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martes, 31 de enero de 2017

Vero, dominador árboles y fuentes.

San Vero de Leembek, confesor. 31 de enero.



No es mucho lo que se conoce de este santo más allá de la leyenda que rodeó su tumba, ya venerada en Leembek en el siglo X. Según esta, Vero era hijo de Luis II "el Germánico" (no aparece entre sus descendientes) y pariente de Carlos el Calvo, y su familia tenía grandes planes para con él, como casarlo con una princesa. Pero el joven, que quería dedicarse a Cristo, abandonó su casa en secreto. Cuando escapaba, le sorprendió su hermana Santa Verona (29 de agosto), a la cual contó sus planes de huir para siempre. La hermana lamentó no verle nunca más y Vero le profetizó que ya le vería después de muerto, y que los árboles le indicarían como llegar a él.

Errando como peregrino, llegó a Leembek, en la actual Bélgica, donde obtuvo empleo como hortelano y vivió toda una vida de caridad, penitencia, oración y trabajo. Varios milagros se cuentan sobre él, como sanar animales enfermos o endemoniados, multiplicar cosechas, ahuyentar aves voraces y plagas. Una fuente que se conserva junto a su iglesia se dice que brotó cuando Vero clavó su cayado en la tierra para hallar agua. Así, luego de una vida larga, falleció rodeado del cariño de la gente, que le tuvo por santo enseguida. Fue sepultado en la iglesia. 

Entretanto, una tormenta terrible tuvo lugar la noche de su muerte y al otro día su hermana vio como todos los árboles estaban torcidos en una misma dirección. Recordó la profecía de su hermano y se puso en camino siguiendo los árboles. Así llegó unos meses después a Brabante y desde aquí torció, siempre siguiendo los árboles hacia Leembek, en cuya iglesia parroquial encontró la sepultura de su hermano, muy querida por los lugareños. Pidió Verona ver el cuerpo de su hermano, abrieron la sepultura y le hallaron incorrupto y con un maravilloso olor a rosas. En el siglo XVI otra leyenda cuenta que, resentido el santo porque su devoción había ido a menos, se apareció a un sacerdote para amonestarle por ello. El presbítero entonces renovó el culto al santo y los milagros volvieron a florecer.

Se le invoca contra los males de cabeza y las fiebres.


Fuente:
-http://heiligen-3s.nl


A 31 de enero además se celebra a  
Santa Ulpia Cándida, virgen.
Santa Marcela, viuda y religiosa.

lunes, 30 de enero de 2017

Sebastián Valfré, predicador y apóstol.

Pregunta: Me gustaría recibir alguna info sobre el beato o santo Sebastián Valfré.

Respuesta: Gracias por preguntar, aquí te va:

Beato Sebastián Valfré, presbítero oratoriano. 30 de enero.

Sebastián nació en Verduno, el Piamonte, el 9 de marzo de 1629, y fue hijo de Juan Bautista Valfré y Argentina Mansona, cristianos piadosos. Fue un niño tranquilo y virtuoso, amante de la oración y los estudios. Se formó en Alba, donde nació en él la vocación al sacerdocio. Luego estudió en Bra, donde en 1633, con solo 14 años, recibió las órdenes menores, con beneplácito de sus padres.
Estudió la filosofía y la teología en Turín, donde fue la admiración de profesores y estudiantes por su aplicación, piedad y memoria para aprender. Así, en 1679, con 20 años recibió el subdiaconado de manos del arzobispo turinense, Julio César Bergera. El 26 de mayo de 1681, teniendo un futuro prometedor, Sebastián entró a la casa del Oratorio de San Felipe Neri (26 de mayo), para dedicarse a los pobres y a los jóvenes. En 1683 fue ordenado presbítero y cantó su primera misa en su natal Verduno. Sus superiores, viendo sus dotes para el estudio, le mandaron a doctorarse en teología en Turín, y aunque en principio se negó por humildad, pudo más la obediencia. Apenas terminó sus estudios se le nombró director de un grupo de seglares para darles formación cristiana, ejercitarles en la caridad y la piedad.

El ministerio del confesionario y las visitas a los enfermos y moribundos fueron el apostolado preferido del beato. Los penitentes iban a raudales hacia él en la iglesia del Oratorio, y además, asistía adonde se le pidiese confesiones, ejercicios espirituales, predicaciones, etc. Para ello le dio Dios el don de conciencias, para recordar a los penitentes aquello que olvidaban o callaban por vergüenza en una confesión. Era confesor justo y misericordioso, exigente con los pecadores, pero comprensivo como Cristo con ellos. También a más de uno profetizó algún suceso que le ocurriría si no dejaba tal o cual vicio o costumbre. Predicaba como había enseñado San Felipe Neri a sus clérigos: sencillez, Evangelio y Santos Padres. Predicaba para que los más sencillos le entendieran, con ejemplos y pocas palabras doctas. Y eso siempre, aunque predicara para sacerdotes, nobles o doctores. Predicaba siempre que podía, y ya fueran monjas, presos, colegios, palacios, campesinos, familia real, moribundos, lo hacía con sencillez, hablando constantemente de la misericordia y la justicia divina, del arrepentimiento y la conversión. Durante 40 años impartió el catecismo a los niños pobres, y jamás se excusó ni se quejó de aquellos niños ruidosos, poco educados y hambrientos. A todos los quería y a todos los esperaba con agrado, y para ellos escribió un catecismo. Se preocupó por la conversión de los judíos y los cismáticos, logrando la entrada de algunos a la Iglesia católica. Gracias a su tesón se creó en Roma la Pontificia Academia Eclesiástica para la formación de los prelados en diplomacia. Atendía a los mendigos, a los que junto a la limosna les daba algún consejo, alguna máxima evangélica, o algún ejercicio de piedad. Hasta en las calles llegó a improvisar sermones cuando se veía rodeado de pobres. Y no solo en las calles, sino en burdeles, a los que ningún sacerdote se acercaba, llegó a predicar a Cristo. Allí se presentaba de improviso, echando a los clientes y predicando a las mujeres que allí trabajaban. Las confesaba y a más de una sacó de aquella vida, ayudando a sostenerse con honestidad, alcanzando algunas el matrimonio. Más de 200 prostitutas conversas fueron salvadas de aquella vida, según consta en los procesos de canonización. 

Tenía largas horas de oración y celebraba la misa con tanta unción, que muchas veces derramaba lágrimas, pues este don tuvo también. Particularmente en los Oficios de Semana Santa se le veía celebrar con emoción y gran piedad. Era exactísimo celebrando la misa, no permitiendo ni un solo gesto fuera de la liturgia. Examinaba por sí mismo la limpieza de los altares y paños litúrgicos, para que estuvieran perfectos. Fue, por supuesto, devotísimo de Nuestra Señora, a la que reconocía por Madre y Fundadora del Oratorio. A todos recomendaba su devoción y la invocación de su Dulce Nombre. Igualmente fue devoto de su padre San Felipe, San Sebastián (20 de enero), San Francisco de Sales (24 de enero) San Carlos Borromeo (4 de noviembre), de su Ángel de la Guarda (2 de octubre) y de las ánimas del purgatorio. Por su humildad padeció mucho cuando el rey de Cerdeña, Víctor Amadeo II, le eligió como confesor, y más aún cuando el mismo monarca pretendió hacerle arzobispo de Turín. A lo primero asintió por obediencia, pero a lo segundo se resistió hasta llorar, por lo que el rey los superiores desistieron de tal cosa. Y aún muchas veces pidió dejar de ser el confesor real porque le parecía incorrecto recibir salario por ello, aun cuando lo daba íntegramente a los pobres. Esta humildad y su piedad eran fruto sobre todo de cómo dominaba sus pasiones y se disciplinaba. Desde ordenarse usó un cilicio que jamás se quitó, y no faltó nunca a disciplinarse diariamente. 

Sebastián Valfré cose la Síndone junto
a los reyes Victor Amadeo II y Ana.
Viviendo en Turín, es normal que el santo conociera y amara a la Santa Síndone. Sobre ella escribió una "Disertación Histórica" en 1693 para las hijas de Víctor Amadeo II, en la que dice: "[es] Reina de las Imágenes que se encuentran en el mundo, impresa con colores de Sangre del Cuerpo de nuestro amabilísimo Redentor en la Santísima Sábana (…) puede dar algún impulso a una mayor devoción (…) para llegar allá arriba en el cielo a ver la original y el autor". A su persistencia se debió la culminación de una capilla propia para la reliquia. Entre 1661 y 1702 se hicieron varias ostensiones y veneraciones públicas en las que siempre estuvo Valfré como testigo, predicador y confesor de los peregrinos. Incluso en 1694 él mismo realizó algunas reparaciones sobre las que ya habían realizado las clarisas. Lágrimas de devoción cayeron en la reliquia, haciéndola aún más sagrada, si es posible. 

Fue amigo de la carmelita Beata María de los Ángeles (16 de diciembre), a la que ayudó a fundar el monasterio de Moncalien, cuya iglesia bendijo en 1703 y luego celebró la misa.

Así, luego de una vida desbordada de celo apostólico, Sebastián entró al cielo el 30 de enero de 1710, a sus 80 años, como había predicho meses antes. Numerosos milagros ocurrieron posteriormente por su intercesión, por lo cual Gregorio XVI le beatificó el 15 de julio de 1834.


Fuentes:
-"Vida del Beato Sebastián Valfré, de la Congregación del Oratorio". México, 1865.
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año. Enero". RP. Jean Croisset. S.I. Madrid, 1862.
-https://sjsm.wordpress.com/2010/03/26/onda-26-el-beato-sebastian-valfre-y-la-sabana-santa/


A 30 de enero además se celebra a  

Santa Martina de Roma, virgen y mártir.
Santa Haberilla de Mehrerau, virgen.

domingo, 29 de enero de 2017

Santa Radegundis, reclusa.

Santa Radegundis de Trebiño, virgen premonstratense. 29 de enero.

Làpida recordatorio.
San Pablo de Sordillos.
Fue Radegundis hija de nobles franceses, trasladados a Burgos. Su familia fue una de las benefactoras de la Orden Premonstratense cuando esta llegó a España al poco tiempo de su fundación por obra de San Norberto de Xanten (6 de junio). Sus padres socorrían frecuentemente al monasterio de San Pablo de Villamayor, Burgos, por lo que la niña era muy conocida de las canonesas, que estimaban sus virtudes y piedad.

Cuando Radegundis llegó a la juventud ya tenía su vocación religiosa hacia la Orden premonstratense, pero antes de tomar el hábito decidió hacer una peregrinación a Roma, donde veneró los sepulcros de San Pedro y San Pablo y los de otros santos mártires. Una vez que volvió a su tierra, entró a dicho monasterio, con alegría de las religiosas y de sus padres. Como dote llevó preciadas reliquias que había obtenido del papa en Roma. En el monasterio pronto fue una religiosa entre las más perfectas. Obedecía siempre, no faltaba a la regla y su caridad y alegría para con las Hermanas era proverbial. Este monasterio era pobrísimo, por lo cual, sobre 1130 hubo de fusionarse con el también premonstratense monasterio de San Miguel de Trebiño. Allí Radegundis tomó la resolución de vivir como reclusa en una celdilla anexa a la iglesia, desde la cual seguir la celebración de la Eucaristía. Otras tradiciones dicen que fue en el cercano monasterio de San Pablo de Sordillos, pero las fechas no coinciden, pues este recinto fue fundado después. 

Oración, penitencia, trabajo y lectura fueron su vida desde entonces, y la leyenda cuenta que tuvo grandes favores de Dios y consuelos en la oración. El demonio la tentaba contra la humildad y la pureza, pero entregándose a Jesucristo una y otra vez, Radegundis salió victoriosa siempre. No consta a que edad murió, pero fue el 29 de enero del año 1152, teniendo la Orden 33 años de fundada, por lo que al menos tenía Radegundis unos 40 años. Fue sepultada en la iglesia de San Miguel, bajo el altar mayor junto a la jarra donde bebía y un salero. Allí se le veneró hasta que fue trasladada a un arca que se convirtió en pedestal de Santa Paulina (segundo domingo de julio) donde durante siglos se mantuvo su devoción. 

Fuentes:
-"Año cristiano o Exercicios devotos para todos los días del año. Enero". RP. Jean Croisset. S.I. Madrid, 1862.
-http://www.sandovaldelareina.com/castellano/alrededores/sordillos/sordillos.html#Monasterio_Premonstratense


A 29 de enero además se celebra a la  
Beata Arcángela Guirlani, carmelita.
Santa Trifina de Bretaña, madre y cefalófora

sábado, 28 de enero de 2017

La Traslación de Santo Tomás de Aquino.

La Traslación de Santo Tomás de Aquino. 28 de enero.

Trozo del cráneo del santo.
A 28 de enero celebra toda la Iglesia la fiesta de uno de sus más eximios doctores: Tomás de Aquino, dominico. Pero pocos saben que en origen este día se celebraba la Traslación de sus reliquias, pues su memoria litúrgica era a 7 de marzo, día de su tránsito al cielo. Con la reforma litúrgica de 1969, la memoria del santo se quitó de su día para aliviar la Cuaresma (un criterio muy discutible, pues la consideración de los santos no quita nada a la contemplación de los Misterios de Cristo. Todo es un mismo misterio salvífico). Así, la memoria de Santo Tomás pasó al día 28 de enero, relegando la memoria de la Traslación, que hoy traigo:

Muerte, funerales y trasiego de reliquias.
Santo Tomás murió en la abadía cisterciense de Fossanova, a las primeras horas del día 7 de marzo de 1274, teniendo entre 47 y 50 años de edad. Los días previos a su muerte, según los procesos de canonización, se vio una luz permanente sobre el monasterio, que expiró al mismo tiempo que el santo. También nos dicen que un monje vio subir al cielo su alma en forma de estrella, como se lee de San Sadoc (2 de junio), Santa Beatriz de Silva (18 de agosto), Santa Eusebia (23 de enero) y otros santos. Los monjes del Císter, teniendo presentes a que gran personaje tenían entre ellos, hicieron honras fúnebres solemnísimas, hasta donde llegaba la austeridad del Císter. Estuvieron presentes en los funerales parientes y amigos del santo, dignatarios de la Iglesia y del mundo y mucho pueblo llano, que fue el más favorecido con los milagros que ocurrieron. Entre ellos la curación de ceguera de Juan, un fraile dominico que tocó los ojos de Tomás y luego los suyos, quedando sano. Y muchos otros se cuentan, según tocaban el cuerpo del santo o se llevaban parte de sus hábitos o pelos.

Finalmente fue sepultado el santo en la abadía. Los prodigios no cesaron y los devotos acudían en masa a la sepultura de Santo Tomás. El constante celo de los dominicos por poseer las reliquias de su santo doctor, movieron a que Santiago de Florencia, abad de Fossannova, temiendo que los señores de Aquino les quitaran las reliquias de Tomás, trasladara en secreto las reliquias desde la iglesia a la primera capilla del claustro, la de San Esteban, dentro del recinto monástico. Pero poco después, temiendo haber ofendido a Dios y viendo que el pueblo seguía teniendo devoción por la tumba vacía de la iglesia, a los seis meses decidió trasladar el cuerpo de nuevo a la Iglesia, a su primer sepulcro. Guillermo de Tocco dice que fue el mismo Tomás de Aquino quien aparecería al abad para regañarle y obligarle a restituir sus reliquias a su lugar de origen. Además, añade que al abrir el sepulcro se expandió un olor suavísimo por todo el monasterio, que despertó a los monjes y les hizo buscarlo, hallando al abad y a algunos monjes en el acto de la traslación. Comprobaron todos la flexibilidad del cuerpo, lo veneraron y lo que iba a ser una traslación oculta, fue un acto litúrgico de los monjes. Cantaron la misa de confesores, pues en opinión de santo le tenían.

Muchos milagros se narra que ocurrieron, que por brevedad no narraré. Aquí. Ciegos, tullidos, mudos, paralíticos hallaron la curación al venerar las reliquias del santo. Ya fuera a su vera, o de lejos, venerando reliquias extraídas durante los funerales o la primera traslación, como tierra del sepulcro. Por ello, en 1282, el abad Pedro Dumont de San Juan hizo un reconocimiento de las reliquias, hallándose el cuerpo incorrupto del santo y comprobándose el mismo olor. En 1289 volvió a abrir el sepulcro el mismo abad, verificándose la incorrupción. En esta ocasión le fue cortada la mano derecha, a petición de Teodora, hermana del santo, que la colocó en un bello relicario en la capilla de su palacio. Luego de su muerte esta mano iría a los dominicos de Salerno. Se dice que un canónigo al enseñársele tal mano, no hizo aprecio de ella, considerando que Tomás había sido "solo un buen hombre, pero no tan santo". Enseguida se le hinchó la cabeza y le acometió un terrible dolor, y no sanó sino cuando se arrepintió de sus palabras.

Un santo hervido.
El papa Beato Inocencio V (22 de junio), dominico, expidió un Breve para que el cuerpo de Tomás de Aquino fuera entregado a los dominicos. Entonces los cistercienses exhumaron el cuerpo y le cortaron la cabeza, para al menos luchar por quedarse con ella (luego la esconderían en el palacio condal de Piperno). Pero este Breve no se hizo efectivo. En 1303 subió al trono de San Pedro el también dominico Beato Benedicto XI (7 de julio). Los cistercienses de Fossanova, temiendo que este papa sí que les quitara las reliquias del santo, en 1304 sacaron el cuerpo incorrupto de la tumba y para poder esconderlo mejor entre sus reliquias, hirvieron el cuerpo, cociéndolo y separando los huesos de la carne y la piel. Colocaron el pellejo y la carne cocida en una caja y sobre aquella los huesos limpios. Podría parecer algo salvaje, pero no fue el único caso: el cuerpo de San Luis de Francia (25 de agosto) igualmente fue sometido a este proceso en Túnez para poder llevar sus huesos a Francia. En el siglo XIV este método se prohibió por ser un proceso irrespetuoso con los cuerpos de los difuntos.

Canonización, peleas y autoridad papal.
Sin embargo, no hubo cambios, pues las reliquias continuaron en Fossanova. En 1318, a los 45 años de la muerte del Doctor Angélico se inició su proceso de canonización. Prelados y reyes pidieron la canonización de Tomás de Aquino y luego de un proceso breve, pues nadie dudaba de la santidad de Tomás y menos aún de su preclara doctrina, el siervo de Dios fue canonizado el 17 de julio de 1323 por el papa Juan XXII. Pero no volvió a tocarse el tema del traslado de las reliquias hasta 26 años más tarde, cuando los dominicos las volvieron a reclamar con firmeza. Los monjes de Fossanova las entregaron al Conde de Fondy, temiendo las sacaran del monasterio por orden del rey de Sicilia, que las quería para sí y para contentar a los dominicos de su territorio, sus protegidos. 

Pero el rey de Nápoles aprovechó la ocasión para pedir las reliquias, ya que ese reino había sido la patria de Tomás de Aquino, y siendo el mismo rey pariente lejano de la familia Aquino. El abad de Fossanova, viendo que la traslación oculta que había hecho ya no era tan oculta, reclamó las reliquias al Conde de Fondy, que juzgando tenía en sus manos un tesoro que podía usar con diplomacia y sacar beneficio, se negó a devolverlas. Pero he aquí que un día en que se hallaba de caza su caballo lo lanzó al suelo y le hirió de muerte. Prometió la condesa, su hermana, que devolvería las reliquias si Santo Tomás sanaba a su hermano. Y ocurrió la curación, con lo cual las reliquias volvieron a Fossanova, siendo encerradas en una torre, sin que casi nadie lo supiera.

Sin embargo, el Conde, poco tiempo después, al menos antes de 1368, al parecer presionado por los dominicos, tomó posesión por la fuerza de las reliquias, entregándolas secretamente a estos. El 15 de febrero de dicho año, los dominicos hicieron público que finalmente poseían las reliquias de Santo Tomás de Aquino. Los monjes de Fossanova se sintieron traicionados, se quejaron al papa Beato Urbano V (19 de diciembre) de que los dominicos les habían robado las reliquias. El papa, benedictino por más señas, sentenció a favor de los cistercienses, llamando sacrílegos a los dominicos. El Maestro General de la Orden dominica, Elias Raimundo de Tolosa movió sus hilos y algunos nobles y cardenales intercedieron por su causa ante el papa, que no oía razones y llegó a amenazar con la excomunión a dicho General. El cardenal Rogero de Beaufort, que sería el futuro Gregorio XI, llevó el caso y dictaminó que las reliquias volvieran a Fossanova. Pero el General, en una audaz maniobra, logró una entrevista con Urbano V, que le recibió y aceptó su homenaje y obediencia. Oídas las razones del dominico, el papa le preguntó por sorpresa "¿Dónde quiere Vtra. Reverencia estén las reliquias del santo?" A lo que el dominico respondió "Donde Vtra. Santidad quiera", quedando el papa agradecido de aquellas palabras. 

El jueves de Corpus el papa celebró la solemnidad en Viterbo y luego concedió una audiencia al Maestro General, que le suplicó: "Santísimo Padre, por una orden expresa del Papa Urbano IV, uno de vuestros predecesores, compuso Santo Tomás de Aquino el Oficio y la Misa del Santísimo Sacramento que usa hoy toda la Iglesia; pues a vuestra Santidad lleva el mismo nombre, y que está revestido de la misma autoridad, le suplico muy humildemente en nombre de toda mi Orden, que tenga la bondad de concedernos las reliquias de este Santo Doctor, en agradecimiento de los grandes servicios que esta ha hecho a la Iglesia, cuya cabeza es vuestra Santidad". Urbano V hizo silencio, llamó en secreto a los cardenales que le acompañaban y dijo al General dominico: "Con autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles San Pedro y San Pablo, y con la nuestra, Nos, concedemos para siempre a vos y a vuestra Orden el cuerpo de Santo Tomás". Y además, mandó que el General las llevara a París o Tolosa, considerando que el santo había sido apóstol de Francia y que Italia ya tenía las reliquias de Santo Domingo. Y aún más, la cabeza debía acompañar el cuerpo adonde este fuese llevado.

Tumba del santo en Tolosa.
El abad de Lordat fue comisionado por el papa para arreglar el asunto con el abad de Fossanova, el cual mandó traer la cabeza desde Piperno, donde se hallaba en un bello relicario. Con ella partió hacia Fondy, donde se hallaba la caja con los huesos, llevada por los dominicos. Pusto todo junto, las reliquias partieron procesionalmente. El 3 de agosto fueron veneradas en Montefalco, donde el día 4 fueron entregadas al General de la Orden dominica. En esta ciudad permanecieron todo el verano y fueron veneradas por todos. Entretanto el abad de Fossanova no dejaba de insistir que al menos le dejasen la cabeza, pero el papa ya había determinado y ni quiso reconsiderarlo. Aún más, para zanjar definitivamente y que no hubiera más intromisiones, ordenó que fueran trasladadas a Tolosa, permitiendo se separase el brazo sin mano para que fuera llevado al convento de París, donde había vivido el santo. Para hacerlo efectivo expidió la Bula "Copiosus in misericordia", el 22 de junio de 1368.

La traslación.
Las reliquias se llevaron a Francia con discreción, con el sello papal en el arca y siendo esta vigilada de cerca por el General dominico y el obispo de Albano. A finales de noviembre 1368 llegaron a Prouille, donde estuvieron un mes hasta que Tolosa lo preparaba todo para la recepción de tales reliquias. Ya en Prouille se hizo pública la traslación y la presencia de las reliquias tan cerca. Fueron mareas de gente a venerarlas, arrancando del santo numerosos milagros, todos documentados. El 28 de enero de 1369 se puso el relicario en la capilla del convento extramuros de Tolosa, con gran solemnidad y alegría. En la procesión portaron el relicario el Duque de Anjou y los obispos de Tolosa y Narbona. En 1628 las reliquias se pasaron a una hermosa urna de plata dorada, trasladándola a la iglesia, actualmente se venera bajo la mesa del altar. Lo que queda del cráneo puede venerarse en un relicario dispuesto en un altar junto a otras reliquias. Se enviaron a otros conventos otras reliquias del santo, siempre con expresa autoridad papal, pero no forman parte de esta Traslación.

Fuente:
-"Vida histórica de S. Tomás de Aquino". P. ANTONIO TOURON. OP. 

A 28 de enero además se celebra a 
San Carlomagno, emperador
San Juan de Réôme, fundador y abad.


Y además
De la Invención y Traslación de reliquias en la Iglesia.
La Invención de las reliquias de San Esteban.
La Invención de Santiago Apóstol.
La Traslación de Santiago Apóstol. 
La Traslación de San Gregorio Nacianceno.
La Traslación de San Juan de Mata.
La Traslación de San Phantalo
La Traslación de los Reyes Magos.
La Traslación de Santa Juana de Lestonnac.
La Traslación de San Mateo Evangelista.
La Traslación de Santa Isabel de Hungría.
La Traslación de Santo Domingo de Guzmán.
La Traslación de San Juan de la Cruz.

viernes, 27 de enero de 2017

Santa Cándida la de San Emer.

Pregunta: Hola Ramon, un gusto escribirte, me gustaria saber informacion de una Santa Española, Santa Candida de Banyoles fallecida hacia 798, se conmemora el 27 de enero, se dice que fue madre de san Emerio, hay imagenes de San Emerio pero no de Candida y es española de la provincia de Gerona, fue viuda, matrona fue religiosa? me gustaria saber mas sobre ella, saludos.


Santa Cándida de Banyoles.
Imagen de unos gozos
populares del XIX.
Santa Cándida, madre, viuda y eremita. 27 de enero. 

De ambos, lo que puede certificarse es el culto, bastante antiguo, que reciben en Banyoles. Según esta leyenda, Cándida era natural de la zona de lo que hoy es Francia, hija de padres nobles y emparentados con San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre, traslación de las reliquias). Muy joven fue casada con un igualmente noble caballero llamado Baldiri, pero pasaron los años sin tener descendencia. Dos apariciones, una de la Virgen María y otra de su ángel de la guarda, le prometen que tendrá un hijo que será un gran santo. Y en un sueño, ve una parra con jugosos racimos, de los cuales, los que se acercan hallan consuelo, comprendiendo sería su hijo un taumaturgo. Sobre la vida y milagros de su hijo San Mer (27 de enero y 4 de junio, invención de las reliquias) ya publiqué. 

A la par que su hijo desarrollaba su vida eremítica y apostólica, Cándida dedicó su vida al eremitismo, con consentimiento de su marido. Cuando este murió, ella quiso acompañar a su hijo, a la sazón abad del monasterio de San Esteban de Banyoles. Al ser un recinto para hombres, no puede vivir allí, pero esto no es impedimento, porque Emer no quiere ser abad, y ambos se retiran a Vilademus. Emer, para que ambos pudieran llevar sus vidas de ermitaños sin molestarse, pero estando cerca, lanzó su báculo, que según la leyenda cayó en Farga, y allí construyó una ermita para su madre, donde esta viviría, sería sepultada al morir y donde se mantiene su culto. La devoción a ambos es bastante antigua en Banyoles y Farga, pero más al santo que a ella. Las reliquias de San Emer fueron inventadas en Gualbes el 4 de junio de 1627. 


A 27 de enero además se celebra a  
San Emer, abad.
San Julián de Le Mans, obispo.

jueves, 26 de enero de 2017

A Bretaña por machista.

San Tujen de Daoulas, abad. 26 de enero, 1 de febrero, y domingo anterior al 24 de junio.

Según la leyenda, fue hermano de la gran Santa Brígida de Irlanda (1 de febrero, 25 de enero, Traslación de la Cabeza). Ambos eran hijos de un noble de Kerarroué, Cornualles, donde aún existe una capilla medieval dedicada al santo. Ambos hermanos se dedicaron desde niños a la oración y la penitencia. Cuando crecieron, se separaron y cada uno vivía en su propia ermita, alejada del otro. 

Para preservar la virginidad de su hermana, alejándola de cualquier hombre, Tugen tuvo la idea de arrojar piedras de vez en cuando en alguna dirección. Si salían aves espantadas era buena señal, pues eso indicaba que si había aves allí no había nadie merodeando. Entonces Brígida podía pasearse, buscar agua o lo que fuera. Pero he aquí que un día un hombre descubrió a Brígida, y quiso conocerla. Descubrió la estratagema de Tugen y cazó dos tordos, así, cuando el santo lanzó una piedra, el hombre soltó los tordos y Tugen pensó que no había nadie por aquellos lares. Entonces Brígida se adentró en esa zona del bosque. El chico enamorado se acercó a ella y hablaron cordialmente. La leyenda dice que esa tarde Brígida pasó por alto sus oraciones y Tugen fue en su busca. Cuando la vio hablando con un hombre dijo despectivamente: "¡Dios mío, es más fácil de preservar a un hombre de la rabia que a una mujer del enamoramiento!". Y en ese momento una voz clamó desde cielo diciendo: "¡Necio, tu hermana es más santa y más sabia que tú! Y si dices que es más fácil salvar a la gente de la rabia, te mando ir a Bretaña, donde te dedicarás a ello".

Entonces Tugen obedeció, se despidió de Brígida y cruzó el mar, llegando a Bretaña, y formando parte del monasterio que había sido fundado por San Primel (15 de mayo), siendo abad San Jaoua (2 de marzo). Sobre 542, cuando San Pol de Léon (12 y 13 de marzo, Todos sus Santos Compañeros, y tercer domingo de julio, en Léon) se sintió morir eligió a Joua como sucesor, recomendando a este que eligiera a Tugen como nuevo abad. En realidad las fechas entre unos y otros varían y distan mucho como para que se hayan conocido, pero es común en las historias de los evangelizadores bretones hacerles coincidir unos con otros. Además de reforzar las leyendas, se indica que todos tenían el mismo espíritu evangelizador. Algunas fuentes dicen que se carteó con los papas Virgilio y Pelagio I. 

Y poco más se sabe de Tugen, algunas leyendas le ponen seguido constantemente por perros rabiosos y por personas afectadas por este mal, a los que sanaba (a perros y humanos) haciendo la señal de la cruz. Esto igualmente se ha concluido es un símbolo de la evangelización, el destierro del mal y del paganismo. De más está decir que en la leyenda de Santa Brígida no se menciona para nada su flirteo con joven alguno.

A nuestro santo se le venera principalmente en Daoulas, Brasparts y Esquibien, donde tiene su capilla y una procesión el domingo antes del 24 de junio. Es abogado contra la rabia, los dolores de muelas. Se le invoca para hallar objetos perdidos y la razón de este patronato se halla en el siglo XV, cuando la invasión inglesa a Bretaña. Ocurrió que durante esta invasión, la llave de su iglesia fue arrojada a la bahía de Cabestan; años después, un pescador decidió reabrirla, invocó al santo, halló la llave dentro del pez y reabrió la capilla al culto. Por ello la llave es otro de sus atributos iconográficos, además del perro. 

Otras variantes de su nombre son Eugene, Tugean o Ujane.


Fuente:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.


A 26 de enero además se celebra a  
San Tito, obispo.
Santa Paula, viuda.

lunes, 23 de enero de 2017

Madre de los leprosos.

Santa Mariana de Molokai, virgen. 23 de enero y 9 de agosto.

Nació el 23 de enero de 1838 en Heppenheim, Alemania, y fue bautizada con el nombre de Bárbara. Con un año de edad, sus padres labradores y católicos hasta la médula emigran a Estados Unidos y se establecen en Nueva York. Allí estudia en una escuela católica para niños pobres. Tuvo una infancia difícil, al ser la primogénita y tener que cuidar de sus padres minusválidos y de tres hermanos pequeños. Muy joven entró a trabajar a una fábrica, donde se convirtió en una líder por su carisma para organizar, exigir y cumplir sus deberes. A los 15 años quiso seguir su vocación religiosa, que no tenía clara aún, pero la situación familiar le obligó a esperar. Aprovechó este tiempo forjando su alma en la oración y la atención a los necesitados. Al fin, con 24 años cumplidos, tomó el hábito de las Hermanas de San Francisco de Filadelfia con el nombre de Mariana, y se dedica, como las demás religiosas, a la enseñanza y la asistencia de los pobres. Trabajó con inmigrantes, sobre todo alemanes, dándoles oportunidad de inserción en la sociedad. En 1873, con solo 35 años fue elegida Superiora General, trabajando por los necesitados, por las vocaciones y sobre todo por los enfermos, las madres solteras, los parias y olvidados de la sociedad. Hasta 50 hospitales se llegaron a abrir en los Estados Unidos durante su fecunda labor.

A los 45 años, en pleno rendimiento, según el mundo, se ofrece como enfermera para auxiliar a los leprosos de Molokai, cuando muchas religiosas y enfermeras se negaron a ir allí. En Maui funda un hospital y se entrega totalmente a los pobres leprosos, siendo más que una enfermera, una madre. “Solo por Dios” era su lema, cuando la tentaban la repugnacia y el miedo al contagio. En 1888 se cierra su hospital y junto a todos los leprosos tiene que trasladarse a Molokai, donde estaba ya enfermo el ángel de los leprosos, San Damián de Molokai (15 de abril y 10 de mayo). Trabajaron juntos hasta 1889, cuando el santo falleció. Ella le sucedió en su labor evangelizadora y social por los leprosos. Escribió, exigió y clamó por los abandonados, sacudiendo las conciencias de los estadounidenses, logrando incluso que otras religiosas se ofreciesen para ayudarla. Plantó huertos, exigió medicamentos y derechos, construyó un colegio, ayudó en la iglesia de Santa Filomena y además, construyó otro hospital solo para las mujeres, para preservarlas y cuidar su dignidad. Enseñó a trabajar a los que podían, devolviéndoles la dignidad hurtada.

La Madre (como le llamaban) Mariana murió en Kalaupapa, el 9 de agosto de 1818, a los 80 años de edad, luego de más de 30 sirviendo a los enfermos. Fue sepultada entre sus amados leprosos. Benedicto XVI la beatificó en 2005 y la canonizó en 2012.


A 23 de enero además se celebra a Santa Eusebia-Hospedes de Milasa, religiosa.