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domingo, 10 de septiembre de 2017

"Te cuidaré hasta que te regrese aquí..."

San Salvio de Albi, obispo. 10 de septiembre.

San Salvio. Albi.
En su juventud fue brillante abogado, y lo dejó todo para ser monje. Fue abad de su monasterio, cargo que dejó para retirarse de ermitaño en un bosque. San Gregorio de Tours (17 de noviembre), cuenta que en una ocasión Salvio cayó enfermo gravemente y pareció expirar. Los monjes y su madre le lavaron y amortajaron, y preparaban el funeral cuando de pronto el santo obispo retomó el color, abrió los ojos y se incorporó diciendo: "¿Por qué, oh Dios, me hiciste volver a este lugar de tinieblas, que es la tierra donde vivimos? Sería mucho más feliz si pudiera haberme quedado allí. Y en vez de eso, tengo que empezar de nuevo con una vida inútil aquí abajo". Y no dijo nada más durante tres días. Al cabo, reunió a los monjes, y a su madre, y les contó:

"Hace cuatro días, mi celda sacudió sus cimientos, y me mientras me visteis acostado aquí, fui llevado por dos ángeles a las cumbres más altas del cielo. Me condujeron a través de una puerta, que era más hermosa que el sol. Entré en un edificio cuyo suelo brillaba como oro y plata, imposible de describirlo a vosotros. Estaba lleno de gente, y la multitud se extendía tan lejos en todas direcciones que no podía ver el final. Entonces los ángeles hicieron una cruz entre la gente que tenía ante mí, abriendo camino, y así llegamos a un lugar que me había llamado la atención desde el principio, aunque todavía estaba lejos. Había una nube por encima era más ligera y más brillante que el sol; era espléndida, en una palabra. Aunque soy un pobre pecador, fui recibido con gran respeto por un gran número de seres, unos de los cuales estaba vestido con trajes sacerdotales y otros con ropas ordinarias. Mi guía explicó que éstos eran los mártires y todos los otros santos que veneramos aquí en la tierra y a quienes rezamos sobriamente nuestras oraciones. Cuando llegué al lugar que estaba destinado para mí, un aroma delicioso y fragante se derramó sobre mí, y entonces oí a una voz decir: 'Envía a este hombre de vuelta al mundo, porque sus iglesias todavía lo necesitan'. Oí la voz pero no pude ver quién hablaba. Me arrojé en el suelo y dije: 'Ten misericordia, Señor, ten piedad. ¿Por qué me mostraste todo esto, si me dejas volver? Me devuelves a una existencia insignificante en el mundo, mientras que no podría separarme de ti, aquí en lo alto. Te ruego, Señor, no me quites tu misericordia. Déjame quedarme aquí, porque si vuelvo a la existencia terrenal, ciertamente me perderé'. Pero la voz me dijo: 'Id en paz. Te cuidaré hasta que te regrese aquí a este lugar'. Luego mis angélicos guías me dejaron ir y, entre lágrimas, volví por la puerta que acababa de entrar".

Reliquia del Santo.
Albi.
Luego de esta experiencia Salvio vivió algunos años más como eremita hasta que en 574 fue elegido obispo por el pueblo, que fue a buscarle a su ermita en procesión. Fue un prelado solícito por su sede, que visitó entera y evangelizó con esfuerzo. En 584 estalló la peste, y Salvio se volcó con los enfermos, atendiéndoles y socorriendo a todos. Al mismo tiempo predicaba constantemente alentando a la conversión de sus feligreses, para que, como él mismo había visto una vez, pudieran gozar del cielo. Y así, entre sus queridos enfermos, el mismo contrajo la peste y murió de ella, el 10 de septiembre de 584. Sus reliquias se veneran en la hermosa Colegiata que lleva su nombre en Albi. Su sobrina fue Santa Disciola (13 de mayo)


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo X. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 10 de septiembre además se celebra a
San Theodard de Maastricht, obispo y mártir.
Santas Menodora, Metrodora y Ninfodora, vírgenes y mártires.

sábado, 19 de noviembre de 2016

San Abdías, el menor de los menores.

San Abdías Profeta. 19 de noviembre.

Abdías, cuyo nombre significa "siervo de Dios" aparece mencionado el cuarto de los doce llamados “profetas menores” del Antiguo Testamento. Vivió acerca del año 500 antes de Cristo, reinando Ozías.

Su obra, de la que solo conservamos un capítulo, pero que probablemente fue más extensa versa sobre Edom (símbolo de los que se alejan de Dios y su promesa) y el anuncio del castigo que habría de caer sobre los edomitas, por volverse "contra su hermano Jacob". El caso es que Edom en primer lugar se había aliado con Israel frente a Babilonia, pero cuando vio que este imperio asolaba Jerusalén con éxito, traicionó y se pasó al bando vencedor. Y no solo eso, sino que entró a la ciudad santa saqueando como los babilonios. Es la eterna pugna entre los hijos de Jacob y los de Esaú, entre los hijos de Dios que le permanecen fieles al Señor y los que le traicionan. Finalmente, Israel resplandecerá y Edom será destruido.

En ocasiones a San Abdías se le representa con un pan y una jarra de agua, pero esto es porque se le confunde con Abdías, mariscal de Acab que aparece en 1 Reyes 18, y que alimentó a los profetas perseguidos por Jezabel. Es este error muy antiguo, pues incluso San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) cae en él. El mismo Doctor habla de su sepultura junto a la de San Eliseo (14 de junio) en Sebaste, que él mismo veneró, y donde Dios realizaba estupendos milagros. En el siglo IV, Juliano el Apóstata profanó el sepulcro y quemó las reliquias, pero unos monjes lograron salvar unos pocos huesos y se fueron con ellos a Alejandría, desde donde pasó la supuesta cabeza de Eliseo y algunas reliquias de Abdías a la basílica de San Apolinar, en Rávena.


Fuentes:
-http://ecatolico.com/biblia/38_biblia_libro_abdias.htm
-Biblia de Jerusalén.


A 19 de noviembre además se celebra a  
San Pablo de Skálholt, obispo. 
San Rafael Kalinowski, presbítero carmelita.

jueves, 21 de julio de 2016

San Daniel para Daniela.

Pregunta: Quisiera saber, si es tan amable, si existe Santa Daniela o se celebra el día de San Daniel. Tengo una nieta que acaba de nacer y se llama Daniela. España.

Respuesta: Hasta ahora ninguna Daniela ocupa el santoral (hay una Sierva de Dios, pero no nos ocupa aquí), sobre todo porque mayormente ha sido un nombre masculino. "Danieles" santos sí que hay unos cuantos, aunque ahora me detendré en uno:

San Daniel Profeta. 21 de julio, 19 de marzo (Iglesia etíope) y 17 de diciembre (Iglesia bizantina).

Daniel, de esclavo a ministro.
Vivió entre los siglos VI y V antes de Cristo. Floreció al sur del reino de Israel, que en 605 fue invadido por los babilonios. Estos tomaron por esclavos a todos los que pudieron, hombres, o mujeres y niños. Entre los apresados estaba Daniel, quien fue seleccionado para servir al rey Nabucodonosor, que pretendía tener esclavos de todas las naciones y razas del mundo. Nuestro santo, además, pronto destacó entre los demás por poder interpretar un sueño que tuvo el monarca y el que nadie pudo adivinar ni interpretar. Por ello el rey aseguró a todos los magos que si no sabían cuál era el sueño y su interpretación, les mataría junto a sus familias. Pero si adivinaban el sueno y su correcta interpretación, les llenaría de bienes y regalos. Los caldeos quisieron conocer el sueño para "interpretarlo", pero el rey no era tonto e insistió en que debían adivinarlo. Como no podían hacerlo, Nabucodonosor mando matar a todos los magos de Babilonia por falsarios, pero se presentó Daniel, que servía al verdadero Dios y al saber lo ocurrido pidió ir a la presencia del rey:
"Tomó el rey la palabra y dijo a Daniel (por sobrenombre Beltsassar): '¿Eres tú capaz de darme a conocer el sueño que he tenido y su interpretación?'. Daniel tomó la palabra en presencia del rey y dijo: 'El misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, adivinos, magos ni astrólogos que lo puedan revelar al rey; pero hay un Dios en el cielo, que revela los misterios y que ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días. Tu sueño y las visiones de tu cabeza cuando estabas en tu lecho eran éstos: Oh rey, los pensamientos que agitaban tu mente en el lecho se referían a lo que ha de suceder en el futuro, y el que revela los misterios te ha dado a conocer lo que sucederá. A mí, sin que yo posea más sabiduría que cualquier otro ser viviente, se me ha revelado este misterio con el solo fin de dar a conocer al rey su interpretación y de que tú conozcas los pensamientos de tu corazón. Tú, oh rey, has tenido esta visión: una estatua, una enorme estatua, de extraordinario brillo, de aspecto terrible, se levantaba ante ti. La cabeza de esta estatua era de oro puro, su pecho y sus brazos de plata, su vientre y sus lomos de bronce, sus piernas de hierro, sus pies parte de hierro y parte de arcilla. Tú estabas mirando, cuando de pronto una piedra se desprendió, sin intervención de mano alguna, vino a dar a la estatua en sus pies de hierro y arcilla, y los pulverizó. Entonces quedó pulverizado todo a la vez: hierro, arcilla, bronce, plata y oro; quedaron como el tamo de la era en verano, y el viento se lo llevó sin dejar rastro. Y la piedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra.
Tal fue el sueño: ahora diremos ante el rey su interpretación. Tú, oh rey, rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado reino, fuerza, poder y gloria - los hijos de los hombres, las bestias del campo, los pájaros del cielo, dondequiera que habiten, los ha dejado en tus manos y te ha hecho soberano de ellos -, tú eres la cabeza de oro. Después de ti surgirá otro reino, inferior a ti, y luego un tercer reino, de bronce, que dominará la tierra entera. Y habrá un cuarto reino, duro como el hierro, como el hierro que todo lo pulveriza y machaca: como el hierro qué aplasta, así él pulverizará y aplastará a todos los otros. Y lo que has visto, los pies y los dedos, parte de arcilla de alfarero y parte de hierro, es un reino que estará dividido; tendrá la solidez del hierro, según has visto el hierro mezclado con la masa de arcilla. Los dedos de los pies, parte de hierro y parte de arcilla, es que el reino será en parte fuerte y en parte frágil. Y lo que has visto: el hierro mezclado con la masa de arcilla, es que se mezclarán ellos entre sí por simiente humana, pero no se aglutinarán el uno al otro, de la misma manera que el hierro no se mezcla con la arcilla. En tiempo de estos reyes, el Dios del cielo hará surgir un reino que jamás será destruido, y este reino no pasará a otro pueblo. Pulverizará y aniquilará a todos estos reinos, y él subsistirá eternamente: tal como has visto desprenderse del monte, sin intervención de mano humana, la piedra que redujo a polvo el hierro, el bronce, la arcilla, la plata y el oro. El Dios grande ha dado a conocer al rey lo que ha de suceder. Tal es verdaderamente el sueño, y su interpretación digna de confianza'.

Entonces el rey Nabucodonosor cayó rostro en tierra, se postró ante Daniel, y ordenó que se le ofreciera oblación y calmante aroma. El rey tomó la palabra y dijo a Daniel: 'Verdaderamente vuestro Dios es el Dios de los dioses y el señor de los reyes, el revelador de los misterios, ya que tú has podido revelar este misterio'. Y el rey confirió a Daniel un alto rango y le dio muchos y magníficos regalos. Le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia. Daniel pidió al rey que encargara de la administración de la provincia de Babilonia a Azarías, Ananías y Misael, quedando Daniel en la corte del rey". (Dan 2, 26-49)

Los tres santos Azarías, Ananías y Misael (16 de diciembre) cayeron en desgracia ante el rey por no querer adorar a los dioses y fueron arrojados a un foso de fuego, pero Dios les libró de la muerte, y al ver Nabucodonosor el milagro confesó al verdadero Dios.

Nabucodonosor
sueña con el árbol.
Daniel interpreta otro sueño real.
Poco tiempo después, tuvo el rey otro sueño: 
"En mi lecho, contemplaba las visiones de mi cabeza: Un árbol había en el centro de la tierra, de altura muy grande. El árbol creció, se hizo corpulento, su altura llegaba hasta el cielo, su expansión, hasta los confines de la tierra. Era hermoso su ramaje, abundante su fruto; había en él comida para todos, a su sombra se cobijaban las bestias del campo, en sus ramas anidaban los pájaros del cielo, y toda carne se alimentaba de él. Yo contemplaba, en mi lecho, las visiones de mi cabeza. En esto, un Vigilante, un santo, bajaba del cielo. Con recia voz gritaba así: 'Abatid el árbol, cortad sus ramas, arrancad sus hojas, tirad sus frutos; váyanse las bestias de debajo de él, y los pájaros de sus ramas. Pero dejad en tierra tocón y raíces con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo. Sea bañado del rocío del cielo y comparta con las bestias la hierba de la tierra. Deje de ser su corazón de hombre, désele un corazón de bestia y pasen por él siete tiempos. Es la sentencia dictada por los Vigilantes, la cuestión decidida por los Santos, para que sepa todo ser viviente que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres: se lo da a quien le place y exalta al más humilde de los hombres'. (…)

Entonces Daniel, por sobrenombre Beltsassar, quedó un instante aturdido y turbado en sus pensamientos. El rey tomó la palabra y dijo: 'Beltsassar, no te turbe este sueño y su interpretación'. Respondió Beltsassar: '¡Oh mi señor, sea este sueño para tus enemigos y su interpretación para tus adversarios! Ese árbol que has visto, que se hizo grande y corpulento, cuya altura llegaba hasta el cielo y que era visible en toda la tierra, que tenía hermoso ramaje y abundante fruto, en el que había alimento para todos, bajo el cual se cobijaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban los pájaros del cielo, eres tú, oh rey, que te has hecho grande y poderoso, cuya grandeza ha crecido y ha llegado hasta el cielo, y cuyo dominio se extiende hasta los confines de la tierra. En cuanto a lo que ha visto el rey: un Vigilante, un santo que bajaba del cielo y decía: Abatid el árbol, destruidlo, pero el tocón y sus raíces dejadlos en tierra, con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo, y sea bañado del rocío del cielo y comparta la suerte con las bestias del campo hasta que hayan pasado por él siete tiempos', ésta es su interpretación, oh rey, y el decreto del Altísimo que ha tocado a mi señor el rey: Serás arrojado de entre los hombres y con las bestias del campo morarás; hierba, como los bueyes, tendrás por comida, y serás bañado del rocío del cielo; siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el imperio de los hombres y que se lo da a quien le place. Y la orden de dejar el tocón y las raíces del árbol, significa que tu reino se te conservará hasta que hayas reconocido que todo poder viene del Cielo. Por eso, oh rey, acepta mi consejo: rompe tus pecados con obras de justicia y tus iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea larga'" (Dan. 4, 7-14;15-24)

Y efectivamente, justo al año Nabucodonosor tuvo la confirmación del fin de su reinado, pasando a reinar su hijo Baltasar. 

Daniel, lector divino.
Este, estando celebrando un banquete tuvo la aparición de una misteriosa mano que escribió unas palabras. Entonces, recordando que Daniel había servido a su padre como intérprete de sueños, hizo lo trajeran a su presencia:
"En seguida fue introducido Daniel a la presencia del rey, y el rey dijo a Daniel: '¿Eres tú Daniel, uno de los judíos deportados, que mi padre el rey trajo de Judá? He oído decir que en ti reside el espíritu de los dioses y que hay en ti luz, inteligencia y sabiduría extraordinarias. Han sido introducidos ahora en mi presencia los sabios y adivinos para que leyeran este escrito y me declararan su interpretación, pero han sido incapaces de descubrir su sentido. He oído decir que tú puedes dar interpretaciones y resolver dificultades. Si, pues, logras leer este escrito y declararme su interpretación, serás vestido de púrpura, llevarás al cuello un collar de oro, y mandarás como tercero en el reino'.

Daniel tomó la palabra y dijo delante del rey: 'Quédate con tus regalos y da tus obsequios a otro, que yo leeré igualmente al rey este escrito y le daré a conocer su interpretación. Oh rey, el Dios Altísimo dio a tu padre Nabucodonosor reino, grandeza, gloria y majestad. Y por esta grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban de miedo en su presencia: mataba él a quien quería, dejaba vivir a quien quería, exaltaba a quien quería y a quien quería humillaba. Pero habiéndose engreído su corazón y obstinado su espíritu hasta la arrogancia, fue depuesto de su trono real, y se le quitó su gloria. Fue expulsado de entre los hombres y su corazón se hizo semejante al de las bestias; estuvo conviviendo con los onagros; se alimentó de hierba como los bueyes, y su cuerpo fue bañado del rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios Altísimo domina sobre el reino de los hombres y pone en él a quien le place. Pero tú, Baltasar, hijo suyo, no has humillado tu corazón, a pesar de que sabías todo esto; te has engreído contra el Señor del Cielo, se han traído a tu presencia los vasos de su Casa, y tú, tus dignatarios, tus mujeres y tus concubinas, habéis bebido vino en ellos. Habéis celebrado a los dioses de plata y oro, de bronce y hierro, de madera y piedra, que no ven ni oyen ni entienden, pero no has glorificado al Dios que tiene en sus manos tu propio aliento y de quien dependen todos tus caminos.

Por eso ha enviado él esa mano que trazó este escrito. La escritura trazada es: Mené, Mené, Teqel y Parsín. Y ésta es la interpretación de las palabras: Mené: Dios ha medido tu reino y le ha puesto fin; Tequel: has sido pesado en la balanza y encontrado falto de peso; Parsín: tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y los persas'. Entonces Baltasar mandó revestir de púrpura a Daniel, ponerle un collar de oro al cuello y proclamar que mandaba como tercero en el reino. Aquella noche fue asesinado Baltasar, el rey de los caldeos". (Dan 5, 13-30).

Daniel en el foso de los leones.
Reinando Darío, los demás ministros tuvieron envidia de Daniel, pero como era irreprensible y no había nada que pudieran reprocharle, idearon que para la gloria del rey, durante un mes nadie pudiera dirigir oraciones ni alabanzas a dios alguno sino a la figura del rey. Este, encantado lo firmó. Apenas empezó Daniel sus oraciones, los ministros lo atraparon y lo llevaron ante Darío. Este al saber lo ocurrido, tuvo pena de Daniel, pero no podía desdecirse de su ley y no le quedó más remedio que ordenar su muerte:
"Entonces el rey dio orden de traer a Daniel y de arrojarle al foso de los leones. El rey dijo a Daniel: 'Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, te librará'. Se trajo una piedra que fue colocada a la entrada del foso, y el rey la selló con su anillo y con el anillo de sus dignatarios, para que no se pudiese cambiar la suerte de Daniel. Después el rey volvió a su palacio y pasó la noche en ayuno; no dejó que le trajeran concubinas y el sueño huyó de él. Al amanecer, al rayar el alba, el rey se levantó y se dirigió a toda prisa al foso de los leones. Acercándose al foso, gritó a Daniel con voz angustiada: 'Daniel, servidor del Dios vivo, tu Dios, a quien sirves con perseverancia, ¿ha podido librarte de los leones?' Entonces Daniel habló con el rey: '¡Viva el rey eternamente! Mi Dios ha enviado a su ángel, que ha cerrado la boca de los leones y no me han hecho ningún mal, porque he sido hallado inocente ante él. Y tampoco ante ti, oh rey, he cometido falta alguna'. El rey entonces se alegró mucho y mandó sacar a Daniel del foso. Sacaron a Daniel del foso y no se le encontró herida alguna, porque había confiado en su Dios. Y el rey mandó traer a aquellos hombres que habían acusado a Daniel y echarlos al foso de los leones, a ellos, y a sus hijos y mujeres. Y no habían llegado aún al fondo del foso cuando ya los leones se habían lanzado sobre ellos y les habían triturado todos los huesos. Entonces, el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitaban en toda la tierra: '¡Sea grande vuestra paz! Por mí se decreta que en todos los dominios de mi reino se tema y se tiemble ante el Dios de Daniel, porque él es el Dios vivo, que subsiste por siempre –su reino no será destruido y su imperio durará hasta el fin – el que salva y libera, obra señales y milagros en los cielos y en la tierra; el que ha salvado a Daniel del poder de los leones'". (Dan 6, 17-28)

Las cuatro bestias.
Tendría Daniel, aún en el reinado de Baltasar, una visión sobre cuatro bestias (Dan. 7), que la mayoría de exégetas vinculan al sueño de Nabucodonosor, relacionado con los cuatro reinos que en el cual los fieles hijos de Dios tendrían que padecer: reino babilonio, imperio persa, imperio griego e imperio romano. Sería Dios, representado en el Anciano sedente, quien juzgaría a la cuarta bestia y ante el cual surgiría un nuevo reinado: el del Hijo del Hombre, cuyo reino no tendrá fin, en comparación con los otros reinados “de las bestias”, que terminarían pasando.

La casta Susana.
En otra ocasión salvó Daniel a Santa Susana (25 de septiembre) de un castigo injusto, a manos de dos lascivos viejos, sorprendiéndoles en su contradicción. Como la santa no accedió a sus deseos de tener sexo, los viejos la acusaron de que la habían visto con un joven, que había huido. Daniel les interrogó por separado acerca de donde estaban ellos cuando vieron el hecho, y demostró que se contradecían, pues uno dijo estar bajo un sicomoro y el otro bajo una encina, ambos fueron condenados a la misma muerte que pedían para la casta Susana: la lapidación.

Otras profecías realizó Daniel, que es considerado uno de los Profetas Mayores junto a San Isaías (6 de Julio y 3 de abril, Iglesias griegas, maronita y melquita), San Jeremías (1 de mayo; 11 de mayo, Iglesia jerosolimitana; 3 de julio, Iglesia siríaca; 16 de enero y 30 de abril, Iglesia copta) y San Ezequiel (10 de abril). Sus escritos están relacionados con el Apocalipsis de San Juan, quien toma pasajes de Daniel para reinterpretarlos a la luz de la revelación cristiana. Resurgen las bestias, cuernos, ancianos, ángeles… También, como toda la Escritura, aunque señala la infidelidad del pueblo y los reyes ante Dios, abre la esperanza a la justicia y la misericordia de un Dios que permanece fiel. Anuncia que los reinos de la tierra terminan, anunciando a Cristo, que permanece. El mismo Cristo hará suya la profecía de Daniel al decir: "…se mostrará la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre que vendrá sobre las nubes de los cielos, con gran poder y gloria" (Mt. 24, 30).

Culto y reliquias.
Más que en sus libros, en la misma persona de Daniel, los primeros cristianos vieron una prefiguración de Cristo. Por eso su imagen en el foso de los leones es recurrente en las catacumbas cristianas. Como Cristo, Daniel escapó de la aniquilación, y surgió victorioso de las profundidades. El mal no pudo con ninguno. En el Medievo el profeta San Daniel tuvo culto litúrgico y su misa propia, que fue suprimida por el Concilio de Trento, junto a todos los demás santos del Antiguo Testamento, aunque su entrada se conserva en el Martirologio Romano. Y, aunque pueda parecer extraño por ser santo del A.T, Venecia venera las reliquias de San Daniel, luego que las trasladó desde Alejandría. Es patrón de los montañeros, los mineros y los domadores de fieras.


A 21 de julio además se celebra a
San Víctor de Marsella, soldado mártir.
San Tremeur de Bretaña, príncipe, monje y mártir.


Además, tenemos otros santos y beatos con el mismo nombre:


San Daniel de Ceuta.
San Antonio Daniel, jesuita mártir de Canadá. 19 de octubre.
San Daniel (Devniolin, Deiniol) de Bangor, el Joven, monje. 22 de noviembre.
San Daniel Alesandrovich de Moscú, príncipe. 4 de marzo.
San Daniel Comboni, obispo fundador. 10 de octubre.
San Daniel de Armenia (con los mártires Leoncio, Mauricio, Antonio, Aniceto y Sisinio). 10 de julio.
San Daniel de Cesarea (con los mártires Elías, Jeremías, Isaías y Samuel). 16 de febrero.
San Daniel de Ceuta, franciscano (mártir con Santos Ángelo, Samuel, Rómulo, León, Hugolino y Nicolás). 10 de octubre.
San Daniel de Gerona, eremita mártir. 29 de octubre.
San Daniel de Padua, diácono y mártir (con San Prodóscimo, obispo). 3 de enero.
San Daniel de Tiberiópolis, monje mártir (con los santos Hieroteo, Caritón, Sócrates, Comasio, Eusebio, monjes; Basilio y Tomás, diáconos; Nicéforo, Pedro, Juan, Sergio y Teodoro, presbíteros; Timoteo y Teodoro, obispos). 28 de noviembre.
San Daniel Wyn, obispo. 11 de Septiembre.
San Daniel, estilita. 11 de diciembre.
San Daniel, profeta. 21 de Julio.
Beato Daniel Alejo Brottier, presbítero de San Sulpicio. 28 de febrero.
Beato Daniel de la Anunciación, mercedario. 21 de diciembre.
Beato Daniel de Derendonk, franciscano mártir. 25 de junio.
Beato Daniel de la Sagrada Pasión, carmelita mártir. 6 de noviembre.
Beato Daniel de Sandomir, dominico mártir. 2 de junio.
Beato Daniel de Ungrispach, recluso camaldulense mártir. 31 de marzo.
Beato Daniel de Villiers, monje cisterciense. 26 de diciembre.
Beato Daniel-Louis André Des Pommerayes, presbítero mártir de Francia. 2 de septiembre.
Beato Edmundo Daniel, seminarista jesuita mártir de Irlanda. 20 de junio.


A 21 de julio además se celebra a San Víctor de Marsella, mártir.

viernes, 14 de diciembre de 2012

De un santo que habla de santos

San Juan de la Cruz y
Cristo con la Cruz a cuestas.
Ya sea porque este es un blog sobre santos y el tema de las imágenes no se ha tocado en profundidad, porque hoy día 14 de diciembre se celebre a San Juan de la Cruz, Padre Nuestro, y él hable mejor que yo, o porque ando corto de tiempo; en lugar de hablar de un santo, dejaré que ese santo hable de santos, devoción e imágenes. Os transcribo y resumo unos capítulos de su obra "Subida al Monte Carmelo". En este libro, tratando aquello que si bien puede y sirve para acercarnos a Dios, la voluntad puede convertirlo en todo lo contrario, el santo dedica varios capítulos al tema de las imágenes. Ciertamente, vemos que no ha cambiado mucho la cosa desde el siglo XVI hasta hoy en día:

1. Devoción verdadera en el ornato y cuidado de las imágenes:
"Esto [el mal uso de las imágenes] se verá bien por el uso abominable que en estos nuestros tiempos usan algunas personas que, no teniendo ellas aborrecido el traje vano del mundo, adornan a las imágenes con el traje que la gente vana por tiempo va inventando para el cumplimiento de sus pasatiempos y vanidades, y del traje que en ellas es reprendido visten las imágenes, cosa que a ellas fue tan aborrecible, y lo es; procurando en esto el demonio y ellos en él canonizar sus vanidades, poniéndolas en los santos, no sin agraviarles mucho. Y de esta manera, la honesta y grave devoción del alma, que de sí echa y arroja toda vanidad y rastro de ella, ya se les queda en poco más que en ornato de muñecas, no sirviéndose algunos de las imágenes más que de unos ídolos en que tienen puesto su gozo". (1)
Contundente el santo. Lo más llamativo, y de gran actualidad, es como capta la psicología del "santero":  Este no se configura en sus gustos, aficiones y trajes con la vida del santo al que viste, sino que según su gusto y vanidad, adorna la imagen sin tener en cuenta lo que de verdad representa: algo para conducir a Dios, y no algo para que le alaben a él mismo por el arreglo. ¿Quien no ha visto en nuestros templos imágenes vestidas florclóricamente? ¿O vestidas de manera que el único criterio es el que se note que se ha donado algo a la imagen? ¿O cuantas imágenes no usan los colores apropiados, solo porque no se conocen o se prefieren otros, al uso ridículo del mundo? Sentencia, sabiamente el santo: son muñecas.

2. Necesidad real de las imágenes:

"La persona devota de veras en lo invisible principalmente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquéllas que más se conforman con lo divino que con lo humano, conformándolas a ellas y a sí en ellas con el traje del otro siglo y su condición, y no con éste, porque no solamente no le mueve el apetito la figura de este siglo, pero aun no se acuerda por ella de él, teniendo delante los ojos cosa que a él se parezca. Ni (en) esas de que usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se pena muy poco; porque la viva imagen busca dentro de sí, que es Cristo crucificado, en el cual antes gusta de que todo se lo quiten y que todo le falte. (...) Que, aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción (por lo cual se ha de escoger la que más mueve), pero no es perfección estar tan asida a ellas que con propiedad las posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca". (2)
Entiende el santo Padre que solo almas muy adentradas en Dios no necesitan nada material para su devoción. Él mismo, tan contemplativo, gustaba de adornar altares y consta que siempre se preocupó que las iglesitas de los monasterios donde fue prior, fueran limpias, sencillas y devotas. Conocido es el pasaje de aquel lienzo de Cristo con la cruz a cuestas que halló abandonado y sintió pena, no por ser imagen de gran valor, sino que daba devoción verla, y la mandó restaurar, consiguiendo del Señor la gracia de padecer y ser despreciado por causa del mismo Cristo. Por eso, aunque buenas, advierte que el que de veras quiera adentrarse en Dios, cada vez ha de ir necesitando menos signos visibles, como las imágenes. Según se llene el alma de Dios, se vacía de la necesidad de elementos externos que no llenan. Es una paradoja: A más lleno el corazón y la espiritualidad de signos e imágenes, aún piadosas, más vacíos están de Dios; y más vaciamiento de cosas, más lleno de Dios. Según vaya perdiendo la afición por las imágenes, pues nada de tristezas, sino desasimiento y buscar la única y viva imagen necesaria: Cristo dentro del alma.

3. Del sentido común y las imágenes:
"Mucho había de decir de la rudeza que muchas personas tienen acerca de las imágenes; porque llega la bobería a tanto, que algunas ponen más confianza en unas imágenes que en otras, entendiendo que les oirá Dios más por ésta que por aquélla, representando ambas una misma cosa, como dos de Cristo o dos de Nuestra Señora. Y esto es porque tiene más afición a la una hechura que a la otra, en lo cual va envuelta gran rudeza acerca del trato con Dios y culto y honra que se le debe, el cual sólo mira la fe y pureza de corazón del que ora. De manera que, como haya devoción y fe, cualquiera imagen bastará; mas si no la hay, ninguna bastará. Que harta viva imagen era nuestro Salvador en el mundo y, con todo, los que no tenían fe, aunque más andaban con él y veían sus obras maravillosas, no se aprovechaban. Y ésa era la causa por que en su tierra no hacía muchas virtudes, como dice el evangelista (Mt. 13, 58; Lc. 4, 24)." (3)
Una bofetada da el santo padre a aquellos que, hoy en día más tal vez, caen en boberías (lo dice él, no yo) como si San Judas con el palo a la derecha o a la izquierda, o si la escoba de San Martín tiene la pelusa hacia arriba o hacia abajo. O que esta imagen de San José es más milagrosa que aquella otra. Y esto lo vemos a diario, y no siempre en la gente con poca formación religiosa, sino en las iglesias, y fomentado por presbíteros o religiosos. ¿Cuál es la causa de creer en esto?, pues como dice el santo, la "rudeza" en el trato con Dios, que son la poca fe, la relación utilitaria y manipuladora con Dios y los santos. Además de la ignorancia intelectual sobre la fe católica y el recto uso de las imágenes, está ese vacío al que se aludía antes, al tratar de la necesidad de imágenes y signos: el vacío espiritual que se llena con realidades materiales que aluden y vislumbran lo verdaderamente espiritual, pero que se quedan cortas y como enseña el santo, aún estorban.

Todo lo expresado antes sobre las imágenes bien que podría decirse, con las salvedades necesarias, de las enseñanzas recibidas, los libros, la música, los cantos, las liturgias, las costumbres que relacionados con la religión se tienen. El espíritu, que legítimamente usa de medios para llegar a Dios, tiene que irlos poniendo en su sitio: medios, no fines. Y si no, que lo recalque nuestro Santo Padre:


"Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más mensajero
que no saben decirme lo que quiero". 





(1) Subida al Monte Carmelo. Libro Segundo, Canción Segunda. Capítulo 35, punto 4.
(2) Idem, punto 5.
(3) Idem. Capítulo 36, punto 3.
(4) Cántico Espiritual.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Juan de Dios; granada y no sesos

Pregunta
: Hola, vengo navegando algunos días en la búsqueda de los atributos para identificar un santo, y me he disfrutado mucho de la lectura de los diferentes posts que tienen en el blog. Excelente esfuerzo y muy buena documentación. Felicitaciones! Yo estoy tratando de identificar un santo, el cual lleva un báculo aunque más parece un bastón de peregrino (hacia afuera) en la mano izquierda, y en la derecha lleva una especie de órgano o algo que no se llega a notar por el tipo de pintura que es, pareciera hasta un pedazo de cráneo... pero no logro identificar tampoco cuál es el distintivo que lleva. Habría forma de enviarles una imagen para que lo vieran? La vestimenta del santo es un hábito oscuro. Muchas gracias desde ya. Te paso la foto del santo que esta en casa desde la misma época que llego pero no tengo ni idea quien es! Y no se desde cuando estuvo en el muro! Se por el tipo de pintura que es un anónimo cusqueño del XVII. Que lleva en mano? La tapa de sus sesos? Un corazón? Ni idea!

Respuesta: Muchas gracias por tus elogios, tu confianza en que podemos ayudarte. Como dices lo que tiene es algo casi, recalco, casi indescifrable, y como apuntas, lo mismo podría ser la tapa de los sesos, un pastel, unas butifarras en salsa… Pero, aunque no lo parezca, ¡es una granada!, dicho sea de paso, pintada como el que nunca ha visto una granada. Y si es una granada… ¡Es San Juan de Dios! (20 de enero, la conversión; 8 de marzo y 28 de noviembre, traslación de las reliquias) Yo te identifico el santo, y te diré brevemente algo sobre la iconografía del santo y del simbolismo de este fruto, que no es poco:

Hábito: Es de color negro con escapulario y capucha sin capilla, formando una sola pieza. Lleva correa y rosario a esta.

Corona de espinas: En la mayoría de los santos, es el padecimiento místico de los mismos dolores de la Pasión de Cristo. También es símbolo también de trabajos, esfuerzos, sufrimientos por Jesús, y este es el caso de San Juan de Dios.

El Niño Jesús: Como se narra más adelante, tuvo una aparición del Niño que le reveló su misión.

Estandarte y conventillo: Aluden a su condición de fundador de una Orden Religiosa. Todos los fundadores (al menos los santos antiguos, cuya iconografía es muy rica) los llevan.

Canasta con panes: Símbolo de su caridad con los pobres, como en tu imagen, a veces el Niño Jesús es quien lleva el pan, en otras es el arcángel San Rafael (29 de septiembre y 24 de octubre), con el que el santo tuvo una relación muy especial de devoción y asistencia.

Báculo: Indica su condición de fundador y de peregrino al mismo tiempo.


Enfermo o pobre: A veces, sobre todo en la pintura, le acompañan los pobres, enfermos y desvalidos por los que dio su vida.

La granada: Es el atributo más peculiar del santo, y el más común (es el escudo de su Orden). El símbolo es profundo, puesto que la granada en la mentalidad medieval es signo de de vida. Su color rojo y la multitud de semillas, hablan de la fertilidad femenina, de la abundancia y la prosperidad. En el cristianismo, toma un significado más allá, y pasa a ser símbolo de resurrección y gloria. Su graciosa terminación en forma de corona, la hacen ser alegoría de la victoria en Cristo. En el santo, al estar coronada con una cruz, señala la victoria alcanzada por su obra caritativa.


Y en adelante, nuestro colaborador, el P. Estecha, te explicará como pasa a ser atributo distintivo del santo:

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Recientemente me mostraba Ramón la imagen que encabeza este artículo, a la que identificaba con San Juan de Dios, especialmente por su hábito, y también por sostener en su mano algo que a pesar de su imprecisión pensamos se trata de una granada. Y me encomendaba el recordar a los lectores porqué dicha fruta es un elemento iconográfico que puede aparecer en un cuadro del fundador de la Orden Hospitalaria. Nada diremos de la vida del portugués Juan Ciudad (éste era su apellido), nacido en Montemor-o-Novo en 1495 y muerto santamente en Granada en 1550, pues no es el objeto de este artículo. Nos limitaremos a relatar un episodio concreto que ha vinculado su figura a la granada hasta el punto de entrar a formar parte del escudo de su Orden.

Sabemos que en las vidas de los santos, junto con los datos inequívocos, según va creciendo su fama, se narran otros episodios de los que no siempre hay constancia histórica y así la hagiografía está colmada de leyendas; por otra parte, somos conscientes de que nuestro tiempo es más crítico con los hechos de tipo sobrenatural y así con frecuencia se tacha a los antiguos de excesivamente crédulos a la hora de admitir milagros, apariciones y otros fenómenos semejantes. Aunque como creyentes admitamos su posibilidad tampoco podemos creer imprudentemente cualquier relato que se nos presente. Es lo que sucede con el episodio de la vida del Santo que vamos a narrar, que para algunos cae dentro de lo legendario.

Tras su estancia en Ceuta, aconsejado por un confesor, Juan vuelve a la península e instalado en Gibraltar se dedica a vender estampas y libros piadosos, llevado más por el deseo de apostolado que por el ánimo de lucro. Un día, que algunos datan en Agosto de 1536, en que iba cargado con estos materiales recorriendo algunos pueblos de la comarca para ofrecerlos a los lugareños, encontrándose cerca de la localidad de Gaucín, en lo que hoy es provincia de Málaga, se encontró en el camino con un niño, descalzo y muy pobremente vestido, a pesar de lo cual rebosaba hermosura, con el que entabló el siguiente diálogo:


“-Pobre niño, hermano mío, ¿Dónde vas?, ¿te has perdido de tus padres?
-No me he perdido, sé mi camino y el tuyo.

-¿Pues cómo vas descalzo? Si te sirvieran mis alpargatas…
-Tú sí quieres calzarme, pero no me sirven –dijo, probándoselas y devolviéndoselas por demasiado grandes para pies tan pequeños” [1].



Entonces optó el Santo por cargar a sus hombros al pequeño, junto con sus libros y continuar así el camino. Al llegar a la fuente de la Adelfilla, dejó en el suelo con todo cuidado al niño, al que pidió permiso para ir a beber y refrescarse a la fuente; tras una sonrisa de asentimiento por parte de éste, al acercarse al agua, sintió que le llamaban y al volverse vio que ahora el Niño se mostraba resplandeciente y glorioso. Le mostró una granada abierta y sobre ella una Cruz a la vez que le decía: “Juan de Dios, Granada será tu cruz” [2]; y dicho esto, desapareció el Niño, quedando Juan absorto en la contemplación de lo que acababa de vivir. 


La tradición local de Gaucin dice que el Santo volvió años después a este pueblo para hacer entrega de una imagen del Niño Jesús que, como recuerdo de este hecho, recibiera culto en una capilla (antigua mezquita) existente en el castillo de la población; según una versión Juan de Dios habría comprado la imagen a base de ahorros para poder llevarla a Gaucín, pero otra versión incluso dice que la habría encontrado en el lugar mismo de la aparición. En 1922 se colocó en ese sitio una lápida de mármol que cambiaba el nombre de la Fuente de la Adelfilla en Fuente de San Juan de Dios [3]. En 1960 se construyó allí una ermita, donde una nueva imagen sustituye a la que desapareció en 1936 [4].

Sobre las palabras de Jesús a Juan, en primer lugar resaltemos que es entonces cuando recibe el santo el apellido “de Dios” con el que va a pasar a la historia [5]. Por otra parte, encontramos ese juego de palabras entre granada (fruta) y Granada (ciudad): El Señor le envía a dicha ciudad para la misión que más adelante le hará ver (el servicio a los enfermos), lo que le supondrá incontables sufrimientos (cruces) que él aceptará por amor de Dios. Pero además no creemos incompatible un segundo juego de palabras, pues granado significa “notable y señalado”, con lo que “granada será tu cruz” también significaría que sus cruces (sufrimientos) serían notables.

El insigne literato Lope de Vega dedicó una de sus obras a San Juan de Dios y en ella evoca así este pasaje de su vida:

“Allí viste la Cruz, y la granada
(Símbolo al fin de su costado abierto)
Tus hijos, Juan de Dios, fueron sus granos,
Allí quedó la Caridad fundada”
[6].
También sobre el tema, un piadoso religioso hospitalario, cronista de su Orden, escribió lo siguiente: “Esta aparición encierra en sí más de una significación misteriosa. La granada es un fruto en su interior encarnado y que lleva sobrepuesta una corona. Los autores profanos la presentan como símbolo de realeza, pero en la Sagrada Escritura es emblema del amor divino. En el Oficio propio de San Juan de Dios se dice 'Los frutos de tu caridad son un paraíso de manzanas y granadas', palabras tomadas del Cantar de los Cantares, 4, 13. La Cruz, sobresaliendo de la granada, representa el espíritu de sacrificio, que nace de la caridad. La caridad y la cruz son compañeras inseparables: amar es inmolarse” [7].

Pero no olvidemos los aspectos críticos hacia la historicidad de este episodio. El primer biógrafo del Santo fue el sacerdote Francisco de Castro, apenas veinticinco años después de su muerte. Tiene el mérito de ser la primera y utilizar un borrador que dejó un compañero de nuestro protagonista pero también se le han hecho algunas críticas: “
Está escrita con estilo de notario, un criterio poco profundo y es bastante unilateral en la intención; parece que este primer biógrafo se limitó a recoger con cuidado lo relativo a la naturaleza exteriormente fría y reservada del biografiado, aunque sin dejar de incluir algunos hechos constitutivos de los principales milagros” [8]. Se recuerda como muchos testigos valiosos, como San Juan de Ávila (10 de mayo), no fueron consultados por el P. Castro; así, vemos la anécdota de una piadosa dama, doña Sancha de Toledo, camarera mayor de la infanta doña Catalina, que al recibir el libro de Castro exclamó decepcionada: “Padre mío, ¿qué cortedad es esta de libro? ¿Cómo los que han escrito esta vida no se han alargado más? Por cierto que sólo de lo que yo sé de este glorioso Santo se podría escribir un gran libro” [9]. Decimos todo esto porque los que consideran legendario este episodio se basan en que no es recogido por Castro, que sobre la marcha de Juan de Gibraltar a Granada se limita a decir: “…Y pareciéndole mucho trabajo andar siempre con el hato a cuestas y de lugar en lugar, determinó venir a Granada y vivir allí de asiento” [10]. 

 
Cruset [11], que en su libro sigue principalmente a Castro, señala que los biógrafos posteriores han tomado este episodio de Celi [12], con el que considera que se inicia el “segundo ciclo historial del santo” y del que dice que “incluye y agranda todo cuanto es pura leyenda y artificio de elementos sobrenaturales y prodigiosos” [13]. Aunque reconoce la predisposición espiritual de Juan Ciudad para el contacto sobrenatural, le resulta absolutamente inverosímil que recoja el detallado diálogo entre el Niño y Juan y añade: “Todo es posible a la mano de Dios. Lo infantil es afirmarlo, con detalles, incluso, del supuesto diálogo” [14].

Los autores clásicos de obras sobre el Fundador de los Hospitalarios recogen generalmente este episodio [15]. En cambio, algunos de los contemporáneos prefieren omitirlo [16]. Tal vez todo sucediera como hemos relatado (independientemente de que algunos detalles fueran introducidos por los redactores) o también es posible que el Señor le hablara a través de los acontecimientos de cada día, haciéndole ver que el escenario de la tarea para la que le iba a llamar, y para la que a pesar de las contrariedades, no le faltaría la ayuda divina, era la ciudad de Granada, con todas las dificultades de una población grande para su época y cuya reconquista aún estaba reciente. Allí sería, a través de la predicación de San Juan de Ávila un día de San Sebastián de 1539, como el Señor movería su corazón para emprender la ardua tarea que culminaría en la fundación de la Orden Hospitalaria. 


Ángel Luis Estecha González, pbro.

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[1] Alarcón Capilla, Antonio: “La Granada de Oro. San Juan de Dios”. Impr. Pablo López; Madrid, 1950. Pp. 81-82.
[2] Alarcón, o.c., p. 83.
[3] Da este dato: Cruset, José: “San Juan de Dios. Una aventura iluminada”. Ed. Aedos; Barcelona, 1964. (3ª ed.) Página 119.
[4] Sobre las tradiciones existentes en Gaucín sobre el tema, puede verse el siguiente enlace: http://www.gaucin.tv/santo/santo.htm
[5] Es común en la Biblia que Dios cambie el nombre de quien escoge para una misión especial.
[6] Recogido por Alarcón, o.c., p. 320.
[7] Del Pozo, Fray Luciano: “Vida de San Juan de Dios”. Impr. Asilo de Huérfanos; Madrid, 1913 (4ª Ed.) p. 54.
[8] Alarcón, o.c., p. 6.
[9] Alarcón, o.c., p. 8.
[10] Citado por: Cruset, José: “San Juan de Dios. Una aventura iluminada”. Ed. Aedos; Barcelona, 1964. (3ª ed.) Página 119.
[11] O.c., p. 118.
[12] No encontramos en Alarcón (o.c., pp. 9 y ss.) referencia a Celi; tal vez sea uno de esos autores italianos cuyas biografías dice “están basadas en las francesas y no merecen mayor atención” (p. 13). Sin embargo, ensalza la obra del agustino portugués Fray Antonio de Govea (p. 9).
[13] Cruset, o.c., p.118
[14] Ídem.
[15] Además del tantas veces citado Alarcón podemos aludir, por ejemplo a: Del Pozo, Fray Luciano: “Vida de San Juan de Dios”. Impr. Asilo de Huérfanos; Madrid, 1913 (4ª Ed.) pp. 51-55.
[16] -Bellido, Juan Félix: “El corazón de la Granada. Un santo llamado Juan de Dios”. Ed. Desclée de Brouwer (Testigos); Bilbao, 1995.
-Riesco Álvarez, Valentín A.: “Y Dios se hizo hermano. Vida de San Juan de Dios”. Ed. San Pablo (Col. Vidas Breves); Madrid, 1994.



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