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lunes, 2 de abril de 2018

De una gran penitente y una gran leyenda.

Santa María la Egipcíaca, penitente. 1, 2, 3, 4, 6, 9, y 15 de abril.

Hacia el año 270, en tiempos del emperador Claudio, María, conocida popularmente con el nombre de "la pecadora", se retiró al desierto en el que vivió cuarenta y siete años entregada a muy duras penitencias. En cierta ocasión el abad San Zósimo (4, 9 y 30 de abril), paso al otro lado del Jordán y recorrió una gran zona desértica para ver si en la región que quedaba a la otra orilla del río moraba algún anacoreta. Un día vio desde lejos un bulto que caminaba. Cuando estuvo un poco más cerca advirtió que se trataba de una persona totalmente ennegrecida por el calor del sol. Era María Egipcíaca, quien, en cuanto se dio cuenta de la presencia, aunque lejana, del abad, emprendió veloz carrera huyendo de él. Pero el abad corrió todavía más, y cuando estaba ya cerca, María, vuelta de espaldas le gritó: "¡Abad Zósimo! ¿Por qué me persigues? ¡Detente! No puedo dejarme ver de ti, compréndelo; soy una mujer y estoy completamente desnuda. Arrójame con fuerza tu manto desde donde estás para que pueda cubrirme con él, y después, con mi pudor a salvo hablaré contigo".

Zósimo quedó estupefacto al enterarse de que aquella mujer conocía su nombre. Luego le arrojo el manto para que se tapara, en cuanto vio que la mujer se había cubierto con aquella prenda, corrió hacia ella, se postró a sus pies y le pidió su bendición. "¿Que dices padre?" -replicó María -"Tú, como sacerdote debes bendecirme a mí" Zósimo iba de sorpresa en sorpresa, aquella desconocida no solo sabía cómo se llamaba, sino que también estaba enterada de que era sacerdote. Con esto, aún más impresionado, insistió en que la bendijera. María, entonces exclamó: "¡Bendito sea Dios, redentor de nuestras almas!"

Luego, extendiendo sus manos comenzó a orar, y mientras oraba fue levantándose en el aire hasta quedar suspendida a una altura de un codo sobre la tierra. El anciano, a la vista de este fenómeno pensó interiormente si no estaría en presencia de un demonio disfrazado de mujer, que trataba de engañarle y simulaba orar para mejor conseguirlo. Mas he aquí que una nueva sorpresa vino a añadirse a las anteriores, porque inmediatamente la desconocida dijo: - "Que Dios te perdone tu mal pensamiento de haberme tomado por un espíritu inmundo. No soy un demonio, aunque si una mujer muy pecadora". Zósimo, en nombre del Señor, le rogó que se identificara y le dijera quien era. Ella le respondió: "Padre, no sé si debo declararte quien soy; temo que si lo hago eches a correr espantado, como quien huye de una serpiente. Temo que mis palabras mancillen tus oídos, y hasta que el aire quede contaminado si me atrevo a contarte mi vida." No obstante Zósimo insistió en que quería saber quién era, por lo cual ella accedió y refirió al abad lo siguiente:

"Yo, hermano, nací en Egipto. A los doce años fui llevada a Alejandría, y a los diecisiete me dediqué a la prostitución de mi cuerpo; en este oficio permanecí mucho tiempo. En cierta ocasión, al enterarme de que desde el puerto de Alejandría iba a salir un barco cargado de peregrinos que se dirigían a Jerusalén para adorar la Santa Cruz, rogué a los marineros que me permitieran embarcarme en su navío. ‘¿Tienes dinero, me preguntaron, para pagar el pasaje?’ Yo les respondí: ‘No tengo dinero, pero puedo pagar con mi cuerpo’. Ellos aceptaron, me dejaron embarcar, y durante la travesía usaron y abusaron de mi cuanto quisieron. Al llegar a Jerusalén, quise también adorar la Santa Cruz, y me dirigí a la iglesia, pero al acercarme a la puerta del templo me sentí rechazada por una fuerza invisible, que no me dejaba pasar. Cuantas veces intenté penetrar en el sagrado recinto, y fueron muchas otras tantas me lo impidió una mano misteriosa. Al observar que todos los demás entraban libremente, y que solamente a mí se me vedaba el paso. Traté interiormente de indagar cuales podrían ser las causas de tan extraño fenómeno, hasta que caí en la cuenta de que no podían ser otras que las de la enormidad de mis pecados. Entonces empecé a darme golpes de pecho y a derramar amarguísimas lágrimas y a prorrumpir en profundos suspiros.

En esto vi que sobre la portada había una imagen de la Bienaventurada Virgen María, en la que hasta entonces no había reparado, y mirándola tiernamente le rogué con copioso llanto que me alcanzase de Dios la gracia de que se me perdonasen mis culpas y de que pudiese pasar al interior del templo para venerar la Santa Cruz, prometiéndole a Cristo y a Nuestra Señora que en cuanto saliera de aquella iglesia abandonaría el mundo y viviría en absoluta castidad hasta el final de mis días. Una vez hecha esta oración y promesa quedé tranquila y firmemente convencida de que la Bienaventurada Virgen María me alcanzaría lo que le había pedido, y sin dudarlo me acerque al dintel del templo, lo traspasé y entre en el santo lugar sin que nadie ni nada me lo impidieran; adoré devotamente a la Santa Cruz, y cuando termine de hacerlo, alguien, no sé quién, me dio tres monedas de plata y a continuación oí una voz que me decía: ‘Si pasas el Jordán, quedarás a salvo’.

Con las tres monedas compré tres panes, y con ellos en mis manos cruce el Jordán, me vine a este desierto, me refugié en él, y en el llevo viviendo ya cuarenta y siete años, durante los cuales no he visto a persona alguna, hasta ahora que te he visto a ti. Los tres panes que traje conmigo, conmigo siguen después de cuarenta y siete años, sin merma alguna, cual si fuesen piedras, a pesar de que en todo este tiempo de ellos he comido cuanto he precisado. Mis ropas fueron deshilachándose poco a poco hasta que perecieron totalmente. Durante los primeros diecisiete años que pasé en esta soledad tuve a menudo tentaciones carnales; pero con la gracia de Dios logré superarlas y desaparecieron por completo. Bueno, hermano, ya te he comentado mi historia; ahora que la conoces encomiéndame en tus oraciones al Señor, te lo ruego".

Acabada la narración, el santo abad se arrodilló y bendijo al Señor por la misericordia que había tenido de aquella su venerable sierva. Después la penitente dijo a Zósimo: "Voy a pedirte un favor. El año que viene acude el día de Jueves Santo a la orilla del Jordán y trae contigo el Cuerpo del Señor. Yo te buscaré por allí, para que me des la comunión, porque desde que vine a este desierto no he comulgado nunca". El anciano abad regreso a su monasterio, y al año siguiente, la víspera del Jueves Santo, se trasladó a la orilla del Jordán llevando consigo el cuerpo del Señor, y al llegar a la vera del río vio como ya estaba aguardando en la otra ribera la penitente, quien en cuanto lo divisó trazó la señal de la Cruz sobre la corriente y comenzó a caminar sobre las aguas; de ese modo llegó a la orilla opuesta y exactamente al mismo sitio en que Zósimo se encontraba. El venerable anciano, maravillado, en un impulso de devoción se hincó de rodillas ante la recién llegada, pero esta al instante le dijo: - "¡No hagas eso! ¡No hagas eso! ¡Levántate! ¡Eres un sacerdote, y además traes contigo el cuerpo del Señor!"

Terminada la entrevista, la penitente antes de separarse del abad, rogó a este que el año próximo, el día de Jueves Santo volviera a visitarla al mismo lugar en que se vieron por primera vez; luego trazó la señal de la Cruz sobre el río, se internó en él, lo cruzó de nuevo del mismo modo que lo hiciera al venir, es decir, caminando sobre las aguas, llegó a tierra, y continuó avanzando hacia el desierto. Zósimo por su parte, regresó a su monasterio.

Al año siguiente el abad acudió al sitio que la sierva de Dios le había indicado, y al llegar a él quedó sorprendido; en el lugar preciso en que casualmente la había visto por vez primera yacía ahora, tendido en tierra, el cuerpo muerto de la santa mujer. Mucho lloró Zósimo sobre aquellos venerables restos. Luego pasó por momentos de perplejidad. Por una parte parecíale que debería enterrarlos, por otra, no se atrevía a hacerlo, para darle sepultura era menester tocarlos, y esto -pensaba él con reverente temor- tal vez no fuese del agrado de la santa. Cuando estaba entregado a estas cavilaciones vio, de pronto, junto a la cabeza del cadáver, una inscripción hecha sobre la arena que decía: "Zósimo, entierra el cuerpo desmedrado de María que por orden del Señor dejó esta vida el dos de abril. Torna este polvo a la tierra y ruega por mí". Haciendo cálculos el abad cayó en la cuenta de que la penitente había fallecido el año anterior precisamente el día de Jueves Santo, o sea, en la misma fecha que el administrara la santa Comunión; por tanto, aquella piadosa mujer, en cosa de una hora, milagrosamente había cubierto la distancia existente entre la ribera del Jordán y el sitio en que su cuerpo se encontraba, distancia que él había tardado en salvar treinta días en cada una de las dos ocasiones en que había recorrido aquel trayecto.

Su asombro fue en aumento, porque al reflexionar acerca del modo de ejecutar la orden que se le daba en la mencionada inscripción, y hallar serias dificultades para excavar la sepultura, observó cómo llegaba hasta el un león caminando mansamente. Entonces, dirigiéndose a la fiera le dijo: "Escucha león. Esta santa mujer antes de morir dejó escrito que yo diese sepultura a su cuerpo; pero no veo la manera de hacerlo, porque además de que soy viejo y carezco de fuerzas, no tengo herramientas ni puedo hacerme con ellas en este desierto. Lo mejor será que tú, con tus garras, hagas un hoyo en el suelo para que pueda cumplir su deseo". Seguidamente el león comenzó a excavar en la arena e hizo en tierra un hoyo suficientemente hondo y amplio para depositar en él los venerables restos, y una vez sepultados se alejó de aquel lugar tan mansamente como había venido, cual si fuese un cordero. Zósimo también glorificando a Dios, retornó a su monasterio.

Y hasta aquí la leyenda de la Egipcíaca. Hay que decir que la mayoría de los anteriores detalles, los recoge el Beato Santiago La Vorágine (13 de agosto) de una composición poética del siglo XIII, porque la narración original es mucho más escueta, solo llama María a la penitente, sin decir nada de sus pecados, conversión, y milagros. Ciertamente existió esta penitente, de la cual constan vestigios de culto en el siglo V, apenas unos 100 años después de su muerte. Junto a Santa María Magdalena (22 de julio, 20 de marzo, traslación de las reliquias; tercer domingo de Pascua, o de las Miróforas.), Santa Thais (24 de septiembre) y Santa Pelagia (8 de octubre), forma parte de los grandes ejemplos de penitencia y conversión ofrecidos por la predicación medieval.


Fuente:
-https://preguntasantoral.blogia.com


A 2 de abril además se celebra a
Santa Ebba de Coldingham, "la joven", abadesa mártir.
Santa Musa de Roma, virgen.
San Francisco de Paula, fundador.

domingo, 3 de septiembre de 2017

No hay edad para seguir a Cristo.

Santa Basilisa de Nicomedia, niña mártir. 3 de septiembre.

Los menologios griegos, escuetos, dicen que Basilisa era una pequeña niña de 9 años, natural de Nicomedia. En 309 fue apresada y flagelada por declararse cristiana. La arrojaron a los leones, pero estos no la tocaron. Entonces el juez, llamado Alejandro, mandó que la decapitaran. Salieron los verdugos de la ciudad y cuando habían caminado un trecho, Basilisa les pidió descansar. La niña entonces se arrodilló en una piedra, juntó sus manitas e hizo una breve oración, y murió dulcemente, sin padecer la espada.

Adiciones posteriores dicen que el juez Alejandro, viendo la fe de Basilisa, se convirtió a Cristo y también fue mártir. Pero son eso, adiciones.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo X. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 3 de septiembre además se celebra a
Santa Febes de Corinto, diaconisa.
San Remaclio de Stlavelot, abad y obispo.

jueves, 21 de julio de 2016

San Daniel para Daniela.

Pregunta: Quisiera saber, si es tan amable, si existe Santa Daniela o se celebra el día de San Daniel. Tengo una nieta que acaba de nacer y se llama Daniela. España.

Respuesta: Hasta ahora ninguna Daniela ocupa el santoral (hay una Sierva de Dios, pero no nos ocupa aquí), sobre todo porque mayormente ha sido un nombre masculino. "Danieles" santos sí que hay unos cuantos, aunque ahora me detendré en uno:

San Daniel Profeta. 21 de julio, 19 de marzo (Iglesia etíope) y 17 de diciembre (Iglesia bizantina).

Daniel, de esclavo a ministro.
Vivió entre los siglos VI y V antes de Cristo. Floreció al sur del reino de Israel, que en 605 fue invadido por los babilonios. Estos tomaron por esclavos a todos los que pudieron, hombres, o mujeres y niños. Entre los apresados estaba Daniel, quien fue seleccionado para servir al rey Nabucodonosor, que pretendía tener esclavos de todas las naciones y razas del mundo. Nuestro santo, además, pronto destacó entre los demás por poder interpretar un sueño que tuvo el monarca y el que nadie pudo adivinar ni interpretar. Por ello el rey aseguró a todos los magos que si no sabían cuál era el sueño y su interpretación, les mataría junto a sus familias. Pero si adivinaban el sueno y su correcta interpretación, les llenaría de bienes y regalos. Los caldeos quisieron conocer el sueño para "interpretarlo", pero el rey no era tonto e insistió en que debían adivinarlo. Como no podían hacerlo, Nabucodonosor mando matar a todos los magos de Babilonia por falsarios, pero se presentó Daniel, que servía al verdadero Dios y al saber lo ocurrido pidió ir a la presencia del rey:
"Tomó el rey la palabra y dijo a Daniel (por sobrenombre Beltsassar): '¿Eres tú capaz de darme a conocer el sueño que he tenido y su interpretación?'. Daniel tomó la palabra en presencia del rey y dijo: 'El misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, adivinos, magos ni astrólogos que lo puedan revelar al rey; pero hay un Dios en el cielo, que revela los misterios y que ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días. Tu sueño y las visiones de tu cabeza cuando estabas en tu lecho eran éstos: Oh rey, los pensamientos que agitaban tu mente en el lecho se referían a lo que ha de suceder en el futuro, y el que revela los misterios te ha dado a conocer lo que sucederá. A mí, sin que yo posea más sabiduría que cualquier otro ser viviente, se me ha revelado este misterio con el solo fin de dar a conocer al rey su interpretación y de que tú conozcas los pensamientos de tu corazón. Tú, oh rey, has tenido esta visión: una estatua, una enorme estatua, de extraordinario brillo, de aspecto terrible, se levantaba ante ti. La cabeza de esta estatua era de oro puro, su pecho y sus brazos de plata, su vientre y sus lomos de bronce, sus piernas de hierro, sus pies parte de hierro y parte de arcilla. Tú estabas mirando, cuando de pronto una piedra se desprendió, sin intervención de mano alguna, vino a dar a la estatua en sus pies de hierro y arcilla, y los pulverizó. Entonces quedó pulverizado todo a la vez: hierro, arcilla, bronce, plata y oro; quedaron como el tamo de la era en verano, y el viento se lo llevó sin dejar rastro. Y la piedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra.
Tal fue el sueño: ahora diremos ante el rey su interpretación. Tú, oh rey, rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado reino, fuerza, poder y gloria - los hijos de los hombres, las bestias del campo, los pájaros del cielo, dondequiera que habiten, los ha dejado en tus manos y te ha hecho soberano de ellos -, tú eres la cabeza de oro. Después de ti surgirá otro reino, inferior a ti, y luego un tercer reino, de bronce, que dominará la tierra entera. Y habrá un cuarto reino, duro como el hierro, como el hierro que todo lo pulveriza y machaca: como el hierro qué aplasta, así él pulverizará y aplastará a todos los otros. Y lo que has visto, los pies y los dedos, parte de arcilla de alfarero y parte de hierro, es un reino que estará dividido; tendrá la solidez del hierro, según has visto el hierro mezclado con la masa de arcilla. Los dedos de los pies, parte de hierro y parte de arcilla, es que el reino será en parte fuerte y en parte frágil. Y lo que has visto: el hierro mezclado con la masa de arcilla, es que se mezclarán ellos entre sí por simiente humana, pero no se aglutinarán el uno al otro, de la misma manera que el hierro no se mezcla con la arcilla. En tiempo de estos reyes, el Dios del cielo hará surgir un reino que jamás será destruido, y este reino no pasará a otro pueblo. Pulverizará y aniquilará a todos estos reinos, y él subsistirá eternamente: tal como has visto desprenderse del monte, sin intervención de mano humana, la piedra que redujo a polvo el hierro, el bronce, la arcilla, la plata y el oro. El Dios grande ha dado a conocer al rey lo que ha de suceder. Tal es verdaderamente el sueño, y su interpretación digna de confianza'.

Entonces el rey Nabucodonosor cayó rostro en tierra, se postró ante Daniel, y ordenó que se le ofreciera oblación y calmante aroma. El rey tomó la palabra y dijo a Daniel: 'Verdaderamente vuestro Dios es el Dios de los dioses y el señor de los reyes, el revelador de los misterios, ya que tú has podido revelar este misterio'. Y el rey confirió a Daniel un alto rango y le dio muchos y magníficos regalos. Le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia. Daniel pidió al rey que encargara de la administración de la provincia de Babilonia a Azarías, Ananías y Misael, quedando Daniel en la corte del rey". (Dan 2, 26-49)

Los tres santos Azarías, Ananías y Misael (16 de diciembre) cayeron en desgracia ante el rey por no querer adorar a los dioses y fueron arrojados a un foso de fuego, pero Dios les libró de la muerte, y al ver Nabucodonosor el milagro confesó al verdadero Dios.

Nabucodonosor
sueña con el árbol.
Daniel interpreta otro sueño real.
Poco tiempo después, tuvo el rey otro sueño: 
"En mi lecho, contemplaba las visiones de mi cabeza: Un árbol había en el centro de la tierra, de altura muy grande. El árbol creció, se hizo corpulento, su altura llegaba hasta el cielo, su expansión, hasta los confines de la tierra. Era hermoso su ramaje, abundante su fruto; había en él comida para todos, a su sombra se cobijaban las bestias del campo, en sus ramas anidaban los pájaros del cielo, y toda carne se alimentaba de él. Yo contemplaba, en mi lecho, las visiones de mi cabeza. En esto, un Vigilante, un santo, bajaba del cielo. Con recia voz gritaba así: 'Abatid el árbol, cortad sus ramas, arrancad sus hojas, tirad sus frutos; váyanse las bestias de debajo de él, y los pájaros de sus ramas. Pero dejad en tierra tocón y raíces con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo. Sea bañado del rocío del cielo y comparta con las bestias la hierba de la tierra. Deje de ser su corazón de hombre, désele un corazón de bestia y pasen por él siete tiempos. Es la sentencia dictada por los Vigilantes, la cuestión decidida por los Santos, para que sepa todo ser viviente que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres: se lo da a quien le place y exalta al más humilde de los hombres'. (…)

Entonces Daniel, por sobrenombre Beltsassar, quedó un instante aturdido y turbado en sus pensamientos. El rey tomó la palabra y dijo: 'Beltsassar, no te turbe este sueño y su interpretación'. Respondió Beltsassar: '¡Oh mi señor, sea este sueño para tus enemigos y su interpretación para tus adversarios! Ese árbol que has visto, que se hizo grande y corpulento, cuya altura llegaba hasta el cielo y que era visible en toda la tierra, que tenía hermoso ramaje y abundante fruto, en el que había alimento para todos, bajo el cual se cobijaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban los pájaros del cielo, eres tú, oh rey, que te has hecho grande y poderoso, cuya grandeza ha crecido y ha llegado hasta el cielo, y cuyo dominio se extiende hasta los confines de la tierra. En cuanto a lo que ha visto el rey: un Vigilante, un santo que bajaba del cielo y decía: Abatid el árbol, destruidlo, pero el tocón y sus raíces dejadlos en tierra, con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo, y sea bañado del rocío del cielo y comparta la suerte con las bestias del campo hasta que hayan pasado por él siete tiempos', ésta es su interpretación, oh rey, y el decreto del Altísimo que ha tocado a mi señor el rey: Serás arrojado de entre los hombres y con las bestias del campo morarás; hierba, como los bueyes, tendrás por comida, y serás bañado del rocío del cielo; siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el imperio de los hombres y que se lo da a quien le place. Y la orden de dejar el tocón y las raíces del árbol, significa que tu reino se te conservará hasta que hayas reconocido que todo poder viene del Cielo. Por eso, oh rey, acepta mi consejo: rompe tus pecados con obras de justicia y tus iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea larga'" (Dan. 4, 7-14;15-24)

Y efectivamente, justo al año Nabucodonosor tuvo la confirmación del fin de su reinado, pasando a reinar su hijo Baltasar. 

Daniel, lector divino.
Este, estando celebrando un banquete tuvo la aparición de una misteriosa mano que escribió unas palabras. Entonces, recordando que Daniel había servido a su padre como intérprete de sueños, hizo lo trajeran a su presencia:
"En seguida fue introducido Daniel a la presencia del rey, y el rey dijo a Daniel: '¿Eres tú Daniel, uno de los judíos deportados, que mi padre el rey trajo de Judá? He oído decir que en ti reside el espíritu de los dioses y que hay en ti luz, inteligencia y sabiduría extraordinarias. Han sido introducidos ahora en mi presencia los sabios y adivinos para que leyeran este escrito y me declararan su interpretación, pero han sido incapaces de descubrir su sentido. He oído decir que tú puedes dar interpretaciones y resolver dificultades. Si, pues, logras leer este escrito y declararme su interpretación, serás vestido de púrpura, llevarás al cuello un collar de oro, y mandarás como tercero en el reino'.

Daniel tomó la palabra y dijo delante del rey: 'Quédate con tus regalos y da tus obsequios a otro, que yo leeré igualmente al rey este escrito y le daré a conocer su interpretación. Oh rey, el Dios Altísimo dio a tu padre Nabucodonosor reino, grandeza, gloria y majestad. Y por esta grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban de miedo en su presencia: mataba él a quien quería, dejaba vivir a quien quería, exaltaba a quien quería y a quien quería humillaba. Pero habiéndose engreído su corazón y obstinado su espíritu hasta la arrogancia, fue depuesto de su trono real, y se le quitó su gloria. Fue expulsado de entre los hombres y su corazón se hizo semejante al de las bestias; estuvo conviviendo con los onagros; se alimentó de hierba como los bueyes, y su cuerpo fue bañado del rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios Altísimo domina sobre el reino de los hombres y pone en él a quien le place. Pero tú, Baltasar, hijo suyo, no has humillado tu corazón, a pesar de que sabías todo esto; te has engreído contra el Señor del Cielo, se han traído a tu presencia los vasos de su Casa, y tú, tus dignatarios, tus mujeres y tus concubinas, habéis bebido vino en ellos. Habéis celebrado a los dioses de plata y oro, de bronce y hierro, de madera y piedra, que no ven ni oyen ni entienden, pero no has glorificado al Dios que tiene en sus manos tu propio aliento y de quien dependen todos tus caminos.

Por eso ha enviado él esa mano que trazó este escrito. La escritura trazada es: Mené, Mené, Teqel y Parsín. Y ésta es la interpretación de las palabras: Mené: Dios ha medido tu reino y le ha puesto fin; Tequel: has sido pesado en la balanza y encontrado falto de peso; Parsín: tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y los persas'. Entonces Baltasar mandó revestir de púrpura a Daniel, ponerle un collar de oro al cuello y proclamar que mandaba como tercero en el reino. Aquella noche fue asesinado Baltasar, el rey de los caldeos". (Dan 5, 13-30).

Daniel en el foso de los leones.
Reinando Darío, los demás ministros tuvieron envidia de Daniel, pero como era irreprensible y no había nada que pudieran reprocharle, idearon que para la gloria del rey, durante un mes nadie pudiera dirigir oraciones ni alabanzas a dios alguno sino a la figura del rey. Este, encantado lo firmó. Apenas empezó Daniel sus oraciones, los ministros lo atraparon y lo llevaron ante Darío. Este al saber lo ocurrido, tuvo pena de Daniel, pero no podía desdecirse de su ley y no le quedó más remedio que ordenar su muerte:
"Entonces el rey dio orden de traer a Daniel y de arrojarle al foso de los leones. El rey dijo a Daniel: 'Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, te librará'. Se trajo una piedra que fue colocada a la entrada del foso, y el rey la selló con su anillo y con el anillo de sus dignatarios, para que no se pudiese cambiar la suerte de Daniel. Después el rey volvió a su palacio y pasó la noche en ayuno; no dejó que le trajeran concubinas y el sueño huyó de él. Al amanecer, al rayar el alba, el rey se levantó y se dirigió a toda prisa al foso de los leones. Acercándose al foso, gritó a Daniel con voz angustiada: 'Daniel, servidor del Dios vivo, tu Dios, a quien sirves con perseverancia, ¿ha podido librarte de los leones?' Entonces Daniel habló con el rey: '¡Viva el rey eternamente! Mi Dios ha enviado a su ángel, que ha cerrado la boca de los leones y no me han hecho ningún mal, porque he sido hallado inocente ante él. Y tampoco ante ti, oh rey, he cometido falta alguna'. El rey entonces se alegró mucho y mandó sacar a Daniel del foso. Sacaron a Daniel del foso y no se le encontró herida alguna, porque había confiado en su Dios. Y el rey mandó traer a aquellos hombres que habían acusado a Daniel y echarlos al foso de los leones, a ellos, y a sus hijos y mujeres. Y no habían llegado aún al fondo del foso cuando ya los leones se habían lanzado sobre ellos y les habían triturado todos los huesos. Entonces, el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitaban en toda la tierra: '¡Sea grande vuestra paz! Por mí se decreta que en todos los dominios de mi reino se tema y se tiemble ante el Dios de Daniel, porque él es el Dios vivo, que subsiste por siempre –su reino no será destruido y su imperio durará hasta el fin – el que salva y libera, obra señales y milagros en los cielos y en la tierra; el que ha salvado a Daniel del poder de los leones'". (Dan 6, 17-28)

Las cuatro bestias.
Tendría Daniel, aún en el reinado de Baltasar, una visión sobre cuatro bestias (Dan. 7), que la mayoría de exégetas vinculan al sueño de Nabucodonosor, relacionado con los cuatro reinos que en el cual los fieles hijos de Dios tendrían que padecer: reino babilonio, imperio persa, imperio griego e imperio romano. Sería Dios, representado en el Anciano sedente, quien juzgaría a la cuarta bestia y ante el cual surgiría un nuevo reinado: el del Hijo del Hombre, cuyo reino no tendrá fin, en comparación con los otros reinados “de las bestias”, que terminarían pasando.

La casta Susana.
En otra ocasión salvó Daniel a Santa Susana (25 de septiembre) de un castigo injusto, a manos de dos lascivos viejos, sorprendiéndoles en su contradicción. Como la santa no accedió a sus deseos de tener sexo, los viejos la acusaron de que la habían visto con un joven, que había huido. Daniel les interrogó por separado acerca de donde estaban ellos cuando vieron el hecho, y demostró que se contradecían, pues uno dijo estar bajo un sicomoro y el otro bajo una encina, ambos fueron condenados a la misma muerte que pedían para la casta Susana: la lapidación.

Otras profecías realizó Daniel, que es considerado uno de los Profetas Mayores junto a San Isaías (6 de Julio y 3 de abril, Iglesias griegas, maronita y melquita), San Jeremías (1 de mayo; 11 de mayo, Iglesia jerosolimitana; 3 de julio, Iglesia siríaca; 16 de enero y 30 de abril, Iglesia copta) y San Ezequiel (10 de abril). Sus escritos están relacionados con el Apocalipsis de San Juan, quien toma pasajes de Daniel para reinterpretarlos a la luz de la revelación cristiana. Resurgen las bestias, cuernos, ancianos, ángeles… También, como toda la Escritura, aunque señala la infidelidad del pueblo y los reyes ante Dios, abre la esperanza a la justicia y la misericordia de un Dios que permanece fiel. Anuncia que los reinos de la tierra terminan, anunciando a Cristo, que permanece. El mismo Cristo hará suya la profecía de Daniel al decir: "…se mostrará la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre que vendrá sobre las nubes de los cielos, con gran poder y gloria" (Mt. 24, 30).

Culto y reliquias.
Más que en sus libros, en la misma persona de Daniel, los primeros cristianos vieron una prefiguración de Cristo. Por eso su imagen en el foso de los leones es recurrente en las catacumbas cristianas. Como Cristo, Daniel escapó de la aniquilación, y surgió victorioso de las profundidades. El mal no pudo con ninguno. En el Medievo el profeta San Daniel tuvo culto litúrgico y su misa propia, que fue suprimida por el Concilio de Trento, junto a todos los demás santos del Antiguo Testamento, aunque su entrada se conserva en el Martirologio Romano. Y, aunque pueda parecer extraño por ser santo del A.T, Venecia venera las reliquias de San Daniel, luego que las trasladó desde Alejandría. Es patrón de los montañeros, los mineros y los domadores de fieras.


A 21 de julio además se celebra a
San Víctor de Marsella, soldado mártir.
San Tremeur de Bretaña, príncipe, monje y mártir.


Además, tenemos otros santos y beatos con el mismo nombre:


San Daniel de Ceuta.
San Antonio Daniel, jesuita mártir de Canadá. 19 de octubre.
San Daniel (Devniolin, Deiniol) de Bangor, el Joven, monje. 22 de noviembre.
San Daniel Alesandrovich de Moscú, príncipe. 4 de marzo.
San Daniel Comboni, obispo fundador. 10 de octubre.
San Daniel de Armenia (con los mártires Leoncio, Mauricio, Antonio, Aniceto y Sisinio). 10 de julio.
San Daniel de Cesarea (con los mártires Elías, Jeremías, Isaías y Samuel). 16 de febrero.
San Daniel de Ceuta, franciscano (mártir con Santos Ángelo, Samuel, Rómulo, León, Hugolino y Nicolás). 10 de octubre.
San Daniel de Gerona, eremita mártir. 29 de octubre.
San Daniel de Padua, diácono y mártir (con San Prodóscimo, obispo). 3 de enero.
San Daniel de Tiberiópolis, monje mártir (con los santos Hieroteo, Caritón, Sócrates, Comasio, Eusebio, monjes; Basilio y Tomás, diáconos; Nicéforo, Pedro, Juan, Sergio y Teodoro, presbíteros; Timoteo y Teodoro, obispos). 28 de noviembre.
San Daniel Wyn, obispo. 11 de Septiembre.
San Daniel, estilita. 11 de diciembre.
San Daniel, profeta. 21 de Julio.
Beato Daniel Alejo Brottier, presbítero de San Sulpicio. 28 de febrero.
Beato Daniel de la Anunciación, mercedario. 21 de diciembre.
Beato Daniel de Derendonk, franciscano mártir. 25 de junio.
Beato Daniel de la Sagrada Pasión, carmelita mártir. 6 de noviembre.
Beato Daniel de Sandomir, dominico mártir. 2 de junio.
Beato Daniel de Ungrispach, recluso camaldulense mártir. 31 de marzo.
Beato Daniel de Villiers, monje cisterciense. 26 de diciembre.
Beato Daniel-Louis André Des Pommerayes, presbítero mártir de Francia. 2 de septiembre.
Beato Edmundo Daniel, seminarista jesuita mártir de Irlanda. 20 de junio.


A 21 de julio además se celebra a San Víctor de Marsella, mártir.

viernes, 13 de mayo de 2016

Santa Gliceria

Pregunta: el sacerdote de mi parroquia dice que no existe santa Gliceria y mi hermana siempre ha dicho que me llamo así porque mi abuela lo vio en una lista de santos del dia que nací. él dice que no y que no, y yo no sé que creer, porque no se donde buscar. Puerto Rico.

Respuesta: ¡que manía tiene la gente de decir "este santo no existe", sin averiguar lo más mínimo. Sepa, amiga mía, que sí hay una Santa llamada así, muy venerada en Oriente, pero desconocida en occidente, lo cual le ha hacho pasar por inexistente, así que quédese tranquila, sí tiene su santa. Aquí va:


Santa Gliceria (o Glykeria), virgen y mártir. 13 y 26 de mayo. 
Este nombre significa "dulzura" o "la dulce". Nació en el siglo II, y era hija de un gobernador romano y, al quedar huérfana, entregó sus bienes a los pobres, haciéndose una más con ellos. Se fue a vivir a Trajanópolis en Tracia y durante una persecución a los cristianos, fue llevada al templo de Zeus a ofrecer sacrificios. En lugar de encender la lámpara, como era costumbre, Gliceria trazó la señal de la cruz sobre su frente, a lo que el gobernador le preguntó que era eso. Ella respondió: "Esta es mi luz". El gobernador enfureció y mandó a arrojarla a una prisión sin alimentos, para que muriese de hambre. Un ángel la visitó, dándole alimentos. Al pasar unos días, y pensando que ya habría muerto, el gobernador fue con Laodicio, el carcelero, a abrir la celda de Gliceria y la encontraron con buena salud y alegría.

San Laodicio (26 de mayo), al ver el milagro, confesó su fe en Cristo y fue decapitado. El gobernador mandó a arrojar a Gliceria a un horno ardiente, pero ella se mantuvo ilesa, cantando el cántico de los tres jóvenes de Babilonia, Santos Azarías, Ananías y Misael (16 de diciembre). Por último, fue arrojada a los leones, y siendo devorada por estos murió, mientras oraba, el 13 de mayo de 141. Durante mucho tiempo de su cuerpo fluyó mirra y muchos eran sanados al contacto con sus reliquias.


A 13 de mayo además se celebra a
Santa Rolendis, virgen.
San Juan Silenciario, abad y obispo.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Santa Marciana, de aquí, de allá, y de acullá

Pregunta: Me gustaría saber algo más del nombre de Marciana, sus orígenes. Sé que viene del nombre de ENMARZIANNA de Mesopotamia, encontrado en una estela funeraria y correspondía a una mujer que fue juez en Mesopotamia. Es el femenino de ENMANUEL solo que al castellanizarlo pasa a ser Enmanuela. Por tanto su significado es: \"la diosa está con nosotros\". Lo celebro el 12 de Julio, santa Marciana, de Mauritania. En otros lados veo que aparece como una de las ninfas de los ríos que con la cristianización pasaron a ser santas: Librada, Ginebra, Basilisa... hasta nueve hermanas. Se dice que se guardan sus reliquias en Toledo. Creo que en la Iglesia de San Francisco el Grande de Madrid, en la entrada, hay un cuadro de Santa Marciana. Me gustaría poder tener alguna estampa de ella. En estados Unidos se ha simplificado el nombre y queda como Marcia, así me llaman en casa y mis amigas más cercanas. Muchas gracias por su amabilidad. 

Respuesta: Gracias por la pregunta en la que ya das parte de la respuesta. También apuntas a algunas soluciones, leyendas, santas reales... en fin, que casi te respondes a ti misma. Y sí, pero no. Vamos por partes:

1. El origen del nombre: La verdad es que sobre este tema desconozco más de lo que conozco. El origen etimológico de los nombres es algo que suelo pasar por alto, salvo algunos casos en que es imprescincible tocar el asunto, en aras de alguna simbología del santo en cuestión. Das un origen, "Enmarziana", y te lo doy por bueno porque, repito, no es un tema que domine ni me interese mucho. Dices es el femenino de Emanuel, y tampoco lo sé. Pero lo que sí sé es que aunque fuera el femenino de este nombre, el significado seguiría siendo el mismo: "Dios con nosotros" y no "la Diosa con nosotros". Ni forzándolo podría ser "Dios con nosotras", pues el "nosotros" aquí no se refiere al sexo masculino, sino al humano en general, y un "nosotras" desvirtuaría totalmente el sentido y el significado del término. Así como Filomena significa "que canta", Filomeno significa igualmente "que canta", y no "que canto", que no tiene nada que ver. Es un ejemplo extrapolado, pero ejemplo al fin. Tal vez el artículo y el pronombre personal pudieran cambiarse en un significado, pero no así el mismo significado. Finalmente, a mi me parece que el origen es más simple, y está en el masculino "Marciano", que viene de Martius, o Marte, dios de la guerra, ampliamente conocido y adorado en la antigüedad.

2. Santa Marciana de Mauritania: Dices lo celebras por esta virgen mártir, que de todas las que llevan este nombre es la más conocida:

Santa Marciana de Cesarea, virgen y mártir. 11 y 12 de julio, 9 de enero.
Fue una joven de Cesarea de Mauritania que alcanzó el martirio en 303. Una vez convertida al cristianismo se dedicó a la vida de oración y caridad con los pobres. En una ocasión en que una estatua de la diosa Diana fue colocada en un sitio público para que fuese adorada, comenzó a predicar a Cristo, exponiendo la falsedad de los dioses paganos. Y para demostrarlo, se fue contra la estatua y la mutiló. Fue apresada, sometida a diversos tormentos, entre ellos el de soltarle a un león que no le dañó, sino que le lamió los pies. Luego le soltaron un toro salvaje que la lanzó por los aires, clavándole los cuernos en el torso y dejándola casi desmayada para finalmente ser devorada por las fieras. 

Aunque lo que de ella se sabe es poco, su culto es lo suficientemente antiguo como para no dudar de él. El martirologio pseudojeronimiano la recoge a 11 de julio, aunque Floro y Adón de Vienne (16 de diciembre) la ponen a 9 de enero, donde la pusieron Butler, los Bolandistas, y el Martirologio Romano hasta hace poco, pues ahora la trae a 12 de julio. La iglesia de Toledo, que dice tener sus reliquias, la celebra a 12 de julio. Baronio, que la hace natural de Toledo, no haciendo caso a martirologios antiguos, dice que es la traslación de las reliquias, pero a saber de donde se lo sacó, pues dicha traslación no consta en ningún sitio, sino que se suponen. La iglesia toledana la tuvo como santa propia y diferente a la mártir africana mientras pudo y, para ello, no faltó quien dijera que Cesarea no es otra que la ciudad de Zaragoza, desde donde los reyes godos habrían trasladado dichas reliquias. Otros la hicieron, como apuntas, una de las hermanas de Santa Librada (20 de julio) para indicar su origen ibérico. 

Santa Marciana de Albi, virgen
La catedral de Albi, Francia, conserva un relicario en el que se hallan supuestas reliquias suyas, pero esto es una complicación que no aclara nada, pues Albi venera el 5 de noviembre como santa propia a una Santa Marciana, virgen profetisa del siglo VIII. 

3. Otros puntos: Lo que dices de "una de las ninfas de los ríos" es solo una teoría de quienes pretenden que cada leyenda cristiana tiene un origen pagano, sin más criterio que la coincidencia del número 9. Sobre la pintura a la que haces referencia hay en San Francisco el Grande de Madrid, no consta en una guía artística de dicha iglesia que poseo y que enumera las obras que posee, me imagino sea la iglesia de San Antonio de los alemanes, donde sí se halla representada la santa.

Para finalizar, y ya de mi cosecha, te pongo algunas santas (que habrá más) del mismo nombre que se conocen:

Santa Marciana de Albi , virgen profetisa. 5 de noviembre.
Santa Marciana de Constantinopla, reina. 27 de noviembre.
Santa Marciana de Galacia, mártir. 24 de mayo.
Santa Marciana de Roma, mártir. 2 de junio.
Santa Marciana de Roma, mártir. 28 de mayo.
Santa Marciana de Roma, niña mártir venerada en Bononia. 28 de mayo (esta es un corposanto que pretende ser la misma que la anterior)
Santa Marciana de Egipto, mártir. 5 de junio.
Santa Marciana de África, mártir. 26 de abril.
Santa Marciana, mártir. 3 de marzo.
Santa Marciana, matrona. 27 de enero.
Santa Marciana, virgen y mártir, venerada en Colonia. 18 de enero. (es un corposanto tenido como la hermana de Santa Librada).

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...