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sábado, 27 de marzo de 2021

"Tu oración es escuchada, sube aquí".

Santos Phileto, Lydia, esposos, y compañeros mártires. 27 de marzo. 

No se sabe mucho de estos mártires oriundos de Illiria, en la actual Turquía. Phileto era senador y estaba casado con Lydia. Sus hijos eran Macedo y Teopepio. Según los menologios griegos los cuatro, y un notario llamado Crónides, habían sido apresados por ser cristianos. Fueron llevados a juicio y el juez les entregó a las manos del general Anfiloquio, quien les condenó a ser metidos en una caldera de aceite hirviendo para ser fritos vivos. Pero justo antes que los santos mártires fueran arrojados dentro, el aceite se enfrió repentinamente. Entonces Anfiloquio exclamó: "¡Dios de los cristianos, ayúdame!". Y una voz clamó del cielo diciendo: "Tu oración es escuchada, sube aquí". 

Cuando el emperador supo lo ocurrido, mandó una vez más que todos fueran sumergidos en aceite hirviendo, esta vez ordenando que permaneciera siete días al fuego. Pero nada, era imposible, cuando los santos se acercaban, se enfriaba el líquido. Al final, todos entregaron el alma mientras oraban, sin pasar por tormento alguno, a mediados del siglo II.  

Fuente:
-Vidas de los Santos. Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 27 de marzo además se celebra a

San Ruperto de
Salzburg, obispo
.
San Juan de Egipto,
monje
.
San Mateo de Beauvais,
cruzado mártir
.
Beata Panacea de Muzzi,
virgen y mártir
.









lunes, 18 de julio de 2016

Santa Sinforosa, romana y no mexicana.

Sinforosa y sus hijos
ante Adriano
Pregunta: Quisiera saber de una santa de mexico pero no no se bien como se llama se que es algo asi santa sinforiana y sus 7 hijos martires desde ya muchas gracias.

Respuesta: Supongo te refieres a Santa Sinforosa, que es la santa de nombre parecido, de la que se menciona tuvo siete hijos.

Santa Sinforosa de Roma y sus siete hijos, mártires. 18 de julio.

Leyenda:
Esta hace de Sinforosa la esposa de San Getulio (10 de junio), y madre de los santos Crescencio, Juliano, Nemesio, Primitivo, Justino, Estacteo y Eugenio, siendo los dos últimos de pequeña edad. Eran cristianos piadosos y fueron perseguidos imperando Adriano. Getulio, su hermano Amancio y dos cristianos más fueron martirizados el 10 de junio de 120.

Sinforosa en tanto se fue con sus hijos a una propiedad familiar en Tívoli, donde con sus hijos se escondió en un aljibe seco, donde sobrevivían mientras se preparaban todos para el martirio. Cuando parecía que se habían olvidado de Sinforosa, Adriano convocó unos festejos para la inauguración de un palacio que se había construido. Consultó a los oráculos y los sacerdotes de los dioses los "interpretaron" y dijeron al emperador: "los dioses quieren las vidas de la cristiana Sinforosa y sus hijos, que aún adoran a su dios día y noche. Ofréceles sus vidas y los dioses te concederán lo que quieras". Mandó Adriano a buscarles, fueron sacados de la cisterna y llevados a Roma. Fue conminada a sacrificar a los dioses, y como la santa mujer se negó, le golpearon y desnudaron, y así la colgaron de los cabellos frente al templo de Hércules, para humillarla. Situaron cerca de ella a sus hijos más pequeños, que lloraban, para que se arrepintiera de su constancia, pero por nada del mundo Sinforosa negó a Cristo.

Como veía Adriano que nada podía, mandó que le ataran una piedra al cuello y la tirasen al Tíber. En cuanto a los hijos, tampoco renegaron de Cristo por más que les hacían promesas de libertad y riquezas, o les amenazaban con crueles tormentos. Les tendieron en el potro, fueron descoyuntados, les desgarraron los costados y les aplicaron antorchas, pero no renegaban de la verdadera fe. Cuando vio Adriano que estaban confirmados absolutamente en la fe cristiana, mandó terminasen con ellos: Crescencio, Juliano, Nemesio fueron alanceados varias veces hasta morir, Primitivo y Justino fueron apuñalados, Estacteo fue descuartizado y el pequeño Eugenio fue cortado en dos. Todos alcanzaron la palma de la victoria en el año 125.

Culto y reliquias.
Los cuerpos de los jóvenes fueron lanzados a una fosa común, de donde serían rescatados sobre el año 127, habiendo un tiempo de paz para la Iglesia, y fueron trasladados a una sepultura en la Vía Tiburtina. Por su parte, el cuerpo de Sinforosa había sido rescatado previamente por su hermano Eugenio, que construyó un pequeño memorial para ella, y donde él mismo fue enterrado posteriormente.

La deposición de las reliquias de los hermanos está documentada en varios martirologios, en primero el jeronimiano del siglo IV, con algunas diferencias. Aparecen a 29 de mayo, 27 de junio y a 18 de julio, día en que son mencionados por primera vez junto a Sinforosa, pues antes solo se les mencionaba a ellos. está claro que en este día se juntaron las reliquias de Sinforosa con las de estos siete mártires, de los que se ve tenían culto y por ello se les asoció Sinforosa como madre. Aunque la "passio" es antigua y los historiadores les dan bastante crédito, hay que decir que es una construcción para asociar a varios mártires que, efectivamente, a 18 de julio de mediados del siglo II fueron sepultados en el IX miliario de la Vía Tiburtina. Que padecieran bajo Adriano no parece claro, sino probablemente fuera después.

En el siglo VI ya se menciona su culto y una iglesia dedicada a la memoria de Sinforosa y sus hijos, donde se veneraban sus reliquias. Ciertamente, en el siglo XIX se hicieron excavaciones y se hallaron dos basílicas con arcas bajo el altar para contener reliquias, aunque estaban vacías, como se esperaba. Y es que en realmente, la tradición quería que, según informa el martirologio de San Adón de Vienne (16 de diciembre), en 752 y reinando Esteban II, se habían trasladado las reliquias de Sinforosa y sus hijos a la iglesia de San Andrés de Pescheria, donde reposaban las reliquias de San Getulio y sus compañeros mártires. Esta traslación, la antigüedad de la inscripción de Getulio en el martirologio romano y su culto le convirtieron en marido de Santa Sinforosa y padre de los siete mártires, pero eso es solo por la coincidencia de nombres de la mujer de Getulio (aparece llamada Sinforosa en la "passio" de este) y de nuestra mártir, y para darle importancia a la leyenda de esta.

Martirio de Sinforosa.
En 1610 fue hallado un sepulcro de mármol en el que estaban mezcladas todas las reliquias de Getulio y compañeros, y Sinforosa e hijos, y cuya inscripción certificaba la traslación hecha por Esteban II. Fueron en colocadas en una urna de cristal. En 1584, Gregorio XIII donó parte de las reliquias a los jesuitas, que a su vez donaron partes a algunos colegios españoles y americanos. En 1587, para evitar más expolio, se metieron las reliquias en el sarcófago de mármol y se selló.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VIII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.
-"Los mártires o el triunfo de la religión cristiana". François-René Chateaubriand. Madrid, 1856.
-"Las verdaderas actas de los mártires". TEODORICO RUINART. Tomo III. Madrid 1776. 


A 18 de julio además se celebra a 
Beato Roberto de Salento, religioso celestino.  
Santa Odilia de Britania, virgen y mártir.

lunes, 27 de agosto de 2012

Santa Mónica, madre de San Agustín

Quería escribir un poco sobre esta gran santa, pero ¿qué mejor que transcribir algo de lo que el mismo San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental) nos dice de ella? Así que hago un extracto de las "Confesiones", y añado una nota histórica sobre su culto e iconografía:

Santa Mónica y el niño Agustín.
Iglesia de su nombre, Valencia.
LÁGRIMAS POR AGUSTÍN 
"Por este tiempo [adolescencia] creía yo, creía ella [Mónica] y creía toda la casa, excepto sólo mi padre, quien, sin embargo, no pudo vencer en mí el ascendiente de la piedad materna para que dejara de creer en Cristo, como él no creía. Porque mi madre cuidaba solicita de que tú, Dios mío, fueses padre para mí, más que aquél. En eso tú la ayudabas a triunfar sobre él, a quien servía, no obstante ser ella mejor, porque en ello te servía a ti, que así lo tienes mandado.
¡Ay de mí! ¿Y me atrevo a decir que callabas cuando me iba alejando de ti? ¿Es verdad que tú callabas entonces conmigo? ¿Y de quién eran, sino de ti, aquellas palabras que por medio de mi madre, tu creyente, cantaste en mis oídos, aunque ninguna de ellas penetró en mi corazón para ponerlas por obra?.
Pero enviaste tu mano de lo alto y sacaste mi alma de este abismo de tinieblas. Entre tanto, mi madre, fiel sierva tuya, lloraba por mí ante ti mucho más que las demás madres suelen llorar la muerte corporal de sus hijos, porque ella veía mi muerte con la fe y espíritu que había recibido de ti. Y tú la escuchaste, Señor; tú la escuchaste y no despreciaste sus lágrimas, que, corriendo abundantes, regaban el suelo debajo de sus ojos allí donde hacía oración; sí, tú la escuchaste, Señor. Porque ¿de dónde si no aquel sueño con que la consolaste, viniendo por ello a admitirme en su compañía y mesa, que había comenzado a negarme por su adversión y detestación a las blasfemias de mi error?
Visión del ángel y el
"donde tú estás, alli está él"
En efecto, se vio de pie sobre una regla de madera y a un joven resplandeciente, alegre y risueño que venía hacia ella, toda triste y afligida. Éste, como le preguntase la causa de su tristeza y de sus lágrimas diarias, no por aprender, como ocurre ordinariamente, sino para instruirla, y ella a su vez le respondiese que era mi perdición lo que lloraba, le mandó y amonestó para su tranquilidad que atendiese y viera cómo donde ella estaba allí estaba yo también. Lo cual, como ella observase, me vio junto a ella de pie sobre la misma regla. ¿De dónde vino esto sino porque tú tenías tus oídos aplicados a su corazón, oh tú, omnipotente y bueno, que así cuidas de cada uno de nosotros, como si no tuvieras más que cuidar, y así de todos como de cada uno?
¿Y de dónde también le vino que, contándome mi madre esta visión y queriéndola yo persuadir de que significaba lo contrario y que no debía desesperar de que algún día sería ella también lo que yo era al presente, al punto, sin vacilación alguna, me respondió: «No me dijo: donde él está, allí estás tú, sino donde tú estás, allí está él?»". (Confesiones XI. 17-20).

MUERTE DE SANTA MÓNICA

"Estando ya inminente el día en que había de salir de esta vida –que tú, Señor, conocías, y nosotros ignorábamos–, sucedió a lo que yo creo, disponiéndolo tú por tus modos ocultos, que nos hallásemos solos yo y ella apoyados sobre una ventana, desde donde se contemplaba un huerto o jardín que había dentro de la casa, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de las turbas, después de las fatigas de un largo viaje, cogíamos fuerzas para la navegación. Allí solos conversábamos dulcísimamente; y olvidando las cosas pasadas, ocupados en lo por venir, nos preguntábamos los dos, delante de la verdad presente, que eres tú, cuál sería la vida eterna de los santos, que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre concibió.
Abríamos anhelosos la boca de nuestro corazón hacia aquellos raudales soberanos de tu fuente –de la fuente de vida que está en ti– para que, rociados según nuestra capacidad, nos formásemos de algún modo una idea de algo tan grande.
Santa Mónica entronizada
Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas palabras. Pero tú sabes, Señor, que en aquel día, mientras hablábamos de estas cosas –y a medida que hablábamos nos parecía más vil este mundo con todos sus deleites–, ella me dijo: «Hijo, por lo que a mí toca, nada me deleita ya en esta vida. No sé ya qué hago en ella ni por qué estoy aquí, muerta a toda esperanza del siglo. Una sola cosa había por la que deseaba detenerme un poco en esta vida, y era verte cristiano católico antes de morir. Superabundantemente me ha concedido esto mi Dios, puesto que, despreciada la felicidad terrena, te veo siervo suyo. ¿Qué hago, pues, aquí?»

No recuerdo yo bien qué respondí a esto pero sí que apenas pasados cinco días, o no muchos más, cayó en cama con fiebres. Y estando enferma tuvo un día un desmayo, qúedando por un poco privada de los sentidos. Acudimos corriendo, pero pronto volvió en sí, y viéndonos presentes a mí y a mi hermano, nos dijo, como quien pregunta algo: «Adónde estaba?». Después, viéndonos atónitos de tristeza, nos dijo: «Enterráis aquí a vuestra madre». Yo callaba y frenaba el llanto, mas mi hermano dijo no sé qué palabras, con las que parecía desearle como cosa más feliz morir en la patria y no en tierras tan lejanas. Al oírlo ella, lo reprendió con la mirada, con rostro afligido por pensar tales cosas; y mirándome después a mí, dijo: «Enterrad este cuerpo en cualquier parte, ni os preocupe más su cuidado; solamente os ruego que os acordéis de mí ante el altar del Señor doquiera que os hallareis». Y habiéndonos explicado esta determinación con las palabras que pudo, calló, y agravándose la enfermedad, entró en la agonía.
Mas yo, ¡oh Dios invisible!, meditando en los dones que tú infundes en el corazón de tus fieles y en los frutos admirables que de ellos nacen, me gozaba y te daba gracias recordando lo que sabía del gran cuidado que había tenido siempre de su sepulcro, adquirido y preparado junto al cuerpo de su marido. Porque así como había vivido con él concordísimamente, así quería también –cosa muy propia del alma humana menos deseosa de las cosas divinas– tener aquella dicha y que los hombres recordasen cómo, después de su viaje transmarino, se le había concedido la gracia de que una misma tierra cubriese el polvo conjunto de ambos cónyuges.

Ignoraba yo también cuándo esta vanidad había empezado a dejar de estar en su corazón, por la plenitud de tu bondad; me alegraba, sin embargo, admirando que se me hubiese mostrado así, aunque ya en aquel discurso nuestro, el de la ventana, me pareció que no deseaba morir en su patria al decir: «¿Qué hago ya aquí?». También oí después que, estando yo ausente, como cierto día conversase con unos amigos míos con maternal confianza sobre el desprecio de esta vida y el bien de la muerte, estando ya en Ostia, y maravillándose ellos de tal fortaleza en una mujer –porque tú se la habías dado–, le preguntasen si no temería dejar su cuerpo tan lejos de su ciudad, respondió: «Nada hay lejos para Dios, ni hay que temer que ignore al fin del mundo el lugar donde estoy para resucitarme».

Así, pues, a los nueve días de su enfermedad, a los cincuenta y seis años de su edad y treinta y tres de la mía, fue libertada del cuerpo aquella alma religiosa y pía.
(Confesiones XI. 23, 27-28)"
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Sepulcro de Santa Mónica en Roma.

Culto, patronatos e iconografía de Santa Mónica:
Ha tenido Santa Mónica varias festividades, a lo largo del tiempo: 9 (segunda traslación) y 20 de abril (primera traslación), 4 de mayo (víspera de la antigua memoria de la conversión de San Agustín) y, actualmente, 27 de agosto (víspera de San Agustín).

Su culto, aunque tardío en la Iglesia, en la Orden Agustina comienza desde los inicios, en el siglo XII. El 20 de abril de 1162 sus restos fueron trasladados al monasterio agustino de Arras. El 9 de abril de 1430, fueron trasladados otra vez, con gran solemnidad a Roma, hecho que se considera su canonización oficial. Fueron llevados a la iglesia de San Agustín de Plaza Navona para ser puestos junto a los de su hijo. El Concilio de Trento fijó su memoria para el 4 de mayo, el día antes de la conversión de san Agustín (celebrada el 5 de mayo, hasta el Concilio Vaticano II, luego trasladada a su día real: 24 de abril). luego de la reforma del calendario litúrgico, se trasladó al día de hoy, 27 de agosto, víspera de San Agustín.

Es patrona de California, de Germolles-sur-Grosne, en Bretaña, donde se le proclamó como tal en el siglo XVI, ya que un 4 de mayo cayó una granizada masiva y se pidió su protección, y no hubo heridos ni daños considerables. Esta ciudad celebraba una feria y procesión el primer domingo de mayo. Por extensión, en la región se le invoca contra el granizo. En algunos países del norte de Europa quedan imágenes y altares suyos, vestigios de otrora presencia agustina. Y, claro, allí donde están establecidos, su memoria se mantiene. En Colonia existe una hermandad "de la Correa", de inspiración agustina, que la tiene por patrona. Es patrona de madres, mujeres y esposas cristianas, protectora de las que tienen los hijos descarriados y matrimonios difíciles.

Su iconografía es bastante repetitiva. Normalmente la vemos como matrona anciana, con pañuelo en las manos, que recuerda las lágrimas por el hijo descarriado. A veces se presenta vestida, en un delicioso anacronismo, con el hábito agustino (báculo incluido), protegiendo a la orden, como madre de los religiosos y religiosas. En el arte pictórico abunda el pasaje de la conversación entre madre e hijo, en Ostia, o la conversión de San Agustín. Y no falta la representación con el niño Agustín. El rosario (la oración incesante por el hijo) y un libro (la Regla de la Orden) le son también atributos típicos.




A 27 de agosto además se celebra a
San Marcelo de Oxirrinco y compañeros, mártires.
San Maelrubha de Apurcrossan, monje.



MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...