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domingo, 28 de febrero de 2021

Perseveró y alcanzó la gloria.

San Proterio de Constantinopla, obispo y mártir. 28 de febrero. 

Era Proterio era de los presbíteros más ortodoxos en Alejandría en tiempos del patriarca Dióscoro. Cuando este se apegó a la herejía eutiquiana, creyendo que su fiel Proterio le seguiría en su error, le nombró arcipreste. Pero a medida que las enseñanzas heréticas de Dióscoro se hicieron más evidentes, Proterio se enfrentó a él con todas sus fuerzas. Por ello, en 452 el Concilio de Calcedonia le ordenó obispo nombrándole patriarca de Constantinopla. 

Esto provocó un cisma en la Iglesia de Alejandría, los católicos reconocieron a Proterio, y los mientras que los eutiquianos sostenían al hereje Dióscoro. Los jefes de los eutiquianos eran los presbíteros Timoteo Ailuro y Mongo, quienes habían sido excomulgados por herejía. En 457 ambos promovieron un tumulto en la ciudad y Timoteo Ailuro se hizo consagrar obispo por dos obispos eutiquianos, deponiendo a Dióscoro y entronizándose a si mismo como Patriarca de Constantinopla. Además, dirigió a los amotinados a la iglesia de San Quirino, en cuyo baptisterio se había refugiado Proterio, y allí le apuñalaron, arrastrándole por las calles para luego trocearle vivo y quemar su cuerpo. 


Fuente:
https://orthochristian.com


A 28 de febrero además se recuerda a:

Santos Román y
Lupicinio, abades
.
Beata Vilana de Botti,
viuda y dominica
.
Santos Mártires de la
Caridad de Alejandría
.












sábado, 27 de febrero de 2021

"permanecieron firmes como benditas columnas del Señor"

Santos Julián, Cronión y Besas, mártires. 27 de febrero.

El testimonio de su martirio, escueto, pero elocuente, lo hallamos en la conocida carta del obispo San Dionisio de Alejandría (17 de noviembre) sobre los mártires de Alejandria, en la cual también se nos habla de Santa Apolonia (9 de febrero). Dice Dionisio, luego de lamentar la apostasía de algunos cristianos: 

"Pero otros permanecieron firmes como benditas columnas del Señor, confirmadas por el mismo Señor. Y recibiendo de Él la fuerza adecuada a su medida de fe, resultaron ser admirables testigos de su reino. El primero de ellos era Julián, un hombre afligido por la gota, que no podía andar ni estar de pie, y que, junto con otros dos que lo llevaban, fue procesado. De éstos, uno negó inmediatamente su fe, pero el otro, llamado Cronión, conocido como Euno, y el anciano Julián mismo, después de haber confesado al Señor, fueron llevados en camellos por toda la ciudad, que es muy grande, como sabéis, y fueron azotados, y finalmente consumidos en un inmenso fuego, en medio de una multitud de espectadores. Pero un soldado, llamado Besas, que estaba cerca, oponiéndose a la insolencia de la multitud mientras estos mártires estaban en camino a la ejecución, fue atacado por ellos con gritos fuertes, y este valiente soldado de Dios, después de haber sobresalido en el gran conflicto de la piedad, fue decapitado." 

Las reliquias de estos santos se veneran en Autun, Francia. 


A 27 de febrero además se recuerda a:

San Baldomero,
archidiácono
.
San Gelasio, mártir.
Santa Honorina,
virgen y mártir
.








viernes, 26 de febrero de 2021

Mostró lo mejor: Cristo.

San Honesto, presbítero y mártir. 26 de febrero. 

Santos Saturnino, Fermín y Honesto.

Fue Honesto originario de Nimes, ciudad donde se convirtió por la predicación de San Saturnino de Tolosa (29 de noviembre), quien además lo ordenó presbítero, enviándole a predicar a Colonia Pompeiopolis, la actual Pamplona. Allí conoció Honesto al senador Firmo y su mujer, Eugenia, quienes iban a sacrificar a los dioses en el templo de Júpiter. Entonces Honesto le dijo que los dioses paganos eran nada y no tenían poder alguno. Firmo le dice: "Muéstrame algo mejor", a lo que nuestro le habló de Cristo y de su apóstol, Saturnino, quien, coincidentemente, pasaría una semana más tarde por allí. 

Interín, Honesto preparó al matrimonio y a su hijo llamado Fermín, para el bautismo, el cual les fue administrado por Saturnino. Honesto quedó al servicio de Firmo, educando al niño Fermín, quien a los 17 años predicaba a Cristo mejor que su maestro y muchos obispos. Y es que este niño llegaría a ser presbítero y obispo y es el conocido San Fermín (25 de septiembre y 7 de julio). 

San Honesto finalmente alcanzó la palma del martirio en 270. 


Fuente:
-"Actas sinceras nuevamente descubiertas de los santos Saturnino, Honesto y Fermín". R.P. MIGUEL JOSÉ DE MACEDA. Madrid, 1798. 


A 26 de febrero además se recuerda a:

jueves, 25 de febrero de 2021

San Kénan de Plouguerneau

San Kénan de Plouguerneau, presbítero. 25 de febrero. 

También se le conoce como San Ké. Fue discípulo de San Jaoua (2 de marzo) y le siguió desde Gales a Bretaña. Pudo ser monje en la abadía de Landevennec. Cuando Jaoua se fue junto a su tío, San Pablo Aureliano (12 de junio), primero ordenó de presbítero a nuestro santo y le envió a Plouguerneau, donde Kénan desempeñó una intensa vida apostólica. Cuando Jaoua murió en la abadía de Daoulas, Kénan estuvo a su lado y le asistió en sus últimos momentos. 






A 25 de febrero además se recuerda a:

San Avertano,
carmelita
.
San Tarasio, obispo.
San Victorino
y compañeros mártires
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miércoles, 24 de febrero de 2021

"hagamos lo que nos conduce al reino celestial"

Santos Montano, Flavio y compañeros mártires. 24 de febrero y 23 de mayo. 

El testimonio de estos mártires es de esos que nos llegan al alma y que, en mi opinión, deberían ser leídos en las iglesias, como se hacía antiguamente. Nos ha llegado de manera directa, pues está descrito en una carta que ellos mismos escribieron a la comunidad cristiana desde la cárcel, siendo completada por un sobreviviente. 

En septiembre de 258 fue martirizado el obispo de Cartago, el gran San Cipriano (16 de septiembre), quien dejó una sólida iglesia local, formada y fuertemente evangelizadora. Poco después del martirio de Cipriano, moría su ejecutor, el procónsul Galerio Máximo, quedando la ciudad sin sucesor, tomando el gobierno temporalmente el procurador Solon, un hombre más débil pero no menos fiero con los cristianos. En sus días se desató una rebelión en la que muchos funcionarios fueron asesinados. Solon, en lugar de ordenar averiguaciones y buscar culpables, dictaminó que los cristianos eran los culpables y que querían vengar la muerte de Cipriano. Fueron apresados ocho cristianos prominentes de la iglesia cartaginense. 

"En cuanto nos apresaron – dice la mencionada carta - nos entregaron en custodia a los soldados. Los soldados del gobernador nos dijeron que íbamos a ser condenados a las llamas; entonces rezamos a Dios, con gran fervor, para que nos librara de ese castigo, y él, en cuyas manos están los corazones de los hombres, se complació en acceder a nuestra petición. El gobernador alteró su primer intento, y nos ordenó que fuéramos a una prisión muy oscura e incómoda, donde encontramos al presbítero Víctor, y a algunos otros; pero no estábamos consternados por la inmundicia y la oscuridad del lugar, pues nuestra fe y gozo en el Espíritu Santo nos reconcilió con nuestros sufrimientos en ese lugar, aunque no eran tan fáciles de describir. Pero si grandes son nuestras pruebas, más grande es Aquel que las vence en nosotros. Nuestro hermano Reno, mientras tanto, tuvo una visión en la cual vio a varios de los prisioneros salir de la cárcel con una lámpara encendida delante de cada uno de ellos, mientras que los demás, que no tenían tales lámparas, se quedaban atrás. Él nos discernió en esta visión, y nos aseguró que éramos del número de los que salieron con lámparas. Esto nos dio una gran alegría, porque entendimos que la lámpara representaba a Cristo, la luz verdadera, y que debíamos seguirlo por el martirio. 

Al día siguiente fuimos enviados ante el gobernador para ser interrogados. Para nosotros fue un triunfo ser conducidos, como un espectáculo, por el mercado y las calles, con nuestras cadenas sonando. Los soldados, que no sabían dónde nos oiría el gobernador, nos arrastraron de un lugar a otro hasta que, al final, ordenó que nos llevaran a su presencia. Nos hizo varias preguntas; nuestras respuestas fueron modestas, pero firmes: al final fuimos enviados a prisión; aquí nos preparamos para nuevos conflictos. La prueba más dura fue la que sufrimos a causa del hambre y la sed, pues el gobernador ordenó que nos mantuviéramos sin comer ni beber durante varios días, de modo que el agua nos fue rechazada después de nuestro trabajo; sin embargo, el diácono Flavio agregó grandes penitencias voluntarias a estas dificultades, dando a otros el pequeño refrigerio que tan escasamente nos permitían los carceleros. 

Dios se complació en consolarnos en esta nuestra extrema miseria, por una visión que le dio al presbítero Víctor, quien sufrió el martirio pocos días después. ‘Anoche vi, nos dijo, a un niño, cuyo rostro era de un resplandor maravilloso, entrar en la cárcel. Nos llevó a todas partes para hacernos salir, pero no había salida; entonces me dijo: Aún te preocupas de ser retenido aquí, pero no te desanimes, yo estoy contigo; lleva estas noticias a tus compañeros, y hazles saber que tendrán una corona más gloriosa. Le pregunté dónde estaba el cielo; el niño respondió, Más allá del mundo’. Víctor entonces deseaba que se le mostrara el lugar de los bienaventurados, pero el niño en la visión lo reprendió suavemente, diciendo, ‘¿Dónde entonces estaría tu fe?’ Víctor dijo: ‘No puedo retener lo que me ordenas: dame una señal que pueda dar a mis compañeros’. Él respondió: 'Dales la señal de Jacob, es decir, su escalera mística, que llega hasta el cielo’. Poco después de esta visión, Víctor fue ejecutado. Esta visión nos llenó de alegría. 

Dios nos dio, la noche siguiente, otra garantía de su misericordia, por una visión a nuestra hermana Quartillosia, una compañera de prisión, cuyo esposo e hijo habían sufrido la muerte por Cristo tres días antes, y quien los siguió al martirio unos días después. ‘Yo vi’, dijo ella, ‘a mi hijo, que sufrió; estaba en la cárcel sentado en hermosa fuente, y me dijo: ‘Dios ha visto tus sufrimientos’. Entonces entró un joven, de una estatura maravillosa y dijo: ‘ten valor, Dios se ha acordado de ti’.  

Además de los trabajos propios de los prisioneros, el hambre y la sed los atormentaban, en ocasiones los hacinaban, en otras los separaban y dejaban en la soledad y la absoluta oscuridad, buscando que renegaran de la fe. Además de estos consuelos divinos en visiones, tuvieron el consuelo de la Eucaristía, el Pan Inagotable le llaman, amorosamente. La comunión les fue llevada por Julián, un presbítero que sería consagrado obispo de la ciudad. Y sigue la carta. 

"Todos tenemos el mismo espíritu, que nos une y consolida en la oración, en la conversación mutua y en todas nuestras acciones. Estas son los hermosos ejércitos que ponen en fuga al diablo, que son los más agradables a Dios, y que obtienen de Él, por medio de la oración conjunta, todo lo que piden. Estos son los lazos que unen los corazones y que hacen de los hombres hijos de Dios. Para ser herederos de Su reino debemos ser Sus hijos, y para ser Sus hijos debemos amarnos unos a otros. Es imposible que alcancemos la herencia de la gloria celestial, a menos que guardemos esa unión y paz con todos nuestros hermanos que nuestro Padre celestial ha establecido entre nosotros. Sin embargo, esta unión sufrió algunos prejuicios en nuestra tropa, pero la brecha pronto fue reparada. Sucedió que Montano tuvo unas palabras con Julián sobre una persona que no era de nuestra comunión, y que estaba entre nosotros (probablemente se trata de un hereje al que Julián habría dado la comunión en la cárcel).  

Montano reprendió a Julián, y ellos, durante algún tiempo después, se comportaron entre sí con frialdad, lo cual era una semilla de discordia. El cielo se apiadó de ambos y, para reunirlos, amonestó a Montano mediante un sueño que nos relató de la siguiente manera: ‘Parecía que los centuriones venían a nosotros, y que nos llevaron a través de un largo camino hacia un campo espacioso, donde nos encontraron Cipriano y Luciano. Después de esto, llegamos a un lugar muy luminoso, donde nuestras vestiduras se volvieron blancas, y nuestra carne más blanca que nuestras vestiduras, y tan maravillosamente transparentes, que no había nada en nuestros corazones excepto lo que estaba claramente expuesto a la vista. Así, al mirarme a mí mismo, pude descubrir algo de suciedad en mi propio pecho: y, reconociendo a Luciano, le dije que lo que había observado en mi pecho denotaba mi frialdad hacia Julián. Por lo tanto, hermanos, amemos, apreciemos, y promovamos, con todas nuestras fuerzas, la paz y la concordia. Estemos aquí unánimes, a imitación de lo que seremos en el futuro. Así como esperamos compartir las recompensas prometidas a los justos, y para evitar los castigos con que los malvados son amenazados, como deseamos ser, y reinar con Cristo, hagamos las cosas que nos conducirán a Él y a Su reino celestial’." 

Aquí terminaría la primera parte, escrita por alguno de los cristianos prisioneros. La segunda parte fue escrita por testigos, a petición del diácono Flavio, quien también terminaría mártir, según la misma carta, que prosigue: 

“Después de sufrir hambre y sed extremas, con otras dificultades, durante un encarcelamiento de muchos meses, los confesores fueron llevados ante el presidente, e hicieron una confesión gloriosa. El edicto de Valeriano condenaba a muerte sólo a los obispos, sacerdotes y diáconos. Los falsos amigos de Flavio sostuvieron ante el juez que no era diácono y que, en consecuencia, no estaba comprendido en el decreto del emperador; por lo que, aunque Flavio protestó que lo era, no fue condenado, sino que solo los demás fueron condenados a muerte. Caminaron alegremente hasta el lugar de la ejecución, y cada uno de ellos exhortó al pueblo. 

Lucio, que era naturalmente suave y modesto, estaba un poco desanimado a causa de una enfermedad que había contraído en la cárcel; por lo tanto, fue antes que los demás, acompañado sólo por unas pocas personas, para que no fuera oprimido por la multitud, y así no tuviera el honor de derramar su sangre. Algunos le gritaban: 'Acuérdate de nosotros'. 'Ustedes también' - les dijo él - 'recuérdenme'. Julián y Víctor exhortaron a los hermanos a la paz, y recomendaron que se ocuparan de todo el cuerpo del clero, especialmente de aquellos que habían sufrido las penurias del encarcelamiento. Montano, que fue dotado de una gran fuerza, tanto de cuerpo como de mente, gritó: 'El que sacrifica a cualquier dios, pero no al verdadero, será destruido por completo’. Y esto lo repitió a menudo.  

También expuso el orgullo y obstinación malvado de los herejes, diciéndoles que podrían discernir la verdadera Iglesia por la multitud de sus mártires. Como un verdadero discípulo de Cipriano, y un celoso amante de la disciplina, exhortó a los que habían caído (en la herejía) a que no desesperaran, sino que cumplieran plenamente su penitencia. Exhortó a las vírgenes a preservar su pureza, y a honrar a los obispos, y a todos los obispos les conminó a permanecer en concordia. Cuando el verdugo estaba listo para dar el golpe, rezó en voz alta a Dios para que Flavio, quien había sido indultado, pudiera seguirlos al tercer día. Y, para expresar su seguridad de que su oración sería escuchada, partió en dos pedazos el pañuelo que le iban a poner en los ojos y ordenó que se reservara la mitad del mismo para Flavio, y deseó que se le guardara un lugar donde el fuera enterrado, para que no fueran separados ni siquiera en la tumba.  

Flavio, al ver su corona retrasada, la hizo objeto de sus ardientes deseos y oraciones. Y mientras su madre se mantenía a su lado, con la constancia de la madre de los santos Macabeos, y con el anhelo de verle glorificar a Dios con la muerte, le dijo: ‘Tú sabes, madre, cuánto he anhelado disfrutar de la felicidad de morir por el martirio’. En una de las dos noches durante las cuales sobrevivió, fue favorecido con una visión, en la cual uno le dijo: ‘¿Por qué te afliges? Dos veces has sido confesor, y sufrirás el martirio por la espada’. Al tercer día se ordenó que fuera llevado ante el gobernador. Como era muy querido por el pueblo, este se esforzaba por todos los medios para salvarle la vida. Ellos repitieron ante el juez que no era diácono; pero él afirmó que sí lo era. 

Un centurión presentó un escrito que decía que él era no. El juez lo acusó de mentir para procurar su propia muerte. Él respondió: ‘¿Es eso probable? ¿No son más bien culpables de mentir los que dicen lo contrario?’ La gente exigió que lo torturaran, con la esperanza de que no lo torturaran y que renegara de su condición en el potro de tortura; pero el juez condenó para que lo decapiten. La sentencia lo llenó de alegría, y fue conducido al lugar de la ejecución, acompañado por una gran multitud, y por muchos sacerdotes.   

Una fuerte lluvia dispersó a los infieles, y el mártir fue llevado a una casa hasta que pasara la tormenta, y allí tuvo la oportunidad de despedirse por última vez de los fieles, sin la presencia de cualquier espectador pagano. Les dijo que en una visión le había preguntado a Cipriano si el golpe de muerte era doloroso, y el mártir respondió: ‘El cuerpo no siente dolor cuando el alma se entrega por completo a Dios’. En el lugar de la ejecución, oró por la paz de la Iglesia y la unión de los hermanos. Habiendo terminado de hablar, le ataron los ojos con la mitad del pañuelo que Montano había ordenado que se le guardara, y, arrodillándose, recibió el último golpe.  

A pesar de que sufrió dos días después de los otros, toda la gloriosa compañía recibe conmemoración juntos en un día”. 


Hermosa confesión de fe, ¿cierto? Que el testimonio de estos mártires, quienes alcanzaron el cielo el 24 de febrero de 259, anime a nuestro propio testimonio. Amén. 


A 24 de febrero además se recuerda a:

San Ethelbert, rey.
Beato Roberto,
monje fundador
.
San Pretextato,
obispo y mártir
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martes, 23 de febrero de 2021

"Una llamada de mi Superior me lleva hacia él."

Santa Milburgh de Wenlock, abadesa. 23 de febrero y 26 de mayo, traslación de las reliquias. 

Su "vita" la escibió el monje William de Malmesbury. Fue la hija mayor del rey Merewald y su mujer Santa Domneva (19 de noviembre) y nació en 622. Sus hermanas fueron Santa Mildred (13 de julio) y Santa Mildgytha (30 de julio). Desde niña se dedicó a las cosas de Dios con todo su corazón. Gustaba de la liturgia, de socorrer a los pobres, bordar, tocar la lira y leer. 

A los 17 años decidió consagrarse a Cristo y para ello fundó, con la ayuda de su padre y su tío Wulfhere, un monasterio en Wenlock, del que fue abadesa consagrada y perpetua, dándole el velo San Teodoro de Canterbury (19 de septiembre). Fue pronto un monasterio famoso por su piedad y erudición. Contaba con numerosas reliquias, libros, tierras y privilegios. Milburgh destacó por su gran dote de gobierno dentro y fuera del monasterio, pues tenía también jurisdicción civil otorgada por su padre. 

De la santa se cuentan numerosas leyendas del gusto popular y casi mágico de las crónicas inglesas, irlandesas y escocesas. Una de ellas cuenta que, estando Milburgh en Stoke fue pretendida por el hijo de un rey vecino y quiso llevársela con él a la fuerza. Para ello reunió soldados y preparó una emboscada. Milburgh, avisada por su ángel guardián, escapó cruzando el arroyo Corve. Cuando el hombre pretendió perseguirla, el arroyo se volvió un río turbulento que no dejó al licencioso cruzarle. Otra leyenda nos dice que pasaba muchas noches en profunda oración, por lo cual una de ellas se durmió profundamente en la iglesia. Al amanecer tocaron la campana y la santa despertó sobresaltada y el velo cayó de su cabeza, quedando enganchado en un rayo de sol que entraba por un ventanal de la iglesia, impidiendo que el velo, signo de la consagración, tocara el suelo. 

En otra ocasión llegó al monasterio una viuda con su hijo muerto, e imploró a Mildred que le resucitara a su hijo. Milburgh la reprendió diciendole "Ve y entierra a tus muertos, luego prepárate para seguir a tu hijo, porque todo hombre nace para morir." Pero la viuda insistió sin moverse del monasterio. Entonces la santa abadesa accedió y se postró en oración junto al cuerpo del niño. En el acto un fuego sagrado bajó del cielo y envolvió a ambos. Las monjas gritaron a la santa para que se apartara, pero ella estaba absorta en la oración. Al consumirse el fuego, Mildred estaba ilesa y el niño revivido. Hay que decir que esta leyenda también se cuenta de Santa Werburgis de Trentham (3 de febrero). 

Además, uno de sus milagros más conocidos, y que forma parte de su iconografía, y es la leyenda de los gansos: Cuenta esta que una bandada de gansos apareció en un campo perteneciente al monasterio, escarbando el suelo y comiendo toda la simiente recién sembrada. Los siervos corrieron al monasterio y lo dijeron a la santa, quien se fue al campo y trazando la señal de la cruz, hizo moverse a los espantapájaros, asustando a los gansos que salieron volando. Pero al volver al monasterio, Milburgh comprobó que las aves lo que habían hecho era cambiar de sitio y ahora campeaban por la huerta monástica. Entonces con voz firme mandó a las aves que vinieran en fila hacia ella, y cuando estaban todos, les rogó por amor de Dios que se fueran a otro sitio y dejaran las tierras del monasterio en paz. Los gansos obedecieron y levantaron vuelo, pero no se movían de sobre la abadía. Entonces la santa comprendió que faltaba uno de ellos. Las monjas lo hallaron asado en el horno de uno de los jardineros. Milburgh hizo una oración y revivió al animal, que remontó vuelo con los suyos, perdiéndose todos para siempre. 

Vivió nuestra santa muchos años, cargada de penas y dolorosas enfermedades. Hacia el final de sus días reunió a la comunidad y les dijo: "Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Queridas hermanas, os he amado como a mis entrañas, y os he cuidado como a una madre a sus hijas, con piadoso cuidado. Una llamada de mi Superior me lleva hacia él. Os encomiendo a Dios y a la Santísima Virgen". Y entró en la gloria del Esposo el 23 de febrero de 722. 

Fue enterrada con mucha devoción en la iglesia del monasterio, junto al altar. En el siglo IX los piratas daneses destruyeron el monasterio, reduciéndolo a cenizas, y la tumba bendita quedó bajo los escombros. En 1079 los monjes de Cluny comenzaron la reconstrucción del monasterio, y un día, dos niños que jugaban entre los escombros del altar, cayeron de rodillas y en éxtasis. Acudieron los monjes y les hallaron frente a un sepulcro del cual salía perfume, como de un oloroso bálsamo. Las reliquias de la santa fueron tomadas con gran devoción y puestas en la sala capitular, pasando a la iglesia cuando esta se terminó. 

Muchos fueron los milagros obtenidos por su intercesión, y muchos los peregrinos que acudieron durante siglos. El 26 de mayo de 1501, las reliquias fueron depositadas en un bello cofre relicario, y puestas en el centro del altar mayor. Y allí permanecieron hasta su destrucción, reinando de Enrique VIII.


A 23 de febrero además se recuerda a:






 

lunes, 22 de febrero de 2021

Caridad, silencio, penitencia y obediencia.

Beata Juana María Bonomo, abadesa benedictina. 22 de febrero y 1 de marzo. 

La Beata nació en Asiago, Italia, el 15 de agosto de 1606. Sus padres fueron Juan y Virginia, comerciantes emparentados con los nobles Ceschi. Una leyenda algo estrafalaria, nos dice que teniendo 10 meses habló por primera vez, y fue para sacarle en cara a su padre un pecado que este estaba pensando en cometer. A los 5 años, dice la misma leyenda, ya entendía el latín y podía seguir las ceremonias de la misa. Además, lo leía y escribía. 

Cuando tenía 6 años de edad quedó huérfana de madre, y su padre, incapaz de educarla, la internó en las clarisas de Trento, quienes tenían un prestigioso internado para niñas y jóvenes nobles. La niña María demostró grandes capacidades para el aprendizaje, especialmente de la música, y para las cosas de la religión. Sus virtudes teologales y cardinales pronto se fortalecieron y se convirtió en ejemplo hasta para las internadas mayores. 

Era devotísima del Santísimo Sacramento, por ello le permitieron comulgar por primera vez a los nueve años, rarísimo privilegio en el siglo XVII. Ese día hizo voto de perpetua virginidad y se consagró a la Madre de Dios. A partir de entonces comenzó a confesarse semanalmente y a comulgar cada vez que se le permitía, que no eran pocas veces. En tres años su alma se llenó totalmente de Cristo, y a los 12 años se propuso ser religiosa. Pidió permiso a su padre para ingresar como clarisa en el mismo monasterio de Trento, pero su padre se negó, incluso comenzó a buscarle pretendiente. A los 15 años, luego de numerosas súplicas y penitencias de María, y la mediación de algunos clérigos, finalmente Juan accedió y dejó que su hija fuera monja, aunque sería él quien elegiría el monasterio. 

Así, libre ya, María comenzó su noviciado en las clarisas de Trento, mas en 1621 pasó a las benedictinas de Bassano, tomando el nombre de Juana María. En 1622 hizo sus votos monásticos. Luego de su desposorio con Cristo para Juana María comenzó una etapa de intensas gracias místicas. De hecho su primer éxtasis lo tuvo durante su profesión religiosa, dando bastante que hablar. Locuciones, visiones, profecías, unión total con Cristo, sobre todo luego de comulgar. Recibió los estigmas de la Pasión de Cristo, los cuales le hacían padecer muchísimo. A los 20 años obtuvo la gracia mística del Matrimonio Espiritual, el cual es un grado de unión de Cristo y el alma, en el que Cristo toma todos los afectos, preocupaciones y deseos del alma y las hace suyas, purificándolas definitivamente, y pone sus intenciones, amor y todo Él en el corazón del agraciado. Para el alma ya no hay más afectos, ni consuelos, ni otra cosa que no sea amar a Cristo y por Él a los demás. La salvación de las almas, el que se conozca a Cristo y su misericordia lo llena todo. 

Luego tuvo Juana María un período de intensa sequedad espiritual, una noche oscura de la fe, durante la cual solo la caridad y la perseverancia lograron que saliera victoriosa. Las penitencias y los ayunos eran frecuentes, tanto, que la abadesa tuvo que mitigarlos. A la par, Juana María padecía frecuentes enfermedades, como punzantes dolores de cabeza, de espalda, fiebres, desmayos, etc. Todo esto hizo que su fama de extática corriera pronto por la ciudad. Esta fama le atrajo, además de la pena por salir del anonimato, el dolor de la incomprensión y el recelo. Varias monjas desconfiaban de su sinceridad. Como le prohibieron comulgar, dícese que más de una vez Cristo se le aparecía en la cruz y sacando de su costado una hostia blanquísima le daba de comulgar. O le enviaba un ángel que tomaba una partícula de la hostia consagrada en la misa conventual para llevársela a su celda. También le prohibió su confesor comunicarse con el exterior, ya fuera en el locutorio o por carta, para probarla en la humildad. 

Y fue precisamente eso, la humildad, lo que fue ablandando las reticencias de las monjas y del clero, quienes comprobaron que Juana María estaba más a gusto en la soledad y sin que le viesen extática. Por ello, en 1652 fue elegida abadesa de la comunidad. Caridad, silencio, penitencia, obediencia y cumplimiento estricto de la Regla era lo que deseaba y lo que procuraba enseñar a las monjas. la obediencia, decía, era más signo de santidad que los milagros o los éxtasis. En 1664 volvió a ser elegida abadesa, siéndolo ya hasta su muerte. Fue madre no solo de las monjas, sino de los seglares, pobres o ricos, que al monasterio se acercaban en busca de auxilio material o espiritual. 

La santa monja entró al cielo 1 de marzo de 1670. En 1699 se abrió su proceso de canonización. Fue beatificada el 9 de junio de 1783 por el Papa Pío VI.


Fuente:
-"Azioni della beata Giovanna Ma. Bonomo". LUIGI MARIA DI VICENZA. Vicenza, 1798.


A 22 de febrero además se celebra a






 

domingo, 21 de febrero de 2021

Eremita, estratega y patrón contra las quemaduras.

San Jorge de Amastris, obispo. 21 de febrero y 25 de octubre.

Jorge nació en Cromna, cerca de Amastris, a finales del siglo VIII. Sus padres, piadosos cristianos, llevaban años sin tener hijos y luego de muchas oraciones, limosnas y penitencias, lograron su sueño. Cuando el pequeño Jorge tenía 3 años cayó al fuego y sus manos y pies se quemaron de gravedad, pero milagrosamente, aunque deformes, nunca perdió la sensibilidad en sus extremidades y las usaba con normalidad. A los 15 años huyó de su casa para irse a una montaña como ermitaño. Allí hallaron a un viejo eremita que le introdujo en la vida eremítica. Cuando Jorge tenía 25 años el anciano eremita murió, luego de ordenarle se fuera de monje a Bonyssa y que allí buscara como servir a Dios. Jorge entró a un célebre monasterio, donde pronto aventajó a los demás monjes en la obediencia, la oración y la penitencia.

A la muerte del obispo de Amastris, el clero y los ciudadanos de la ciudad eligieron a Jorge, cuya fama había llegado hasta ellos, y enviaron una delegación para anunciarle su elección; pero Jorge rechazó firmemente la dignidad que se le ofrecía. pero he aquí que los emisarios invadieron el monasterio y se lo llevaron por la fuerza a Constantinopla. Allí el patriarca San Tarasio (25 de febrero), quien le conocía desde que era eremita en la montaña, quiso consagrarle inmediatamente. 

Sin embargo, el emperador Justiniano, quien tenía su propio candidato, se opuso a la consagración episcopal de Jorge. Tarasio se enfrentó al emperador, dejándole claro que la elección de Jorge era legítima, mientras que la imperial no, pues no había sido por parte del clero. Sin embargo, Justiniano presentó a su candidato, ordenando al pueblo y clero que eligieran al suyo frente a Jorge. Pero la ciudad de Amastris no se dejó intimidar y volvió a elegir a Jorge como prelado. Entonces Tarasio lo admitió solemnemente y le ordenó obispo en la sede constantinopolitana.

Durante el episcopado de Jorge, se restauraron numerosas iglesias y se impulsó la vida monástica. También en su época los sarracenos invadieron Asia Menor, y el santo se desvivió en la protección de los campesinos, alejados de las ciudades fortificadas. Animó a los cristianos a defender Amastris de los musulmanes, e hizo entrar en ella a todos los habitantes de en derredor, vistiendo como soldados incluso a mujeres y niños. Oró incansablemente y se mortificó hasta límites insospechados. Finalmente, los sarracenos llegaron a Amastris, y al comprobar que la ciudad estaba llena de "soldados", decidieron no tomarla, pensando serían incapaces de vencer.


Jorge subió al empíreo el 25 de octubre de 825. Se le atribuyen varios himnos y troparios litúrgicos.


Fuente:
-https://www.johnsanidopoulos.com


A 21 de febrero además se recuerda a:






sábado, 20 de febrero de 2021

"corramos hacia el reino del cielo..."

San Sadoth, obispo y compañeros mártires. 20 de febrero, 6 de abril y 19 de octubre.


Las Actas de San Sadoth, del siglo VII, nos dicen que este sucedió al obispo Simeón de Seleucia (3 de septiembre) cuando este fue martirizado, siendo uno de los primeros en padecer bajo el cruel rey Sapor de Persia. Al poco tiempo de ser entronizado, tuvo una visión en la cual veía una escala luminosa que llegaba del suelo hasta el cielo, y al final de la cual estaba Simeón, su predecesor, con gran gloria. Este le decía "Sube, no temas". Entendió Sadoth que era que el santo obispo le animaba a asumir el martirio que estaba cercano.

Al otro día convocó Sadoth a su clero y les contó su revelación, confirmándoles además que estaba presto a padecer por Cristo si así se hacía necesario. Además, les animó a ellos a estar dispuestos al sacrificio, con estas palabras: 

"Amemos a Dios, hermanos míos, amémosle con todo nuestro corazón. Amemos a Jesucristo: amémosle con toda nuestra alma y cubiertos de las armas de la fe, no temamos combatir, y estaremos seguros de vencer. Si se presenta la muerte, si nos acomete, no nos desalentemos: prepárese cada uno de nosotros a recibirla como hombre de valor. Si es necesario morir, muramos como gentes de honor, pues morimos por Jesucristo nuestro Salvador. Y así hasta que veamos la espada de los tiranos amenazar nuestra cabeza, hagamos provisión de méritos, adquiramos virtudes, enriquezcámonos de buenas obras. Aprovechémonos del tiempo y mientras que aún es de día, caminemos, adelantémonos, corramos hacia el reino del cielo, que allí nos aguardan los honores y la gloria".

Así, siendo el segundo año de la gran persecución de Persia, pasó Sapor por Seleucia y le presentaron a nuestro Sadoth y a muchos de sus sacerdotes, diáconos, monjas y seglares, en total 120 personas, quienes habían sido detenidos por cristiano. habían estado prisioneros durante medio año, padeciendo numerosas vejaciones y torturas, como apalearles en los riñones, atarlos con cuerdas al cuello a punto de la asfixia, o colgarles grandes pesos de las extremidades. 
Cada día les conminaban para que adoraran al sol si querían salvar sus vidas. Presentados ante Sapor como un triunfo de sus gobernadores, fueron invitados por este a adorar al sol, y Sadoth, en nombre de todos clamó:

"Nosotros no tenemos todos más que una misma fe: creemos todos las mismas verdades: todos estamos sujetos a la misma potestad, todos profesamos la misma religión: en una palabra, nosotros todos no adoramos sino a un mismo Dios, creador del cielo, y de la tierra. Por tanto, al sol, que no es sino obra de este gran Dios, nunca le adoraremos ni rendiremos nuestros obsequios. ¿Y cómo podríamos nosotros tener sentimientos de respeto por esas cosas, puesto que no han sido creadas sino para uso nuestro? Y así publicad edictos, enhorabuena, que nosotros, por obedecer a un hombre, no hemos de ser infieles a Dios. No ignoramos que nos podéis quitar la vida o dejárnosla, pero no nos podríais dar mayor gusto que hacérnosla perder".

Les insistieron en que cumpliesen las ordenes reales con la amenaza de una inminente muerte. Pero igualmente los mártires se animaron unos a otros y contestaron con la misma fuerte negativa a adorar al sol o criatura alguna. Al fin, fueron sentenciados a muerte y llevados a las afueras de la ciudad. Iban los mártires como en una festiva procesión, en medio de cánticos y salmos: "Júzganos, Señor, y separa nuestra causa de la de una nación impía", o "líbranos del poder de estos hombres sangrientos porque eres nuestra fuerza, Señor: Tú solo eres nuestra esperanza". 

Llegados al lugar de la ejecución, siguieron orando en voz alta y alabando a Dios por concederles la gloria del martirio. Fueron cayendo uno a uno, siendo confortados por Sadoth, quien luego del martirio de sus compañeros fue conducido a Bethlapat, donde fue decapitado. 


Fuente: 
-"Las verdaderas actas de los mártires". TEODORICO RUINART. Tomo III. Madrid 1776. 


A 20 de febrero además se recuerda a:

viernes, 19 de febrero de 2021

Antes mártir que concubina.

Santa Belina de Landreville, virgen y mártir. 19 de febrero y 8 de septiembre. 

Nació Belina hacia mediados del siglo XII en una familia campesina de la pequeña y aún hermosa villa de Landreville, Troyes. A los 15 ó 16 años fue comprometida en matrimonio por sus padres con un joven de la villa. Como era usual en la Edad Media, los siervos debían pedir permiso a su señor feudal para contraer matrimonio. Era una simple formalidad ceremonial, de moda en el medievo. Mucho se ha fabulado sobre esto, llamándolo "derecho de pernada", según el cual el señor feudal se permitía el honor de desvirgar a la joven casadera, al cual debía yacer con él antes que con el esposo. Solo son leyendas negras. Este pedir consentimiento en ningún caso suponía realmente que el señor pudiera vetar el matrimonio, mucho menos consumarlo él. En todo caso se trataba de pedir como una bendición. 

Volviendo a lo nuestro. El señor de Landreville, Pradines y de D'Arcy, llamado Juan de Pradines, recibió la visita de los padres de Belina y de esta misma, quienes buscaban el consentimiento para efectuar el matrimonio. Juan, al ver la belleza de Belina les pidió que se la dieran a él como amante, prometiéndole que nada les faltaría en adelante. Los padres y la misma joven rechazaron esa oferta y se fueron a su casa. 

Poco tiempo después, el 8 de septiembre de 1153, cuidaba Belina sus ovejas en una cañada cuando Juan pasó por allí y al verla sola la atacó para violarla. Belina se defendió con toda su fuerza, invocando a Jesucristo. Juan entonces, airado, sacó su espada y la hirió mortalmente, huyendo después. Belina murió desangrada, con el nombre de Jesús en los labios. Los siervos de Juan, enfurecidos por esta barbaridad, se amotinaron contra su señor y quemaron su castillo y casi todas sus tierras. El mismo Juan pudo escapar sólo porque huyó disfrazado de campesino. 

Fuente de Santa Belina.

La cosa llegó a Roma, donde el papa Anastasio IV excomulgó a Juan de Pradines; y también llegó a la corte francesa, donde el rey Luis VII confiscó todos sus bienes y decretó el exilio perpetuo para el agresor, pudiendo ser capturado y ejecutado por cualquiera, noble o vasallo, si volvía a Francia. 

En 1203 el papa Inocencio III canonizó a la joven mártir. El 19 de febrero de ese mismo año sus reliquias fueron trasladadas a la iglesia parroquial, donde han sido veneradas durante siglos. Durante la Revolución Francesa la mayor parte de las reliquias se perdió, pero aún se veneran pequeñas partes en Landreville, que solemniza su memoria cada 19 de febrero. En el lugar de su martirio una fuente venerada recuerda su memoria.


A 19 de febrero además se recuerda a:






jueves, 18 de febrero de 2021

San Simón Cleofás de Jerusalén

San Simón Cleofás de Jerusalén, obispo y mártir. 18 de febrero, 27 de abril y 18 de septiembre. 

Fue Simón, o Simeón, hijo de San Cleofás (24 de abril) y de Santa María (9 de abril; 11, en Reims; y 25 de mayo, en Arlés). Sus hermanos fueron San Judas, Santiago el Menor y José. Por lo tanto, era pariente cercano de Nuestro Señor Jesucristo (Mc. 6, 3. Mt 13, 55). Fue su hermano Santiago el Menor (3 de mayo) el primer obispo de Jerusalén, quien fue martirizado poco antes de la caída de la ciudad. 

Eusebio, el escritor eclesiástico, recogiendo la tradición de la iglesia jerosolimitana y los escritos de Hegesipo, historiador eclesiástico del siglo II, nos dice que después del martirio de Santiago, los apóstoles de Cristo y algunos discípulos prominentes se reunieron en Jerusalén para elegir un sucesor, y hallaron a Simón, hermano del Señor, como digno para ser obispo. También dice Eusebio que en tiempos del emperador Trajano, siendo Ático procónsul, los gnósticos hicieron graves acusaciones contra Simón, un celoso pastor y defensor de la verdadera fe católica, quien fue apresado y torturado a pesar de su avanzada edad, 120 años. Finalmente alcanzó la gloria del martirio siendo crucificado como su hermano y Señor Jesús, entre el año 107 y 120. 

Algunas reliquias suyas, dudosas, se veneran en Bolonia, Bruselas (la cabeza) y en Wefstalia.