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lunes, 6 de marzo de 2017

"Nuestro Dios nos dará la victoria"

Los 42 mártires de Ammoria. 6 de marzo.

En el siglo IX, habiendo tenido constantes batallas el emperador de Constantinopla, Teófilo, con el califa, este, sintiéndose derrotado, tomó venganza destuyendo totalmente la ciudad de Ammoria, ciudad natal de Teófilo. Mató a todos sus habitantes, excepto a 42 soldados, a los que comenzó a ultrajar y amenazar para que renegasen de la fe cristiana, siendo esto su mayor victoria. Los soldados, generales le llaman las crónicas, fueron sometidos a castigos, mala alimentación, y diariamente les conminaban a aceptar la fe islámica. Los soldados cristianos respondían lo mismo: "Dos hombres compiten por el mismo pedazo de tierra. Ambos dicen 'esta tierra es mía'. Sin embargo, uno tiene una gran cantidad de testigos que confirman su afirmación, mientras el otro sólo se tiene a sí mismo como testigo. ¿Quién creéis que es dueño de ese pedazo de tierra?" "Por supuesto que la persona que tiene tantos testigos, dice la verdad". "Pues así mismo" – replicaban los cristianos – "sucede con Cristo y Mahoma. Cristo tiene cientos de testigos, desde Moisés hasta Juan el Bautista, sin embargo, Mahoma solo se tiene a sí mismo como testigo".

Los musulmanes les intentaban vencer diciendo: "Nuestra fe es mejor que la vuestra. De hecho, fijaos como nuestro Dios nos ha dado una resonante victoria sobre vosotros, Él nos ha hecho un imperio más grande que el de los cristianos, y nos permite apoderarnos de tierras de cristianos". Los soldados replicaban: "Si eso fuera cierto, entonces también eran verdaderos los dioses de los egipcios, babilonios, griegos y romanos, que tuvieron grandes imperios. Nuestro Dios nos dará otra victoria a su tiempo, y aunque nos ha dejado padecer una derrota a causa de nuestro orgullo y presunción, nos salvará por medio del arrepentimiento y la oración".

Y así estuvieron prisioneros durante siete años, sufriendo vejámenes por Cristo. Al cabo de este tiempo, en 848, los musulmanes los degollaron a todos. 


A 6 de marzo además se celebra a 





domingo, 3 de julio de 2016

Por hambre, se fue al Alimento Eterno.

San Jacinto de Cesarea, mártir. 3 de julio.

Era oriundo de Capadocia, ciudad donde servía como camarlengo al emperador Trajano. Al convertirse al cristianismo, Jacinto dejó de comer los alimentos ofrecidos a los ídolos, lo cual llamó la atención al emperador. Al ser inquirido, Jacinto proclamó su fe cristiana, por lo que el emperador intentó por todos los medios que comiese de los manjares ofrecidos en sacrificio. Fue azotado, pero nada lograron sus captores. Entonces el emperador mandó le llevaran a prisión y que no le dieran nada de comer, salvo que fuera carne que antes hubiese sido sacrificada a los dioses del imperio. Jacinto se negó a comer día tras día, aunque cada plato era más delicioso que el anterior. Al cabo de unos días, murió de hambre, ganando el cielo.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Volumen VII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 3 de julio además se celebra a
San Agapio de Córdoba, obispo
Santo Tomás, Apóstol.

martes, 14 de junio de 2016

"No nos avergonzamos de Aquel que nos dio la vida"

Santos Valerio y Rufino de Soissons, mártires. 14 de junio y domingo posterior a Pentecostés, (traslación de las reliquias).


San Valerio.
Iglesia de Treignes.
Valerio y Rufino eran soldados romanos de una legión, que estaba acampada en Bazoches, a los que se les encomendó supervisar las existencias de cereal destinado a la corte imperial. Eran cristianos y poco a poco comenzaron a hablar de Cristo a los lugareños, llegando a convertir y bautizar algunos, y además, a socorrer a los pobres con el trigo del emperador. Ambas acciones, predicación y caridad, les delataron como cristianos y fueron conminados por el cruel gobernador Rictiovaro (bajo él padecieron también los santos Crispín y Crispiniano). Avisados los dos amigos, huyeron a los bosques donde estuvieron por un tiempo hasta esperar que el peligro pasara, pero fueron capturados y encadenados llevados ante el malvado.

Este les preguntó: "Rufino y Valerio, que dios adoráis?" "Un solo Dios adoramos” – contestó Rufino – "Él es omnipotente, inmutable, eterno, creador de todas las cosas visibles. Él llena todo y lo gobierna todo en Jesucristo, restaurador de todo lo que hay en cielos y tierras. Y en lo que se refiere a otros dioses, creemos que son creados por humanos, hechos de materias que caduca. Nosotros adoramos a nuestro Dios, que existe antes de todas las edades, que no pasa y no caduca. Él permanece eternamente el mismo en su plenitud, siempre es simple, uniforme y duradero, perfecto a través de su Palabra. A Él sacrificamos todas las mañanas con alabanzas y corazón contrito". Rictiovaro replicó: "En nombre de nuestros príncipes invictos recomiendo que dejéis esa superstición que os pide adorar a un dios crucificado en su lugar. Avergonzaos de ello e inclinaos ante los dioses del Imperio, pues es un crimen dejar la religión de nuestros padres, pues esa misma religión ha hecho grande nuestro Imperio, le sirve de guía y protección. Por tanto, es un crimen cambiar nuestra religión por delirios infantiles". Tomó la palabra Valerio y dijo: "No nos avergonzamos de la cruz de Cristo, que ha traído la salvación al mundo. No nos avergonzamos de Aquel que ha dado nueva vida al mundo con su muerte".

Y ambos predicaron a los presentes sobre la fe cristiana y sus bienes. Predicaron la muerte y resurrección de Cristo, su pureza, santidad y dulzura frente a los viciosos y crueles dioses paganos. Irritado exclamó el gobernador: "Si no sacrificáis me veré obligado a someteros a torturas", amenaza a los que ambos mártires respondieron que era una gloria padecer por Cristo. Y les golpearon con varas hasta agotarles y les enviaron a la cárcel para que reflexionaran y cambiaran de parecer. Pero allí hallaron a otros cristianos y todos se daban ánimo mutuamente.


San Rufino.
Iglesia de Treignes.
Al otro día fueron llevados nuevamente ante a Rictiovaro, que intentó ganarles con promesas: "Realmente, Valerio y Rufino, tan pronto como sacrifiquéis a nuestros dioses Júpiter y Mercurio, Venus y Diana, os cargaré de oro y plata, y os conseguiré altos puestos en el Imperio". Rieron los atletas de Cristo y le dijeron: "Que tu plata y oro con vayan contigo al infierno, donde los necesitan fundidos para que en ellos ardas con tu padre el diablo. Sabe que nadie nos separará de Cristo y su gracia". Mandó entonces Rictiovaro atarlos al potro y se les azotase con perdigones de plomo. Cantaban mientras los dos mártires: "Muchas son las aflicciones del justo, pero el Señor los salvará". Y cuanto más firmes permanecían, más fuerte mandaba el gobernador les azotasen, y tanto que rotas las carnes, llegaron a verse los huesos. Cuando apenas respiraban, mandó les arrojasen de nuevo al calabozo. Allí alabaron a Dios, y se les apareció un ángel que les consoló diciendo: "Continuad valientemente, nuestro Señor os llevará al coro de los mártires y tiene dispuesta la corona para vosotros". Y acto seguido, puso sobre sus cabezas hermosas y brillantes coronas, y les sanó todas las heridas. A la mañana siguiente al verles Rictiovaro totalmente recuperados y sonrientes mandó les decapitasen. Les ataron las manos y les llevaron a las afueras, a un sitio llamado Quincampoix donde entregaron las cabezas al verdugo y las almas a Cristo, el 14 de junio de 287.

Fueron sepultados allí mismo y, como otros mártires, luego de la paz de Constantino, en Soissons se construyó una iglesia a su memoria, adonde se trasladaron las reliquias. En el siglo IX los huesos fueron trasladados a Reims por el miedo a las invasiones vikingas, para volver en el siglo XII. El domingo posterior a Pentecostés de 1617 se trasladadon a la catedral de la misma ciudad. Se les invoca contra la carestía de grano, la sequía y las malas cosechas.


Fuente:
-"Vies des pères, martyrs et autres principaux saints". Volumen 8. JEAN- FRANÇOIS GODESCARD.
-"Histoire de Soissons". Volumen 2. HENRY MARTIN y PAUL L. JACOB. París, 1837.


A 14 de junio además celebramos a San Eliseo, Profeta.


 
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