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lunes, 18 de febrero de 2013

San Claudio de La Colombière

 Pregunta: Te importaria poner algo de este santo? Me gustaria que se le conociera un poco mas.

Respuesta: Pues no, no me importa, y me parece bien que alguien se preocupe porque se conozcan santos tan importantes y no muy conocidos, al menos a nivel popular. Debió salir esta respuesta hace unos días, pero el día 15 lo dediqué a los santos Faustino y Jovita.


San Claudio La Colombière, presbítero jesuita. 15 de febrero.
Claudio nació en 1641, en San Sinforiano de Ozon, localidad perteneciente a Lyon. Fue hijo de Bertrand y Margarita, De sus otros cuatro hermanos, dos fueron presbíteros y una religiosa visitandina. El 25 de octubre de 1568, a los 17 años entró en la Compañía de Jesús y desde el noviciado ya participó activamente en las misiones populares llevadas a cabo por su Orden en Avignon y Lyon. Ya religioso profeso, con licencia para predicar, mostró sus dotes de oratoria y sensibilidad para acercarse a las masas, cristianas en el alma, pero un tanto distantes de la fe por causas políticas o morales. En 1666, a pesar de su juventud, fue elegido para predicar la novena de acción de gracias por la canonización de San Francisco de Sales (24 y 29 de enero) en Avignon, donde obtuvo muchas conversiones. Estudió la teología en París durante los cuatro años preceptivos, donde fue preceptor de los hijos de Colbert. Fue amante de la santa obediencia, hasta la más mínima norma, no haciendo nada sin consultar a su superior y a su confesor. Sin embargo, este voto de obediencia no le convirtió en una persona dependiente ni apocada, sino todo lo contrario: estando seguro del beneplácito divino, manifestado en sus superiores, se lanzaba con mucho ánimo en sus empresas misioneras u obras escritas. Fue ordenado sacerdote el 6 de abril de 1669.

Fue enviado a Paray le Monial en 1675, donde desarrolló una gran actividad apostólica en la universidad, colegios, la parroquia y los conventos, fundó cofradías o asociaciones piadosas y cartitativas, debatió con calvinistas, reformó monasterios y al clero. En esta ciudad conoció a Santa Margarita María de Alacoque (16 de octubre), a la que se unió en un profundo amor espiritual en Cristo. Ya sabemos que Margarita era la “confidente del Sagrado Corazón”, lo que la situó en un verdadero calvario por parte de sacerdotes, las monjas y algunos nobles, que no veían con buenos ojos esa devoción moderna al corazón carnal de Cristo (en origen la devoción hacía énfasis en el órgano de carne), ni se propagase su imagen.
Todos dudaban de ella, lo cual es lógico: los seres humanos, y la Iglesia, temen lo novedoso, lo que desconocen y puede cambiar conceptos, en devociones, la Iglesia es prudente, incluso cuando ha dado la aprobación. Tanbién hay que considerar la Francia de la época, renuente a movimientos y devociones nuevas. Reciente estaban los hechos de las cistercienses de Port-Royal, sus flirteos con el jansenismo, que finalmente desembocó en condenas de las monjas, sus seguidores y la demolición del monasterio. Claudio mismo fue un luchador constante contra el jansenismo extendido por toda Francia.

Entonces, Claudio, oyendo a Margarita, confesándola y dirigiendo su espíritu, determinó que aquello no era obra del demonio ni de la devoción de Margarita, sino que procedía verdaderamente de Dios. Ambos diseñaron la imagen (que no es la que conocemos hoy) del Corazón de Cristo y se convirtieron en apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús: ella en el claustro y él en el púlpito. Los jesuitas recogieron este ejemplo y se hicieron fuertes propagadores de la devoción al Sagrado Corazón, pero el tema de la devoción, historia e iconografía del Corazón de Jesús merece artículos aparte, no caben aquí.

En 1676 fue enviado a Inglaterra como director espiritual de la Duquesa de Cork, católica. Fue una época difícil porque no renunció a su apostolado, lo que al final le valió la cárcel, siendo apresado el 13 de noviembre de 1678. Era totalmente prohibido predicar en la Inglaterra anglicana. Estuvo a punto de morir en la cárcel, pero el rey de Francia intercedió, fue liberado y repatriado a Francia. No se repuso de las penurias de la prisión y murió el 15 de febrero de 1682, sin llegar a ver su sueño: la festividad del Sagrado Corazón, celebrada por primera vez en Paray-le-Monial en 1686. Fue beatificado en 1929 y canonizado en 1985. Sus reliquias se veneran en esta misma iglesia, como mudo testigo del culto al Corazón de Cristo.


A 15 de febrero además se celebra a Santos Faustino y Jovita, mártires.


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