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miércoles, 16 de junio de 2021

De un rescatador de niños.

San Veorles de Marcenay, presbítero. 16 de junio. 

Lo único que tenemos como fuente es un sermón del siglo X, predicado en su festividad. según esta prédica, fue Veorles (o Veroles) un presbítero de Marcenay, famoso en su tiempo por su predicación, milagros y buenos consejos. 


Este sermón dice que, pasando el rey San Gontram de Borgoña (28 de marzo) por Marcenay quiso oír misa y Veorles la cantó para él. Ocurrió que al llegar a la consagración Verloes cayó en un profundo éxtasis que duró una hora. Gontram y su corte esperaron pacientemente, por no interrumpir al sacerdote, a que este volviera en si y terminara la misa. Cuando esta terminó el rey le preguntó a Vorles que había pasado. El santo le dijo: "El enemigo del pueblo de Dios, el diablo, había incendiado una casa en Plaines, en la cual había un niño pequeño. Los aldeanos no estaban allí, porque asistían a la misa en Mussy-l'Évêque. Porque Dios lo permitió fui allí, rescaté al niño de las llamas, apagué el fuego  y volví a terminar la misa". Hay que decir que Plaines estaba a varios kilómetros de MarcenayGontram, impresionado, mandó a algunos soldados a averiguar. Ellos fueron a Plaines y allí les confirmaron la historia, aunque no sabían quién era el sacerdote, pues había desaparecido. 


Veorles subió al cielo en 591 según perpetúa su lápida, que aún se conserva. Sus reliquias aún se veneran en Châtillon-sur-Seine, adonde fueron trasladadas en 868. 


A 16 de junio además se celebra a:


Santa Lutgarda,
virgen cisterciense.
San Benno
de Meissen, obispo.
San Aureliano
de Arlés, obispo.
Santos Julita y
Quirico, mártires.


sábado, 12 de diciembre de 2015

San Corentin y el pez regenerable.

San Corentin (o Cariatón) de Quimper, obispo. 12 de diciembre.

Vidriera. Capilla de
Notre Dame du Drennec.
Poco se sabe de este santo obispo que parece haber vivido entre los siglos IV y V y cuyo culto aparece en el siglo VII. Las únicas fuentes sobre su vida son las lecciones, plagadas de leyendas, del oficio litúrgico de su memoria. En el siglo XIII se escribió su primera “vita”, que, por supuesto, no es una fuente fiable.

Según estas lecciones, Corentin nació en 375, y era originario de Armórica, aunque sus padres eran de Cornwall. Estos le educaron en todas las artes y ciencias, y fue ordenado presbítero, pero dejó el mundo para ser ermitaño en Plou-Vodiern. Su único bien era una cubeta de madera que cada día llenaba de agua. Un día cayó en ella un pez y el santo cortó un trozo de su carne para comerla, y le arrojó al agua de nuevo. Al otro día el pez estaba intacto, y de nuevo cayó en la cubeta. Y así, día tras día durante años, el pez se regeneraba por milagro para alimentar al eremita. Otro portento hizo con su fuente: vivía cerca suyo el eremita San Primaël (15 de mayo), anciano y cojo, para el que ir a buscar agua era un verdadero tormento. Así que Corentin tomó un palo y trazó una línea en la tierra, desde la fuente hasta la ermita del santo presbítero, y justo al terminar, la línea se convirtió en un afluente que llevó agua hasta la ermita del viejo Primaël.

En otra ocasión le visitaron San Malo (22 de octubre) y San Paterno (15 de abril) y el santo decidió sacrificar al pez, a costa de quedarse sin nada, pero cuando fue a tomar la cubeta, la halló llena de gordas anguilas, con las que pudo preparar un banquete a sus amigos. Y no fue la única vez que hubo portento relacionado con el pez. Otra leyenda, más conocida, cuenta que el príncipe Grallo estaba de cacería, perdió el camino y llegó con hambre a la celda del santo, junto con algunos sirvientes. Corentin cortó una gran porción de la parte trasera del pez. Un sirviente se burló de la pequeña cantidad, pero cuando Corentin empezó a freír la rebanada de pescado, esta se multiplicó en la sartén lo suficiente como para satisfacer al rey y a todos. Pero este milagro provocó una insana curiosidad en Grallo que, estando de caza otro día se acercó a la fuente, y cortó un pedazo al pez para ver como se reponía, pero no ocurrió, sino que el pez comenzó a morir. El rey huyó dejando al animal agonizando, y así estuvo este tres días, hasta que Corentin fue a visitarle y lo halló a punto de morir. El santo le restituyó la carne faltante y la salud, y le liberó para que ni un curioso más pudiera hacerle daño. El breviario de Quimper decía que el causante fue el obispo de Léon, pero el breviario de Léon exculpaba al obispo, diciendo que había sido un sirviente de Grallo. Cosa que da igual, siendo una simple leyenda.

Llegado Grallo a rey, dotó de tierras y nombró obispo de Quimper a Corentin, el cual según la tradición fue consagrado obispo por el mismo San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias; 1 y 13 de diciembre, traslaciones), pero es casi imposible, por la diferencia de fechas. Tuvo Corentin varios discípulos, entre ellos San Winwaloe (3 de marzo), que sería abad de Landevenec, un monasterio famoso por sus riquezas, y la sabiduría que allí se enseñaba. Algunos de sus discípulos fueron a su vez, fundadores de otros monasterios. Participó en el Consejo de Angers, en 453, y su firma aparece como “Chariaton”, una versión de Corentin. Visitó su extenso territorio, confirmando en la fe al pueblo, levantando iglesias y socorriendo a los necesitados. Luchó contra los restos de paganismo que quedaban y algunas infiltraciones heréticas en la sana doctrina.

No consta cuando murió, pero tradicionalmente se cree fue a mediados del siglo V, no después de 460, año en el que su sucesor, San Conogan (15, 21 y 26 de octubre) asiste al Concilio de Tours como obispo de Quimper. Fue enterrado en la catedral construida por él mismo, junto al altar mayor. Varios milagros ocurrieron junto a su sepultura, con lo cual la devoción se extendió pronto. Su culto se estableció en Quimper, Léon, Nantes y otras zonas de Bretaña, llegó incluso a Cornwall, su supuesta tierra natal, donde hasta el siglo XVI era costumbre bendecir pasteles en forma de pez el día de su festividad, para comer en Navidad. En Chartres llegó a haber una abadía medieval bajo su nombre, en la cual se retiraba la Beata Blanca de Castilla (2 de diciembre) y donde se veneraba la reliquia de su corazón. 

Las reliquias de San Corentin se veneraron en la catedral hasta el siglo IX cuando el clero, temiendo las invasiones normandas, las enviaron al obispo de Aleth, que las llevó a París en 965, junto con las de otros santos. Fueron depositadas en la iglesia de San Bartolomé de esta ciudad, para luego dividirse entre la abadía de Marmoutier y la de San Víctor de París, siendo estas últimas profanadas y desaparecidas en la Revolución Francesa. De Marmoutier fue devuelto solo un brazo a Quimper, en el siglo XVII, que igualmente se perdió en la Revolución. En 1809 aparecieron en Crouseilhes en unos pequeños fragmentos de huesos que habían estado escondidos. El señor local los donó al obispo de Quimper, que los llevó solemnemente a la catedral, donde se veneran aún. 

Se le considera uno de los siete santos obispos fundadores de Bretaña, junto a San Brieuc (29 de abril y 1 de mayo), San Samson de Dol (28 de julio), San Malo (22 de octubre), San Paterno (15 de abril), San Pol de Léon (12 de marzo) y San Tudwal (30 de noviembre). 


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XIV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-“Les vies des saints de Bretagne”. DOM GUI-ALEXIS LOBINEAU OSB.SM. Rennes, 1725. 



A 12 de diciembre además se celebra a
Santa Abra de Poitiers, virgen.

jueves, 2 de abril de 2015

De un santo y un milagro. San Francisco de Paula.

San Francisco de Paula cruza el mar.
Iglesia de Santa Rosa de Viterbo.
Querétaro, México
Pregunta: Estimado Ramón, una vez más acudo a tí en busca de saber que escena es la que se representa y a que santos corresponden, la encontré en el templo de Santa Rosa del Viterbo en Querétaro, México. Saludos. México.

Respuesta: Hola querido. Recién me di cuenta que te respondí a medias, pues te dije lo que ocurría en la pintura, pero no te di mas detalles del santo. Perdóname. Se trata de:

San Francisco de Paula, ermitaño, fundador.
El lienzo narra el milagro que ocurrió el 4 de abril de 1464. Habiendo llegado San Francisco de Paula con dos religiosos suyos a Catona, con rumbo a Messina, le pidió a un barquero, de nombre Pedro Coloso, que le cruzara el estrecho por caridad, pues los religiosos mínimos no llevaban dinero. El barquero se negó a llevarles sin cobrar, entonces Francisco se arrodilló, hizo oración, trazó la cruz sobre el mar y quitándose el manto, lo tendió sobre las aguas. Entonces subió a él junto con sus frailes y con buen viento cruzaron a la otra orilla. Se dice que el barquero, arrepentido, volvía todas las tardes a la orilla, esperando viniera el santo otra vez y tener el privilegio de cruzarle de orilla. Cosa que tampoco extraña, siendo ese su oficio, barquero.

Visto esto, aprovecho que hoy es su día para contestarte y ampliarte datos públicamente, en forma de cronología, que es una forma que no utilizo nunca en el blog, por ser algo fría, pero que viene bien cuando hay poco tiempo. Me baso en el libro "San Francisco de Paula. Vida Ilustrada", que hace tiempo me regaló un amigo.


CRONOLOGÍA DE SAN FRANCISCO DE PAULA:
1416: Nace el 27 de marzo en Terraveccia. Hijo de Santiago y Viena, luego de años de esterilidad y hacer una promesa a San Francisco de Asís (4 de octubre, 17 de septiembre, Impresión de las llagas; 25 de mayo, traslación de las reliquias a la basílica de Asís). Unas llamas milagrosas anuncian que será grande.

1428: Por la promesa de sus padres, con doce años entra al convento de los franciscanos conventuales de Argentano, para vestir el hábito votivo por un año. Comienza a ejercitarse en la penitencia. Al cabo de un año le proponen ser franciscano, pero regresa a casa.

Entre 1428 y 1435: Peregrina con sus padres por Roma, Asís, Loreto. Al regresar se queda a las afueras de Paula para ser ermitaño en una cueva, viviendo en ayunos, oraciones, penitencia y oración. sufre tentaciones, pero las vence con humildad y oración. A los quince años ya tiene algunos discípulos y construyen algunas celdas y una ermita. Se le aparece San Francisco con el plano de la iglesia y convento que ha de construir.

1435: Tiene 19 años. Instituye su Orden de los Mínimos (o sea menos aún que los Menores de San Francisco), cuya distinción principal es la Cuaresma perpetua, o sea, ayuno y abstinencia totales. La construcción del convento y la vida cotidiana de Francisco está llena de portentos: cojos, ciegos, muertos, lisiados, todos recuperan la salud. Brotan las fuentes, se detienen los aludes, las vigas de madera son transportadas por ángeles. Podrían escribirse varios artículos solo con los milagros que se le atribuyen.

1454: Va a Paterno, cerca de Cosenza, a construir el segundo convento de la Orden. Prosiguen los milagros: Divide un árbol que estaba en medio de dos lindes, sana nobles y plebeyos, resucita a un atrapado por las piedras, expulsa demonios, prueba su virtud ante un religioso que lo calumniaba, trasladando fuego con las manos. Conoce al que sería su Vicario, Pablo Rendacio

Sobre 1455: Se traslada a a Spezzano Grande a fundar el convento de la Trinidad. Allí convierte y admite como religiosos a los jóvenes nobles y amantes, Juan Cardurio de Roccabernarda y Bernardino de Cropalati, que le acompañarán siempre.

1464: 4 de abril. Ocurre el milagro que da pie al artículo (ver arriba), mientras se dirigía a Messina. Funda un convento en Milazzo, donde resucita a un ahorcado, muerto de tres días.

Entre 1467 y 1473: Regresa a Calabria, a su querido convento de Paterno a continuar su vida austera a rajatabla. Pablo II, temiendo esa vida penitente y pobre de Francisco, envía como legado suyo a Baltasar de Spigno a averiguar si son fieles a la Iglesia, exagerados, herejes o que. Aunque va de incógnito, Francisco le reconoce. El legado, satisfecho, le advierte de que semejante austeridad no debe imponerla a los religiosos como a él mismo. Francisco toma fuego en las manos y dice "para quien ama a Dios, nada es imposible". Tan impresionado quedó, que luego de informar al papa, regresó adonde Francisco para ser religioso mínimo, siendo el primer presbítero que tuvo la Orden.

Como Francisco predicaba contra los poderosos, los malos gobernantes y contra el mismo rey de Nápoles, reino al que pertenecía Calabria. Era Nápoles tierra del reino de Aragón, por lo que Ferrán I de Aragón, molesto con la predicación del santo, manda apresarlo y destruir todos sus conventos. Francisco apela a la autorización de los papas Pablo II y Sixto IV, y de los obispos de donde fundaba. El rey le considera rebelde y manda a su propio hijo a escarmentarle, pero al entrar al convento con los soldados, Francisco se hace invisible y no le ven aunque le pasan por el lado. Ante este portento, el rey reconoce que es hombre de Dios, le deja en paz y aún más, le ayuda a fundar en Nápoles. 

1474: 17 de mayo. Sixto IV aprueba la Orden, y, además, le da todos los privilegios de los que gozaban las venerables ordenes de los franciscanos, dominicos, carmelitas y agustinos. Nombra a Francisco como superior General, aunque este intentó negarse. En estas fechas escribe la Regla, ayudado Baltasar de Spigno y Bernardino de Cropalati, ya presbítero. Luego en Francia la retocará hasta cuatro veces. Al ejemplo de las demás órdenes mendicantes, también escribe una Regla para los seglares colaboradores con su obra.

1480: Tiene una apoplejía el despiadado Luis XI de Francia y, aunque mejora, le quedan dolencias que poco a poco le debilitan y le acercan a la muerte. En 1482, conocedor de los milagros de Francisco, ordena traerle para ser curado, sí o sí. Francisco se niega, Luis le presiona por medio del rey de Nápoles y Francisco vuelve a negarse. Entonces le presiona por medio del papa Sixto IV, que le ordena ir a Francia por obediencia, y Francisco accede.

1483: Parte Francisco hacia Nápoles, acompañado de tres religiosos. Desprecia la galera y comitiva reales enviadas por Ferrán, para hacer el camino a Nápoles como un humilde fraile: en burro. Antes de partir ocurre un portento: Su hermana  Brígida llora y le pide un recuerdo, el santo, pacientemente y al no tener nada propio, se arranca una muela con los dedos, y se la da. El camino a Nápoles está lleno de prodigios; el más conocido, el de su borrico "Martinello": Lo lleva Francisco a herrar, pero no tenía con que pagar, al pedirlo "por caridad", el herrero se niega y pide su paga, así que el burro mueve las patas y deja caer las herraduras.

La acogida en Nápoles fue apoteósica: Rey, nobles, clero, pueblo, salieron a recibirle y aclamarle. Le escoltaron mientras el santo iba recogido y sin levantar la vista. En el castillo de Nápoles ocurren dos prodigios de los más representados del santo:


"Vera Efigie" de San Francisco.
Jean Bourdichon. 1519.
1. El rey envía un sirviente con una bandeja de pescados fritos, pero Francisco traza la cruz sobre ellos y los peces recuperan la vida. Francisco manda decir a Ferrán: "Así como yo los he restituido a la vida dígnese él a devolver la libertad a tantos infelices como tiene sepultados en el fondo de las prisiones".
2. El rey Ferrán le otorga una dádiva de monedas de oro para que funde un convento en la ciudad. Francisco las toma y dice: "Esta es, majestad, la sangre de vuestros súdbitos, que clama a Dios (...) si no enmendáis vuestra conducta y no mejoráis vuestro gobierno, no pasará mucho tiempo sin que se derrumbe vuestro trono de desaparezca vuestra estirpe". Y para probar lo dicho, partió una moneda, de la que escurrió sangre. Que Francisco era santo, pero no se callaba nada, eh. (Efectivamente, Ferrán moriría sin descendencia y su tío Federico sería derrocado en 1500, aún en vida de Francisco de Paula. El reino de Nápoles fue anexado a Sicilia en 1504).
  
Partió Francisco a Francia, en una galera, pero antes quiso visitar al Santo Padre en Roma. El recibimiento fue más fastuoso aún, y Sixto IV lo sentó a su lado en el solio pontificio, le trató familiarmente y quedó prendado de su santidad y sabiduría. Le propuso ordenarles de sacerdotes a él y a sus compañeros, pero se negaron rotundamente por caridad (sus palabras preferidas). En contra, Francisco le pidió le concediera el cuarto voto de Cuaresma perpetua que establecía la Regla, a lo que Sixto IV se negó, pareciéndole demasiada austeridad, e inviable de cumplir. Francisco le contestó seriamente: "Padre Santo, lo que vuestra Santidad me niega, me lo concederá otro que está en esta sala", mientras señalaba al cardenal Julián de la Rovere. Pues sí, siendo papa con el nombre de Julio II, concedió a la Orden lo que Francisco quería. 

1843: Mayo. Con gran regocijo del rey Luis, Francisco de Paula entró en Francia. Los biógrafos suelen identificar a Bernardino de Cropalati y Juan Cadurio de Roccabernarda como los dos frailes que le acompañaron. A ellos habría que añadir el sobrino Nicolás d’Alessio. De Tours pasó a Bormes, donde sanó a todos los apestados con solo trazar la señal de la cruz, y los mismo hizo en Frejus. Pasando por Lyon, llegó a Amboise, donde le recibió el Delfín, futuro Carlos VIII. Finalmente seencontraron ambos en Plessis, en cuyo castillo Francisco se hospedó en un cuartito junto a la capilla de San Matías. Allí le visitaba todos los días Luis XI, esperando el milagro de su curación que no llegaba. Suponiendo que Francisco esperaba una recompensa le proponía valiosos regalos que el santo despreciaba. Cuando le ofreció una bolsa de modedas de oro, el santo le respondió enojado: "En vez de darme a mi ese dinero, devolvedlo a vuestros súbditos a quienes lo habéis quitado injustamente". Hasta Sixto IV mandó dos breves obligando al santo hacer el milagro, a lo que Francisco simplemente respondió con su oración y paciencia. Y es que Dios quería otra cosa.

Cansado el rey de exigir, suplicó al santo le diese una respuesta sobre su mal, a lo que Francisco le respondió que no sanaría y que debía enmendarse, porque la muerte llegaría pronto. Además, le profetizó la ponta llegada de la herejía que asolaría Francia. Así fue, el rey murió el 30 de agosto, reconciliado con Dios. 

1485: Por mediación de Carlos VIII de Francia, el papa Inocencio VIII confirma los privilegios de la Orden Mínima

1488: El mismo rey acoge bajo su protección, en todas sus posesiones, a los Mínimos. Manda a nobles y prelados que los socorran, protejan y permitan todas sus fundaciones y obras.


Bello anónimo novohispano que también
reproduce el milagro de atravesar el mar.
1489: 25 de enero. Autoriza mediante una carta la fundación de las primeras monjas mínimas en Andújar, Jaén, por la ¿Beata? Francisca de Lucena y Olid, agregando el beaterio a su Orden.

1492: Los Reyes católicos permiten la primera fundación en España, en Málaga, en acción de gracias por la victoria contra los moros. 

1493: Fundan el convento Nuestra Señora de la Victoria de Málaga, por lo que durante siglos, los mínimos serían conocidos como "los victorios" en España. Ese mismo año, en Francia, Ana, la primogénita de Luis XI construye el convento de Gien, en agradecimiento a Francisco por alacanzarle de Dios tener una hija, la princesa Claudia. Luego abogaría por la canonización de Francisco.

1495: 11 de junio. Fundación del monasterio de mínimas de Andújar, Jaén.

1497: El santo envía religiosos a fundar en tres ciudades alemanas: Krumau, Vatemburg y Friztriz.

1498: Muere Carlos VIII de Francia en un accidente. Le sucede Luis XII, casado con la hija de Luis XI, Santa Juana de Valois (4 de febrero), con quien el santo tendrá una profunda relación espiritual, a raíz de la disolución del matrimonio, puesto que habían sido casados contra la voluntad de ambos. La princesa profesó como terciaria mínima y acentuó su vida espiritual alentada por Francisco, que la dirigió en su obra de fundación de la Orden de la Anunciación. Moriría el 4 de febrero de 1505 y fue beatificada en 1950.

1506: Envía la Regla para las Monjas de Andújar. Este mismo año quiso el santo regresar a su natal Calabria, pero Luis XII se lo prohibió, interceptándole por el camino, por miedo aperder su valioso consejo de hombre santo. Se tuvo que resignar Francisco, que volvió al convento de Montils, donde se dedicó a retocar la Regla para los frailes, las monjas y los terciarios.

1507: En medio de la Cuaresma cayó enfermo de fiebres, como había predicho. Reunió a sus religiosos, les alentó al cumplimiento de la Regla, específicamente al característico voto mínimo de cuaresma perpetua. El Jueves Santo fue llevado a la iglesia y recibió su última comunión. Por la tarde en el Lavatorio de los Pies (en el siglo XVI era una ceremonia aparte, pues la misa solo podía celebrarse por la mañana) no dejó le lavasen los pies, profetizando: "Esperad hasta mañana, y entonces no me lavarán solo los pies, sino todo el cuerpo y la cabeza". Al día siguiente, Viernes Santo, reunió a la comunidad, nombró sucesor a Bernardino de Otranto, y se preparó a morir. Rezó las oraciones y murió pronunciando los nombres de Jesús y María. Era el 2 de abril.

Los funerales fueron apoteósicos. Desfilaron miles de personas, deseosas de invocar al que ya llamaban santo. Luis XII puso guardias, pero aún así los devotos lograron destrozar la túnica, llevarse el cíngulo , las disciplinas. Todo. Lo menos dos milagros se registraron, un niño curado de ceguera y una dama de una lesión interna.


Imagen del santo que se venera
en el Asilo San Francisco de Paula
de la Habana.
1512: 13 de mayo. Se abre el proceso de canonización, impulsado por Ana de Bretaña. Los testimonios sobre la santidad de Francisco recogidos en Francia y en Calabria fueron de una cantidad inusitada, tanto que o fue necesario recoger más, quedando muchos en el olvido.

1513: 7 de julio. León X beatifica a Francisco de Paula y fija su memoria litúrgica a 2 de abril.

1519: 1 de mayo. El mismo León X lo canoniza, cumpliéndose la profecía que le había hecho Lorenzo de Médicis, dijo a su hijo de 7 años: "Juan, besa la mano al santo". Francisco se inclinó al niño y le dijo: "yo seré santo cuando tú seas papa", lo que fe tomado como una ironía. Pero no... efectivamente, Juan sería León X. La Bula de canonización lo llama "enviado de Dios para iluminar admirablemente, como mística llama, las tinieblas de su siglo".

Francisco I, yerno de Luis XII proclamó a San Francisco de Paula protector de la casa real francesa y lo llamó "propagador de la estirpe real", puesto que tanto él como Claudia, su mujer, habían nacido gracias a las oraciones del santo a instancias de Ana de Bretaña y Luisa de Saboya, madres de ambos reyes franceses.

1591: Cosenza lo proclama patrón.

1562: 13 de abril. Los herejes hugonotes profanan la tumba del santo, sacan el cuerpo incorrupto arrastrándolo con cuerdas y lo queman en la hospedería del convento.  Las cenizas de la hoguera, junto a algunos huesos que se salvaron fueron devueltas al sepulcro cuando llegó la paz.

1935: Se hace una traslación solemne de algunas, pocas, reliquias a Paula, ciudad natal del santo, para el santuario construido en su memoria.

1943: Pío II proclama a San Francisco de Paula patrono de los marineros italianos.

1962: San Juan XIII (11 de octubre) lo nombra patrono de toda la región calabresa. Además, es abogado de los ermitaños y se le invoca contra la infertilidad, las epidemias y plagas.


A 2 de abril además se celebra a
Santa Ebba de Coldingham, "la joven", abadesa mártir.
Santa Musa de Roma, virgen.  
Santa María la Egipcíaca, penitente.

jueves, 10 de abril de 2014

Dos milagros de San Miguel de los Santos

Pregunta: tú sabes por que san Miguel de los Santos es patrono en contra de "los males cancerosos, tisis y fiebres malignas"? es que en mi iglesia de San Jaime de Barcelona encontré una estampa súper vieja del santo y no se a cuento de que es patrono de eso. España.

Respuesta: Te respondo tomando los datos de la "Vida de San Miguel de los Santos" escrita en 1862 por el carmelita Fray Anselmo de San Luis Gonzaga, en vistas a la canonización de San Miguel. Este libro narra la vida y, lo que responde la pregunta, los milagros para canonización del aún Beato, aprobados en 1841, por Gregorio XVI. Ambos milagros fueron plenamente estudiados, recogidos los testimonios y exámenes médicos de antes y luego del prodigio. Solo pueden negarse desde el apriorismo arreligioso de negar por negar. Pero antes de hablar de estos dos prodigios que han dado pie a este patronato, una reseña de la vida del Santo:

San Miguel de los Santos, presbítero trinitario. 8 de junio y 10 de abril.

El niño Miguel Argemir
huye al desierto.
Infancia.
Nació Miguel en Vich, el 29 de septiembre de 1591 y fue bautizado al día siguiente con los nombres de Miguel José Jerónimo. Su padre se llamaba Enrique Argemir y su madre Margarita Mitjana. Su padre fue Notario de la ciudad y conseller dos veces. Tuvieron varios hijos de los cuales algunos murieron en la infancia. Fue despierto a la piedad y la religión y por ello, con solo cuatro años se escapó a la montaña Montseny para hacer vida eremítica junto con dos amiguitos, aunque uno de ellos regresó a mitad de camino, temeroso del castigo de sus padres. Llegados Miguel y su amigo a un descanso de la montaña, tomaron posesión de una cueva y plantaron una cruz. El niño que había vuelto avisó a los adultos que ya estaban asustados y a la montaña se fue Enrique a buscar a su hijo. Al ser inquirido, Miguel respondió que por la Pasión del Señor y para consolarle, se había ido a la montaña. Le preguntó su padre como pensaba alimentarse allí, y Miguel le respondió que Dios ya le proveería. Te abrazó con cariño su padre, entendiendo que tenía un santito por hijo, pero se lo llevó consigo de vuelta a casa.

Por estas fechas falleció su piadosa madre, quedando con su padre y sus hermanos. Ya que no podía ser ermitaño, el niño Miguel comenzó a ejercitarse en la castidad, la pobreza y la penitencia. Y cuando era reprendido por ello, se las ingeniaba para ayunar o disciplinarse sin que fuera notado por sus mayores. Sobre los siete años intentó de nuevo la aventura del desierto con otros dos amigos, pero estando de camino, fueron avisados por tres ángeles, que les dijeron que volviesen a casa y se santificasen en ella. Era Miguel muy devoto de San Nicolás de Bari (6 de diciembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) a quien los estudiantes de Vich se encomendaban, como lo hizo Miguel más de una vez para obtener buenos resultados en sus estudios, como ocurrió desde pequeño, cuando se acercó a las letras. El 2 de noviembre de 1602, teniendo Miguel once años, murió su padre, encomendando a los hijos que nunca abandonasen la piedad y que fueran muy devotos de la Santísima Virgen María. Apenas falleció tuvo el niño la revelación de que su padre padecería poco purgatorio. Los niños fueron encomendados a los tutores Juan Taraval y Miguel Colamada, que les trataron bien. Juan pasó a casa de Taraval.

Religioso, sí o sí.
Cuando Miguel, ya adolescente, fue preguntado sobre el destino que quería dar a su vida, respondió que quería ser religioso. Su hermano mayor, Agustín, no lo consintió y en secreto visitó los conventos de la región, advirtiendo a los superiores que no lo admitiesen, pues no tenía permiso para ello. Mientras, el niño se preparaba para algún día poder ser religioso, pero los Taraval, por miedo a que enfermase, le prohibieron sus ásperas penitencias, como dormir sobre sarmientos o en el suelo. Se las apañaba para hacerlo, pero le reprendieron ásperamente y por obedecer, que tiene más mérito, no lo hizo más. Con los ayunos, otro tanto; como no le permitieron ayunar, entonces pasó a comer lo peor, lo que desechaban los demás. Además, todo lo que podía lo daba a los pobres. También se preocupaba de los pecadores, por los cuales rezaba todos los días a San Onofre (12 de junio), famoso convertido.

Taraval lo colocó de dependiente en casa de unos amigos, enviándole, además, a vivir allí. La mujer del comerciante pronto le tomó afecto y le quería y se edificaba con la piedad del niño, al que más de una vez vio absorto en oración en la oscuridad de la bodega de vino. También le quiso mucho Catalina Campana, amiga de la familia que había tomado a su cargo a Magdalena, la hermana del santo, luego de la muerte de la madre. Esta señora lo llevó consigo a una granja para que holgase un poco, pero el niño lo primero que hizo al llegar era procurarse palos y piedras sobre las que dormir para penitenciarse. Con esta mujer visitó un día el convento de los Franciscanos Observantes, y aprovechó un descuido de ella para pedir el hábito, pero los frailes, advertidos por Agustín, se lo negaron. Esa noche le oyeron quejarse en oración con el mismo San Francisco de Asís (4 de octubre, 17 de septiembre y 25 de mayo, traslación de las reliquias). Al poco tiempo se le apareció su padre, que le conminó a ser religioso para que pudiera ofrecerle sufragios y sacarle del purgatorio. Ese mismo día se fue al convento de los Carmelitas Calzados y tanto rogó, que los frailes le admitieron con la condición de que esperase un año y mientras sirviera como monaguillo en los oficios. El tutor Colamada montó en cólera al saberlo, por considerarlo una humillación (este tipo de servicios lo hacían niños pobres a cambio de estudios o unas monedas). 

Miguel en éxtasis
ante el Sacramento.
Visto que los hombres no le permitían ser religioso, Miguel huyó a Barcelona luego de encomendarse a la Santísima Virgen. Luego de un duro viaje se fue al convento de los Trinitarios Calzados, los cuales luego de oir sus esfuerzos por seguir su vocación, le dieron el hábito, aunque no de inmediato, pues antes de los doce años era imposible. Mientras, los familiares, viendo que nada habían podido hacer y se contentaron con saber que estaba bien. Al cabo de un mes, viendo el superior las prendas del niño, su obediencia, pureza, caridad y penitencia, decidió saltarse las normas y le dio el hábito, que Miguel recibió con alegría, añadiendo desde entonces a su apellido Argemir el "de los Santos". De novicio fue ejemplar y pronto aprendió todas las reglas y costumbres de la Orden y era muy observante. Era amigo de disciplinarse frente al altar de Nuestra Señora del Remedio (8 de octubre), la patrona de la Orden a la que enseguida tomó afecto.

Trinitario descalzo. Gracias espirituales.
En 1606 fue enviado al convento de San Lamberto de Zaragoza, para que pudiera terminar sus estudios de Humanidades, pero había en Miguel un deseo oculto: pasarse a la reforma descalza de los trinitarios, iniciada por San Juan Bautista de la Concepción (14 de febrero). Temía profesar no poder pasarse, pero una vez solventada esta cuestión, hizo sus votos solemnes el 30 de septiembre de 1607 en Zaragoza. A los dos meses conoció al trinitario descalzo Manuel de la Cruz, de paso por Zaragoza, que se negó a llevárselo consigo, por no hacer oprobio a los calzados que le habían acogido. Así que en enero de 1608 abandonó Zaragoza y se fue a Pamplona, donde tomó el hábito descalzo a 28 del mismo mes. Pasó a Madrid, a hacer el noviciado descalzo en Alcalá, donde profesó en fecha desconocida. Como era costumbre, dejó de usar definitivamente su apellido y quedó simplemente con "de los Santos".

Una vez profeso le enviaron a Solana a formarse. Allí, como en todos los sitios por donde pasaba, causaba admiración por su austeridad de vida, su oración constante y su obediencia puntual. Era ejemplo para todos y le querían por su humildad y sencillez. Nunca comió carne, ni siquiera los días en que la regla descalza lo permitía. Una vez que, por obediencia, tomó un caldo de carne, se sintió muy triste y dijo a todos "Dios no me guía por este camino". Tenía permiso para comulgar más días que los demás, pues el Sacramento del altar era su gran amor y consuelo. Hablar del cielo y la vida de los santos en el paraíso le inflamaba el corazón de tal manera que quedaba en éxtasis, o corría a la iglesia a postrarse ante el Sacramento rendido de amor. Incluso una vez saltó dos tapias enormes como si volara, para estar a solas con su Amado. Cuando le buscó el superior, le halló de rodillas y con los brazos abiertos, abierto el hábito y el pecho hinchado y encendido, y su corazón visible desde fuera, como si no le cupiera en el cuerpo, de tanto amor que vivía con Cristo. Otros arrebatos de amor le daban, y no podía reprimirlos como algunos religiosos le pedían. Su grito "Hermanos, amemos a Dios" era constante, y siempre en medio de estos raptos de amor. Los mismos ímpetus que se leen de Santa María Magdalena de Pazzi (25 de mayo) o de San Felipe Neri (26 de mayo). 

Cristo y Miguel
intercambian sus corazones.
El intercambio de corazones.
En 1610 fue su espíritu fue examinado por el célebre y santo trinitario padre Mata, el cual luego de varios meses dictaminó que no había engaño, ni demonio en los sucesos místicos del joven Miguel. Y aún más, predijo que sería una de las glorias más sonadas de la Orden en España y el mundo entero. Por estas fechas tuvieron Miguel y Cristo su matrimonio espiritual, sellado con el fenómeno místico conocido como "intercambio de corazones". En este grado de unión, Cristo toma todos los afectos, preocupaciones y deseos del alma y las hace suyas, purificándolas definitivamente, y pone sus intenciones, amor y todo Él en el corazón del agraciado. Para el alma ya no hay más afectos, ni consuelos, ni otra cosa que no sea amar a Cristo y por Él a los demás. La salvación de las almas, el que se conozca a Cristo y su misericordia lo llena todo. Este fenómeno se lee también de otros santos como Santa Margarita María (16 de octubre), Santa Teresa (15 de octubre y 26 de agosto), Santa Catalina de Siena (29 de abril y 1 de abril, impresión de las llagas) o Santa Lutgarda (16 de junio). Además que Miguel lo confió a su confesor, que lo contaría luego de la muerte del santo, este portento le fue revelado a una terciaria trinitaria de Sevilla, que contempló como Cristo cambiaba su corazón herido por otro que resplandecía como cristal, y el Señor le explicaba que "he cambiado mi corazón con el de Fray Miguel, porque nos amamos mucho y es una misma cosa conmigo". Es en vano decir que luego de esta entrega mutua de corazones, Miguel buscó más aún el silencio y la oración y su caridad con los demás se hizo más exquisita. En alguna ocasión se inflamaba tanto en la oración, que los frailes pensaban que ardía su celda, del calor y luz que salían de ella.

Estudiante y presbítero.
También en 1610 fue enviado al convento de Baeza a estudiar la filosofía, donde pronto destacó además de su virtud, por su aplicación, inteligencia y excelentes resultados, obteniendo muchas veces obtenía premios por ellos. Los éxtasis continuaron y su amor por el Sacramento se vio recompensado por la comunión frecuente, que los superiores le permitieron. En 1612, cursada la filosofía con gran éxito, Miguel fue enviado a Salamanca para estudiar la teología. Allí tampoco su corazón pudo estarse quieto y en una lección sobre la Encarnación del Verbo, entró en éxtasis y quedó de pie solo apoyado con la punta de los pies durante unos 15 minutos, con gran confusión del santo al volver a los sentidos, pues no quería ser reconocido ni alabado por nadie. Otro éxtasis público tuvo en Carnaval, cuando organizó una procesión penitente con predicación de un padre, para advertir a todos los que festejaban, de la vanidad del mundo, los vicios y el peligro de condenarse en el que caían en dichas celebraciones. Predicaba el padre cuando Miguel miró un crucifijo y casi volando se acercó y quedó mirándole fijamente sin pestañear, extático. No consta cuando recibió el Orden sacerdotal, Miguel, pero cuenta su primer biógrafo que no quería ordenarse por no considerarse digno de tocar con sus manos al Señor. En una ocasión le preguntó su superior sobre cómo se preparaba para celebrar la misa, Miguel le respondió que vivía preparado siempre para agradar al Señor y celebrar su Sacrificio, extrañándose que hubiera alguna preparación especial. 


Ya sacerdote le enviaron de nuevo a Baeza, donde alcanzó de Dios algunas gracias para el convento, como limosnas inesperadas, multitud de bienhechores, etc., que fueron una bendición para la casa, siendo como era un convento pobre. Predicaba casi siempre de las postrimerías, de cómo se debía odiar el pecado y las vanidades del mundo. En el púlpito también quedaba en éxtasis al mencionar el nombre de Jesús o un misterio del Señor, elevándose en algunas ocasiones hasta la altura de la barandilla del púlpito. Celebrando la misa igualmente quedaba absorto, contemplando el misterio que celebraba. En una ocasión quedó con la mano sobre una vela y se le quemó sin que notara nada. Las misas solían ser larguísimas, por sus arrobamientos, pero nadie quería perdérselas, pues durante ellos, algunos recibían gracias como la conversión, la salud o solución en negocios.

Su predicación y ejemplo logró varias conversiones muy sonadas, por ser gente principal, que debía dar ejemplo y que vivía alejado de Cristo. Sus mortificaciones aumentaron y se hicieron más dolorosas, como estar cerca del agua cuando se había prohibido beberla. Se imponía ceniza en la cabeza, aparecía en el refectorio con una cuerda al cuello y cilicios en la frente, suplicando perdón y misericordia a los demás religiosos. En una ocasión llevaba tantos instrumentos de penitencias, que el superior hubo de prohibirle la más mínima penitencia fuera de la Regla sin su consentimiento. Pero sufrió tanto por aquella prohibición, que enfermó y le fue levantada la prohibición, dándole alas para penitenciarse. A razón de tanta penitencia su cuerpo lacerado comenzó a oler tan mal, que los religiosos se quejaron y de nuevo el superior le pidió aliviase sus penitencias y curase sus heridas. Oró fervientemente Miguel al Señor y desde ese día su cuerpo comenzó a oler maravillosamente, aun bálsamo que nadie podía identificar. Y no solo él, sino su celda, su sitio del coro y las cosas que tocaba.

Pero si en algo son probados los santos es en la persecución: dos religiosos de vida impura fueron reprendidos por el provincial en una visita. Los dos, pensando que Miguel les había delatado, le calumniaron ante el prelado, acusándole de criticarle a él y a otros prelados, de creerse más santo y por ello digno de gobernar la Orden. El provincial le interrogó y Miguel contestó humildemente: "Capaz soy de hacer cosas peores si Dios me abandonase". Calló ante las acusaciones y el provincial tomó el silencio como aceptación de la culpa, por lo cual le condenó a ser encarcelado. No duró mucho el inmerecido castigo, sino cosa de un mes. Cuando se supo la verdad, no solo no recriminó a los superiores, sino que abrazó a sus calumniadores y cuando fueron separados y enviados a otros conventos, les escribía con afecto, como hermanos en Cristo que tanto le habían ayudado a merecer.

Tantos portentos y ejemplos, dieron lugar a que en Baeza le venerasen como santo, y muchos quisieran confesarse con él y oír sus sermones. Estar cerca suyo, al menos tocarle la capa o el escapulario ya era tenido por una bendición por parte de muchos. Le llamaban a poner paz, a atender enfermos, bendecir niños y sobre todo le abrían su alma, siempre saliendo los penitentes mejores de cuando llegaron a él. A no pocos devolvió la salud con bendecirles u orar por ellos. Por ello no es de extrañar que a los 27 años le nombraran subprior o vicario del convento de Baeza. Por esta época asesinaron a su hermano Agustín, cosa que el santo supo por revelación. En mayo de 1622 le enviaron como prior a Valladolid, aunque por humildad él intentó negarse a aceptar cargo alguno, pero finalmente tuvo que obedecer. Los de Baeza intentaron retenerle y luego que le trasladaran de vuelta, pero el cardenal y Duque de Lerma, que ya se le había aficionado escribió al General de la Orden para que de ningún modo lo apartase de su lado en Valladolid. En esta ciudad obró también varias conversiones, como la de Don Juan de Alano, que era un noble de vida escandalosa que al convertirse tomó el hábito cartujo con admiración de todos. También sanó de fiebres a un amigo que tenía que ganar un pleito, tomando él mismo las fiebres hasta el día de Navidad, en que dijo que ese mismo día se le quitarían.

Muerte y veneración.
Miguel predijo su muerte en varias ocasiones, pues siempre decía que moriría a la misma edad de Cristo, a los 33 años. El 1 de abril de 1625, Lunes de Pascua, cayó enfermo de fiebres, que resultaron ser consecuencia de un tabardillo. Hasta el día 8 no vieron los médicos gravedad, pero el santo sabía que se moría, y por ello se mostraba muy alegre, a pesar de los dolores y malestares. No se quejaba, no pedía alivio, solo se lamentaba de no amar a Jesús lo suficiente, decía. El día 8 de abril le dieron el viático, luego de pedir perdón a todos sus religiosos. El día 9 tuvo varias visitas, les bendijo y rezó por ellas. Recibió la extremaunción y quedó en silencio. Entrado el día 10 de abril, a la una de la mañana dijo las palabras "Creo en Dios, espero en Dios, amo a Dios. Señor, me pesa en el alma de haberos ofendido", y expiró en medio de un éxtasis, quedando con el rostro resplandeciente y el cuerpo con un suave olor.


Desde esa misma hora comenzó a llegar la gente al convento, y a la mañana siguiente la iglesia estaba repleta de devotos del frailecillo, que esperaban venerar su cuerpo. Se dice que la gente lo supo tan pronto porque la campanilla del convento usada para los difuntos se oyó más allá de la ciudad, a cientos de kilómetros en derredor. Así que hubo que trasladar el cadáver desde la capilla conventual a la iglesia. El afán de reliquias se nos dice que fue bastante grotesco pues llegaron a arrancarle uñas y cabellos, amén de trozos del hábito. Con tanto concurso de gente, hasta las cinco de la tarde no se dispuso el entierro, aunque antes hubo que enseñarlo al pueblo tres o cuatro veces. Los frailes fueron arrastrados por el gentío y solo los cuatro que llevaban el ataúd y los guardias que ponían orden llegaron a la sepultura. Y llegados a esta, tres días hubo que dejar el cuerpo en la tierra, para satisfacer a los devotos. En estos tres días el cuerpo continuó flexible, con los ojos resplandecientes y oliendo maravillosamente. El pintor Diego López aprovechó para hacerle un retrato. Los funerales se celebraron el día 19 y algunos lo celebraron como una novena, pues le consideraban santo, y muchos alcanzaron gracias por su intercesión. El 23 de abril colocaron el féretro en el muro de la iglesia conventual. En 1681 se hizo un reconocimiento de los restos y se halló el cuerpo incorrupto, solo tenía la nariz algo dañada. Su cuerpo se venera en la misma iglesia, diocesana desde la Desamortización. Su casa natal de Vich fue convertida en iglesia y allí se venera uno de sus huesos.

Muchísimos milagros y apariciones del santo se cuentan en los procesos del santo, con vistas a la beatificación, que llegó el 2 de mayo de 1779. El 22 de agosto de 1841 Gregorio XVI aprobaba dos milagros para la canonización, que llegó el 8 de junio de 1862. Para la canonización se tuvieron en cuenta los siguientes milagros, que le han consagrado como santo patrono contra los tumores y fiebres y que dan pie a tu pregunta:

El primer milagro.
Sucedió a Francisca Navarrete, que padeció un cáncer o tumor en la garganta, que le salía por la boca, tocando la barbilla, por lo que era perfectamente visible (me ahorro detalles escatológicos que da la obra sobre el color, aspecto y olor, pero os los podéis imaginar…). Fue operada en varias ocasiones, pero sin resultado, volvía a crecer. Así estuvo desde 1770 a 1780; en el mes de mayo de este año, los Trinitarios celebraron el aniversario de la beatificación de Miguel y se dio el prodigio de la cura de “mal de nervios” de una religiosa dominica.  Sabiendo esto Francisca, obtuvo una estampa del Beato, la puso en lugar digno y comenzó a pedirle su curación. Prometió pedir limosna para su misa, y vestir el medio hábito trinitario. Pasó la novena, no ocurrió el milagro, pero ella siguió rezando al santo. Al día undécimo, estando en sus oraciones, le vino una tos y el tumor se desprendió sin dolor ni sangramiento alguno. Lo tomó en un pañuelo y junto a sus familiares, jubilosos, fueron a dar gracias al santo en la iglesia de los Trinitarios, encargando una novena de acción de gracias. Está claro que fue conocido por todos, yendo a visitarla hasta gente incrédula, que recobraron la fe.

Reliquia del santo.
Vich.
El segundo milagro.
La curación también instantánea del lego trinitario Juan Bautista de la Santísima Trinidad, víctima de la tisis. Este religioso contrajo la enfermedad en 1829, mientras visitaba arrabales pobres, adonde socorría con limosnas a los necesitados. Aún enfermo siguió de limosnero, expuesto a fríos, calores y mal tiempo. Se manifestó la enfermedad, en forma de fiebres de las que no se hizo caso. Luego vinieron dolor de costado y, finalmente, los esputos sangrientos, los dolores atroces y la inmovilización. En 1830 ya estaba agonizante, y el 3 de marzo, se ordenó que se le diera la extremaunción, pero antes, ocurrió el milagro. El religioso tomó un folleto de la vida del Beato Miguel de los Santos, aplicó la imagen a su pecho y le pidió le sanara, ya que el convento necesitaba hermanos legos y él aún era joven. Prometió que pediría limosna para la canonización. En ese momento, se sintió con fuerzas, se vistió el hábito y se presentó en la iglesia, con los demás religiosos, a dar gracias al Beato, contándole al superior lo que había pasado. Este le probó, mandándole por obediencia fuera a ver al farmacéutico, donde tropezó con el médico, contándole el suceso. Al volver al convento, estaba animoso, ni siquiera cansado. A los pocos días se incorporó a la vida comunitaria, como uno más, y murió anciano, sin enfermar jamás de nada.

La fiesta del santo se celebró en origen a 10 de abril, hoy es a 8 de junio, coincidiendo con su canonización. Además de los males antes mencionados, es patrono de los noviciados trinitarios.


A 8 de junio además se celebra a  
San Maximino de Aix, obispo.
San Medardo de Noyon, obispo.
Santa Helga de Bregenz, virgen eremita

Santa Almedha, virgen y mártir.

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