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martes, 6 de octubre de 2015

Santa María Francisca de las Cinco Llagas.

Santa María Francisca de las Cinco Llagas, virgen terciaria franciscana. 6 de octubre.

Imagen venerada
en las clarisas de Nápoles.
Nació en 1715. Fue hija de una piadosa mujer de nombre Bárbara y de Francisco Gallo, un violento tejedor napolitano, que hacía la vida imposible a su madre. Esta pidió consuelo a San Francisco de Jerónimo (11 de mayo) y a San Juan José de la Cruz (5 de octubre), los cuales le profetizaron que su hija sería una santa. Nació la niña, que llamaron Ana María Rosa Nicolasa, y antes de tener uso de razón ya tenía que cardar lana, hilar y hacer otras pesadas labores del taller. Su única distracción eran las lecturas de libros piadosos que su madre le leía, y sus únicos paseos eran las visitas a la iglesia, para la misa, el rosario y otras devociones. A los 8 años le permitieron hacer la primera comunión, y con 9 años ya era catequista de otros niños pequeños. A uno de ellos le alertó sobre que su madre estaba en apuros, el niño corrió a su casa y efectivamente su madre estaba a punto de perecer luego que se desmayara y volcara una lámpara que casi incendia la casa. Aunque dedicaba largos ratos a la oración, la lectura espiritual, no por eso era menos productiva que las demás mujeres, y a veces más, lo que creó la leyenda acerca de que los ángeles trabajaban por ella mientras ella hacía oración. Pero eso es innecesario, ya sabemos que los verdaderos místicos son prácticos y no escapan de las labores cotidianas y responsabilidades. Más aún, su vida interior las ilumina, purifica y las acometen con perfección.

Con 15 años su padre quiso prometerla con un joven de buena familia, pero María Francisca ya había hecho un voto de virginidad y se negó. El padre la encerró, la azotó y le castigó a pan y agua. Como una santa, aprovechó esta circunstancia para hacer penitencia y su soledad para ejercitarse en la oración. Mientras, su madre pedía el socorro de su confesor, un franciscano piadoso, el cual convenció al padre de dejar a la muchacha cumplir lo que todos veían era voluntad de Dios. Y el hombre accedió, aunque de mala gana. Así que 8 de septiembre de 1731, con 16 años, tomó el hábito de la Tercera Orden de San Francisco de la Estrecha Observancia o Alcantarinos, tomando el nombre religioso “María Francisca de las Cinco llagas”, por su amor a la Pasión de Cristo. Comenzó a vivir dedicándose a la oración, la penitencia y la caridad en su casa. Rezaba todas las horas canónicas, cumplía los ayunos, penitencias de la Iglesia y socorría a los necesitados ayudándoles en sus necesidades.

Poco a poco comenzó a recibir dones místicos, como la suspensión de sentidos, don de profecía (profetizó la Revolución Francesa y la persecución contra los católicos) y de conciencias. Con respecto a este último, tuvo un degradable incidente con su padre, el cual comenzó a cobrar a los que a ella se acercaban en busca de consuelo, con escándalo de algunos. Enterada María Francisca le recriminó que ella no era una vulgar adivina, pero su padre le respondió “No eres adivina, eres más, eres una santa y Dios te concederá que comuniques a la gente su futuro”. La santa se negó a ese elogio envenenado de soberbia, y prefirió no recibir a nadie más. Fue duramente castigada por el padre, tanto que la madre tuvo que rogar al obispo intercediera, el cual logró que un juez sentenciara que el padre no podría tocar nunca más a la joven, y le impuso una gran multa. Con esto quedó en paz para vivir como deseaba, en pleno obsequio de Cristo. Aún así, cuando su madre murió, tuvo miedo de vivir con su padre y pasó a servir a un sacerdote que precisaba de un ama de cura en su casa. Y en esas funciones vivió durante 38 años. Y años más tarde, cuando su padre agonizaba pidió y obutvo, que Dios le pasara a ella los sufrimientos de su padre. Con esto logró que sanara y se convirtiera, viviendo el hombre como buen cristiano hasta su muerte.

Como apunté antes, era devotísima de la Pasión y Muerte de Jesús, cuyos pasos meditaba todos los días. La meditación del Vía Crucis le hacía adentrarse en la Pasión de Cristo, sintiendo los mismos inefables dolores del Salvador del mundo. Sentía la flagelación, y su de frente más de una vez manó sangre, como si tuviera una corona de espinas. En breve comenzó a experimentar una agonía de muerte todos los Viernes Santo. Su sufrimiento no era infructuoso, pues lo ofrecía constantemente por la conversión de los pecadores, y por las almas del purgatorio. La Madre de Dios, sus dolores y otros misterios también eran objeto de sus devociones y meditaciones, y más de una vez comprobó el auxilio de la Santísima Virgen en sus penas y tentaciones. Porque mucho la tentó el demonio para apartarla de su piedad y caridad. Incluso en forma de perro rabioso se le apareció en muchas ocasiones, pero con la señal de la cruz  e invocando a los Santos Nombres de Jesús, María  José, siempre salía victoriosa. Hasta en tres ocasiones fue protagonista de un milagro eucarístico, cuando la Sagrada Forma voló de manos del sacerdote para ir a la boca de la santa, que se hallaba en éxtasis. En 1471 se unió para siempre en matrimonio espiritual con Jesucristo, comprometiéndose en amarle y hacerlo amar de los demás. Después de esto, tal vez este mismo año recibió la impresión de las llagas de Cristo, los estigmas, los que llevó con humildad ante las críticas, recelos y la fama de santa que se formaba a su alrededor.

En 1791, el 6 de octubre, murió tan santamente como había vivido, y fue sepultada en la iglesia de Santa Lucía del Monte, Nápoles.  Como había anunciado se le apareció a San Francisco Javier María Bianchi (31 de enero) tres días antes de la muerte de éste, el 28 de enero de 1815. Gregorio XVI la beatificó en 1843 y el Beato Pío IX la canonizó en 1867. A principios de 1800 se publicó la primera “vita”, reimpresa en 1866 con vistas a la canonización. Es abogada de Nápoles, y su sepulcro sigue siendo muy venerado, especialmente por las mujeres que desean tener un hijo, las cuales se sientan en una silla que supuestamente perteneció a la santa.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 6 de octubre además se celebra a
Santa Fe de Agen, virgen y mártir.
San Bruno, fundador.
San Ywi, monje diácono

jueves, 17 de mayo de 2012

San Pascual Baylon, que no bailador

San Pascual adora al Sacramento
Pregunta: información sobre san Pascual.

Respuesta: Así, con esos modales y refinada forma de preguntar, quien se resiste... En fin, vamos al lío... Su vida la escribió Fr. Juan Jiménez, Provincial de la Orden, que conoció personalmente a San Pascual. La escribió en 1604, a los 12 años del fallecimiento de este y con vistas a su elevación a los altares. Otros más escribieron y corrigieron fechas, lugares y datos, así que sabemos bastante del santo.

Pascual Bailón nació en Torrehermosa el día de Pentecostés de 1540, 16 de mayo, por eso se le impuso el nombre Pascual. Fue hijo de los labradores Martín e Isabel. Se cuenta que de niño desapareció y fue hallado en la iglesia, en el altar del Santísimo, muy alegre; y no una vez, sino varias veces insistió el niño en estas escapatorias pías. No es extraño que de santo tan devoto del sacramento se embellezca su infancia de esta manera. Anécdotas parecidas se leen de San Antonio de Padua (13 de junio) o San Idunet de Landevennec (8 de mayo, 19 de octubre y 5to domingo de Pascua). Otra dice que a los siete años se puso el hábito franciscano (como no!) de un primo que lo llevaba por devoción y estaba enfermo. Al quitárselo su madre dijo: "Da igual, más tarde me haré fraile".

Fue pastor de niño y joven, era piadoso, trabajador y listo (aprendió a leer solo con el devocionario, preguntando como se decían las letras). En su cayado tenía grabada una imagen de la Virgen María (costumbre muy común entre los pastores), así que, clavándolo en la tierra, le servía de protección y medio para su oración. Era bueno con todos, incluido el ganado, al que no arrojaba piedras, ni le apaleaba, "ni usaba de él para acción alguna menos decente", al decir de Pascual Salmerón, otro de sus biógrafos. En esta época hizo varias veces el milagro de hacer aparecer fuentes para dar de beber al ganado y los pastores. Varias veces se le aparecieron San Francisco (4 de octubre y 17 de septiembre) y Santa Clara (11 de agosto y 23 de septiembre), que en una de esas le dieron el hábito que había de vestir, reformado y descalzo. Un último detalle: Cuando no podía asistir a misa, se ponía en oración y abriéndose el cielo, veía a los ángeles adorando al Sacramento. Hasta jovencito fue pastor y su último amo, Martín García, le ofreció a su hija en matrimonio, pero Pascual la rechazó para hacerse religioso. Varios lugares de la zona valenciana, donde vivió y trabajó como pastor junto a su hermana Juana, reclaman su presencia como pastor y fraile, dejando estelas de milagros en ellos.

San Pascual con el pecho
ardiente de amor divino.
Para tomar el hábito, eligió la orden franciscana, en la familia alcantarina, fundada por San Pedro de Alcántara (19 de octubre), la más penitente de esos momentos y que luego sería absorbida por los frailes menores. Profesó como hermano lego en Elche, el día de la Candelaria de 1565. Su pobreza era extrema, hasta el grado de aprovechar hasta una hebra de hilo que encontrase, o solo usar hábitos rehusados por los otros religiosos, de puro remiendo que eran. Durante diez años ayunó a pan y agua, no dormía más de tres horas y para eso, sentado o de rodillas, recostado a la pared de su celda, que era el agujero de una escalera.

El demonio lo tentaba contra su castidad por medio de pensamientos y mujeres malas, pero siempre resistió. Era tanta su pureza, dicen los biógrafos (mejor hagiógrafos?) que años después, llevando la condesa de Pedemonte una reliquia entre los pechos, se le abrió una llaga gusaneada que duró hasta que no se quitó la reliquia de ese sitio. Y bueno, que decir de su oración... que era tan absorta que caía en éxtasis, se elevaba y solo el mandato del superior podía sacarle de ello. Destacó por la devoción al Sacramento, y siempre que podía se hallaba de rodillas ante él. Era muy caritativo con los pobres y los enfermos, llegando a multiplicar las sopas que hacía para ellos, o el renacimiento de las acelgas en Almansa, donde al arrancar las últimas, al otro día había un bancal lleno de esta verdura.

Fue cocinero, hortelano, fraile limosnero, muchas veces en compañía del Beato Andrés Hibernón (18 de abril). Ya profeso, fue a París, por un encargo de Guardián; en este viaje sucedió una de sus anécdotas más repetidas: Le encontró un hereje luterano y le preguntó: "¿Dios está en el cielo?", a lo que respondió afirmativamente, y el hombre le dejó en paz. Luego más tarde se lamentaría Pascual de no recordar decirle que Dios está también el en Sacramento, y por ello haber perdido la gracia de ser mártir.

Grabado conmemorativo
En 1589 fue destinado a Villareal, Castellón, donde quedó para siempre y es el punto neurálgico de su devoción. Aquí también destacó como un religioso ejemplar, devotísimo del Santísimo, muy obediente y penitente. Cayó enfermo de "calenturas y dolor de costado", y así estuvo unos días. El Domingo de Pentecostés de 1592, 17 de mayo, falleció mientras se cantaba la misa del Espíritu Santo: A la elevación de la Hostia, abrió los ojos, dijo el nombre de Jesús y murió. En sus funerales se repitió el hecho, ya esta vez como milagro: A la elevación abrió los ojos, para cerrarlos definitivamente. Otros milagros ocurrieron en los días antes de sepultarlos: cojos, mancos, ciegos, lisiados, llagados... hallaron curación y consuelo, según consta en el proceso de canonización.

El cuerpo fue metido en cal, para acelerar la descomposición, pero 8 meses después, estando el provincial de visita, se abrió el sepulcro y se halló fresco y lozano. 2 años más tarde, lo mismo, los hábitos estaban desechos, salvo un trozo que cubría la zona genital y que fue tenido como un signo del último resguardo de su pureza. El cuerpo fue puesto en pie y no se cayó. 19 años más tarde, más de lo mismo. En una de estas elevaciones, se le cortaron los pies, que fueron cortados en trozos y enviados a diversos conventos como reliquias. Ya en el siglo XIX le faltaban una pierna completa, un dedo y dos dientes, todo repartido. El cuerpo se conservaba incorrupto hasta 1936, en que fue profanado y quemado, pudiéndose salvar solo unas pequeñas reliquias, que reposan en su santuario, dentro de una imagen yacente.

El 19 de octubre de 1618 Pablo V lo beatificó, y el 16 de octubre de 1690, lo canonizó Alejandro VIII. Gregorio XV concedió y extendió su memoria a toda la orden, para el día 17 de mayo. León XIII le proclamó patrón de las Asociaciones Eucarísticas. Es, además, patrón los Congresos Eucarísticos, la Archicofradía del Santísimo Sacramento y de la Adoración Nocturna. En el arte suele ser representado con el Sacramento, las ovejas y el cayado de pastor.



A 17 de mayo además se celebra a:

San Torpes, mártir.
Beato Bertoldo II,
General carmelita
.
San Cathan,
fundador y abad.













Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...