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jueves, 28 de septiembre de 2017

La Gracia basta, mas las obras colaboran.

San Fausto de Riez, abad y obispo. 28 de septiembre, 16 de enero y 20 de mayo (martirologio pseudojeronimiano).

Fausto nació en Armórica. De joven se dedicó al estudio, la oratoria y la filosofía. Sobre 402 Fausto tomó el hábito monástico en el célebre monasterio de Lérins, viviendo pobre y austeramente, dedicado al estudio y comprensión de las Escrituras y la Teología. En 433 fue elegido abad del monasterio. Fue un abad comprometido con la fe católica, celoso de la pureza de la doctrina. La época de Fausto está llena de definiciones y contrastes teológicos. Sobre todo los dogmas de la Trinidad y la Encarnación sufren ataques, purificaciones y clarificaciones. Es el momento en que se van definiendo, no su núcleo, sino la manera de explicarlos, presentarlos y sus implicaciones en la teología y la vida de la Iglesia. Sacudía la Iglesia una doctrina llamada "pelagianismo" que se enfrentaba a la corriente teológica de San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental).

La fe católica enseñaba como Verdad que Dios crea libremente y da libertad al hombre, y no puede "oprimirle" con una gracia que anule dicha voluntad, pues estaría destruyendo su propia obra, al eliminar el libre albedrío. Pero tampoco la voluntad del hombre puede por sí sola alcanzar la salvación, sin la gracia efectiva de Dios. Los pelagianos rompían este equilibrio entre la gracia de Dios y la voluntad humana, negando la prolongación del pecado original en la raza humana partiendo de Adán, único al que habría afectado este pecado. Por ende, el bautismo de infantes era innecesario. También propugnaba que la gracia era supletoria en la salvación, para la cual bastaba el conocimiento y el seguimiento de Cristo. San Agustín había refutado con amplitud y profundidad estos errores, demostrando que todas las acciones humanas dependen de Dios, que es el que otorga gratuitamente al hombre la salvación. En 418 había sido condenada esta herejía por el Concilio de Cartago, convocado por el papa San Zósimo (26 de diciembre). Esta condena fue luego refrendada por el Concilio de Éfeso, en 431.

Por su parte, el semipelagianismo, del que fueron partidarios San Juan Casiano (23 de julio y 29 de febrero, Iglesia Ortodoxa) y San Vicente de Lérins (24 de mayo y 1 de junio) consideraba que algunos movimientos de la voluntad humana preceden a la gracia. Según los semipelagianos, la fe no sería un don de Dios, sino que dependía de la voluntad humana, la cual con pretender hacer el bien, ya podía salvarse. El semipelagianismo admite la doctrina sobre el pecado original. San Agustín rebatiría esta corriente teológica con dos obras: "De la predestinación de los Santos" y "Del don de Ia perseverancia", reafirmando la doctrina católica sancionada por los dos concilios antes mencionados.

Fausto participó en un principio de esta corriente semiherética (recordad que no sería condenada hasta 529, en el Sínodo de Orange), incluso cuando el hereje Julián, pelagiano, fue desterrado encontró refugio en Lérins. Era una respuesta a la doctrina agustiniana, aún no desarrollada, de la predestinación. Una predestinación entendida incorrectamente corta las raíces de la moral cristiana y de las buenas obras, pues si estamos predestinados irremediablemente a la condenación o a la salvación, de nada valdría una buena moral. Si embargo, una vez esclarecida por la Iglesia la doctrina de la predestinación, dentro de la fe católica, Fausto y su monasterio adhirieron la doctrina de San Agustín como verdadera.

Sobre 452 Fausto fue elegido obispo de Riez, sucediendo a San Máximo (27 de noviembre), que también había sido abad de Lérins. Con ocasión de ello, Fausto dijo en un sermón: "Lerins ha dotado a la Iglesia de dos obispos sucesivos. Está orgulloso del primero mas se ruboriza por el segundo". San Sidonio Apolinar (21 de agosto) da testimonios también sobre la elocuencia de Fausto y su facilidad para la predicación.

Fausto fue consultado por el papa San Benedicto II (7 de mayo) acerca del asunto de la gracia y las obras. Él contestó: "Me pregunta (…) si el conocimiento de la Trinidad es suficiente para la salvación En las cosas divinas, respondo, no solo se exige la creencia, sino también el agradar a Dios. La fe desnuda sin méritos es vacía y vana". En 473 el tema de la fe y las obras saltó de nuevo a la lidia con la herejía predestinataria, cuyo mayor propagador fue Lucidio, un presbítero que llevó al extremo el asunto de la predestinación. Según esta herejía, algunos hombres estaban predestinados al pecado, y por eso pecaban inevitablemente; mientras que otros estaban predestinados a hacer el bien, y vivían vidas santas por necesidad inevitable. Por ello, no existía el mérito; la acción de Dios insuflaba a los hombres según la voluntad divina: a unos en la condenación, a otros en la justificación. Fausto le escribió una carta que condensa la fe católica de modo brillante. Algunas traducciones aparecen firmadas por más obispos en el marco del Sínodo de Arlés, en 475, pero probablemente estas firmas sean de apoyo, y no de realización de dicha carta que, correctamente, se atribuye a Fausto.

Dicha carta dice "pensamos que el que pierde su salvación por culpa suya, podría haber sido salvo por la ayuda de la gracia, si hubiera cooperado con ella; y, por otra parte, que el que, cooperando con la gracia, logra la salvación, podría, por negligencia o por su propia culpa, haber sido condenado. Excluimos toda soberbia, porque consideramos como un don lo que hemos recibido de la mano del Señor". Además, contiene estas proposiciones:

1. Anatema a aquellos que niegan, como Pelagio, el pecado original y la necesidad de la gracia.
2. Anatema a aquellos que sostienen que el cristiano bautizado que cae en pecado mortal lo hace a través de la inherencia del pecado original y no a través de la acción de su libre albedrío.
3. Anatema a aquellos que sostienen que el hombre está fatalmente condenado a la muerte espiritual en virtud de la voluntad predeterminada de Dios.
4. Anatema a aquellos que enseñan que los que están condenados no recibieron de Dios medios de salvación.
5. Anatema a los que declaran que una vaso de deshonor no puede elevarse para convertirse en vaso de honor.
6. Anatema a los que afirman que Cristo procuró la salvación de algunos y no de todos los hombres.

Lucidio suscribió la carta, comprendiendo el peligro de excomunión que cernía sobre él. Acató la fe católica sin fisura alguna y su herejía terminó. San Leoncio de Arlés (1 de diciembre) y los Padres Sinodales de Arlés pidieron a Fausto que escribiese una obra sobre la gracia y la predestinación, exponiendo la recta doctrina católica. Así, Fausto se puso manos a la obra y escribió "De gratia Dei" y "Humanae mentis libera arbitrio", dedicando ambas a Leoncio. Pero si bien las obras son una maravilla expositiva, yerran al culpar a San Agustín como la fuente de todas las herejías sobre la gracia, la predestinación y la libertad del hombre. Si bien es cierto que el predestinarianismo agustiniano está tocado por su maniqueísmo, las contribuciones de San Agustín a la fe católica son suficientes como para pasarle por alto esta "culpa".

Este ataque al gran Padre de la Iglesia hizo caer sobre Fausto la losa del tiempo y el olvido, pues su memoria no fue incluida en martirologio alguno, ni celebrada nunca, máxime cuando había acogido a un pelagiano desterrado. Durante siglos han sido muchos los detractores de Fausto, pero al purificar su memoria y escritos, puede verse la integridad católica de su doctrina.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo X. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 28 de septiembre además se celebra a
Santas Lioba y Tetta, abadesas.
San Simón de Rojas, presbítero trinitario.

sábado, 23 de julio de 2016

Hermanos de leche, fe y sangre.

Pregunta: ¿Qué santos son éstos? Estados Unidos.

Respuesta: Los santos de la imagen son tres hermanos mártires valencianos:

Imágenes veneradas en Alzira.
Santos Bernardo, monje; María y Gracia, vírgenes, mártires. 23 de julio (invención de las reliquias), 2 de septiembre (en Poblet).

Fueron estos tres hermanos naturales de Valencia, y nacieron en un sitio que ya no existe llamado Pintarrafes, que ya no existe como localidad, sino que Carlet ha ocupado esa zona. Hay que decir que sus nombre de nacimiento fueron Ahmed, Zaida y Zoraida, pues eran hijos del moro Almanzor, señor del lugar allá por el siglo XII, antes de la Reconquista. Además, tenían un hermano mayor también llamado Almanzor. Ambos hermanos varones se formaron en Valencia, donde aprendieron artes de guerra, letras y ciencias. Las hijas quedaron en casa. 

Ahmed llegó a ser contable del rey de Valencia, y además, este le encomendó varias legaciones importantes. En una de ellas le envió a Barcelona para tratar el asunto de canjear cristianos con moros presos. De regreso, pasando por Tarragona se perdió en el bosque junto a su criado. Como se hizo de noche, decidió descansar para hallar la salida al otro día. Estando dormido, soñó que oía unas voces que le parecían de otro mundo. Despertó y notó que aún oía las voces. Y es que estaban cerca del sagrado monasterio de Poblet, de donde venían aquellas voces, pues los monjes estaban cantando maitines. Despertó Ahmed a su criado y se acercaron al monasterio y pidieron entrar. Los monjes se sorprendieron de ver a los dos musulmanes tan sorprendidos a su vez. Preguntó Ahmed: "¿qué casa es esta, que gente sois, y qué manera de vivir tenéis?". Le respondieron los monjes: "Es este uno de los templos del Dios verdadero; del que todos nosotros somos servidores. Aquí solo nos ocupamos de darle gracias a todas horas por el beneficio de la creación y redención, y de habernos dado conocimiento de su santa ley; y en ella el estado de mayor perfección, como es el de monjes".

Más aún se interesó Ahmed sobre que el dios cristiano tuviera servidores que dedicaban su vida entera a alabarle, pidió conocerles más, y los monjes le permitieron quedarse unos días. Dejó Ahmed ir al criado, y le envió a Lérida, mandándole le esperase en casa de una tía suya. Mientras, se instruyó en la fe cristiana, se convirtió y pidió el bautismo. Una vez cristiano se llamó Bernardo, en honor al santo fundador del Císter. A los pocos días, además, pidió el hábito monástico para asegurar su salvación. Dudó el abad, pero al final consintió con el aplauso de la comunidad. Le encomendaron la portería, atendiendo a los peregrinos y pobres, donde dio grandes muestras de caridad, llegando incluso a multiplicar el pan que daba a los necesitados. Era penitente y pronto se adentró en la oración, y especialmente oraba y se disciplinaba por los infieles y rogaba por su conversión. Tanta fue la fama de santo del hermano portero, que pronto acudieron a Poblet muchísimos enfermos, a los que sanaba por milagro, especialmente a los niños. También cuando salía por su oficio de limosnero, le acercaban los niños para que los sanase, y lo mismo los tullidos, ciegos o mudos.

Curiosamente, las hermanas van de
cistercienses y el martirio ocurre
en un recinto cerrado.
Pasó el tiempo y quiso Bernardo ir a convertir a sus parientes, por lo pidió permiso al abad. Este se negó cuanto pudo, pero viendo que su deseo era una inspiración divina, le dejó marchar con tristeza. Partió Bernardo a Lérida, donde luego de luchas y oraciones, convirtió a su tía y la bautizó. La mujer donó todos sus bienes a los pobres y en adelante vivió pobremente, como una sencilla cristiana. Luego de esta victoria, se fue Bernardo a su casa, donde halló que su padre había muerto y su hermano Almanzor había heredado el gobierno de la familia y la región. Lo recibieron con alegría, pues pensaban venía huido del monasterio, para volver a la fe de Mahoma. Pero cuando comenzaron a hablar, vieron que era lo contrario, pues Bernardo tenía gran celo de Cristo. Pronto convirtió a sus hermanas, las que desde entonces se llamaron Gracia y María. Almanzor montó en cólera y le dijo a su hermano que se fuera a su monasterio, porque le quitaría la vida. Pero no contó Almanzor con la fe y arrojo de las hermanas, que también quisieron irse de allí, por miedo a verse presionadas a volver al islam. 

Huyeron los tres cristianos, y enterado Almanzor y algunos parientes, salieron en su busca. Permanecieron Bernardo, María y Gracia escondidos entre unos matojos a la altura de Alzira durante unos días. Al cabo, salió Bernardo al camino a buscar algo de comer para seguir camino hacia Poblet. Apenas atravesó el camino real, cuando fue descubierto por un piquete de soldados comandado por el mismo Almanzor, y no le alancearon porque Almanzor terció que si le entregaba a las hermanas, le dejaría irse. Respondió Bernardo: "Ya quisiera que hubieras recogido tú también, como ellas, el fruto de mi venida; mas pues no quieres que seamos hermanos en la fe, ten entendido que los tres estamos prontos a morir por esta". Almanzor le hizo atar y le mandó le guiase adonde estaban las hermanas, pero ellas salieron al camino y suplicaron a Almanzor tuviera piedad. Él las consoló con piadosas razones, y con tal inspiración, que también ellas se mostraron dispuestas a ofrecer sus vidas por Jesucristo. Los soldados ataron a Bernardo a un árbol y para martirizarle, le metieron un clavo de barco por la cabeza, y mientras invocaba el Nombre de Jesús y exhortaba a la conversión a sus asesinos, expiró. Almanzor hizo promesas y amenazas a Gracia y María, para que abandonasen aquella locura y volviesen a casa, pero ellas solo hablaban para animarse una a la otra a perseverar en la verdadera religión. Y como nada lograba, mandó a sus sicarios las despedazaran a cuchilladas. Ocurrió este martirio en 1180.

Azulejo conmemorativo. Alzira.
Los tres santos cuerpos fueron abandonados para que fueran comidos por los cuervos, pero algún desconocido les enterró. Aquí hay un paréntesis que arroja sombras y dudas, pues no sería hasta el tiempo de la reconquista del Beato Jaime I de Aragón (23 de julio), cuando las reliquias son halladas en 1242. El rey mandó fuesen colocadas en una ermita dedicada a su memoria en Alzira, dejando custodiándolas a un santo varón. Como la paz no era duradera, las reliquias fueron ocultadas de nuevo, y el sitio del enterramiento iba pasando de un ermitaño a otro. Pero esto duró demasiado como para no sospechar. No sería hasta el 23 de julio de 1599 cuando ocurriría la invención de las reliquias, con ocasión de que los frailes trinitarios anexan dicha ermita a un convento que construyen, y el último ermitaño revelase al provincial de la Orden que en dicho templo estaban las preciosas reliquias de los santos hermanos. Por orden de Felipe III, respondiendo a una petición de Poblet, las reliquias pasaron al monasterio de Poblet, donde llegaron a 2 de septiembre de 1603. Se entabló un largo litigio por dicha traslación y en 1610 se resolvió compartir las reliquias y que una parte regresase a Valencia, yendo una porción a Carlet y otra al Real Colegio del Corpus Christi de Valencia, por influencia del gran pastor de Valencia San Juan de Ribera (6 y 14 de enero), quien presidió esta ceremonia.

En 1643 la ciudad de Alzira los proclamó patronos suyos y en su iglesia parroquial de Santa Catalina mártir, tienen su altar y reliquias. En 1725 se compuso el Oficio Propio para toda la arquidiócesis de Valencia. Aunque la memoria era a 23 de julio, la Orden del Císter obtuvo como privilegio celebrarla a 1 de junio, pero ya no es obligatoria para toda la Orden.


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año: Abril. P JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1862.


A 23 de julio además se celebra
Nuestra Señora, la Madre de la Divina Gracia.
Traslación de los Reyes Magos a Colonia.
Beata Brígida de Holanda, terciaria dominica. 

domingo, 3 de junio de 2012

Trinidad Representada, Trinidad Contemplada

¡Así amó Dios al mundo!

Hoy, solemnidad de la Santísima Trinidad, quiero traeros un resumen de unos magníficos artículos de Miguel Ángel Aguilar Arreola, publicados en la Asociación Teresiana de la Nueva Débora, (y que he adaptado ligeramente a este formato) sobre este Gran Misterio de la fe, visto desde el punto de vista iconográfico:

Introducción:
Existe un arte trinitario casi desde el comienzo del cristianismo, arte sin lugar a dudas tremendamente complejo dadas las características del misterio trinitario. Porque, ¿Cómo poder representar a un tiempo y con la misma fuerza la unidad y la pluralidad? Si se quiere subrayar la unidad de las Tres Personas, se puede caer en un menoscabo de su pluralidad y si intentando hacer hincapié en su pluralidad se puede dejar de lado su unicidad. En definitiva ¿cómo poder pintar a un “Deus trinus et Unus”? del que mismo Dante afirmaba que “loco era aquel que espera que nuestra razón pueda recorrer el camino infinito que tiene una sustancia en tres personas”. Pese a estos problemas, los artistas intentarán plasmar el misterio y lo harán conforme a dos grandes modelos. Por un lado el modelo geométrico o abstracto (a base de símbolos), por otro el modelo antropomorfo (representando a personas).

Las representaciones de la trinidad son antiquísimas. El signo más antiguo que se remite a ella es el del triangulo equilátero, al que se le añadió el símbolo de los tres círculos concéntricos y el de los tres leones o águilas con una sola cabeza, así como el de las tres liebres metidas dentro de un círculo con solo tres orejas en total. También el trébol de tres hojas y la omega minúscula que hacen referencia al ritmo triple de la trinidad. Del mismo modo, en las cabeceras de las iglesias románicas, el hecho de que las naves, los ábsides y sus ventanas fueran comúnmente tres, se entendía como representación simbólica de la trinidad. Junto a los símbolos abstractos, hay una serie de representaciones de la trinidad extraordinariamente notables pues en contra de la tendencia de la teología occidental, subrayan, no la unidad, sino el carácter ternario de la Trinidad, su esencia de comunidad. A lo largo de estas publicaciones ilustraré esto con algunas representaciones trinitarias. Cada una saca a la luz, determinados aspectos del misterio trinitario

Trinidad de Limianos, Zamora.
I. Los idénticos:
Esta clase de representación trinitaria se encuentra aproximadamente a partir del siglo IX, como ejemplo está la imagen de la "Santissima Trinità" de Vallepietra, en la región italiana del Lazio. La representación trinitaria pertenece a la escuela romana de tendencia bizantina de principios del siglo XIII. Tiene su modelo en algunas miniaturas de la época, pero su ejecución – fresco de 2.10 x 1.60 metros sobre la piedra viva de una cueva - es absolutamente única. Esta obra fue encargada por los monjes fioriacenses, herederos de Joaquin de Fiore, quien había desarrollado una teología de la Trinidad que ponía en relieve la comunidad personal de las personas divinas.

Destacan tres rasgos esenciales de esta obra:
1. La Triada de las personas se hace notar mediante la representación de tres figuras iguales con forma humana: el único Dios en el que creen los cristianos, es una comunidad de personas. Esto queda señalado también por la leyenda del cuadro: "In Tribus his Dominum Personis Credimus". La representación de la Unidad de Dios pasa a segundo plano frente a la Triada, pero no esta completamente ausente, el marco ornamental del cuadro junta a los tres en unidad, y la misma igualdad de las figuras expresa su unidad.

2. Esta Triada de Dios es accesible al hombre sólo mediante revelación. Esto queda palmariamente indicado por el atributo más importante de cada una de las personas: El libro. El cual no solo representa  las Sagradas Escrituras, también habla de toda la obra de Dios: la Creación. En ambos medios de acceso también se da un proceso de comunicación con nosotros, no solo el Hijo se comunica, es todo Dios el que se nos muestra y habla.

3. El Dios tripersonal permanece en una trascendencia inaccesible. Esto es subrayado por el carácter sublime y hierático del fresco. Por sus dimensiones y el colorido sobre la oscuridad del fondo y ante todo la mirada firme de las tres personas hace sumir al peregrino en la profundidad del misterio y de su incomprensibilidad. 

Esta obra tiene el rasgo arcaico y fijo, pues en lo que atañe a la reciprocidad de las Tres Personas no encuentra representación alguna, queda poco clara la Trinidad como acontecimiento de relación. De esta representación no se puede sacar referencia de la viva pericoresis de la vida divina. Este es la principal limitante de este tipo de imágenes que en 1745 fueron prohibidas por el magisterio eclesiástico.

La Trinidad. Rublev
II. Los Huéspedes Divinos (Philoxenia)
Todos los Padres de la Iglesia, teólogos de la antigüedad y de la Edad Media, hasta Lutero inclusive, le reconocen un sentido más profundo a la perícopa de Gn. 18 ss. En la cual se habla primero de tres hombres que visitan a Abraham, pero luego se pasa a hablar de uno solo (pese al plural, es “El Señor”). Aún cuando se le han dado distintas interpretaciones existe la inclinación a darle un matiz teológico Trinitario que, aproximadamente a partir del S. XI, se impuso plenamente en la Iglesia oriental y, así, constituye la base del principal tipo de representación ortodoxa de la Trinidad.

Frente a la ausencia de relación que existe en la representación de Vallepietra que vimos el apartado anterior, la Trinidad se expresa en este caso principalmente como acontecimiento de relación. Las realizaciones mas antiguas que conocemos de este tipo son un mosaico de Santa María la Mayor de Roma (anterior al 304) y un fresco en las catacumbas de la Vía Latina (mediados del S. IV). Esta clase de representación alcanza su punto culminante en Occidente en los mosaicos de Ravenna y Monreale, así como en el oracional de Santa Hidelgarda (17 de septiembre). En el arte bizantino, sobre todo de origen ruso, la iconografía esta totalmente determinada por este tipo de imagen, cuyo punto culminante esta representado por el conocido icono de Rublev, el cual fue pintado en torno a 1410, para el monasterio de Sagorsk.

Aquí tenemos dos elementos fundamentales:
1. Si bien la unidad de Dios Trinitario y la igualdad de las Personas se expresa mediante un círculo que las encierra de manera imaginaria y también mediante las mismas vestiduras y el mismo signo de señorío: el cetro; aparece con mucho en primer plano la representación de la vida de la Trinidad como un acontecimiento de las relaciones reciprocas de tres personas diferentes: comunión. Comencemos con la figura que constituye el centro del cuadro: El Espíritu Santo, en cuanto “compendio de la Trinidad”. Cuando uno lo contempla (recomiendo ir fijándose en estos detalles mientras se lee), no puede quedarse en él, sino que se ve arrastrado a un movimiento: su cabeza inclinada y sus ojos vueltos totalmente hacia la figura de la izquierda: señala al Padre. Quien a su vez mira, aunque menos inclinado, a la figura de la derecha: el Hijo. Este, por su parte, dirige –con el mismo ritmo- su cabeza y sus ojos al Padre. 

Sea cual sea la Figura con la que el espectador decida iniciar, siempre se ve inmerso en un movimiento circular infinito que remite a las demás figuras. Así expresa el icono la vida pericorética del Dios comunional.

2. En medio de la vida interpersonal de la Trinidad está la entrega del hijo de Dios por nosotros: la mesa en la cual se agrupan los “tres huéspedes” es un altar sacrificial, claramente reconocible por el hueco de las reliquias. La mirada del Padre, así como el ademán de su mano derecha, aparecen como una orden inequívoca; su contenido queda claro con el gesto de la mano, pues señala el cáliz, en el cual el cordero sacrificado descansa y sobre el cual el ángel-Espíritu Santo realiza con la mano un movimiento de epíclesis consagratoria (como en la misa). El ángel-Hijo, tiene la mano puesta sobre el altar sacrificial en un ademán sumiso. Este gesto, unido a su inclinación de cabeza, expresa incondicional sentimiento y entrega, así como su disposición a despojarse de la divinidad por nosotros (Flp 2,6-11): El cetro del Hijo esta inclinado, igual que un bastón (el madero de la cruz), e incluso forma una X (una cruz o también la letra griega inicial de “Cristo”) con la línea marcada de la estola.

Así, la vida que late y circula de la Trinidad se mueve en torno a un centro marcado por el cáliz de la entrega de la vida. El trono de la Trinidad pasa en cierta medida sin ruptura al altar, donde el sacrificio de la redención se hace siempre presente en la Eucaristía. Todo esto queda subrayado en la situación de conversación que existe entre los personajes de la obra , algo así como una toma de decisión. parece tratarse del “designio de Dios” para el envío del redentor. El Padre dirige al Hijo la pregunta: “¿a quién enviaré? ¿quién irá por nosotros?" (Is. 6,8). El Espíritu Santo, por el contrario, esta por encima de la conversación, corrobora lo que sucede entre el Padre y el Hijo.

Cualquiera de las muchas interpretaciones que se le dan al icono implican la íntima vida Trinitaria y su implicación en la historia. Cabría imaginar que la representación “relacional” dada por el artista de la vida divina en comunidad seguiría siendo la misma aún sin el altar y el cáliz,  pero el hecho de representarlos de esta manera nos quiere mostrar que lo central de la vida Trinitaria es el acontecimiento de la redención, que encuentra su meta en la humanidad divinizada, en la humanidad huésped de la vida divina.

Sin embargo, y con todo su alto contenido teológico y contemplativo, esta clase de representación difícilmente nos puede mostrar el anonadamiento de Dios a la condición humana, pues se muestran figuras inafectadas, imasibles por el dramatismo del acontecimiento redentor del sufrimiento y de la cruz.

Sedes Gratia, Tonquedec, Francia.
III. La Sede de Gracia.
Es la creación gráfica más importante de Occidente. Aquí no se pretende subrayar la autonomía de las personas divinas si no su actuación en la obra salvífica. No solo hay unidad, Trinidad y vida comunicante, sino acción en favor de la Creación. Las representaciones mas antiguas de la "Sedes Gratia" se encuentran en el misal de Cambrai (hacia 1120), y en un altar portátil de Siegburg (1150). La denominación “sede de gracia” procede de Lutero, de una traducción de Hb. 9,5. La noción fue introducida en la historia del arte por Franz Xavier Kraus.Podemos encontrar algunas características que llaman inmediatamente la atención en este tipo de representaciones como en su variante: “la Piedad del Padre”.

1. La figura poderosísima del Padre domina la imagen. Esta representado como soberano que se sienta en el trono con la corona de rey o de papa. De su corazón o de su seno y, por tanto, de lo más intimo de si, proceden el Hijo y el Espíritu Santo, como paloma pronta al vuelo hacia nosotros. Al mismo tiempo, ambas figuras están caracterizadas como “las dos manos del padre” y en otras representaciones se trata de representar el origen del Espíritu desde el Padre y el Hijo.

2. El Dios que aquí se le representa es el Dios Trino que sufre por nosotros; no solo pende de la Cruz o esta ya bajado de ella el Hijo, quebrantado y sufriendo la muerte; también sufre con él el Padre con los ojos muy abiertos, como si Él mismo estuviera desconcertado ante lo que sucede. Pero el Espíritu representado, en vuelo da la esperanza de que se produzca el rescate del sufrimiento y del poder de la muerte.Esta representación guarda correspondencia  con la tendencia teológica actual que piensa en Dios como un Dios que sufre con su creación, resaltando el poder rescatador del Padre.

Trinidad "operante". Saint-Aignan, Francia.
V. La Trinidad Operante:
Le llamo así, al tipo de representación más conocida y que responde a la clásica división que hace el concilio de Trento, sobre las misiones de cada una de las Tres Personas con respecto a la humanidad: El Padre crea, el Hijo redime y el Espíritu Santo santifica. Es la representación Trinitaria que se puede ver en las iglesias o litografías populares en las casas. El Padre, siempre a la derecha del espectador, pues el Hijo está a la derecha de Aquel; y el Espíritu Santo, como paloma, en medio de rayos de gloria. Es habitual que bajo ellos, se vea el orbe, sobre nubes o sostenido por ángeles.

El Padre, indefectiblemente, aparecerá como un anciano, de larga barba blanca, cetro en la mano y el orbe en la otra (salvo que lo sostengan entre Padre e Hijo). Suele llevar tiara pontificia o corona imperial y aureola triangular. En ocasiones las vestiduras son pontificales y ricas. El Hijo suele ir cubierto solamente con un manto rojo (aunque puede tambien ir de pontifical), llevando la cruz y ostentando las llagas de la Pasión. A veces Padre e Hijo sostienen el orbe, o las Escrituras. El espíritu Santo, como ya indiqué aparece como paloma, mirando hacia abajo en medio de resplandores. Además de ser una cuestión armónica, indica la doble procedencia del Paráclito: "del Padre y del Hijo".

Y, por último, la más extraña de todas: 

El "cancerbero".
Cuenca de Campos, Valladolid.
Siglo XVI o XVII
IV. El Cancerbero católico.
La teología católica occidental, obsesionada con la unidad de Dios Trino, logró acuñar una iconografía un tanto extraña: la Trinidad Tricéfala. Si bien antes, las personas trinitarias eran figuras separadas y ligeramente distintas, y por muy unidos y semejantes que se pintasen, primaba más la diversidad que la unidad en los mismos. Por este motivo se crea esta figura, que representa a las Tres Personas con un mismo cuerpo dotado de tres cabezas, de tal forma que el tronco significase la unidad y las cabezas la diversidad de Dios. Este tipo de representación monstruosa (tal y como la misma Iglesia llegó a calificarla siglos después), conserva las variantes de una única cabeza dotada de tres rostros, como podemos ver en algunos medallones del siglo XV, o de cuerpos con tres cabezas como es el caso de la pintura en el fresco del refectorio de San Salvio de Florencia, realizado por Andrea Del Sarto.

Sobre el origen del modelo, existen dos hipótesis aún no demasiado asentadas, una es la de relacionarlo con las representaciones de Jano en la antigüedad clásica, en donde se le pintaba con dos rostros (uno que mira al pasado y otro al futuro) o tres (añadiendo el tiempo del presente). Otra es relacionarlo con algunas tradiciones célticas prerromanas y a sus representaciones tricéfalas de algunas de sus divinidades. No en vano este modelo nace en Francia y de ahí se expande a toda Europa. Este tipo nunca llegó a encajar perfectamente ni en la teología ni en la piedad popular, empezando a ser denunciado por teólogos como el carmelita Gerson o el dominico San Antonino de Florencia (10 de mayo) durante la Edad Media, hasta que en el Concilio de Trento fue condenado, entre otras razones para quitar motivo de escarnio a los protestantes quienes lo denominaban “el cancerbero católico” a tenor de su parecido con el perro guardián de las puertas del infierno, al que a veces se le dotaba en al antigüedad de dos rostros. 

En 1628 el Papa Urbano VIII (1623-1644) prohíbe formalmente el tema calificándolo de herético. Benedicto XIV, renueva la condena en la Bula “Sollicitudini nostrae”, en 1745: "Entre las [representaciones] prohibidas y que se han de condenar expone (…) la Trinidad tricéfala y toda suerte de seres monstruosos"

Y es que esta representación planteaba solo una fuerza "pedagógica" que dio muy pocos resultados. No contenía en ella ningún elemento que registrara la vida unitaria o comunitaria de la Trinidad, ni su actuación en el mundo, sino que confundía y reforzaba ideas de iletrados, a decir de Nuestra Madre, Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto):
"A las personas ignorantes parécenos que las Personas de laSantísima Trinidad todas tres están -como lo vemos pintado- en una Persona, a manera de cuando se pinta en un cuerpo tres rostros; y ansí nos espanta tanto, que parece cosa imposible y que no hay quien ose pensar en ello, porque el entendimiento se embaraza y teme no quede dudoso de esta verdad y quita una gran ganancia". (Relaciones 33, 2)

Y pues eso, gracias a Miguel Ángel y a P. Estecha, que me hace llegar alguna imagen del artículo.


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