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viernes, 23 de abril de 2021

"Soy feliz por poder ofrecer algo por amor de Jesús"

Beata María Gabriela Sagheddu, virgen trapense. 23 de abril.

María Gabriela nació en Cerdeña, en la población de Dorgali, el 17 de marzo de 1914. Vino al mundo en una familia de campo, que se ganaba la vida cuidando el ganado de un terrateniente. Muy pequeña perdió a su padre y tuvo que apoyar a la familia trabajando como los mayores.  

Desde adolescente se comprometió con su parroquia en la actividad apostólica. Fue catequista, asisía diariamente a misa, formó parte de Acción Católica. Poco a poco, y con la ayuda de su director espiritual fue teniendo más vida de oración, meditación, comunión diaria. Aunque en un principio no se veía inclinada a la vida religiosa, rechazó varios pretendientes. Y no le faltaban pues fue una mujer muy bella. Pero ella, no deseosa del matrimonio por el momento, fue desechándoles. A los 21 años, luego de un profundo discernimiento,  entró en el monasterio cisterciense de Grottaferrata, en septiembre de 1935. 

Fue una religiosa dócil y obediente, pero no porque esto no le costara, sino porque vio en la obediencia perfecta el modo de ser santa. aún sin tener aptitudes para el canto, cosa importante en la vida monástica, aceptó obedientemente ser monja de coro, con la esperanza de que la obediencia supliera su deficiencia. Diría en alguna ocasión: "He entendido realmente que glorificar a Dios y el ser víctima no consiste en hacer grandes cosas sino en el total sacrificio del propio yo". En una de sus cartas se lee: "Es una gran gracia vivir en el monasterio, donde todas las acciones, aún las más simples, cuando se hacen por obediencia, aportan un gran mérito".  

En 1937 emitió sus votos monásticos, imbuida en un movimiento espiritual, promovido por el abad Couturier, que buscaba trabajar y orar por la unidad de los cristianos. Por ello tomó el sobrenombre religioso de "de la Unidad" . En 1938 el monasterio de María Gabriela celebró un Octavario por la Unidad de los Cristianos, que terminaría el 25 de enero (es el origen del Octavario que hoy celebra la Iglesia toda). Al término, María ofreció a Cristo su consagración religiosa por esta intención. Días más tarde pidió a la abadesa María Pía Gullini poder ofrecer su vida entera por la consecución de una sola Iglesia. "Siento que el Señor me lo pide. Me siento impulsada a ello incluso cuando no quiero pensar en ello", dijo a la abadesa. Esta, de acuerdo a su confesor, le autorizaron el ofrecimiento. se preparó a este con una confesión general, varios días de penitencia y ayuno, y constante oración. 

Poco tiempo después, en la cuaresma de ese mismo año, supo que su holocausto había sido aceptado: se sintió débil y se le desató la tuberculosis. confesaría a su director espiritual: "desde el día de mi ofrecimiento, no he pasado un sólo día sin sufrir. Soy feliz por poder ofrecer algo por amor de Jesús". El último año de su vida, marcado por el sufrimiento, fue fecundísimo. Dio excelentes ejemplos de paciencia, caridad y oración a quienes la cuidaron. Cada una de sus penas las ofreció por la unidad de todos los cristianos.  

María Gabriela entró a la paz del cielo el 23 de abril de 1939, con 25 años de edad y 3 de vida religiosa. Su ejemplo pronto fue tomado como referente por los movimientos ecuménicos cada vez más pujantes en los años 40 del siglo XX. En 1946 se publicó su primera biografía, lo que la hizo más conocida aún, y admirada incluso por protestantes y anglicanos. Su monasterio también tomó su legado, abriéndose al ecumenismo, dialogando con otros cristianos y organizando encuentros de oración cada año. Pero era demasiado pronto para ello, y Roma reaccionó en 1951 deponiendo a la abadesa  y regañando fuertemente a la comunidad. 

En 1957 las reliquias de María Gabriela se trasladaron al monasterio de Vitorchiano, luego de la supresión de el de Grottaferrata. El papa Juan Pablo II la beatificó el 25 de enero de 1983. Era el último día, como no, del Octavario de oración por la unidad de los cristianos.  


A 23 de abril además se celebra a

San Adalberto,
obispo y mártir
.
San Jorge, mártir.
San Juan de Holar,
obispo
.
San Ibar de Beggeri,
obispo
.





miércoles, 1 de noviembre de 2017

San Cesáreo, el "aguafiestas".

Santos Cesáreo, diácono, y Julián, presbítero; mártires. 1 de noviembre.

San Cesáreo.
Cuenta su leyenda que, imperando Claudio, a mediados el siglo I, Cesáreo, diácono africano, llegó a Campania para predicar el Evangelio. Llegó a Terracina en plenas fiestas de Apolo, durante las cuales los devotos del dios tenían la costumbre de despeñar a un joven, al que previamente habían alimentado copiosamente durante 9 meses, y al que luego quemaban (vivo o muerto, como estuviera) como un sacrificio en honor al dios para obtener prosperidad para el pueblo y larga vida para el emperador. Apenas Cesáreo supo de aquella abominación, les "aguó la fiesta" clamando contra aquella maldad, al tiempo que predicaba a Jesucristo. Entonces fue arrestado por orden de Luxorio, gobernador de Terracina, quien lo entregó a Leoncio, procónsul de Campania.

Este mandó que desnudaran al santo, y así le llevaran al templo de Apolo. Estando ante el templo, Cesáreo hizo oración y el edificio se destruyó por sí solo, matando a Firmino, un sacerdote pagano que era conocido por denunciar cristianos y pedir tormentos para ellos. Ante semejante portento, comenzó una protesta popular, pues muchos querían que asesinaran de una vez a Cesáreo, mientras que otros clamaban por que le dejaran libre, no fuera que tuviera razón en sus palabras. Leoncio buscó el punto medio y envió a Cesáreo a la prisión, donde el santo padeció hambre, castigos y frío casi dos años. Pero Dios le confortaba, y además, hizo crecer sobre su cuerpo un espeso pelaje para que no tuviera frío. A los dos años fue sacado de la prisión para ser condenado a muerte. En el momento de su sentencia una luz milagrosa descendió sobre él, lo cual provocó la conversión de Leoncio. Este renunció a asesinar a Cesáreo, que fue devuelto a la cárcel. Leoncio abandonó su cargo, se hizo bautizar por el presbítero Julián y al poco tiempo fue martirizado. Su memoria es a 30 de octubre. 

Luxorio tomó el cargo de procónsul y mandó detener al presbítero Julián. Cuando lo tuvo ante él, lo metió en un saco junto a Cesáreo y los arrojó al mar, donde murieron ahogados. Un cristiano llamado Eusebio sacó los cuerpos del mar, y los enterró piadosa y secretamente. A los pocos días Luxorio murió mordido por una serpiente.

Hay que decir que las Actas de estos santos no son originales, pero son antiguas y parecen basarse en tradiciones conocidas por los cristianos. Sus nombres aparecen ya en martirologios del siglo IV y, además, Cesáreo está mencionado en el Sacramentario de San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal), lo cual es evidencia de un culto al santo ya establecido. Ciertamente, todo sea dicho, hay algunos errores, pues muchos hagiógrafos los hacen padecer en el año 300, bajo Diocleciano, lo cual sería imposible, pues los sacrificios humanos habían sido prohibidos en el año 97, y esta condena fue ratificada sucesivamente por los demás emperadores hasta que ya no hizo falta hacerlo, pues era algo del pasado. Debieron padecer antes del 97, y bien pudo ser durante Claudio.   

Busto relicario.
Terracina.
Otros hagiógrafos hablan de dos santos diferentes, uno el martirizado en Terracina y otro romano, con una iglesia dedicada a su memoria en la Vía Appia, donde habría reliquias suyas, llevadas allí por el monje San Eusebio (5 de noviembre). Esta coincidencia con el nombre del protador de las reliquias es lo que les hace pensar que las Actas, tardías sin duda, se basarían en el culto del Cesáreo romano.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XIII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los dias del año". P. JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1863.


A 1 de noviembre además se celebra a
San Harold Bluetooth de Dinamarca, rey mártir.
San Sabaulin de Bretaña, abad. 
San Austremonio de Clermont, obispo.

martes, 12 de julio de 2016

Beato Andrés, niño no mártir.

Beato Andresito de Rinn, niño mártir. 12 de julio y 21 de septiembre (traslación de las reliquias).

Andrés nació en Rinn, un pueblecito en el valle del Inn, Sonnenburg, el 16 de noviembre de 1459, de Simón y María, unos pobres campesinos tiroleses, muy piadosos. Cuando el niño tenía tres años Simon murió, y la viuda, para poder trabajar, envió al niño con su padrino, un próspero posadero, apellidado Mayer. La posada estaba en un camino muy transitado, por donde pasaban viajantes, comerciantes y gente de todo tipo. Entre los que más frecuentaban la posada había un grupo de judíos, que pusieron los ojos en el hermoso niño Andrés. El 12 de julio de 1462 estos ofrecieron una bolsa de monedas de oro a Mayer para que les vendiera el chico, a lo que él aceptó, por librarse de la carga que le suponía cuidar del niño.

Los judíos se llevaron a Andresito y no muy lejos del pueblo, le ataron, le extendieron sobre una roca y le abrieron las venas hasta desangrarle. Luego le abrieron en canal, le colgaron de un árbol y huyeron. A esa misma hora, su madre que estaba segando heno en Ambrass, al cortar una gavilla, de esta brotaron tres gotas de sangre, que alarmaron a la pobre mujer. Corrió María a casa de Mayer y pidió ver al niño, pero halló al posadero trastornado, pues había abierto la bolsa de monedas de oro y solo halló hojas amarillas de sauce. María continuó su búsqueda y halló al pequeño Andrés, como ya sabemos. El cadáver del niño fue descolgado y enterrado en el cementerio de Rinn, y a los pocos días un lirio floreció sobre su tumba.

Pero la realidad fue diferente. Hasta 1478, tres años del famoso caso de San Simón de Trento (24 de marzo), la historia de la venta y el sacrificio por parte de los judíos no entra en el caso de Andrés. Tan sonado fue el caso de Trento, que los de Rinn, tierra antisemita como tantas, se hicieron eco de ello, comenzando a circular la idea de si Andrés no habría sido asesinado igualmente por lo judíos en un sacrificio ritual. Mayer, que había enloquecido y terminó sus días atado en una lóbrega cárcel y perdidamente loco, no ayudaba a esclarecer nada. Pero aún así, en 1600 ya hallamos un culto establecido en torno a la tumba del pequeño "mártir" Andrés. Es este un caso atípico en los famosos casos de "libelo de sangre", porque no se condenó a nadie, ni los judíos de la zona fueron condenados o desterrados. Les cayó la mancha de la sospecha, pero siempre indicando que eran judíos de paso. Es evidente que esta atribución fue tardía y promovida por el caso Trento, una prueba es que en los procesos de Trento no se menciona para nada el caso de Rinn entre los "ejemplos" de los supuestos asesinatos rituales de los judíos. Y es que no fue considerado así en origen.


Culto y reliquias. Altibajos.
En 1620 se redacta la primera "vita et martirii" del niño Andrés, con algunas investigaciones del médico Hipólito Guarinoni, que exhumó el cuerpo de Andrés y contó más de 20 cortes de cuchillo, además de contabilizar numerosas fracturas en los huecesillos. Es él quien compara los "ritos" practicados a los niños Simón de Trento y Andrés de Rinn, añadiendo algunos de su propia cosecha. Los predicadores jesuitas Adriano Kembter y Benedicto Cavallesio, aportarían más "datos" y ampliarían la historia, que tuvo varias ediciones. En 1621 incluso se escribió una pieza dramática que era representada todos los años en el colegio jesuita de Haller.

Grupo escultórico del martirio.
Retirado del culto en 1961.
En 1670 el culto ya era tan consistente que se erigió una capilla en honor del santo niño en el sitio del martirio, aún conocido como "Judenstein", adonde se trasladaron las reliquias el 21 de septiembre de 1671. En 1743 el cuerpo fue exhumado, vestido, y colocado visiblemente en una urna de cristal sobre la misma roca del martirio, localizada dentro de la iglesia. En 1755 el papa Benedicto XIV aprobó el culto que desde ya más de 200 años tenía el niño Andrés. Sin embargo, negó la canonización por "no constar certeza moral sobre el martirio". En 1866 los hermanos Grimm añaden la historia del niño Andrés en su recopilación de leyendas y cuentos alemanes, pero en pocos años cuando estas leyendas van dirigiéndose a un público más infantil, es quitada de la recopilación.

El culto se mantuvo sin problemas hasta 1953, cuando surgen las primeras dudas y voces que hablan contra semejante culto, sobre el que no hay pruebas de martirio por la fe. Ese mismo año el obispo de Innsbruck elimina la fiesta como obligatoria para la diócesis. En 1961 se retira de la iglesia el grupo escultórico sobre la roca "del martirio", colocando otro grupo de la Oración del Huerto. Ese mismo año San Juan XXIII (11 de octubre) manda suprimir todo vestigio del culto en la iglesia. Sin embargo, no es hasta 1985 que las reliquias son sacadas de la iglesia y enterradas en otro sitio. 

Actualmente existe en el templo una lápida aclaratoria y en reparación por la ofensa a los judíos. Pero en 1987, varios católicos protestan por haberles sido suprimido el culto, que particularmente seguían tributando a su Beato Andrés. En 1994 se abolió oficialmente la peregrinación del domingo posterior al 12 de julio, se cubrió el fresco que representaba el martirio y la iglesia fue re-dedicada a la Visitación de la Santísima Virgen. En 2015 se reiteró la prohibición oficial de cualquier culto público, pero sin embargo, cada año el domingo posterior al 12 de julio, acuden en peregrinación cientos de devotos, y algunos sacerdotes, al sepulcro de Andrés, donde rezan oraciones y se encomiendan a su intercesión, con la esperanza de que algún día puedan volver a venerarle públicamente. 


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
https://www.heiligenlexikon.de/Literatur/Bilder_Rinn.html


Otros "niños mártires de los judíos" son:
San Simón de Trento. 24 de marzo.
San Cristóbal de la Guardia. 25 de septiembre.
San Werner de Oberwesel. 19 de abril. 
San Rodolfo de Berna. 17 de abril.
 

domingo, 3 de julio de 2016

Por hambre, se fue al Alimento Eterno.

San Jacinto de Cesarea, mártir. 3 de julio.

Era oriundo de Capadocia, ciudad donde servía como camarlengo al emperador Trajano. Al convertirse al cristianismo, Jacinto dejó de comer los alimentos ofrecidos a los ídolos, lo cual llamó la atención al emperador. Al ser inquirido, Jacinto proclamó su fe cristiana, por lo que el emperador intentó por todos los medios que comiese de los manjares ofrecidos en sacrificio. Fue azotado, pero nada lograron sus captores. Entonces el emperador mandó le llevaran a prisión y que no le dieran nada de comer, salvo que fuera carne que antes hubiese sido sacrificada a los dioses del imperio. Jacinto se negó a comer día tras día, aunque cada plato era más delicioso que el anterior. Al cabo de unos días, murió de hambre, ganando el cielo.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Volumen VII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 3 de julio además se celebra a
San Agapio de Córdoba, obispo
Santo Tomás, Apóstol.

martes, 14 de junio de 2016

"No nos avergonzamos de Aquel que nos dio la vida"

Santos Valerio y Rufino de Soissons, mártires. 14 de junio y domingo posterior a Pentecostés, (traslación de las reliquias).


San Valerio.
Iglesia de Treignes.
Valerio y Rufino eran soldados romanos de una legión, que estaba acampada en Bazoches, a los que se les encomendó supervisar las existencias de cereal destinado a la corte imperial. Eran cristianos y poco a poco comenzaron a hablar de Cristo a los lugareños, llegando a convertir y bautizar algunos, y además, a socorrer a los pobres con el trigo del emperador. Ambas acciones, predicación y caridad, les delataron como cristianos y fueron conminados por el cruel gobernador Rictiovaro (bajo él padecieron también los santos Crispín y Crispiniano). Avisados los dos amigos, huyeron a los bosques donde estuvieron por un tiempo hasta esperar que el peligro pasara, pero fueron capturados y encadenados llevados ante el malvado.

Este les preguntó: "Rufino y Valerio, que dios adoráis?" "Un solo Dios adoramos” – contestó Rufino – "Él es omnipotente, inmutable, eterno, creador de todas las cosas visibles. Él llena todo y lo gobierna todo en Jesucristo, restaurador de todo lo que hay en cielos y tierras. Y en lo que se refiere a otros dioses, creemos que son creados por humanos, hechos de materias que caduca. Nosotros adoramos a nuestro Dios, que existe antes de todas las edades, que no pasa y no caduca. Él permanece eternamente el mismo en su plenitud, siempre es simple, uniforme y duradero, perfecto a través de su Palabra. A Él sacrificamos todas las mañanas con alabanzas y corazón contrito". Rictiovaro replicó: "En nombre de nuestros príncipes invictos recomiendo que dejéis esa superstición que os pide adorar a un dios crucificado en su lugar. Avergonzaos de ello e inclinaos ante los dioses del Imperio, pues es un crimen dejar la religión de nuestros padres, pues esa misma religión ha hecho grande nuestro Imperio, le sirve de guía y protección. Por tanto, es un crimen cambiar nuestra religión por delirios infantiles". Tomó la palabra Valerio y dijo: "No nos avergonzamos de la cruz de Cristo, que ha traído la salvación al mundo. No nos avergonzamos de Aquel que ha dado nueva vida al mundo con su muerte".

Y ambos predicaron a los presentes sobre la fe cristiana y sus bienes. Predicaron la muerte y resurrección de Cristo, su pureza, santidad y dulzura frente a los viciosos y crueles dioses paganos. Irritado exclamó el gobernador: "Si no sacrificáis me veré obligado a someteros a torturas", amenaza a los que ambos mártires respondieron que era una gloria padecer por Cristo. Y les golpearon con varas hasta agotarles y les enviaron a la cárcel para que reflexionaran y cambiaran de parecer. Pero allí hallaron a otros cristianos y todos se daban ánimo mutuamente.


San Rufino.
Iglesia de Treignes.
Al otro día fueron llevados nuevamente ante a Rictiovaro, que intentó ganarles con promesas: "Realmente, Valerio y Rufino, tan pronto como sacrifiquéis a nuestros dioses Júpiter y Mercurio, Venus y Diana, os cargaré de oro y plata, y os conseguiré altos puestos en el Imperio". Rieron los atletas de Cristo y le dijeron: "Que tu plata y oro con vayan contigo al infierno, donde los necesitan fundidos para que en ellos ardas con tu padre el diablo. Sabe que nadie nos separará de Cristo y su gracia". Mandó entonces Rictiovaro atarlos al potro y se les azotase con perdigones de plomo. Cantaban mientras los dos mártires: "Muchas son las aflicciones del justo, pero el Señor los salvará". Y cuanto más firmes permanecían, más fuerte mandaba el gobernador les azotasen, y tanto que rotas las carnes, llegaron a verse los huesos. Cuando apenas respiraban, mandó les arrojasen de nuevo al calabozo. Allí alabaron a Dios, y se les apareció un ángel que les consoló diciendo: "Continuad valientemente, nuestro Señor os llevará al coro de los mártires y tiene dispuesta la corona para vosotros". Y acto seguido, puso sobre sus cabezas hermosas y brillantes coronas, y les sanó todas las heridas. A la mañana siguiente al verles Rictiovaro totalmente recuperados y sonrientes mandó les decapitasen. Les ataron las manos y les llevaron a las afueras, a un sitio llamado Quincampoix donde entregaron las cabezas al verdugo y las almas a Cristo, el 14 de junio de 287.

Fueron sepultados allí mismo y, como otros mártires, luego de la paz de Constantino, en Soissons se construyó una iglesia a su memoria, adonde se trasladaron las reliquias. En el siglo IX los huesos fueron trasladados a Reims por el miedo a las invasiones vikingas, para volver en el siglo XII. El domingo posterior a Pentecostés de 1617 se trasladadon a la catedral de la misma ciudad. Se les invoca contra la carestía de grano, la sequía y las malas cosechas.


Fuente:
-"Vies des pères, martyrs et autres principaux saints". Volumen 8. JEAN- FRANÇOIS GODESCARD.
-"Histoire de Soissons". Volumen 2. HENRY MARTIN y PAUL L. JACOB. París, 1837.


A 14 de junio además celebramos a San Eliseo, Profeta.


 
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viernes, 1 de enero de 2016

San Concordio, el alabador.

San Concordio, presbítero y mártir. 1 de enero y 4 de julio (traslación de las reliquias).

Las Actas de San Concordio, que la mayoría de hagiógrafos da por ciertas, recogen su martirio datado en el reinado del emperador Marco Antonino. Era Concordio hijo del presbítero Cordiano, el cual le educó en el temor de Dios, el conocimiento de las Escrituras y la caridad cristiana. Cuando llegó a la edad adecuada, el papa San Pío I (11 de julio), le ordenó subdiácono. Justo en esta época estalló la persecución y Concordio le pidió a su padre le permitiera ir con el presbítero San Eutiques (19 de septiembre) para acompañarle en esos tiempos recios. “Déjame” – le dijo – “para que sea coronado donde Cristo quiere sea coronado”. Y se fue con Eutiques a Spoleto, donde a pesar de la guerra a los cristianos, predicaron el Evangelio y sanaban a los enfermos en nombre de Cristo.

Su actividad apostólica llegó a Torcuato, gobernador de Umbría, que radicaba en Spoleto. Mandó llamar a Concordio y se desarrolló el siguiente diálogo: 

Torcuato: "¿Cuál es tu nombre?" 
Concordio: "Soy cristiano". 
T: "Te pregunto acerca de ti, y no acerca de tu Cristo". 
C: "Yo he dicho que soy cristiano, y a Cristo confieso". 
T: "Sacrifica a los dioses inmortales, y seré para ti un padre, y obtendré para ti favores de manos del emperador. Él te encumbrará para que seas sacerdote de los dioses". 
C: "Sacrifica tú al Señor Jesucristo, y escaparás de la miseria eterna".

Entonces el gobernador ordenó que lo golpearon con palos y lo echaran en la cárcel. Esa noche le visitaron Eutiques y el obispo San Antimio (1 de abril), que era amigo de Torcuato. Gracias a esa amistad, Antimio obtuvo que el gobernador dejara libre a Concordio. Antimio lo llevó a su casa y allí le ordenó presbítero. Su nueva condición de apóstol de Cristo no permitió a Concordio vivir oculto y de nuevo comenzó a predicar la Palabra de Dios y hacer curaciones. Y de nuevo le llamó el gobernador. 

Torcuato: "¿Qué has decidido hacer para salvarte?" 
Concordio: "Cristo es mi salvación, ¿a quién crees que diariamente ofrezco el sacrificio de alabanza?".

Entonces fue condenado a ser colgado del potro y atormentado, pero alegremente gritaba: "¡Gloria a Ti, Señor Jesús!". Después de esto fue arrojado de nuevo en prisión con cadenas en las manos y el cuello, y allí alababa a Dios constantemente, cantando en voz alta: "¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!". Esa misma noche se le apareció un ángel y le dijo: "No temas el tormento, yo estaré contigo". A los tres días el gobernador envió a Concordio dos soldados con una imagen de Júpiter, que estos le presentaron diciéndole: "Oye lo que el gobernador ha ordenado; sacrifica a Júpiter o perderás tu cabeza". Y Concordio se acercó al ídolo, lo escupió y repitió sus únicas palabras: "¡Gloria a Ti, Señor Jesucristo". Y uno de aquellos soldados, le decapitó allí mismo. San Antimio envió a dos hombres de confianza que tomaron el cuerpo y lo enterraron a las afueras de la ciudad de Spoleto. En breve, una fuente de aguas curativas brotó a la vera de su sepultura.


Todos los martirologios recogen su memoria a 1 ó 2 de enero, y el 4 de julio la traslación de sus reliquias a Bisbal, en la diócesis de Gerona, España. De allí serían trasladadas al monasterio San Pedro de Besalú, donde son veneradas.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.  



A 1 de enero además se celebra a  
San Demet de Plozévet, eremita.
San Oyend de Condat, abad

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...