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miércoles, 23 de junio de 2021

"Qué bello eres, Dios nuestro Rey"

Beata María de Oignies, mística. 23 de junio. 

Nació en Nivelles, a finales del siglo XII. Sus padres eran de buena posición económica, mas cristianos tibios. La niña María fue devota desde pequeña, y tan pronto aprendió algunas oraciones las repetía constantemente para no olvidarlas. Su primer contacto con la vida monástica fue cuando vio pasar frente a su casa a unos monjes cistercienses, y quedó tan impresionada de su gravedad y recogimiento, que besó sus huellas en el suelo. Al llegar a la adolescencia, su piedad y amor por la penitencia se acentuó. No gustaba de arreglarse, usar joyas o vestidos caros, lo cual solo le traía regaños y disputas con sus padres. 

Muy joven fue casada con un joven llamado Juan, al que sus padres la habían prometido desde que ella tenía cuatro años. Su marido la apreciaba, pero era indolente con ella. Por eso no tomó en consideración sus penitencias extremas y su vida orante. Le dejaba penitenciarse a su gusto, y las penitencias de María eran extremas: dormía sobre una tabla astillada, llevaba una cuerda áspera bajo las ropas. 

A los dos años de casada, su marido fue tocado por Dios y teniendo delante el ejemplo de María, decidió vivir más piadosamente. Si hasta entonces su vida de trabajo, oración y penitencia le había tenido sin cuidado, en adelante intentó imitarla. Desde ese momento vivieron como hermanos, o como ella gustaba decir, como la Virgen y San José. Donaron toda su hacienda a los pobres, reservándose una casita para vivir. Juntos hacían oración, trabajo, penitencia y atendían a los leprosos en Willambrock. Si bien Cristo les miraba con agrado, el mundo se volvió en contra de María. Sus parientes y amigos se volvieron contra ella. Se burlaban y murmuraban, le llamaban loca, iluminada, exagerada. Le reprochaban que hubiera abandonado sus bienes y posición y arrastrado a su marido con ella. Pero ellos vivían de espaldas a todo ello. 

María tuvo el don de la compunción y lágrimas. Era considerar la Pasión, o mirar un crucifijo, escuchar un sermón sobre los dolores de Cristo, para que un torrente de lágrimas brotara de sus ojos. Tantas que corrían por su rostro, cuerpo, y aún mojaban el suelo que pisaba. Algunos pensaban que era fingimiento y le volteaban el rostro. En una ocasión, justo antes de la Pascua, cuando se lamentaba de los sufrimientos del Señor con gemidos y sollozos, brotó de sus ojos gran cantidad de lágrimas más que habitual, como si estuviera participando en la muerte de Cristo, uno de los sacerdotes de la iglesia la reprendió suavemente y le pidió que refrenara sus lágrimas y rezara en silencio. Por lo tanto, ella, según su costumbre de obedecer, se retiró a un lugar oculto de la iglesia, donde nadie pudiera verla. Allí suplicó al Señor que le mostrara al sacerdote que no estaba en el poder del hombre refrenar las lágrimas cuando son del cielo. Y ocurrió que estando cantando misa el sacerdote, Dios le sumergió en la Pasión de Cristo, y derramó tal cantidad de lágrimas, que hubo de cambiarse el mantel del altar. Y desde ese día, gozó de aquel don siempre que celebraba la misa. 

Preguntada en una ocasión por su confesor si tanta lágrima no le causaba dolor físico, María respondió: "No, son estas lágrimas las que me refrescan. Son mi alimento día y noche; no me hacen daño a la cabeza y sostienen mi mente. Lejos de causarme ningún dolor, infunden una dulzura en toda mi alma. Lejos de vaciar mi cabeza, la llenan de pensamientos y consuelos celestiales, ya que no son forzadas a salir con esfuerzo, sino que me son suministradas en abundancia desde arriba". 

La penitencia de María de Oignies no es, ni por asomo aconsejable: uno de sus excesos fue cortarse trozos de carne de su cuerpo, al que aborrecía, y enterrarlos. Dejó las heridas al descubierto y los gusanos pulularon en ellas, siendo obligada por su confesor a curárselas. Y los ángeles lo hicieron por ella, sanándola. Las cicatrices quedaron para siempre en su cuerpo, siendo descubiertas por las mujeres que lavaron su cuerpo al morir. 

A esta penitencia se sumaba un ayuno riguroso. Solo comía una vez al día y por el necesario sostenimiento de la vida. Como si de una medicina se tratara. No comía carne, ni bebía vino, sino que frutas, hierbas y verduras eran su sustento. Para sí misma hacía un pan de avena, tan grueso áspero que al secarse raspaba su garganta hasta hacerla sangrar. Su consuelo era pensar en la sangre derramada por Cristo por su salvación. En una ocasión, mientras comía, el diablo la tentó de glotona, pero María no se dejó engañar por el demonio, sino que sabía que él quería perturbar su mente con escrúpulos para que enfermara por su excesiva abstinencia. Así, se rió de él y ese día comió el doble de lo normal, dejando al diablo confundido. 

Durante tres años seguidos ayunó a pan y agua desde el día de la Santa Cruz hasta la Pascua, y no sufrió ningún perjuicio al hacerlo, ni en su salud ni en su capacidad de trabajo. Y más veces, desde la Ascensión hasta Pentecostés no comía ni bebía nada. Y lo que puede parecer maravilloso, no sufría de dolor de cabeza en consecuencia, ni relajaba sus deberes ordinarios, sino que estaba tan lista para el trabajo en el último día de su ayuno como en el primero. Tampoco podía comer nada en esos días, pues su apetito desaparecía totalmente absorbido por el espíritu. 

La oración de María de Oignies era constante. Todo cuanto hacía, hasta lo más bajo, le servía para elevar el pensamiento a Dios. Su salterio siempre permanecía abierto, pues lo rezaba sin parar, y solo lo dejaba para hacer oración mental. Cuando se disponía a hacer oración por alguien Dios le revelaba si serviría para el bien o no de esa persona, o si era un difunto, recibía la revelación si estaba salvado ya o condenado, para que no perdiera tiempo en oraciones de balde. En varias ocasiones, mientras oraba, vio muchas manos levantadas como suplicándole. María pidió a Dios le revelase que significaba aquello y el Señor le mostró que eran las almas del purgatorio, las cuales sufrían por sus ofensas y buscaban el beneficio de sus oraciones, pues sentían sus dolores aliviados y disminuidos por ellas, como si se derramara un aceite precioso sobre sus heridas. 

María acostumbraba visitar una vez al año una iglesia dedicada a la Madre de Dios en Oignies, y para ello debía seguir era un sendero tortuoso a través de un bosque con el que estaba muy poco familiarizada. Mas nunca se perdía el camino, ya que siempre se veía una luz que iba delante de ella para dirigirla. En uno de esas visitas, mientras regresaba, una violenta lluvia la alcanzó mas el agua torrencial caía a su alrededor sin mojarla.  

En las fiestas marianas más importantes pasaba el día y la noche saludando a la Santísima Virgen, y haciendo miles de genuflexiones ante su imagen. Además, después de cada hora canónica del salterio, rezaba el Ángelus y se disciplinaba de rodillas. Tanta oración traía grandes beneficios para sus conocidos, que experimentaban la bendición de Dios siempre que le pedían oración a la Beata. Y al mismo tiempo, aterraba a los demonios que la tentaban y asustaban, intentando distraerla de la oración.  

A una monja cisterciense muy joven y piadosa, pero retraída y escrupulosa, la tentó el diablo con toda clase de pensamientos blasfemos y sucios para que desesperara a través de los escrúpulos. Durante algún tiempo resistió, mas al no poder soportarlo pasó de la pusilanimidad a la desesperación; y el diablo la había vencido de tal manera, que no podía rezar ni siquiera el Padrenuestro o el Credo. Tampoco confesaba sus pecados, pues creía eran imperdonables y estaba abocada a la condenación eterna. No recibía el Cuerpo del Señor, no tenía oración, ni quería hablar con las hermanas. A tal punto llegó su tormento mental, que ya pensaba en suicidarse. Más adelante ya despreciaba la Palabra de Dios, las advertencias de las religiosas, comenzó a desobedecer e incluso llegó a blasfemar. No vieron otra solución las monjas que hacer se entrevistara con nuestra María. Esta, rebosante del espíritu de compasión y dulzura espiritual, la recibió, le habló con palabras del cielo y la consoló. Por cuarenta días María se disciplinó y oró continuamente, sin tener otra intención. Al cabo, la joven monja fue liberada del espíritu maligno, al cual vio María, reventado y con las entrañas por fuera, como un despojo, luego de la batalla espiritual que había tenido con ella. 

Incluso mientras dormía, María oraba, pues su corazón nunca se separaba de Cristo. Sus sueños eran siempre sobre Cristo; porque como el sediento sueña en su sueño con las fuentes de agua, y el hambriento tiene visiones de ricos banquetes, así ella tenía siempre ante sus ojos a Aquel que su alma deseaba. 

María fue amante de la pobreza, pero de una pobreza honesta y limpia. Si detestaba el lujo superfluo, también detestaba la suciedad. Vestía ropas de tela gruesa, de estameña. Para las fiestas usaba una túnica de lino y una capa del mismo tejido, sin adornos ni costuras curiosas. Sobre su cabeza usaba un velo que cubría sus ojos, de modo que se prevenía de las miradas indiscretas. Nunca usaba un abrigo o manto, pero jamás el frío la molestaba, de tanto amor de Dios que hacía arder su alma y cuerpo. 

Nunca estuvo ociosa, sino que desde que abandonó todas sus riquezas se afanó en el trabajo manual para su manutención y para socorrer a los pobres. En silencio trabajaba, considerando el taller de Nazaret y la labor orante del Señor, San José y la Virgen Santísima. Mientras trabajaba, consideraba los pasajes de la Escritura y las vidas de santos, permaneciendo en oración. Toda esta contemplación no hacía su trabajo menos perfecto, ni la demoraba o le hacía perder el tiempo. Al contrario, todo trabajo que emprendía lo terminaba perfectamente. 

Tanta austeridad, mortificación y penitencia no hacía de María una persona hosca, huraña o alejada de la realidad. Todo lo contrario, su conversación y trato eran dulces. Las personas gustaban de tratarla y escucharla, buscando sus palabras, consejos y buen trato. Siempre tenía una palabra amable para quienes se cruzaban en su camino, o quienes la visitaban. Consolaba a los enfermos y en ocasiones estos mejoraban solo con escuchar sus buenos deseos. 

María vivía pobremente, consideraba siempre la pobreza de Cristo y no quería poseer más de lo que Cristo tuvo en vida. Todo regalo que recibía, y no eran pocos, los dejaba para los pobres y necesitados. No tenía más vestido del que necesitaba, ni más mueble que el indispensable para una vida ordenada y honrosa. 

Tan grande era su humildad, que se consideraba a sí misma como nada, y habiendo hecho todo bien, no sólo reconocía con su boca y corazón que era una sierva inútil. Se consideraba inferior a todos y nunca se presumía a sí misma, sino que miraba a todos como sus superiores. Cuando Dios le concedía algún favor, lo remitía a los méritos de los demás; no buscaba nunca su propia gloria, sino que remitía todo a Aquel de quien procedían todos los bienes. Se juzgaba a sí misma como la más indigna de todos los hijos de Dios. Cuando Dios le concedía alguna gracia o le daba la respuesta exacta a una cuestión religiosa, le recriminaba a este: "Señor, ¿por qué haces estas cosas en mí? Envía, Señor, a quien quieras enviar, mas no a mí. No soy digna de ir ni de anunciar tu Palabra a los demás." Sin embargo, el Espíritu Santo la impulsaba siempre a procurar el bien del prójimo, comunicando las inspiraciones que recibía. James de Vitry, quien la conoció y escribió la biografía de María, le preguntó un día si ella sentía vanagloria por los dones divinos y el reconocimiento del pueblo. Ella le respondió: "no, pues en comparación con la verdadera gloria que deseo, toda jactancia humana es como nada.

Fue María extremadamente caritativa con los enfermos y moribundos, con quienes tenía una especial caridad y todos la querían junto a sí al momento del tránsito. Con su amor les aliviaba los dolores y con sus oraciones mantenía a raya a los demonios que intentaban tentar al moribundo. Ninguno de sus asistidos moría sin sacramentos: por lejos que estuviera el sacerdote, siempre llegaba a tiempo a dar la extremaunción. Muchas veces vio el destino final de aquellos que estaban con ella, fuera el cielo directamente o el purgatorio. Nunca vio a un condenado, mas jamás se jactó de que fuera por su presencia. 

En una ocasión ayudó a morir a un anciano Juan de Dinant, apodado “el Jardinero”, quien siempre había servido a Cristo. Al momento de la muerte, María vio una multitud de ángeles que ayudaban al anciano, y percibió un olor maravillosamente dulce. No pudo contener su alegría, pues quería al anciano como a un padre. Además, le fue revelado por el Espíritu Santo que, puesto que este anciano había hecho tantas penitencias en la carne y había soportado pacientemente tantas persecuciones y reproches por causa de Cristo, había vivido tan santamente, y además había ganado tantas almas para Cristo, que se liberó de todo el dolor del purgatorio y voló directamente a la presencia de su Señor. 

Por el contrario, experimentó una visión de su propia madre condenada en el infierno. María no entendió el porqué, pues su madre, aunque no muy ocupada en las cosas de Dios, había sido una mujer honesta y buena. Al preguntarle al espectro, su madre le respondió:  "Fui criada con lo adquirido por la usura y la ganancia injusta, y aunque era consciente del pecado, no me esmeré en restituir lo que a los pobres se había quitado. No tuve en cuenta el mandato de Dios, sino que, habiendo entrado en los caminos torcidos del mundo, pensé que era indigno de mí cambiar los pasos de mis antepasados. Y no habiéndome arrepentido de mis malas acciones, al final cambié mi vida infructuosa por la muerte, y así he perdido la vida del mundo venidero" Y diciendo esto desapareció. 

Con los enfermos era María muy paciente y amorosa. Especialmente con los niños. Y por estos últimos en ocasiones realizó varios milagros. A un niño con una fractura, le impuso las manos y le sanó el hueso. A otro que padecía de sangrado de un oído, le besó la cabeza y el niño quedó sano. Un sacerdote de Nivelle llamado Guerrico padecía una enfermedad muy peligrosa y los médicos se desesperaban por su recuperación. Pensando que no tenía esperanzas acudió a la santa, y consiguió, con muchas oraciones, que ella le impusiera las manos. Esa misma noche le pareció que, mientras dormía, la Santísima Virgen venía a él y le sanaba.  Y así por el estilo, algunos clérigos fueron sanados, o mujeres con embarazos riesgosos hallaron la salud. 

Tuvo también el don de profecía y de adivinar acontecimientos futuros. Como adivinar el nacimiento de una herejía en la Provenza, o anunciar el martirio de los predicadores que se enfrentarían a estos herejes. La muerte de algunos también la profetizaba, siempre acertando el día y la hora. En una ocasión en que visitaba la iglesia, oyó devotamente la misa y al terminar la celebración, dijo al sacerdote: "Esa misa era mía; hoy ofreciste el Eterno Sacrificio en mi nombre". Él se sorprendió y le preguntó cómo lo sabía. María le respondió: "Vi una hermosa paloma descender sobre tu cabeza en el altar, que extendía sus alas hacia mí. Supe, por lo tanto, que el Espíritu Santo me llenaba por esa misa".

Tuvo María gran devoción a los santos. En una fiesta de Santa Gertrudis (17 de marzo), que el presbítero había olvidado celebrar, se sintió llamada a tocar las campanas de la iglesia. Al preguntarle el sacerdote por qué lo había hecho, María le respondió: "Perdóneme, padre, pero es una gran fiesta hoy. Lo sé porque siento que desde anoche me llena una alegría celestial, aunque no sé de quién es la fiesta". El sacerdote miró entonces el calendario, y vio que la fiesta de Santa Gertrudis debía celebrarse ese día. Un día que rezaba ante un altar de San Nicolás, vio manar bálsamo de sus reliquias. También tuvo varias apariciones de San Bernardo de Claraval (20 de agosto) con quien tenía celestiales coloquios y quien le iluminaba sobre las verdades de la fe. A san Juan Evangelista también tuvo gran devoción y este más de una vez le consoló en sus penas. 

Tuvo una maravillosa facultad de percibir si las reliquias eran verdaderas o no. Había una pequeña cruz en la Iglesia de Oignies que tenía en ella una pequeña porción de la verdadera cruz; y más de una vez vio salir de ella rayos de luz. Un fraile amigo suyo poseía unas reliquias de un santo mártir, mas no tenía “authenticae” que las avalara. Entonces María le consoló diciéndole que eran verdaderas y que tenían una gran virtud. Además, rezó, para que Dios le mostrara de quiénes eran, e inmediatamente se le apareció una santa que le dijo era Santa Alois, venerada en Provins, y que las reliquias eran reales.

María vivió en Willambrock mucho tiempo, pero su fama llegó a tanto que no tenía momento de descanso o soledad. Por lo tanto, rezó fervientemente a Dios para que se complaciera en elegir un lugar más adecuado para su sierva, donde poder servir al prójimo, pero teniendo más tiempo para la oración y la penitencia. Y he aquí que Dios le e señaló una casa en Oignies que ella nunca había visto, y que además era tan pobre, y tan recientemente construida, que apenas se conocía. Habiéndolo consultado con su marido y su director espiritual, el abad Guido, se dirigió al lugar que le estaba destinado. Llegando a Oignies se le apareció San Nicolás, que la guió primero a su iglesia, donde estaban celebrando una misa en su honor. El santo, además, le señaló el lugar donde estaría su tumba en la iglesia, revelándole que había llegado a Oignies para su encuentro definitivo con el Señor. 

Allí en Oignies tuvo María dulces coloquios con Cristo, preparándose gozosamente a su muerte. En una ocasión en que se le apareció Cristo, María pensó era ya la hora, pero al ver que aún no sería, clamó a Cristo: "No quiero, Señor, que te vayas sin mí. No puedo quedarme más tiempo aquí. Anhelo ir a mi casa". El fuego de su alma era tan grande, que daba rienda suelta a sus sentimientos con fuertes exclamaciones, y su rostro siempre parecía estar en llamas. Varias veces oyó la voz dulce de Cristo que le decía: "Ven, mi amada, mi esposa, mi paloma, y serás coronada". En una ocasión tuvo un éxtasis más encendido de lo habitual, y exclamó: "Las vestiduras de la hija del Rey huelen a dulce incienso, y los miembros de su cuerpo son como preciosas reliquias santificadas por Dios". 

A medida que se acercaba la hora de su partida, se ocupó más incesantemente en tratar de servir y complacer a Dios. Desde la fiesta de la Anunciación de la Santísima Virgen hasta la de la Natividad de San Juan Bautista, sólo tomó alimento once veces, y en cantidades muy pequeñas. Como tenía una gran devoción a San Andrés, quien había abrazado la cruz con un amor tan ardiente, recibió muchas y muy familiares visitas del santo, quien le dijo: "Consuélate, hija mía, porque no te dejaré; y como una vez confesé la fe de Cristo, y no la negué, así, en el día de tu partida, te reconoceré ante Dios, te asistiré en tus últimos momentos y te daré mi testimonio". 

Tres días antes del tránsito, María alabó a Dios cantando en voz alta como nunca se le había oído, pues le había parecido vanidad cantar para que otros le oyeran. Su hermosa voz entonó salmos y cánticos constantemente. Además, reveló cosas del cielo, los santos y los ángeles. Terminados estos tres días de gozo inefable se fue a la iglesia y dijo a su esposo, amigos y seguidores: "El tiempo en que lloré por mis pecados han pasado, y también el gozo en con el que me regocijé y alabé a Dios por las alegrías eternas que me esperan. Ahora vendrán los dolores y las penas de la enfermedad y la muerte. Ningún alimento volverá a cruzar mis labios, ni volveré a leer en libro alguno." y efectivamente, en el acto le acometió una enfermedad muy quejosa. Tenía sed constantemente, que soportaba por amor, lo mismo que los dolores corporales.  

El jueves anterior a su muerte exclamando "Qué bello eres, Dios nuestro Rey". La víspera de San Juan Bautista de 1213 comenzó a cantar con una voz muy dulce, y al llegar a las tres de la tarde expiró tranquilamente, sin cambiar en lo más mínimo por el dolor de la muerte la expresión alegre de sus facciones. Y todos aquellos que allí estaban, o los que la amaban pero estando lejos, sintieron un dulce gozo más que tristeza, siendo sus lágrimas santa envidia más que de desconsuelo. Los días de sus funerales María apareció a varias personas y dirigió sus acciones, fortaleciéndolas en peligros, o eliminando dudas de sus almas. Fue sepultada en la iglesia de San Nicolás de Oignies, que años más tarde pasaría a llamarse con su nombre. El 12 de octubre de 1608 las reliquias fueron trasladadas solemnemente. Es abogada de las mujeres en el parto y contra las fiebres. 

Se desconoce que fue de su marido después de la muerte de María. Su recuerdo se perdió para siempre. 

Fuente:
-”The lives of S. Jane Frances de Chantal, St. Rose of Viterbo, and B. Mary of Oignies.” Londres, 1952. (La “vita” de nuestra Beata es la escrita por Vitry) 

A 23 de junio además se celebra a:

San Artemio, confesor.
Santa Etheldreda,
reina y abadesa.
San Simeón Estilita,
el Joven.
San Walter de Onhaye,
presbítero y mártir.







lunes, 7 de junio de 2021

De una vida que fue puro portento.

San Colman de Dromore, obispo. 7 de junio.

De él se cuentan numerosos milagros, que parecen recogidos de otros santos llamados también Colman. Aunque estos a su vez podrían ser desdoblamientos de un único santo. No se puede pretender a más de mil años de distancia, poner en claro algo así.

Su “historia” comienza antes de su nacimiento, según su leyenda. Cuéntase que San Patricio (17 de marzo), yendo de Armagh a Saul, recibió la oferta de un obispo de pernoctar en su casa, mas el santo apóstol lo rechazó diciéndole: "No es este lugar para mi, pero, después de sesenta años, nacerá una estrella que fundará su monasterio en este lugar”. Y señalando un valle anejo, continuó: “Allí, esta mañana, mientras cantaba la misa, vi por la ventana de la iglesia una gran multitud de ángeles reunidos".

Nació, según la mayoría de hagiógrafos, a inicios del siglo VI. Fue bautizado por un obispo que era tío suyo, también llamado Colman. Y el milagro no faltó en el bautismo: no había agua, y Dios hizo brotar una fuente milagrosa, la cual fue luego fuente de numerosas curaciones por intercesión del santo. Otra leyenda de la niñez, repetida en otros santos, narra que mientras cuidaba las vacas de sus padres, un lobo se comió una de las terneras. El niño buscó al animal, pero no halló más que la piel roída y los huesos desparramados. Metió estos en la piel y haciendo la señal de la cruz, la carne y tejidos se llenaron de vida y la ternera resucitó.

Se educó con en el monasterio de Nendrum, bajo la dirección del abad San Caylan (3 de septiembre). Compañero suyo habría sido San Mochaoi (23 de junio). Fue un discípulo aventajado y muy pronto aprendió las Reglas y costumbres del monasterio, aventajando a todos los demás monjes. Preguntó un día al abad que más podría hacer para ser santo, y Caylan le envió a quitar una piedra enorme que había en un camino que los monjes usaban. Colman, que no podía con la roca, trazó sobre ella la señal de la cruz, y la piedra rodó por sí misma a un lado. Aún puede venerarse en uno de los tantos sitios en los que San Colman tiene culto en Irlanda.

Visitó nuestro santo a San Ailbhe de Emly (12 de septiembre), de quien aprendió las Sagradas Escrituras. Luego, con su tío Colman aprendió la enseñanza de los Padres de la Iglesia y la Teología. Con toda esta formación, quiso fundar su propio monasterio y, por revelación divina, llegó al valle de Dromore, en Cobá, el mismo valle señalado casi 100 años antes por San Patricio. Se dice que escribió un Regla para los cientos de monjes que tuvo bajo su cayado en poco tiempo. Todos eran muy observantes, caritativos y disciplinados.

De su etapa de abad, también se cuentan milagros, como que su breviario cayó al agua y flotó hasta la orilla sin mojarse, o que devolvió a la vida a una pobre mujer decapitada por unos ladrones. O en otra ocasión en la que predicaba, aparecieron unos juglares paganos, que comenzaron a burlarse del santo. Le pedían insistentemente que hiciera milagros para divertirse y he aquí que la tierra se abrió y se los tragó. Toma diversión.

Visitó el santo Roma por tres veces, y la última de estas ocasiones fue ordenado obispo por el papa San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal), quien le dio muchas reliquias de los santos mártires. Su episcopado, más allá de lo ficticio de su ordenación por parte del papa, parece fue el primero en la zona de Dromore. Pero curiosamente, no volveremos a hallar otro obispo en la zona hasta el siglo X. La leyenda cuenta aquí, de modo estrafalario, que, al volver a Irlanda, pasó por Gales, y esa noche nació el hijo de los reyes, pero nació muerto, y Colman lo resucitó al tocarle con unas reliquias de las que portaba. Ese niño sería San David de Gales (1 de marzo), pero la leyenda propia de este santo no dice nada de eso.

Pero aún no lo hemos visto todo. Colman era tan casto que jamás miraba a mujer alguna. Y tanto que en una ocasión en que su madre fue al monasterio a verle y Colman le mandó decir: "Que elija entre verme de lejos, o hablarme sin verme". La madre respondió: "Prefiero hablarle sobre asuntos relacionados con el bienestar de mi alma". Y se encontraron en lados opuestos de un enorme roble. Pero he aquí que cuando la conversación se elevó a las cosas del cielo, en el tronco del árbol se abrió una abertura, dejando que madre e hijo se vieran.

Colman murió anciano, sobre 610, según quien cuente la historia, pero es una fecha barajada por muchos. Luego de una larga oración y bendecir a sus hermanos, expiró dulcemente. Su culto está extendido en Irlanda y lo estuvo en Escocia, aunque, como dije antes, se le confunde con otros santos llamados Colman.


A 7 de junio además se celebra a

jueves, 27 de septiembre de 2018

Protegida por ángeles y amada por el Esposo Cristo.

Pregunta: Hola, mi nombre es N…; quisiera saber si dentro del Santoral Católico se encontrará el nombre de Santa Ariadna. También me interesaría obtener la lista de santos del día 8 de julio. De antemano les agradesco su información y les felicito por su página.

Respuesta: Hola N… Sí que existe en el santoral católico una santa, al menos una, con ese nombre, que en ocasiones aparece como Adriana o Arianna:

Santa Ariadna de Prymnesse, mártir. 27 de septiembre.

El martirologio romano la recoge a 17 de septiembre, mientras que el Sinaxario de Constantinopla la pone el 18 y 27 del mismo mes (junto a Santa Ripsimena). Algunos plantean que ni siquiera existió, otros que sí existió como tal, pero que se inventó una “vita” sobre la que sustentar el culto, y los más la identifican con la mártir Santa María, del 1 de noviembre. La verdad es que lo que se sabe de esta mártir tan antigua es poco, son escritos recopilados entre los siglos V y VI, pero que sin embargo, parecen copiar documentos más antiguos, comparándolas con actas verdaderas y procesos penales de los siglos II y III que se conservan. En 1853, en los archivos vaticanos se encontró un documento en griego que avalaría esta tesis, pero la verdad es que nada es concreto.

Según estas "actas", Ariadna era esclava de Tertuliano, un noble. En el cumpleaños del hijo de este, Ariadna se negó a festejar y romper el ayuno cristiano, por lo que fue azotada y encerrada durante todo un mes. Sin embargo, su amo fue denunciado por esconder una cristiana, fue llevado a juicio, pero se defendió argumentando que en realidad era esclava de su mujer y que él no conocía de su fe. Entonces fue llamada Ariadna para que sacrificara a los dioses, a lo que se negó. Sometida a tormentos, la multitud protestó ante el juez por la juventud y belleza de la chica. Por tanto, Gordiano, el juez, le concedió tres días para pensárselo bien, recordándole los castigos y tormentos que le esperaban (este trozo de ambos juicios son los que parecen auténticos, por tanto ella sí habría existido).

Ariadna entonces escapó a una montaña y se refugió en su interior. Gordiano dio órdenes de sacarla a la fuerza, y entonces bajaron del cielo dos ángeles, en medio de fuego y tormenta, lo que hizo dispersarse a la multitud, juez y soldados incluidos, y se volvió a cerrar la montaña tras ella. Y eso es todo, en concreto, mártir no fue, puesto que sobrevivió al martirio (al estilo de la protomártir femenina, Santa Tecla), pero sí que lo es en toda regla porque si hubiese tenido oportunidad habría dado la vida; de hecho es considerada como mártir.

A 27 de septiembre además se celebra a:

San Adolfo de
Córdoba, mártir.
S. Simeón Metafrastes,
hagiógrafo
.
San Juan Marcos,
obispo
.





domingo, 10 de septiembre de 2017

"Te cuidaré hasta que te regrese aquí..."

San Salvio de Albi, obispo. 10 de septiembre.

San Salvio. Albi.
En su juventud fue brillante abogado, y lo dejó todo para ser monje. Fue abad de su monasterio, cargo que dejó para retirarse de ermitaño en un bosque. San Gregorio de Tours (17 de noviembre), cuenta que en una ocasión Salvio cayó enfermo gravemente y pareció expirar. Los monjes y su madre le lavaron y amortajaron, y preparaban el funeral cuando de pronto el santo obispo retomó el color, abrió los ojos y se incorporó diciendo: "¿Por qué, oh Dios, me hiciste volver a este lugar de tinieblas, que es la tierra donde vivimos? Sería mucho más feliz si pudiera haberme quedado allí. Y en vez de eso, tengo que empezar de nuevo con una vida inútil aquí abajo". Y no dijo nada más durante tres días. Al cabo, reunió a los monjes, y a su madre, y les contó:

"Hace cuatro días, mi celda sacudió sus cimientos, y me mientras me visteis acostado aquí, fui llevado por dos ángeles a las cumbres más altas del cielo. Me condujeron a través de una puerta, que era más hermosa que el sol. Entré en un edificio cuyo suelo brillaba como oro y plata, imposible de describirlo a vosotros. Estaba lleno de gente, y la multitud se extendía tan lejos en todas direcciones que no podía ver el final. Entonces los ángeles hicieron una cruz entre la gente que tenía ante mí, abriendo camino, y así llegamos a un lugar que me había llamado la atención desde el principio, aunque todavía estaba lejos. Había una nube por encima era más ligera y más brillante que el sol; era espléndida, en una palabra. Aunque soy un pobre pecador, fui recibido con gran respeto por un gran número de seres, unos de los cuales estaba vestido con trajes sacerdotales y otros con ropas ordinarias. Mi guía explicó que éstos eran los mártires y todos los otros santos que veneramos aquí en la tierra y a quienes rezamos sobriamente nuestras oraciones. Cuando llegué al lugar que estaba destinado para mí, un aroma delicioso y fragante se derramó sobre mí, y entonces oí a una voz decir: 'Envía a este hombre de vuelta al mundo, porque sus iglesias todavía lo necesitan'. Oí la voz pero no pude ver quién hablaba. Me arrojé en el suelo y dije: 'Ten misericordia, Señor, ten piedad. ¿Por qué me mostraste todo esto, si me dejas volver? Me devuelves a una existencia insignificante en el mundo, mientras que no podría separarme de ti, aquí en lo alto. Te ruego, Señor, no me quites tu misericordia. Déjame quedarme aquí, porque si vuelvo a la existencia terrenal, ciertamente me perderé'. Pero la voz me dijo: 'Id en paz. Te cuidaré hasta que te regrese aquí a este lugar'. Luego mis angélicos guías me dejaron ir y, entre lágrimas, volví por la puerta que acababa de entrar".

Reliquia del Santo.
Albi.
Luego de esta experiencia Salvio vivió algunos años más como eremita hasta que en 574 fue elegido obispo por el pueblo, que fue a buscarle a su ermita en procesión. Fue un prelado solícito por su sede, que visitó entera y evangelizó con esfuerzo. En 584 estalló la peste, y Salvio se volcó con los enfermos, atendiéndoles y socorriendo a todos. Al mismo tiempo predicaba constantemente alentando a la conversión de sus feligreses, para que, como él mismo había visto una vez, pudieran gozar del cielo. Y así, entre sus queridos enfermos, el mismo contrajo la peste y murió de ella, el 10 de septiembre de 584. Sus reliquias se veneran en la hermosa Colegiata que lleva su nombre en Albi. Su sobrina fue Santa Disciola (13 de mayo)


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo X. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 10 de septiembre además se celebra a
San Theodard de Maastricht, obispo y mártir.
Santas Menodora, Metrodora y Ninfodora, vírgenes y mártires.

martes, 25 de abril de 2017

San Miguel, el gran protector.

La Aparición de San Miguel Arcángel en Roma. 25 de abril.

San Gregorio de Tours (17 de noviembre) cuenta que en 590 una terrible peste asolaba Roma y alrededores. El nuevo papa, San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal) ordenó que para implorar misericordia a Dios, todos los clérigos, religiosas y seglares de Roma elevasen súplicas incesantes al Altísimo. Así, distribuyó a los fieles según las diaconías o distritos romanos: el papa, sus presbíteros y diáconos en la iglesia de Santos Cosme y Damián, los monjes en la iglesia de Santos Gervasio y Protasio, y las monjas en la basílica de Santos Marcelino y Pedro. Los niños fueron situados en la iglesia de los santos mártires Juan y Pablo, las viudas se congregaron en la iglesia de Santa Eufemia y los casados en la basílica de San Clemente. Cada grupo estaría acompañado por los presbíteros de cada distrito, que entonarían los salmos penitenciales. Así, turnándose y sin cesar, estos grupos orarían y harían ayuno durante tres días. Al cabo, todos irían en procesión penitencial hasta la Basílica de Santa María la Mayor, para implorar el auxilio de la Madre de Dios, tan efectivo siempre. Podéis imaginaros que impresionante liturgia sería esta. Pasaron los tres días, cuando el día 25 de abril, a las tres de la tarde, cada sección salió de su recinto llorando y demandando piedad a lo alto, cuando al tomar el puente sobre el río Tíber, se vio aparecer sobre el mausoleo de Adriano al ángel Miguel, con una espada de fuego en alto. El ángel, con gesto solemne, envainó la espada, dando a entender que la plaga cesaba por la súplica confiada del pueblo. 

El 29 de septiembre 610 el papa Bonifacio IV consagró definitivamente aquel sitio dedicándolo a San Miguel, llamándose desde entonces y hasta hoy "Castel Sant'Angelo". Ese día con el tiempo, sería la fiesta de San Miguel Arcángel. En el museo del Capitolio puede verse una piedra con una huella que, supuestamente, sería la del santo arcángel. Todo lo recoge, como dije, Gregorio Turolense, que dice haberlo escuchado de la misma boca de un diácono romano que estuvo allí presente en el milagro.

Otras apariciones famosas de San Miguel: en Monte Gargano (8 de mayo), en Honaz (6 de septiembre), en Colosas, con milagro incluido (19 de septiembre), en Tlaxcala, México (25 de abril), en Mont Saint-Michel, Francia (16 de octubre) y en Aralar, España.


A 25 de abril además se celebra a
San Ermin de Lobbes, ermitaño.
Santa Franca de Visalta, abadesa cisterciense.
San Adolio, abad carmelita.

martes, 6 de septiembre de 2016

La Aparición de San Miguel en Honaz.

La Aparición de San Miguel Arcángel en Honaz. 6 de septiembre. 
La leyenda cuenta que predicaban por Asia Menor San Juan Evangelista (27 de diciembre y 6 de mayo, Ante Portam Latinam) y San Felipe Apóstol (28 de febrero, 3 y 11 de mayo; 11 de octubre, Iglesias Orientales; 14, Iglesia Armenia, y 18 de noviembre, Iglesia copta), cuando llegaron a Chonae (actual Honaz, cerca de Colosas), donde hallaron gran receptividad al mensaje de Cristo, alcanzando numerosas conversiones. Por ello, antes de irse, San Juan profetizó que el lugar sería santificado por el arcángel San Miguel (29 de septiembre; 25 de abril, aparición en Roma, y en Tlaxcala; 6 de septiembre, aparición en Honaz; 19 de septiembre, aparición en Colosas, 8 de mayo,"in Monte Gargano"; 16 de octubre, aparición en Mont Saint-Michel), y que surgiría una fuente de aguas curativas, por medio de la cual se mostraría la gloria y el poder de Dios.

Y no mucho tiempo tiempo después, aún en el siglo I, se verificó la profecía apostólica: brotó una fuente cerca de la población, y esa misma noche un pagano que vivía en Laodicea y tenía una hija sordomuda, soñó que San Miguel le indicaba que debía llevar a la niña y bañarla en la fuente. Y allá se fue el hombre, con gran acompañamiento de familiares y curiosos. Al llegar a la fuente, los cristianos le dijeron que debía invocar a la Santísima Trinidad y a San Miguel. Lo hizo así, a la vez que sumergía a su hija en la fuente. La niña salió del agua por su propio pie, perfectamente curada del oído y el habla. Ante tal portento se bautizó con toda su familia y construyó una iglesia en honor de Cristo y San Miguel, estableciéndose en ella San Arequipo (6 de septiembre), un presbítero ordenado por los apóstoles y que murió con 60 años dedicado a sus fieles.

Pasó el tiempo y ocurrían cada día muchas curaciones y conversiones, por lo que los paganos, envidiosos y viendo que mucho daban de lado a los ídolos, idearon desviar el gran caudal de la fuente, para que arrasara la iglesia y poner en duda el poder del dios predicado por la nueva fe cristiana. Así lo hicieron, pero ocurrió el milagro: cuando las aguas turbulentas amenazaban con inundación, se apareció con gran majestad el arcángel Miguel que, con un rayo hizo caer una roca que desvió el caudal del agua. Esta memoria de San Miguel consta en la Iglesia Griega desde el siglo VIII.

A 6 de septiembre además se celebra a  
San Cagnoald, obispo.
Santa Begga, abadesa.

lunes, 25 de julio de 2016

Santa Glotsindis, velada por los ángeles.

Santa Glotsindis de Metz, abadesa. 25 de julio.


Glodsindis velada por los ángeles.
Fue hija de Wintrio y Godile, nobles de Austrasia. Sus padres le concertaron un matrimonio, aun conociendo su deseo de dedicarse a Dios. Pero el pretendiente fue apresado por algunos delitos y condenado a muerte. Luego la prometieron con otro, pero la joven, antes de conocerle, escapó y se refugió en la catedral de San Esteban de Metz. Su padre salió con un piquete a sacarla de allí por la fuerza, pero cuando entraron a la iglesia vieron como unos ángeles colocaban un velo blanquísimo sobre la cabeza de la joven. Con este milagro, quedaron los padres convencidos de que el mismo Dios la elegía por esposa.

Entonces su padre le dio tierras y un castillo que poseía para que fundase un monasterio. Fue el primer monasterio de Metz, fundado sobre 604, y seguía la Regla benedictina. Se caracterizó este recinto por tener las religiosas una gran cultura y ser versadas en medicina, ciencias, artes y música, a la par que cultivaban la pobreza y el silencio absolutos. Glotsindis fue elegida primera abadesa y en breve tiempo ya eran casi cien religiosas. Gobernó durante seis años, pues a los 30 años falleció santamente, el 25 de julio de 609. En el siglo X sus reliquias fueron trasladadas a una capilla dedicada a su nombre en la iglesia monástica, reconstruida en el siglo XVIII.

La primera "vita" fue escrita en 950 por Juan, el abad de Saint-Arnould. En Metz su memoria obligatoria pasa a 27 de julio, por ser el 25 fiesta de Santiago Apóstol.


Fuente:
-"Les Femmes Célèbres de L’Ancienne France". M. LE ROUX DE LINCY. París, 1854.

A 25 de julio además se celebra a 
Santos Thea, Valentina y Pablo, mártires
Beatos Rodolfo Acquaviva y compañeros jesuitas mártires.

domingo, 3 de junio de 2012

Trinidad Representada, Trinidad Contemplada

¡Así amó Dios al mundo!

Hoy, solemnidad de la Santísima Trinidad, quiero traeros un resumen de unos magníficos artículos de Miguel Ángel Aguilar Arreola, publicados en la Asociación Teresiana de la Nueva Débora, (y que he adaptado ligeramente a este formato) sobre este Gran Misterio de la fe, visto desde el punto de vista iconográfico:

Introducción:
Existe un arte trinitario casi desde el comienzo del cristianismo, arte sin lugar a dudas tremendamente complejo dadas las características del misterio trinitario. Porque, ¿Cómo poder representar a un tiempo y con la misma fuerza la unidad y la pluralidad? Si se quiere subrayar la unidad de las Tres Personas, se puede caer en un menoscabo de su pluralidad y si intentando hacer hincapié en su pluralidad se puede dejar de lado su unicidad. En definitiva ¿cómo poder pintar a un “Deus trinus et Unus”? del que mismo Dante afirmaba que “loco era aquel que espera que nuestra razón pueda recorrer el camino infinito que tiene una sustancia en tres personas”. Pese a estos problemas, los artistas intentarán plasmar el misterio y lo harán conforme a dos grandes modelos. Por un lado el modelo geométrico o abstracto (a base de símbolos), por otro el modelo antropomorfo (representando a personas).

Las representaciones de la trinidad son antiquísimas. El signo más antiguo que se remite a ella es el del triangulo equilátero, al que se le añadió el símbolo de los tres círculos concéntricos y el de los tres leones o águilas con una sola cabeza, así como el de las tres liebres metidas dentro de un círculo con solo tres orejas en total. También el trébol de tres hojas y la omega minúscula que hacen referencia al ritmo triple de la trinidad. Del mismo modo, en las cabeceras de las iglesias románicas, el hecho de que las naves, los ábsides y sus ventanas fueran comúnmente tres, se entendía como representación simbólica de la trinidad. Junto a los símbolos abstractos, hay una serie de representaciones de la trinidad extraordinariamente notables pues en contra de la tendencia de la teología occidental, subrayan, no la unidad, sino el carácter ternario de la Trinidad, su esencia de comunidad. A lo largo de estas publicaciones ilustraré esto con algunas representaciones trinitarias. Cada una saca a la luz, determinados aspectos del misterio trinitario

Trinidad de Limianos, Zamora.
I. Los idénticos:
Esta clase de representación trinitaria se encuentra aproximadamente a partir del siglo IX, como ejemplo está la imagen de la "Santissima Trinità" de Vallepietra, en la región italiana del Lazio. La representación trinitaria pertenece a la escuela romana de tendencia bizantina de principios del siglo XIII. Tiene su modelo en algunas miniaturas de la época, pero su ejecución – fresco de 2.10 x 1.60 metros sobre la piedra viva de una cueva - es absolutamente única. Esta obra fue encargada por los monjes fioriacenses, herederos de Joaquin de Fiore, quien había desarrollado una teología de la Trinidad que ponía en relieve la comunidad personal de las personas divinas.

Destacan tres rasgos esenciales de esta obra:
1. La Triada de las personas se hace notar mediante la representación de tres figuras iguales con forma humana: el único Dios en el que creen los cristianos, es una comunidad de personas. Esto queda señalado también por la leyenda del cuadro: "In Tribus his Dominum Personis Credimus". La representación de la Unidad de Dios pasa a segundo plano frente a la Triada, pero no esta completamente ausente, el marco ornamental del cuadro junta a los tres en unidad, y la misma igualdad de las figuras expresa su unidad.

2. Esta Triada de Dios es accesible al hombre sólo mediante revelación. Esto queda palmariamente indicado por el atributo más importante de cada una de las personas: El libro. El cual no solo representa  las Sagradas Escrituras, también habla de toda la obra de Dios: la Creación. En ambos medios de acceso también se da un proceso de comunicación con nosotros, no solo el Hijo se comunica, es todo Dios el que se nos muestra y habla.

3. El Dios tripersonal permanece en una trascendencia inaccesible. Esto es subrayado por el carácter sublime y hierático del fresco. Por sus dimensiones y el colorido sobre la oscuridad del fondo y ante todo la mirada firme de las tres personas hace sumir al peregrino en la profundidad del misterio y de su incomprensibilidad. 

Esta obra tiene el rasgo arcaico y fijo, pues en lo que atañe a la reciprocidad de las Tres Personas no encuentra representación alguna, queda poco clara la Trinidad como acontecimiento de relación. De esta representación no se puede sacar referencia de la viva pericoresis de la vida divina. Este es la principal limitante de este tipo de imágenes que en 1745 fueron prohibidas por el magisterio eclesiástico.

La Trinidad. Rublev
II. Los Huéspedes Divinos (Philoxenia)
Todos los Padres de la Iglesia, teólogos de la antigüedad y de la Edad Media, hasta Lutero inclusive, le reconocen un sentido más profundo a la perícopa de Gn. 18 ss. En la cual se habla primero de tres hombres que visitan a Abraham, pero luego se pasa a hablar de uno solo (pese al plural, es “El Señor”). Aún cuando se le han dado distintas interpretaciones existe la inclinación a darle un matiz teológico Trinitario que, aproximadamente a partir del S. XI, se impuso plenamente en la Iglesia oriental y, así, constituye la base del principal tipo de representación ortodoxa de la Trinidad.

Frente a la ausencia de relación que existe en la representación de Vallepietra que vimos el apartado anterior, la Trinidad se expresa en este caso principalmente como acontecimiento de relación. Las realizaciones mas antiguas que conocemos de este tipo son un mosaico de Santa María la Mayor de Roma (anterior al 304) y un fresco en las catacumbas de la Vía Latina (mediados del S. IV). Esta clase de representación alcanza su punto culminante en Occidente en los mosaicos de Ravenna y Monreale, así como en el oracional de Santa Hidelgarda (17 de septiembre). En el arte bizantino, sobre todo de origen ruso, la iconografía esta totalmente determinada por este tipo de imagen, cuyo punto culminante esta representado por el conocido icono de Rublev, el cual fue pintado en torno a 1410, para el monasterio de Sagorsk.

Aquí tenemos dos elementos fundamentales:
1. Si bien la unidad de Dios Trinitario y la igualdad de las Personas se expresa mediante un círculo que las encierra de manera imaginaria y también mediante las mismas vestiduras y el mismo signo de señorío: el cetro; aparece con mucho en primer plano la representación de la vida de la Trinidad como un acontecimiento de las relaciones reciprocas de tres personas diferentes: comunión. Comencemos con la figura que constituye el centro del cuadro: El Espíritu Santo, en cuanto “compendio de la Trinidad”. Cuando uno lo contempla (recomiendo ir fijándose en estos detalles mientras se lee), no puede quedarse en él, sino que se ve arrastrado a un movimiento: su cabeza inclinada y sus ojos vueltos totalmente hacia la figura de la izquierda: señala al Padre. Quien a su vez mira, aunque menos inclinado, a la figura de la derecha: el Hijo. Este, por su parte, dirige –con el mismo ritmo- su cabeza y sus ojos al Padre. 

Sea cual sea la Figura con la que el espectador decida iniciar, siempre se ve inmerso en un movimiento circular infinito que remite a las demás figuras. Así expresa el icono la vida pericorética del Dios comunional.

2. En medio de la vida interpersonal de la Trinidad está la entrega del hijo de Dios por nosotros: la mesa en la cual se agrupan los “tres huéspedes” es un altar sacrificial, claramente reconocible por el hueco de las reliquias. La mirada del Padre, así como el ademán de su mano derecha, aparecen como una orden inequívoca; su contenido queda claro con el gesto de la mano, pues señala el cáliz, en el cual el cordero sacrificado descansa y sobre el cual el ángel-Espíritu Santo realiza con la mano un movimiento de epíclesis consagratoria (como en la misa). El ángel-Hijo, tiene la mano puesta sobre el altar sacrificial en un ademán sumiso. Este gesto, unido a su inclinación de cabeza, expresa incondicional sentimiento y entrega, así como su disposición a despojarse de la divinidad por nosotros (Flp 2,6-11): El cetro del Hijo esta inclinado, igual que un bastón (el madero de la cruz), e incluso forma una X (una cruz o también la letra griega inicial de “Cristo”) con la línea marcada de la estola.

Así, la vida que late y circula de la Trinidad se mueve en torno a un centro marcado por el cáliz de la entrega de la vida. El trono de la Trinidad pasa en cierta medida sin ruptura al altar, donde el sacrificio de la redención se hace siempre presente en la Eucaristía. Todo esto queda subrayado en la situación de conversación que existe entre los personajes de la obra , algo así como una toma de decisión. parece tratarse del “designio de Dios” para el envío del redentor. El Padre dirige al Hijo la pregunta: “¿a quién enviaré? ¿quién irá por nosotros?" (Is. 6,8). El Espíritu Santo, por el contrario, esta por encima de la conversación, corrobora lo que sucede entre el Padre y el Hijo.

Cualquiera de las muchas interpretaciones que se le dan al icono implican la íntima vida Trinitaria y su implicación en la historia. Cabría imaginar que la representación “relacional” dada por el artista de la vida divina en comunidad seguiría siendo la misma aún sin el altar y el cáliz,  pero el hecho de representarlos de esta manera nos quiere mostrar que lo central de la vida Trinitaria es el acontecimiento de la redención, que encuentra su meta en la humanidad divinizada, en la humanidad huésped de la vida divina.

Sin embargo, y con todo su alto contenido teológico y contemplativo, esta clase de representación difícilmente nos puede mostrar el anonadamiento de Dios a la condición humana, pues se muestran figuras inafectadas, imasibles por el dramatismo del acontecimiento redentor del sufrimiento y de la cruz.

Sedes Gratia, Tonquedec, Francia.
III. La Sede de Gracia.
Es la creación gráfica más importante de Occidente. Aquí no se pretende subrayar la autonomía de las personas divinas si no su actuación en la obra salvífica. No solo hay unidad, Trinidad y vida comunicante, sino acción en favor de la Creación. Las representaciones mas antiguas de la "Sedes Gratia" se encuentran en el misal de Cambrai (hacia 1120), y en un altar portátil de Siegburg (1150). La denominación “sede de gracia” procede de Lutero, de una traducción de Hb. 9,5. La noción fue introducida en la historia del arte por Franz Xavier Kraus.Podemos encontrar algunas características que llaman inmediatamente la atención en este tipo de representaciones como en su variante: “la Piedad del Padre”.

1. La figura poderosísima del Padre domina la imagen. Esta representado como soberano que se sienta en el trono con la corona de rey o de papa. De su corazón o de su seno y, por tanto, de lo más intimo de si, proceden el Hijo y el Espíritu Santo, como paloma pronta al vuelo hacia nosotros. Al mismo tiempo, ambas figuras están caracterizadas como “las dos manos del padre” y en otras representaciones se trata de representar el origen del Espíritu desde el Padre y el Hijo.

2. El Dios que aquí se le representa es el Dios Trino que sufre por nosotros; no solo pende de la Cruz o esta ya bajado de ella el Hijo, quebrantado y sufriendo la muerte; también sufre con él el Padre con los ojos muy abiertos, como si Él mismo estuviera desconcertado ante lo que sucede. Pero el Espíritu representado, en vuelo da la esperanza de que se produzca el rescate del sufrimiento y del poder de la muerte.Esta representación guarda correspondencia  con la tendencia teológica actual que piensa en Dios como un Dios que sufre con su creación, resaltando el poder rescatador del Padre.

Trinidad "operante". Saint-Aignan, Francia.
V. La Trinidad Operante:
Le llamo así, al tipo de representación más conocida y que responde a la clásica división que hace el concilio de Trento, sobre las misiones de cada una de las Tres Personas con respecto a la humanidad: El Padre crea, el Hijo redime y el Espíritu Santo santifica. Es la representación Trinitaria que se puede ver en las iglesias o litografías populares en las casas. El Padre, siempre a la derecha del espectador, pues el Hijo está a la derecha de Aquel; y el Espíritu Santo, como paloma, en medio de rayos de gloria. Es habitual que bajo ellos, se vea el orbe, sobre nubes o sostenido por ángeles.

El Padre, indefectiblemente, aparecerá como un anciano, de larga barba blanca, cetro en la mano y el orbe en la otra (salvo que lo sostengan entre Padre e Hijo). Suele llevar tiara pontificia o corona imperial y aureola triangular. En ocasiones las vestiduras son pontificales y ricas. El Hijo suele ir cubierto solamente con un manto rojo (aunque puede tambien ir de pontifical), llevando la cruz y ostentando las llagas de la Pasión. A veces Padre e Hijo sostienen el orbe, o las Escrituras. El espíritu Santo, como ya indiqué aparece como paloma, mirando hacia abajo en medio de resplandores. Además de ser una cuestión armónica, indica la doble procedencia del Paráclito: "del Padre y del Hijo".

Y, por último, la más extraña de todas: 

El "cancerbero".
Cuenca de Campos, Valladolid.
Siglo XVI o XVII
IV. El Cancerbero católico.
La teología católica occidental, obsesionada con la unidad de Dios Trino, logró acuñar una iconografía un tanto extraña: la Trinidad Tricéfala. Si bien antes, las personas trinitarias eran figuras separadas y ligeramente distintas, y por muy unidos y semejantes que se pintasen, primaba más la diversidad que la unidad en los mismos. Por este motivo se crea esta figura, que representa a las Tres Personas con un mismo cuerpo dotado de tres cabezas, de tal forma que el tronco significase la unidad y las cabezas la diversidad de Dios. Este tipo de representación monstruosa (tal y como la misma Iglesia llegó a calificarla siglos después), conserva las variantes de una única cabeza dotada de tres rostros, como podemos ver en algunos medallones del siglo XV, o de cuerpos con tres cabezas como es el caso de la pintura en el fresco del refectorio de San Salvio de Florencia, realizado por Andrea Del Sarto.

Sobre el origen del modelo, existen dos hipótesis aún no demasiado asentadas, una es la de relacionarlo con las representaciones de Jano en la antigüedad clásica, en donde se le pintaba con dos rostros (uno que mira al pasado y otro al futuro) o tres (añadiendo el tiempo del presente). Otra es relacionarlo con algunas tradiciones célticas prerromanas y a sus representaciones tricéfalas de algunas de sus divinidades. No en vano este modelo nace en Francia y de ahí se expande a toda Europa. Este tipo nunca llegó a encajar perfectamente ni en la teología ni en la piedad popular, empezando a ser denunciado por teólogos como el carmelita Gerson o el dominico San Antonino de Florencia (10 de mayo) durante la Edad Media, hasta que en el Concilio de Trento fue condenado, entre otras razones para quitar motivo de escarnio a los protestantes quienes lo denominaban “el cancerbero católico” a tenor de su parecido con el perro guardián de las puertas del infierno, al que a veces se le dotaba en al antigüedad de dos rostros. 

En 1628 el Papa Urbano VIII (1623-1644) prohíbe formalmente el tema calificándolo de herético. Benedicto XIV, renueva la condena en la Bula “Sollicitudini nostrae”, en 1745: "Entre las [representaciones] prohibidas y que se han de condenar expone (…) la Trinidad tricéfala y toda suerte de seres monstruosos"

Y es que esta representación planteaba solo una fuerza "pedagógica" que dio muy pocos resultados. No contenía en ella ningún elemento que registrara la vida unitaria o comunitaria de la Trinidad, ni su actuación en el mundo, sino que confundía y reforzaba ideas de iletrados, a decir de Nuestra Madre, Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto):
"A las personas ignorantes parécenos que las Personas de laSantísima Trinidad todas tres están -como lo vemos pintado- en una Persona, a manera de cuando se pinta en un cuerpo tres rostros; y ansí nos espanta tanto, que parece cosa imposible y que no hay quien ose pensar en ello, porque el entendimiento se embaraza y teme no quede dudoso de esta verdad y quita una gran ganancia". (Relaciones 33, 2)

Y pues eso, gracias a Miguel Ángel y a P. Estecha, que me hace llegar alguna imagen del artículo.


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