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lunes, 25 de junio de 2018

Del fundador no fundador.

Beato Juan "el Hispano", monje cartujo. 25 de junio.

Nació Juan en Almansa, León, sobre 1123. A los 13 años se fue a Francia con un amigo en busca de conocimiento y aventura. Estudió en Arlés, donde le conoció una noble familia que prendada de él por su actitud hacia el estudio, le ayudó económicamente a continuar estudiando cuando el joven Juan quedó casi en la miseria.
A los 16 años ya era Lector de Filosofía y antes de volver a su tierra quiso determinar su camino en la vida tomando unos días de retiro en el monasterio basiliano de la ciudad. Allí un monje muy santo y sabio le dijo que el Señor le llamaba a la vida monástica. 

Sin más, Juan dejó el mundo y en una celdilla anexa al recinto se puso bajo las órdenes del monje, quien le formó para la vida religiosa. Se aplicó tanto el joven en la oración, el ayuno y la penitencia que cayó enfermo, siendo sanado milagrosamente. Templó su austera vida y pronto progresó en la virtud. A los 20 años era tan avezado en la vida ascética que los basilianos querían hacerle prior, pero el santo Juan ya tenía otros planes, y Dios también.

Quería el joven una vida de mayor recogimiento y por ello se fue a la Cartuja de Montrieux, célebre por la santidad de sus monjes. Terminado el Noviciado fue ordenado presbítero antes de terminar la Teología. Su primer oficio, ya sacerdote, fue ocuparse de la sacristía. Su piedad, erudición y caridad para con todos eran tan ejemplares que antes de los 30 años le eligieron los monjes prior de la comunidad. Emprendió la restauración del monasterio y la iglesia, la ampliación de la biblioteca y del mejoramiento de las técnicas de trabajo de los monjes. Y tanto prosperó el monasterio que un vecino poderoso, envidioso de ello, intentó usurpar las tierras de labranza. El beato Juan se le enfrentó, y el noble cambió de táctica: comenzó a influir desde dentro, sembrando insidias en algunos monjes para que eligieran otro prior. Esta guerra sucia también la perdió el malvado, quien amenazó directamente con arruinar el monasterio.

Entonces Juan y los monjes fieles se retiraron a la Gran Cartuja, donde el Prior San Antelmo de Belley (26 de junio) les recibió paternalmente. Allí estuvieron poco tiempo, pues providencialmente el señor de Faucigny pidió a la Gran Cartuja le mandasen monjes para fundar una cartuja en el valle de Béol, Saboya. Juan y sus monjes la fundaron, luego de muchas estrecheces, el 22 de enero de 1151. Había habido allí un monasterio antes, pero la fundación había fracasado. En 1152 asistió al Tercer Capítulo General presidido por San Antelmo. Llamó la atención de los otros capitulares por su semblante austero y penitente, su entrega al estudio y la oración, y su capacidad práctica, como buen místico.

Se le considera fundador de las monjas cartujas por esta razón: las monjas benedictinas de Prebayón, que le conocían bien, le pidieron que les escribiera una versión de las "Costumbres" de de Dom Guigo, para ellas así formar parte de la Orden Cartuja. San Antelmo dio el visto bueno, iniciándose así la vida cartujana femenina.


Abadía de Montrieux.
El 25 de junio de 1160, con solo 37 años de edad, el prior Juan entregaba su espíritu al Creador. Su sepultura fue signo de su humildad hasta el extremo: había ocurrido años antes que dos sirvientes habían fallecido en una avalancha y Juan, siendo prior, les había mandado a enterrar en pésimo sitio. Los superiores le reprendieron por ello y Juan, siempre que podía decía a sus religiosos que, en expiación por aquel error, él debía ser enterrado fuera de la clausura, junto las víctimas de su de error. Así lo hicieron los monjes, lo cual provocó que muy pronto su sepulcro estuviera rodeado de la atención de los devotos, cosa extraña a los cartujos.

Numerosos milagros ocurrieron allí durante siglos, hasta que en 1659 el obispo de Ginebra trasladó los huesos a la iglesia monástica, reconociendo, al menos localmente, su culto. En 1791 dos piadosos montañeses salvaron los huesos de la furia revolucionaria y lo smantuvieron ocultos hasta 1800, cuando los devolvieron a los monjes, ya restaurada la Cartuja. Pio IX, confirmó el culto del Beato Juan el 14 de julio de 1864.

Fuente:
-"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.

A 25 de junio además se celebra a:


Santa Febronia,
carmelita mártir.
B. Daniel de Almaark
y compañeros mártires.
S. Pazanne, Macrina
y Columba, vírgenes.





domingo, 25 de junio de 2017

Santas Pazanne, Macrina y Columba.

Santas Pazanne, Macrina y Columba, vírgenes. 25 de junio.

Habrían vivido en el siglo IX, y según la leyenda, Macrina y Columba eran hermanas, hijas de un noble aquitano, y piadosas desde niñas. Ambas querían consagrarse a Cristo, por lo que cuando Macrina llegó a casadera y su padre quiso buscarle marido, ambas huyeron para hacer vida eremítica, aunque Columba era solo una niña. A ellas se unió una joven llamada Pazanne (o Perseveranda). De allí se fueron las tres a España, estableciendo su ermita en un bosque perteneciente a un noble llamado Oliver. Cuando este supo que tres hermosas mujeres vivían en sus tierras las quiso para sí, por lo que envió a apresarlas. 

En este punto la leyenda omite a Columba, para contar que Macrina y Pazanne pasaron muchas aventuras al huir a Francia. Pazanne murió en el camino, de tantas penurias, y Macrina dejó su cuerpo en Tauvinicus (la actual Sainte-Pazanne), en Poitou, donde ocurrieron varios milagros y los habitantes de la ciudad no quisieron separarse de las reliquias. Entonces Macrina, con algunos discípulos comenzó vida de ermitaña en Magné.

Y poco más podemos decir. Las reliquias de ambas han sido veneradas durante siglos.


A 25 de junio además se celebra a
Santa Febronia, carmelita mártir.
Beato Daniel de Alkmaar y compañeros mártires.

domingo, 5 de julio de 2015

Santa Trófima, la de Minori.

Santa Trófima de Minori, virgen y mártir. 5 de julio, 5 noviembre (invención de las reliquias), 27 de noviembre (re-invención de las reliquias) y 13 de julio (traslación de las reliquias y defensión de la ciudad de Minori).

De esta mártir venerada en algunos sitios italianos, y en Nueva York, por la emigración italiana, todo lo que se conoce está envuelto en la bruma de la leyenda. Según esta, en el año 700, una mujer que lavaba la ropa en la desembocadura de la bahía de Salerno, vio llegar hasta ella un sarcófago de mármol flotando (!) sobre las aguas. Intentó sujetarlo, pero su brazo quedó dormido, hasta que se arrepintió de haberlo tocado. Corrió a la ciudad de Amalfi a avisar al clero, el cual, con el obispo a la cabeza, y seguido del pueblo, bajó al río en procesión a contemplar el prodigio. Convencidos de que portaría reliquias sagradas, intentaron sacar la pieza del agua, pero fue imposible. No había fuerza humana que pudiera hacerlo. Así que trajeron dos novillas blancas, que nunca habían sido uncidas, le ataron el sepulcro a un arnés y los animales tiraron, logrando sacarlo del agua sin esfuerzo alguno hasta detenerse en un punto sin querer avanzar más. Examinado el ataúd, vieron una inscripción en la tapa, que decía que dentro estaba el cuerpo de una virgen mártir llamada Trófima, la cual luego de huir de sus padres desde Sicilia, “había entregado su cuerpo a Minori y su alma al Salvador”. En el sitio donde las novillas se detuvieron se construyó una basílica en honor de la santa mártir. Tradiciones locales posteriores añadieron detalles, como que fue su propio padre quien la mató por bautizarse, que tenía 12 años, que fue un ángel quien le inspiró consagrarse a Cristo y le anunció que por ello sería martirizada.

La primera relación de la invención de las reliquias, que no se conserva, es contemporánea del hecho, y además narra hechos históricos: Poco durarían allí las reliquias, pues sabiendo los habitantes de Minori el afán del rey Sicard de los longobardos, por las reliquias (no dudó en robarles el supuesto cuerpo de San Bartolomé a Lipari), llevaron el sarcófago de Trofimena a la catedral de Amalfi, donde era más difícil un expolio. Pero no quería eso la santa, por lo cual, se le apareció al obispo Pedro, advirtiéndole que moriría en breve y su cuerpo sería devorado por los perros. Y efectivamente, el rey Sicard no le importó invadir la ciudad, violentar la catedral y llevarse las reliquias de Trófima a Benevento, no sin antes en venganza por intentar escondérselas, profanó la tumba del obispo y echó su cadáver a los perros callejeros. Pero al año siguiente, Sicard fue asesinado, y el clero de Amalfi exigió a la princesa Radelchis y al obispo de Benevento, la devolución de las sagradas reliquias. Finalmente, el 13 de julio de 840, las reliquias volvieron a Minori (salvo un pedazo de cráneo, que pasó a Salerno), y fueron ocultadas en la basílica, por miedo a un nuevo robo. Y tan ocultas, que se perdió su rastro y aunque la memoria litúrgica se mantuvo (en el siglo XVII se introdujo su nombre en el propio de varias diócesis) la veneración de las reliquias se interrumpió hasta el siglo XVIII, cuando en unas obras de restauración de la basílica de la santa, aparecieron metidas entre dos paredes, el 27 de noviembre de 1793. El hecho fue anunciado a voleo de campanas, celebrado con una fastuosa novena, predicaciones y una hermosa procesión. Se depositaron en un relicario de alabastro y se depositaron en la cripta de la basílica.


La semejanza de nombres ha hecho que se la identifique con Santa Febronia de Nísibe (25 de junio), y que también se venera en Patti y Menori. No faltan quienes digan que las reliquias en realidad en origen hayan sido identificadas como las de la Febronia nisibita, y que con el tiempo hayan sido identificadas como una santa distinta. La más antigua redacción que se conserva, y recoge la leyenda y la historia de los robos y traslaciones es de 1601.


Fuentes:
-“Italia Sacra” Tomo VI. FERDINANDO UGHELLI. Venecia, 1721.
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.



A 5 de julio se celebra además a  
Santos Nicostrato y Zoé de Roma, esposos mártires.
San Guillermo de Hirsau, abad.

jueves, 25 de junio de 2015

Santa Febronia, carmelita mártir.


Es esta pregunta vieja, de la antigua plataforma del blog, respondida antes por otra persona, y ahora reestructurada por mi, a propósito de la memoria de Santa Febronia, "carmelita" mártir.

Pregunta: ¿Cuál es la historia de Santa Febronia? Filipinas. 

Respuesta: Hay varias santas con este nombre, así que me decantaré por la que más me interesa, en cuanto a su iconografía:

Francisco Javier de Salazar.
Iglesia conventual de la Soledad, Puebla.
Gracias a Montserrat Báez.
Santa Febronia de Nísibe, “la Gran Sufriente”, virgen carmelita y mártir. 25 de junio.  

Sus actas son dudosas, probablemente del siglo VII, y en ambientes nestorianos. Pero su culto es antiguo y consolidado, como para presumir que algo de verdad hay. Según estas, Febronia era monja en un monasterio de Sibápolis de Siria, cuya abadesa era su tía, Santa Brienne (5 de febrero). Ambas eran de familia noble, y Febronia destacaba por su belleza física, y por las virtudes de su alma. Y era tanta su hermosura, que su tía la tenía resguardada incluso a los ojos de las otras monjas. Aunque al principio Febronia solo acompañaba a su tía, en la adolescencia resolvió consagrarse a Cristo, sin querer tomar esposo alguno. Era muy penitente en la comida y el vestido. Vivía el desapego total, durmiendo sobre una tabla, jamás hablaba si no era preciso y siempre acerca de Dios y sus cosas. Poco a poco la fama de su sabiduría se extendió tanto, que una noble viuda pagana llamada Jeris insistía tanto en verla, que Brienne decició vestirla de monja, pues de seglar jamás Febronia le habría hablado. Fue tan celestial la conversación, que Jeris se convirtió junto a su familia, se bautizaron, ella renunció a un segundo matrimonio y se dedicó a vivir para Dios. Como fuera, sabido es que en los monasterios femeninos de la época, era normal que las monjas exhortasen a las mujeres.

Llegado el tiempo de la persecución de Diocleciano, este envió a Sibápolis al prefecto Lisímaco junto a su tío Seleno, con la encomienda de exterminar a todos los cristianos. Lisímaco era de madre cristiana, y en ocasiones favorecía la huida de los cristianos, o no perseguía a los que eran discretos, pero su tío Seleno era enemigo total de Cristo y su Iglesia, y por donde quiera que pasaba dejaba numerosos mártires. Ante esto, el obispo autorizó a las monjas que abandonasen el monasterio, pero Brienne, como abadesa, y Santa Tomaide (5 de febrero) su “subpriora” decidieron no hacerlo, aunque dio libertad a sus religiosas para que huyesen. Asimismo, Febronia decidió guardar su enclaustramiento hasta las últimas consecuencias, conociendo que no había mejor suerte que derramar la sangre por Cristo.

Sabiendo Seleno que había en la ciudad un monasterio de vírgenes consagradas, envió un piquete de soldados que violentaron las puertas, hallando primero a Febronia, que les rogó la martirizasen y perdonasen a su tía y a Tomaide (que la seguiría en secreto). Primo, el capitán de los soldados, viendo la belleza de Febronia e informado de su origen noble la envió a Lisímaco, considerándola una digna esposa para este. Un soldado corrió adonde Seleno, para contarle que Primo pretendía casar a su sobrino con una cristiana, ante lo cual Seleno mandó llevasen a Febronia a su presencia primero. Así que los soldados la separaron de su tía y las otras religiosas, aquella la despidió diciéndole: “Ve, hija mía, a manifestarte como digna esposa de Cristo”.

Ya en presencia de Seleno, Febronia se confesó sierva y esposa de Cristo, a lo que él le respondió que la liberaba de esa servidumbre y que, informado de su ascendencia, le permitía (como si fuera un favor) desposarse con Lisímaco, luego de ofrecer sacrificios a los dioses. La santa le respondió, tomando las cadenas entre sus manos: “No me prives de estas joyas, que son las más bellas que he llevado en mi vida. En cuanto al matrimonio que me propones, te digo que yo me hallo consagrada a mi Dios, y así no se me pueden ofrecer esposos en la tierra. Además, siendo cristiana, ¿podré adorar a los demonios? Y has de saber que en defensa de mi fe estoy dispuesta a sufrir todos los tormentos”. Como buen tirano, Seleno se enojó con esta valiente respuesta, delante de los magistrados y mandó azotaran a Febronia hasta que se arrepintiese; mientras, con antorchas le quemaban los costados. Pero no lo logró, la santa sufrió el tormento elevando oraciones y alabanzas a Dios. No contento, la mandó extendieran sobre una parrilla (una plancha, si acaso) para que fuera quemada a fuego lento. Era tan atroz aquello, que aún los paganos se sentían espantados y algunos se fueron, mientras otros pedían no se atormentase así a aquella bella joven. Y la santo, mientras, daba gracias a Dios por elegirla para testimoniar la grandeza de la fe. Irritado del todo, Seleno mandó le rompieran los dientes, le cortaran los pechos, las manos y los pies. Y como aún la santa alababa a Dios, mandó la decapitasen. Era el 25 de junio de 304. Acto seguido, Seleno enloqueció poseído por el demonio y se abrió la cabeza a golpes contra una columna.

A todas estas, Primo y Lisímaco aún no sabían del tormento de la joven, del que se enteraron cuando les llegaron noticias de la locura y muerte de Seleno. Llegados al lugar, se compadecieron y tomaron el cuerpo de Febronia, lo entregaron a Brienne y Tomaide, que la llevaron al convento. Este acto piadoso supuso la gracia de la conversión para ambos personajes. La suya y la de sus familiares y amigos. Junto al cuerpo pusieron la tierra teñida con su sangre. Fue una traslación marcada por la tristeza contrastante por el júbilo de poder venerar a una mártir de Cristo. Llegados al monasterio, lavaron el cuerpo mutilado, otrora tan bello, y lo recompusieron para ponerlo en una urna riquísima. Al año siguiente se le apareció a las monjas, resplandeciente, para certificar algunos milagros ocurridos en su sepulcro.

El obispo San Juan de Nísibe (8 de mayo), que habiendo conocido del martirio, había construido una iglesia dedicada a la memoria de Santa Febronia, visitó el monasterio y pidió le entregaran las reliquias, para darles veneración pública. Al principio, Brienne se negó, pero luego accedió y le entregó la urna con el santo cuerpo. Pero no sería tan fácil. Apenas tocaron la urna los de la comitiva, se dejaron sentir terribles temblores de tierra, hasta que la soltaron. Así por tres veces. Viendo el obispo y Brienne que no era voluntad de Dios despojasen al monasterio de las santas reliquias, decidieron tomar solo una porción. Lo mismo, esta vez relámpagos terribles. Una vez más, tomó Brienne una mano de la santa, y la suya propia quedó seca, hasta que la quiso soltar, y entonces sanó. Así probando, vieron que al tomar un diente de la santa, nada pasaba. Y con ello se hubo de conformar el obispo, volviendo a su sede con la reliquia, que colocó en el altar mayor. En el siglo XIX en unas excavaciones cerca de Hasake, frontera con Turquía, el profesor Michael J. Fuller halló un relicario que coincidía con las descripciones antiguas del relicario de Santa Febronia: Un relicario con estilo siríaco, realizado en mármol y decorado con cruces, conteniendo un molar. Otras reliquias se veneran en Trani, Roma o en Serbia. 

Santa Febronia, ataviada como
monja ortodoxa
Aunque hay visos de leyenda en esta historia, como dije al principio, hay rasgos de verosimilitud. En primer lugar, es histórico que a mediados del siglo III en Nísibe una comunidad de vírgenes consagradas fundada por el obispo San Juan y Santa Platónida (8 de abril), aunque no hay que entenderla como una comunidad monástica o de clausura. La vida monástica femenina se movía entre el pueblo, dedicándose al culto, pero también al cuidado de pobres, enfermos, atención a las basílicas como diaconisas, etc. Incluso predicaban al pueblo, especialmente a las mujeres, como dicen algunas versiones hacía Febronia. En Nísibe concretamente, las mujeres asistían al monasterio los viernes y domingos para oír la palabra de Dios, predicada por las monjas.

En cuanto a su pertenencia al Carmelo, ya sabemos que todos los monasterios antiguos se consideraban elianos (ver Santoral Carmelita), pero en cuanto a Febronia, nos encontramos algunas referencias antiguas, no solo de carmelitas. Cito un par:

"Cuatro vírgenes santas ha tenido la familia del Carmelo, que entre otras han sido empleo la admiración: Santa Febronia, que fue la Doctora de su tiempo, tan versada en lenguas hebrea y latina, que fue el oráculo de aquel siglo en boca de San Jerónimo. Santa Ángela (...), Santa María Magdalena de Pazzi (...). Y Santa Teresa de Jesús  (...). Estas cuatro vírgenes son cuatro ríos que salen del Paraíso militante de la Iglesia Católica que es la familia del Carmelo." (1)

"Divísase tambien entre esas heroínas [las "carmelitas" antiguas] santa Febronia virgen, mujer muy versada en las lenguas hebrea, griega y latina. Desde las rejas mismas de la cárcel donde habia sido encerrada, explicaba los misterios de la Religion cristiana, aclarando los pasajes y lugares obscuros de las sagradas escrituras." (2)

Fuentes:
-"Glorias del Carmelo". Tomo III. P. JOSÉ ANDRÉS. S.I. Palma, 1860.
-"Colectánea de sermones y asuntos predicables". FR FRANCISCO NUÑEZ. O.P. Madrid, 1653. (1)
-"Demostración de las crónicas y antigüedad del sacro Orden de Santa María del Monte Carmelo". FR. DIEGO DE CORIA. Córdoba, 1698.
(2)



A 25 de junio además se celebra a
Santas Pazanne, Macrina y Columba, vírgenes.
Beato Daniel de Derendonk y compañeros mártires.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...