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viernes, 13 de julio de 2018

La Traslación de Santa Teresa de Jesús.

La Traslación de Santa Teresa de Jesús. 13 de julio.


Muerte de la Santa Madre.

La Santa Madre Teresa de Jesús (15 de octubre, 13 de julio y 26 de agosto, la Trasverberación) entró al cielo el 4 de octubre de 1582, el mismo día en que sabemos entró en vigor la reforma del calendario, que se hizo eliminado algunos días sobrantes, por lo cual fue enterrada al día siguiente, ya 15 de octubre. Fue sepultada donde mismo falleció, en el convento de Alba de Tormes. Con vistas a que su cuerpo no fuera movido, se puso encima del féretro una gran cantidad de maderas y piedras. Sin embargo, antes de cumplirse un año de la sepultura, la santa fue desenterrada, comprobándose su incorrupción. El Siervo de Dios Jeronimo Gracián le cortó una mano para darla a las carmelitas de San José de Ávila, que nada de reliquias (corporales) de la santa tenían. Para él mismo se reservó el dedo meñique.

En 1585 los carmelitas sacaron el cuerpo de la santa a escondidas el 25 de noviembre de 1585, llevándolo a Ávila, pero dejando el brazo en Alba, para consuelo de las monjas. Sin embargo, al saberlo los Duques de Alba montaron en cólera y entablaron un pleito, que llegó ante el papa Sixto V, quien ordenó el cuerpo fuera devuelto a Alba de Tormes sin dilación ni apelaciones. Y así se hizo, se le volvió a enterrar.

Fue beatificada Santa Teresa el 24 de abril de 1614, con lo cual quedaba autorizado el culto público de sus reliquias. En 1615 siendo General Fr. José de Jesús María se procedió a la edificación de una capilla especial para contener el precioso tesoro del cuerpo de la santa, para el cual preparó un sepulcro de alabastro. La capilla se edificó con acceso desde la iglesia conventual y desde el coro de las monjas. El 13 de julio de 1616 se celebró con mucha solemnidad la traslación del cuerpo al nuevo sepulcro, con asistencia numerosas autoridades civiles y religiosas, y por supuesto, una muchedumbre de fieles. En 1670 se comenzó la ampliación de la iglesia, debido a la cantidad de peregrinos que visitaban a la Santa, ya canonizada desde 1622. Ese mismo año, del 13 al 15 de octubre, se hizo un reconocimiento de las reliquias, en presencia del rey Fernando VI. En 1680 se inauguraría la nueva y actual iglesia.


Sepulcro de Santa Teresa.
Como para prever la extracción de más reliquias, nueve llaves guardan el sepulcro de la Santa, aunque eso no ha implicado que otras reliquias suyas, siempre con la debida autorización hayan sido extraídas: El corazón en Alba, una mano en Lisboa, un dedo en París o un pie y parte de la mandíbula en Roma.

No querría terminar esta reseña sin hablar de un importante hecho relacionado con las reliquias de la santa: En 1914, con motivo de la celebración de los 300 años de la beatificación de la Santa se procedió una celebración de una solemne novena de la Trasverberación en Alba de Tormes y, providencialmente, se pudieron venerar públicamente y fotografiar las reliquias. Podéis leer en este artículo exhaustivamente sobre este suceso, pues solo lo reseñaré brevemente: He aquí que en medio del sermón, el P. Salvador de la Madre de Dios dijo que habían abierto en privado el sepulcro de la santa para reconocer y ver las reliquias. Esto produjo malestar entre los de Alba, pues les pareció se habría hecho en secreto e inmediatamente corrió el rumor en la ciudad de que los frailes querían llevarse a la santa y hubo un motín popular que solo se pudo aplacar luego de horas de exaltación. Para calmar a los devotos, se permitió la exposición y veneración pública de las reliquias, siendo que el permiso otorgado por el papa de abrir el sepulcro solo atañía al General de la Orden. De estos hechos dieron algunos testimonios los periódicos españoles:
"El escándalo duró bastante tiempo, hasta las once de la noche, en que los concejales, juez de Instrucción, párroco y otras personalidades, les hablaron y convencieron. Sin embargo, durante toda la noche no ha faltado público vigilando los conventos. Esta mañana se reprodujeron los sucesos de anoche y se ha formado una comisión compuesta de personas de prestigio de la localidad y pertenecientes a todas las clases para que, representando al pueblo y en unión de las autoridades y padres, busquen una solución al conflicto.
A la hora en que escribo, ocho de la noche, la población está tranquila; pues parece que aquellos señores que forman la comisión, como la generalidad de las personas sensatas, están convencidas de que tales rumores son inexactos, y han llegado a tomar ciertos acuerdos que se llevarán a efecto en breve, y con lo cual, el resto del pueblo quedará satisfecho viendo por sí mismo la inexactitud de todo cuanto se ha hablado en estos días, pues seguramente estos señores conseguirán autorización nuevamente para volver a abrir el sepulcro de la Santa. Si así ocurriera tendría al corriente de ello a los lectores.
(…) esta mañana, a las nueve, procedióse a la apertura de la urna que guarda las sagradas reliquias, ante los señores Delegado del padre general, padre Elías de San Ambrosio; padre Balbino del Carmen; padre Miguel de la Santa Familia, padre Salvador de la Madre de Dios, padre Lino de San José; párroco, señor Monzón; alcalde, don Alejandro Camino; juez de Instrucción, señor Hernández Carrascosa, y capitán de la guardia civil, señor Blanco.
Mano incorrupta de la Santa.
Las sagradas reliquias se expusieron a la veneración de los fieles, hasta las cuatro de la tarde, desfilando por la iglesia millares de personas, con gran devoción y recogimiento. Testigos presenciales afirman que los restos mortales de Santa Teresa hállanse en perfecto estado de conservación, y que la cabeza dejaba adivinar las facciones de la Santa, admirándose el pelo muy bien. El pie derecho parece de una persona muerta hace pocas horas.
El cuerpo santo hállase cubierto de un paño de brocado, blanco, cubierto de flores y encerrado en magnífica urna de plata repujada, revestida en su interior de terciopelo rojo. Al abrir el sepulcro que contiene las reliquias, hállase dentro de aquél un tubo de zinc que contenía los breves de beatficación y canonización de la Santa, otro del Papa Sixto V, mandando devolver a Alba de Tormes el cuerpo de Santa Teresa y un acta de la última vez que el sepulcro se abrió, en 1760, en presencia del Rey don Fernando VI". (El Adelanto. 29-08-1914)

La memoria de la Traslación de la Santa Madre se celebraba al menos en Alba y algunas iglesias de la Orden, aunque siempre como memoria. Curiosamente, se conserva en la comarca de Valle del Tiétar, donde celebran a Santa Teresa a 13 de julio.

Y además podéis leer de: 
De la Invención y Traslación de reliquias en la Iglesia.
La Invención de las reliquias de San Esteban.
La Invención de Santiago Apóstol.
La Traslación de Santiago Apóstol.
La Traslación de San Gregorio Nacianceno.
La Traslación de San Juan de Mata.
La Traslación de San Phantalo.
La Traslación de los Reyes Magos.
La Traslación de Santa Juana de Lestonnac.
La Traslación de Santo Tomás de Aquino.
La Traslación de Santa Isabel de Hungría.
La Traslación de Santo Domingo de Guzmán.
La Traslación de San Juan de la Cruz.
-"Hstoria del Carmen Descalzo". Tomo VII. P. SILVERIO DE SANTA TERESA. Burgos, 1937.
-https://www.entreeltormesybutarque.es

A 13 de julio además se celebra a:
Santa Sara,
abadesa carmelita.
Ss. Maura y Brígida,
vírgenes y mártires.
San Thuriau, obispo.
La Defensión de
Santa Trófima.
San Anacleto, papa.







lunes, 21 de mayo de 2018

La Traslación de San Juan de la Cruz.

La Traslación de San Juan de la Cruz, Padre Nuestro. 21 de mayo.


Muerte del Santo Padre.
Nuestro Padre murió en Úbeda, la noche del 13 al 14 de diciembre de 1591, luego de incontables dolores y desprecios de varios de sus hijos. Fue sepultado allí mismo, pero por poco tiempo. El Oídor del rey, Luis de Mercado y su hermana, Ana de Peñalosa (amiga y dirigida del santo) reclamaron el cuerpo para que fuera sepultado en Segovia, el convento edificado por el santo y donde el mismo santo había profetizado al ser trasladado, que Doña Ana "procuraría su regreso". El General, Nicolás Doria, había consentido y convenido con ellos que, donde quiera que muriese el santo, sería trasladado a Segovia.

En septiembre de 1592, con mucho sigilo (para que no lo supieran los frailes y el pueblo) el prior y dos frailes junto a Juan de Medina Ceballos, un alguacil comisionado por Luis de Mercado para el asunto, desenterraron al santo. El cuerpo se hallaba fresco aún, aunque casi hacía un año de su tránsito. Se constató que olía bien, emanaba algún tipo de óleo y que la llaga de su pierna manaba hilillos de agua sanguinolenta aún. Viendo que en este estado era imposible llevárselo ocultamente, pues no se atrevían a desmembrarlo, decidieron enterrarlo de nuevo, aunque poniéndole cal viva para que se consumiese pronto la carne y quedara el hueso pelado. Antes, y para consolar a Doña Ana con una reliquia, le arrancaron el dedo índice de la mano derecha al santo. Y he aquí que del corte manó sangre abundante, que fue recogida en paños.

Medio año esperaron para volver a desenterrar al santo para llevárselo a Segovia. En abril de 1593. Igualmente de noche y en secreto, el cuerpo volvió a ser desenterrado y he aquí que hallaron que la cal no había dañado nada al cuerpo del santo, que seguía emanando aquel óleo. Esta vez no decidieron enterrarlo, sino que Ceballos prefirió arriesgarse y cumplir su cometido. Primero le cortaton una mano y otros dedos al santo, para repartirlos como reliquias, y luego envolvieron al santo en lienzos y partieron rumbo a Segovia. Algunos testimonios dicen que fray Bartolomé dc San Basilio, religioso del convento, oyó en sueños que una voz le gritaba "Levántate y acude aprisa que se llevan el cuerpo del santo padre fray Juan". Despertó y corrió a la iglesia, donde el subprior no le dejó entrar, para que no viera lo que pasaba, pero que él sabía por revelación estaba pasando. Caso asombroso fue el de Clara de Benavides, otra conocida del santo, quien después de la muerte del santo, siempre se sentaba junto a la sepultura de este para oír misa. La primera vez que esta señora fue a la misa después que trasladaran de allí el cuerpo, sintió una soledad muy grande y tuvo la intuición de "Nos han quitado de aquí el santo cuerpo". Preguntó al suprior y este le dijo que no se había movido al santo pero tanto insistió ella, que el P. Fernando le reveló lo ocurrido y que las reliquias iban camino de Segovia.

El secreto traslado sucedió con algunos sucesos extraños, como el buen olor que despedía el cuerpo y que atraía a muchos curiosos, aún de lejos. En otra ocasión estaban descansando cuando vieron aparecer un extraño perro blanco, que les hacía gestos para que se fuesen del lugar donde estaban, como así hicieron enseguida, previendo algún peligro. La furtiva comitiva llegó a Madrid, donde por indicación de Ana de Peñalosa, se dirigió al convento de las carmelitas descalzas, al tiempo que mandaba decir al padre Blas de San Alberto, Definidor y Vicario General, que fuera al mismo convento. Así, Doña Ana, el Definidor y las reliquias del santo llegaron al mismo tiempo adonde las descalzas. Mandaron avisar a la priora, Ana de Jesús, la cual en su celda ya había sentido el olor de las reliquias del santo y ya iba a la portería sin necesidad de avisto alguno.


Reliquia del Santo.
Alba de Tormes.
Entraron el santo cuerpo a la clausura y lo descubrieron ante las monjas convocadas a ello. Todos veneraron el santo cuerpo, admirados de su incorrupción. Fray Blas, Don Luis y Doña Ana convinieron resarcir a Úbeda por el traslado y darles alguna reliquia, así que le cortaron el pie llagado y envuelto en ricas telas lo enviaron a Úbeda con el padre Francisco "el Indigno". De este pie sacaron dos huesos las monjas de Sabiote, donde descansó el buen padre antes de llegar a Úbeda. Otras reliquias se arrancaron en todo este trayecto, pero no me detengo en ello por no hacerlo tedioso.

Doña Ana cortó un brazo al santo para quedárselo ella, puso otro hábito al santo y lo mandó al convento de Segovia con el mismo sigilo que hasta ahora. Pronto se corrió el rumor en la ciudad de que las reliquias del santito fray Juan habían llegado a la ciudad, y muchos devotos aparecieron por el convento. Y fueron tantos que los frailes tuvieron que exponer el cuerpo sobre un altar improvisado. Fue necesario poner guardias para que los devotos no arrancaran trozos al santo mientras pasaban sus rosarios y estampas, objetos que quedaban impregnados del olor de las reliquias. Numerosos milagros se obraron en aquella espontánea sesion de devoción.

Entretanto se abrió un arco en la pared cerca del altar de Nuestra Señora, poniendo un tabique luego, para no dejarle expuesto, entretanto se decidía que hacer (hay que recordar que ni siquiera se había iniciado un proceso de canonización). Aun desde su humilde lugar "aquellos santos huecesicos habían de hacer milagros", como había profetizado Santa Teresa. Muchos devotos sanaron de sus males, sobre todo los aquejados de mal de articulaciones y rodillas. Se cuentan muchos portentos, que omito en aras de la brevedad. Y no solo allí, sino en Salamanca u otras ciudades, quienes invocaban al santo hallaban su remedio. 

Ante esto, en unos meses los frailes decidieron quitar el tabique de la pared y hacer algo más decente. Se hizo un arco de yesería y se adornó un poco. Cuando se hizo el arreglo se constató que la humedad del sitio había podrido el hábito del santo. Se aprovechó y se abrió al santo por el costado, viéndose todas las entrañas solidificadas y con color. No se vistió el cuerpo con otro hábito, sino que se le cubrió con un manto de seda de una imagen de la Virgen, volviéndose a poner el arca en el mismo sitio. En 1606 los religiosos estrenaron iglesia y en la capilla de la Virgen Doña Ana mandó poner un nicho decorado, y el 21 de mayo se trasladó solemnemente (esta vez sí) el cuerpo del santo a la iglesia, dentro de una bella arca, decorándose además la capilla.


Sepulcro del Santo. Segovia.
El santo padre fue beatificado el 25 de enero de 1675 por Clemente X y canonizado el 27 de diciembre de 1726 por Benedicto XIII, después de estupendos milagros. Su fiesta se fijó en principio a 14 de diciembre, pero en 1732, cuando se aprobó el Oficio Propio, se pasó al 24 de noviembre, para que no cayera ni el día ni la Octava en Adviento. Con la Reforma del Calendario de la Iglesia en 1969, volvió al 14 de diciembre, aunque en algún sitio aún mantienen la memoria del 24 de noviembre. En 1735 el papa autorizó la celebración de la Traslación. En 1738 extendió la fiesta litúrgica de San Juan de la Cruz a toda la Iglesia. El 24 de agosto de 1926, el Beato Pío XI proclama al santo Doctor de la Iglesia. En 1927 se aprobó el nuevo Oficio Propio, renovado posteriormente. Ese mismo año las reliquias del santo se trasladaron a la nueva arca de mármol y bronce donde aún hoy son veneradas. La Fiesta de la Traslación del Santo ya no es celebrada por los carmelitas, ni por la Iglesia de Segovia, que la suprimió de su calendario.


Fuentes:
-"Vida, Virtudes y Milagros del Santo Padre Fray Juan de la Cruz". FR. ALONSO DE LA MADRE DE DIOS.
-"Historia del Carmen Descalzo". FR. SILVERIO DE SANTA TERESA.


A 21 de mayo además se celebra a:


San Constantino I,
emperador.
Beata Richezza de Polonia,
reina y viuda.
San Eugenio de Mazenod,
obispo fundador.
















Y además podéis leer:

De la Invención y Traslación de reliquias en la Iglesia.
La Invención de las reliquias de San Esteban.
La Invención de Santiago Apóstol.
La Traslación de Santiago Apóstol.
La Traslación de San Gregorio Nacianceno.
La Traslación de San Phantalo.
La Traslación de los Reyes Magos.
La Traslación de Santa Juana de Lestonnac.
La Traslación de Santo Tomás de Aquino.
La Traslación de San Mateo Evangelista.
La Traslación de San Juan de Mata.
La Traslación de Santa Isabel de Hungría.

La Traslación de Santo Domingo de Guzmán.

jueves, 14 de diciembre de 2017

San Juan de la Cruz, Padre Nuestro.

San Juan de la Cruz, presbítero carmelita, Doctor de la Iglesia. 14 de diciembre, 24 de noviembre y 21 de mayo (traslación de las reliquias).

Infancia y familia.
En pleno siglo XVI, cuando España florecía en medio de su "Siglo de Oro", cuando la expedición europea se aventuraba cada vez más en el nuevo mundo, transformando para siempre la civilización americana y cuando la Iglesia se veía fuertemente confrontada por la reforma protestante que comenzaba a dejar su marca en varias naciones del viejo continente; en Fontiveros, de la provincia de Ávila (España), en 1542, nace en fecha desconocida, Juan de Yepes Álvarez, que luego sería inscrito en la historia como San Juan de la Cruz, del matrimonio de Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez. El matrimonio Yepes Álvarez, desde el comienzo muy desigual por la diferencia en clases sociales (él mercader noble y ella huérfana pobre) y afrontando las privaciones y críticas de sus familiares, logró concebir a tres niños, Francisco, nacido en 1530, Luis, que murió siendo aún niño y Juan, nuestro santo. 

En 1545, después de una larga enfermedad, moriría Don Gonzalo de Yepes, dejando a una viuda y tres niños huérfanos sin ningún tipo de sustento económico. Buscando el bien de sus hijos, Catalina acude a algunos parientes de su marido en Torrijos pero no es bien recibida. Pasa luego a Gálvez, a donde un tío médico que acogerá al mayor de sus hijos, Francisco, para darle educación, pero al enterarse Catalina que su hijo no estaba siendo educado, sino puesto a trabajar como sirviente decide llevárselo consigo. Al regresar a Fontiveros con sus hijos, les enseñó, además una piadosa educación cristiana con una fuerte identidad mariana, a tejer para que pudieran ganarse la vida.

De la infancia del Santo podemos resaltar el famoso "suceso de la laguna". Al parecer, cuando tenía cinco años, estando jugando con otros niños cayó en una especie de pantano del cual le era imposible salir. Mientras se sumergía y resurgía sin poder hacer gran cosa dijo haber visto a una hermosa señora tratando de ayudarlo a salir; él, al reconocer en esa señora a la Madre de Dios, sintió mucha vergüenza de tocarla con sus manos sucias y mojadas y esperó hasta que un labrador que pasaba por allí lo ayudo a salir. La anécdota se comenta como verídica al escucharla de los labios del santo mismo los frailes Martín de la Asunción y Luis de San Ángel. Ambos testigos durante su proceso de canonización.

Al morir su hermano Luis, Juan se traslada junto a su familia a Arévalo. Francisco, de 20 años, da por concluida su vida de fiestas y parranda al casarse con Ana Izquierdo, con quien tendría ocho hijos. Ana acompañaría a Catalina por el resto de su vida. El matrimonio de Francisco y Ana, junto a Catalina, se destacaría por un notable espíritu caritativo al ayudar constantemente a pobres y huérfanos que se encontraban por el camino. El pequeño Juan aprendería de ellos estas virtudes que pondría en práctica más adelante. En 1551, Catalina decide trasladar a toda la familia a Medina del Campo, ciudad grande y prospera, donde espera encontrar oportunidades más brillantes para Juan, que contaba con 9 años.

Ya en Medina Juan es inscrito en el colegio de los Doctrinos, donde junto a la enseñanza de la fe cristiana se le instruiría en otros oficios como carpintero, sastre, entallador, pintor. Además sirvió como monaguillo en la Iglesia de la Magdalena de las monjas Agustinas. También fue recadero en el Hospital de las Bubas, donde también sirvió como enfermero y limosnero (esto último porque el hospital atendía de manera gratuita a todos sus pacientes). En todos estos sitios Juan destaca rápidamente por su piedad y caridad solicita entre los enfermos. El administrador del Hospital, que en un primer momento le había ofrecido trabajar allí, al verlo tan amigo del trabajo y con aptitudes para el estudio lo manda al colegio de la Compañía de Jesús, donde recibiría su formación inicial entre los años de 1559 a 1563. Allí comenzó a aprender gramática, retorica, filosofía y lenguas como el latín y el griego. 

Primera misa del Santo Padre.
Juventud y Vida Religiosa.
Al concluir sus estudios con los Jesuitas decide ingresar a la vida religiosa. El administrador del hospital, Don Alonso Álvarez de Toledo le propone hacerse sacerdote para convertirse en el capellán de su hospital, pero él, movido por su profunda devoción mariana, decide ingresar a la Orden de la Virgen, los Carmelitas, que habían recientemente fundado un convento en Medina. Así, en 1563 y con veintiún años de edad, toma el hábito del Carmen adoptando el nombre de fray Juan de Santo Matía. Ya en su noviciado destacaba de manera particular por su perseverancia en la oración y el recogimiento. 

Un año después profesa entre los meses de mayo y diciembre, sin saberse la fecha exacta. Después de su profesión es enviado a la universidad de Salamanca para proseguir con sus estudios. El Santo deambularía por este claustro universitario de 1554 a 1568. De 1554 a 1567 se matricularía como artista y de 1567 a 1568 como presbítero y teólogo. Es ordenado sacerdote entre los meses de julio y septiembre de 1567, por el obispo Don Pedro González de Mendoza. En las semanas siguientes regresaría a Medina para cantar su primera misa y tomar unas vacaciones junto a su familia. En esta primera misa sucedió un milagro conocido como "la confirmación en Gracia", pues durante ella la Santísima Virgen le confirmó que nunca había cometido un pecado mortal y que jamás había perdido la Gracia bautismal.

Juan y Teresa.
Por aquel mismo entonces, y por coincidencia divina, se encontraba en Medina Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto, la Trasverberación), fundando el segundo monasterio de carmelitas reformadas. Entablando la Santa conversación con el prior de los carmelitas en Medina, el padre Antonio de Heredia, a quien ya le había propuesto ayudarla a comenzar la reforma entre los fraile, se entera la santa de fray Juan de Santo Matía, el joven sacerdote que por esos días estaba visitando a su madre y que pensaba ingresar a la Cartuja en búsqueda de mayor perfección espiritual.

Entre septiembre y octubre de 1567 Teresa y Juan se encuentran por primera vez en el locutorio del monasterio de las carmelitas descalzas de Medina. La Santa le propone de inmediato el olvidarse de la Cartuja y ayudarla, en cambio, en la reforma de los frailes, junto a fray Antonio de Heredia, cuando se pueda concretar un nuevo convento que pensaba fundar en un terreno prometido a ella en Duruelo. Fray Juan, entusiasmado, acepta de inmediato, pero acuerdan en comenzar la obra cuando él termine sus estudios universitarios y ella de por seguro el nuevo convento. Justo al terminar sus estudios el santo se traslada junto a la madre Teresa a Valladolid, donde es instruido por la misma santa en el espíritu de descalcez que ella quería para su obra fundacional. 

Dícese que la madre Teresa, que veía a fray Juan bajo de estatura (lo llamaba jocosamente "mi medio fraile") y joven de edad, pero no dudaba en nada de su santidad y camino de perfección espiritual. En este artículo "Juan de la Cruz, el fraile entero", podéis leer más ampliamente sobre este tema. 

Los Santos Padres ante Cristo.
El 28 de noviembre de 1568 se inaugura, en medio de mucha pobreza y devoción, el primer convento de descalzos en Duruelo. Sus tres primeros habitantes fueron fray José de Cristo, fray Antonio de Jesús (Heredia) y nuestro fray Juan de la Cruz, como de ahora en adelante se haría llamar. El ambiente de este primer convento de frailes carmelitas "contemplativos" (como fueron reconocidos al principio) era de profunda rigurosidad y penitencia. La misma Santa Teresa, junto a sus acompañantes, al visitarlos por primera vez al comienzo del adviento de 1568, se quedaría impresionada por la cantidad de cruces y calaveras que decoraban el lugar; aunque luego partiría de allí muy complacida al ver en estos primeros hijos un gran fervor en medio de la vida de estrechez que habían escogido.

En esta humildísima casa estuvieron durante un año y medio hasta que el 11 de junio de 1570 se trasladaron, con permiso del padre provincial, a una nueva casa en Mancera, más habitable y propia para establecer el primer noviciado de descalzos; noviciado que luego sería trasladado a Pastrana, donde se fundó el segundo convento de carmelitas reformados, y adonde el santo fue enviado como uno de los primeros formadores por un corto periodo de tiempo.

Formador de Descalzos y Descalzas.
En abril de 1571 el santo es enviado a Alcalá de Henares al ser nombrado primer rector del Colegio de San Cirilo, de reciente fundación. Esta fue la primera casa de estudios de los frailes "reformados". Al ver los ejemplos del padre Juan de la Cruz, muchos estudiantes se veían llamados a abrazar la nueva comunidad carmelitana. El santo solo pasaría allí un año, ya que en 1572 fue convocado con urgencia de nuevo en el convento de Pastrana, para ayudar con la formación de los novicios que estaban siendo sometidos a exageradas penitencias contrarias al espíritu de Santa Teresa. Cuando vio arregladas las cosas regresó a la rectoría en el Colegio de San Cirilo. No pararía mucho tiempo allí, ya que sería enviado como vicario y confesor al Monasterio de la Encarnación de Ávila, por petición de la misma Santa Teresa, que por el tiempo era priora de ese monasterio. Cada religiosa que él dirigió espiritualmente (tanto calzadas como descalzas) mientras estuvo en Ávila, quedaba muy edificada con los ejemplos y enseñanzas del santo. Allí permanecería, casi sin interrupciones hasta 1577. 

Preso y libre.
Para 1574 ya había varios conventos de Carmelitas descalzos repartidos por toda Andalucía, cada uno con numerosos frailes. La convivencia entre "calzados" y "descalzos" se empezó a hacer cada vez más difícil y los malentendidos estaban a la orden de día. En 1575 los calzados obtuvieron del Capítulo General de Piazenza (Italia), que los conventos de descalzos fundados en Andalucía sin permiso fueran cerrados y la madre Teresa de Jesús fuera recluida en alguno de los conventos que ella eligiera. Por su parte, el padre Juan, junto con uno de sus compañeros en Ávila, fue arrestado y aprisionado en Medina del Campo, aunque poco después fue liberado. 

Volviendo a 1577, al morir el nuncio Ormaneto, defensor de la causa de los descalzos y al sucederle un nuevo Nuncio favorable a los calzados, la obra Teresiana se encontró en su momento más crítico: En la noche del 3 al 4 de diciembre de ese año, fray Juan junto a su compañero fray Germán de San Matías, que se encontraban en una pequeña casa junto al monasterio de la Encarnación en Ávila, fueron detenidos por un grupo de frailes calzados y seglares armados para luego ser encerrados. Fray Germán fue conducido al convento de la Moraleja, entre Ávila y Medina, y fray Juan a Toledo.

Al llegar a Toledo, fue enviado a la prisión conventual, a una celda bastante estrecha y miserable donde la luz solo podía entrar por una pequeña ventana que estaba bien en lo alto. Casi todo el tiempo que permaneció allí (aproximadamente nueve meses) solo se le permitió cambiarse de hábito una vez, y su alimento era racionado. De los frailes que allí moraban solo recibía insultos y provocaciones, con excepción de algunos pocos que se conmovían al verlo tan delgado, sucio y con ropa en harapos. Aún rodeado de burlas y privaciones, su espíritu se mantiene sumergido en la presencia de Dios, de forma tan admirable que hasta los carceleros se ven edificados por su ejemplo. El santo, lleno de paciencia, y fortaleza, e inspirado por las luces y sombras en su alma, aprovecha la reclusión para escribir las primeras treinta y un estrofas del "Cántico Espiritual", algunos romances y el poema de "La Fonte". Luego cantaría sus versos para sí mismo, buscando consuelo.

En agosto de 1578, pide permiso al padre prior de Toledo para celebrar la misa en honor de la Virgen, a lo que el prior se niega, llevando al santo a tomar la decisión de escapar. Durante la octava de la Asunción, entre las dos y tres de la mañana, logra escapar descolgándose por el mirador del convento, creando una cuerda atando retazos de tela vieja. Al estar en libertad corre a pedir socorro al monasterio de las carmelitas descalzas de Toledo, allí las monjas lo acogerían con profunda compasión. Luego se refugiaría en la casa y hospital del canónigo Pedro Gonzales por espacio de dos meses.

El Santo ante el cuadro restaurado.
Fiel a la Santa prosigue su obra.
En 1578 la situación de los descalzos mejoraría un poco, y entonces arman un capitulo general en Almodóvar para definir mejor su situación, pero, sin permiso del provincial ni del nuncio, luego todos serian censurados y castigados con excomunión, entre ellos nuestro santo. Aun así, fray Juan, que estaba aún muy delicado de salud por su encierro en Toledo, es dispuesto como prior del convento del Calvario, ubicado a unos 5 kilómetros de Villanueva del arzobispo (provincia de Jaén). Allí permanecería hasta 1579. En junio de ese año se traslada a Baeza donde habría una nueva fundación, dejándolo a él como primer superior.

Finalmente en 1580, con fecha del 22 de junio, el papa Gregorio XIII autoriza la creación de una provincia independiente de frailes carmelitas descalzos, dando así por concluido al conflicto con los calzados. En aquel momento había ya 22 conventos con 300 frailes y 200 monjas. Por esas mismas épocas muere la madre del santo, Catalina Álvarez, y es sepultada en el convento de las carmelitas descalzas de Medina. Fray Juan se deja ver bastante entristecido por su partida. 

Entre el 3 y el 16 de marzo de 1581, fray Juan participa del capítulo de Alcalá, donde es elegido tercer Definidor Provincial. A su término regresa a Baeza, no sin antes ir a Ávila para tratar, con santa Teresa, la posible fundación de un convento de descalzas en Granada. Ella al verse ya comprometida con el padre Jerónimo Gracián, recién electo primer provincial de los carmelitas descalzos, envía como fundadora y primera priora del convento de Granada a Sor Ana de Jesús Lobera, una de las hijas espirituales predilectas del santo. Fue la última vez que se vieron en la tierra, y no fue un encuentro agradable.

Fundador y formador.
Fray Juan es elegido prior de la comunidad de descalzos de Granada en 1582, para luego ser ratificado en el cargo por el Capítulo Provincial de Almodóvar en 1583. Allí permanecería hasta 1585. Es durante su estancia en Granada que su obra literaria se vería más desarrollada. Allí terminó la Subida del Monte Carmelo (1578-1583), comenzada en el Calvario. Escribió la Noche oscura, Llama de amor viva y completó el Cántico espiritual en 1586. Desde 1585 hasta 1591 estaría continuamente trasladándose para acompañar las fundaciones de nuevos conventos de frailes y monjas y por obediencia al ser solicitado para distintos cargos dentro de la Orden como Vicario provincial de Andalucía en octubre de 1585 y Definidor y tercer Consiliario provincial en junio de 1588, en el mismo capítulo que le otorgo este cargo también sería elegido provincial el padre Nicolás Doria, con quien el santo tendría varias diferencias por las innovaciones que este nuevo provincial propondría.

En marzo de 1589 se traslada a Segovia, para asumir el cargo de prior de esa comunidad hasta junio de 1591, cuando renuncia a todos sus cargos. En la primavera de ese año invita al convento de Segovia a su hermano Francisco, al presentir que sería la última vez que se encontraran en vida (Francisco morirá algunos años después de su hermano, en 1607, y será sepultado en el convento de las carmelitas calzadas de Medina). 

Es en esta misma comunidad donde ocurre aquel encuentro milagroso entre fray Juan y una imagen del crucificado, que algunos describen como crucifijo pero que en realidad era un lienzo que aún se conserva en el convento de Segovia. Su hermano Francisco es el que escuchó la anécdota de boca del mismo santo. Él le confesó confidentemente que aquel Cristo le había hablado, preguntándole qué deseaba en pago por lo mucho que le había servido, a lo que el santo le respondió: "Señor, lo que quiero que me deis es trabajos que padecer por Vos y que sea yo menospreciado y tenido en poco". Y es que el santo, aún siendo poco amante de las devociones a bobas, gustaba de las buenas imágenes sagradas. En este artículo "Doctrina de San Juan de la Cruz sobre las imágenes", podéis profundizar más.

Muerte de N. P. San Juan de la Cruz.
En el Capítulo General de julio de 1591 se le comunica que fue escogido para que, junto a otros doce compañeros, fuera a Nueva España (actual México) como misionero para mantenerlo lejos de cualquier cargo de influencia. Esta fue una estrategia de Nicolás Doria, que quería cambiar el humanismo de la obra espiritual de la Santa, para reconducirla hacia una reforma al uso (penitencias, austeridades y muchas reglas y normas). Algunos religiosos le habían recomendado no asistir al capítulo excusándose por su mala salud, y así tal vez poder evitar el traslado, pero él dice que le daría gusto morir cumpliendo un acto de obediencia. 

Enfermedad y entrada en la Vida.
Pero la Providencia tendría planes diferentes para él, ya que nunca llegaría a embarcarse hacia el Nuevo Mundo. Unas fuertes calenturas empezaron a debilitarlo e incluso a afectar una de sus piernas, donde ya empezaba a crecer una profunda llaga. Le propusieron ir a Baeza, donde tenía varios conocidos, para ser tratado, pero él prefirió ir a Úbeda donde nadie lo conocía. Allí arribaría en el mes de septiembre junto a un hermano lego que lo acompañó. Al llegar al convento de Úbeda es recibido de muy mala gana por el prior de aquel lugar, fray Francisco Crisóstomo. Aun al verlo tan enfermo y débil, parece se oponía a darle los cuidados y bondades que cualquier enfermo merecía. La llaga en su pie, aunque era continuamente tratada, seguía creciendo e infectando más el pie del santo, obligando a su doctor a arrancarle pedazos de carne podrida. Todos los que le rodeaban en esos momentos aseguraban que todo esto, más que producirle gran dolor o pánico, suscitaba en él un gran gozo y paz al sentirse aún más unido al Señor Jesús en sus padecimientos.

Su postrera enfermedad la vivió con gran paciencia y humildad, agradeciendo cada pequeño acto de caridad que tenían con él, y aprovechando toda oportunidad para ofrecer sus dolores y unirlos a la cruz de Cristo. Por inspiración divina supo la fecha de su muerte anunciando que sería día de Nuestra Señora, o sea, sábado, cuando partiría al cielo. Su última semana la pasó preguntando constantemente que día era, hasta que el sábado musitó: "tengo de ir esta noche a cantar los maitines al cielo". Y así fue. Después de besar piadosamente el crucifijo que tenía entre sus manos, expiró su último aliento a comienzos del sábado 14 de diciembre de 1591. Tenía 49 años al fallecer.

Glorificación.
Desde el momento mismo de su fallecimiento fue tratado como santo por quienes le rodeaban, diciendo que incluso habían percibido un suavísimo aroma desprenderse del cuerpo, además de otros hechos milagrosos. Apenas unas horas después se empezó a distribuir sus pertenencias como reliquias entre los religiosos y seglares que los pedían por clemencia. Fue sepultado en la Iglesia del Carmen de Úbeda. Apenas un año después de su muerte, el cuerpo de fray Juan, que desde su muerte gozó de gran veneración, fue objeto de interés y se comenzó a pedir su traslado a Segovia. Pero en cuanto al tema de los traslados y disposición de sus reliquias ya se hablará en un futuro artículo.

Reliquias del Santo en Segovia.
Su proceso de beatificación y canonización se inició en 1627. Fray Juan de la Cruz fue beatificado el 25 de enero de 1675 por el papa Clemente X, en 1679 se le dedica la primera iglesia en Alba de Tormes. Es canonizado el 27 de diciembre de 1726 por el papa Benedicto XIII. En 1738 se extiende su fiesta litúrgica a toda la Iglesia el 24 de noviembre, hasta que en 1972, con el ajuste del santoral hecho por el Concilio Vaticano II, se trasladó su fiesta al 14 de diciembre, aunque algunos sitios donde se guarda su recuerdo aún celebran su memoria a 24 de noviembre. El 24 de agosto de 1926 es proclamado Doctor de la Iglesia universal por el papa Pío XI, dándole el título de "Doctor Mysticus", y el 21 de marzo de 1952 es proclamado patrono de los poetas españoles por el papa Pío XII.


Fuentes:
-"San Juan de la Cruz, el jilguero de Dios". P. ÁNGEL PEÑA O.A.R, Lima – Perú.
-"San Juan de la Cruz, Obras completas". Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2010.

Jhonatan Alarcón.

Muchas gracias le doy a Jhonatan por su artículo sobre el Santo Padre, el cual le pedí redactara, librándome de una ardua tarea. Espero no sea la última vez que nos escriba algo sobre nuestra amada espiritualidad carmelitana o nuestros santos.

Ramón.


A 14 de diciembre además se celebra a
San Espiridión de Tremithus, obispo carmelita.

miércoles, 7 de mayo de 2014

El Patrocinio de Nuestro Padre y Señor San José

De la escuela de Rubens,
Divus Ioseph Carmelus Patronum,
Flandes, S.XVII.
Col. British Museum.
Antiguamente, hoy III miércoles de Pascua se celebraba el patrocino de San José sobre el Carmelo Descalzo (La Orden del Carmen no tenía esta fiesta). Desde la Edad Media los carmelitas sintieron simpatía por la figura del padre putativo de Cristo en la tierra.

Las tradiciones de la Orden lo ponían como amigo de los hijos de Elías, según leyendas fundacionales, el "justo" de Nazaret acompañaba a Jesús y María en sus visitas a los eremitas del Carmelo, su figura se relacionaba con la de san Agabo, el carmelita constructor del primer santuario Mariano aún en vida de María, pretendiente de la Virgen y de la misma estirpe de San David. Los carmelitas pronto adoptaron la teología de Juan Gerson sobre San José profesado una devoción especial por su protector.


Teresa de Jesús sentía empatía por el "santo del silencio"; de acuerdo con la misma santa, el carpintero la había curado de su parálisis, por lo cual prometió ser gran difundidora de su culto. Cada año celebraba su fiesta con cantos, sermones y recreaciones especiales. Con la fundación del Carmelo Descalzo, Teresa colocó el primer convento bajo su patrocinio, como Dios le había indicado que tenía que hacerlo. Desde ese momento las fundaciones teresianas, en su mayoría se intitularon con el nombre del santo. Por su parte Juan de la Cruz narraba que de niño, había sido salvado por el patriarca de morir ahogado en un charco.


Los primeros descalzos como Jerónimo Gracián aprendieron de la fundadora la devoción al santo. Gracián escribió La Josefina, libro devoto que narraba la vida, y milagros de San José, le llamó a su libro con el mismo título de un escrito de Juan Gerson; además escribió otros tratados de la veneración por el santo. María de San José, hija predilecta de Teresa lo nombró patrono de la defensa de las Constituciones teresianas frente a la Consulta de Doria. En Nueva España, las monjas descalzas emularon a su madre espiritual llamando al primer convento carmelita de América en Puebla y el primero de la Ciudad de México con el mismo nombre de la fundación madre en Ávila. De acuerdo a sus crónicas el santo libraba de mosquitos, demonios, enfermedades a las monjas, además de proveer y proteger los "palomarcitos de la Virgen".


Al dividirse los teresianos en dos congregaciones: españoles e italianos, los primeros escogieron a José como titular de su observancia. Fue la congregación española la que pidió a Inocencio XI, les permitiera celebrar las grandes gracias que el glorioso patriarca había concedido a "la supuesta reforma", dicho pontífice les concedió el día 6 de abril del año 1682 que en la Dominica III de Pascua Florida pudiesen celebrar esta festividad, "dando á todos los cristianos el consuelo espiritual de enviar al Cielo sus votos, alegrándose del poderoso patrocinio que disfrutan en el santísimo y virginal Esposo de la Madre de Dios y Madre de los pecadores". Pronto la congregación italiana adoptó también la celebración.


En este día el provincial de San Alberto de Indias iniciaba oficialmente su trienio de gobierno. En el siglo XVIII la Congregación de Ritos pasó la fiesta del Domingo al miércoles (día que la liturgia romana ordinariamente dedica al santo). La fiesta dejó de ser exclusiva de los carmelitas descalzos y se extendió por toda la catolicidad que le nombró "Del Patrocinio". Con el Concilio Vaticano II, Pablo VI decidió suprimirla del calendario romano y teresiano para sólo observar la solemnidad del 19 de marzo y la fiesta del Obrero el 1 de mayo.


En México conservamos dos lienzos que representan el misterio del patrocinio, un fragmento que se conserva en la sacristía del Convento de Querétaro y uno de grandes proporciones que perteneció al Convento grande de San Sebastián, este fue donado por el prior del Consulado de México (comerciantes). San José sin el niño y ataviado de vestidura regia, extiende una larga cauda sobre la Orden, misma que sostienen angelitos volanderos, la capa cae del lado izquierdo sobre la madre fundadora y del derecho a su colaborador, detrás de ellos frailes y monjas en actitud orante y expectante.


El grabado que este año comparto perteneció a un misal de la Orden de la congregación italiana que se imprimió en Flandes, debajo del santo aparece el oracional de la misa, mientras que las esquinas superiores dos medallones sostenidos por angelitos representan el patrocinio del santo sobre San José de Ávila y el milagro de Juan de la Cruz niño.


 
Mario Sarmiento Zúñiga.
FFyL UNAM/ AHPCDM.


Gracias, Mario, amante del Carmelo, por este texto que me ha socorrido y enseñado un montón. Dios te lo pague.

Ramón. 

viernes, 14 de diciembre de 2012

De un santo que habla de santos

San Juan de la Cruz y
Cristo con la Cruz a cuestas.
Ya sea porque este es un blog sobre santos y el tema de las imágenes no se ha tocado en profundidad, porque hoy día 14 de diciembre se celebre a San Juan de la Cruz, Padre Nuestro, y él hable mejor que yo, o porque ando corto de tiempo; en lugar de hablar de un santo, dejaré que ese santo hable de santos, devoción e imágenes. Os transcribo y resumo unos capítulos de su obra "Subida al Monte Carmelo". En este libro, tratando aquello que si bien puede y sirve para acercarnos a Dios, la voluntad puede convertirlo en todo lo contrario, el santo dedica varios capítulos al tema de las imágenes. Ciertamente, vemos que no ha cambiado mucho la cosa desde el siglo XVI hasta hoy en día:

1. Devoción verdadera en el ornato y cuidado de las imágenes:
"Esto [el mal uso de las imágenes] se verá bien por el uso abominable que en estos nuestros tiempos usan algunas personas que, no teniendo ellas aborrecido el traje vano del mundo, adornan a las imágenes con el traje que la gente vana por tiempo va inventando para el cumplimiento de sus pasatiempos y vanidades, y del traje que en ellas es reprendido visten las imágenes, cosa que a ellas fue tan aborrecible, y lo es; procurando en esto el demonio y ellos en él canonizar sus vanidades, poniéndolas en los santos, no sin agraviarles mucho. Y de esta manera, la honesta y grave devoción del alma, que de sí echa y arroja toda vanidad y rastro de ella, ya se les queda en poco más que en ornato de muñecas, no sirviéndose algunos de las imágenes más que de unos ídolos en que tienen puesto su gozo". (1)
Contundente el santo. Lo más llamativo, y de gran actualidad, es como capta la psicología del "santero":  Este no se configura en sus gustos, aficiones y trajes con la vida del santo al que viste, sino que según su gusto y vanidad, adorna la imagen sin tener en cuenta lo que de verdad representa: algo para conducir a Dios, y no algo para que le alaben a él mismo por el arreglo. ¿Quien no ha visto en nuestros templos imágenes vestidas florclóricamente? ¿O vestidas de manera que el único criterio es el que se note que se ha donado algo a la imagen? ¿O cuantas imágenes no usan los colores apropiados, solo porque no se conocen o se prefieren otros, al uso ridículo del mundo? Sentencia, sabiamente el santo: son muñecas.

2. Necesidad real de las imágenes:

"La persona devota de veras en lo invisible principalmente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquéllas que más se conforman con lo divino que con lo humano, conformándolas a ellas y a sí en ellas con el traje del otro siglo y su condición, y no con éste, porque no solamente no le mueve el apetito la figura de este siglo, pero aun no se acuerda por ella de él, teniendo delante los ojos cosa que a él se parezca. Ni (en) esas de que usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se pena muy poco; porque la viva imagen busca dentro de sí, que es Cristo crucificado, en el cual antes gusta de que todo se lo quiten y que todo le falte. (...) Que, aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción (por lo cual se ha de escoger la que más mueve), pero no es perfección estar tan asida a ellas que con propiedad las posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca". (2)
Entiende el santo Padre que solo almas muy adentradas en Dios no necesitan nada material para su devoción. Él mismo, tan contemplativo, gustaba de adornar altares y consta que siempre se preocupó que las iglesitas de los monasterios donde fue prior, fueran limpias, sencillas y devotas. Conocido es el pasaje de aquel lienzo de Cristo con la cruz a cuestas que halló abandonado y sintió pena, no por ser imagen de gran valor, sino que daba devoción verla, y la mandó restaurar, consiguiendo del Señor la gracia de padecer y ser despreciado por causa del mismo Cristo. Por eso, aunque buenas, advierte que el que de veras quiera adentrarse en Dios, cada vez ha de ir necesitando menos signos visibles, como las imágenes. Según se llene el alma de Dios, se vacía de la necesidad de elementos externos que no llenan. Es una paradoja: A más lleno el corazón y la espiritualidad de signos e imágenes, aún piadosas, más vacíos están de Dios; y más vaciamiento de cosas, más lleno de Dios. Según vaya perdiendo la afición por las imágenes, pues nada de tristezas, sino desasimiento y buscar la única y viva imagen necesaria: Cristo dentro del alma.

3. Del sentido común y las imágenes:
"Mucho había de decir de la rudeza que muchas personas tienen acerca de las imágenes; porque llega la bobería a tanto, que algunas ponen más confianza en unas imágenes que en otras, entendiendo que les oirá Dios más por ésta que por aquélla, representando ambas una misma cosa, como dos de Cristo o dos de Nuestra Señora. Y esto es porque tiene más afición a la una hechura que a la otra, en lo cual va envuelta gran rudeza acerca del trato con Dios y culto y honra que se le debe, el cual sólo mira la fe y pureza de corazón del que ora. De manera que, como haya devoción y fe, cualquiera imagen bastará; mas si no la hay, ninguna bastará. Que harta viva imagen era nuestro Salvador en el mundo y, con todo, los que no tenían fe, aunque más andaban con él y veían sus obras maravillosas, no se aprovechaban. Y ésa era la causa por que en su tierra no hacía muchas virtudes, como dice el evangelista (Mt. 13, 58; Lc. 4, 24)." (3)
Una bofetada da el santo padre a aquellos que, hoy en día más tal vez, caen en boberías (lo dice él, no yo) como si San Judas con el palo a la derecha o a la izquierda, o si la escoba de San Martín tiene la pelusa hacia arriba o hacia abajo. O que esta imagen de San José es más milagrosa que aquella otra. Y esto lo vemos a diario, y no siempre en la gente con poca formación religiosa, sino en las iglesias, y fomentado por presbíteros o religiosos. ¿Cuál es la causa de creer en esto?, pues como dice el santo, la "rudeza" en el trato con Dios, que son la poca fe, la relación utilitaria y manipuladora con Dios y los santos. Además de la ignorancia intelectual sobre la fe católica y el recto uso de las imágenes, está ese vacío al que se aludía antes, al tratar de la necesidad de imágenes y signos: el vacío espiritual que se llena con realidades materiales que aluden y vislumbran lo verdaderamente espiritual, pero que se quedan cortas y como enseña el santo, aún estorban.

Todo lo expresado antes sobre las imágenes bien que podría decirse, con las salvedades necesarias, de las enseñanzas recibidas, los libros, la música, los cantos, las liturgias, las costumbres que relacionados con la religión se tienen. El espíritu, que legítimamente usa de medios para llegar a Dios, tiene que irlos poniendo en su sitio: medios, no fines. Y si no, que lo recalque nuestro Santo Padre:


"Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más mensajero
que no saben decirme lo que quiero". 





(1) Subida al Monte Carmelo. Libro Segundo, Canción Segunda. Capítulo 35, punto 4.
(2) Idem, punto 5.
(3) Idem. Capítulo 36, punto 3.
(4) Cántico Espiritual.

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