sábado, 3 de abril de 2021

"Obedezco la santa doctrina del Dios viviente"

Santas Ágape, Chionia, Irene y compañeros mártires de Tesalónica. 3, 5, 16 de abril y 22 de diciembre. 

Santas Irene y Casia.
Ágape, Chionia e Irene, eran tres hermanas, vírgenes consagradas a Dios en Tesalónica, imperando Diocleciano. Vivía en Aquileia un anciano presbítero llamado Zoilo, quien había sepultado piadosamente al mártir San Crisógono en el sótano de su casa. Como era un hombre temeroso de Dios, el mártir Crisógono se le apareció y le anunció que en nueve días las tres jóvenes Ágape, Chionia e Irene serían capturadas y martirizadas. Además, le indicó que Santa Anastasia debía prepararlas para el tormento que les alcanzaría la gloria. Así lo hizo, llamando a Anastasia, la cual alertó a las jóvenes, les arengó a que permanecieran fieles a Cristo y luego las dejó para que se preparasen orando. 

A los 9 días exactos, las muchachas fueron apresadas y llevadas ante el emperador Diocleciano, quien se hallaba en Tesalónica de paso a Macedonia. El monarca les conminó a que abandonaran su fe y adoraran a Jesucristo. Ágape le respondió: "Tuyo es el cuidado de la nación, tuyo el cuidado de la república, tuyo el cuidado del ejército, ¿y hablas así contra el Dios vivo, sin cuya ayuda no puedes hacer nada?" El emperador se volvió hacia Chionia y le espetó: "Realmente, tu hermana está loca". "Mi hermana está en su sano juicio - contestó Chionia - y con razón rechaza tus injustas ofertas". Luego Diocleciano se dirigió a Irene, pidiéndole fuera más sabia que sus hermanas mayores. Respondió Irene: “¿Es que tiene sentido adorar un ídolo hecho por un artífice, y hecho como el artífice desea? A veces sentado, a veces de pie; si el artífice quiere, pone una sonrisa en la cara de su dios, si quiere, pone lágrimas en sus ojos; si le gusta, el dios está haciendo una travesura en un dedo del pie, o si no, está tirado en el suelo. Pues yo prefiero seguir la locura de mi hermana". 

Entonces Diocleciano las mandó a prisión y siguió su camino a Macedonia, ordenando que las enviasen a su presencia en esta ciudad. Quedaron las jóvenes al cuidado del Gobernador Dulcidio. Este, a los pocos días, las hizo comparecer ante él junto con otras tres mujeres llamadas Casia, Filipa y Eutiquia, y un hombre llamado Agatón. 

Les dijo Dulcidio: "¿Sois realmente tan rebeldes que vais contra las órdenes del César y del Emperador?" Y dijo a Agatón - “¿por qué te niegas a comer la carne de sacrificio de nuestros dioses; no es eso lo que todo el mundo hace?". "Porque soy cristiano" fue la respuesta. Inquirió Dulcidio a Ágape: “Y tú que crees de esto?". "Creo en el Dios vivo – dijo la santa - y no quisiera destruir de una sola vez todo lo que Él ha construido hasta ahora." Y luego preguntó a Chionia: "¿Y qué tienes que decir a eso?" Ella respondió "Creo en el Dios vivo, y por lo tanto no puedo obedecer al emperador". Luego preguntó a la pequeña Irene: "¿Por qué no obedeciste las órdenes de los emperadores?". Ella dijo: "Porque temo ofender a Dios". 

Se volvió Dulcidio a Casia: “¿cuál es tu respuesta?". "Quiero salvar mi vida", dijo ella. "Pero entonces –le dijo Dulcidio - deberías participar en nuestras cenas de sacrificio”. "¡Dios me salve de tal crimen!", replicó Casia. Luego se dirigió a Filipa: "Y tú, ¿piensas lo mismo que estos otros?". Ella le constestó mirándole fijamente: "De hecho, prefiero morir antes que levantar un dedo por tus sacrificios”. Y a Eutiquia le preguntó si era tan impudente como los demás, estando embarazada, a lo que ella le respondió firmemente que pensaba lo mismo y que prefería la muerte antes de hacer lo que se le pedía. Por estar embarazada fue llevada a una cárcel donde se esperó que diera a luz para martirizarla. 

El interrogatorio tercero ocurrió así: fueron convocadas las hermanas mayores y Dulcidio preguntó a Ágape: "¿Estás segura de que no quieres seguir el ejemplo de todos los ciudadanos y obedecer a los emperadores?” "Yo no obedecería al diablo, así como estoy segura de que tú lo haces.", dijo la joven Se volvió el tirano a la segunda hermana: "Y tú, Chionia, ¿cuál es tu respuesta?" Y ella respondió: "Me atengo a mis sentimientos de antes". Insistió Dulcidio, "Pero tienes estos malvados libros y escritos cristianos, ¿no es así?" "No, no los tenemos – fue la respuesta - porque por orden de los emperadores nos los quitaron a todos". Dulcidio persitió con Chionia: "Dime, ¿qué es lo que te ha llevado a rendirte a estos sueños?". Chionia contestó: “Es la santa doctrina del Dios viviente y su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, y tenemos que obedecerla." 

Entonces Dulcidio proclamó la sentencia: "En vista de la persistencia con que Ágape y Chionia se aferran a la religión de los cristianos, que sin embargo está expresamente prohibida por los funcionarios religiosos del Estado, y en vista del desprecio de las órdenes divinas de nuestros emperadores y césares, las condenamos a padecer la incineración. Agatón, Casia, Filipa e Irene tendrán que permanecer en prisión hasta nuevo aviso". Y así, quemadas vivas, alcanzaron la corona y la palma de la victoria las dos invictas muchachas. 

Algún tiempo después, Dulcidio Irene se presentó ante ella y le dijo: "Tu locura ha sido probada de manera concluyente. Se le ha confiscado toda una pila de libros, escritos y panfletos que tratan de la doctrina de los cristianos, ese ser humano más bajo que se pueda imaginar. Cuando se enfrentó a ellos, todo lo que pudo hacer fue admitir, aunque aún negó haberlos mantenido en custodia. Es sorprendente que no te hayas vuelto más impulsiva después del castigo que tuvieron que soportar tus hermanas; seguramente ese será tu destino... ¿Tanto deseas morir? Pero tengo clemencia contigo. Todo lo que tienes que hacer es adorar a nuestros dioses; con eso, todo lo demás será perdonado y olvidado. Así que por última vez, ¿estás preparado para hacer lo que ordenan los emperadores y los césares? ¿Estás dispuesto a sacrificar?

Irene respondió: "Por supuesto que no. ¿Seguramente no querrás que sufra el castigo del fuego único? Ese es el castigo para aquellos que niegan al Hijo de Dios". 

D: "¿Quién te convenció para que escondieras esos libros durante tanto tiempo?

I: "Dios Todopoderoso, quien también es el que nos dice que lo amemos más que a nuestras vidas. Ahora entiendes por qué preferimos ser quemados antes sus escritos, porque estaríamos traicionando su causa". 

D: "Así, debe haber habido otros que sabían de estos escritos secretos

I: "Nadie lo sabía. Sólo Dios, pues nada permanece oculto para Él. Ni siquiera se lo habíamos dicho a nuestros esclavos, porque temíamos que nos traicionaran". 

D: "Y cuando se emitió la orden del Emperador el año pasado, ¿dónde te escondiste?

I: "Donde Dios nos llevó, en las montañas." 

D: "¿De dónde has sacado la comida?” 

I: "El Padre Celestial sabe lo que necesitamos". 

D: "¿Sabía tu padre natural sobre esto?

I: "No, él no sabía nada." 

D: "Pero seguramente debe haber habido conocidos o amigos que lo sabían." 

I: "Si quieres, puedes investigarlo." 

D: "Cuando volviste de las montañas, ¿quién estaba allí cuando leíste esos libros?". 

I: "Teníamos que mantenerlos cuidadosamente escondidos. Ni siquiera nos atrevimos a llevarlos de un lugar a otro. Así que puedes imaginar lo tristes que estábamos, que no veíamos la posibilidad de leer una línea de nuestros libros durante el día o la noche. Porque siempre lo habíamos hecho hasta la desastrosa decisión del emperador". 

D: "Tus hermanas han recibido su castigo. En realidad, te merecías el mismo castigo, pero he pensado en otra cosa. Estarás expuesta en un burdel completamente desnuda; no recibirás más comida que la que te traigan del palacio; estarás constantemente vigilada por soldados que se encargarán de que no huyas de tu lugar ni un momento". 

Durante este castigo Dios no permitió que nadie la tocara con un dedo. Podía mantener su pureza intacta. Por tercera vez, el gobernador la hizo gritar: "¿Sigues persistiendo en tu terquedad y desobediencia?" "Lo que tú llamas terquedad - respondió Irene - yo lo llamo reverencia a Dios. Así que me atengo a mis sentimientos". Y respondió Dulcidio, "entonces debes sufrir el castigo que mereces." Luego obtuvo una tablilla y escribió: "Como Irene se negó a obedecer a los emperadores y a sacrificar a los dioses, y como sigue aferrada a la secta de los cristianos, ordenamos que sea quemada viva, como sus hermanas". 

Y así terminó Irene, aunque otras versiones nos dicen que murió asaeteada, el 25 de marzo del mismo año. Reliquias suyas hay en la iglesia de San Martino ai Monti, Roma. 


Fuentes:
-Vidas de los Santos. Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-”Las Catacumbas, o, Los mártires: historia de los tres primeros siglos del cristianismo”. JOSÉ MUÑOZ MALDONADO. México, 1850 


A 3 de abril además se celebra a 

Santa Fara,
abadesa
.
San Ricardo ,
obispo
.
San Pancracio,
obispo y mártir
.
Beata Alejandrina,
virgen clarisa
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