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miércoles, 21 de abril de 2021

"Iré, y allí moriré".

Beato Bartolomé de Cerveri, presbítero dominico, inquisidor y mártir. 21 de abril.

Bartolomé nació en Savigliano, en 1420, y desde niño demostró gran inteligencia y extrema piedad. Estudió en su ciudad natal y a los 16 años fue a Turín, donde continuó sus estudios, licenciándose en 1452. Hay que decir que obtuvo, en un mismo día, la licenciatura, el doctorado y la maestría en Teología. La misma universidad le empleó como profesor, con gozo de los estudiantes. Mas hubo de volver a Savigilano, pues el Capítulo Provincial de la Orden le nombró prior del convento de esta ciudad. Ese mismo año, 1452, fue nombrado Inquisidor Mayor de la zona del Piamonte, cargo que conllevaba aparejado un peligro para la vida, pues esta era un área infestada de herejes. Durante 12 años predicó, convirtió a muchos, juzgó rectamente.

En 1466 fue destinado extirpar la herejía de Cerveri. Antes de partir ya supo por revelación que sería su última misión, mas obedeció sin más. Hizo confesión general y al terminar dijo a su confesor: "Me llamarán Bartolomé de Cerverio, aunque nunca he puesto un pie allí. Hoy voy allí como inquisidor y allí debo morir". Y partió el 21 de abril, junto a los religiosos Juan Boscato y Juan Pedro Riccardi. Llegando a la ciudad, mientras recitaban el salterio fueron atacados por 5 herejes valdenses. Los otros frailes fueron apuñalados, pero pudieron escapar. Bartolomé no intentó huir, sino que recibió de rodillas la lluvia de lanzas que cayó sobre él, mientras alababa a Dios.

Esa noche, los habitantes de Savigliano pudieron ver unas luces brillantes en el cielo, en dirección a Cerveri y salieron para ver que ocurría. Así hallaron a la vera del camino el santo cuerpo de su querido dominico. Apuñalado, mas no había sangrado, sucedió que apenas pusieron el cuerpo en la iglesia, las heridas manaron sangre fresca y olorosa, la cual fue recogida como preciosa reliquia en sendos vasos. Fue sepultado en la iglesia y desde entonces venerado como mártir. En el sitio donde cayó, se levantó una capilla donde recibe culto por parte de los habitantes de Savigliano y Cerveri, quienes le invocan contra los truenos y el granizo principalmente. En 1802, suprimido el convento de Savigliano, las reliquias fueron trasladadas a Cerveri.

El papa Pío IX aprobó su culto inmemorial, beatificándole, en 1853.

Fuente:
http://har22201.blogspot.com/


A 21 de abril además se celebra a

San Beuno de Gales,
abad y misionero
.
San Anselmo,
obispo.
S. Simeón de Ctesiphon,
obispo y mártir
.
S. Conrado de Parzham,
religioso capuchino
.














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domingo, 1 de abril de 2018

Obispo por fuerza, monje por vocación.

San Hugo de Grenoble, obispo. 1 y 22 de abril.

Nació en 1053, en Chateauneuf d’Isère, en una familia de clase media. Estando embarazada, su madre soñó que veía a su futuro hijo amparado por varios santos, y que San Pedro y San Pablo le señalaban el camino del cielo. Por ello su padre, que era caballero, decidió inclinar al pequeño Hugo al estudio con vistas a que hiciera la carrera eclesiástica.

A los 21 años, ya graduado en Teología, le nombraron canónigo de la catedral de Valence, y aunque no era presbítero, aventajaba a estos en el cumplimiento de la disciplina y en el rezo del Oficio común. Colaboró con el Legado papal en Francia, obispo de Die, quien le tomó mucho afecto y se hizo acompañar de él en 1079 en el Concilio de Anignon. En esta cita de eclesiásticos conocieron a nuestro santo varios canónigos de Grenoble, quienes se hallaban sin obispo desde la muerte de su prelado, Ponce II, quien además había sido un obispo nefasto, simoníaco y excomulgado. Los canónigos, viendo las dotes de Hugo, solicitaron al Concilio que les nombrara a Hugo como su pastor, a pesar que este solo tenía 27 años y ser seglar. A pesar de su oposición, Hugo fue ordenado presbítero por el Legado, quien luego le llevó consigo a Roma, donde fue consagrado obispo por el papa San Gregorio VII (25 de mayo). En Roma el santo comenzó a padecer una serie de ataques demoníacos y espantosas tentaciones que le acompañaron más de 40 años, de los que salió victorioso gracias a su fe en Cristo, su oración y sus penitencias.

Hugo se hizo cargo muy pronto de su Sede, la cual estaba devastada por el mal ejemplo de su anterior obispo, como dije. Los asuntos de administración en manos de nobles y seglares, presbíteros con posesiones y sirvientes, algunos amancebados y con hijos. Hugo comenzó una serie de predicaciones y penitencias públicas, exhortando a la conversión del clero y los fieles. Durante dos años predicó, visitó, castigó y perdonó a aquellos arrepentidos. Muchos le dieron la espalda, llegando, literalmente, a pasar hambre por no caer en negocios turbios. Creyendo era impotente para lograr la conversión de toda su diócesis, nuestro santo se retiró al monasterio benedictino de "Casa Dei", donde tomó el hábito, para vivir como un monje más, alejado del poder y del peligro de ostentar el mando. Pero sin embargo, al saber el papa Gregorio VII donde estaba, le mandó abandonar el monasterio y volver a su tarea de obispo. Por ello, Hugo salió del monasterio sin llegar a profesar como religioso. De vuelta en Grenoble se esmeró más aún en su labor y pronto tuvo resultados. En tres años la diócesis parecía otra: más fervor y recta vida en el clero y los fieles, y los asuntos políticos separados (hasta donde era pensable en el siglo XI) de los asuntos espirituales.

El sueño de San Hugo.
En junio de 1082 Hugo tuvo un sueño misterioso: Vio caer a sus pies 7 estrellas, que le guiaban a través de las montañas hasta un solitario paraje llamado Chartreuse. Allí vio a Jesucristo ordenando a los ángeles edificarle una casa para él. Hugo no sabía que significado tendría aquella visión, pues era más que un sueño, cuando le llegó la respuesta: Se presentó ante él San Bruno (6 de octubre), otrora canónigo de Colonia, con seis compañeros. Bruno le relató su inspiración de entregarse a Dios en la soledad, viviendo en común, pero manteniendo el aspecto eremítico de los antiguos Padres del Desierto. Para ello Bruno le solicitaba le cediera algún espacio solitario y alejado del mundo. Hugo entendió su visión y fue un entusiasta defensor de Bruno, colaborador en la fundación de la primera Cartuja y además, fue de gran valía para lograr la aprobación de la Iglesia sobre la nueva Orden.

Su cariño por Bruno y su peculiar estilo de vida se tradujo en las largas temporadas que Hugo pasó en la Cartuja, donde era recibido como un padre. Oraba con ellos, vivía en soledad, se penitenciaba y trabajaba como ermitaño, anhelando aquella vida para él mismo. Estaba tan a gusto allí, que más de una vez el abad debía decirle "Id a vuestras ovejas y dadles el pasto que les pertenece", pues Hugo parecía olvidar que era obispo.

Varias veces intentó el santo prelado le removieran de la carga del episcopado, pero tanto Honorio II como Inocencio II no quisieron oír hablar de ello. No fue sino hasta cuando la edad y le enfermedad se lo impidieron, cuando el papa aceptó su renuncia, nombrando en su lugar a Hugo II, monje de la Grande Chartreuse. Dícese que tomó el hábito cartujano, y por ello la Orden lo tiene como santo propio, pero no está muy claro, porque hay testimonios de que siguió viviendo en Grenoble, muy cercano a su sucesor. Si no fue cartujo legalmente, de corazón sí que lo fue con certeza.

Muerte y veneración
del Santo.
Falleció Hugo el 1 de abril de 1132, Viernes de Pasión, teniendo más de 80 años. Sus funerales fueron un gozo pascual, celebrados con alegría más que con llanto. Le sepultaron en su catedral, donde se mantuvo incorrupto su cuerpo durante mucho tiempo después de enterrado. Los milagros junto a sus reliquias fueron tantos que el papa Inocencio II le canonizó el 22 de abril de 1134 en el marco del Concilio de Pisa, a tan solo dos años de su feliz tránsito. Pronto la Orden Cartuja obtuvo celebrar su memoria, y en 1258 pudo elevarla a categoría de Fiesta. Antiguamente la celebraban a 1 de abril, hoy a 22 del mismo mes.


Fuente:
"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 1 de abril además se celebra a
La Estigmatización de Santa Catalina de Siena.
Santa Genoveva de Brabante, eremita.
Santa Teodora de Xalapa, virgen y mártir.

jueves, 2 de junio de 2016

San Sadoc y compañeros.

San Sadoc de Sandomir y 48 compañeros mártires dominicos. 2 de junio.

No se sabe nada de la infancia y formación de Sadoc, sino que era de nación polaco. Muy joven  tomó el hábito de los frailes predicadores de manos del Patriarca Santo Domingo (8 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias; 15 de septiembre "in Soriano").

En el Capítulo General de Bolonia, en el cual Santo Domingo planteó su decisión de evangelizar a los cumanos, pero los religiosos temiendo por su salud no se lo permitieron. A cambio, algunos religiosos prometieron a su santo padre hacerlo ellos. Dos de ellos eran Fray Pablo y Fray Sadoc, de los que su leyenda dice que, yendo a dicho Capítulo de Bolonia, se les unió en el camino un personaje que comenzó a preguntarles quienes eran y adónde iban. Los religiosos respondieron que iban al Capítulo, desde el cual se enviarían misioneros a todo el mundo. Les preguntó el personaje: "¿Acaso enviaréis religiosos a Grecia y a Hungría?". "Ciertamente – respondieron – varios religiosos serán enviados allá a propagar el reino de Cristo". Y de pronto, el hombre se ennegreció y salió saltando por los aires gritando: "Vuestra Orden es mi ruina". Y es que era el demonio.

Llegados al capítulo, Sadoc y Pablo contaron lo sucedido, lo cual animó a los padres capitulares a enviar cuanto antes misioneros a aquellas tierras de los Balcanes. Además, dieron licencias a los religiosos a dar el hábito a aquellos que hallasen por el camino y que quisieran acompañarles a evangelizar a los paganos. Partieron Sadoc y Pablo con tres frailes, y al salir de Italia ya eran ocho. Dios iba confirmando su celo y santas intenciones con milagros: llegados a una aldea, pidieron limosna como de costumbre. Un pescador quiso entregarles algo, pero solo le quedaba un pan de mijo en su casa. Buscó en una bolsa que tenía, y hallando dos monedas compró pan y vino, y preparó un caldo de pescado para los religiosos. Al despedirse, Sadoc le aseguró que Dios le devolvería el céntuplo de su caridad. Y ocurrió que durante toda su vida, el pescador sacaba de la bolsa dos monedas cada vez que metía la mano, aunque lo hiciera varias veces al día. Además, con su mujer, concibieron un hijo.

Llegados a Hungría, pronto comenzaron las conversiones, pues los paganos se sentían atraídos por la predicación, ejemplo y portento de los dominicos. De Hungría, donde fundaron un convento, algunos religiosos pasaron a tierra de los cumanos, donde sufrieron persecusiones a causa de las conversiones que lograban. De aquellas tierras regresaron a Hungría cuando dos religiosos fueron martirizados. Pero regresaron pronto, luego que un santo ermitaño les revelase un sueño que había tenido, en el cual la Santísima Virgen amparaba y animaba especialmente a los dominicos, a los que veía en barcas por un río proceloso. Entendieron los religiosos que su fin era la salvación de las almas y no su propia vida, así que con la confianza puesta en Dios, volvieron adonde los paganos. La nueva misión logró la conversión de los príncipes paganos Bauco y Bembroch, este último se bautizó con mil súbditos y su padrino fue San Esteban I de Hungría (16 de agosto y 2 de septiembre). Pronto llamaron a la puerta jóvenes cumanos para tomar el hábito dominico, y llegaron a ser 100 frailes. De estos, con las revueltas de los paganos y la apostasía de algunos nobles, fueron martirzados 90. 

Luego de la experiencia en Hungría y los Balcanes, Sadoc fue enviado a Polonia, junto a San Jacinto (18 de agosto). Sobre 1260 fue nombrado prior del convento de Sandomir, labor que desempeñó con gran caridad, sin abandonar su labor apostólica. Era dado a la oración y la penitencia, todo por la conversión y salvación de las almas. En una noche en la que oraba, tuvo una visión en la que una multitud de demonios le gritaban: "Habéis venido aquí a echarnos de nuestros dominios". Impresionado por esto, lo contó a los religiosos, alentándoles a continuar con la predicación, siendo que si irritaba al infierno, es que la suya era obra de Dios. 

Desde el año anterior los escitas, enemigos de los polacos hacían incursiones en Polonia, saqueaban, asesinaban y se retiraban rápidamente. El 1 de junio de 1260 Sadoc y sus frailes se dirigieron al coro a rezar maitines, y una vez terminada la oración litúrgica, el novicio hebdomadario leyó el martirologio del día siguiente. Y leyó: "Sandomiriæ, passio quadraginta nouem martyrum". Los religiosos quedaron atónitos, pues no conocían de mártires algunos oriundos de la ciudad. Ordenaron al novicio leyera de nuevo y este así lo hizo, repitiendo las mismas palabras. Vieron todos el libro y, efectivamente, allí aparecían aquellas palabras en letras de oro y resplandecientes. Entendió Sadoc que aquello significaba su propio martirio, por lo cual hizo una plática comunidad animando a todos a morir por la fe de Cristo, y al finalizar, les felicitó a todos, pues los próximos maitines los cantarían en el cielo. 

Efectivamente, al día siguiente llegó un ejército de escitas a las puertas de Sandomir, una ciudad bien fortificada, difícil de saquear. En contubernio con los rusos, los escitas enviaron dos militares rusos al gobernador de Sandormir, los cuales le dijeron que los bárbaros no querían sino dineros y riquezas, por lo que si se les ofrecía dinero, dejarían la ciudad en paz y no derramarían sangre. Lo creyó el gobernador y relajó la vigilancia y abrió las puertas de la ciudad. Pero apenas entraron los tártaros, comenzó la masacre: fuego y sangre por doquier. No les detenía condición ni edad alguna. Cantaban Completas los dominicos y al comenzar la Salve Regina, irrumpieron los tártaros en el la iglesia del convento, y sin amenazas ni gritos, comenzaron a asesinar a los religiosos. Degollados, alanceados, apuñalados iban cayendo sin dejar de cantar. La leyenda dice que, habiéndose escondido uno de los religiosos, vio bajar del cielo cuarenta y nueve coronas que se depositaban sobre sus compañeros, menos una que quedaba en el aire. Entendiendo que era la suya propia, regresó a la iglesia, se unió a la Salve y fue degollado con Sadoc y los demás. Añade la leyenda que aunque no les dejaban terminar de cantar, la Salve no fue interrumpida y que aún después de muertos se oían sus voces. Esa noche, los pocos sobrevivientes pudieron contemplar cuarenta y nueve estrellas posarse sobre la iglesia y el convento quemados. Otras versiones dicen que junto al altar se vio el mismo número de cirios encendidos que nadie había puesto.

El rey Boleslao de Polonia y Prandota, obispo de Cracovia, enviaron informes detallados sobre el martirio al papa Alejandro IV, el cual no dudó en considerar mártires a los frailes, y concedió su culto. La iglesia conventual fue restaurada y rebautizada como "Santa María de los Mártires". Además, el mismo papa concedió la Indulgencia Santa María la Mayor de Roma a los que venerasen la memoria de San Sadoc en aquel sitio el día 2 de junio de cada año. Pío VII confirmó el culto y extendió la fiesta de los mártires a toda la Orden dominica.

Los cuarenta y ocho compañeros de San Sadoc fueron: Aarón, Abel, Abraham, Andrés, Bartolomé, Basilio, Benito, Bernabé, Cirilo, Clemente, Cristóbal, Daniel, David, Domingo, Donato, Elías, Esteban, Feliciano, Felipe, Gervasio, Gordiano, Isaías, Jeremías, Joaquín, José, Juan, Juan (otro), Lucas, Macario, Malaquías, Marcos, Mateo, Matías, Mauro, Medardo, Miguel, Moisés, Onofre, Pablo, Pedro, Rafael, Santiago, Simón, Tadeo, Timoteo, Tobías, Tomás y Valentín


Fuentes:
-"Sacro Diario Dominicano". FR. FRANCISCO VIDAL. O.P. Valencia, 1747.
-"Compendio histórico de las vidas de los Santos canonizados y beatificados del Sagrado Orden de Predicadores". FR. MANUEL AMADO. O.P. Madrid, 1829.


A 2 de junio además se celebra a 
San Eugenio I, papa.
Santa Blandina y los mártires de Lyon.

lunes, 15 de octubre de 2012

De santos y de estrellas

Pregunta: sabes Ramón deberías empezar una serie de artículos de los santos y las estrellas hay varios que las llevan y que luego se ignora la razón. Mexico.

Respuesta: Si tu lo pides, amigo, pues me pongo a rebuscar en mi base de datos y te digo de los santos en cuya iconografía hay o puede haber una estrella, aunque no como para varios artículos, pues generalmente la intervención de la estrella no da para más, alguna mención y ya está:

La estrella como símbolo:
En muchas culturas la estrella es símbolo de la presencia divina, de la eternidad, del triunfo del bien sobre el mal, de la esperanza y los buenos augurios. Desde los antiguos, que coronaban a sus diosas con estrellas, como Venus o Isis, hoy los cristianos coronamos a María y los santos con estrellas. La estrella polar, además de una evidente ayuda en las noches, era considerada como la luz salvadora, símbolo de la protección de los dioses. El cristianismo adoptó estos símbolos de la estrella, y los asimiló a Cristo, luz que guía al alma y, por asociación, a María, la "Stella Maris". Desde la infancia de Cristo, hasta los símbolos del apocalipsis, está presente la estrella, por lo cual no es extraño que en las leyendas de santos sea un elemento iconográfico que, igualmente, signifique predestinación o señal de bendición o presencia divina.

Y vamos a ellos:

Stos. Melchor, Gaspar y Baltazar
Estampa francesa.
Santos Melchor, Gaspar y Baltazar, Reyes Magos: Una estrella les mostró el camino a Belén. 1, 6, 11 (Baltazar) y 12 de enero, y 23 de julio, traslación de las reliquias a Colonia.

Santa Zita de Lucca, virgen: Cuando murió, una estrella resplandeció sobre Lucca. 27 de abril y 26 de agosto. 

San Nicolás de Tolentino, religioso agustino: Se le representa con una estrella en el pecho; estrella que aparecía sobre el altar cuando decía misa. Es muy habitual verlo con el hábito sembrado de estrellas. 10 de septiembre. 

San Servacio de Maastricht, obispo: En su viaje desde Metz a Roma, una estrella le guiaba día y noche hasta llegar a Roma, donde desapareció. 13; 15, todos los santos obispos de Maastricht, y 16, en Bretaña, de mayo. 

Santiago Apóstol: La leyenda dice que San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre, traslación de las reliquias) vio un camino de estrellas en el cielo, que indicaban la ruta hacia donde se hallaban las reliquias del santo. 4 de enero, Synaxis de los apóstoles, Iglesia Oriental; 12, Iglesia Copta; 30 de abril, Iglesia Oriental; 23 de mayo, aparición en Clavijo, 24 de mayo, traslación de las reliquias a Verona; 30 de junio; 25 de julio, 15 de noviembre, Iglesia Griega; 28 de diciembre, Iglesia Armena y 30 de diciembre, desembarco de las reliquias en Galicia. 

Santa Isabel de Hungría, reina, terciaria franciscana: Estando elrey de Hungría visitando al emperador del Sacro Imperio, el astrólogo de este le dijo al rey húngaro: "Veo una hermosa estrella, que brilla sobre Hungría, especialmente sobre Marburg en este momento. Alégrate por esta buena noticia, porque significa que la reina de Hungría ha cncebido una niña. Será grande ante Dios, será famosa por su santidad. Desde tu tierra, hasta los confines del mundo". 17 y 19, en Alemania, de noviembre.

Nuestra Señora, Santa María de Pontmain: En esta aparición, la Virgen vestía una túnica de estrellas y sobre ella se veían tres brillantísimas estrellas formando un triángulo. 17 de enero.

San Juan Nepomuceno, pesbítero y mártir: Le rodea una aureola con 5 estrellas que recuerdan las 5 estrellas que lucía la noche de Praga, cuando fue arrojado al río. 16 de mayo.

San Virgilio de Arlés, obispo: Una noche, mientras paseaba por Lèrins se acercó un extraño barco con extraños marinos que querían llevarlo consigo a predicar por su gran santidad y predicamento. Una estrella les iluminó y pudo ver el santo que eran demonios que le tentaban con la vanidad y la soberbia. 5 de marzo y 10 de octubre. 

San Sadoc y compañeros, dominicos mártires: La noche de su martirio se pudieron contemplar cuarenta y nueve estrellas posarse sobre su iglesia y el convento quemados. 2 de junio.

San Switbert de Kaiserswerth.
San Switbert de Kaiserswerth, obispo: Estando encinta, su madre soñó con una estrella cuyas puntas llevaban iluminaban la zona de Alemania y Francia. La estrella cayó sobre su cama y la despertó asustada. Su obispo le confirmó que tendría un hijo santo, que iluminaría esa parte del mundo. 1 de marzo y 4 de septiembre.


Santa Solange de Bourges, virgen y mártir: Era tan piadosa que una estrella brillaba encima de su cabeza cuando oraba. 10 de mayo.


Santos Taraco y compañeros, mártires: Sus cuerpos fueron juntados con los de gladiadores muertos, para que no fuesen venerados por los cristianos, pero al ir de noche tres discípulos a buscarlos, una estrella fue posandose sobre cada uno de los cuerpos y, una vez recuperados, indicó el sitio donde debían ser sepultados. 11 de octubre.

San Juan el Enano: Paesia, una benefactora de sus monjes comenzó una vida de pecados y vicios y se alejó de él, por lo que fue a buscarla para que se arrepintiera. Ambos, pensando que ella debía hacer mucha penitencia, se fueron al desierto. De noche se acostaron sobre la arena, y en sueños Juan vio como sobre ella se posaba una estrella que la iluminaba, y oyó una voz: "El fervor por hacer penitencia de Paesia la ha perfeccionado en un instante". Y al otro día, amaneció muerta. 9 de noviembre. 

San Aidan de Lindsfarne, abad: Cuando estaba en el vientre de su madre, sus padres soñaron que una estrella caía del cielo y penetraba por la boca de su madre. 31 de enero y 7 de septiembre.

San Anastasio, carmelita mártir: Una estrella estuvo sobre su sepultura durante mucho tiempo. 22 de enero.

Santo Domingo de Guzmán.
Santo Domingo de Guzmán, presbítero fundador: La leyenda dice que su niñera una vez vio una que brillaba sobre su cabeza mientras dormía en su cuna. 8 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias; 15 de septiembre,"in Soriano".

Beato Juan de Altamura, dominico: Cuando nació una estrella se posó sobre su casa. 15 de octubre.


Beata Dorotea Perinati, viuda, religiosa dominica: una estrella aparecía sobre su sepulcro cuando se obraba algún milagro. 16 de diciembre.


Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia: Estando en Nápoles enfermó y mientras estaba padeciendo, una estrella entró por la ventana y se posó sobre su cabeza, para salir después. Y se recuperó. 28 de enero, traslación de las reliquias y 7 de marzo.

Beato Bentivoglio de Bonís, religioso mínimo: En una ocasión que predicaba ardorosamente, una estrella apareció sobre su rostro. 25 de diciembre.

Santa Ángela de Bohemia, carmelita: escapó una noche de su casa, guiada por una estrella, para dirigirse al monasterio carmelita donde profesó. 6 de julio.


Beato Juan Schio de Vicencia, dominico: Varias veces se vio una estrella sobre su cabeza mientras predicaba. 2 de julio.

Santa Inés de Montepulciani, virgen dominica: Suele ponerse con el hábito tachonado de estrellas, pues la leyenda dice que cuando oraba, un maná en forma de cruces bajaba del cielo y le llenaba el hábito. Deberían ser crucecitas, pero la iconografía la quiere de estrellas. 20 de abril.

San Bruno, fundador: 6 de octubre.

Santa Beatriz de Silva, virgen fundadora: Al momento de morir, al descubrir su rostro para darle la extremaunción, apareció en su frente una estrella de gran resplandor. 16 de agosto.

Beato Luis de Madalona, dominico: Ansiaba devolver la disciplina regular a los conventos y una noche mientras oraba con esa intención, apareció una estrella sobre él, confirmando su deseo. Fundó la congregación de san Marcos, dentro de la Orden. 14 de septiembre.

Santa Eusebia-Hospedes, virgen "carmelita": al morir, los monjes del vecino monasterio "carmelita" vieron en el cielo una cruz rodeada de estrellas brillantísimas. 23 de enero.

Santa Juana de Portugal, virgen dominica: Habiendo convencido a su padre el rey la llevase al monasterio dominico de Aveiro, una estrella guió su camino. 12 de mayo.

sábado, 6 de octubre de 2012

Las estrellas de San Bruno

Pregunta: Porque mi santo San Bruno tiene siete estrellas en la cabeza? España.

Respuesta: Su iconografía  recoge un sueño profético que tuvo el obispo de Grenoble. Pero antes de eso, quiero dar algunos datos de la vida del santo: 

San Bruno, fundador. 6 de octubre.

Nació alrededor del año 1030 en una prominente familia de Colonia. Muy joven dejó su casa para estudiar filosofía y teología en Reims. Fue un brillante alumno, obtuvo excelentes resultados y sus conocimientos sobre la Biblia eran inmejorables para su tiempo. El arzobispo de Reims, que no quería perderle, le nombró director de la escuela catedralicia, un puesto muy prestigioso, por la cantidad de alumnos nobles y eclesiásticos que allí se formaban. Uno de sus alumnos sería Eudes de Chatillon, que llegaría a ser el papa Urbano II. También fue nombrado canónigo de la catedral por el mismo obispo, y en este puesto fue más ejemplar que otros canónigos aun siendo estos presbíteros.

En 1049 el papa San León IX (19 de abril) visitó Reims y realizó la traslación de San Remigio (1 de octubre). El papa, además, celebró un Sínodo con el clero de la diócesis para dejar clara la postura de la Iglesia con respecto a varios asuntos que afectaban la paz de la misma. Especialmente preocupaban los desmanes de Felipe I de Francia, hombre indigno de llamarse rey cristiano. A su vera polulaban numerosos hombres sin escrúpulos, como un tal Manasés, quien sin tener ni el más mínimo temor de Dios, sobornó a nobles y al clero para que le combraran obispo. San Bruno fue uno de los que con más firmeza se le enfrentó, denunciando aquella situación ilegítima según las leyes de la Iglesia, y por ello tuvo que huir de la ciudad junto con algunos amigos seglares y algunos sacerdotes. Cuando el papa hizo presencia en Reims logró que Manasés fuese desterrado y el impío se fue a Alemania, junto a Enrique IV, enemigo acérrimo del Papa. Esto hizo que los habitantes de Reims pidieran al papa nombrara a Bruno su arzobispo. Pero este se negó horrorizado y el papa no quiso obligarle.

Hay una leyenda, ampliamente difundida, pero fue creada mucho tiempo después del paso de Bruno por este mundo, que narra cómo tomó la determinación de dedicarse a la vida solitaria. Según esta, murió en Reims (o París) un erudito llamado Diocres, profesor de Bruno. Cuando estaban celebrándose los funerales, en los que estaba nuestro santo, el presbítero leyó las palabras "¡Responde mihi!", y el muerto de sentó y clamó: "¡He sido llamado ante el trono de Dios!", volviendo a quedar inmóvil. Al otro día, los funerales continuaron y al decir, otra vez, las palabras "¡Responde mihi!", volvió a revivir Diocres, para decir con voz potente: "¡Se me ha juzgado delante del trono de Dios!". 

Como no estaba claro si luego de aquel juicio particular el alma del profesor se habría salvado o no, hubo un tercer día de responsos. Y al tercero, con la iglesia llena hasta el campanario, el presbítero volvió a repetir el "¡Responde mihi!", y al acto, el difunto se incorporó y von una voz espantosa gritó: "He sido condenado delante del trono de Dios!" Y al comprobarse que estaba en el infierno, se suspendió el funeral y se le enterró fuera de tierra sagrada, entre las basuras. Y esto habría hecho que Bruno abandonara todas sus riquezas y cargos, para irse al Desierto.

Pero lo cierto es que la decisión de Bruno fue mucho más meditada, orada y que no la tomó solo, sino junto a sus amigos Raúl y Fulco, y Adam, luego de una larga conversación que tuvieron los tres en el jardín de la casa del último. Considerando lo vano del mundo, optaron por una vida entregada del todo a Cristo y, considerando la corrupción de las viejas órdenes, prefirieron emprender un camino nuevo. Una vida monástica seria, comprometida con el silencio, la pobreza y la exclusividad para Dios. Sin embargo, para conocer más del monacato, se dirigieron a Molesmes (Raúl no estaba en el grupo), donde San Roberto (26 de enero) dirigía una vital comunidad monástica. Allí estuvieron poco tiempo, pues el silencio les parecía poco, y la soledad no era la buscada. Aspiraba Bruno a algo como los cenobios de Oriente: solitarios en comunidad, celdas separadas pero iglesia común.

El sueño de Sam Hugo.
Así que, y ya respondo tu pregunta, hacia 1084 junto a otros seis amigos Bruno se fue con seis compañeros más, adonde San Hugo de Grenoble (1 y 22 de abril), para exponer su proyecto, pedir su bendición y pedirle que les señalara un sitio muy apartado para ellos dedicarse a la oración y a la penitencia. La noche anterior San Hugo había visto en un sueño que siete estrellas le conducían hacia un bosque apartado y construían un faro que irradiaba luz hacia todas partes (otras versiones dicen que unos ángeles llevaban un templo en las manos y allí lo depositaban). Lo que fuese, lo cierto es que Hugo vio en Bruno y sus compañeros las estrellas que había visto en sueños y los llevó hacia el monte que le había sido indicado en la visión. Era un pequeño valle solitario en las ásperas y frías montañas de Chartreuse. A Bruno le pareció perfecto y construyeron las primeras ermitas de madera y una iglesita de piedra, dedicada al patrono de los eremitas, San Juan Bautista.

La primitiva vida cartujana (llamada así por el lugar Chartreuse) era sencilla y centrada en Dios. Oración constante, silencio absoluto, trabajo, comidas y estudio por separado. Solo se unían para el Oficio Divino, el cual era cantado sobriamente y sin instrumento alguno. Ayunaban 3 días a la semana, jamás comían carne y se daban poco al sueño. Y eso bajo la enseñanza y ejemplo de San Bruno, sin Regla escrita. El obispo Hugo les visitaba a cada rato, viviendo como un monje más y haciendo sus delicias de aquella vida austera y callada. Seis años vivió allí nuestro Bruno, solo para Dios, hasta que el papa Beato Urbano II (29 de julio), recordando el buen servicio que el santo había prestado a la Iglesia cuando era su maestro, mandó buscarle a Roma. Aquello truncaba su vocación y su obra, pero Bruno sabía que antes estaba la voluntad de Dios que la suya, y con gran pena, dejó su cenobio, y a sus hermanos consternados. 

Algún tiempo sirvió a la Iglesia en Roma, pero todos aquellas pompas, intrigas, peleas vanas y ocupaciones diplomáticas no era para él. Con humildad le expuso al papa su tristeza y este le respondió que ya le habían elegido como arzobispo de Reggio, como si esto fuera un consuelo para el santo. Bruno lo rechazó tajantemente, exponiendo que no quería dignidades ni cargos, son ser solamente un ermitaño. Entonces el papa, que no quería desprenderse de sus servicios, le ofreció la iglesia de Santa María de los Mártires, junto a las Termas de Diocleciano, para que fundaran monasterio. Pero aquel no era buen lugar para los cartujos, Roma era un avispero y el antipapa Clemente III intentaba ganarlos para su causa. Por ello, casi todos los monjes que habían acompañado a San Bruno regresaron a la Chartreusse, que quedó bajo el mando del monje Landuino (actualmente vuelve a haber una cartuja en las Termas). Entonces el papa les consiguió la fundación de Santa María de la Torre, en Calabria. De esta comunidad Bruno nombró prior al Beato Lanuino (13 de octubre).


San Bruno rechaza
el obispado de Reggio.
Mucho tiempo sirvió San Bruno a la Iglesia como legado papal, hasta que, en 1095 pudo librarse de sus ocupaciones externas y eligió la casa de Calabria para vivir allí en soledad y oración, según su vocación. En esta época escribe a su amigo Raúl, quien aún estaba en el mundo, aunque había prometido ser monje: 


"Vivo en tierras de Calabria con mis hermanos, esperando al Señor, en permanente centinela, en un desierto bastante alejado de toda vivienda. Su amenidad y lo templado de sus aires, la vasta y graciosa llanura entre montañas, sus praderas, pastos, colinas y ríos, ¿cómo te los podré describir? (…) Cuánta utilidad y gozo traen la soledad y el silencio del desierto a quien los ama, sólo lo saben quiénes lo han experimentado. (…) Renuncia a todo para vivir la divina filosofía. Dios es el único bien, de incomparable atractivo y belleza. (…) Me he alargado porque como no puedo tenerte presente, al escribirte me parece hablar contigo más tiempo. Deseo mucho que recuerdes mi consejo y goces muchos años de buena salud".
Ese mismo año, en el concilio de Clermont, Urbano II predicó la Cruzada a Tierra Santa. Luego un enorme fervor popular, numerosos monjes acompañaron a los soldados y a los seglares que, como iluminados, partían a Oriente. Bruno se abstuvo de seguir aquello, no era su vocación, y tampoco permitió que ni uno de sus monjes se fuera a la Cruzada. Aunque el 29 de julio de 1099 Jerusalén fue conquistada, ya sabemos que duró poco, en parte por la mala estrategia, la codicia y los vicios de los llamados cruzados. 

En 1097 Bruno escribirá a sus monjes de Chartreuse por medio de su prior, Landuino, quien le había visitado y pedido consejo como a verdadero padre: "Alegraos porque habéis alcanzado el puerto seguro y tranquilo al que muchos desean llegar. Os ruego que la caridad que tenéis en el corazón lo mostréis en obras para con él [Landuino]. (…) En cuanto a mí, hermanos, sabed que mi único deseo, después de Dios, es ir a veros. Cuando pueda lo pondré por obra, con la ayuda de Dios". Landuino padecería mucho en su viaje a causa de los enemigos de la Iglesia. Padecería prisión y moriría de sufrimientos.

Muerte del santo.
Por su parte, a finales de 1101 Bruno se sintió mal y supo que su fin estaba cerca. Reunió a sus hermanos y les hizo una profesión de fe que se conserva, como bello testimonio. Recibió los sacramentos divinos y el 6 de octubre del mismo año, entró en la Eterna Paz, a contemplar el rostro de Cristo para siempre. Su fama de santidad era tal que León X prescindió de la canonización formal, llamándole santo sin más proceso ni ceremonia: "es razonable que quien ha estado adornado de dones tan grandes y gracias tan excelentes y ha recibido del Todopoderoso un corazón tan dócil para cumplir sus preceptos y guardar su ley de vida y santidad, sea venerado y honrado con un culto digno de él, ahora que goza para siempre de la gloria divina". En 1623, Gregorio XV extendió su culto a toda la Iglesia.

Es abogado contra la peste. A veces las siete estrellas aparecen en la iconografía de San Hugo de Grenoble. 

Fuente:
-"Santos y Beatos de la Cartuja". JUAN MAYO ESCUDERO. Puerto de Santa María, 2000.


A 6 de octubre además se celebra a:

Santa Fe de Agen,
virgen y mártir
.
S. María F. de las 5 Llagas,
terciaria franciscana
.
San Ywi,
monje diácono
.



Santa Almedha, virgen y mártir.

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