Mostrando entradas con la etiqueta enfermedades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta enfermedades. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de marzo de 2021

Cristo le dio el descanso.

Santa Fina, virgen. 12 de marzo. 

Su “vita” la escribió el presbítero Juan de San Geminiano, que la conoció en persona al final de la vida de Fina y es bastante cierta, aunque no de deja de caer en las licencias típicas de las vidas de santos en el medievo. 

Fina nació en 1238 en el pueblo de San Geminiano, en la Toscana. Su familia era pobre y se ganaba la vida del trabajo ocasional en el campo. Fina, o Serafina, como se cree fue su real nombre, fue una niña piadosa y tímida, al punto que algunos pensaban que era retrasada. En plena adolescencia sufrió una enfermedad no determinada que la dejó totalmente paralizada, a excepción de la cabeza. A la par murió su padre y su madre tuvo que mendigar para poder subsistir. 

Esta circunstancia sumió a Fina en una profunda vida interior de oración y meditación. Comenzó a profundizar en la Pasión de Cristo, a la cual quiso configurarse, de tal modo que nunca quiso ser trasladada a una cama, sino que permaneció 6 años seguidos tendida sobre una tabla, en consideración a Cristo, que no tuvo sino un madero. Esta postración le causó terribles dolores y llagas, que Fina soportó con entereza e incluso con alegría, pues la acercaban más aún a Cristo llagado. Jamás se quejó, ni siquiera cuando la curaban, o lo intentaban, con dolorosos ungüentos. Por si fuera poco, su madre murió un día, frente a sus ojos, sin que Fina pudiera hacer nada. Los vecinos se encargaron de enterrar a la buena mujer y en lo que podían, cuidar a Fina. Pero no era lo mismo, pues durante días olvidaban darle de comer o beber, o curarle sus llagas. Incluso tuvo la pobre chica que soportar las ratas, las cuales le mordían su carne llagada. Afortunadamente, al poco tiempo una anciana se apiadó de ella y le atendió con solicitud, ayudándole como podía. 

La joven Fina supo de los terribles dolores y enfermedades de San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal) y le tomó devoción. Le rezaba al santo para que le diera paciencia y le ayudara con su intercesión, hasta que una noche el santo se le apareció y le dijo: "Querida niña, en mi fiesta Cristo te dará el descanso". Y así fue, Fina murió santamente el 12 de marzo de 1253, a los 25 años de edad. 

Cuando los vecinos, a los días, fueron a verla y la hallaron muerta, tomaron el cuerpo para enterrarla y al levantarla de la tabla, vieron esta cubierta de una especie de violetas blancas, de suave fragancia. Hasta día de hoy florecen alrededor del 12 de marzo, y las llaman “flores de Santa Fina”. La santa fue sepultada en una humilde tumba en el cementerio, pero su fama de santidad hizo que las reliquias fueran trasladadas a la iglesia parroquial de San Geminiano, donde se veneran aún.



A 12 de marzo además se recuerda a:


San Muran, abad.
San Maximiliano, mártir.
San Pol de Léon,
obispo
.












MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.

lunes, 24 de agosto de 2015

La leyenda de San Bartolomé.

San Bartolomé, Apóstol. 25 de febrero (Iglesia Armenia), 11 (Iglesias Orientales) y 18 de junio (Iglesia Copta); 24, 25 y 29 (Iglesia Jacobita) de agosto; 20 de noviembre (Iglesias Etíopes); 4 (traslación de las reliquias) y 8 de diciembre (Iglesia Armenia).

Hoy me tomo la licencia de transcribir literalmente un resumen de la leyenda de San Bartolomé. No me gusta copiar tal cual, porque se pierde estilo y no es un trabajo de mérito. Pero me ha parecido interesante como forma de mostrar lo importante que puede ser el lenguaje, el estilo y la argumentación a la hora de trasmitir un hecho. Es un texto del siglo XIX, al que solo he hecho algunas correcciones ortográficas, para adecuarlo a la gramática actual. Espero os guste:

El santo sostiene su propia piel arrancada
"San Bartolomé, a quien el Evangelio cuenta siempre el sexto en el número de los doce Apóstoles, fue galileo, de condición tan humilde como todos ellos, siendo de oficio pescador; pero eran muy puras sus costumbres. Fue hijo de Tolmai, como lo da a entender su propio nombre; porque “Bar” en hebreo significa lo mismo que hijo. Creyeron algunos que San Bartolomé fue aquel Natanael que San Felipe llevó a la presencia del Salvador, de quien el mismo Señor hizo aquel bello elogio, cuando dijo: 'Veis ahí un verdadero israelita, en quien no hay dolo ni artificio'. Pero San Agustín impugna esta opinión, asegurando que Jesucristo no escogió a Natanael para apóstol suyo, precisamente porque era doctor de la Ley; y no quería valerse para el ministerio evangélico de letrados ni de sabios, sino de hombres idiotas y groseros, a fin de que resplandeciese visiblemente su omnipotencia en una obra tan grande, en la cual no había de tener parte alguna la humana sabiduría.

Fue este santo Apóstol uno de los que más mostraron su generosidad y su fervor en seguir a Jesucristo. Luego que fue llamado al apostolado, todo lo dejó, y nunca pensó volver a tomar lo que una vez había dejado. Algunos otros apóstoles, después de su vocación, volvieron al ejercicio de pescar; pero San Bartolomé no se apartó de su divino Maestro, siendo uno de los mas ansiosos por acompañarle a todas partes, de los mas embelesados con sus conversaciones, de los más atentos a sus discursos, y de los más adictos a su divina persona. Hacía fiel compañía a Jesucristo, y fue el más continuo testigo de sus milagros. Hallóse presente en Cafarnaum cuando el Salvador sanó al criado del Centurión, en Naím cuando resucitó al hijo de la viuda; y fue testigo de la milagrosa curación de aquel hombre poseído del demonio, que dueño de su cuerpo, le tenía privado del uso de la lengua y de la vista. Asistió también con su Maestro en las bodas de Caná, donde fue testigo del milagro que hizo convirtiendo el agua en vino (1); y también concurrió en el convite de Simón el Fariseo, cuando se convirtió aquella famosa pecadora María Magdalena. En fin, pocos milagros hizo el Salvador en el espacio de su vida de que no hubiese sido testigo San Bartolomé. (…)

Preso el Salvador del mundo por los judíos, fue general la consternación en todos los Apóstoles. Aunque ya estaban muy prevenidos por todo lo que habían oído al Hijo de Dios acerca de su pasión, con todo eso se llenaron de tristeza, de espanto y de pavor. Sobrecogió tanto el dolor a Bartolomé viendo a su divino Maestro tan maltratado, que se estuvo encerrado todos los tres días de la pasión en la casa donde se habían hospedado en Jerusalén derramando continuas lágrimas. Enjugáronsele con la resurrección del Salvador; hasta la ascensión estuvo con los demás en la escuela de Jesucristo; y desde la ascensión hasta el día de Pentecostés retirado en el cenáculo. En aquel día, que fue el quincuagésimo después de la resurrección; en aquella solemnísima fiesta, llamada Pentecostés, el Espíritu Santo, cuya inmensidad llena todo el universo, sin dejar el cielo, vino a la tierra, santificada ya con los trabajos del Salvador, haciéndola sensible su particular presencia por la admirable profusión de sus dones, y por una comunicación más admirable de su persona, de que se sintieron llenos todos los Apóstoles y todos los discípulos. Con efecto, se hallaron todos abrasados en aquel fuego divino, iluminados con sobrenaturales luces, y recibieron desde entonces el milagroso don de lenguas. En el repartimiento que hicieron entre sí de todas las regiones del universo tocó a nuestro santo Apóstol la misión de la Licaonia, de Albania, de las Indias orientales y de la Armenia. Llevó a ellas el Evangelio en hebreo, que ya había escrito San Mateo. Extendió las luces de la fe en todas las provincias por donde pasaba, y no fue el menor de sus milagros la multitud prodigiosa de conversiones que hacía. Dice San Juan Crisóstomo que hasta los mismos gentiles se admiraban de aquella repentina mudanza de costumbres, y que en las regiones por donde transitaba San Bartolomé se miraba con asombro la pureza, la templanza y las demás grandes virtudes que resplandecían en los nuevos fieles.
Habiendo dado todas las providencias que juzgó necesarias para la conservación de la fe en Licaonia, en la Albania y en las Indias orientales, dejando en ellas operarios formados de su mano, pasó él mismo a la Armenia, que algún día había de ser el campo más fértil de su mies y el más glorioso teatro de su celo. Llegó a una de las ciudades principales, donde a la sazón estaba el Rey con toda su corte ; y luego que el Apóstol entró en el templo, donde el demonio daba oráculos por boca de un ídolo llamado Astarot, enmudeció este; silencio que llenó de pasmo a los armenios, y de consternación a toda la ciudad. Acudieron a otro ídolo, por nombre Berit, para saber la causa de tan funesto suceso. Respondió el demonio por su boca, que la causa era la presencia de cierto hombre llamado Bartolomé, apóstol del verdadero Dios, y que lo mismo le sucedería a él si aquel hombre llegaba a entrar en su templo. Añadió, que no daría oráculos Astarot mientras no echasen de allí a aquel hombre; porque cien veces al día, y otras tantas a la noche, hacia oración a Dios, acompañado de una prodigiosa multitud de espíritus bienaventurados que le escoltaban y le defendían. Quedó admirado el pueblo de este testimonio que, obligado de Dios y a su pesar, dio el demonio de la virtud milagrosa de nuestro Santo, y entró en una impaciente curiosidad de conocer al Apóstol; pero conociendo los sacerdotes que iría por tierra su estimación si el Santo llegaba a ser reconocido, pusieron en molimiento todos sus artificios para perderle. Buscáronle por espacio de tres días, pero en vano, porque Dios le hacía invisible, hasta que habiendo lanzado al demonio de muchos cuerpos, y dado salud a muchos enfermos desahuciados, sus mismos milagros le descubrieron.
Espectacular escultura en la catedral de Milán.
El santo aparece desollado completamente.
Esparcida la fama por todas partes, no le conocían ya por otro nombre que por el de Apóstol del verdadero Dios y el obrador de milagros. Llegó presto a noticia de la corte el ruido de sus maravillas, y teniendo el rey una hija poseída de un furioso demonio que la atormentaba cruelmente, deseaba con ansiosa impaciencia ver al santo Apóstol. Apenas se puso en su presencia San Bartolomé, cuando la princesa quedó libre de aquel infernal huésped y queriendo el rey mostrar su agradecimiento con magníficos presentes, el Apóstol le dio a entender que no había venido a buscar oro ni piedras preciosas, sino la salvación de su alma, y la conversión de sus vasallos. “Vengo”, añadió el Santo, “a daros a conocer al verdadero Dios, único criador de todo este vasto universo; y que solo él es digno de nuestro amor, de nuestra adoración y de nuestros religiosos cultos. Vuestros ídolos son órganos de los demonios; adoráis lo más execrable que hay en toda la naturaleza; esos que llamáis dioses son los mismos demonios; y para convenceros, señor, de que es verdad todo lo que digo, quiero que el más acreditado de vuestros dioses confirme, mal que le pese, todo lo que yo os predico”. Aceptóse luego la condición; y el rey, acompañado del Santo y de toda su corte, se encaminó al templo; pero apenas puso el pié en él San Bartolomé , cuando el demonio comenzó a gritar que él no era dios, que ni había ni podía haber más que un solo Dios, y que ese era Jesucristo, a quien el Apóstol predicaba. Hecha esta confesión, mandó el Santo al demonio, en nombre de Jesucristo, que al instante y sin réplica hiciese pedazos todos los ídolos de la ciudad. Obedeció, y en el mismo punto todos ellos fueron reducidos a polvo. A vista de tan estupenda maravilla quedaron tan movidos los corazones, como convencidos los entendimientos; convirtióse toda la ciudad, y después de algunas instrucciones recibió el Bautismo el rey y toda la corte. Siguieron el mismo ejemplo doce ciudades principales, rindiendo la cerviz al yugo de Jesucristo; y habiendo cultivado San Bartolomé aquella viña por algún tiempo, la proveyó de dignos ministros del altar, obispos y predicadores.

No podían menos de pensar en la venganza todas las potestades del infierno viéndose tan maltratadas. Los sacerdotes de los ídolos eran el oprobio de la nación, y conociendo que no era posible pervertir al rey Polemon, en cuyo corazón había echado la Religión profundísimas raíces, recurrieron a Astiages, hermano del mismo Príncipe, que reinaba en una parte de la Armenia. Era Astiages idólatra supersticioso, y resolvió vengar la afrenta que hacía a sus dioses aquel desconocido extranjero. Convidóle artificiosamente a que pasase a sus Estados, y San Bartolomé, que ninguna cosa deseaba tanto en este mundo como derramar la sangre por Jesucristo, corrió apresuradamente a la corona del martirio. Así fue; pues no bien había puesto los pies en la corte de Astiages, cuando el tirano le hizo desollar vivo. No parecía posible tormento más cruel; pero el Santo le sufrió con tan invicta paciencia, que hasta los mismos gentiles quedaron asombrados. Y como en medio del cruelísimo tormento no cesase de predicar la divinidad de Jesucristo y las grandes verdades de la fe, mandó el tirano que le cortasen la cabeza. Créese que sucedió esto el día 25 de agosto, y que el día antecedente había sido desollado por amor de Jesucristo; siendo acaso este el motivo por que algunas iglesias celebran su fiesta el día 25, que fue el de su muerte, y otras el 24, que fue el de su suplicio.

Presto vengó el cielo la muerte de nuestro Santo con un visible castigo. Así Astiages como todos los sacerdotes, cómplices de su delito, fueron inmediatamente poseídos del demonio, que después de haberlos atormentado de un modo horrible por espacio de treinta días, al cabo de ellos los ahogó a todos. Los Cristianos se apoderaron del cuerpo de San Bartolomé, y le enterraron en una caja de plomo, haciéndose luego glorioso su sepulcro por multitud de milagros. Pasados muchos años, los gentiles se hicieron dueños del lugar donde estaban las santas reliquias, y las arrojaron al mar, el cual llevó la caja de plomo hasta la isla de Lipari, no lejos de Sicilia. Pero habiéndose apoderado los sarracenos de esta isla hacia la mitad del siglo IX, este precioso tesoro fue trasladado a Benevento, de donde el año de 983, siendo emperador Oton II, fue transportado a Roma, donde es reverenciado con singular devoción de los fieles".

Y termino con sus patronatos e iconografía. San Bartolomé es patrono de los profesionales que trabajan con cuero o piel, como los carniceros y comerciantes de pieles, curtidores, zapateros, sastres, cortadores, encuadernadores. Además es patrón de los pastores, agricultores, mineros y transportistas de sal, mercaderes de queso. És invocado por las mujeres en el parto, contra los trastornos nerviosos, las convulsiones, los males de la piel como úlceras, eczemas, llagas incurables. Otras reliquias del santo, dudosas todas, se hallan por otras partes del mundo.

Fuente:

-“Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año”. Agosto. JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1863.


A 24 de agosto además se celebra a
San Ouen de Rouen, obispo.
Beato Bartolomé de Tienen, laico fundador.

(1) De hecho no falta quien diga que era el novio de estas bodas.

domingo, 10 de mayo de 2015

La paciencia todo lo alcanza...

San Job, Patriarca. 10 de mayo (Iglesia romana), 30 de marzo y 27 de abril (Iglesia etíope) 6 de mayo (Iglesias orientales), y 22 de mayo (en Jerusalén). 

Talla en la iglesia de San Sulpicio
de Diest, Bélgica. Siglo XVII.
La vida de este santo patriarca la hallamos en las Sagradas Escrituras, narrada en un hermoso libro de carácter didáctico en el que el protagonista es tentado en su fe y paciencia hasta límites sobrehumanos, pero el santo siempre responde con mansedumbre a la voluntad divina. Todo le viene de Dios, lo bueno y lo malo. Curiosamente, lo que más le duele es la crítica de sus amigos Elifaz, Bildad y Sofar, y es que el respeto humano es uno de los más grandes escollos que los hijos de Dios hemos de superar. Estas críticas hay que leerlas en el contexto judío donde Dios premia en la virtud y castiga el pecado. Enfermedad, desgracias, pérdidas, todo era causa de un merecido castigo divino, así que al ser Job tan castigado, necesariamente ha de tener un pecado oculto, acusación ante la que él se defiende. Primero le acusan de pecar contra Dios, luego de pecar contra el prójimo.

Lamentablemente es esta una visión que aún muchos cristianos no han superado y constantemente están tentados a explicar los males como un castigo divino, lo cual habla de su poca comprensión del mensaje de Cristo, que sobre pasa la supuesta venganza divina.

La historia de Job habla de no aventurarse en juicios temerarios, de lo inescrutable de la providencia divina y de la absoluta liberalidad de Dios para con los hombres.  De hecho, el mismo libro, por medio del profeta Elihú da una visión nueva al asunto: los padecimientos del Job le purifican en la virtud, y no son castigo de Dios, sino una prueba de este para que demuestre su fe, paciencia y fidelidad. Aún así, el libro no deja a Job en la miseria y enfermedad sino que, una vez probada su virtud, recobra la salud, bienes y vuelve a tener una numerosa familia, signo de bendición. Ya premia Dios en esta vida a sus fieles. Con Cristo esta visión se supera (de la enseñanza católica hablo), pues no se esperan premios en la vida, y los bienes no se consideran premios de Dios, pues el Único premio ya está dado, y es Jesucristo y su redención. Dios no necesita ya probarnos ni premiarnos, Cristo ha satisfecho por nosotros, y ampliamente.

Hay amplio debate sobre si la historia de Job es histórica, o sea, si se trata de un hombre real, o es un relato tradicional, personificado en alguien y localizado en el tiempo y el espacio. Por siglos tanto judíos como cristianos lo consideramos un relato histórico y veraz. Aunque algunos pasajes son fabulaciones y discursos catequéticos, como la reunión de Dios y Satán, el silencio de 7 días de los amigos delante de Job, o la intervención de Dios desde el torbellino. Y, claro, sobre todo el “happy end”, tan consolador como sospechosamente aleccionador. Hay una nota curiosa, para entender el contexto en el que esta obra se encuentra: Job vuelve a tener descendencia, pero mientras tiene el doble de hijos, solo tiene la misma cantidad de hijas que se mencionan en el prólogo. Haberle dado más hijas, sería signo de castigo, en la mentalidad del momento.

Así que, considerado Job como un personaje real, ha recibido culto en las iglesias occidental y oriental, y desde muy antiguo. En la Edad Media europea, era abogado de los apestados, los hospitales, los leprosos, hasta que el imparable culto a San Roque de Montpellier (16 de agosto) lo desplazó. Unas supuestas reliquias se veneran en Brabante. En Belsele, Bélgica, aún hay una fiesta popular en su memoria el segundo domingo de mayo. También es abogado contra la sífilis, hemorroides, úlceras, erupciones cutáneas, arañazos y golpes.

Para los espirituales, el santo Job es, sobre todo, ejemplo de paciencia, y así lo expresan en muchas ocasiones. Catecismos, predicaciones, exhortaciones morales tienen en Job un rico símbolo de penitencia, mansedumbre, fe y sobre todo, paciencia. Para ello una muestra, entresacada de la Autobiografía de Nuestra Madre Santa Teresa (15 de octubre y 26 de agosto), refiriéndose a su enfermedad de juventud: 

“Todos me desahuciaron, que decían sobre todo este mal, decían estaba hética. De esto se me daba a mí poco. Los dolores eran los que me fatigaban, porque eran en un ser desde los pies hasta la cabeza; porque de nervios son intolerables, según decían los médicos, y como todos se encogían, cierto -si yo no lo hubiera por mi culpa perdido- era recio tormento. En esta reciedumbre no estaría más de tres meses, que parecía imposible poderse sufrir tantos males juntos. Ahora me espanto, y tengo por gran merced del Señor la paciencia que Su Majestad me dio, que se veía claro venir de El. Mucho me aprovechó para tenerla haber leído la historia de Job en los Morales de San Gregorio, que parece previno el Señor con esto, y con haber comenzado a tener oración, para que yo lo pudiese llevar con tanta conformidad. Todas mis pláticas eran con El. Traía muy ordinario estas palabras de Job en el pensamiento y decíalas: 'Pues recibimos los bienes de la mano del Señor, ¿por qué no sufriremos los males?'" (Vida 5, 8)


A 10 de mayo además se celebra a 
San Comgall de Bangor, abad.
Can Calepodio y compañeros mártires.
Santa Solange de Bourges, virgen y mártir.

miércoles, 14 de enero de 2015

Como se elige un Santo Patrón


Pregunta: Hola. Veo que hay muchos santos patronos para muchas cosas y mi interrogante es: ¿Quien los elige? ¿Como un santo llega a ser patrón de algo o alguien? Argentina.

Respuesta: La pregunta se las trae... Vamos ver que sacamos en conclusión. Mira, el oficio de "patronos" de los santos se funda en que son hermanos "mayores" en la fe, que ya gozan de la presencia Divina, por tanto, conocen nuestras necesidades, enfermedades, problemas y afanes y por ello nos ayudan, porque saben que es lo mejor para nosotros. Unas pautas iniciales:


1. Los patronatos generalmente están asociados a alguna necesidad o situación difícil. Nadie busca patronos en una fiesta o en una graduación universitaria; o sea que "nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena".
2. Algunos patronatos son tan sacados "por los pelos" que es difícil hallar el por qué.
3. También es muy frecuente que algún patronato sea sólo en un sitio, o una diócesis.
4. Otros han sido simplemente porque había que escoger uno y se puso el del nombre de quien pagase el altar o el templo.
5. Los hay que han sido elegidos por sorteo, con papeletas con varios nombres escritos.
6. Para una necesidad puede haber muchísimos santos o, por el contrario, que el mismo santo sea patrono de varias personas, oficios, o males. 


¿PERO QUE ES UN SANTO PATRÓN?
Pues básicamente, un patrón es aquello que sirve de modelo a alguien, como, por ejemplo, los patrones de costura, que sirven para cortar piezas de tela idénticas al original. En el caso de los santos, además de servir de modelos de imitación de Cristo (que es lo más importante), el santo adquiere una capacidad protectora sobre los que le invocan. Como enseña la Iglesia:

"Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad (…) no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra. Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad". (Lumen Gentium 49).

Es decir, la intercesión de los santos no es algo ajeno a la vida cristiana, nacido del miedo o la incapacidad de solución de problemas, sino que es una consecuencia de la redención alcanzada por Cristo, que no se limita a esta vida terrena. El vínculo de la caridad entre los hermanos de fe, trasciende esta vida y se perfecciona en la vida celestial, donde aquellos que han alcanzado la gloria, los santos, oran y alcanzan de Dios gracias para los que vivimos en aún en este mundo. Lamentablemente, este renacer de la devoción y el patronazgo de los santos no está exento de errores o supersticiones, estos sí motivados por el miedo o la desesperanza: Santos castigadores, o que necesitan tal o cual ofrenda, o que son celosos si se invoca a otros santos. Siglos de relación entre los de la tierra y los del cielo no han depurado esta misma relación, que, siendo sinceros, nunca ha sido purificada totalmente, sino que, al contrario, parece cada vez más enriquecida (o enrarecida en ocasiones) con elementos procedentes de otros cultos.

Si bien la intercesión de los santos es universal, de todos los tiempos y sin restricciones, los que peregrinamos en este mundo hemos tenido la necesidad, casi desde siempre, de clasificar los santos en “especialidades”, y esto, más que responder a una realidad espiritual, responde a nuestra mentalidad catalogadora, organizadora. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que los patronatos de los santos ni son estrictos, ni exclusivos ni excluyentes, ni inmutables. Un santo puede ser patrono de varias enfermedades u oficios, a la par que una enfermedad u oficio puede tener varios santos patronos, según las épocas, los lugares y las necesidades puntuales de los fieles. No se pelean los santos por proteger una jurisdicción, ni por ser invocados en situaciones diferentes a las asignadas en los patronatos. Es mucho más simple: El patronato es una relación de confianza entre el devoto y el santo en cuestión, siempre basado en el poder de intercesión, que brota de Cristo, Único y Verdadero Mediador.


¿CÓMO SE ELIGE UN SANTO PATRÓN?
Esta, junto a la anterior pregunta, es una de las que más se repiten en mi blog, y es elemental para entender sin rigorismos, ni escrúpulos, ni supersticiones, el tema de los patronatos. Los dividiré en dos grupos para explicarme mejor: patronos personales, y patronos colectivos:



I. SANTOS PATRONOS PERSONALES:

Pues son aquellos que nosotros elegimos por devoción particular. Hay que insistir (los lectores del blog saben cuánto lo hago) en el hecho de que en esto no hay un determinismo celestial, sino que depende de la voluntad humana elegir este u otro patrón. A lo sumo, podemos pedir a Dios nos inspire a elegir un patrón que realmente nos sirva como modelo y protector. O sea, que por llamarnos Atilano (p.ej.) no ha de ser San Atilano obligatoriamente nuestro patrón, como si fuera algo impuesto ante lo cual no se puede optar a otra cosa. Igualmente, si nacimos el 4 de febrero, no nos ha “tocado” San Teófilo el Penitente, como si de una lotería patronal se tratara. No es una losa sobre la cabeza este asunto de los patronatos.


Mucho menos hay que creer, ni por asomo, que elegir un santo patrón pondrá celoso y provocará castigos por parte del santo que “nos ha tocado”, sobre todo porque, insisto, no nos ha tocado ninguno. ¿Qué en un pasado, el día de nacimiento, nombre que nos ponían y santo patrón iban inexorablemente unidos? Pues sí, pero esto es solo una costumbre y no una realidad espiritual, ni una enseñanza oficial de la Iglesia. Aunque en el bautismo se impusiera un nombre cristiano para que dicho santo sirviera de patrón, no fue, ni era algo que obligara. Así que, con toda libertad se puede elegir un santo patrón. Uno o varios. Imitarles, amarles y tenerles presentes. Repito, con toda libertad. Lo perfecto sería conocer cada día más de los santos, imitar sus ejemplos, y podemos estar seguros que el Espíritu Santo nos inspirará que santo, o santos, podemos elegir.



II. SANTOS PATRONOS COLECTIVOS:
Pues estos serían aquellos que sí que “nos han tocado”, por nuestra situación personal; por ejemplo: pobreza, dolencia o enfermedad, estado de vida, situación laboral o profesional, etc. Y en esta elección, me detendré un poco, exponiendo tres ejemplos: Santos patronos populares; santos elegidos de forma oficial y que la Iglesia sanciona; y santos que la misma autoridad de la Iglesia propone como patronos a los fieles, sin que medie una petición específica ni un clamor popular.

1. SANTOS POPULARES:

Estos serían los santos que la devoción local determinó, y determina, que serían patronos por algún motivo: iconográfico, martirial, que hayan vivido en la zona, etc. Ejemplos claros son, entre otros, Santa Lucía, patrona de la vista, o San Eloy, de los joyeros. ¿Cuándo, dónde y cómo se originaron estos patronatos? No sabemos. Lo más que podemos determinar son los por qué. Y para eso está hecho mi libro, para enumerar patronatos y su causa.

2. SANTOS PATRONOS ELEGIDOS OFICIALMENTE:

Estos serían santos venerados en algún sitio y que los fieles desean celebrar de modo especial, con todas las normas litúrgicas de la Iglesia, haciéndolo oficial. Lo normal es que ya tengan esa veneración popular previa que los considere especiales patronos y se desee ratificarlo. Un ejemplo, serían los patronos y copatronos de los pueblos, de los que se suele pedir a la autoridad eclesiástica local o universal de la Iglesia que ratifique dicho patronato. Por ejemplo, la Virgen de la Caridad fue proclamada oficialmente como Patrona de Cuba por Benedicto XV, a petición de los Veteranos de la Guerra de Cuba. 


3. SANTOS PATRONOS PROPUESTOS POR LA IGLESIA:
Estos últimos, que son lo menos, por la libertad en elegir que antes se apuntaba, son aquellos que la Iglesia, proveyendo a los fieles, propone sean tenidos en cuenta de modo oficial como patronos ante males, de obras o lugares. Un ejemplo sería la proclamación de Santo Tomás Moro como patrono de gobernantes y políticos, el 31 de octubre de 2000. O el último caso que hemos visto, que ha sido la proclamación de tres santas mujeres como patronas de Europa: Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Santa Catalina de Siena y Santa Brígida de Suecia por medio de la Carta Apostólica “Spes aedificandi” de San Juan Pablo II, del 1 de octubre de 1999.


Visto esto, veamos porque se han elegido algunos patronos, cosa esta que casi siempre es tradicional y popular, pues muchísimos ni son confirmados oficialmente por la Iglesia, aunque los reconozca y promueva. En otros casos, sí hay una confirmación oficial e incluso la misma Iglesia es quien los propone. Vamos a ello con unos pocos ejemplos, que hay que tomarse escépticos, pero también con una sonrisa:


I. Por un pasaje de su vida:

Tormentas: Santa Bárbara (un rayo mató a su padre); San Ursmars de Lobben (envió una tormenta sobre Lobben cuando los magiares pretendían saquearla); San Urbano I (detuvo una que amenazaba Roma).
Dolor de oídos y sordera: San Mériadec de Vannes (sanó a una sorda, poniendole unacampana sobre la cabeza. Si se le ocurrió golpearla, ya sería milagro no dejarla más sorda). 7 de junio.
Males de garganta: Santa Lucía (murió degollada); Santa Godeleva de Gistel (por ser estrangulada con una tela); San Blas (salvó a un niño con una espina atravesada)
Paragueros: San Medardo de Noyon (permaneció bajo la lluvia sin mojarse porque un águila lo protegía, incluso antiguamente los paragueros llamaban a su primer hijo así, para augurarse buen negocio)
Patinadores: Santa Lidwina (patinando en el hielo sufrió una grave caída que le dejó por siempre enferma)
Sirvientas: Santa Zita (lo fue)
Perfumistas: Santa María Magdalena (por la unción a Cristo)
Lactantes: San Guenalio (hizo que del pecho de su madre surgiera un tercer seno para poder mamar también él, porque era trillizo. Esto es lo más del santoral, lo juro)
Insomnio: San Desiderio, o Didier, de Autun (sus sermones eran soporíferos)
Heladas: Santa Humildad de Faenza (derritió la nieve donde un niño había sido sepultado y lo resucitó)
Funerarios: San José de Arimatea (preparó el entierro del Señor).
Traductores y estudiantes de Idiomas: Santa Lutgarda de Tongeren (se comunicaba en francés sin jamás haberlo estudiado ni oído) y San Jerónimo (acometió la gran empresa de traducir la Biblia de sus lenguas naturales al latín). 

Retraso mental: San Menou de Quimper (protegió a un retrasado del que todos se burlaban. Aún en su tumba se mete la cabeza de los niños recién nacidos para protegerles).



II. Por alegorías 

Viticultores: San Vito (porque se les pareció el nombre)
Contra los volcanes: San Jenaro (porque en Nápoles se le venera así, frente al peligro del Vesubio se ha ido extendiendo este patronato a otros sitios)
Turistas: San Francisco Javier (por sus largos viajes, y no de turismo, por cierto)
Migraña: Santa Emicrania (lo mismo, el nombre les sonó a migraña. Por cierto, esta también va contra los forúnculos, pero que me maten si sé por qué)
Madres que lactan: San Mamerto de Vienne (sí, eso mismo, por su nombre parecido a "mama")
Asuntos financieros: Santa Corona (por su nombre "moneda")
Marineros: San Erasmo (sus imágenes llevan las tripas enrolladas en un palo, lo que confundió a muchos, pensando era una jarcia de barco)
Mecanógrafas: Santa Tecla (por lo mismo, el nombrecito)
Partos: Santa Margarita de Antioquía (en sus imágenes sale de un dragón que se la tragó!, y nació la comparación con los partos)
Buena cosecha: Santa Petronila (simplemente por ser su día el 31 de mayo, fin oficial de muchas cosechas)
Fabricantes de pañuelos: Santa Etheldreda de Ely (el día de su fiesta era de mercado y se vendían pañuelos tocados a su cuerpo).


III. Por milagros realizado después de su muerte.

Sordera: San Gangulfo de Varennes (después de su martirio, su esposa, que era sorda, todos los viernes oía su voz cantando. Debería ser patrón también de los locos, por si acaso, digo yo)
Vista: Santa Maxellendis (sanó, luego de arrepentirse al que la había asesinado, que antes había quedado ciego)
Perjurio: San Maximino de Trier (uno que acusó falsamente a un sacerdote delante de la tumba del santo, cayó muerto)
Dolor de muelas: San Medardo de Noyon (por los milagrosos palillos de dientes que se hicieron con madera de su antigua capilla. Hay gente para todo, mira que convertir una iglesia en mondadientes!)
Dolor de cabeza: San Vougay de Bretaña (sanaban los que ponian la cabeza en la roca que el santo usaba de almohada)
Reuma: San Erkenbod de Sithiu (las madres pasan por su tumba los zapatos de los niños antes de estrenarlos)
Ahogamientos: San Mauricio de Carnoët (seis años después de su muerte salvó cinco niños de ahogarse).


IV. Por el martirio que padecieron:

Calvicie: Santa Fausta (le raparon la cabeza para decapitarla)
Carretoneros: Santa Catalina de Alejandría (pasó por el tormento de la rueda)
Viñateros: San Baraquiso (lo prensaron en una prensa de uva)
Picaduras de bichos: San Marcos de Arethusa (fue colgado en un canasto, embadurnado de miel, para que las avispas y tábanos lo picaran)
Poceros: San Vital de Rávena (porque le enterraron vivo. Vaya yuyu que da tener un patrón así)
Dentistas: Santa Apolonia (le arrancaron los dientes con un pedrusco)
Infecciones mamarias: Santa Águeda (le arrancaron un pecho con una tenaza)
Canteros: San Esteban (ya sabemos, lo mataron a pedradas)
Travestis: Santos Sergio y Baco (los martirizaron vestidos de mujer como escarnio. Sí también tienen patronos los travestis...)


V. Proclamados oficialmente por la Iglesia (universal o local)

Poetas españoles: San Juan de la Cruz (excelente poeta)
Internet: San Isidoro de Sevilla (por su obra compendiadora del saber de su época)
Abogados y políticos: Santo Tomás Moro (fue ambas cosas)
Cosmonautas: San José de Cupertino (tenía el don de la levitación. Esto iría también el el apartado de "por alegorías")
Alpinistas: San Bernardo de Menthon (en plenos Alpes fundó su monasterio, donde nacieron los perros "San Bernardo" para ayuda de los montañeros)
Educadores: San Juan Bosco, San Juan Bautista de la Salle y San José de Calasanz (lo fueron)
Párrocos: San Juan María Vianney (lo fue, y de los mejores)
Espeleólogos españoles: Nuestra Señora de la Cueva Santa (es evidente el por qué)

Me acuerdo que en la Habana, San Simón Apóstol es patrono contra las hormigas, por una plaga de estos bichos que hubo en el siglo XVII. Si no ha sido revocado, aún lo es.

Y bueno... esto sería una entrada interminable y no se trata de eso... Es solo un ejemplo

jueves, 10 de abril de 2014

Dos milagros de San Miguel de los Santos

Pregunta: tú sabes por que san Miguel de los Santos es patrono en contra de "los males cancerosos, tisis y fiebres malignas"? es que en mi iglesia de San Jaime de Barcelona encontré una estampa súper vieja del santo y no se a cuento de que es patrono de eso. España.

Respuesta: Te respondo tomando los datos de la "Vida de San Miguel de los Santos" escrita en 1862 por el carmelita Fray Anselmo de San Luis Gonzaga, en vistas a la canonización de San Miguel. Este libro narra la vida y, lo que responde la pregunta, los milagros para canonización del aún Beato, aprobados en 1841, por Gregorio XVI. Ambos milagros fueron plenamente estudiados, recogidos los testimonios y exámenes médicos de antes y luego del prodigio. Solo pueden negarse desde el apriorismo arreligioso de negar por negar. Pero antes de hablar de estos dos prodigios que han dado pie a este patronato, una reseña de la vida del Santo:

San Miguel de los Santos, presbítero trinitario. 8 de junio y 10 de abril.

El niño Miguel Argemir
huye al desierto.
Infancia.
Nació Miguel en Vich, el 29 de septiembre de 1591 y fue bautizado al día siguiente con los nombres de Miguel José Jerónimo. Su padre se llamaba Enrique Argemir y su madre Margarita Mitjana. Su padre fue Notario de la ciudad y conseller dos veces. Tuvieron varios hijos de los cuales algunos murieron en la infancia. Fue despierto a la piedad y la religión y por ello, con solo cuatro años se escapó a la montaña Montseny para hacer vida eremítica junto con dos amiguitos, aunque uno de ellos regresó a mitad de camino, temeroso del castigo de sus padres. Llegados Miguel y su amigo a un descanso de la montaña, tomaron posesión de una cueva y plantaron una cruz. El niño que había vuelto avisó a los adultos que ya estaban asustados y a la montaña se fue Enrique a buscar a su hijo. Al ser inquirido, Miguel respondió que por la Pasión del Señor y para consolarle, se había ido a la montaña. Le preguntó su padre como pensaba alimentarse allí, y Miguel le respondió que Dios ya le proveería. Te abrazó con cariño su padre, entendiendo que tenía un santito por hijo, pero se lo llevó consigo de vuelta a casa.

Por estas fechas falleció su piadosa madre, quedando con su padre y sus hermanos. Ya que no podía ser ermitaño, el niño Miguel comenzó a ejercitarse en la castidad, la pobreza y la penitencia. Y cuando era reprendido por ello, se las ingeniaba para ayunar o disciplinarse sin que fuera notado por sus mayores. Sobre los siete años intentó de nuevo la aventura del desierto con otros dos amigos, pero estando de camino, fueron avisados por tres ángeles, que les dijeron que volviesen a casa y se santificasen en ella. Era Miguel muy devoto de San Nicolás de Bari (6 de diciembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) a quien los estudiantes de Vich se encomendaban, como lo hizo Miguel más de una vez para obtener buenos resultados en sus estudios, como ocurrió desde pequeño, cuando se acercó a las letras. El 2 de noviembre de 1602, teniendo Miguel once años, murió su padre, encomendando a los hijos que nunca abandonasen la piedad y que fueran muy devotos de la Santísima Virgen María. Apenas falleció tuvo el niño la revelación de que su padre padecería poco purgatorio. Los niños fueron encomendados a los tutores Juan Taraval y Miguel Colamada, que les trataron bien. Juan pasó a casa de Taraval.

Religioso, sí o sí.
Cuando Miguel, ya adolescente, fue preguntado sobre el destino que quería dar a su vida, respondió que quería ser religioso. Su hermano mayor, Agustín, no lo consintió y en secreto visitó los conventos de la región, advirtiendo a los superiores que no lo admitiesen, pues no tenía permiso para ello. Mientras, el niño se preparaba para algún día poder ser religioso, pero los Taraval, por miedo a que enfermase, le prohibieron sus ásperas penitencias, como dormir sobre sarmientos o en el suelo. Se las apañaba para hacerlo, pero le reprendieron ásperamente y por obedecer, que tiene más mérito, no lo hizo más. Con los ayunos, otro tanto; como no le permitieron ayunar, entonces pasó a comer lo peor, lo que desechaban los demás. Además, todo lo que podía lo daba a los pobres. También se preocupaba de los pecadores, por los cuales rezaba todos los días a San Onofre (12 de junio), famoso convertido.

Taraval lo colocó de dependiente en casa de unos amigos, enviándole, además, a vivir allí. La mujer del comerciante pronto le tomó afecto y le quería y se edificaba con la piedad del niño, al que más de una vez vio absorto en oración en la oscuridad de la bodega de vino. También le quiso mucho Catalina Campana, amiga de la familia que había tomado a su cargo a Magdalena, la hermana del santo, luego de la muerte de la madre. Esta señora lo llevó consigo a una granja para que holgase un poco, pero el niño lo primero que hizo al llegar era procurarse palos y piedras sobre las que dormir para penitenciarse. Con esta mujer visitó un día el convento de los Franciscanos Observantes, y aprovechó un descuido de ella para pedir el hábito, pero los frailes, advertidos por Agustín, se lo negaron. Esa noche le oyeron quejarse en oración con el mismo San Francisco de Asís (4 de octubre, 17 de septiembre y 25 de mayo, traslación de las reliquias). Al poco tiempo se le apareció su padre, que le conminó a ser religioso para que pudiera ofrecerle sufragios y sacarle del purgatorio. Ese mismo día se fue al convento de los Carmelitas Calzados y tanto rogó, que los frailes le admitieron con la condición de que esperase un año y mientras sirviera como monaguillo en los oficios. El tutor Colamada montó en cólera al saberlo, por considerarlo una humillación (este tipo de servicios lo hacían niños pobres a cambio de estudios o unas monedas). 

Miguel en éxtasis
ante el Sacramento.
Visto que los hombres no le permitían ser religioso, Miguel huyó a Barcelona luego de encomendarse a la Santísima Virgen. Luego de un duro viaje se fue al convento de los Trinitarios Calzados, los cuales luego de oir sus esfuerzos por seguir su vocación, le dieron el hábito, aunque no de inmediato, pues antes de los doce años era imposible. Mientras, los familiares, viendo que nada habían podido hacer y se contentaron con saber que estaba bien. Al cabo de un mes, viendo el superior las prendas del niño, su obediencia, pureza, caridad y penitencia, decidió saltarse las normas y le dio el hábito, que Miguel recibió con alegría, añadiendo desde entonces a su apellido Argemir el "de los Santos". De novicio fue ejemplar y pronto aprendió todas las reglas y costumbres de la Orden y era muy observante. Era amigo de disciplinarse frente al altar de Nuestra Señora del Remedio (8 de octubre), la patrona de la Orden a la que enseguida tomó afecto.

Trinitario descalzo. Gracias espirituales.
En 1606 fue enviado al convento de San Lamberto de Zaragoza, para que pudiera terminar sus estudios de Humanidades, pero había en Miguel un deseo oculto: pasarse a la reforma descalza de los trinitarios, iniciada por San Juan Bautista de la Concepción (14 de febrero). Temía profesar no poder pasarse, pero una vez solventada esta cuestión, hizo sus votos solemnes el 30 de septiembre de 1607 en Zaragoza. A los dos meses conoció al trinitario descalzo Manuel de la Cruz, de paso por Zaragoza, que se negó a llevárselo consigo, por no hacer oprobio a los calzados que le habían acogido. Así que en enero de 1608 abandonó Zaragoza y se fue a Pamplona, donde tomó el hábito descalzo a 28 del mismo mes. Pasó a Madrid, a hacer el noviciado descalzo en Alcalá, donde profesó en fecha desconocida. Como era costumbre, dejó de usar definitivamente su apellido y quedó simplemente con "de los Santos".

Una vez profeso le enviaron a Solana a formarse. Allí, como en todos los sitios por donde pasaba, causaba admiración por su austeridad de vida, su oración constante y su obediencia puntual. Era ejemplo para todos y le querían por su humildad y sencillez. Nunca comió carne, ni siquiera los días en que la regla descalza lo permitía. Una vez que, por obediencia, tomó un caldo de carne, se sintió muy triste y dijo a todos "Dios no me guía por este camino". Tenía permiso para comulgar más días que los demás, pues el Sacramento del altar era su gran amor y consuelo. Hablar del cielo y la vida de los santos en el paraíso le inflamaba el corazón de tal manera que quedaba en éxtasis, o corría a la iglesia a postrarse ante el Sacramento rendido de amor. Incluso una vez saltó dos tapias enormes como si volara, para estar a solas con su Amado. Cuando le buscó el superior, le halló de rodillas y con los brazos abiertos, abierto el hábito y el pecho hinchado y encendido, y su corazón visible desde fuera, como si no le cupiera en el cuerpo, de tanto amor que vivía con Cristo. Otros arrebatos de amor le daban, y no podía reprimirlos como algunos religiosos le pedían. Su grito "Hermanos, amemos a Dios" era constante, y siempre en medio de estos raptos de amor. Los mismos ímpetus que se leen de Santa María Magdalena de Pazzi (25 de mayo) o de San Felipe Neri (26 de mayo). 

Cristo y Miguel
intercambian sus corazones.
El intercambio de corazones.
En 1610 fue su espíritu fue examinado por el célebre y santo trinitario padre Mata, el cual luego de varios meses dictaminó que no había engaño, ni demonio en los sucesos místicos del joven Miguel. Y aún más, predijo que sería una de las glorias más sonadas de la Orden en España y el mundo entero. Por estas fechas tuvieron Miguel y Cristo su matrimonio espiritual, sellado con el fenómeno místico conocido como "intercambio de corazones". En este grado de unión, Cristo toma todos los afectos, preocupaciones y deseos del alma y las hace suyas, purificándolas definitivamente, y pone sus intenciones, amor y todo Él en el corazón del agraciado. Para el alma ya no hay más afectos, ni consuelos, ni otra cosa que no sea amar a Cristo y por Él a los demás. La salvación de las almas, el que se conozca a Cristo y su misericordia lo llena todo. Este fenómeno se lee también de otros santos como Santa Margarita María (16 de octubre), Santa Teresa (15 de octubre y 26 de agosto), Santa Catalina de Siena (29 de abril y 1 de abril, impresión de las llagas) o Santa Lutgarda (16 de junio). Además que Miguel lo confió a su confesor, que lo contaría luego de la muerte del santo, este portento le fue revelado a una terciaria trinitaria de Sevilla, que contempló como Cristo cambiaba su corazón herido por otro que resplandecía como cristal, y el Señor le explicaba que "he cambiado mi corazón con el de Fray Miguel, porque nos amamos mucho y es una misma cosa conmigo". Es en vano decir que luego de esta entrega mutua de corazones, Miguel buscó más aún el silencio y la oración y su caridad con los demás se hizo más exquisita. En alguna ocasión se inflamaba tanto en la oración, que los frailes pensaban que ardía su celda, del calor y luz que salían de ella.

Estudiante y presbítero.
También en 1610 fue enviado al convento de Baeza a estudiar la filosofía, donde pronto destacó además de su virtud, por su aplicación, inteligencia y excelentes resultados, obteniendo muchas veces obtenía premios por ellos. Los éxtasis continuaron y su amor por el Sacramento se vio recompensado por la comunión frecuente, que los superiores le permitieron. En 1612, cursada la filosofía con gran éxito, Miguel fue enviado a Salamanca para estudiar la teología. Allí tampoco su corazón pudo estarse quieto y en una lección sobre la Encarnación del Verbo, entró en éxtasis y quedó de pie solo apoyado con la punta de los pies durante unos 15 minutos, con gran confusión del santo al volver a los sentidos, pues no quería ser reconocido ni alabado por nadie. Otro éxtasis público tuvo en Carnaval, cuando organizó una procesión penitente con predicación de un padre, para advertir a todos los que festejaban, de la vanidad del mundo, los vicios y el peligro de condenarse en el que caían en dichas celebraciones. Predicaba el padre cuando Miguel miró un crucifijo y casi volando se acercó y quedó mirándole fijamente sin pestañear, extático. No consta cuando recibió el Orden sacerdotal, Miguel, pero cuenta su primer biógrafo que no quería ordenarse por no considerarse digno de tocar con sus manos al Señor. En una ocasión le preguntó su superior sobre cómo se preparaba para celebrar la misa, Miguel le respondió que vivía preparado siempre para agradar al Señor y celebrar su Sacrificio, extrañándose que hubiera alguna preparación especial. 


Ya sacerdote le enviaron de nuevo a Baeza, donde alcanzó de Dios algunas gracias para el convento, como limosnas inesperadas, multitud de bienhechores, etc., que fueron una bendición para la casa, siendo como era un convento pobre. Predicaba casi siempre de las postrimerías, de cómo se debía odiar el pecado y las vanidades del mundo. En el púlpito también quedaba en éxtasis al mencionar el nombre de Jesús o un misterio del Señor, elevándose en algunas ocasiones hasta la altura de la barandilla del púlpito. Celebrando la misa igualmente quedaba absorto, contemplando el misterio que celebraba. En una ocasión quedó con la mano sobre una vela y se le quemó sin que notara nada. Las misas solían ser larguísimas, por sus arrobamientos, pero nadie quería perdérselas, pues durante ellos, algunos recibían gracias como la conversión, la salud o solución en negocios.

Su predicación y ejemplo logró varias conversiones muy sonadas, por ser gente principal, que debía dar ejemplo y que vivía alejado de Cristo. Sus mortificaciones aumentaron y se hicieron más dolorosas, como estar cerca del agua cuando se había prohibido beberla. Se imponía ceniza en la cabeza, aparecía en el refectorio con una cuerda al cuello y cilicios en la frente, suplicando perdón y misericordia a los demás religiosos. En una ocasión llevaba tantos instrumentos de penitencias, que el superior hubo de prohibirle la más mínima penitencia fuera de la Regla sin su consentimiento. Pero sufrió tanto por aquella prohibición, que enfermó y le fue levantada la prohibición, dándole alas para penitenciarse. A razón de tanta penitencia su cuerpo lacerado comenzó a oler tan mal, que los religiosos se quejaron y de nuevo el superior le pidió aliviase sus penitencias y curase sus heridas. Oró fervientemente Miguel al Señor y desde ese día su cuerpo comenzó a oler maravillosamente, aun bálsamo que nadie podía identificar. Y no solo él, sino su celda, su sitio del coro y las cosas que tocaba.

Pero si en algo son probados los santos es en la persecución: dos religiosos de vida impura fueron reprendidos por el provincial en una visita. Los dos, pensando que Miguel les había delatado, le calumniaron ante el prelado, acusándole de criticarle a él y a otros prelados, de creerse más santo y por ello digno de gobernar la Orden. El provincial le interrogó y Miguel contestó humildemente: "Capaz soy de hacer cosas peores si Dios me abandonase". Calló ante las acusaciones y el provincial tomó el silencio como aceptación de la culpa, por lo cual le condenó a ser encarcelado. No duró mucho el inmerecido castigo, sino cosa de un mes. Cuando se supo la verdad, no solo no recriminó a los superiores, sino que abrazó a sus calumniadores y cuando fueron separados y enviados a otros conventos, les escribía con afecto, como hermanos en Cristo que tanto le habían ayudado a merecer.

Tantos portentos y ejemplos, dieron lugar a que en Baeza le venerasen como santo, y muchos quisieran confesarse con él y oír sus sermones. Estar cerca suyo, al menos tocarle la capa o el escapulario ya era tenido por una bendición por parte de muchos. Le llamaban a poner paz, a atender enfermos, bendecir niños y sobre todo le abrían su alma, siempre saliendo los penitentes mejores de cuando llegaron a él. A no pocos devolvió la salud con bendecirles u orar por ellos. Por ello no es de extrañar que a los 27 años le nombraran subprior o vicario del convento de Baeza. Por esta época asesinaron a su hermano Agustín, cosa que el santo supo por revelación. En mayo de 1622 le enviaron como prior a Valladolid, aunque por humildad él intentó negarse a aceptar cargo alguno, pero finalmente tuvo que obedecer. Los de Baeza intentaron retenerle y luego que le trasladaran de vuelta, pero el cardenal y Duque de Lerma, que ya se le había aficionado escribió al General de la Orden para que de ningún modo lo apartase de su lado en Valladolid. En esta ciudad obró también varias conversiones, como la de Don Juan de Alano, que era un noble de vida escandalosa que al convertirse tomó el hábito cartujo con admiración de todos. También sanó de fiebres a un amigo que tenía que ganar un pleito, tomando él mismo las fiebres hasta el día de Navidad, en que dijo que ese mismo día se le quitarían.

Muerte y veneración.
Miguel predijo su muerte en varias ocasiones, pues siempre decía que moriría a la misma edad de Cristo, a los 33 años. El 1 de abril de 1625, Lunes de Pascua, cayó enfermo de fiebres, que resultaron ser consecuencia de un tabardillo. Hasta el día 8 no vieron los médicos gravedad, pero el santo sabía que se moría, y por ello se mostraba muy alegre, a pesar de los dolores y malestares. No se quejaba, no pedía alivio, solo se lamentaba de no amar a Jesús lo suficiente, decía. El día 8 de abril le dieron el viático, luego de pedir perdón a todos sus religiosos. El día 9 tuvo varias visitas, les bendijo y rezó por ellas. Recibió la extremaunción y quedó en silencio. Entrado el día 10 de abril, a la una de la mañana dijo las palabras "Creo en Dios, espero en Dios, amo a Dios. Señor, me pesa en el alma de haberos ofendido", y expiró en medio de un éxtasis, quedando con el rostro resplandeciente y el cuerpo con un suave olor.


Desde esa misma hora comenzó a llegar la gente al convento, y a la mañana siguiente la iglesia estaba repleta de devotos del frailecillo, que esperaban venerar su cuerpo. Se dice que la gente lo supo tan pronto porque la campanilla del convento usada para los difuntos se oyó más allá de la ciudad, a cientos de kilómetros en derredor. Así que hubo que trasladar el cadáver desde la capilla conventual a la iglesia. El afán de reliquias se nos dice que fue bastante grotesco pues llegaron a arrancarle uñas y cabellos, amén de trozos del hábito. Con tanto concurso de gente, hasta las cinco de la tarde no se dispuso el entierro, aunque antes hubo que enseñarlo al pueblo tres o cuatro veces. Los frailes fueron arrastrados por el gentío y solo los cuatro que llevaban el ataúd y los guardias que ponían orden llegaron a la sepultura. Y llegados a esta, tres días hubo que dejar el cuerpo en la tierra, para satisfacer a los devotos. En estos tres días el cuerpo continuó flexible, con los ojos resplandecientes y oliendo maravillosamente. El pintor Diego López aprovechó para hacerle un retrato. Los funerales se celebraron el día 19 y algunos lo celebraron como una novena, pues le consideraban santo, y muchos alcanzaron gracias por su intercesión. El 23 de abril colocaron el féretro en el muro de la iglesia conventual. En 1681 se hizo un reconocimiento de los restos y se halló el cuerpo incorrupto, solo tenía la nariz algo dañada. Su cuerpo se venera en la misma iglesia, diocesana desde la Desamortización. Su casa natal de Vich fue convertida en iglesia y allí se venera uno de sus huesos.

Muchísimos milagros y apariciones del santo se cuentan en los procesos del santo, con vistas a la beatificación, que llegó el 2 de mayo de 1779. El 22 de agosto de 1841 Gregorio XVI aprobaba dos milagros para la canonización, que llegó el 8 de junio de 1862. Para la canonización se tuvieron en cuenta los siguientes milagros, que le han consagrado como santo patrono contra los tumores y fiebres y que dan pie a tu pregunta:

El primer milagro.
Sucedió a Francisca Navarrete, que padeció un cáncer o tumor en la garganta, que le salía por la boca, tocando la barbilla, por lo que era perfectamente visible (me ahorro detalles escatológicos que da la obra sobre el color, aspecto y olor, pero os los podéis imaginar…). Fue operada en varias ocasiones, pero sin resultado, volvía a crecer. Así estuvo desde 1770 a 1780; en el mes de mayo de este año, los Trinitarios celebraron el aniversario de la beatificación de Miguel y se dio el prodigio de la cura de “mal de nervios” de una religiosa dominica.  Sabiendo esto Francisca, obtuvo una estampa del Beato, la puso en lugar digno y comenzó a pedirle su curación. Prometió pedir limosna para su misa, y vestir el medio hábito trinitario. Pasó la novena, no ocurrió el milagro, pero ella siguió rezando al santo. Al día undécimo, estando en sus oraciones, le vino una tos y el tumor se desprendió sin dolor ni sangramiento alguno. Lo tomó en un pañuelo y junto a sus familiares, jubilosos, fueron a dar gracias al santo en la iglesia de los Trinitarios, encargando una novena de acción de gracias. Está claro que fue conocido por todos, yendo a visitarla hasta gente incrédula, que recobraron la fe.

Reliquia del santo.
Vich.
El segundo milagro.
La curación también instantánea del lego trinitario Juan Bautista de la Santísima Trinidad, víctima de la tisis. Este religioso contrajo la enfermedad en 1829, mientras visitaba arrabales pobres, adonde socorría con limosnas a los necesitados. Aún enfermo siguió de limosnero, expuesto a fríos, calores y mal tiempo. Se manifestó la enfermedad, en forma de fiebres de las que no se hizo caso. Luego vinieron dolor de costado y, finalmente, los esputos sangrientos, los dolores atroces y la inmovilización. En 1830 ya estaba agonizante, y el 3 de marzo, se ordenó que se le diera la extremaunción, pero antes, ocurrió el milagro. El religioso tomó un folleto de la vida del Beato Miguel de los Santos, aplicó la imagen a su pecho y le pidió le sanara, ya que el convento necesitaba hermanos legos y él aún era joven. Prometió que pediría limosna para la canonización. En ese momento, se sintió con fuerzas, se vistió el hábito y se presentó en la iglesia, con los demás religiosos, a dar gracias al Beato, contándole al superior lo que había pasado. Este le probó, mandándole por obediencia fuera a ver al farmacéutico, donde tropezó con el médico, contándole el suceso. Al volver al convento, estaba animoso, ni siquiera cansado. A los pocos días se incorporó a la vida comunitaria, como uno más, y murió anciano, sin enfermar jamás de nada.

La fiesta del santo se celebró en origen a 10 de abril, hoy es a 8 de junio, coincidiendo con su canonización. Además de los males antes mencionados, es patrono de los noviciados trinitarios.


A 8 de junio además se celebra a  
San Maximino de Aix, obispo.
San Medardo de Noyon, obispo.
Santa Helga de Bregenz, virgen eremita. 

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...