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domingo, 11 de abril de 2021

Desposada con Cristo antes de nacer.

Santa Sancha de Portugal, reina y religiosa cisterciense. 11 de abril, 13 de marzo, 17 y 20 de junio. 

Nació en 1180 Fue hija de Sancho I de Portugal, y de la reina Dulce. Sus hermanas fueron Santas Teresa y Mafalda (17 y 20 de junio). Desde muy niña fue piadosa y muy devota de la Santísima Virgen. A los 5 años aprendió a leer, y el Oficio, las vidas de santos y tratados piadosos eran sus lecturas preferidas. A los 10 años comenzó a usar un cilicio pegado a las carnes, que la hacía sufrir muchísimo, pero lo soportaba por amor a la Pasión de Cristo. Cuando llegó a edad de buscarle marido, su madre le preguntó sobre con quien querría casarse llegado el momento, a lo que la princesa respondió: “Con aquel que me ha recibido por esposa antes de nacer”  

En 1198 murió su madre y el rey Sancho, viendo la determinación de su hija a ser toda para Cristo, le regaló uno de su castillo de Alenquer para que ella lo convirtiese en su morada personal, alejada de la corte. Sancha eligió a los parientes y sirvientes más devotos y rectos para que le acompañaran en su casa. Allí no había vanidades ni vida frívola como en la corte: se rezaba frecuentemente, se hacían actos de cariad y se atendía a los pobres. Todos los miércoles del año Sancha daba de comer a 12 mujeres pobres a las que ella misma lavaba y vestía. Les daba limosnas y a algunas las seguís socorriendo si eran enfermas, o las colocaba de sirvientas en casas honestas. En esta villa donde vivía había un beaterio en el que mujeres pobres y penitentes se santificaban, Sancha las visitaba en ocasiones, aprendía con ellas de la vida espiritual, tenían oración en común, y la reina siempre les daba alguna limosna.  

A la muerte de su padre, en 1112, su hermano Alonso tomó el reino en sus manos y una de sus primeras acciones fue reclamar la villa y castillo de Alenquer para sí. Sancha, tanto por ella misma, como por sus siervos, en unión con su hermana Teresa, igualmente en peligro de perder sus posesiones, se rebeló contra su hermano. Organizó un ejército que plantó cara a Alonso a las afueras de Alenquer, donde el rey comenzaba el sitio. Lo contuvo un tanto, pero Alonso no cejó en sus pretensiones, por lo cual Sancha apeló al papa Inocencio III, el cual reconoció como legítimas las donaciones del rey Sancho, zanjando el asunto. A cambio, ella y Mafalda renunciaron al título de reinas.  

Luego de esta situación Sancha quiso tomarse más en serio su consagración, recibió de su hermano Alonso el permiso para fundar un monasterio cisterciense en Vimarens, que tomó el nombre de Santa María de Celas. Lo fundaría con las beatas que conocía de Alenquer y algunas monjas profesas del Císter autorizadas a trasladarse allí para enseñar a todas los usos y costumbres de la Orden. El abad de Alcobaça les dio el hábito a todas, menos a Sancha, que no sería monja sino hasta más tarde. En este tiempo ocurrió que el rey San Fernando III de Castilla (30 de mayo) pidió la mano de Sancha a Alonso de Portugal y este mandó a Sancha que accediera. Dos años duraron las amenazas, las promesas, las renuncias y las defensas de Sancha. Diría a su hermano en una ocasión: "Mas fácil me sería, hermano, dejarme arrojar en un horno ardiendo, o con una piedra al cuello en el profundo del mar, o cortar mis miembros uno a uno, que casarme con hombre nacido: y si en alguna cosa deseas darme gusto, será en no hablarme más deel asunto”. Finalmente, San Fernando desistió.  

Para librarse en lo sucesivo de otro intento de matrimonio, Sancha hizo voto de castidad perpetua ante el obispo de Coimbra y el clero. Luego  se despidió de los franciscanos de Alenquer, a los que había traído, fundando el primer convento de franciscanos de Portugal en su amada villa de Alenquer. Anotamos aquñi que cuenta la leyenda que, en agradecimiento, San Francisco de Asís (4 de octubre, 17 de septiembre, Impresión de las llagas; 25 de mayo, traslación de las reliquias a la basílica de Asís) le envió a San Berardo y a sus compañeros (16 de enero), que iban de camino de África a predicar. Estos santos dieron encendidas pláticas a las religiosas del monasterio, dejándolas llenas de deseos de servir mejor a Dios. Al año siguiente de esta visita, estando Sancha orando, se le aparecieron los franciscanos con gran gloria, revelándoles su martirio gozoso por Cristo.  

En fin, que libre de ataduras, Sancha se fue al monasterio de Cela, donde tomó el hábito del Císter. La leyenda del Císter le hace una monja perfecta, muy fervorosa. Tuvo varias gracias místicas como la profecía, el don de corazones. Fue muy penitente y constantemente llevó un cilicio que le cubría todo el torso y una cuerda de esparto a la cintura. Era también muy humilde, siendo la primera en servir a las demás, en hacer los trabajos más bajos de la casa y la primera en pedir perdón por lo que ella consideraba sus faltas. También tuvo el don de milagros, pues se nos dice que a varias religiosas aquejadas de dolores, tumores o infecciones, sanó con trazar la señal de la cruz sobre ellas.

Con su hermana
Santa Teresa.

Sancha entró al Reino de su Divino Esposo el 13 de marzo de 1229. El cuerpo fue trasladado al monasterio de Lorban, donde su hermana Santa Teresa vivía, a pesar de que las monjas de Cela la querían sepultar entre ellas, como tal había vivido. En Lorban el cuerpo fue depositado en el sepulcro de piedra labrada que Teresa tenía preparado para sí misma. Las crónicas del Císter nos cuentan que realizó numerosos milagros y que, incluso, más de una vez fue vista por alguna monja aparecer en el coro y cantar el Oficio Litúrgico con las monjas.

En 1576 el rey Sebastián de Portugal y el obispo de Coimbra iniciaron las gestiones para que ambas reinas
hermanas fueran canonizadas, debido al culto que recibían de parte de las monjas. En 1695 el papa Inocencio XII dio visto bueno al proceso de canonización. El 23 de diciembre de 1705 el papa Clemente XI autorizó que fueran llamadas santas, canonizándolas directamente, sin beatificarlas oficialmente, pues se consideró que el culto permitido por los obispos y los papas anteriores era una intrínseca beatificación.   

Fuente:
-"Médula Histórica Cisterciense". Volumen 4. ROBERTO MUÑIZ O.Cist. Valladolid, 1780.  


A 11 de abril además se celebra a

San Antipas de Pérgamo,
obispo y mártir
.
Beato Jorge Gervase,
benedictino mártir
.
Santa Godebertis,
virgen
.
San Guthlac,
ermitaño
.







lunes, 1 de octubre de 2018

De la Santa más grandes de los tiempos modernos.

Santa Teresa del Niño Jesús, virgen carmelita. 1 de octubre.

En Francia, la rebelde hija de la Iglesia, y durante la segunda mitad del siglo XIX aparecería una de las santas "más grandes de los tiempos modernos" tal y como la describiría el papa Pío XI; y es que su presencia en esta época histórica realmente se puede valorar como una palabra de Dios para el cristianismo que comenzaba a resurgir en Francia. Un cristianismo ahogado y reinterpretado por la corriente jansenista, que negaba la posibilidad de todos a la comprensión y experiencia de la gracia divina y la reservaba para algunos pocos escogidos, o más bien, "predestinados". Este don de Dios para la Iglesia, al que el mundo luego conocería como Santa Teresita, llegaría para romper todos aquellos esquemas y de manera increíble, arrebatar a Dios de esas elites teológicas y esparcirlo por el mundo como mana del cielo, alimento para todos y padre común, muy al estilo del evangelio, acomodado para los pequeños y humildes, y además incendiado con un amor casi seráfico.

María Francisca Teresa Martin Guerin (como fue bautizada) nació el 2 de enero de 1873 en Alençon, provincia de Normandía, Francia, en el hogar de San Luis Martin (29 de julio, 12 de julio) y Santa Celia Guerin (28 de agosto, 12 de julio). Es la novena y última hija del matrimonio Martin. De su unión ya habían nacido previamente cinco niñas: María, Paulina, Leonie, Celina y otros cuatro hijos que murieron a muy temprana edad. Es bautizada en la iglesia de nuestra señora (hoy basílica menor) el 4 de enero de ese año. Sirven como padrinos, su hermana María y Paul Boul, hijo de un amigo de la familia. En sus primeros meses de vida experimenta el primer toque de la enfermedad y su madre, que ya se encuentra muy angustiada después de perder a cuatro de sus hijos en circunstancias similares, decide enviarla al campo, a unos ocho kilómetros de Alençon. Allí la niña empezaría a recobrar la salud paulatinamente y gracias a los cuidados de Rosa Taillè, su nodriza. Cuando ya se encuentra del todo mejor regresa a la casa de sus padres.

Sus primeros cuatro años están marcados por la alegría e inocencia propia de un cálido ambiente familiar. En el hogar de los Martin se respira cariño, respeto, sentido del deber y un profundo y coherente sentimiento religioso, todo en su justa medida. Es por el ejemplo de sus padres y hermanas de quien Teresa aprende a buscar asiduamente a Dios y luego a querer llevarlo a los demás. Como la benjamina de la casa que era, es rodeada de manera especial por el cariño, mimos y regalos de sus hermanas y de entre ellas ve a Celina, solo tres años y medio mayor que ella, como su compañera de juegos. Por su parte, los padres la llenan de bellos recuerdos de excursiones dominicales al campo, y es que entre ellos el domingo siempre se solemnizó por ser el día del Señor, el día en que se celebraba de manera especial la presencia de Cristo en torno a la familia.

Este periodo, que luego Teresa describiría como uno de los más felices de su vida, termino abruptamente con el fallecimiento de su madre, el 28 de agosto de 1877, a causa de un tumor en el pecho. Santa Celia había dejado a sus hijas el testimonio de una mujer virtuosa y de fe inquebrantable, que oró con fe para afrontar la voluntad de Dios y pensó en el futuro de sus hijas, todas aun muy jóvenes como para casarse, y las encargo al cuidado de la esposa de su hermano, Isidoro Guerin, quienes se habían establecido en Lisieux, ciudad de la baja Normandía. Después de los funerales de su esposa, y considerando el encargo que esta le hizo a su cuñada, Luis decide mudarse junto a toda su familia a Lisieux. Allí son recibidos por la familia Guerin y se establecen en una casa acomodada, rodeada por arbustos y algo distante del centro de la ciudad, llamada Les Buissonnets. En esta propiedad Teresa viviría los próximos diez años y por aquellos corredores, habitaciones y jardines, su alma se iría ennobleciendo y disponiendo para afrontar la voluntad de Dios, siempre rodeada por el cariño de sus familiares, en especial de su padre, que la llevaba consigo cada tarde a dar pequeños paseos por la ciudad y a visitar las diferentes iglesias y capillas, ella para él era su reinecita y él para ella su rey querido.

En este nuevo hogar, carente de la presencia materna, las hijas mayores son las que se encargan de suplir el papel de la madre. Paulina, de manera especial, acoge a Teresa como su hijita y comienza a prepararla intelectual y espiritualmente, impartiéndole clases en casa. La niña, que aunque ha dejado su temperamento risueño y alegre por uno un poco más serio, aprende con increíble rapidez sus lecciones. Es tanto su adelanto que en poco tiempo queda lista para comenzar oficialmente sus estudios y a la edad de ocho años Teresa ingresa como semi-interna al colegio/abadía de las benedictinas de Lisieux. Al contrario de lo que todos esperaban, para Teresa el periodo en la abadía se convertiría en uno de los más amargos de su vida, pues aunque era una niña aplicada, al chocar con un ambiente nuevo y completamente distinto, en el que no estaba protegida por sus familiares y se encontraba a la merced de sus compañeras, niñas de sentimientos muy distintos a los suyos, la experiencia se le hacía insufrible. Solo la compañía de Leonie y Celina, la consolaba, pero cuando sus hermanas no estaban cerca prefería quedarse sola o refugiarse en la capilla del colegio, donde hablaba con el único que en aquel lugar le era familiar: Jesús eucaristía.


La niña Teresa a los 8 años.
En los próximos meses, aunque se gana el cariño de sus maestras y de las religiosas, el ambiente no cambia en lo absoluto e incluso empeora cuando recibe la noticia de la decisión de Paulina, su segunda madre, de seguir su vocación al Carmelo, siendo la primera de las Martin en optar por el claustro. A pesar de las palabras de ánimo de su hermana, Teresa queda desconsolada y en octubre de 1882 va a despedir a su hermana, junto al resto de la familia, en la clausura de las carmelitas descalzas de Lisieux. El ambiente en la abadía mezclado con el terrible vacio que dejo Paulina en casa hacen que la salud de Teresita decaiga considerablemente. Logra resistir un poco para poder estar presente en la toma de habito de su hermana en abril de 1883, pero apenas terminada la ceremonia la enfermedad recrudece hasta dejarla postrada de gravedad en cama, sufriendo de temblores nerviosos, crisis de terror y alucinaciones. Varias semanas de incertidumbre y preocupación serian vividas por la familia Martin, que no se despegaba de la cama de la pequeña Teresa. Al mismo tiempo oraban fervientemente por la curación que ningún médico de la tierra podría alcanzar. Luis manda a pagar algunas misas por la curación de su pequeña en el santuario de Nuestra Señora de las Victorias en Paris y en la fiesta de Pentecostés de ese año, 13 de mayo de 1883, Teresita recobra milagrosamente la salud y expresa llena de alegría y seguridad que ha sido una gracia de la madre de Dios, pues fue al ver la radiante sonrisa de la imagen de la virgen María que se había puesto junto a su cama, que ha sentido su curación.

Aunque se encuentra ya completamente restablecida en el cuerpo, ahora parece empieza a sufrir dolores en el alma, pues la tentación de los escrúpulos y el dudar de la gravedad de su enfermedad y la intervención milagrosa de la virgen la hacen sufrir en silencio. Este periodo de nubes oscuras solo se vería eclipsado durante la fervorosa preparación para su primera comunión y la celebración del sacramento, el 8 de mayo de 1884, que la inundarían de celestial alegría y la marcaría en los años venideros. En junio de ese mismo año recibe el sacramento de la confirmación y de inmediato empieza a avivarse fuertemente en ella un gran deseo de sufrir por amor y de desprenderse del todo de los gozos de la tierra y abrazar por completo los tesoros del cielo. Junto a estos nuevos ímpetus Teresa sigue luchando contra sus terribles escrúpulos, que parecen no querer dejarla. Solo encuentra remedio al confiar las preocupaciones de su alma a su hermana María, "su madrinita", quien la ira guiando, evitándole el dejarse castigar mucho por ella misma. Aun con los avances que logra con la ayuda de su hermana como nuevo confesor, Teresa se hace cada vez más sensible hasta casi tornarse insoportable, bastaría separarla solo unos días de María para que hasta su salud se viera afectada. Sería muy difícil decir lo mucho que le dolería el enterarse por aquellas épocas del deseo de su madrinita de seguir a Paulina en su vocación al Carmelo.

En octubre de 1886 Leonie ingresa al postulantado de las Clarisas de Alençon y María es recibida en el Carmelo de Lisieux. La familia Martin, antes tan numerosa se ve ahora reducida a Luis y sus dos hijas menores. Teresa por su parte, al quedar desolada al perder por tercera vez a su figura materna, no encuentra otro alivio que suplicar al cielo y al pedir la intercesión de sus hermanitos fallecidos es liberada de los escrúpulos que la hacían sufrir, aunque aun tendrá que luchar contra su terrible sensibilidad.

Su última y gran conversión llegaría en la noche de navidad de aquel año. Después de llegar a casa de la misa de gallo, Teresa tiene una crisis emocional al no encontrar los tradicionales regalos junto a la chimenea y al percibir cierto fastidio de parte de su padre por su comportamiento infantil. Sube corriendo las escaleras hecha un mar de lágrimas pero cuando cree que su rabieta va a llegar al clímax siente la intensidad de la gracia interrumpiendo su llanto, haciendo que por fin deje atrás su exagerada sensibilidad y la dispone para emprender de una vez por todas su carrera de gigantes. Su padre y hermana quedan muy sorprendidos al ver regresar tan pronto a Teresa, ya del todo tranquila, sonriente y en paz. No imaginarían el gran milagro que Jesús obro en ella aquella noche bendita cuando él, el fuerte, se hizo débil por nuestro amor. 

Después de esta noche para Teresa comenzaría lo que ella llamaría el periodo de su vida "más hermoso y más lleno de gracias del cielo". Los próximos meses crecería en estatura y sobretodo en gracia y aunque acaba de cumplir los 14 años cada día se encuentra más segura en que Cristo ha puesto los ojos en ella por un motivo en particular, al experimentar los frutos de la gracia en su alma entiende que él la desea para sí de manera especial. Ahora que ha superado las distracciones de su extrema sensibilidad y apego a las criaturas, entiende que se ha convertido en un abismo hambriento del amor de Dios y sabe que solo hay un lugar donde tanto amor puede ser colmado: El Carmelo.

Al ser tan joven sus ímpetus de abrazar la vida religiosa tendrían que ser calmados, al menos por un tiempo, permaneciendo en la casa paterna, pero su dimensión apostólica y la necesidad de ganar almas para el cielo le hicieron imposible quedarse de brazos cruzados. De Paris llegan las temibles noticias de Henri Pranzini, un hombre que había sido condenado a la pena capital al encontrarlo culpable del brutal asesinato de tres mujeres en aquella ciudad. Las fotografías de los cadáveres junto a la del asesino aparecen en la primera plana de varios periódicos y la historia conmociona a toda Francia. Teresa se encuentra con la historia de Pranzini, y así como estaba, toda necesitada de exaltar el amor y la misericordia de Dios, decide adoptarlo como "su primer hijo", se propone fulminar el cielo con plegarias para alcanzar su conversión o al menos un pequeño acto de arrepentimiento. En agosto de 1887, cuando las ultimas noticias de Pranzini aparecen en los periódicos, Teresa no podría sentirse más segura de lo que sentía en su corazón. Al leer que aunque Pranzini negó confesarse, besó un crucifijo tres veces antes de subir a la guillotina, sintió que lo había logrado: Dios había tenido misericordia de aquel asesino, sus oraciones fueron escuchadas y ahora el cielo era el límite.


La joven Teresa a los 15 años.
Sintiendo tan profundamente la voluntad divina sobre ella, se decide por completo a confesarle sus intenciones de entrar al carmelo a su padre. En la tarde del día de Pentecostés de 1887, Teresita y su padre se reúnen en el jardín de Les Buissonnets y allí ella abre del todo su corazón. Aunque su padre duda un poco al principio, al verla tan joven y sabiendo lo difícil que le fue despegarse de sus dos hermanas mayores que ya eran carmelitas, se termino por convencer al reconocer en las palabras de la más joven de sus hijas un autentico deseo de entregar la vida al Señor. Poco tiempo después, en una de sus cartas, Luis explicaría a sus amigos lo muy bendecido que se sentía al entregar a todas sus hijas a Dios, incluso a la más joven entre ellas. Teresa ya tenía la bendición de su padre, pero solo esa, pues aunque la comunidad del Carmelo de Lisieux ya estaba enterada de sus intenciones y le daban su apoyo, eso era todo. Ni su tío Isidoro Guerin, el hermano de su madre y que, junto a Luis, tenía cierta autoridad sobre sus sobrinas, ni los superiores del monasterio veían con buenos ojos su ingreso. Hasta el obispo de Bayeux (responsable por la diócesis de Lisieux) no había aceptado su petición, después de que su padre y ella le hicieran una visita. Al sentir tantas negativas hacia su vocación Teresa no puede dejar de sentirse abatida, pero aun en paz, pues sabe que solo busca la voluntad de Dios.

Aunque el superior del carmelo sigue oponiéndose, su tío, después de escucharla una vez más, cambia de opinión y se convence de la legitimidad de su vocación. Poco después de su encuentro con el obispo de Bayeux, en noviembre de 1887, Teresa, Luis y Celina se unen a una peregrinación francesa con rumbo a Roma, para celebrar las bodas de oro sacerdotales del Papa León XIII. Una de las primeras paradas de la peregrinación seria París, allí la familia Martin visitaría el santuario de Nuestra Señora de las Victorias y en este lugar, a los pies de María santísima, Teresa seria liberada de todas las dudas que conservara sobre la naturaleza sobrenatural de su curación en 1883. El viaje a Roma sería de casi un mes de duración, pasando por varias ciudades italianas que eran punto de frecuente peregrinación, como Asís o Loreto, hasta llegar por fin a la ciudad eterna y participar allí en una audiencia privada con el Sumo Pontífice. Teresa se había estado armando de valor durante todo el recorrido, pidiendo la intercesión de los santos, para ella misma pedirle al santo padre su bendición para entrar al convento siendo tan joven. 

El 20 de noviembre de aquel año, la peregrinación francesa se encuentra con el Papa en la basílica vaticana, entre ellos, nuestra santa. Aunque se había indicado no dirigirle la palabra al Papa por su desgaste físico, Teresa lo apuesta todo y se arroja al regazo del pontífice con lagrimas en los ojos pidiendo su ingreso al carmelo. León XIII la exhorta a confiar en la voluntad de Dios y seguir en obediencia a los superiores, pero eso es todo. Teresita es casi arrebatada de la presencia del Papa por dos guardias suizos y así termina su encuentro, luego regresaría a Francia, con el corazón en pedazos y en las semanas venideras sufriría fuertes pruebas hacia su fe.

Aún con la profunda decepción después del viaje a Roma, Teresita y su familia, tanto fuera como dentro del convento no se rinden y siguen buscando los medios para que ingrese lo antes posible como postulante. Todos esperaban verla en la puerta del claustro para antes de navidad pero la aprobación del obispo de Bayeux no llegaría sino hasta el 28 de diciembre y a Teresa se le informaría el 1 de enero de 1888. Una alegría inmensa la desborda al saber las buenas nuevas, pero aun tendría que esperar algunos meses, pues por recomendación de la hermana Inés de Jesús (Paulina), su entrada se prolongaría hasta la Pascua de ese año. El 9 de abril de 1888, a solo unos meses de haber cumplido los 15 años, Teresa Martin es acompañada por toda su familia al Carmelo de Lisieux. Allí, junto a la puerta de la clausura se daría la tierna pero sentida despedida entre Teresa y su padre, quien como un nuevo Abraham subía de nuevo a este monte para inmolar a otra de sus hijas, sin saber que pocos meses después, la última de ellas, Celina, también le confesaría su deseo de ingresar al Carmelo.

Teresa es recibida con entusiasmo por sus hermanas y el resto de la comunidad, pero los superiores no pueden ver en ella más que a una niña caprichosa que opto por una vida que no sabe si será digna de llevar. La puerta se cierra y Teresa sella allí mismo su destino para siempre. Todo en aquel lugar le parece hermoso y fascinante, pero en especial la gran austeridad de su celda, para ella no podría haber mejor desierto donde cosechar flores para Dios. Aquellos primeros meses en el monasterio también serian tocados por el sufrimiento al enterarse de la progresiva desmejoría en la salud mental de su padre. Estas angustias tendrían su descanso en enero de 1889 cuando se da su toma de hábito. Esta importante celebración la había encontrado con fuertes dudas sobre su vocación, pero al llegar el gran día no puede sino sentir alegría y belleza en todos lados, en el claustro, que su esposo se digno vestir con manto de nieve para festejarla y en su padre, que al estar un poco mejor, esperaba para verla vestida de novia ingresar a la capilla. Después de la ceremonia Teresa ingresaría al monasterio ya vistiendo el hábito de nuestra señora y allí, en la portería, la esperaba la imagen del niño Jesús con vestido rosa, que a ella tanto le encantaba y a quien había decidido poner en su nuevo nombre de religiosa junto a su devoción personal de la pasión de Cristo, de ahí en adelante seria conocida como Sor Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Con esta ceremonia se daba por iniciado su año de noviciado, al final de este realizaría su profesión solemne puesto que en aquel tiempo no existía las profesiones temporales.

Para Teresa el período del noviciado en el exterior sería vivido con mucha paz, alegría y diligencia, pero en el interior estaría repleto de pruebas, sufrimientos y angustias. La enfermedad de su padre regresaría más fuerte que antes, sus capacidades mentales se verían rápidamente disminuidas y pronto el Sr. Martin se volvería un peligro hasta para el mismo por lo cual se decide internarlo en una casa de salud, donde Celina y Leonie, que había desistido de su vocación de clarisa, lo cuidaban día y noche. Teresa realizaría con profunda fe y en espíritu de total abandono su profesión solemne el 8 de septiembre de 1890. Ella ofrece el dolor por la ausencia de su padre en la ceremonia y no le pide más a Jesús que: "la paz y también el amor, un amor infinito, y sin más fronteras que él mismo". 


Teresa caracterizada como su
 amada Santa Juana de Arco.
En los meses siguientes, y ya siendo parte oficial de la comunidad, Teresa encuentra luz del cielo para los primeros años de su vida contemplativa en la lectura asidua de las sagradas escrituras, en especial de los evangelios y los escritos de San Juan de la Cruz (14 de diciembre y 21 de mayo, la Traslación), a quien toma por maestro en la disciplina del deshacimiento interior. Así mismo empieza a mover una provechosa correspondencia con sus hermanas en el exterior, en quienes percibe con claridad el mismo llamado que Jesús le ha hecho a ella y que está dispuesta a cuidar por ellas con los afanes de una madre por sus hijas. En diciembre de ese año, la llegada del invierno es acompañada por una temible gripa que contagia a casi todo el monasterio y en menos de unos días se cobra la vida de tres hermanas. Solo tres religiosas permanecen sanas y en pie para atender las necesidades de las demás y cuidar del monasterio, entre ellas Teresa, que después de esta gran prueba termina por desvanecer cualquier duda de sus superiores hacia su persona al ver lo diligente y responsable de su comportamiento.

En 1893 Sor Inés de Jesús es elegida priora y con esto se empieza a hacer campo a Celina, que aunque cuida de su padre, no pierde su esperanza de entrar al Carmelo. Un año más tarde Luis Martin muere, el 29 de julio de 1894, rodeado de sus hijas y familiares queridos y al Carmelo no llegan más que palabras de felicitación para sus hijas, de sacerdotes y amigos que ven en el Sr. Martin un candidato seguro a los altares. Celina ingresa al Carmelo seis semanas después, aun después de presentarse cierto malestar entre el resto de la comunidad que no veía con buenos ojos que tantas de la misma familia escogieran el mismo monasterio para entregarse a la vida religiosa. Teresa logra conquistar el corazón de las hermanas más reacias con oraciones y su cándida personalidad, a la que parece que ni Dios puede negarse. Durante el priorato de su hermana Paulina, la espiritualidad de Teresita comienza a asentarse y robustecerse rápidamente y su doctrina comienza a tomar forma. 

Al término del mandato de Sor Inés y el regreso como priora de la Madre María de Gonzaga, esta, por consejo de Paulina le pide a Teresa que deje por escrito sus memorias autobiográficas, memorias que terminaría apenas unos meses antes de su muerte y que nuestra santa creyó que nunca traspasarían los limites el convento, pero que no mucho después se esparcirían con el viento por toda Francia, Europa y el mundo, atrayendo a cientos de peregrinos que querían venerar y recorrer los mismos caminos que la "santita" de Lisieux.

Junto a su biografía, Teresa prosigue un amplio trabajo epistolar para con sus familiares y hermanas de comunidad a par de varias oraciones, poesías y hasta algunas piezas teatrales que fueron presentadas durante fechas especiales ante la comunidad. Una de sus inspiraciones favoritas fue otra santa, con la que llegará a compartir el patronato sobre Francia: Santa Juana de Arco (30 de mayo) a quien Teresita se encargaría de interpretar, guardándose para sí el mismo ardor de la doncella de Orleans, buscando encender el mundo con el amor del Dios que siempre buscaba servirse de vírgenes para hacerlas sus testigos. Junto a su labor de escritora y poeta, en la comunidad fue encargada en oficios tales como sacristana, pintora y encargada de la ropería. Se ve profundamente estremecida en su interior al encontrar pasajes en la escritura que la invita a lanzarse a Dios con la confianza de los niños, específicamente en el libro de los proverbios (9,4) y el libro de Isaías (66, 12-13). 

A raíz de sus meditaciones y la lectura de la carta de San Pablo a los Corintios encuentra no solo la clave de su vocación: El amor! Un amor incendiario que lo consume todo en todos y por el cual ella sería capaz de unir la austeridad y anonimato de su vida a las obras apostólicas mas temerarias, sino que también siente definido su camino de unión total con Cristo, o mejor dicho "caminito". Una vía sencilla, corta y que cualquiera puede seguir. Tan apta para todos que más tarde conmocionaría a fieles de todas las naciones y épocas, fieles que reconocerían en su doctrina una sabiduría inspirada y que terminarían por pedir a la Iglesia que incluyera su nombre en la lista de los grandes pedagogos de la Fe.


Las religiosas Martin-Guerin.
Teresa en un extremo.
En junio de 1895, en fiesta de la Santísima trinidad, Teresa, primero de manera personal y luego acompañada por su hermana Celina, profesa "el acto de entrega como holocausto al amor misericordioso de Dios". Una consagración, un compendio detallado y esmerado para expresar las profundas aspiraciones de Teresa para con su Dios. Allí pone toda su alma y corazón, su necesidad inmensa de verlo conocido y amado por todos y su entrega total, un abandono tal que la empuja a ser un cordero que salte al fuego devorador antes de que si quiera sea sacrificado. Unas semanas más tarde en efecto, mientras meditaba en la capilla los pasos de la pasión de Cristo, se vio herida en el pecho por un fuego divino. De esta gracia solo sus superioras se verían enteradas.

En 1896 es reelegida priora la madre María de Gonzaga y ella le permite a Teresa empezar a tener correspondencia con un joven seminarista, próximo a ordenarse, el abate Bellière, quien se convertiría en el primero de sus hermanos sacerdotes, poco después también acogería como tal al padre Roulland. Además de esto, también la priora, convencida de las cualidades excepcionales que Teresita tenía como religiosa, le encarga el delicado cargo de maestra de novicias. La santa, de 23 años, se siente profundamente indigna para servir en tal labor, pero la llevaría adelante con humildad y paciencia hasta que las fuerzas la abandonasen. En el triduo pascual de ese año, exactamente entre la madrugada del jueves y el viernes santo, Teresa experimenta una hemoptisis, señal innegable de la terrible tuberculosis, a la que ella recibe sin una gota de miedo o preocupación más que con alegría y agradecimiento por sentir comenzar su calvario el día en que Cristo moría en la cruz. El resto de ese año logra hacer convivir la rapidez con que la enfermedad la consume con la vida silenciosa en medio de la comunidad, hasta abril de 1897, cuando la tuberculosis se recrudece a tal punto que ya no se le permite seguir el ritmo de las demás religiosas.

Junto al progreso de la enfermedad que poco a poco la acerca al encuentro con el amado, Teresa, por el contrario se siente progresivamente cada vez mas lejos del cielo hasta llegar a ser rodeada de unas profundas tinieblas espirituales que la sumergen en lo que su padre, San Juan de la Cruz, llamaba la noche oscura o noche de la fe. Ahora para ella levantar su alma a lo divino, a las delicias del cielo, es imposible y cualquier consuelo espiritual para ayudarla a llevar su progresiva des mejoría le es negado. Pensar en lo de arriba le causa un profundo dolor y hasta llega a sentirse aterrada de lo voraces de sus dudas acerca de Dios y la eternidad, tanto que se niega a ponerlas por escrito para no escandalizar a nadie con sus blasfemias. Solo Dios sabría la terrible batalla dentro de ella porque si, Teresa luchaba! Y en medio del fuego, sin saberlo, su alma se purificaba para pronto adornar el cielo. Un cielo que con dificultad podía creer como cierto. 

En junio de 1897, Teresa es trasladada a la enfermería del Carmelo, allí, ya en brazos de su hermana Paulina e incapaz de sostener una pluma por sí sola, la santa escribirá sus últimas cartas dirigidas a sus hermanas de comunidad, algunos familiares y sus hermanos sacerdotes, que por la época ya se encontraban de misión por Asia. Por su parte, sus hermanas empiezan a recoger con esmero los últimos pensamientos y palabras de la santa en unos cuadernillos, que años después serian publicados bajo el título de "Últimas Conversaciones".

Sus últimas semanas las pasa en medio de profundos dolores, que ahora ya no solo ofrece en silencio, sino que es incapaz de poner en palabras por su extrema debilidad. Antes de que entrara en el silencio, promete a sus hermanas que si llega al cielo no descansara ni un día, que trabajaría por la salvación de las almas hasta que el número de los bienaventurados estuviera completo y junto a esto les deja también la promesa de su segura intercesión, que ella expresa en el símbolo de una lluvia de rosas que enviaría desde el cielo. Cuando le preguntan que como deben invocarla para recibir su ayuda ella responde: "La petite Thérèse" (Teresita). Su última oración escrita se la dedica a su reina y madre, pero más madre, la virgen María. 

Recibe con dificultad los últimos sacramentos y en la tarde-noche del 30 de septiembre de 1897, después de ser consumida por una terrible agonía, Teresa, rodeada por toda la comunidad pronuncia sus últimas palabras: "Oh si, le amo, Dios mío, te amo!" Entra en un breve éxtasis que dura por el espacio de un credo, luego se recuesta apaciblemente en la almohada y entrega su espíritu. Tenía 24 años y 9 de vida religiosa. Es sepultada cuatro días después en la parcela de las carmelitas en el cementerio de Lisieux. A su funeral no habían asistido más que algunos amigos y familiares, encabezados por su hermana Leonie que ya confiada de la intercesión de su hermana se decide ingresar de manera definitiva a la visitación de Caen, donde muere ya en su ancianidad con aroma de santidad.


Teresa en sus funerales.
Exactamente un año después de su muerte su autobiografía es publicada bajo el titulo "Historia de un alma". De inmediato se convierte en una sensación y cientos de peregrinos empiezan a llegar a Lisieux, buscando su tumba, pidiendo y dando gracias por los milagros recibidos al invocarla. En 1914 es finalmente introducida su causa de beatificación, después de escuchar los ruegos de sus cientos de devotos. Sus hermanas de sangre, todas en la vida religiosa, son las primeras en presentar sus testimonios ante el tribunal eclesiástico. En 1921 son reconocidas sus virtudes heroicas y en 1923, unos meses antes de su beatificación, los restos, pronto reliquias, de Teresa regresan al Carmelo. El ataúd es acompañado por voces de júbilo, en medio de una gran procesión que anunciaba el "huracán de gloria" que pronto se desembocaría en toda la Iglesia. 

Después ser presentados y corroborados los respectivos milagros para la necesidad, sor Teresa del niño Jesús y de la santa faz es beatificada el 29 de abril de 1923 y canonizada el 17 de mayo de 1925, en ambas ocasiones por el Papa Pio XI, que nunca escondió su fervorosa devoción por la santa de Lisieux. Para la última de estas dos celebraciones la basílica de San Pedro es adornada con cientos de cirios, que de noche anuncian a la ciudad y al mundo el gozo por la nueva santa. En Lisieux y el resto de Francia las celebraciones no son menos y ya se habla sobre la construcción de una imponente basílica en su honor, templo que sería consagrado en 1951 y terminado en 1954.

En 1927, Pío XI la declara patrona universal de las misiones, junto al gran evangelizador de Asia, San Francisco Javier (3 de diciembre) y Pío XII la declara co-patrona de Francia en 1944. Finalmente es proclamada Doctora de la Iglesia Universal por el papa San Juan Pablo II (22 de octubre) el 19 de octubre de 1997, durante las celebraciones por el primer centenario de su muerte. Con ello la convirtió en la más joven entre los santos que llevan este título y la tercera mujer, después de Santa Teresa de Jesús (15 de octubre, 26 de agosto, la Trasverberación, y 13 de julio, la Traslación) y Santa Catalina de Siena (29 de abril y 1 de abril, la Impresión de las Llagas).


Fuentes:
-"Historia de un alma". Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Laicos carmelitas descalzos de Colombia, Medellín, Colombia, 2015.
-"Santa Teresa de Lisieux". Obras completas. Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2010.


Jhonatan Alarcón.

Muchas gracias le doy a Jhonatan por otro artículo sobre un santo del Carmelo, en esta ocasíon la gran Teresita. Espero no sea la última vez que nos escriba algo sobre nuestra amada espiritualidad carmelitana o nuestros santos.


Ramón.

A 1 de octubre además se celebra a:


San Suliau de
Bretaña, abad
.
Santa Sidonia
de Georgia, virgen
.
San Remigio,
obispo.




martes, 8 de noviembre de 2016

Alabanza de gloria...

Santa Isabel de la Trinidad, virgen carmelita. 8 de noviembre.

Isabel Catez nació el 18 de Julio de 1880 en un campo militar de Avor, cerca de Bourges, luego de un embarazo difícil. En contra de todos los pronósticos la niña nace saludable y hermosa. El 22 de julio siguiente es bautizada con los nombres de Isabel Josefina. Desde pequeñita Isabel fue piadosa y despierta, aprendió a leer muy pronto y a los cinco años ya mostraba talento para la música. A los siete años su madre la inscribe en el Conservatorio, para que estudie piano. Y será la única escuela que conozca, pues a la familia no le gustan las escuelas, pues una vez suprimidas las escuelas religiosas, las del Estado son extremadamente laicas e "ideologizantes" (las cosas no han cambiado). Sin embargo, en su casa recibirá Isabel una sólida formación. A los 11 años recibe su primera comunión, viviéndola con un gran gozo y plenamente consciente del Dios al que recibe. Es su primera y más íntima unión con Jesús y que ella percibe como una donación mutua: ella se entrega y Él a su vez se entrega más aún. Sus experiencias místicas comienzan con la contemplación de la naturaleza: la belleza de las estrellas o las flores, todo le habla de Dios, al más puro estilo sanjuanista.

En la adolescencia y juventud participa como todas las jóvenes en las fiestas, devaneos e ilusiones juveniles, aunque en su caso, la llama y el sentimiento de su primera comunión (la entrega mutua) no desfallece, sino que aumenta y fructifica en una vocación religiosa que la llama a la oración, la humildad y la vida escondida en Cristo. Así, 2 de agosto de 1901 entra en el Carmelo de Dijon, donde halla el sitio perfecto para hallar a Cristo y solo a Cristo. El trabajo, la oración, la Regla van desfilando ante ella, se adapta, sufre, ora y persevera, y en todo halla al Señor, que la va configurando. El 8 de diciembre de 1902 toma el hábito con el nombre de Isabel "de la Trinidad", que será su sello durante su corta vida terrenal. El 11 de enero de 1903 pronuncia sus votos.

Su pasión por la lectura, que la acompañaba desde la niñez, se sacia en el Carmelo con la lectura asidua del Evangelio y de San Pablo, del que extrae abundante tema de meditación y oración. “Padre de su alma” llamará al Apóstol. Descubre al santo místico del Carmelo, Nuestro Padre San Juan de la Cruz (14 de diciembre y 24 de noviembre) y su alma se abre a la profundidad de sus escritos. Comienza a experimentar la unión esponsal de Cristo y el alma que el Santo vivió y relata en sus escritos, sobre todo en su único "Cántico Espiritual". El 21 de noviembre de 1904 Isabel pasa un especial momento de gracia ante el Santísimo Sacramento, donde Dios le penetra el alma profundamente y ella se abisma en la inmensidad del amor de Dios. Esa noche escribe su más conocida obra, todo un texto místico que quedará para los siglos: su alabanza a la Santísima Trinidad.
"Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayúdame a olvidarme totalmente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquilo, como si ya mi alma estuviera en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio.

Pacifica mi alma, haz de ella tu cielo, tu morada de amor y el lugar de tu descanso. Que en ella nunca te deje solo, sino que esté ahí con todo mi ser, todo despierto en fe, todo adorante, totalmente entregado a tu acción creadora.

Oh mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser, en mi alma, una esposa para tu Corazón, quisiera cubrirte de gloria, quisiera amarte..., hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia: te pido ser revestido de Ti mismo, identificar mi alma con cada movimiento de la Tuya, sumergirme en Ti, ser invadido por Ti, ser sustituido por Ti, para que mi vida no sea sino irradiación de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero volverme totalmente dócil, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas mis impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz.

Oh Astro mío querido, fascíname, para que ya no pueda salir de tu esplendor.

Oh Fuego abrasador, Espíritu de amor, desciende sobre mí, para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo: que yo sea para Él como una prolongación de su Humanidad Sacratísima en la que renueve todo su Misterio.

Y Tú, oh Padre, inclínate sobre esta pobre criatura tuya, cúbrela con tu sombra, no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien tienes todas tus complacencias.

Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad en que me pierdo, me entrego a Vos como una presa. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, hasta que vaya a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas".

Al igual que su contemporánea y coterránea Santa Teresita del Niño Jesús (1 de octubre), Isabel descubre su vocación en el amor en las Escrituras: "ser alabanza de gloria" (Ef 1,6). Alabar constantemente a la Trinidad que vive en ella. Ser la voz y el corazón de los que le alaban y suplir a aquellos que no lo hacen. Trasmitir, transfigurar a la Trinidad en su vida cotidiana mediante la caridad, la palabra y la oración. Salvar, salvar almas es su anhelo y misión.

Reliquias de la santa.
San Miguel de Dijon.
En 1906 Isabel comienza a sufrir desvanecimientos y vómitos de sangre y en marzo pasa a la enfermería. Una úlcera estomacal ha hecho presencia, y los ayunos y austeridades propias del Carmelo no ayudan en nada. El 30 de octubre ya no puede levantarse de la cama y el 1 de noviembre comulga por última vez. El 7 de noviembre pronuncia sus últimas palabras: "Voy a la Luz, al Amor, a la Vida". Pasa el día 8 en silencio, como en éxtasis. El día 9, recién sale el sol, Isabel de la Trinidad vuela allá mismo: a la Trinidad. El día 12 de noviembre fue enterrada en el cementerio municipal, como mandaban las leyes, que impedían las sepulturas en los recintos monásticos, y el 10 de octubre de 1930, al abrirse el proceso de canonización, se exhumaron sus restos. El 23 de marzo de 1931 se incoó la causa y los interrogatorios duraron hasta 1941. En 1944 la Sagrada Congregación de Ritos declara que en los escritos de Sor Isabel de la Trinidad no hay nada contra la fe y la moral. Fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 25 de noviembre de 1984 y canonizada por el papa Francisco el 16 de octubre de 2016.

Algunas frases suyas:
"La Trinidad: aquí está nuestra morada, nuestro hogar, la casa paterna de la que jamás debemos salir... Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí eso todo se iluminó para mí."

"Creer que un ser que se llama El Amor habita en nosotros en todo instante del día y de la noche y que nos pide que vivamos en sociedad con El, he aquí, os lo confío, lo que ha hecho de mi vida un cielo anticipado."

"Mi Esposo quiere que yo sea para Él una humanidad suplementaria, en la cual Él pueda seguir sufriendo para gloria del Padre y para ayudar a la Iglesia."


Fuentes:
-"Sor Isabel de la Trinidad. Obras Completas". Manuel Ordoñez Villarroel (Traductor)
-"Sor Isabel de la Trinidad: Experiencia de Dios en su vida y escritos". Ciro García Fernández
-http://carmelnet.org/chas/santos/isabel.htm


A 8 de noviembre además se celebra a  
Los Cinco Santos Escultores, mártires.
San Willehad de Bremen, obispo.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Dios es amor... y no es amado.

Santa Teresa Margarita Redi, virgen carmelita. 1 de septiembre. 


Niñez.
Nació Ana María en Arezzo, el 15 de julio de 1747 en la célebre familia Redi. Fue bautizada por su tío al día siguiente, festividad de la Virgen del Carmen. Era la segunda de una familia numerosa, pues llegaron a ser trece hermanos, aunque algunos murieron pronto. Debido a la poca salud de su madre, Margarita fue una segunda madre para sus hermanitos. La piedad en la casa de los Redi era cosa cotidiana, por ello no es de extrañar que la pequeña con solo tres años se gozara en rezar el Avemaría y que a los seis ya se hubiera propuesto ser santa, para lo cual oraba constantemente. "Dios es amor", fue la frase bíblica que marcó para siempre su espiritualidad: Amar a Dios, hacerle amar y amar a los demás como Dios. Diariamente visitaba la iglesia, oraba y a los siete años se confesó por primera vez, por extraño privilegio, pues no era lo común hasta los doce o trece, cuando se comulgaba por primera vez. 

Internado.
A los nueve años la internaron con las benedictinas de Florencia, para que se educara en la piedad, letras, labores, artes, etc. Era despierta, obediente, laboriosa y por supuesto, muy piadosa. Era el ángel de las religiosas, que la querían muchísimo. Y por esto, le permitieron adelantar su primera comunión, que recibió el 15 de agosto de 1757, con gran alegría propia y de su familia. Si ya antes era devota, ahora lo sería más, alimentada con la Eucaristía, aunque no fuera con la frecuencia que ella deseara. Por esta época su vocación religiosa se fue haciendo patente, hallando en la reciente devoción al Sagrado Corazón de Jesús la fuente y culmen de sus aspiraciones de amor. Al Corazón de Cristo se confió y tomó de modelo, entregándose completamente. En los años de internado avanzó tanto en las virtudes, que su confesor y director, el P. Pedro Pellegrini, le autorizó a comulgar todas los domingos y fiestas, "privilegio" solo permitido a algunas religiosas. 

Carmelita.
A los 16 años las niñas habían de volver a su casa a prepararse al matrimonio (algunos ya concertados), o dedicarse en soltería a cuidar de padres o parientes, o también ingresar en un convento. Las opciones no eran muchas. Ana María quería ser religiosa, pero la vida benedictina solo la admiraba, pero no la llamaba. No conocía de otras monjas, por lo cual, como solía hacer, se confió al Corazón de Cristo. Ocurrió que una amiga suya, María Tedesci, la visitó en el internado para despedirse, porque se iba al Carmelo. Cuando la joven se fue, Ana María oyó una voz que le dijo: "Soy Teresa de Jesús y te quiero entre mis hijas". Quedó sorprendida, y estando en oración, tuvo la misma locución interior. Lo confió a su director, el cual la alentó a ello, arregló las cosas, y propició su entrada en "el palomarcico" descalzo de Florencia a 1 de septiembre de 1764, unos meses luego de su salida del internado.

Apenas entró al postulantado, sufrió de un abceso mal cuidado en la rodilla, que casi la deja lisiada. Tuvo que sufrir una dolorosa cura de raspado del hueso, abriéndole las carnes, que soportó con entereza y dando ejemplo de paciencia y resignación. Tomó el hábito el 11 de marzo de 1765, con el nombre de Teresa Margarita del Sagrado Corazón, su gran devoción y fortaleza. Y mucho que la necesitó en el noviciado, pues su primer oficio fue cuidar de las monjas ancianas, la mayoría, pues este Carmelo era pobre y con pocas vocaciones jóvenes: 13 religiosas como mandaban las constituciones, y nueve de ellas ancianas o enfermas. Muchas noches pasó en vela cuidando a las más ancianas, lo que no evitaba que al día siguiente cumpliera estrictamente con los horarios de coro y trabajo. Además, le encomendaron varios oficios, como portera, cocinera… Tantos oficios "bajos", que llegó a creer que su vocación era ser "freila", o sea, monja lega y no de coro.

Profesó sus votos el 12 de marzo de 1766, como monja de coro, asignándole el oficio de sacristana además continuar como enfermera. Para poder cumplir sus devociones y penitencias, robaba tiempo al sueño y se las agenciaba para penitenciarse a la par que descansaba: dormía con la ventana abierta en invierno, se tendía sobre el suelo, dormía con el cilicio puesto, etc. Su caridad era inmensa, siempre dispuesta, siempre sonriente, siempre obediente.

"El amor no es amado".
En julio de 1768 tuvo un éxtasis al oír las palabras de la carta de San Juan: "Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor". (1 Jn 4, 8), reviviendo toda su mística del amor de Dios. Desde entonces, como su coterránea Santa María Magdalena de Pazzi (25 de mayo) vivió en un constante padecer porque las almas no sabían del amor divino, ni le correspondían. Escribirá: "Le digo de manera muy confidencial que me encuentro muy dolorida porque no correspondo como debiera a las exigencias del amor de Dios; me siento reprochada por mi Soberano Bien y soy muy sensible al menor movimiento contrario al amor y al conocimiento de Aquel que me ama. No sé que hacer, ni interior ni exteriormente para impulsar aún más mi amor y no se puede usted imaginar lo terrible que es vivir sin amor cuando en realidad, se está ardiendo en deseos de Él. Esto es una tortura para mí y, por mucho que me esfuerzo, lo veo tan poco que temo que Dios esté disgustado conmigo."

Este padecer por no amar a Dios como Él ha de ser amado es un "paso" o "grado" en la escala que muchos místicos suben en busca de la unión con Dios. Consciencia de ese amor es lo primero, búsqueda y manifestación es lo segundo y lo tercero, constatación de la nada que se es. Es el momento donde puede venir la tentación de abandonar, la depresión o la llamada melancolía. Los escrúpulos y la confusión se hacen presentes. Pero la fe permanece y es esta la luz que les guía en esa noche oscura. Una buena dirección espiritual fue calmando el alma de Teresa Margarita que, aún sabiéndose nada, siguió lanzándose al infinito amor del Corazón de Jesús. Y esta fase fue previa a la de su unión con Cristo en matrimonio espiritual, fenómeno místico del que ya he hablado en otras ocasiones. Los estudiosos de la mística carmelitana coinciden en que Teresa Margarita vivió esa unión definitiva con Cristo, manifestada en ella con la vivencia íntegra del "Dios es amor" bíblico.

Final e inicio.
En 1770 tuvo la inspiración de que su unión esponsal con Cristo llegaría a su culmen pronto, de que la "tela del dulce encuentro" pronto se rompería. El 4 de marzo hizo confesión general y recibió la comunión con especial devoción. El 6 de marzo cayó desplomada en el claustro mientras iba a su celda, con motivo de un terrible dolor abdominal. El médico diagnosticó un "cólico doloroso, pero sin peligro para la vida". Pasó la noche sola, en vela y soportando un dolor terrible. Al día siguiente sus órganos dejaron de funcionar, se le practicó una sangría y la sangre brotó casi coagulada. Solo decía "Jesús, María". No era un cólico, era una peritonitis que, al no ser diagnosticada correctamente, se la llevó al cielo en menos de 24 horas, el 7 de marzo de 1770, con veinticuatro años. 


Cuerpo incorrupto de
Santa Teresa Margarita Redi.
La peritonitis ocasionó una descomposición prematura del cuerpo, por lo que las monjas pensaron enterrarla sin más, pero al final la dejaron los tres días acostumbrados, para organizar bien los funerales de una religiosa tan ejemplar. Y ocurrió lo inesperado, según avanzaban los días, el cuerpo fue cambiando, deshaciendo la corrupción, retomando color y suavidad, desapareciendo el terrible olor que despedía. Tanto así, que el 10 de marzo, parecía que estaba dormida. Luego de los servicios fúnebres, fue sepultada en el cementerio de la comunidad.


La Gloria.
En 1783 el cuerpo fue exhumado, para iniciar el proceso de canonización, pues la fama de santidad y los milagros ocurridos por su intercesión ya lo demandaban. Se halló el cadáver totalmente flexible, lívido y sin corrupción aparente, lo que fue certificado por varios médicos, como siempre. Fue puesto en una caja de plomo y madera, y llevada a la iglesia conventual, donde estuvo hasta 1929, cuando fue beatificada por Pío XI, en 9 de junio. Entonces se puso el cuerpo en una urna de cristal donde puede venerarse actualmente. Fue canonizada el 13 de marzo de 1934 por el mismo Pío XI.

Fuente:
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 9. Editorial Edibesa, 2001.


A 1 de septiembre además se celebra a  
San Gil, abad
Santa Verena, virgen.

viernes, 30 de noviembre de 2012

San Andrés Apóstol, fundador de Alba de Tormes


Sí, como leéis, si el palomarcico teresiano de Alba de Tormes fue organizado por la Santa Madre, su fundador y bienhechor fue el mismo San Andrés (30 de noviembre; y 20 de junio, traslación de las reliquias), santo al que dicho Carmelo guarda especial devoción. Fundóse este monasterio que se llamó Nuestra Señora de la Anunciación, a 25 de enero de 1571, apenas fundado el de Salamanca, y no las tenía mucho consigo Santa Teresa, porque Alba era una villa pequeña y las monjas necesiarían renta de algún notable para mantenerse; idea que no gustaba a nuestra Madre. La promotora fue Teresa Layz, cuya historia cuenta la Santa Madre en su libro “Fundaciones” Historia que es de leerse, pues parece una pequeña novela de aventuras. Y es que los comienzos de la descalcez carmelita no fueron aburridos, no. Esta Teresa, que habló a los tres días de nacida, se había casado con Francisco Velásquez, más por obedecer, que por amarle. Pero mal no vivía no, salvo que tenían el dolor de no tener hijos, cosa que deseaba muchísimo, y no cejaba de pedírselo a Dios constantemente. Estando en Salamanca, sucedió que… pero mejor que lo cuente la santa Madre Teresa:
Pues andando muchos años con este deseo, y encomendándolo a San Andrés, que le dijeron era abogado para esto, después de otras muchas devociones que había hecho, dijéronle una noche, estando acostada: «No quieras tener hijos, que te condenarás». Ella quedó muy espantada y temerosa, mas no por eso se le quitó el deseo, pareciéndole que pues su fin era tan bueno, que por qué se había de condenar. Y así, iba adelante con pedirlo a nuestro Señor, en especial hacía particular oración a San Andrés. Una vez, estando con este mismo deseo, ni sabe si despierta o dormida (de cualquier manera que sea, se ve fue visión buena por lo que sucedió), parecióle que se hallaba en una casa, adonde en el patio, debajo del corredor, estaba un pozo; y vio en aquel lugar un prado y verdura, con unas flores blancas por él de tanta hermosura que no sabe ella encarecer de la manera que lo vio. Cerca del pozo se le apareció San Andrés de forma de una persona muy venerable y hermosa, que le dio gran recreación mirarle, y díjole: «otros hijos son éstos que los que tú quieres». Ella no quisiera que se acabara el consuelo grande que tenía en aquel lugar; mas no duró más. Y ella entendió claro que era aquel santo San Andrés, sin decírselo nadie; y también que era la voluntad de nuestro Señor que hiciese monasterio”. (Fundaciones 20, 7).


Aparición de San Andrés a Teresa Laiz
Pues quedó Teresa Layz muy confundida con aquello, lo dijo a su marido, como Dios y San Andrés les cambiaban los hijos naturales, por hijas encerradas en un monasterio hecho por ellos. Consintió su marido que “como es tan bueno y la quería tanto, holgó de ello”. Ocurrió que llamó la Duquesa de Alba a Francisco Velásquez para ocupar un cargo en dicha villa. Allá se fueron, sin olvidar Teresa su encomienda. Llegó Teresa Layz a Alba, con disgusto, a la casa que su marido había comprado, se instaló de noche y…
[al] otro día en la mañana, como entró en el patio, vio al mismo lado el pozo, adonde había visto a San Andrés, y todo, ni más ni menos que lo había visto, se le representó; digo el lugar, que no el Santo, ni prado, ni flores, aunque ella lo tenía y tiene bien en la imaginación. Ella, como vio aquello, quedó turbada y determinada a hacer allí el monasterio y con gran consuelo y sosiego ya para no querer ir a otra parte. Y comenzaron a comprar más casas juntas, hasta que tuvieron sitio muy bastante”. (Fundaciones 20, 10.11).


Así que ya tenían el lugar, el mismo que el santo apóstol le había indicado en sueños, entonces vino el problema “¿a que orden religiosa donamos la fundación?”, se preguntaron los esposos. Y viendo el panorama del momento en las órdenes femeninas, y oyendo a varias personas, decidieron dejarlo, y entendiendo que esos «otros hijos son éstos que los que tú quieres» que San Andrés le había dicho, podrían ser parientes con alguna necesidad, decidieron juntar a sus sobrinos y darles aquella casa., pero entonces…



 “Mas como nuestro Señor tenía ordenada otra cosa, aprovechó poco su concierto, que antes de quince días le dio un mal tan recio [el sobrino mencionado] que en muy pocos días le llevó consigo nuestro Señor. A ella se le asentó en tanto extremo que había sido la causa de su muerte la determinación que tenían de dejar lo que Dios quería que hiciese por dárselo a él, que hubo gran temor. (…)Desde este día se determinó de no dejar por ninguna cosa de hacer el monasterio, y su marido lo mismo, aunque no sabían cómo ponerlo por obra. Porque a ella parece la ponía Dios en el corazón lo que ahora está hecho, y a los que ella lo decía y les figuraba cómo quería el monasterio, reíanse de ello, pareciéndoles no hallaría las cosas que ella pedía, en especial un confesor que tenía, fraile de San Francisco, hombre de letras y calidad. Ella se desconsolaba mucho”. (Fundaciones 20, 12).

Convento de Alba de Tormes.
Allí descansa el cuerpo de la Santa Madre
Pero como Dios manda, y da los medios para cumplir lo mandado, resulta que este mismo confesor que se oponía a dicha fundación fue el vínculo para que Teresa Layz conociera la reforma del Carmen y a la Santa Madre. Pero no se dejó llevar la santa por el impulso ni por visiones de santo (por más San Andrés y más apóstol que fuese), sino que negoció muy bien las condiciones de la renta, pues tenía la experiencia de Pastrana. Así que, ya que daban renta, exigió de todas las maneras, que ya que daban renta, la diesen bien, que tuvieran fondos necesarios, pues no quería ver a sus monjas abandonadas o enfermas, sin nada que comer. Que no necesitaran mendigar a sus parientes, ni les faltara de lo necesario. Finalmente aceptaron las condiciones de la santa y, como ella misma dice:


En fin, vinieron a ponerse en razón y dar bastante renta para el número; y lo que les tuve en mucho, que dejaron su propia casa para darnos y se fueron a otra harto ruin. Púsose el Santísimo Sacramento e hízose la fundación día de la Conversión de San Pablo, año de 1571, para gloria y honra de Dios, adonde, a mi parecer, es Su Majestad muy servido. Plega a El lo lleve siempre adelante”. (Fundaciones 20, 14).


Así que, bendito sea Dios, y bendito sea San Andrés.


A 30 de noviembre además se celebra a 
San Tugdual de Bretaña, abad.
San José Marchand, presbítero y mártir.  
San Wachtang I de Georgia, rey.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...