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jueves, 5 de enero de 2017

San Gerlach, el despreciado.

San Gerlach de Houthem, ermitaño dendrita. 5 de enero.

Fue un noble caballero, al que la vida sonreía como a pocos. Hacienda, familia, vida disoluta, escasa preocupación por su alma, etc. Pero todo cambió cuando un día que iba camino de un torneo, su pasión, le llegó la noticia de la muerte de su amada mujer. De pronto todo le pareció vano e inútil. Nada le consolaba su pérdida, por lo que decidió abandonar el mundo para siempre. Peregrinó a Roma, donde visitó al papa Beato Eugenio III (15 de julio), para que este le recomendara que hacer con su vida espiritual. El papa le envió a Jerusalén, para que visitara los Santos Lugares e hiciera penitencia y allí Dios le inspiraría que hacer.

En la Ciudad Santa supo de los Caballeros de San Juan, y se encaminó a su hospital, donde sirvió de pastor. Siete años vivió allí hasta que regresó a Occidente. Volvió a Roma, donde halló a Adriano IV en el solio pontificio, el cual le recomendó hiciera vida eremítica. Entonces Gerlach se encaminó a su tierra, vendió todas sus posesiones en favor de los pobres y se fue a Houthem, donde se acomodó en el hueco de un árbol, y allí fijó su ermita al estilo de los santos dendritas. Bajo la túnica vestía un cilicio que no se quitó nunca, ayunaba constantemente y su oración era muy elevada. Tuvo gran devoción a San Servacio de Maastricht (13 y 15 de mayo), cuyas reliquias visitaba diariamente, aunque para ello tenía que andar 10 km diariamente. Las gentes acudían a él constantemente, oraban con él y pedían sus bendiciones sobre ellos mismos o el ganado. Muchos milagros realizó, sobre todo con los enfermos y más pobres.

Fue estimado por Santa Hildegarda de Bingen (17 de septiembre), con quien se carteaba. Y sin embargo, quien más debió apreciarle, el clero de la región, le consideraba un farsante y encantador de multitudes. Incluso le llegaron a acusar de esconder oro bajo su árbol, y de que rendía culto al "espíritu de los bosques". A tanto llegaron, que el obispo de Lieja mandó arrancarle su árbol de raíz y cavar en derredor. Al no hallar nada de tesoros, claro está, y ver la humildad del santo, que obedeció tranquilamente, en compensación le construyeron dos chozas: una para vivienda y otra para ermita. Y al mismo tiempo, el obispo encomendó a los premonstratenses de Rolduc que se hicieran cargo de su vigilancia espiritual. Con estos canónigos tuvo mejores relaciones, aunque nunca quiso irse con ellos a su monasterio, sino vivir por libre. Y tanto se lo tuvieron en cuenta que a finales de 1169, cuando estaba para morir, ningún sacerdote ni religioso premonstratense quiso asistirle para morir en paz. Sin embargo, su fidelidad a San Servacio fue premiada: la noche del 5 de enero de 1170, se le apareció el santo obispo, que le dio la extremaunción y la comunión, muriendo acto seguido nuestro eremita.

Sepulcro del santo.
Como suele pasar, cuando su culto se hizo popular y su sepultura se llenaba de peregrinos, las cosas cambiaron y los vecinos premonstratenses reclamaron al santo "para sí", fundando un monasterio y administrando su culto. Y no solo eso, sino haciéndolo santo de la orden y poniéndole el hábito de la Orden. En el siglo XV se confirmó su culto, y aunque solo a nivel local, se le llama "santo". Hasta hoy se le venera como gran sanador de humanos y animales. Es especial abogado contra la peste y las enfermedades contagiosas.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Volumen I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

A 5 de enero además se celebra a San Telesforo, papa carmelita.

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