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miércoles, 16 de junio de 2021

De un rescatador de niños.

San Veorles de Marcenay, presbítero. 16 de junio. 

Lo único que tenemos como fuente es un sermón del siglo X, predicado en su festividad. según esta prédica, fue Veorles (o Veroles) un presbítero de Marcenay, famoso en su tiempo por su predicación, milagros y buenos consejos. 


Este sermón dice que, pasando el rey San Gontram de Borgoña (28 de marzo) por Marcenay quiso oír misa y Veorles la cantó para él. Ocurrió que al llegar a la consagración Verloes cayó en un profundo éxtasis que duró una hora. Gontram y su corte esperaron pacientemente, por no interrumpir al sacerdote, a que este volviera en si y terminara la misa. Cuando esta terminó el rey le preguntó a Vorles que había pasado. El santo le dijo: "El enemigo del pueblo de Dios, el diablo, había incendiado una casa en Plaines, en la cual había un niño pequeño. Los aldeanos no estaban allí, porque asistían a la misa en Mussy-l'Évêque. Porque Dios lo permitió fui allí, rescaté al niño de las llamas, apagué el fuego  y volví a terminar la misa". Hay que decir que Plaines estaba a varios kilómetros de Marcenay. Gontram, impresionado, mandó a algunos soldados a averiguar. Ellos fueron a Plaines y allí les confirmaron la historia, aunque no sabían quién era el sacerdote, pues había desaparecido. 


Veorles subió al cielo en 591 según perpetúa su lápida, que aún se conserva. Sus reliquias aún se veneran en Châtillon-sur-Seine, adonde fueron trasladadas en 868. 


A 16 de junio además se celebra a:


Santa Lutgarda,
virgen cisterciense.
San Benno
de Meissen, obispo.
San Aureliano
de Arlés, obispo.
Santos Julita y
Quirico, mártires.


martes, 16 de marzo de 2021

"jamás pudieron quitarle el tesoro de la fe"

San Julián de Cilicia, mártir. 16 de marzo. 

La fuente para saber de este mártir es una homilía que San Juan Crisóstomo le dedica en su memoria: 

“La misma Provincia que vio nacer al gran Pablo para el Apostolado, produjo a Julián para el martirio y la Cilicia dio a la Iglesia estos dos Santos. Luego que se declaró la guerra a los soldados de Jesucristo, y que llegó el tiempo de la pelea, este último cayó en manos de un hombre quien, con el título de Magistrado, ejercía la crueldad de una bestia feroz. Pero considerad un poco el artificio. Conociendo este malvado Juez que el alma de Julián era de un temple tan impenetrable que los suplicios no podían alterarle, emprendió vencerle dándole tiempo dilatado. Hacíale comparecer ante sí todos los días y le volvía a enviar después a la cárcel, concediéndole nuevamente largas. No quiso cortarle luego la cabeza porque esta muerte tan pronta hubiera sido muy favorable al mártir y no era esto lo que pretendía aquel juez inhumano. Buscaba cómo probar su paciencia con repetidos interrogatorios, y amenazas, con la vista de los tormentos, con promesas y, en fin, sirviéndose de varias invenciones para estremecer este peñasco de constancia. 
 
Túvole por espacio de un año paseándole por toda la Cilicia, llevándole consigo como un reo, y cargándole a vista de toda la Provincia de oprobrios, y de afrentas. Pero se engañaba en esto, porque no hacía sino aumentar el mérito y la gloria de su prisionero (…) No solo confirmaba a los fieles en la fe por su reputación, sino que también atraía a los infieles; y esto con solo mostrarse él mismo a unos, y a otros. Pretendían hacer a todos los de Cilicia testigos de su vergüenza y de su infamia, y era muy al contrario. (…) 

Nuestro mártir publicaba la grandeza, y la majestad de Jesucristo, cuando padecía tan largas y tan crueles penas por sus intereses, y por su nombre. Menos brilla el firmamento en una noche de invierno cuando estando el aire puro, y sereno, nos deja ver todas sus estrellas, que [lo que] luce el cuerpo de Julián cubierto de llagas. Sí, por cierto: los astros, digo otra vez, fijos en el cielo, son menos luminosos que las heridas de nuestro mártir. Vosotros me confesareis que los demonios, y los hombres ven igualmente las estrellas: mas por lo que toca a las llagas de Julián, los hombres bien pueden verlas: los fieles muy buena vista tienen para mirarlas, pero los demonios se quedan deslumbrados. ¿Qué digo yo?, ni siquiera se atreven a echar una mirada: su resplandor los cegaba. 

Y esto es tanta verdad, que aun el día de hoy estos espíritus impuros no pueden sufrir esta luz tan superior. Traigan un energúmeno ante las Reliquias del Santo, por intrépido que sea el demonio que le posea, por furioso que parezca, jamás se acercará a ellas, y le veréis huir al llegar al pórtico: antes pasará por carbones encendidos: más presto se arrojará a ellos, que pasar a este lugar sagrado; y sola la vista del sepulcro le hará huir, y retirarse. Pues si después de tanto tiempo como se ha pasado desde la muerte del mártir, aun hoy, que este cuerpo no es más que ceniza y polvo, no se atreven los demonios ni aun a mirarle, ¿qué confusión y tinieblas no serían las suyas, cuando del todo brillante con la purpura de su sangre hería sus espantadizos ojos? 

Había, pues, llegado a ser Julián el objeto del furor insensato de un idólatra. Veíase rodeado por todas partes de un tropel de tormentos. Sufríalos todos a un tiempo: los que padecía, y los que aún no experimentaba: los que estaba pronto a pasar, y los que había de llevar después. Porque los verdugos estaban alrededor de él como otras tantas bestias insaciables: unos le herían los costados, otros le levantaban el pellejo: estos penetraban más adentro y descubrían los huesos, y aquellos llegaban a verle las entrañas. Pero en vano profundizaban, porque jamás pudieron quitarle el tesoro de la fe. No es este tesoro como el de los reyes, porque desde el momento en que os han abierto las puertas o habéis penetrado las paredes que los encierran, los veis y los tocáis. Aquí todo es al contrario: Jesucristo, divino tesoro de Julián, está en su corazón como en un santuario: los verdugos penetran las paredes, abren, rompen, quebrantan las puertas de este relicario, y no pueden ni hallar la riqueza que se oculta, ni mucho menos hacerse dueños de tan preciosa alhaja. (…) No obstante, profirió el mártir una palabra y salió de su boca acompañada de un rayo de luz, más brillante que los del sol: atraviesa esta el aire, elévase al cielo y penetra hasta lo más alto. Percibiéronla los ángeles, los arcángeles la hicieron lugar para que pasase, y los querubines la recibieron, y la condujeron al pie del trono de Dios Padre. 

Viendo en fin el juez la inutilidad de sus esfuerzos y el poco éxito de su empresa, conociendo que era tirar coces contra el aguijón, y dar en un diamante el continuar atormentando al invencible Julián, resolvió hacerle morir con brevedad. Porque la muerte de los mártires es una señal de su victoria, y de sus enemigos la vergonzosa derrota. Ved aquí el género de suplicio que inventó el tirano, o por mejor decir, que renovó para distinguir su crueldad, pero que al mismo tiempo señaló la grandeza del valor del santo mártir. Trajeron un gran saco lleno de arena hasta la mitad: metieron en él al Santo con víboras, escorpiones, y otras especies de serpientes muy venenosas y después echaron todo esto al mar. Y así ved al mártir a merced de estos horribles insectos: ved al justo segunda vez con las bestias: digo segunda vez, para traeros a la memoria la historia antigua de Daniel. Arrojaron a Daniel en un lago, y a Julián en la mar. Recibióle este elemento para coronarle y para dárnosle tal como le poseemos en esta caja. 

Se dignó Dios repartir con nosotros a los mártires: él toma el alma para sí y a nosotros nos deja el cuerpo, para que teniendo siempre a la vista estos sagrados despojos nos animásemos a la práctica de las virtudes que los han consagrado. Porque si la vista de las armas ensangrentadas de cualquier hombre valiente, excita cierto ardor marcial hasta en el corazón más cobarde, (…) ¿qué debemos sentir nosotros, que vemos, que tocamos, no las armas de este soldado de Jesucristo, sino su cuerpo ensangrentado por la gloria de su Maestro, y del nuestro? Aun cuando fuésemos los más cobardes de todos los hombres, esta vista sola es capaz de encender en nuestros corazones el mismo ardor que consumía al de Julián. Dios nos confía las reliquias de los Mártires para que tengamos entre manos la materia de una filosofía la más sublime y elevada”.


Fuente:
-"Las Verdaderas actas de los Martires". Tomo III. Teodorico Ruinart. OSB. Madrid, 1776.


A 16 de marzo además se celebra a:

San Heriberto de Colonia,
obispo
.
Santa Eusoye de Hamage,
abadesa
.
San Abraham Kidunaia,
eremita
.







martes, 5 de enero de 2021

"Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos"

Santa Emiliana de Roma, virgen. 5 de enero.

Lo que sabemos de Emiliana y sus hermanas aparece en los "Diálogos" del gran San Gregorio Magno (3 de septiembre y 12 de marzo), quien también da otros detalles en un sermón que predicó el domingo XXI después de Pentecostés, sobre el Evangelio de San Mateo 22, 1-14. En este episodio se narra la parábola de las bodas, y sobre la actitud negligente de los invitados, que hace que el esposo invite a cualquiera que se halle por las plazas. Es el evangelio del célebre "Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos". El santo papa, para puntualizar más sobre el asunto y ejemplificar a los fieles, les pone un ejemplo, no de los tiempos pasados ni de género parabólico, sino como él mismo dice "algo de mi entorno inmediato", y les narra la historia de estas santas.

Fue Emiliana tía del mismo San Gregorio, hermana de su padre y de otras dos mujeres: Gordiana y Santa Tharsilla. Emiliana y Tharsilla muy pronto comprendieron la vanidad del mundo y consagraron su virginidad a Jesucristo, manteniéndose en perpetua castidad, ayunando, orando y dedicadas a la caridad. Solo salían de su aposento solo para el culto y la caridad, y esto aún con gran recogimiento. Por su parte, Gordiana, aunque devota, poco a poco se fue distanciando de sus hermanas, seducida por lo que el mundo le ofrecía, como joven, bella y de familia con fortuna como era. Primero oía las exhortaciones a la virginidad que sus hermanas le hacían, luego las soportaba y finalmente decidió rehuirles del todo.

Tharsilla murió santamente el 24 de diciembre de 580 luego de una aparición de su bisabuelo, el papa San Félix II (25 de febrero). Cuando lavaron su cuerpo para la sepultura vieron que sus rodillas eran puros callos, de tantas horas que había pasado en oración. Esa misma noche, apareció Tharsilla radiante a nuestra Emiliana, diciéndole: "La Navidad la pasé sin ti, pero la Epifanía quiero vivirla contigo". Emiliana, aún gozosa por ir al cielo, dijo a su santa hermana: "¿Y cuándo me haya ido, a quien dejo a cargo a nuestra hermana Gordiana?" Y la aparición, cambiando su semblante a la tristeza, le respondió: "Ven conmigo, el sitio de nuestra hermana Gordiana está entre mujeres mundanas". Así ocurrió, la víspera de Epifanía, Emiliana voló al cielo luego de tres días de enfermedad. En cuanto a Gordiana, el mismo Gregorio lamenta en su sermón que se olvidó de su nobleza y honor y se hizo amante del administrador de sus propiedades.

Y concluye San Gregorio exhortando al pueblo acerca de cómo su ejemplo muestra de tres personas que inicialmente tuvieron el mismo ideal, pero no todas perseveraron. Dice "sabéis lo que pasa hoy, pero lo que va a ser mañana, no sabéis. Nadie debe sobreestimar su propia obra y regocijarse en la confianza en sí mismo. Debido a la incertidumbre de esta vida, nunca se sabe cómo esta va a terminar. Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos".

Fuente:
-Diálogos de San Gregorio. IV, XVI.

A 5 de enero, además, se celebra a:


San Telesforo,
papa carmelita
.
San Simeón Estilita.
San Gerlach, eremita.







viernes, 12 de enero de 2018

"Ahora es cuando pertenezco a Jesucristo..."

San Arcadio, mártir. 12 de enero.

El relato de su martirio nos ha llegado bastante adornado como para considerarlo auténtico, pero parece basarse en un sermón de San Zenón de Verona (12 de abril). Este nos cuenta que, estando candente en Acaya, al sur de la península itálica, la persecución contra los cristianos, uno de ellos llamado Arcadio, se retiró a la soledad. Como era un cristiano prominente, cuando le fueron a atrapar, los soldados capturaron a un pariente suyo, al que atormentaron para que revelara el sitio en el que Arcadio se había escondido. Al saberlo el santo, él mismo dejó su soledad para presentarse ante el Gobernador de Acaya, quien lo envió al juez, desarrollándose este diálogo:

Arcadio: -"Si es por mi causa que tienes preso a mi pariente, haz que se le de libertad, pues es inocente: yo mismo vengo a darte noticia del lugar de mi morada, que él jamás supo, y además a responder otras cosas que quieras saber de mi persona".

Juez: -"Quiero perdonarle de buena gana el secreto que me ha guardado de tu fuga: no tiene que temer. Pero ha de ser con la condición que desde esta tarde sacrificarás a los dioses".

A: -"¿Qué es lo que te atreves a proponerme? ¿Conoces a los cristianos, y te parece que el temor de la muerte será capaz de hacerlos faltar a su obligación? Como si ignorásemos nosotros esta expresión del apóstol: 'Jesucristo es mi vida, y la muerte es para mí una ganancia'. Inventa el suplicio que quieras: no des oídos mas que a tu furor: obedece a todo cuanto te inspire, y verás si es fácil hacerme renunciar a mi Dios".

Entonces Arcadio fue condenado a padecer diversos tormentos: azotes con plomadas, los garfios de hierro, estiramientos en el potro, despellejamiento, pero nada logra hacer que el santo reniegue de Cristo. Así, el Juez mandó que fuera desmembrado poco a poco, comenzando por los dedos, las extremidades, para que viviendo fuera sufriendo hasta morir. Mientras duró su suplicio y Arcadio tuvo vida, no cesó de alabar a Dios, pues los verdugos no le cortaron la lengua. Confesaba el santo que solo había un Dios, que adorar a los ídolos era adorar a los diablos. Tendido en el suelo le cortaron los brazos y piernas, en tres partes, le estiraron y zafaron las caderas. Cuando ya no era sino un tronco con cabeza, viendo sus miembros esparcidos delante suyo, Arcadio exclamó: -"¡Dichosos miembros que han tenido la dicha de servir a Dios: jamás les quise tanto cuando estaba unidos a mi cuerpo, como les quiero ahora estando cortados. De mucho nos sirve estar separados, para ser reunidos en la gloria y para que de miembros mortales que son, puedan llegar a ser algún día miembros gloriosos e inmortales. Ahora es cuando son miembros de Jesucristo, ahora es cuando yo pertenezco verdaderamente a Jesucristo, lo que siempre he deseado con un extremo ardor". 

Y mirando a los que contemplaban aquel atroz martirio, les dijo: -"Y ustedes que miran una tragedia tan sangrienta, sepan que estos tormentos que os parecen tan horribles no son nada para quien tiene presente la inmortalidad bienaventurada. Crean a un hombre que ya no tiene parte en esta vida: sus dioses no son dioses, renuncien su culto vano e impío y reconozcan, en fin, que no hay otro Dios que el que me consuela y me sostiene en el estado en que estoy. Morir por Él es vivir, y sufrir por él es estar en delicias. El amor que se tiene por Él jamás se entibia, jamás causa disgusto y jamás sufrirá disminución. Por recompensa de lo poco que padezco por él, voy a recibir una vida inmortal, y que me unirá a Él para siempre".

Y terminando este alegato, expiró dulcemente. Su testimonio dio coraje a muchos cristianos, que se confesaron como tales y alcanzaron también la corona martirial. Las reliquias de todos fueron depositadas en el mismo sepulcro.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
-"Las Verdaderas actas de los Martires". Tomo II. Teodorico Ruinart. OSB. Madrid, 1776.


A 12 de enero además se celebra a
San Martín de León, presbítero.
Santos Tigrio y Eutropio, mártires.

martes, 5 de septiembre de 2017

"sin lucha obtuvieron la victoria..."

Santos Juventino y Maximino de Antioquía, mártires. 5 de septiembre, 25 y 29 de enero.
"Ardían en tan grande amor de Dios, que aun fuera del tiempo de persecución fueron ceñidos con la corona del martirio, y sin batalla lograron levantar el trofeo, y sin lucha obtuvieron la victoria, y sin certamen lograron el premio". 

Ilustración hecha para este blog
por Efrén Sarmiento.

Así habla San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal) en una homilía que predicó en honor de estos santos en Antioquía, en año incierto, pues no se conserva la fecha.

Vivieron estos santos en Antioquía, en el siglo IV y bajo el imperio de Juliano, llamado "el Apóstata", por haber renunciado a la fe cristiana para imponer la vuelta del paganismo. Muchos cristianos que se enfrentaron a esto terminaron martirizados, como Santos Bonoso y Maximiano (21 de agosto), San Manuel (17 de junio), o Santos Macedonio, Teódulo y Taciano (12 de septiembre), o el célebre presbítero San Teodoro (23 de octubre), que llegó a decir que Juliano volvía al paganismo "como vuelve el perro a su vómito".

Había mandado el gobernador de Antioquía que se hicieran sacrificios y se consagraran las fuentes de la ciudad, así como los alimentos que ordinariamente se vendieran. Los sacerdotes paganos rociaron todo con agua lustral, ante lo cual muchos cristianos se negaron a comer o beber agua de las fuentes, pero pocos de ellos, pues la mayoría prefirió sobrevivir, y los presbíteros para tranquilizarles, les recordaban como dice San Pablo "De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. Y si algún incrédulo os llama, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia. Mas si alguien os dijere: 'Esto fue sacrificado a los ídolos', no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia?". (1 Cor 10, 25-28).

Sin embargo, esa exhortación del apóstol no bastaba para nuestros santos, y en una ocasión en que se celebraba un banquete militar, hablaron claramente de la injusticia que cometía el emperador. Compararon a los cristianos con los jóvenes del horno de Babilonia, sobre los que escribe San Daniel (21 de julio), de como habían sido entregados a un príncipe infiel, apóstata y terror de los mortales. Y además, criticaron el ambiente pagano que se vivía desde que el emperador había vuelto a adorar a los ídolos. Muy pronto supo Juliano de lo dicho por Juventino y Maximino, pues ambos eran oficiales de la Compañía de Guardias del emperador. Siendo personas tan ilustres no quiso juzgarles sin más, sino comprobar por sí mismo si era cierto lo que habían dicho de él.

Ambos comparecieron serenos ante el monarca. Y no solo se reafirmaron de lo dicho, sino que además, le recriminaron su política: "Señor, habiendo recibido ambos en el seno de la Iglesia una educación del todo santa, y obedecido siempre a las leyes llenas de piedad, y de religión del Gran Constantino, y de los emperadores sus hijos, no podemos ver, sin gran dolor y sentimiento, que llenéis de abominaciones todo el Imperio, y que con sacrificios impuros manchéis los bienes que Dios ha dado a los hombres, y las cosas más necesarias que les ha suministrado para la conservación de su vida. Por estas desgracias, Señor, hace mucho tiempo que secretamente lloramos, y nos tomamos ahora la licencia de derramar tantas lágrimas su presencia".

Juliano, irritado ante esta reprimenda, mandó que ambos oficiales fueran despojados de sus bienes y estos subastados. Los dos atletas de Cristo le replicaron, según el Crisóstomo: "¿Para qué necesitamos riquezas ni de vestidos preciosos? ¡Aunque sea necesario despojamos por Cristo de nuestro más íntimo vestido, que es la carne, no nos opondremos, sino que espontáneamente lo cederemos". Y efectivamente, les dejaron en la miseria y les metieron en la cárcel. Allí fueron a parar también otros cristianos que apreciaron el gesto de los dos oficiales, y denunciaron la injusticia. Y en la prisión se alentaban unos a otros, oraban y salmodiaban. El emperador mandaba de vez en cuanto a algunos para que les tentaran con promesas de libertad si renunciaban a su fe, pero Juventino y Maximino siempre les rechazaban.

Finalmente, viendo Juliano que la prisión de los santos solo les hacía más respetados entre los cristianos, mandó que los sacaran en secreto de la cárcel y los degollaran, como así se hizo. Juliano fue advertido por algunos de que aquello podía ir en su contra, sabiendo el aprecio que los cristianos tenían de los mártires, así que mandó se publicara que la causa del castigo y la muerte había sido la falta a su autoridad, y no motivo religioso alguno. Pero, sin embargo, los cristianos conocían perfectamente la causa, por lo cual honraron como mártires a ambos santos y levantaron un bello sepulcro en una iglesia.

Y termino con el mismo sermón del inicio. Dice San Juan Crisóstomo: 
"¡Visitémoslos con frecuencia! Toquemos su urna y con grande fe abracemos sus reliquias, a fin de sacar de aquí alguna bendición. Porque, a la manera que los soldados, mostrando a su rey las heridas que recibieron en la batalla, le hablan con grande confianza, así estos mártires, llevando en sus manos las cabezas cortadas y poniéndolas en frente, pueden alcanzar del Rey de los cielos cualquiera cosa que le pidan. ¡Vengamos, pues, aquí con grande presteza, con grande fe; para que, habiendo contemplado estos santos despojos y habiendo considerado sus combates, saquemos en todos sentidos grandes tesoros; y de tal manera pasemos esta vida presente, que lleguemos al puerto de la eternidad con grandes mercancías; y consigamos el reino de los cielos por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, con el cual sea al Padre y juntamente al Espíritu Santo la gloria, el poder, el honor y la adoración, por los siglos de los siglos. Amén".



Fuentes:
-"Las Verdaderas actas de los Martires". Tomo III. Teodorico Ruinart. OSB. Madrid, 1776.
-https://clerus.org


A 5 de septiembre además se celebra a
Santa Raïssa de Antinoe, virgen, y compañeros mártires.
San Bertin de Sithiu, abad.

domingo, 30 de julio de 2017

Hombres o mujeres, no tenemos excusas.

Santa Julita de Cesarea, mártir. 30 de julio.
"La causa de vuestra concurrencia es el elogio que os tengo anunciado en honor de una bienaventurada mártir. Este día os lo he señalado como día en que se hace memoria de un gran combate, que en el cuerpo débil de mujer sufrió la felicísima entre ellas Santa Julíta. Esta contienda esforzada llenó de admiración y espanto así a los que asistieron a este espectáculo, como a los que en su historia leen u oyen leer los exquisitos tormentos que toleró una mujer".

Así empieza San Basilio Magno su homilía sobre esta mártir. La pronunció a los 70 años del martirio, cuando el culto a la santa ya estaba consolidado y era ejemplo para los cristianos. Según Basilio, Julita era una viuda caritativa, que poseía numerosos bienes, pero era esquilmada por un vecino que le robaba sus tierras y propiedades. Entonces Julita le puso una demanda ante el juez, pero he aquí que en el juicio, el sinvergüenza le acusó de ser cristiana, con lo cual Julita perdía todo derecho a justicia, y, además, pasó a ser la acusada. Y lo dice así San Basilio:
"En el día pues emplazado, y en que ya dispuestos para la defensa los abogados, comenzaron a descubrir la crueldad y tiranía de este hombre exponiendo el derecho y legitimidad con que adquirió sus bienes (…) sin contestar este la demanda salió al encuentro, diciendo: que esta mujer no debía oírsela en juicio: porque no es razón, decía él, que sean participantes de un común derecho aquellos que no veneran los dioses de los emperadores y no abjuran la fe de Jesucristo. Esta propuesta pareció oportuna y justa al Presidente, y así mandó que luego se trajera el incienso y las brasas, y se ofreciera a los litigantes; protestando que ni el fuero ni las leyes, ni otros privilegios de la ciudad podían favorecer a los que no negaran a Cristo, y a los que conservaran su fe; porque en esto se hacía una infamia a los edictos y leyes de los Emperadores que entonces reinaban".

Pero claro, Julita se negó a sacrificar a dios alguno, pues era cristiana. Ni las amenazas de quitarle definitivamente los bienes que pretendía, ni la amenaza de los tormentos y la pérdida de la vida, hicieron que Julita apostatase de Cristo. Entonces el juez le condenó a morir en la hoguera. San Basilio lo narra de esta manera:
"En vista de esta constancia la sentenció el Juez inicuo no solamente al secuestro y pérdida de sus riquezas, de las que violentamente y contra todo derecho había sido despojada, sino que también mandó arrojarla al fuego para que perdiese la vida. Julita pues no caminaría con tanta aceleración a las mayores diversiones del mundo, como corría a las llamas con un semblante y palabras, que manifestaban su alegría, y eran señales de aquel gozo interior de su ánimo, con que sufría la muerte. Exhortaba también a las mujeres que se hallaban presentes a que no les acobardaran los trabajos por la piedad con pretexto de la debilidad de su sexo". 

Y luego de animar a las mujeres cristianas a ser fuertes ante la persecusión y el martirio, se acercó a la hoguera y antes que la ataran, ella misma se adentró en el fuego. Basilio señala que las llamas no tocaron su cuerpo y Julita murió asfixiada por el humo. El cuerpo fue tomado por los cristianos y la enterraron piadosamente. Llegada la paz de San Constantino (21 de mayo) se trasladaron a la basílica constantiniana de Cesarea. En su sepultura brotó una fuente, según se lee en el mismo sermón del santo, cuyas aguas eran dulces, contra las de la región, salobres. Además, eran aguas milagrosas que sanaban a muchos enfermos. Y si empezamos con el gran San Basilio, volvemos a él: 
"Hombres, no os mostréis inferiores en la piedad a las mujeres; y vosotras mujeres , no os apartéis de este ejemplo, y seguid sin excusas la piedad , pues ya tenéis experiencia de que la debilidad de vuestro sexo no es impedimento para que podáis obrar todo bien".


Fuentes:

-"Vidas de los Santos". Tomo VIII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.
-"Homilias de S. Basilio Magno". Madrid, 1846.


A 30 de julio además se celebra a
Beata Ingeborg de Dinamarca, reina.
Santos Abdón y Senén, mártires.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...