir misa".
-"Ahora pues" - replicó la señora - "toma esta, y llévala tu superior, y dile que la coloque sobre el altar".

Y sacó bajo el manto un lienzo enrollado, y se lo dio. El lego, muy turbado, dio las gracias y sin despedirse corrió adonde el superior, al que encontró camino del coro con los otros frailes para cantar los maitines, y le contó lo pasado. El vicario le regañó por dejar la puerta abierta, desenvolvió el lienzo y admiraron la belleza de la obra, que piadosamente representaba al Santo Padre. Fue excusado el lego y todos veneraron la bella imagen donada. Bajaron a la iglesia y no las hallaron, y como era medianoche, volvieron dentro, dando gracias a Dios por la bienhechora y pusieron el lienzo en el altar. La noche siguiente, se le apareció Santa Catalina de Alejandría a un padre del convento y le dijo: 
-"Vengo a sacarte de la sorpresa en que estas acerca del suceso de la noche pasada. Sabrás que la imagen del santo no se pintó en la tierra. Quien la trajo fue la Reina de los Ángeles, Madre de Dios, en cuya companía vinimos Santa María Magdalena y yo, que como hermanas y patronas de esta Orden de Predicadores, asistimos siempre a todos los favores, y á este singular que Dios le ha hecho".
Ambas santas son patronas de la Orden. Antiguamente eran celebradas con fiesta solemne y octava.

Y esto es lo que se sabe del lienzo. Como vemos, todo parece ser una historia adornada para dar categoría a la imagen de Soriano, ciertamente bella y veneradísima. Salvo el sacristán y este padre, no hay constancia histórica de que haya sido así, tendríamos que confiarnos de sus palabras. Aunque hay un testimonio jurado de un religioso anciano, que era joven cuando el suceso, que juró ser como os lo he contado, pero claro… ni vio a las señoras, ni menos la segunda aparición de Santa Catalina mártir.

La imagen:

Lo primero que destaca en la imagen es su sencillez y su belleza humilde. No es un gran lienzo, que destaque por su ejecución, cromatismo o belleza de la figura. Pintores que han desarrollado el tema, como Zurbarán o Caravaggio,lo han plasmado con más maestría. Nos dice Juan Bautista Polo: 
Imagen original de Soriano.
"Está pintada en tela grosera y al agua; es el cuerpo de mediana estatura, de seis palmos cabales; tiene en la mano derecha un libro puesto de canto, y en la siniestra una azucena blanca, insignias del Doctorado, y de la pureza virginal, que conservó por un especial favor del cielo, hasta su dichosa muerte. Veese el retrato del Sto. Patriarca de venerable aspecto, grave y mortificado, el rostro algún tanto afilado, nariz aguileña, pelo de barba y cabeza entre rubio y cano, mas canas que pelos rubios, el color del rostro blanco, algo pálido, y con arrugas de la penitencia no de la edad, ojos grandes y serenos, que de cualquier parte que los miren parece que ellos están mirando allí, con agradable severidad, boca pequeña y labios rojos, los habitos cortos, que descubren los zapatos, y no pasan del talón; finalmente, toda la pintura está manifestando en sencillez de pinceles y colores, soberanía de artificio."

Y continúa con otros elogios, como que el santo cambia de expresión. Unas veces lo ven triste, otras melancólico, algunas veces alegre y otras preocupado. Asmimismo que algunos pintores que han intentado copiar la imagen: 
"han salido del rostro unos celestiales resplandores, con los que ofuscados, han dejado imperfecta la Copia, y arrimando los pinceles, llenos de devoción y de dolor de sus pecados, se arrojaban delante de esta prodigiosa Imagen, y le pedian que pudiesen retratarla mejor con las obras, que con los pinceles humanos".

Se cuenta que durante 10 años estuvo corriendo el agua por el peñasco sobre el que se puso la pintura y que no se dañó en nada. En 1540, pensando el nuevo superior que tanta humedad dañaría el lienzo, la trasladó solemnemente junto a la puerta de la iglesia, donde la aparición de la Virgen y las santas. Pero esa misma noche la imagen regresó al mismo sitio y por la mañana se reprendió al sacristán, pensando que este la había vuelto al altar. Otro traslado y de nuevo al sitio de origen, y una tercera vez, por lo cual se entendió que era la voluntad divina, como suele pasar. Y en fin, que entre tanto prodigio, la devoción aumentó y en 1590 se comenzó la construcción de una nueva y bella iglesia de estilo renacentista y un convento para los religiosos. Actuamente la imagen aparece en un retablo de piedra tallado de dudoso gusto.


Fuente: 
-"Aparición y milagros de la prodigiosa imagen del patriarca Santo Domingo de Soriano". FR. JUAN BAUTISTA POLO. OP. México, 1827.


A 15 de septiembre además se celebra a 

Nuestra Señora de los Dolores.
San Rolando, ermitaño. 
Beato Camilo Constanzo, jesuita, y compañeros mártires.

lunes, 29 de abril de 2013

Las doctoras de la Iglesia: Parte I

Se estrena como colaborador de mi blog (y ya son cuatro), el amigo José Alejandro Valadez Fernández, con un tema que, en principio sería un solo artículo: Santa Hildegarda de Bingen. Afortunadamente, lo ha desarrollado muy bien, con una amplia introducción sobre las Doctoras de la Iglesia, que presentaré en un primer artículo, por lo sustancioso de su contenido, para en otro momento, dar paso al segundo, propiamente sobre Hildegarda. Y os dejo ya con él:



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Santa
Hildegarda
Recientemente fue nombrada Doctora de la Iglesia, en Octubre de 2012, Santa Hildegarda de Bingen (17 de septiembre) una de las personalidades femeninas y religiosas más fascinantes de la Baja Edad Media [1]: este análisis nos presenta a grandes rasgos la vida, extensa obra y espiritualidad de esa abadesa nacida en el año 1098 en Bermersheim, en la región de Renania-Palatinado, al suroeste de Alemania [2]. Pero antes de comenzar, es preciso hacer mención de otras santas que comparten junto a ella la dignidad de llevar el birrete doctoral y ser reconocidas como parte de ese grupo. En otro artículo haremos algunas anotaciones con respecto al contexto histórico y social en el que nació y se desenvolvió, esto es, en la Europa cristiana del siglo XII; también haremos un análisis y explicación de las facetas que caracterizaron la personalidad de Santa Hildegarda, a saber: su don profético, su vocación de escritora (a pesar de que rara vez escribió, más bien dictó sus visiones), su papel como fundadora y abadesa de monasterios, y su propuesta espiritual para lograr un mayor acercamiento con Dios [3].

Las Doctoras de la Iglesia:
En el universo de los santos de la Iglesia católica existen casos de algunos de ellos que destacaron de manera especial porque fueron eminentes defensores de la fe cristiana, a través de la producción de obras o tratados que explicaban o profundizaban algún aspecto de la religión [4]. Por lo general en estos tratados se defendía, de manera notable, los dogmas de la fe, por ejemplo, sobre el misterio y la naturaleza de Dios y sus criaturas, o sobre el origen del mundo o la jerarquía angélica. En otros se proponía una espiritualidad y modelo de vida totalmente innovador, resultado de un profundo conocimiento teológico.


Sto. Tomás y los
Doctores de la Iglesia
Debido a lo trascendental que resultaron esos escritos, la Iglesia reconoció a esos santos como doctores, es decir, les otorgó el grado máximo en conocimiento que se puede dar, y se les reconoció entonces como maestros para la cristiandad. Para ser considerados doctores debían cumplir tres cualidades: haber llevado una vida santa, haber profesado una doctrina ortodoxa y como ya señalamos, haber escrito una obra relevante. Las instituciones encargadas de estudiar los casos son la Congregación para la doctrina de la fe [5] y la de la Causa de los santos [6], las cuales examinan a detalle la vida y obra del candidato y luego lo presentan ante el Papa, quien es el que dictamina el veredicto.

Entre los santos doctores están Santo Tomás de Aquino (28 de enero y 7 de marzo) llamado “el Doctor Angélico”, San Buenaventura (15 de julio) conocido como “el Doctor Seráfico”, San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 15 de junio, en la Iglesia oriental), San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal), San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias), San Anselmo de Canterbury (21 de abril; 4 de diciembre, consagración episcopal; y 12 de septiembre, invención de las reliquias) y San Bernardo (20 de agosto), por mencionar algunos. Sin embargo, en el terreno de las santas doctoras no es tan fructífero, pues solo se cuenta como tales a Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto, la Trasverberación), Santa Catalina de Siena (1, la impresión de las llagas, y 29 de abril) Santa Teresa del Niño Jesús (1 de octubre) y, en últimos tiempos, a Santa Hildegarda (17 de noviembre). Pero, ¿cuáles fueron esos requisitos que debieron cumplir estas mujeres para ser consideradas como tal?, veamos algunos de ellos. 

En primer lugar, todas estas mujeres llevaron una vida de santidad, y además, hicieron gala de su virginidad. El hecho de consagrarse en cuerpo y alma a su Creador fue indispensable para entrar en ese estrecho círculo (recordemos que hay santas que fueron casadas o viudas, pero ninguna de estas es doctora), caso contrario de los doctores varones, ya que algunos de ellos, antes de reformarse y llevar una vida virtuosa, tuvieron tropiezos en su vida mundana. Las doctoras, en cambio, fueron doncellas que desde su temprana niñez se predestinaron a llevar una vida de pureza y santidad. Según la tradición católica, esta virtud fue la que hizo posible que algunas de ellas recibieran favores o gracias, por ejemplo Santa Catalina, que en reconocimiento de su vida consagrada y virginal, fue tomada por Cristo como esposa, el cual le entregó un anillo como símbolo de su unión [7].

Delicioso anacronismo
en el abrazo de Teresa, Catalina
y Clara. A esta última también
se le ha propuesto para Doctora.
Un rasgo característico de estas mujeres (y de otras santas) es que pertenecieron a la nobleza, o a familias de clase media con cierta influencia local. Sabemos que en aquella época solo las hijas de familias acomodadas podían aspirar a profesar como religiosas (pues la dote y el linaje eran algunos de los requisitos que les pedían). Además podemos notar que casi todas estas mujeres durante su infancia tuvieron contacto con la literatura piadosa que formaba parte del acervo de la biblioteca familiar, reflejo de su posición económica. Otra cualidad (que no es requisito para ser doctora pero que se presenta en estas vírgenes, en mayor o menor medida) fue que experimentaron visiones o arrobamientos místicos [8]. Aquí es preciso hacer un paréntesis entre lo que diferencia una visión de un éxtasis. 

En la experiencia visionaria, el sentido principal por el que se percibe lo divino es la vista, a veces se refiere a que se ve “con los ojos interiores o del alma”, es decir, como una representación mental, en la que si bien intervienen los ojos físicos lo que realmente permite percibir la escena es que el alma se haya en un estado de gracia y purificación tal que puede mirar y comprender lo que sucede en otros planos o dimensiones. El visionario contempla con necesidad de una imagen, y se cree que el entendimiento de esa visión se le da por infusión divina. 

El extático o místico desea la unión espiritual e intelectual con Dios, y actúa sin necesidad de una imagen: Es el anonadamiento, la absorción en y por Dios, del espíritu [9]. Otra característica del extático es que se le permite intervenir en el acontecimiento: por ejemplo, Cristo le permitió a Santa Catalina ver y besar la herida de su costado derecho. En los desposorios de Santa Teresa, también con Cristo, a ella se le colocó un velo y un collar como símbolo de novia mística, y en el que intervinieron como padrinos la Virgen María y San José. Es decir, el místico traza una relación directa con Dios, en un diálogo y actuar mutuo, y no solo lo contempla. En las vidas de las doctoras, hay casos que presentaron estas dos facetas, y otras solo de una.

La santa extática por excelencia es Santa Teresa de Jesús, reformadora de los carmelitas descalzos. En uno de sus arrobamientos más asombrosos (conocido como la Transverberación) Santa Teresa experimenta un intenso dolor que al mismo tiempo era gozo divino pues un Serafín le atravesó el pecho con un dardo. La Santa relata:
Trasverberación de Santa Teresa.
Josefa de Óbidos. Siglo XVII.
"Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese así: no eragrande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido queparecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja departicipar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento" [10].


La segunda cualidad para ser doctora es una vida ortodoxa. El llevar una existencia de acuerdo al modelo y conducta cristiana era algo que se lograba día a día, en la convivencia diaria y la firme convicción de no apartarse del camino ni un instante. Según las hagiografías de estas vírgenes en algunas se manifestaron éxtasis, otras obraron milagros en vida o post-mortem, y otras más dejaron en su lecho un distintivo aroma que fue tomado como signo de su santidad. Son múltiples los pasajes de sus vidas que nos muestran esa postura. Solo mencionaremos algunos:

Santa Teresa de Lisieux ingresó al Carmelo, casi se puede decir, para seguir donde vivían dos de sus hermanas mayores, y donde más tarde profesaron, en el mismo convento, una hermana y una prima. En sus relatos, Teresita cuenta que al principio ella era una chiquilla imberbe y sensible que no comprendía el verdadero significado de la vida religiosa. Pero un suceso marcó su conversión: sucedió que un 24 de diciembre de 1886, el festejo del nacimiento del Niño Jesús, le hizo madurar y reconocer que ahí era su lugar:
“En esta noche en la que él se hizo débil y doliente por mi amor, me hizo a mi fuerte y valerosa; me revistió de sus armas, y desde aquella noche bendita ya no conocí la derrota en ningún combate” [11].
Un ejemplo de la santidad en la carne lo muestra Santa Teresa de Jesús. En su muerte ocurrida en Alba de Tormes en 1582 dejó un dulce aroma que se expandió por todo el convento, una luz hermosa invadió la celda y alguien vio volar una paloma al lado de su cama [12]. Nadie dudó de su santidad. Su cuerpo fue exhumado varias veces y en cada ocasión le desprendieron partes de su cuerpo que los creyentes tomaron como reliquias: hoy en día se venera su corazón (que se cree incorrupto) en un ornamentado relicario en el convento de Alba de Tormes. 

Impresión de las llagas
de Santa Catalina de Siena
El tercer gran requisito (el más importante) es el haber escrito obras en donde explicaban o profundizaban una verdad de fe. La máxima obra de Santa Catalina de Siena son sus "Diálogos de la Divina Providencia", de los cuales se dice que fueron por inspiración del Espíritu Santo, aunque también dejó voluminosas cartas dirigidas a varias autoridades eclesiásticas, entre ellas a los papas Gregorio XI y Urbano VI. 

Santa Catalina también tuvo experiencias de este tipo, pues mientras oraba ante un crucifijo, “Vio descender cinco rayos sangrantes de las llagas de su Salvador”. Cuando estos cinco rayos la alcanzaron le produjeron un intenso éxtasis que provocó “que se desmayara en los brazos de sus compañeras como si hubiese sido herida” [13]. Esto ocurrió en la ciudad de Pisa en 1375 mientras oraba ante un Crucificado. La diferencia de sus estigmas con los de San Francisco fue que los de ella no se percibieron, es decir, fueron invisibles. Esta aseveración generó una acalorada discusión entre franciscanos y dominicos. Los primeros argumentaron que esta fue una gracia especial concedida a su santo patrono. Los dominicos, por su parte, defendieron que Santa Catalina como Sponsa Christi también era merecedora de esas señales. El litigio terminó con la prohibición del papa Sixto IV de representar los estigmas en las imágenes de la santa, aunque posteriormente el papa Inocencio VIII las autorizó de nuevo y “se marcaron entonces como rayos luminosos y a veces como azucenas” [14].

En su faceta como diplomática, Santa Catalina fue consejera de Papas y obispos, y en no pocas ocasiones mantuvo discusiones sobre religión con encumbrados estudiosos, los cuales le reconocieron su sapiencia. También obró el prodigio de trasladar al Papa Gregorio XI de Aviñón hasta Roma [15]. Murió en Roma en 1380, fue canonizada en 1461 por Pío II, y reconocida doctora de la Iglesia el 4 de octubre de 1970 por Pablo VI. Es considerada co-patrona de Europa, y especialmente de Italia (y en esto también comparte el crédito con San Francisco de Asís). 

Santa Teresita, sus hermanas
y la M. María de Gonzaga
Santa Teresa del Niño Jesús o Lisieux, nombrada la “Florecilla” fue una carmelita francesa que también redactó una autobiografía: "Historia de un alma", aunque también realizó cartas, poemas y oraciones. Tuvo un ferviente deseo de ser una monja misionera, cosa que no pudo lograr debido a su delicada salud [16]. Sin embargo, fue reconocida como Patrona de las misiones. Profesó que el camino seguro para llegar a Dios era la sencillez de alma: “Hacer por amor a Dios nuestras labores de todos los días.” El sentido de su propuesta era reconocer la pequeñez del hombre ante Dios, de su poder infinito y de sentir plena confianza en Él, es decir, reconocer su misericordia. Se le construyó una basílica en Lisieux y en 1945 se le nombró co-patrona de Francia, con Santa Juana de Arco (30 de mayo) [17]. El 19 de octubre de 1997 fue nombrada doctora de la Iglesia por el Papa Juan Pablo II, quién le concedió el título de "Doctor Amoris".

La obra de Santa Teresa de Ávila comprende varios tratados, cartas y poemas, entre los que destacan su autobiografía conocida como "El libro de la Vida", "Camino de perfección", "Las moradas (o Castillo Interior)". En estos tratados Santa Teresa propusó un modelo para acercarse a Dios: a través de diversos estadios o habitaciones que el alma tenía que pasar, para finalmente, en la última morada, en el interior del castillo, lograr la unión mística con su Creador. Es considerada patrona de España (junto a la Inmaculada Concepción y Santiago Apóstol), patrona de los escritores españoles y es invocada como auxiliadora de las almas del purgatorio. Tuvo una intensa vida activa y contemplativa pues equilibró sus actividades como priora y fundadora de conventos, también logró madurar y entender sus experiencias místicas para después plasmarlas en sus escritos dejando una guía espiritual para la posteridad. Fue nombrada doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970 por Pablo VI [18].



José Alejandro Valadez Fernández.


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Y, como hemos dicho, a la cuarta Doctora, Hildegarda, le dedicará el siguiente artículo.



[1] La Baja Edad Media es el período que comprende desde los siglos XI al XV. 
[2] En lo que en la actualidad se conoce como el land Renania Septentrional-Westfalia. Otras versiones nos dicen que nació en Böckelheim, o en el condado de Spanheim pero todas coinciden en el mismo año de nacimiento. 
[3] Su experiencia mística la podemos percibir a través de sus visiones y de la interpretación que ella misma les dio, pues fue conocedora en teología y sus simbolismos. 
[4] Muchos de ellos se convirtieron en documentos cumbre de la teología cristiana. 
[5] El antecedente de esta congregación era la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, o simplemente Santo Oficio. La principal función de la Congregación para la doctrina de la fe es, como su nombre lo dice, promover la doctrina de la fe y la moral en el catolicismo. También impulsa el estudio de la doctrina cristiana, su comprensión y que genere argumentos que la defiendan. Así mismo estudia los textos y ver si son ortodoxos y siguen el modelo planteado. 
[6] Le compete todos los asuntos que tienen que ver con la Beatificación de los Siervos de Dios, su canonización, y la Conservación de Reliquias. Ambas congregaciones forman una parte de la Curia romana. 
[7] "Diálogos de Santa Catalina de Sena", trad. Fray Lucas Loarte, Profesor de la Sagrada Teología del Orden de S. Domingo, 1668, Madrid, en Google Books: books.google.com.mx/books?id=K20GCPMFC2wC 
[8] El éxtasis o arrobamiento, según la Real Academia, es un estado del alma, caracterizado interiormente por cierto unión mística con Dios mediante la contemplación y el amor, y exteriormente por la suspensión mayor o menor del ejercicio de los sentidos. Diccionario de la real academia. La experiencia extática no fue exclusiva de las mujeres, también hay casos de santos varones que fueron grandes místicos como San Juan de la Cruz (14 de diciembre), San Francisco de Asís (4 de octubre y 17 de septiembre, la impresión de las llagas) y San Pedro de Alcántara. 
[9] San Ignacio (31 de julio) ideó un modelo de ascesis o actividad espiritual que incluía a cualquiera que deseara acercarse a Dios y no solo para los místicos que desde pequeños hubiesen presentado el don. “El hombre no tiene más que dirigirse hacia Dios por los debidos caminos para alcanzarlo; a él puede llegar solamente con su fervor y el conveniente uso de sus facultades naturales”. Francisco de la Maza, Catarina de San Juan: Princesa de la India y Visionaria de Puebla, CONACULTA, 1990, p. 49. 
[10] Santa Teresa de Jesús, El libro de la Vida, 29, 13. 

[11] Teresa de Lisieux, Historia de un alma. 
[12] Cathleen Medwick, "Teresa de Jesús, una mujer extraordinaria", Marcelo Coiván, trad., España, editorial Maeva, col. Embolsillo, 2002. 

[13] Luis Réau, Iconografía del arte cristiano: Iconografía de los santos, tomo1, vol. 3.Daniel Alcoba, trad., Joan Sureda I Pons dir., España, Ediciones del Serbal, 1997. El pasaje de las llagas tiene su origen en la leyenda de San Francisco de Asís, santo que presentó los estigmas del Señor por primera vez.
[14] Luis Monreal y Tejada, "Iconografía del cristianismo", Barcelona, El acantilado, 2000. Las llagas de Santa Catalina no debían aparecer sangrantes y solo se permitió que fueran representadas por una pequeña fisura, las cuales se pueden apreciar sobre todo en las manos. Otros atributos que acompañan a la santa son las azucenas, símbolo por excelencia de la virginidad, un crucifijo, un rosario, un corazón flameante, y en la cabeza, una corona de espinas. Esta representación con azucenas se usó también para las dominicas Santa Margarita de Hungría (18 de enero) y la Beata Elena de Hungría (12 de junio), aunque esta sólo en la mano derecha.

[15] Louis Reau, "Iconografía del arte cristiano: Iconografía de los santos", vol. 3, tomo 2, Daniel Alcoba, trad., Joan Sureda I Pons dir., España, Ediciones del Serbal, 1997, p. 285. 
[16] En estricto orden de nombramiento, primero fue nombrada doctora Santa Teresa de Jesús, luego Santa Catalina, y después Santa Teresa de Liseux. 
[17] Murió de tuberculosis a los 24 años de edad.
[18] Santa Teresa de Lisieux en Wikipedia la enciclopedia libre, es.wikipedia.org/wiki/Santa_Teresa_de_Jesús

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