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miércoles, 30 de mayo de 2018

Santos Caidoc y Frechor, monjes misioneros.

Santos Caidoc y Frechor, monjes misioneros. 30 de mayo, 24 de enero, 31 de marzo y 1 de abril.

Abadía de St-Riquier.
Vivieron en el siglo VII, y fueron discípulos de San Columbano de Iona (9 de junio). En 622 se fueron a Picardie a evangelizar. Allí les recibió el noble Riquier de Centula, pagano, quien se interesó por el Evangelio de Cristo, estando despiertos toda la noche, y al amanecer, Riquier pidió el bautismo para ser discípulo de Cristo. Riquier construyó una capilla y algunas ermitas en su finca y comenzó a llevar la vida de un ermitaño. Luego fundó un monasterio, célebre aún hoy. Le veneramos en la Iglesia como San Riquier de Centula (26 de abril)

Ambos misioneros vivieron en el monasterio varios años, formando a los numerosos discípulos que pronto se sumaron a los monjes. Entre estos estuvo San Maugille (30 de mayo), un antiguo discípulo de San Fursey (16 de enero). Nuestros misioneros fallecieron entre 630 y 635, con pocas diferencia de tiempo entre ambas muertes. Algunas reliquias de ambos santos se veneran en la iglesia de Saint-Acheul, Amiens.


Fuente:
-"The Book of Saints". ST. AUGUSTINE ABBEY. Londres, 1921.


A 30 de mayo además se celebra a:


Santos Basilio y Emmelia,
esposos.
Santa Juana de Arco,
mártir.
Beata Isabel de Töss,
virgen mística.






martes, 29 de mayo de 2018

Hijos tuvo, mas no de la carne.

Beata Gherardesca de Pisa, terciaria camaldulense. 29 de mayo.

Nació en 1210-1211 en el marco de una familia profundamente religiosa, seguidora de los movimientos espirituales renovadores del siglo XIII. Desde niña Gherardesca fue muy piadosa y junto a su madre participaba en obras caritativas y tenía largos ratos de oración. A los seis años se fue de su casa para vivir en un monasterio (no sabemos cuál). Al parecer fue allí solo para ser educada a cambio de su trabajo, pues terminando la adolescencia su madre arregló un matrimonio para Gherardesca, quien tuvo que volver a su casa y casarse.

Su vida matrimonial no la alejó de la oración y la caridad. Varios años llevaba casada pero no tenía hijos. Entonces su madre comenzó a hacer fervorosas oraciones por tener un nieto, pero estando en oración, se le reveló que su hija sólo tendría hijos espirituales. Pero la mujer insistió en sus ruegos, y he aquí que enfermó, llenándose su cuerpo de úlceras y tumores. Durante dos años duró su tormento, hasta que considerando si su insistencia en un nieto no sería un castigo divino, se rindió a la voluntad divina y sanó milagrosamente.

Por su parte, Gherardesca convenció a su marido para que se tomara en serio su vida espiritual en serio y tomara el hábito en algún monasterio, cosa que hizo en el recinto camaldulense de San Sabino, Pisa. Por su parte, Gherardesca entró a la Orden Tercera del mismo monasterio, viviendo los votos en el mundo y con una intensa vida apostólica y contemplativa. Vivía en constante penitencia en una pequeña cabaña adosada al monasterio, donde servía a los pobres, oraba y daba consejo espiritual. Tuvo numerosas visiones y consuelos místicos durante años, hasta que subió al cielo entre 1260 y 1270.


Fuente:
-"Vita di S. Gherardesca pisana, vedova terziaria del sacro Ordine de'camaldolesi". P. ZENOBIO VALMORI. OSB.Cam. Venecia, 1736.

A 29 de mayo además se celebra a:


San Cirilo,
niño mártir.
Santa Laura
y comp. mártires.
San Maximino de
Tréveris, obispo.








lunes, 28 de mayo de 2018

De otro corposanto en Francia.

San Valentín de Rostrenen, niño mártir. 28 de mayo.

Sobre este santo, un corposanto extraído de las catacumbas, solo puede saberse sobre su culto moderno. El domingo 28 de mayo de 1865 la iglesia de Nuestra Señora de Roncier, Rostrenen, recibió con júbilo las reliquias del pequeño mártir, donadas por el Beato Pío IX (7 de febrero) al obispo Saint-Brieuc y Tréguier. El mismo prelado recibió las reliquias, celebrando un solemne pontifical.

Los huesos venían dentro de una típica imagen de cera de mediana factura, que pronto cautivó a los fieles quienes crearon la leyenda de un niño mártir asesinado por su propio padre por convertirse a la fe cristiana en la Roma pagana. Pero eso nadie lo sabe. Al parecer tuvo mucha devoción, hoy venida a menos. No hay que olvidar que es la época del auge del traslado de cuerpos de las catacumbas a casi todo el mundo. Tenemos el caso de la polémica Santa Filomena (11 de agosto y 24 de mayo), con una fuerte devoción basada en casi nada sólido.

Además podéis leer estos artículos sobre el tema:

De catacumbas y corposantos (I).
De catacumbas y corposantos (II).


A 28 de mayo además se celebra a:


San Teódulo de Edesa,
estilita.
San Jorand de
Bretaña, ermitaño.
San Andrés,
"loco por Cristo".





domingo, 27 de mayo de 2018

San David de Garedzji.

San David de Garedzji, monje. 27 de mayo y 9 de junio.

Fue uno de los doce compañeros de San Juan Zedanski (7 de mayo) que evangelizaron Georgia en el siglo VI. Se establecieron en el desierto de Garedshki, cerca de Tibilisi, llevaron una muy austera de ayuno, penitencias, oración y trabajo. Solo comían hierbas y cortezas de árboles. Una cierva salía de vez en cuando del bosque y les proporcionaba leche, y en una ocasión se transformó en queso al hacer David la señal de la cruz sobre el lácteo.

Cuando David tenía casi 100 años peregrinó con sus discípulos a Tierra Santa, pero cuando se aproximaba a Jerusalén y la vio desde una colina, exclamó que no se atrevía pisar el mismo suelo que Nuestro Señor, siendo tan pecador. Permitió que sus monjes visitaran los Santos Lugares, pero él regresó, llevándose una pesada piedra como penitencia. A su muerte, a finales del siglo VI, la piedra fue puesta sobre su sepultura y el contacto con la misma arrancaba estupendos milagros.


A 27 de mayo además se celebra a:


San Julio, soldado mártir.
San Federico de Lieja, obispo.
San Ragnulf, mártir.





sábado, 26 de mayo de 2018

De Santos Reyes (XXIII): San Edmundo I.

Pregunta: pudiera saber mas sobre san Edmundo y otros santos con ese nombre.

Respuesta: Hay varios santos de ese nombre, pero te respondo al menos sobre uno de ellos:

San Edmundo I "el Magnífico" de Inglaterra, rey mártir. 26 de mayo.

Fue hijo primogénito del rey Eduardo el Viejo, rey de Wessex y de Edgiva, hija de Sigehelm, un caballero de Kent. A los 18 años subió al trono, siendo coronado el 29 de noviembre de 939. Muy pronto tuvo que defender su reino de los ataques de Olaf de Irlanda, que había ocupado la Northumbria, pero alfinal tuvo que aceptar la paz y abstenerse de reconquistar su tierra hasta la muerte de Olaf, en el año 942. En el año 940 se casó con Santa Ælfgifu de Shaftesbury (18 de mayo). Tuvieron tres hijos: Edwy, rey de Northumbria, de vida licenciosa, depuesto por los nobles, una hija de la que no se sabe ni el nombre, casada con Balduino de Hesdin, y San Eduardo el Pacífico (8 de julio).

En 945 Edmundo conquista Strathclyde pero concede sus derechos al rey Malcolm I de Escocia, estableciendo un pacto de ayuda mutua y unas relaciones pacíficas con Escocia. Durante su reinado comienza el renacimiento de los monasterios y abadías, dándose el gran impulso a la Iglesia en los reinos ingleses. En el 946, ya viudo, se casa pocas semanas antes de morir, con Ethelfledis, hija de Alfgar, señor de los Wilsaetas. 

El 26 de mayo de ese mismo año, con solo 25 años Edmundo fue asesinado en Pucklechurch, por Leofa, un ladrón exiliado. Edmundo le escupió frente a la muchedumbre, que respondió peleando, muriendo ambos durante esta pelea. Fue sepultado en la abadía de Glastonbury, en Somerset. Aunque nunca fue canonizado, recibió el típico culto religioso-patriótico que recibieron muchos reyes ingleses.

Otros santos que llevan este nombre son:

San Edmundo de Inglaterra, rey y mártir. 20 de noviembre.
San Edmundo Rich, obispo. 16 de noviembre
San Edmundo Gennings, presbítero mártir. 10 de diciembre
San Edmundo Arrowsmith, jesuita mártir. 28 de agosto
San Edmundo Champion, jesuita mártir. 1 de diciembre
San Edmundo de Escocia, príncipe. 3 de octubre
Beato Edmundo René de Vezelay, canónigo mártir. 2 de octubre
Beato Edmundo Sykes, presbítero mártir. 23 de marzo
Beato Edmundo Bojanowski, presbítero fundador. 7 de agosto
Beato Edmundo Ángel, religioso de La Salle, mártir. 6 de noviembre.
Beato Edmundo Ignacio Rice, presbítero fundador. 29 de agosto.


A 26 de mayo además se celebra a:


Santos Dyfan y Fagan,
misioneros.
La Invención de
Santiago Apóstol.
San Berenger de
St-Papoul, monje.









viernes, 25 de mayo de 2018

De un papa valiente y reformador.

San Gregorio VII, papa. 25 de mayo.

Es este uno de los papas más grandes de la historia civil y eclesiástica. Reformador y gran apástol. Nació sobre 1020 en la Toscana, en una familia humilde, y se llamaba Hildebrando Aldobrandeschi. Fue educado por su tío, abad de Santa María del Aventino, y desde niño mostró una admirable capacidad de estudio, gran inteligencia y sólida piedad. Tomó el hábito monástico en el mismo monasterio y pronto fue conocido fuera de los claustros por su rectitud y valía. En 1045 el papa Gregorio VI le mandó llamar junto a sí como secretario. Al año siguiente, siendo desterrado el papa a causa de su deposición (el Concilio de Sutri determinó que había sido elegido simoníacamente), Hildebrando lo siguió a Colonia y le asistió en su muerte ese mismo año.

Luego, Hildebrando se fue al más célebre monasterio del momento: Cluny, donde era abad San Odilón (1 de enero y 11 de mayo, Todos los Santos Abades de Cluny). El espíritu reformador de Cluny inundaría a Hildebrando, quien se convertiría en la mano derecha del nuevo abad, San Hugo de Cluny, "el Grande", (29 de abril; 11 de mayo, Todos los Santos Abades de Cluny, y 13 de mayo, traslación de las reliquias). Este abad le promocionaría aún más y lograría que en 1049 el papa San León IX (19 de abril) nombrara al joven Hildebrando, de 29 años de edad, abad de San Pablo Extramuros y su Legado Pontificio ante el emperador del Sacro Imperio Germánico y los reyes europeos. También de este papa fue gran apoyo en toda la labor reformadora de la Iglesia. Fue igualmente Legado del papa Víctor II y de Esteban IX. Se opuso enérgicamente a la elección simoníaca de Benedicto X, al que se consideró antipapa, e influyó en la elección de Nicolás II.

Este último pontífice le nombró Archidiácono de Roma, un puesto codiciadísimo por los prelados, pues quien lo ostentaba tenía a su cargo el administrar los bienes materiales de la Iglesia. Era un puesto que se prestaba a todo tipo de corruptelas, vicios y pecados, pero Hildebrando lo ejerció con gran temor de Dios, honestidad y transparencia, llegando incluso a recortar gastos poco que le parecieron poco lícitos del mismo papa. Separó el dinero de la caridad exclusivamente para eso y no permitió ni que una sola moneda fuera usada para sobornos o compra de beneficios espirituales.

Junto a su antiguo amigo San Pedro Damiani (21 de febrero) y el futuro papa Alejandro II, en 1059 estuvo presente en el Sínodo de Milán, para deponer al arzobispo Guido de Velate, quien había comprado el nombramiento, siendo denunciado por el diácono San Arialdo (27 de junio), y a quien el obispo había excomulgado. Hildebrando y sus compañeros pusieron las cosas en su sitio, deponiendo al obispo y llevando el levantamiento de la excomunión. Lo que sí no lograron fue preveer el atroz martirio que padecería Arialdo por órdenes del obispo, siendo castrado, mutilado y ahogado.

Todas estas acciones enérgicas, reformadoras y su vida austera y piadosa, hicieron que a la muerte de Alejandro II, Hildebrando fue elegido papa por aclamación popular el 22 de abril de 1073. Aunque Esteban II había prescrito que solo los cardenales podrían elegir al papa, esa norma se saltó por alto, sabiendo del gran bien que suponía tener a Hildebrando en el trono de San Pedro. Fue consagrado obispo y coronado papa el 30 de junio de 1073, tomando el nombre de Gregorio VII.

San Gregorio continuó la reforma de la Iglesia que tanto había impulsado León IX. Afianzó el poder papal por encima de todos los obispos, centralizando aún más el poder. Esto, sinceramente, le alejó de la Iglesia Oriental, más sinodal, e hizo más difícil la posible unión luego del cisma de Oriente. Además, propuso al papado como el supremo gobernante del mundo, al cual el mismo emperador debía sumisión, aun suponiendo la diferencia entre los dos poderes, civil y eclesiástico. Todo esto no fue de balde, por supuesto, sino a causa de una batalla que hubieron de librar Iglesia e Imperio a causa de "las Investiduras". A grandes rasgos, el problema, que se arrastraba desde el siglo IX y duró casi 100 años, se trató acerca de la prohibición por parte de la Iglesia, de que los monarcas invistieran obispos por su cuenta, como si de un cargo civil se tratara. El emperador y los príncipes elegían obispos solo por conveniencia política, para premiar a sus parientes o simplemente vendían el obispado a quien lo comprara mejor.

Un ejemplo de todo esto lo vemos en la historia de San Federico de Lieja (27 de mayo), quien era Deán de la catedral de Lieja cuando murió el obispo, en 1119. Antes que pudieran elegir un nuevo obispo, Alejandro, uno de los canónigos de la catedral y su tesorero, apoyado por Godofredo, conde de Lovaina, compró al emperador Enrique V su nombramiento como obispo de la sede vacante. Enrique V le entregó el anillo y el báculo y le envió a Lieja. Pero Federico reunió al Capítulo catedralicio y a todo el clero de la ciudad para hacer frente al obispo simoníaco e impedirle tomar la sede. A tal punto llegó la cosa que hubo hasta una batalla. También el caso del Beato Odo de Cambrai (19 de junio), a quien no le dejaron tomar posesión de su sede por haber sido elegido obispo por el papa Pascual II. También padeció por ello San Anselmo de Canterbury (21 de abril) allá en Inglaterra, pues el problema no solo era con el Sacro Imperio Germánico. Los prelados estaban divididos entre lo que mandaba la Iglesia y la obediencia al emperador. Así, por ejemplo, en el siglo X veremos a San Lantpert de Freising (18 de septiembre) del lado de Otón II frente al papa.

El emperador Enrique
y el papa Gregorio.
En el Sínodo de Roma de 1075 Gregorio renovó la absoluta prohibición por parte de los laicos de nombrar obispos en sus territorios. Esa prerrogativa pasaría a ser exclusiva del papa, en detrimento de los capítulos canonicales y presbíteros locales, los cuales, hasta entonces habían tenido voz y voto para elegir a sus obispos. Es por ello que, cuando el emperador Enrique IV se negó a aceptar la prohibición no pocos clérigos le apoyaron aún contra el papa: porque eso era contrario a la costumbre de muchas sedes donde los abades y los presbíteros elegían a sus obispos. El santo papa fue apoyado por otros prelados, como el obispo San Altmann de Passau (8 de agosto), y los abades San Guillermo de Hirsau (5 de julio) y San Erminold de Prüfening (6 de enero), quien llegaría a impedir el acceso a Enrique, a la sazón excomulgado, a su monasterio. Y no solo a este, sino a los obispos Ratisbona y Bamberg que le acompañaban y que apoyaban al monarca.

Enrique IV, lo dicho, continuó nombrando obispos en sus territorios, de tal modo que las sedes aledañas a los Estados Pontificios, como Milán y otras, tenían obispos más fieles al Imperio que a la Iglesia. Gregorio amenazó al emperador con excomulgarle y además, deponerle del trono imperial. Esta amenaza logró que Enrique depusiera a algunos de sus obispos, pero solo para tomar tiempo. En 1075 se expuso a la excomunión, celebrando una Dieta en Worms, en la cual depuso al papa Gregorio. La excomunión papal se hizo efectiva, lo cual fue aprovechado por algunos príncipes para, bajo supuesto celo por la fe católica, no prestar vasallaje al emperador. Al mismo tiempo, se planeó una reunión de los príncipes con el papa en Ausburg, en la cual nada bueno Sus consejeros pronto le advirtieron del desastre que esto podía suponer para el Imperio mientras Gregorio mantuviera la excomunión, por lo cual decidió fingir, que eso fue, un fingimiento, una reconciliación.

Se reunieron en el castillo de Matilde de Canossa. Enrique se presentó como un penitente, descalzo y suplicando el perdón del papa. Gregorio lo absolvió, abrazándole como un padre a su hijo. Enrique obtuvo a cambio el compromiso de celebrar una Dieta en la que se debatiría con más calma el asunto de las Investiduras. Enrique comenzó a dilatar la Dieta, por lo cual Gregorio lanzó una la excomunión y proclamó su deposición, al tiempo que proponía a Rodolfo, duque de Suabia, como emperador, en una alianza con San Ladislao I de Hungría (30 de junio y 29 de julio) y San Leopoldo III de Austria (15 de noviembre). Como agradecimiento a este apoyo, el papa concedió a los húngaros en 1083 la canonización de San Esteban de Hungría (16 de agosto y 2 de septiembre) la de su hijo San Emeric (4 de noviembre) y la del obispo mártir San Gerardo Sagredo (24 de septiembre), y ordenó la traslación de las reliquias del ermitaño San Andrés Zoerard (17 de julio).

Pero, aún con esas alianzas, Gregorio no logró su objetvo. No tuvo en cuenta que los prelados de Alemania y Lombardía se rebelaron y reclamaron a Enrique como verdadero emperador, apoyando la elección del antipapa Clemente III en 1080. Enrique tomó sin dificultad la ciudad de Roma en 1084, celebrando un forzado sínodo que depuso y excomulgó al santo papa Gregorio. Para rematar el acto sacrílego, el antipapa Clemente III coronó emperadores a Enrique y a su mujer.

Reliquias del papa San Gregorio VII.
Catedral de Salerno.
Gregorio hubo de huir a Salerno, donde vivió pobremente. Para colmo, los normandos, protestando fidelidad a Gregorio (más bien por oposición a Enrique) tomaron Roma y la saquearon, dejando numerosos muertos y edificios destruidos. Enrique hubo de abandonar Roma y Gregorio tuvo que huir a Salerno, pues los romanos lo culparon del saqueo y muertes, injustamente. En esta ciudad Gregorio moriría, abandonado de todos, el 25 de mayo de 1085.

El problema de las Investiduras no se solucionaría finalmente hasta 1122, imperando Enrique V y siendo papa Calixto II.

Gregorio VII fue canonizado en 1726 por el papa Benedicto XIII. Sus reliquias se veneran en la catedral de Salerno.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.
San Calixto I. 14 de octubre.
San Gelasio I. 21 de noviembre.
San Agatón. 10 de enero.
San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Julio I. 12 de abril.

San Alejandro I. 3 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.
Beato Benedicto XII. 25 de abril.

A 25 de mayo además se celebra a:


San Dunchladh de Iona,
abad.

Santa María M. de Pazzi,
virgen carmelita
.
San Urbano I,
papa y mártir.
La Tercera Invención
de la Cabeza
de San Juan Bautista.























jueves, 24 de mayo de 2018

La Traslación de Santo Domingo de Guzmán.

La Traslación de Santo Domingo de Guzmán. 24 de mayo.

La Orden de Predicadores celebra a día de hoy la fiesta de la traslación de su Padre fundador, Santo Domingo de Guzmán (8 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias; 15 de septiembre "in Soriano").

El santo falleció en Bolonia el 6 de agosto de 1221, en medio de fervores y señales maravillosas. Sus funerales fueron concurridísimos, aunque los frailes habían pensado enterrarlo en intimidad y luego de unos funerales sentidos, pero pobres. Sin embargo, no fue así, pues el célebre cardenal Hugolino que se hallaba de paso por la ciudad, quiso se celebraran unos funerales como aquel bendito padre merecía. Nobles, clero y mucho pueblo velaron al santo, se encomendaron a él, y finalmente le sepultaron no lejos de la iglesia de los dominicos, en una sencilla sepultura, a la cual se le colocó una pesada losa encima. El mismo día del entierro a la vera del sepulcro del santo se produjo la sanación de un endemoniado. Este milagro sería el primero de muchos que ocurrirían, aumentando la fama de santo de la cual ya gozaba Domingo en vida. Ahora se confirmaba no más. Por ello, los religiosos y la misma iglesia, urgían su canonización, que todos tenían por cierta.

Doce años después de la muerte del santo, su sepultura aparecía descuidada a pesar de la devoción popular. Supo de ello el papa Gregorio IX y sabiendo que el pueblo quería la canonización de Domingo, mandó se trasladase su cuerpo a un sitio más honroso en alguna iglesia. Para ello envió como legado al arzobispo de Rávena.

En la Pascua de 1233 celebraron los dominicos Capítulo General en Bolonia, y durante el mismo se acordó hacer la traslación como coronamiento de la magna reunión. El Beato Jordán de Sajonia (13 de febrero), General de la Orden, autorizó el traslado, que se fijó para el Lunes de Pentecostés, 24 de mayo del mismo 1233. El día señalado, los frailes y los arzobispos de Rávena, Bolonia, Módena y Brescia se fueron al sepulcro y levantando acta de todo, abrieron la losa. Inmediatamente un olor suavísimo salió de la sepultura, siendo las reliquias del santo la causa. Aquel olor producía honda emoción en los asistentes, y quedó impregnado en las manos y ropas de todos los que tocaron las reliquias.


Cráneo de Santo Domingo.
El cuerpo del santo fue puesto en una bella arca, y la cabeza depositada en un cojín que portó el Beato Jordán en la procesión hasta la iglesia de San Nicolás, donde se veneraron expuestos hasta el 9 de junio, día en que se sepultó nuevamente en una capilla lateral de la iglesia, que pasaría a llamarse "de Santo Domingo", posteriormente a su canonización, en 1234 por el mencionado Gregorio IX. En 1267 las reliquias se depositaron en una bella arca que con el paso del tiempo ha ido embelleciéndose. En 1943 se trasladaron temporalmente para protegerlas de los bombardeos de la II Guerra Mundial. En ese momento se hizo la fotografía lateral.


Fuente:
-"Vida del glorioso Padre y Patriarca Santo Domingo de Guzmán". BEATO FRANCISCO DE POSADAS. Madrid, 1746.


A 24 de mayo además se celebra a:


Santa Afra de Brescia, mártir.
San Vicente, monje.
N. S. María Auxiliadora.
San Juan Estilita.













Y además podéis leer:

De la Invención y Traslación de reliquias en la Iglesia.
La Invención de las reliquias de San Esteban.
La Invención de Santiago Apóstol.
La Traslación de Santiago Apóstol.
La Traslación de San Gregorio Nacianceno.
La Traslación de San Phantalo.
La Traslación de los Reyes Magos.
La Traslación de Santa Juana de Lestonnac.
La Traslación de Santo Tomás de Aquino.
La Traslación de San Mateo Evangelista.
La Traslación de San Juan de Mata.
La Traslación de Santa Isabel de Hungría.

miércoles, 23 de mayo de 2018

De una donación enrevesada.

San Guibert de Gembloux, monje benedictino. 23 de mayo.

Nació sobre 892 en Arnau, en la actual Bélgica, en una noble familia. Siendo pequeño su padre murió y su madre se casó otra vez, enviudando de nuevo. Así más de tres veces. Guibert parecía inclinado por las armas y llegó a servir en el ejército imperial, pero joven aún se licenció para ser eremita en una finca heredada de su padre en Gembloux, Brabante.

En 936 cedió estas tierras a los benedictinos para que fundaran monasterio, y él mismo tomó el hábito monástico allí. Como le hacían cierto reconocimiento como fundador del recinto, Guibert se trasladó al monastero de Gorze, en el norte de Francia. Allí fue un monje ejemplar, piadoso y muy estudioso. Pero allá tampoco lo dejaron en paz, pues fue acusado ante el emperador Otón II de que aquella donación a los benedictinos era ilegal. Guibert debió visitar al monarca y explicar la situación, y lo hizo tan bien que el emperador no sólo confirmó la donación sino que, además, otorgó a la abadía ciertos privilegios, como derecho a elegir a su propio abad sin la injerencia de los poderes civiles, podían vender cualquier producto en los mercados y ferias sin impuestos, podían acuñar moneda, entre otros.

Pero que ni así estaba en paz nuestro santo, porque en menos de un año un cuñado de Guibert reclamó las posesiones del monasterio de Gembloux y lo hizo ocupar por sus hombres. Guibert dejó Gorze para ir a Gembloux a reclamar a su cuñado y consolar a los monjes por el allanamiento. Pudo hacer la paz y regresar a Gorze, donde vivó una vida santa muchos años. En 962 expiró, atendido por algunos compañeros de Gembloux, que le asistieron en su muerte y se llevaron su cuerpo para enterrarlo en Gembloux, donde se veneran sus reliquias aún, bajo el altar mayor.


A 23 de mayo además se celebra a:


San Didier, obispo y mártir.
La Aparición de Santiago.
San Guillermo, mártir.





martes, 22 de mayo de 2018

San Goswin de Colonia.

San Goswin de Colonia, niño mártir. 22 de mayo.

La leyenda cuenta que el niño era natural de Colonia, nacido en el siglo II. Con sus padres se trasladó a Roma, donde conoció la fe cristiana y se convirtió a Cristo, a la edad de 10 años. Por no renunciar a Cristo, fue crucificado y decapitado en 176. Algunos añaden que imperando Antonino Pío, pero este hacía tiempo había muerto.

En el siglo VI ya hay vestigios de su culto, por lo que podemos suponer que es anterior. Sobre su origen hay diversas opiniones. Para unos su devoción pudo surgir a partir de las numerosas lápidas aparecidas en los cementerios extramuros de Colonia, y que darían pie a la leyenda de Santa Úrsula (21 de octubre). Para otros se trata de un desdoblamiento de San Ansano de Siena (1 de diciembre). Y para otros, los más, fue un desconocido mártir romano cuyas reliquias se trasladaron a Colonia en un tiempo impreciso, antes del siglo VI.


Fuente:
-"Martyrdom, Murder, and Magic: Child Saints and Their Cults in Medieval Europe". PATRICIA HEALY WASYLIW. New York. 2008.


A 22 de mayo además se celebra a:


Beata Renata de Baviera,
viuda y fundadora.
Santa Julia de Corcega,
virgen y mártir.
Santa Joaquina Vedruna,
viuda fundadora.









lunes, 21 de mayo de 2018

La Traslación de San Juan de la Cruz.

La Traslación de San Juan de la Cruz, Padre Nuestro. 21 de mayo.


Muerte del Santo Padre.
Nuestro Padre murió en Úbeda, la noche del 13 al 14 de diciembre de 1591, luego de incontables dolores y desprecios de varios de sus hijos. Fue sepultado allí mismo, pero por poco tiempo. El Oídor del rey, Luis de Mercado y su hermana, Ana de Peñalosa (amiga y dirigida del santo) reclamaron el cuerpo para que fuera sepultado en Segovia, el convento edificado por el santo y donde el mismo santo había profetizado al ser trasladado, que Doña Ana "procuraría su regreso". El General, Nicolás Doria, había consentido y convenido con ellos que, donde quiera que muriese el santo, sería trasladado a Segovia.

En septiembre de 1592, con mucho sigilo (para que no lo supieran los frailes y el pueblo) el prior y dos frailes junto a Juan de Medina Ceballos, un alguacil comisionado por Luis de Mercado para el asunto, desenterraron al santo. El cuerpo se hallaba fresco aún, aunque casi hacía un año de su tránsito. Se constató que olía bien, emanaba algún tipo de óleo y que la llaga de su pierna manaba hilillos de agua sanguinolenta aún. Viendo que en este estado era imposible llevárselo ocultamente, pues no se atrevían a desmembrarlo, decidieron enterrarlo de nuevo, aunque poniéndole cal viva para que se consumiese pronto la carne y quedara el hueso pelado. Antes, y para consolar a Doña Ana con una reliquia, le arrancaron el dedo índice de la mano derecha al santo. Y he aquí que del corte manó sangre abundante, que fue recogida en paños.

Medio año esperaron para volver a desenterrar al santo para llevárselo a Segovia. En abril de 1593. Igualmente de noche y en secreto, el cuerpo volvió a ser desenterrado y he aquí que hallaron que la cal no había dañado nada al cuerpo del santo, que seguía emanando aquel óleo. Esta vez no decidieron enterrarlo, sino que Ceballos prefirió arriesgarse y cumplir su cometido. Primero le cortaton una mano y otros dedos al santo, para repartirlos como reliquias, y luego envolvieron al santo en lienzos y partieron rumbo a Segovia. Algunos testimonios dicen que fray Bartolomé dc San Basilio, religioso del convento, oyó en sueños que una voz le gritaba "Levántate y acude aprisa que se llevan el cuerpo del santo padre fray Juan". Despertó y corrió a la iglesia, donde el subprior no le dejó entrar, para que no viera lo que pasaba, pero que él sabía por revelación estaba pasando. Caso asombroso fue el de Clara de Benavides, otra conocida del santo, quien después de la muerte del santo, siempre se sentaba junto a la sepultura de este para oír misa. La primera vez que esta señora fue a la misa después que trasladaran de allí el cuerpo, sintió una soledad muy grande y tuvo la intuición de "Nos han quitado de aquí el santo cuerpo". Preguntó al suprior y este le dijo que no se había movido al santo pero tanto insistió ella, que el P. Fernando le reveló lo ocurrido y que las reliquias iban camino de Segovia.

El secreto traslado sucedió con algunos sucesos extraños, como el buen olor que despedía el cuerpo y que atraía a muchos curiosos, aún de lejos. En otra ocasión estaban descansando cuando vieron aparecer un extraño perro blanco, que les hacía gestos para que se fuesen del lugar donde estaban, como así hicieron enseguida, previendo algún peligro. La furtiva comitiva llegó a Madrid, donde por indicación de Ana de Peñalosa, se dirigió al convento de las carmelitas descalzas, al tiempo que mandaba decir al padre Blas de San Alberto, Definidor y Vicario General, que fuera al mismo convento. Así, Doña Ana, el Definidor y las reliquias del santo llegaron al mismo tiempo adonde las descalzas. Mandaron avisar a la priora, Ana de Jesús, la cual en su celda ya había sentido el olor de las reliquias del santo y ya iba a la portería sin necesidad de avisto alguno.


Reliquia del Santo.
Alba de Tormes.
Entraron el santo cuerpo a la clausura y lo descubrieron ante las monjas convocadas a ello. Todos veneraron el santo cuerpo, admirados de su incorrupción. Fray Blas, Don Luis y Doña Ana convinieron resarcir a Úbeda por el traslado y darles alguna reliquia, así que le cortaron el pie llagado y envuelto en ricas telas lo enviaron a Úbeda con el padre Francisco "el Indigno". De este pie sacaron dos huesos las monjas de Sabiote, donde descansó el buen padre antes de llegar a Úbeda. Otras reliquias se arrancaron en todo este trayecto, pero no me detengo en ello por no hacerlo tedioso.

Doña Ana cortó un brazo al santo para quedárselo ella, puso otro hábito al santo y lo mandó al convento de Segovia con el mismo sigilo que hasta ahora. Pronto se corrió el rumor en la ciudad de que las reliquias del santito fray Juan habían llegado a la ciudad, y muchos devotos aparecieron por el convento. Y fueron tantos que los frailes tuvieron que exponer el cuerpo sobre un altar improvisado. Fue necesario poner guardias para que los devotos no arrancaran trozos al santo mientras pasaban sus rosarios y estampas, objetos que quedaban impregnados del olor de las reliquias. Numerosos milagros se obraron en aquella espontánea sesion de devoción.

Entretanto se abrió un arco en la pared cerca del altar de Nuestra Señora, poniendo un tabique luego, para no dejarle expuesto, entretanto se decidía que hacer (hay que recordar que ni siquiera se había iniciado un proceso de canonización). Aun desde su humilde lugar "aquellos santos huecesicos habían de hacer milagros", como había profetizado Santa Teresa. Muchos devotos sanaron de sus males, sobre todo los aquejados de mal de articulaciones y rodillas. Se cuentan muchos portentos, que omito en aras de la brevedad. Y no solo allí, sino en Salamanca u otras ciudades, quienes invocaban al santo hallaban su remedio. 

Ante esto, en unos meses los frailes decidieron quitar el tabique de la pared y hacer algo más decente. Se hizo un arco de yesería y se adornó un poco. Cuando se hizo el arreglo se constató que la humedad del sitio había podrido el hábito del santo. Se aprovechó y se abrió al santo por el costado, viéndose todas las entrañas solidificadas y con color. No se vistió el cuerpo con otro hábito, sino que se le cubrió con un manto de seda de una imagen de la Virgen, volviéndose a poner el arca en el mismo sitio. En 1606 los religiosos estrenaron iglesia y en la capilla de la Virgen Doña Ana mandó poner un nicho decorado, y el 21 de mayo se trasladó solemnemente (esta vez sí) el cuerpo del santo a la iglesia, dentro de una bella arca, decorándose además la capilla.


Sepulcro del Santo. Segovia.
El santo padre fue beatificado el 25 de enero de 1675 por Clemente X y canonizado el 27 de diciembre de 1726 por Benedicto XIII, después de estupendos milagros. Su fiesta se fijó en principio a 14 de diciembre, pero en 1732, cuando se aprobó el Oficio Propio, se pasó al 24 de noviembre, para que no cayera ni el día ni la Octava en Adviento. Con la Reforma del Calendario de la Iglesia en 1969, volvió al 14 de diciembre, aunque en algún sitio aún mantienen la memoria del 24 de noviembre. En 1735 el papa autorizó la celebración de la Traslación. En 1738 extendió la fiesta litúrgica de San Juan de la Cruz a toda la Iglesia. El 24 de agosto de 1926, el Beato Pío XI proclama al santo Doctor de la Iglesia. En 1927 se aprobó el nuevo Oficio Propio, renovado posteriormente. Ese mismo año las reliquias del santo se trasladaron a la nueva arca de mármol y bronce donde aún hoy son veneradas. La Fiesta de la Traslación del Santo ya no es celebrada por los carmelitas, ni por la Iglesia de Segovia, que la suprimió de su calendario.


Fuentes:
-"Vida, Virtudes y Milagros del Santo Padre Fray Juan de la Cruz". FR. ALONSO DE LA MADRE DE DIOS.
-"Historia del Carmen Descalzo". FR. SILVERIO DE SANTA TERESA.


A 21 de mayo además se celebra a:


San Constantino I,
emperador.
Beata Richezza de Polonia,
reina y viuda.
San Eugenio de Mazenod,
obispo fundador.
















Y además podéis leer:

De la Invención y Traslación de reliquias en la Iglesia.
La Invención de las reliquias de San Esteban.
La Invención de Santiago Apóstol.
La Traslación de Santiago Apóstol.
La Traslación de San Gregorio Nacianceno.
La Traslación de San Phantalo.
La Traslación de los Reyes Magos.
La Traslación de Santa Juana de Lestonnac.
La Traslación de Santo Tomás de Aquino.
La Traslación de San Mateo Evangelista.
La Traslación de San Juan de Mata.
La Traslación de Santa Isabel de Hungría.

La Traslación de Santo Domingo de Guzmán.