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sábado, 21 de marzo de 2015

Al cielo por la sábana



Lo primero que llama la atención del santo de hoy es su mote “el sindonita”. Y lo debe a que su única vestidura durante años fue una sábana para preservar la modestia. ¿Pero quien fue, que hizo y como vivió un hombre tan estrafalario? A ello vamos. 

San Serapión de Arsinoe, el Sindonita, monje. 21 de marzo. 
No se conocen datos de los primeros años de Serapión. Todo lo que ha trascendido de él son noticias sueltas, siempre relacionadas a su vida extravagante y radical por amor a Jesucristo. De joven fue discípulo de San Teodoro el Santificado (14 de mayo), el cual le enseñó el valor de la humildad y la misericordia para la vida espiritual. Al pobre Serapión le daba hambre y se llevaba por las noches un trozo de pan. Con el tiempo le dio tal remordimiento, que le hacía hasta mal comerlo. Conociendo que ser sincero con el superior era bueno para el crecimiento en la vida espiritual, contó a su maestro lo que hacía, y este, con caridad le dijo “Ánimo, hijo. Porque te has atrevido a humillarte, has superado el mal”. Y nunca más cayó en ese defecto.

Como dije, solo vestía con una sábana, y lo único que poseía eran los Evangelios, que portaba siempre, besaba y veneraba constantemente. Tanto bebió de las fuentes evangélicas, que conocía los textos de memoria. Vivía por los alrededores de Arsinoe, Egipto, y por largas ocasiones se retiraba al desierto, en otras iba a la ciudad, predicaba y hacía caridad. Poco a poco fue haciendo algunos discípulos que le seguían en su vida penitente y misionera. En una ocasión se le ocurrió venderse por veinte monedas a unos paganos dueños de un circo, con la intención de predicarles el Evangelio. Y así fue, con su ejemplo penitente y sus palabras encendidas, los amos hallaron a Cristo, le dieron la libertad y dinero, para que comenzase una nueva vida, a lo que Serapión contestó: “Soy un monje de Cristo, nunca he sido esclavo, sino que por Cristo soy libre”, rechazando el dinero. Otra vez se vendió para socorrer a una viuda pobre, y al ser liberado, el amo le dio una capa y una túnica, que inmediatamente regaló a un pobre. Una tercera vez se vendió para convertir a una familia maniquea, que le dieron la libertad al hallar a Cristo.

Decidió ir a Roma, donde oyó hablar de un reclusa que llevaba 25 años con una vida muy orante y penitente, y quiso conocerla. Llegó a ella, pero avisada la virgen por una esclava, aquella contestó que no pensaba recibir a hombre alguno. Serapión dijo que no se iría de allí hasta verla, y se estuvo tres días y noches, hasta que la reclusa, conociendo que venía de Dios, accedió a recibirle, y sucedió algo muy curioso. La reclusa se consideraba muy virtuosa y muerta del todo al mundo, a lo que Serapió le dijo que si de veras estaba muerta al mundo y a sus vanidades, saliera por las calles desnuda. Ella replicó que la gente diría que se había vuelto loca, o que desistía de su vida recluida. Serapión le dijo: "¿Puede un muerto sentir las alabanzas o los insultos de la gente?". Y la mujer entendió que debía tener más celo por la humildad y aplicarse más aún en el abandono del mundo y sus decires.

Siendo de sesenta años, terminó despojándose de todo para prepararse a morir: Halló a un mendigo que temblaba de frío y le entregó su única vestidura: la sábana que le cubría. A uno que le preguntó quien le había quitado su sábana, le enseñó su Evangelio diciendo: “este”. Siendo lo único ya que poseía, lo entregó a un pobre hombre que al que amenazaban con la cárcel por no poder pagar sus deudas para que lo vendiera. Fue inquirido por un cristiano, horrorizado de que hubiese vendido el evangelio, y le respondió: "podréis creer que este Evangelio me parece estarme gritando continuamente 've y vende todo lo que tienes, y dáselo a los pobres'. Por esta razón también lo he vendido a él, y dado su precio a los miembros indigentes de Jesucristo."

Después de esto, se entregó a la oración y un tiempo después, falleció santamente. San Juan el Limosnero (11 de noviembre), al leer su vida, se emocionaba al ver tan gran ejemplo de desprendimiento por Cristo. Algunos hagiógrafos lo confunden con el obispo San Serapión de Thmuis, Egipto, amigo de San Antonio Abad (17 de enero), y con San Serapión, abad mártir, porque los tres se celebran hoy, a 21 de marzo. 

Fuentes:



-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

-"El Dios del misterio y la oración". Kallistos Ware. Narcea Ediciones 1997.

-"-“Vidas de los de padres, mártires, y otros principales santos”. Tomo III. LIC. JOSÉ ALONSO ORTIZ. Valladolid 1789.


A 21 de marzo además se celebra a

San Jacobo el Confesor, obispo.
San Absalon de Lund, obispo

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