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jueves, 19 de mayo de 2016

Un papa dimisorio. Pues si hace falta...

San Celestino V, monje y papa. 19 de mayo.

Con la tiara a los pies,
su atributo típico.
Pedro de Murrone nació en Molina, Nápoles, en 1215, en una familia de labradores. Su madre era muy piadosa y de ella aprendió las oraciones y el buscar siempre la voluntad de Dios. Muy joven profesa como benedictino, y buscando el ideal del eremitismo, se retira a unas cuevas en Murrone y en Majella. Allí vive con algunos discípulos largos años, hasta que la necesidad jurídica, le hace fundar una orden nueva en 1264, con la aprobación del Papa Urbano IV: los "ermitaños de San Damián", llamados "celestinos". Seguían la regla benedictina con gran severidad. En 1274, se dirigió al concilio de Lyon, muy severo con las nuevas órdenes monásticas, a defender su obra y logró que el Beato Gregorio X (10 de enero) le confirmara su orden. 

La orden se extendió lo suficiente para que a su muerte contara con más de 600 monjes y más de 30 monasterios, ya sea fundando nuevos, o reformando algunos poco fervientes. Con los años fue languideciendo y finalmente fue absorbida por la orden benedictina. También fundó una congregación piadosa para los seglares, en la que se comprometían a rezar un Padrenuestro a visitar a un pobre o enfermo todos los días. Era muy austero y penitente, en una ocasión vivió en su celda durante trece meses seguidos sin salir. Todos los miércoles y viernes los dedicaba enteros a ayunar y orar. Pero no le dejaban en paz, era visitado por clérigos o fieles en busca de apoyo y consejos. 

En 1284, cansado, abandonó el gobierno de la Orden, para volver a la soledad, pero poco le duró la cosa. En 1294, luego de la muerte de Nicolás IV, la iglesia quedó sin Pastor más de dos años, por causas políticas, peleas e intereses económicos. Tejemanejes del rey de Nápoles, Carlos II, sobrino de San Luis de Francia (25 de agosto), hicieron que se eligiera a aquel monje santo, alejado de Roma y la corrupción, y que vivía en una cueva: Pedro de Murrone. Ya le conocía el rey, pues le había visitado en Sulmona y concedido privilegios para la orden. Hay que decir que el mismo Pedro Murrone se metió, como se suele decir "en las patas de los caballos", pues había escrito una carta a los cardenales, amenazándoles de un castigo terrible de parte de Dios si en cuatro meses, el Colegio no había elegido al Papa. Así las cosas y con el visto bueno de Carlos II, se le eligió papa. No porque pensaran que no sería manipulable, sino porque sabían que era pacífico y lo podrían manipular ellos, los cardenales y el rey: sería un papa de trancisión hasta que se pudiera elegir uno con temple y condujera a la iglesia con corrección y firmeza. Además, se quitaban de enmedio a los Orsini y los Colonna, familias que tenían a los cardenales divididos, para elegir a un papa de propia conveniencia. 

Le llevaron casi a la fuerza a Nápoles, donde dice la tradición que entró sobre un borrico, como Jesús, cuyas riendas sostenían Carlos II y su hijo. Allí fue coronado, el 29 de agosto de 1294 y estableció su corte papal. Siguió alejado de todo lujo y boato, ahora del pontificio, y su habitación fue una celda que mandó a construir. No se quitó su hábito pobre y penitente, que usaba debajo de todos sus ricos ornamentos.Pero poco duró la cosa, pues fue un desastre. Hombre bueno, pero inútil para gobernar la Iglesia: No sabía retórica, ni tenía conocimientos jurídicos, ni experiencia diplomática o política. Legisló por buenismo, sin tener idea de lo que hacía. Se buscó problemas de todo tipo, con romanos y franceses, con el rey de Nápoles y con el de Francia. Intentó reformar la iglesia, haciendo que numerosos monasterios adoptaran su regla, vendiendo propiedades eclesiásticas. 

Cuerpo incorrupto de Celestino V.
En fin, que el papado le quedaba grande,así que pensó en la abdicación, cosa que vieron los cardenales con los ojos al cielo. El cardenal Gaetani le proporcionó los argumentos por los que el papa podía abdicar del solio pontificio. Así, el 13 de diciembre de 1294, a los cinco meses, reunió a la corte pontificia y anunció su abdicación. A los 9 días, fue elegido ¡el cardenal Gaetani!, el mismo que le había allanado la abdicación, que tomó el nombre de Bonifacio VIII. El nuevo papa suprimió lo poco que había hecho Celestino que, entre otras cosas de dudosa transparencia, había nombrado arzobispo de Lyon al hijo del rey de Nápoles, el conocido San Luis de Tolosa (19 de agosto), que tenía solo 21 años y ni siquiera era sacerdote. Bonifacio VIII lo dejó en la dignidad arzobispal, sin sede, con la condición de que se ordenase presbítero.

Sabía Bonifacio que Celestino tenía admiradores, discípulos y que su orden era poderosa. Así que, por miedo a otro cisma y otro papa rodando por ahí, mandó apresarlo y llevarlo a Roma. Celestino se se escondió en los Abruzzos e intentó huir a Grecia, pero su nave zozobró, fue capturado y encerrado en Fumone. Nueve meses después falleció, a los 81 años, el 19 de mayo de 1296. La leyenda dirá que fue envenenado por Bonifacio VIII, pero solo es eso, leyenda. Clemente V lo canonizó en 1313. Su cuerpo incorrupto reposa en la iglesia que los benedictinos "celestinos" tienen en Ferentino, L'Aquila, y que pueden verse en este vídeo.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.


A 19 de mayo además se celebra a 
San Ivo de Bretaña, abogado.
San Dunstan de Canterbury, obispo.



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