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lunes, 19 de abril de 2021

San Gerold de Einsiedeln, ermitaño.

San Gerold de Einsiedeln, ermitaño. 19 de abril.  

Fue hijo de un conde sajón y originalmente se llamaba Adán. Siendo joven se retiró a un sitio alejado en Walgau, para vivir la vida eremítica, tomando el nombre de Gerold. Allí vivía en oración, trabajo y penitencia. 

En una ocasión el conde Otto de Jagdber, dueño de las tierras estaba cazando cerca de la ermita de Gerold cuando el oso que perseguía, se refugió en la ermita del santo. El conde llegó allí y vio a la bestia tranquilamente a los pies del santo, que rezaba el Oficio Divino. Quedo tan impresionado de esto que dejó el animal en paz y regaló al santo todo el bosque y varias tierras para que pudiera hacer un monasterio. El mismo animal ayudó al santo a acarrear piedra y madera. Este fue el origen del hermoso monasterio de Einsiedeln, donde se venera la célebre imagen de Nuestra Señora de Einsiedeln (14 de abril), la cual tiene su propia leyenda. 

Gerold murió sobre 978. El 19 de abril de 1663 sus reliquias fueron trasladadas al monasterio, marcando este acontecimiento la celebración de su memoria litúrgica. 


A 19 de abril además se celebra a:

miércoles, 7 de abril de 2021

Asesino, fraile y santo.

Beato Carino de Balsamo, religioso dominico. 7 de abril. 

De este beato no se sabe nada anterior al hecho que le dio la fama: el asesinato por su propia mano de San Pedro Mártir (6, 29 y 30 de abril, 4 de junio, traslación de las reliquias) y del Beato Domingo (11 de abril). El 6 de abril de 1252, Sábado Santo, mientras San Pedro se dirigía a Milán, rezando el oficio litúrgico, nuestro biografiado le salió al encuentro y le dio un golpe mortal en la cabeza con un hacha, y una puñalada en el pecho. Había sido pagado con 40 libras milanesas, por el obispo hereje Daniel de Gussiano, Stéfano Confalonieri y otros nobles milaneses, a los que San Pedro fustigaba por sus herejías, tropelías y desmanes. 

Carino fue a la cárcel, y estando allí a la espera para ser ahorcado, se arrepintió de su crimen pidió a San Pedro Mártir le perdonara y le diera la libertad. Por milagro, las puertas de la prisión se abrieron y Pedro de Balsamo salió libre. Se fue a Roma a pedir el perdón al Papa pero al llegar a Forli, enfermó gravemente y se fue al convento dominico, reveló quien era y lo que le había pasado. Allí nuevamente pidió al santo mártir que le diera la salud para tomar el hábito de la Orden y hacer penitencia toda su vida. Así mismo fue. El caso de su liberación de la cárcel fue tan sonado que se tomó como milagro en la causa de canonización de San Pedro Mártir, la cual ocurrió el 9 de marzo de 1253 por Inocencio IV.

Carino vivió muchos años más, haciendo penitencia por su pecado. Antes de morir en 1293, pidió que su cuerpo fuera arrojado con los cadáveres de los impíos y ajusticiados, por no ser digno de sepulcro entre religiosos santos. Así lo hicieron los frailes, pero comenzaron a ocurrir tantos milagros, que se trasladaron sus reliquias a la capilla del convento de Forli, donde aún se veneran. 

Fuente:
-"Sacro Diario Dominicano". FR. FRANCISCO VIDAL. O.P. Valencia, 1747. 


A 7 de abril además se celebra a:

San Aybert de Crespin,
monje y ermitaño
.
San Calíopo, mártir.
San Hermann José,
premonstratense
.
San Enrique Walpole,
jesuita mártir
.






lunes, 16 de abril de 2018

De un abogado contra la epilepsia.

Beato Joaquín de Siena, religioso servita. 16 de abril.

Nació en Siena, en 1258, en la familia de los Picollomini, conocidos por sus riquezas y obras caritativas. Desde niño Joaquín mostró una profunda piedad, siendo amigo de visitar las iglesias, hacer oración y venerar las imágenes de la Santísima Virgen. Era amigo de los niños pobres, con los que jugaba y socorría siempre que podía. Dícese que en una ocasión su padre le llamó la atención sobre su caridad, a la cual debía poner límite. Joaquín le respondió que de él mismo había aprendido que lo que a los pobres se daba, a Cristo se daba, y que las riquezas no debían servir sino para darlas a Cristo. Con estas palabras su padre quedó edificado y en adelante le dejó hacer todo el bien que pudiera el niño.

Cuando llegó a la adolescencia y primera juventud, Joaquín redobló los ayunos y penitencias que ya hacía a escondidas. Oraba más que antes y se esforzaba aún más en los estudios y lectura espiritual. Por esta época tuvo su primer éxtasis, el cual vio su padre, quien se acercó a su habitación al ver una luz que traspasaba la puerta. Al mirar por la cerradura, vio al joven extático en medio de una radiante llama que no le quemaba.

Cuando llegó a la edad de elegir estado, el mundo le llamaba a un ventajoso matrimonio, pero un día tuvo un sueño, o visión, que lo cambió todo: Vio a la Madre de Dios que le decía: "No quiero, hijo mío, que permanezcas más tiempo entre los huracanes tempestuosos del mundo; entra en aquella religión que coloca toda su gloria en servirme, y que por esto merece la honre yo con mi singular protección. Algún tropiezo opondrán tus padres; pero yo te instruiré en el modo de vencerle: Ea, ve, y aumenta el número de mis amados siervos". Entendió Joaquín que la Santísima Virgen le hablaba de la Orden de los Servitas, aún nueva, y de la cual se hablaban maravillas, por su celo, piedad y devoción a la Virgen de los Dolores. Así que Joaquín, ya resuelto, se presentó ante San Felipe Benicio (23 de agosto), General de la Orden, para pedirle que le admitiera. El santo, sabiendo que los padres de Joaquín no lo permitirían, intentó disuadirle, pero nada. Entonces le admitió a condición de que sus padres estuvieran de acuerdo. Razones, súplicas, ruegos, lloros y amenazas, nada pudo retener a Joaquín, a quien sus padres no querían perder. Pero finalmente accedieron, pues su hijo nunca les había dado un disgusto ni pedido nada. Confiando en que era la voluntad de Dios, le dejaron hacer.

Allanado el camino, San Felipe Benicio dio el hábito servita al joven, quien fue un novicio ejemplar. Humilde, orante, paciente, caritativo, siempre dispuesto a perdonar, socorrer y ayudar. No se detenía ante los oficios más bajos o difíciles. Cuéntase que en una ocasión su maestro le prohibió participara en el acarreamiento de tierra en el que trabajaban los demás religiosos, aduciendo su juventud y poca fuerza. Le rogó Joaquín al menos le permitiera trasladar lo que pudiera con sus manos mientras los hermanos comían. Lo consintió el maestro y he aquí que de esta manera y por un milagro, en solo media hora Joaquín trasladó toda la tierra que habrían tenido que trasladar todos los religiosos durante días.

Habiendo estudiado la filosofía, los superiores quisieron ordenarle presbítero, pero Joaquín suplicó le dejaran vivir como un simple religioso, desconocido y retirado, sin brillar en el mundo por la retórica. Lo consintieron los superiores, pero aun así, la virtud de Joaquín pasó los muros del convento y eran muchos los que buscaban su palabra reconfortante, su caridad o sus milagros, que algunos más obró. Por esto pidió a los superiores le enviaran en secreto a algún convento donde no le conocieran. Fue trasladado a Arezzo, con dolor de los habitantes de Siena, que le querían mucho. Fue tanto el clamor, que el obispo pidió a los servitas que lo trajesen de vuelta. Joaquín regresó solo por obediencia, siendo recibido en triunfo, con gran rubor suyo.

Viendo que era imposible mantenerse oculto como deseaba, se empleó en hacer todo el bien posible. Con su presencia impuso paz, provocó conversiones, unió familias, sanó enfermos y niños, aún a costa de su salud: a un epiléptico le aconsejaba paciencia con su mal, cuando este le espetó: "a los que están buenos y sanos les es fácil aconsejar la paciencia a los enfermos". Entonces Joaquín, sin decir una palabra, oró por él y el hombre quedó sano y contento. Pero no supo que desde entonces nuestro santito padeció de epilepsia hasta su muerte. Y aún este mal servía para mostrar su santidad. Un día, estando acolitando en la misa, le sobrevino un ataque, cayendo al suelo, mas la vela que sostenía para la comunión, quedó suspendida en el aire sin moverse y quedando así todo el tiempo que le duró el ataque.

Los demonios le atacaron muchas veces, y le tentaban, pero él siempre salió victorioso invocando los nombres de Jesús y de María, los cuales pedía siempre que fueran invocados por los fieles, como remedio a todos los males. Sufrió mucho Joaquín por unas llagas purulentas y agusanadas que le salieron en todo el cuerpo, siéndoles de gozo, pues decía le asemejaban a Cristo. Pedía constantemente a Cristo configurarse con él, y su mirada no se apartaba de Cristo.

El Jueves Santo de 1305 Cristo le confirmó mediante una visión que pronto moriría, el mismo día y hora que él, ya que toda su vida no había buscado sino imitarle. Esa noche el santo la gastó en orar, pedir perdón a sus hermanos de hábito, diciéndoles se iba pronto. Los religiosos dudaban, pues precisamente ese día le veían más animado que de costumbre. Joaquín les dijo: "Veo que no me creéis porque no hay señas que anuncien mi cercana muerte. Aún así, espero en la misericordia de Dios que antes que acabéis los oficios, acabe yo mi carrera". Y así fue, el Viernes Santo, 16 de abril de 1305, mientras los religiosos cantaban la Pasión del Señor, el bendito Joaquín expiró en medio de un éxtasis, teniendo 47 años de edad.

Los milagros junto a su sepultura fueron tantos y sonados tan sonados, que ya en 1320 la ciudad le llama "Beato", "patrono", y celebra su tránsito cada año, normalmente en la Octava de Pascua, por caer el día de su tránsito en Semana Santa. Su "vita" fue escrita sobre 1330, por un religioso que le conoció personalmente, y en este mismo año se costea un bello sepulcro para el venerado religioso. En 1609 Paulo V confirmó su culto y aprobó el Oficio Propio para la Orden Servita, siendo ampliado después a la ciudad de Siena por orden de Inocencio XI. En 1686 las reliquias fueron trasladadas a un arca pagada por Francisco Piccolomini, descendiente de familiares del Beato.


El Beato Joaquín es abogado contra la epilepsia.


Fuentes:
-Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año: Abril. RP. JUAN CROISSET. S.J. Madrid, 1818.
-http://www.treccani.it


A 16 de abril además se celebra a










MI LIBRO ELECTRÓNICO


"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS"
(SANTOS PATRONOS DE DOLENCIAS Y ENFERMEDADES)

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lunes, 2 de abril de 2018

De una gran penitente y una gran leyenda.

Santa María la Egipcíaca, penitente. 1, 2, 3, 4, 6, 9, y 15 de abril.

Hacia el año 270, en tiempos del emperador Claudio, María, conocida popularmente con el nombre de "la pecadora", se retiró al desierto en el que vivió cuarenta y siete años entregada a muy duras penitencias. En cierta ocasión el abad San Zósimo (4, 9 y 30 de abril), paso al otro lado del Jordán y recorrió una gran zona desértica para ver si en la región que quedaba a la otra orilla del río moraba algún anacoreta. Un día vio desde lejos un bulto que caminaba. Cuando estuvo un poco más cerca advirtió que se trataba de una persona totalmente ennegrecida por el calor del sol. Era María Egipcíaca, quien, en cuanto se dio cuenta de la presencia, aunque lejana, del abad, emprendió veloz carrera huyendo de él. Pero el abad corrió todavía más, y cuando estaba ya cerca, María, vuelta de espaldas le gritó: "¡Abad Zósimo! ¿Por qué me persigues? ¡Detente! No puedo dejarme ver de ti, compréndelo; soy una mujer y estoy completamente desnuda. Arrójame con fuerza tu manto desde donde estás para que pueda cubrirme con él, y después, con mi pudor a salvo hablaré contigo".

Zósimo quedó estupefacto al enterarse de que aquella mujer conocía su nombre. Luego le arrojo el manto para que se tapara, en cuanto vio que la mujer se había cubierto con aquella prenda, corrió hacia ella, se postró a sus pies y le pidió su bendición. "¿Que dices padre?" -replicó María -"Tú, como sacerdote debes bendecirme a mí" Zósimo iba de sorpresa en sorpresa, aquella desconocida no solo sabía cómo se llamaba, sino que también estaba enterada de que era sacerdote. Con esto, aún más impresionado, insistió en que la bendijera. María, entonces exclamó: "¡Bendito sea Dios, redentor de nuestras almas!"

Luego, extendiendo sus manos comenzó a orar, y mientras oraba fue levantándose en el aire hasta quedar suspendida a una altura de un codo sobre la tierra. El anciano, a la vista de este fenómeno pensó interiormente si no estaría en presencia de un demonio disfrazado de mujer, que trataba de engañarle y simulaba orar para mejor conseguirlo. Mas he aquí que una nueva sorpresa vino a añadirse a las anteriores, porque inmediatamente la desconocida dijo: - "Que Dios te perdone tu mal pensamiento de haberme tomado por un espíritu inmundo. No soy un demonio, aunque si una mujer muy pecadora". Zósimo, en nombre del Señor, le rogó que se identificara y le dijera quien era. Ella le respondió: "Padre, no sé si debo declararte quien soy; temo que si lo hago eches a correr espantado, como quien huye de una serpiente. Temo que mis palabras mancillen tus oídos, y hasta que el aire quede contaminado si me atrevo a contarte mi vida." No obstante Zósimo insistió en que quería saber quién era, por lo cual ella accedió y refirió al abad lo siguiente:

"Yo, hermano, nací en Egipto. A los doce años fui llevada a Alejandría, y a los diecisiete me dediqué a la prostitución de mi cuerpo; en este oficio permanecí mucho tiempo. En cierta ocasión, al enterarme de que desde el puerto de Alejandría iba a salir un barco cargado de peregrinos que se dirigían a Jerusalén para adorar la Santa Cruz, rogué a los marineros que me permitieran embarcarme en su navío. ‘¿Tienes dinero, me preguntaron, para pagar el pasaje?’ Yo les respondí: ‘No tengo dinero, pero puedo pagar con mi cuerpo’. Ellos aceptaron, me dejaron embarcar, y durante la travesía usaron y abusaron de mi cuanto quisieron. Al llegar a Jerusalén, quise también adorar la Santa Cruz, y me dirigí a la iglesia, pero al acercarme a la puerta del templo me sentí rechazada por una fuerza invisible, que no me dejaba pasar. Cuantas veces intenté penetrar en el sagrado recinto, y fueron muchas otras tantas me lo impidió una mano misteriosa. Al observar que todos los demás entraban libremente, y que solamente a mí se me vedaba el paso. Traté interiormente de indagar cuales podrían ser las causas de tan extraño fenómeno, hasta que caí en la cuenta de que no podían ser otras que las de la enormidad de mis pecados. Entonces empecé a darme golpes de pecho y a derramar amarguísimas lágrimas y a prorrumpir en profundos suspiros.

En esto vi que sobre la portada había una imagen de la Bienaventurada Virgen María, en la que hasta entonces no había reparado, y mirándola tiernamente le rogué con copioso llanto que me alcanzase de Dios la gracia de que se me perdonasen mis culpas y de que pudiese pasar al interior del templo para venerar la Santa Cruz, prometiéndole a Cristo y a Nuestra Señora que en cuanto saliera de aquella iglesia abandonaría el mundo y viviría en absoluta castidad hasta el final de mis días. Una vez hecha esta oración y promesa quedé tranquila y firmemente convencida de que la Bienaventurada Virgen María me alcanzaría lo que le había pedido, y sin dudarlo me acerque al dintel del templo, lo traspasé y entre en el santo lugar sin que nadie ni nada me lo impidieran; adoré devotamente a la Santa Cruz, y cuando termine de hacerlo, alguien, no sé quién, me dio tres monedas de plata y a continuación oí una voz que me decía: ‘Si pasas el Jordán, quedarás a salvo’.

Con las tres monedas compré tres panes, y con ellos en mis manos cruce el Jordán, me vine a este desierto, me refugié en él, y en el llevo viviendo ya cuarenta y siete años, durante los cuales no he visto a persona alguna, hasta ahora que te he visto a ti. Los tres panes que traje conmigo, conmigo siguen después de cuarenta y siete años, sin merma alguna, cual si fuesen piedras, a pesar de que en todo este tiempo de ellos he comido cuanto he precisado. Mis ropas fueron deshilachándose poco a poco hasta que perecieron totalmente. Durante los primeros diecisiete años que pasé en esta soledad tuve a menudo tentaciones carnales; pero con la gracia de Dios logré superarlas y desaparecieron por completo. Bueno, hermano, ya te he comentado mi historia; ahora que la conoces encomiéndame en tus oraciones al Señor, te lo ruego".

Acabada la narración, el santo abad se arrodilló y bendijo al Señor por la misericordia que había tenido de aquella su venerable sierva. Después la penitente dijo a Zósimo: "Voy a pedirte un favor. El año que viene acude el día de Jueves Santo a la orilla del Jordán y trae contigo el Cuerpo del Señor. Yo te buscaré por allí, para que me des la comunión, porque desde que vine a este desierto no he comulgado nunca". El anciano abad regreso a su monasterio, y al año siguiente, la víspera del Jueves Santo, se trasladó a la orilla del Jordán llevando consigo el cuerpo del Señor, y al llegar a la vera del río vio como ya estaba aguardando en la otra ribera la penitente, quien en cuanto lo divisó trazó la señal de la Cruz sobre la corriente y comenzó a caminar sobre las aguas; de ese modo llegó a la orilla opuesta y exactamente al mismo sitio en que Zósimo se encontraba. El venerable anciano, maravillado, en un impulso de devoción se hincó de rodillas ante la recién llegada, pero esta al instante le dijo: - "¡No hagas eso! ¡No hagas eso! ¡Levántate! ¡Eres un sacerdote, y además traes contigo el cuerpo del Señor!"

Terminada la entrevista, la penitente antes de separarse del abad, rogó a este que el año próximo, el día de Jueves Santo volviera a visitarla al mismo lugar en que se vieron por primera vez; luego trazó la señal de la Cruz sobre el río, se internó en él, lo cruzó de nuevo del mismo modo que lo hiciera al venir, es decir, caminando sobre las aguas, llegó a tierra, y continuó avanzando hacia el desierto. Zósimo por su parte, regresó a su monasterio.

Al año siguiente el abad acudió al sitio que la sierva de Dios le había indicado, y al llegar a él quedó sorprendido; en el lugar preciso en que casualmente la había visto por vez primera yacía ahora, tendido en tierra, el cuerpo muerto de la santa mujer. Mucho lloró Zósimo sobre aquellos venerables restos. Luego pasó por momentos de perplejidad. Por una parte parecíale que debería enterrarlos, por otra, no se atrevía a hacerlo, para darle sepultura era menester tocarlos, y esto -pensaba él con reverente temor- tal vez no fuese del agrado de la santa. Cuando estaba entregado a estas cavilaciones vio, de pronto, junto a la cabeza del cadáver, una inscripción hecha sobre la arena que decía: "Zósimo, entierra el cuerpo desmedrado de María que por orden del Señor dejó esta vida el dos de abril. Torna este polvo a la tierra y ruega por mí". Haciendo cálculos el abad cayó en la cuenta de que la penitente había fallecido el año anterior precisamente el día de Jueves Santo, o sea, en la misma fecha que el administrara la santa Comunión; por tanto, aquella piadosa mujer, en cosa de una hora, milagrosamente había cubierto la distancia existente entre la ribera del Jordán y el sitio en que su cuerpo se encontraba, distancia que él había tardado en salvar treinta días en cada una de las dos ocasiones en que había recorrido aquel trayecto.

Su asombro fue en aumento, porque al reflexionar acerca del modo de ejecutar la orden que se le daba en la mencionada inscripción, y hallar serias dificultades para excavar la sepultura, observó cómo llegaba hasta el un león caminando mansamente. Entonces, dirigiéndose a la fiera le dijo: "Escucha león. Esta santa mujer antes de morir dejó escrito que yo diese sepultura a su cuerpo; pero no veo la manera de hacerlo, porque además de que soy viejo y carezco de fuerzas, no tengo herramientas ni puedo hacerme con ellas en este desierto. Lo mejor será que tú, con tus garras, hagas un hoyo en el suelo para que pueda cumplir su deseo". Seguidamente el león comenzó a excavar en la arena e hizo en tierra un hoyo suficientemente hondo y amplio para depositar en él los venerables restos, y una vez sepultados se alejó de aquel lugar tan mansamente como había venido, cual si fuese un cordero. Zósimo también glorificando a Dios, retornó a su monasterio.

Y hasta aquí la leyenda de la Egipcíaca. Hay que decir que la mayoría de los anteriores detalles, los recoge el Beato Santiago La Vorágine (13 de agosto) de una composición poética del siglo XIII, porque la narración original es mucho más escueta, solo llama María a la penitente, sin decir nada de sus pecados, conversión, y milagros. Ciertamente existió esta penitente, de la cual constan vestigios de culto en el siglo V, apenas unos 100 años después de su muerte. Junto a Santa María Magdalena (22 de julio, 20 de marzo, traslación de las reliquias; tercer domingo de Pascua, o de las Miróforas.), Santa Thais (24 de septiembre) y Santa Pelagia (8 de octubre), forma parte de los grandes ejemplos de penitencia y conversión ofrecidos por la predicación medieval.


Fuente:
-https://preguntasantoral.blogia.com


A 2 de abril además se celebra a
Santa Ebba de Coldingham, "la joven", abadesa mártir.
Santa Musa de Roma, virgen.
San Francisco de Paula, fundador.

domingo, 14 de enero de 2018

"Ya veo a mi Rey, ya estoy en su presencia..."

Beato Odón de Novara, monje cartujo. 14 de enero.

Beato Odón.
Cartuja de Garegnano, Milán.
Nació en Novara, Lombardía, a finales del siglo XI. Fue de los primeros religiosos novicios en la Grand Chartreuse, y también fue parte del grupo de fundadores de la Cartuja de Seitz, Moravia. También participó en la fundación de la Cartuja del Piamonte.

Nos dicen que fue un religioso humilde, obediente y amante de la Regla. Por ello fue elegido como Prior de la Cartuja de Gyrio, Yugoslavia, en un difícil momento: el obispo Teodoro, que ambicionaba las tierras y el edificio de los cartujos, les hacía mucha guerra. La mansedumbre y recta intención de Odón calmaron un poco las cosas, pero el obispo se salió con la suya y, con ayuda del poder secular, expropió a los monjes de sus bienes. Entonces nuestro santo, luego de acomodar a sus monjes en otros monasterios, partió hacia Roma a exponer el caso ante el papa Clemente III. No se detuvo ni por su ancianidad, pues pasaba los 90 años. Mas sin embargo, en Roma tampoco halló solución al problema, pues el obispo era demasiado poderoso como para enfrentarse a él a causa de un monasterio. Entonces Odón renunció a su priorato en frente del mismo papa y se dispuso a pasar a la Cartuja del Piamonte que ya conocía.

Sin embargo, de camino pasó por la Cartuja femenina de Santos Cosme y Damián de Taglacozzo, donde Adhuisis, la abadesa, viendo sus prendas de prelado piadoso y observante, pidió al papa, pariente suyo, que nombrara a Odón como capellán y director espiritual de las monjas. Al mismo tiempo quedaba como superior de todo el clero beneficiado del monasterio. El santo acató la voluntad del papa y mandó se le construyera una pequeña celda junto a la clausura, ara allí vivir pobremente, en constante oración y lectura espiritual. Solo salía de su celda para celebrar la santa misa, o para confesar y predicar a las monjas. A pesar de su edad, Odón era un ejemplo de penitencia y austeridad para todos. Dormía en un colchón de sarmientos, trabajaba para no estar ocioso, no ser gravoso a las monjas y aún hacía caridad a los pobres. Ayunaba siempre que podía y se disciplinaba frecuentemente. Usaba un cilio pegado a las carnes que solo dejó de llevar tras su muerte.

Pronto la fama de santo del capellán de las cartujas traspasó los muros del monasterio y recorrió la península itálica. Muchos querían confesarse con él, tocarle o besarle las manos. Y no de balde, pues muchos milagros realizaba solo con estos pequeños gestos. Él mismo sanaba de sus dolencias luego de pedir a Dios sanara a otros, pues para sí mismo nada pedía. Incluso se dice que llegó a convertir agua en vino.

Pasaba, y bastante, de los 100 años, cuando tuvo revelación de que ya era la hora de cantar como el anciano Simeón, "Nunc Dimittis", y anunció a sus hijas espirituales que pronto las dejaría. Así, entrada la Epifanía del año 1200, recibió los Santos Sacramentos, dirigió su última plática espiritual y entró en éxtasis. El 13 de enero dijo a los que estaban presentes: - "Mañana a estas horas dejaré este mundo; os ruego en Nombre de Dios que no hagáis a mi cuerpo honra alguna particular, sino que con este mismo hábito que tengo puesto lo pongáis en la sepultura, y a la cabeza de ella una simple cruz de madera". Al día siguiente, habiendo muchos testigos, el santo Odón exclamó: - "Aguárdame, Señor, en buena hora; presto voy a Ti, mi descanso y mi gloria. Ya veo a mi Rey y Señor; ya estoy en su presencia". Entonces extendió los brazos y levantándolos un poco, parecía que su alma se iba con el cuerpo. Pero este cayó lentamente en el lecho, quedando con los ojos abiertos y resplandecientes, no opacos. 

Muerte del Beato Odón.
Carduccio. Museo del Prado.
El cuerpo fue enterrado en el cementerio de los pobres, como el mismo había pedido. Sobre 1240 se elevó el cuerpo de la sepultura, dícese que porque el santo viejo se había aparecido tres veces a Oderisio, el Arcipreste de monasterio, pidiendo ser colocado en lugar de más honor. Pero no es algo que case con la humildad que siempre le caracterizó. Al abrir el sepulcro se le halló incorrupto, se le colocó en la iglesia monacal. Ese mismo año se instruyó un proceso de canonización que fue aprobada por Gregorio IX, pero nunca se le canonizó. No sería hasta 14 de junio de 1859 que el Beato Pío IX (7 de febrero) confirmó su culto inmemorial.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 14 de enero además se celebra a:
Santa Macrina la Anciana, viuda.
San Engelmar de Passau, eremita mártir.

lunes, 11 de septiembre de 2017

"El monje era tu mujer"...

Santa Teodora-Teodoro de Alejandría, penitente. 11 de septiembre.

Teodora y su hijo legendario.
Fue Teodora esposa de Gregorio, Prefecto de Egipto, allá en el siglo V. Engañó a su marido con un amante y, como era cristiana, se arrepintió tanto de su pecado, que disfrazada de hombre, se fue a un monasterio de la Tebaida, pidió el hábito y el abad se lo dio pensando que era un varón. Durante mucho tiempo "el monje Teodoro" vivió en el cenobio empleado en trabajos serviles, aprendiendo de los demás, y teniendo altísima oración. Después de muchos años el abad le envió a Alejandría a vender unos camellos y he aquí que se encontró a su marido el Prefecto y la reconoció. Sin embargo, aunque la quería muchísimo, Gregorio vio que era feliz en el monasterio y la dejó partir. Sintiendo cercaba a la muerte, Teodora, ella lo mandó buscar, pero cuando Gregorio llegó ya Teodora había fallecido. Entonces él contó la verdad al abad y los monjes, y preparó sus funerales y la sepultó.

Esta es la primitiva historia que se narra en "Vida de los Padres del Desierto", muy escueta. Sin embargo, el romanticismo occidental y medieval tejió una leyenda mucho más larga y fantasiosa, llena de frases de sabiduría ascética que se toman de otras vidas. Añade la leyenda que un ángel fue quien avisó a Gregorio que Teodora estaba en la ciudad diciéndole: "Ve a la Puerta de la ciudad y mira bien, verás a tu esposa". Y así fue, se encontraron, pero Gregorio no la conoció. Se le vuelve a aparecer el ángel y le dijo "El monje saludaste esta mañana en su carro era tu esposa". También se cuenta que sanó a varios enfermos desahuciados. En una ocasión se le apareció el demonio, que le dijo se condenaría por abandonar a su marido y vestir de hombre, pero ella le abofeteó y el diablo huyó.

También se le añadió la leyenda de Santa Marina-Marino (17 de junio), igualmente una mujer vestida de hombre a la que una mujer acusó de haberla forzado y hacerle un hijo. El "monje Teodoro" entonces fue expulsado del monasterio y educó al niño, el cual también sería monje. Pero eso, es una leyenda copiada, solo que en esta versión, se añade que habiendo muerto Teodora, el abad vio una mujer gloriosa, y una voz le revelaba que esa era Teodora, quien como monje se había llamado Teodoro. Además, apareció un ángel y le dijo que debía ir a la ciudad, y que el primer hombre que viera, sería el marido de la santa, y que él debía enterrarla. Y así mismo fue. Gregorio la enterró y, en esta versión, se hizo monje en el mismo monasterio, viviendo virtuosamente.


Otras  mujeres que vistieron de hombre son:
Santa Eugenia-Eugenio. 25 de diciembre.
Santa Eusebia-Hospedes. 23 24 de enero.
Santa Eufrosina-Esmaragdo. 2 y 10 de enero, 11 de febrero.
Santa Ángela-Ángelo. 6 de julio. 
Santa Hildegundis-José. 20 de marzo.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo X. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 11 de septiembre además se celebra a
Santos Proto y Jacinto, mártires.
San Pafnucio, confesor.

viernes, 9 de junio de 2017

Pelagia, del suelo al cielo.

Pregunta: Es verdad que los ortodoxos no veneran a Santa Apolonia porque se suicidó lanzándose a la hoguera? Hay otros ejemplos de santas o santos que se hayan dado la muerte a ellos mismos antes que ser martirizados?

Respuesta: Sobre Santa Apolonia (9 de febrero) puedes leer en este artículo, en el que dejo claro que es un error considerarla suicida. Y ya la explicación la da el mismo que escribe la carta: Apolonia se arrojó en la hoguera en la que, de todos modos, iba a ser lanzada. Sobre otros santos, durante tiempo creí que no había casos como el de la "santa de las muelas", pero resulta que sí. Tenemos varias, entre ellas a:

Santa Pelagia, virgen y mártir. 9 de junio.

Sobre ella tenemos un testimonio de primera mano y fuera de toda duda, y es un sermón de San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal). Pelagia alcanzó la gloria imperando Diocleciano, cuando, huyendo de los que la querían apresar, se lanzó por una ventana alta para no ser violada, y halló la muerte. Su persona al parecer era conocida cuando el Crisóstomo predica sobre ella. Y como él es un grande, me limitaré a transcribir dicho sermón, para conocer a la santa. Otras cosas podría añadir sobre leyendas posteriores que la asimilan con la leyenda de Santa Pelagia (8 de octubre), la pecadora y penitente, pero sería echar a perder las palabras del ilustre Boca de Oro:


"Alabado sea Dios, hermanos míos, que la muerte nada tiene ya de terrible, y ha llegado a ser el juguete y diversión del sexo más frágil, y más tímido. Unas mujeres, ¡qué digo yo! unas niñas la desprecian y la insultan. Las vírgenes apenas salen de la infancia, y ya se atreven a oponerse al infierno, sin recibir ningún daño. Esta gracia os debemos también, con otras muchas, ¡oh Jesús, Hijo de la Virgen! Vos sois divino Esposo de todas las que guardaron pureza, y quien disteis a vuestra esposa Pelagia ese valor, que la presentó generosamente a la muerte, anticipándose a la sentencia, y a la ejecución, y excusando al juez y a los verdugos un delito. No porque ella no estuviese preparada para todos los tormentos que hubieran querido hacerla padecer, ni porque no los hubiese padecido con alegría; sino porque sentía perder la corona de virgen por alcanzar la del martirio. Temía ella el poco respeto de aquellos hombres, que no tienen más castos los ojos que lo restante del cuerpo, y así quiso ella misma huir de sus miradas, y salvar su extrema pureza.

Hasta entonces los hombres aún no habían dado ejemplo de un temor tan delicado: presentábanse todos en los tribunales y allí afectaban dar señales de un valor extraordinario. Y así fueron las mujeres, a quienes la flaqueza, y la timidez natural del sexo exponen más a las injurias, y a las afrentas, las que inventaron este género de muerte, anticipándose a las sentencias. Este fue el motivo que obligó a Pelagia a escogerle: que si yendo a recibir la palma del martirio, hubiese estado segura de conservar el precioso lirio de la virginidad, no hubiera tenido la menor dificultad en comparecer ante los Jueces, pero incierta de lo que podía suceder, la pareció que sería imprudencia el exponerse a perder una corona. Este fue, pues, el partido que tomó. Así evitó llegar a ser un espectáculo peligroso, dando con su presencia materia a un fuego impuro, profanando su hermosura, y dando inocentemente un placer delincuente: en una palabra, exponía un cuerpo virgen a todos los ímpetus de un brutal instinto. Y así el extremo deseo que tenía de comparecer pura a los ojos dé Jesucristo, la resolvió a no dejar la habitación de las mujeres sino para pasar inmediatamente al cielo.

Sin duda hay una grandeza de alma en un mártir en arrostrar, sin inmutarse, a los verdugos que le rodean; y verlos, sin conmoverse, ojear, digámoslo así, sus entrañas con garfios, y uñas de hierro. Pero aún es mucho más de admirar la acción de Pelagia: el sentimiento se debilita por la duración o por la violencia, o también por la diversidad de tormentos. O si conserva alguna vivacidad, la muerte no parece entonces más terrible, sino más deseable: viene a ser un remedio necesario a los grandes males que se padecen, y en fin, libra al alma de la tiranía insoportable de los suplicios. Pero sucede aquí lo mismo. Pelagia todavía no había sufrido cosa alguna: su cuerpo está en todo su vigor: tiene toda la salud de una juventud floreciente y así necesita de una fuerza de espíritu extraordinaria para dejar la vida por una muerte violenta. Y si la paciencia de un mártir es digna de vuestra consideración, ¿qué sentimientos no debéis tener por la generosa resolución de esta doncella?
Detengámonos un poco, y consideremos de espacio todas las circunstancias, que hacen esta acción digna de la admiración de todos los siglos. ¿Quién no se quedará pasmado de ver semejante presencia de espíritu en una virgen joven, sin experiencia, que jamás ha salido de su casa, ni aun de su habitación, que no conoce al mal, sencilla, y sin artificio, resolverse en un momento, y tomando un partido tan contrario a la naturaleza? Hállase de repente a la puerta de su aposento una tropa de soldados: llaman a ella con furia: la citan a que comparezca ante el Juez, y se ven casi precisados a llevarla a pesar de su resistencia. No estaban entonces con ella ni padre, ni madre, ni ama, ni criada, ni amigo, ni vecino, ni algún otro que la aconsejase. Toma ella misma el consejo. ¿Y cómo se atreve ella a responder a los soldados? ¿Cómo tiene valor para mirar a estos hombres terribles? ¿Cómo puede articular una sola palabra? ¿Cómo puede respirar? Pero aun hace ella más: concibe este pasmoso proyecto: acaba de formarle, lo aprueba y lo ejecuta. Y esto en un solo momento.

Ved aquí de qué manera: Al ruido que los soldados hicieron a su puerta , bajó de su cuarto, y los abrió; pero sabido el motivo que los traía, les pide su permiso para volver a subir y mudarse de vestido. Le fue concedida esta gracia. ¿Pero qué uso hizo de ella? Mudó en efecto de vestido y en lugar de una vestidura expuesta a ser rota o manchada, toma una que no puede ser ni comida de gusanos, ni gastada con el tiempo. Ved aquí aún para mí otro nuevo motivo de pasmo, y confieso que no puedo dejar de admirar bastantemente, así la facilidad que los soldados tuvieron en concederle lo que les pidió, y la poca desconfianza que mostraron, debiéndoseles hacer sospechoso todo a tales gentes; y en fin, la poca precaución que tuvieron para impedir que se saliese con su intento. Ni se me diga que el caso era tan extraordinario, que no había que admirar que los soldados no lo hubiesen ni previsto, ni impedido. Porque no es la primera que se haya dado la muerte: ya se han visto algunas que se han arrojado en la corriente de un río [tal vez se refiere el santo a Santa Domnina e hijas], otras se han atravesado el pecho, otras se han puesto un dogal al cuello. Pero esto fue que en efecto cegó Dios de tal suerte a los soldados, que ni se les ocurrió la trampa que Pelagia les armaba. Escapóse, pues, de sus manos, como una inocente tortolilla se escapa de las redes de un pajarero; y como una cierva, que se ha salido de los lazos que los cazadores le tenían puestos, no se detiene hasta que se haya salvado en algún bosque o sobre algún peñasco escarpado, inaccesible a los tiros de los monteros, e ignorada de su ojeo; del mismo modo, habiendo caído Pelagia en manos de los soldados, y hallándose encerrada en su propio aposento, como entre redes , se desprende felizmente, toma su carrera: se retira y gana, no un peñasco elevado, sino lo más alto del cielo, desde donde mira con placer, y en una entera seguridad, los lazos que acaba de evitar; y se ríe de los cazadores, que se retiran llenos de confusión y vergüenza.

Imaginémonos al Gobernador sentado gravemente en su tribunal, rodeado de sus ministros, prontos todos los instrumentos para atormentar a la niña Pelagia, y un tropel de pueblo, que la curiosidad junta alrededor de él. Hagámonos cargo por otra parte, cuando ve volver a sus soldados, a quienes aguardaba con tanta impaciencia, y creyendo desde luego que traen a la virgen, que se apodera de estos idólatras una tonta alegría, y devoran ya con anticipación la presa que se figuran no estar muy lejos. ¡Qué susto, qué tristeza, qué desesperación, cuando ve llegar a estos emisarios del tirano con las manos vacías, bajando los ojos de vergüenza, y sin acertar a referir su extraña ventura! Cuando el casto Josef se vio instado de su ama s satisfacer una vergonzosa pasión que le tenía, dejó entre las manos de esta Egipcia la capa, de donde le había agarrado, y se ausentó: pero Pelagia, no habiendo querido ni aun siquiera sufrir que las manos impuras de los soldados la tocasen, quiso por sí misma despojarse de su cuerpo, habiendo tomado su vuelo hacia el cielo. Verdad es que les dejó este cuerpo, pero en un estado, que les daba más confusión que alegría, como que les sería inútil, no pudiendo ser ya ni de su crueldad, ni de su brutalidad el objeto. iDe este modo dispone Dios todas las cosas para el fin que se ha propuesto, muchas veces contra las leyes ordinarias de la naturaleza, o de la prudencia humana! Muchas veces gusta cumplir los designios de sus siervos cuando se creen desesperanzados; y tiene el placer de desbaratar los proyectos de sus enemigos en el momento en que todas las cosas parecen prometerles un favorable suceso.
¡En qué pena, en qué embarazo no se halló nuestra joven mártir! ¡Qué facilidad, al contrario, no tienen los soldados para ejecutar su comisión! Hiciéronse dueños de su casa: tiénenla presa en su poder: está sola y es una niña, y con todo eso la pierden. Por otra parte Pelagia, sin socorro, sin defensa, sin fuerza, acometida de una tropa de bestias feroces prontos a echarse sobre ella, se escapa de sus dientes homicidas, se salva, y hace vanos y sin efecto alguno los esfuerzos que hacen contra ella soldados, jueces y gobernadores de Provincia. Reconozcamos aquí el brazo de Dios, y adoremos su poder, y su bondad. Él es quien saca a Pelagia de un paso tan peligroso: lo que no se puede negar por poco que se examine, el modo de que muere porque en fin, ya se han visto muchas personas caer de muy alto, o no herirse sino ligeramente, o haber quedado un brazo roto, o un pie quebrado, y vivir todavía muchos años después. Pero Dios no permite que Pelagia conserve una vida que quiere ella perder: manda a su alma deje al punto su cuerpo, y contento con esta primera salida que acaba de hacer contra su enemigo, la retira del combate, y la corona, como si hubiese acabado de vencer. Porque no penséis que esta muerte sucede según el curso ordinario de la naturaleza: es un orden particular de Dios, que determina a su movimiento.

Por lo demás, se dejaba ver este cuerpo, no sobre una cama de respeto, sino sobre la desnuda tierra. Pero, ¿pero se ha de creer por eso, que hallándose en este estado, fue privado de los honores sepulcrales? No por cierto, la tierra misma que lo sostenía, tenía parte en ellos. Más digo: los mayores honores que se le hubieran podido hacer, no igualarían jamás al que recibía de estar tendido sobre el polvo por el nombre de Jesucristo. Lo que el mundo llama oprobio, lo que comúnmente pasa por una injuria entre los hombres, viene a ser el colmo de la gloria cuando se sufre por Jesucristo. Verdad es que el lugar en que estaba este sagrado cuerpo, no tenía cosa considerable en la apariencia; pero los ángeles lo guardaban, y el mismo Jesucristo estaba en él. Y si algunos amos agradecidos no se avergüenzan de asistir al entierro de algunos esclavos suyos, Jesucristo, el más agradecido de todos los Señores, y el más tierno de todos los Esposos, ¿rehusará honrar con su presencia las exequias de una Esposa, que acaba de dar la vida por él? Esta virgen no tiene más sepulcro que un poco de arena, que ni siquiera la cubre, pero su epitafio contiene la historia gloriosa de su muerte. Está vestida de una ropa más preciosa que la púrpura de los Reyes, en donde entre los lirios de la virginidad, brillan las rosas del martirio. Con estos ricos y majestuosos adornos se presentará ante el trono de Jesucristo.
Procuremos, hermanos míos, hacernos un vestido semejante durante nuestra vida, para ser adornados de él en nuestra muerte. El oro, y la seda, que cubren los cuerpos en este mundo, no adornarán el alma en el otro. Y aun me atrevo a asegurar, que todos esos soberbios adornos, que se ven en nuestros sepulcros, nos atraen menos la consideración de los hombres que sus sátiras. ‘Este Grande’ – dirán ellos – ‘lleva consigo su fausto, hasta más allá de la sepultura, y aun en los brazos de la muerte sacrifica al lujo, y a la vanidad’. ¿Queréis ser alabados cuando ya no existiereis? Haced de suerte que la virtud y la piedad os levanten un sepulcro. Decidme, ¿os detenéis en los de los Reyes por brillantes que sean en oro y piedras preciosas? No por cierto; pasáis adelante hasta llegar a postraros delante del sepulcro una simple doncella, en el que por todo adorno no halláis más que la virginidad, el martirio, y la fe".


Fuente:
-"Las Verdaderas actas de los Martires". Tomo III. Teodorico Ruinart. OSB. Madrid, 1776.


A 9 de junio además se celebra a
Santos Primo y Feliciano de Roma, mártires.
Beata Diana de Andallo, virgen dominica.

martes, 4 de abril de 2017

San Zósimo, carmelita.

San Zósimo, abad. 4, 9 y 30 de abril.

San Zósimo da la comunión
a la santa penitente.
La "vita" de San Zósimo se funde con la leyenda de Santa María la Egipcíaca (1, 2, 3, 4, 6, 9, y 15 de abril) y de tal modo que si bien la leyenda de la penitente se funda en un hecho de la vida de Zósimo, por otra parte él sería totalmente desconocido de no ser por la fama de ella.

La primera y más confiable fuente sobre Zósimo es una mención en la "vita" de San Ciriaco (29 de septiembre), escrita por Cirilo de Escitópolis. En esta se cuenta que un día, dos discípulos del santo, uno de ellos sería Zósimo, que se habían internado en lo profundo del desierto para hacer su tiempo de penitencia, vieron a un extraño ser con apariencia humana entre los espinos. Miraron, pero no estaba, e hicieron oración pensando que sería cosa del diablo. Más adelante hallaron una cueva y al intentar entrar vieron de nuevo al extraño ser que les alertó no se acercaran, pues era una mujer y estaba desnuda. Y así, de lejos, ella les confesó que su nombre era María, y había sido una gran pecadora que además había llevado a otros a pecar. Pero tocada por Cristo se había ido al desierto a expiar sus culpas. Los monjes la dejaron, y luego de la cuaresma volvieron al monasterio y contaron a Ciriaco lo ocurrido. Por Pascua fueron a visitarla y la hallaron muerta, y la sepultaron allí mismo con veneración.

Esta historia, escueta y sincera, menciona a nuestro Zósimo y a esa penitente desconocida llamada María, de la cual surgiría la leyenda que podéis leer en este link, muy posterior, de Santa María la Egipcíaca, que se hizo extremadamente famosa a partir del siglo IX, llegando al culmen de su fama en los siglos XII y XIII. Aunque fantasiosa, parte de un hecho real, el narrado anteriormente. Por su parte, la leyenda propia carmelitana hace santo eliano a Zósimo, como a todos los santos anacoretas del desierto.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 4 de abril además se celebra a






jueves, 15 de septiembre de 2016

San Rolando, del palacio a la ermita.

Pregunta: Naci el 19 de Oct y quiero saber quien es mi santo o santa. ¿Acaso es santa Rolanda, y quien es mi ángel protector? Espero tu respuesta Gracias. México.

Respuesta: Tu pregunta me invita a preguntarme si me preguntas "cual es tu santo" por el día de nacimiento, o por el nombre que llevas. Por eso, respondo ambas variantes.

San Rolando, eremita. 15 de septiembre.

Fue un joven ermitaño, de la noble familia de los Médici italianos. Vivió toda su vida en soledad y fue conocido en 1386, cuando la marquesa Antonia Pallavicini, que iba un día de caza por el bosque, lo encontró ya muy anciano y parecía más bien un cadáver, por tantas penitencias y austeridades en las que había vivido. El santo le contó que llevaba allí unos 25 años, vestido sólo con una túnica de piel de cabra, y alimentándose de las hierbas y frutos del campo. Le contó que permanecía varias horas inmóvil sobre un solo pie, con los brazos abiertos al cielo y mirando al sol, por mortificación (así se le representa muchas veces).

La marquesa, conmovida, intentó llevárselo a su castillo, a lo que Rolando se negó, pero aceptó recibir ateción espiritual del confesor de la marquesa. Sobre una camilla fue llevado a la iglesia más cercana, donde le atendió el sacerdote durante un mes. Allí, tendido sobre una estera humilde, continuó diciendo que había vivido toda su vida en silencio, oración y ayunos y que había huido de la compañía humana para no pecar. Contó que Dios le había regalado con éxtasis y visiones celestiales. Allí murió, declarando que veía a San Miguel Arcángel (29 de septiembre; 25 de abril, aparición en Roma, y en Tlaxcala; 6 de septiembre, aparición en Honaz; 19 de septiembre, aparición en Colosas, 8 de mayo,"in Monte Gargano"; 16 de octubre, aparición en Mont Saint-Michel), con muchos ángeles, que venía a buscarle para llevarlo al paraíso.


También se conoce a 
San Rolando, abad. 16 enero
San Rolando, obispo. 27 agosto.

También puedes celebrar Santa Rolendis (mal traducido Rolanda).


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Septiembre. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1863.


A 15 de septiembre además se celebra 
Nuestra Señora de los Dolores.
Santo Domingo "in Soriano".
Beato Camilo Constanzo y compañeros mártires

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...