jueves, 7 de junio de 2018

Con un pan, y no entero, le bastó.

San Roberto de York, abad cisterciense. 7 de junio.


Ilustración de Efrén Sarmiento.
Nació en York, Inglaterra sobre 1100. Fue muy aplicado al estudio en un monasterio, y con solo 20 años le otorgaron una canonjía y una parroquia en su condado, con pingües beneficios, y siendo ordenado presbítero. Algunos años sirvió en aquella parroquia hasta que, queriendo encaminar su alma a la perfección, tomó el hábito benedictino en el célebre monasterio de Whitby.

Sin embargo, al poco tiempo de la emisión de sus votos Roberto pasó al recién fundado monasterio cisterciense de York, fundado desde Claraval. Fue un monje ejemplar, cumplidor y observante, piadoso y austero, como pedía la nueva Regla. Fue elegido por su abad para dirigir la fundación del monasterio de Northumberland (llamado Newminster), del cual quedó elegido abad una vez establecida la comunidad.

Como buen superior, era duro consigo mismo y suave con los demás. Siempre do ejemplo de austeridad, penitencia, paciencia y caridad. Vivía a pan y agua y se disciplinaba frecuentemente. En una ocasión le insistieron sus monjes en que comiera algo más, temerosos de perderle, y el santo abad accedió por complacerles. Permitió le trajeran un pan de trigo rociado con aceite, pero apenas lo probó, mandó lo llevaran a alguno de los pobres que estaban a la puerta del monasterio esperando limosna. Su oración era elevadísima y cada día rezaba entero el salterio. Tuvo el don de profecía y varios consuelos místcos, uno de ellos el de la confirmación de que él y sus monjes se salvarían.

Tantos querían vivir bajo su paterna influencia, que se vio urgido a fundar los monasterios de Stanley, Rupe y Pipinell, los que visitaba frecuentemente. Fue gran amigo del gran San Bernardo (20 de agosto), quien le apoyó y defendió cuando nuestro Roberto fue acusado por unos monjes envidiosos de tener trato carnal con una joven. Bernado le abrazó en público y confirmó que todo lo que de Roberto decían era falso. Durante siglos se veneró un cinturón que San Bernardo habría regalado a nuestro santo en esta ocasión, y mediante el cual se producían estupendos milagros.

Roberto entregó su alma a Dios el 7 de junio de 1159, luego de una vida virtuosa. Fue conducido al cielo por la Santísima Virgen y tres ángeles, como testimonió un monje luego. Numerosos milagros se obtuvieron por medio de sus reliquias, muy veneradas al parecer. Dícese que a un mudo que suplicaba la sanación en el sepulcro del célebre Santo Tomás Becket (29 de diciembre) se le apareció el santo obispo y le encomendó rezara ante las reliquias de San Roberto. Así lo hizo el hombre y al punto recuperó el habla. En 13 de agosto de 1701 la Sagrada Congregación de Ritos autorizó a la Orden del Císter el culto inmemorial de San Roberto.


Fuente:
-"Medula Histórica Cisterciense". Volumen 3. R.P.F Roberto Muñiz O.CIST. Valladolid, 1784.


A 7 de junio además se celebra a:


San Mériadec de
Vannes, obispo.
B. Ana de S. Bartolomé,
virgen carmelita.
San Deochar de
Herrieden, abad.




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