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domingo, 10 de enero de 2021

"no hay cosa más indigna de un obispo que atesorar dinero"

San Guillermo de Bourges, obispo cisterciense. 10 de enero y 7 de mayo, traslación de las reliquias.

Nació sobre 1150, en la Casa de los Condes de Nivers. Fue niño piadoso y muy inteligente y, según su leyenda, pasaba noches enteras en oración. Se educó con su tío, el Arcediano de Soissons, que hizo de él un joven sabio y virtuoso. Llegado a los 21 años fue ordenado presbítero y se le otorgó una canonjía en la catedral de Soissons, donde era respetado y querido. También por sus relaciones familiares obtuvo una canonjía en París, con muchas rentas aparejadas, que Guillermo destinaba íntegras a los pobres.

Pero el mundo, ni aún el eclesiástico, le satisfacía, por lo cual se unió a los austeros monjes de San Esteban de Grandmont (8 y 13 de febrero), luego de dar a los pobres y necesitados todo lo que por herencia le correspondía. Fue Guillermo un monje ejemplar, el más humilde, penitente y caritativo entre todos. Esteban le tuvo gran afecto y le hizo conocido de prelados, cardenales y del mismo papa Inocencio III. Tanto reconocimiento le turbó y decidió buscar una vida más escondida, si se podía, yéndose por ello a la Orden del Císter. Durante algunos años pudo gozar de la soledad que buscaba, siendo un monje observante y callado, hábil para los trabajos y para el canto. Pero he aquí que los monjes de Font-Joan, habiendo muerto su abad, le eligieron para que les hiciera de padre abad. Accedió Guillermo solo por obediencia y amor a sus hermanos, pero poco tiempo estuvo allí, pues le eligieron por abad los monjes de Chalis.

Y como "no hay dos sin tres", ocurrió que quedó vacante la sede de Bourges, y hubo una gran división entre los canónigos, que finalmente recurrieron al arzobispo de París, hermano del obispo difunto, para que les nombrase un obispo. Este les recomendó eligieran a alguno de los abades del Císter, Orden de prestigio, que encumbraba varones santos. Así lo hicieron los canónigos, escribiendo varios candidatos en papeletas que pusieron bajo el ara del altar principal de la catedral. Cantada la misa, el arzobispo parisino sacó la cédula que tenía el nombre de nuestro Guillermo. Repitió el prelado el gesto dos veces más y volvió a salir Guillermo el elegido en cada una. El pueblo y clero que se agolpaba a las puertas de la iglesia entró en tromba reclamando saber el nombre.

Una vez sabido el nombre, se le envió el resultado a Guillermo y al papa. Cuando este lo supo, confirmó la elección, haciendo que Guillermo aceptara por obediencia. Ese mismo año fue entronizado en la sede de Bourges con júbilo popular. Fue Guillermo un prelado excelente: caritativo, celoso del culto, preocupado por los pobres, evangelizador y reformador de costumbres. Siempre llevó su hábito monacal y jamás usó manto de pieles por más frío que hiciera. 

Nunca dejó de asistir personalmente cuando era requerido al lecho de un moribundo, un enfermo o algún desvalido. Sus rentas las donaba íntegramente para los pobres o para el culto, pues su máxima era: "no hay cosa más indigna de un obispo que atesorar dinero". Y para ello no dudaba en denunciar las injusticias de los poderosos, rechazando sobornos cuando estos querían comprar su silencio. Incluso fue acusado ante el rey Felipe Augusto de promover que no se recogieran impuestos, pero el monarca, una vez se entrevistó con Guillermo, vio que todo era calumnia y si antes le estimaba, desde entonces le tomó gran afecto.

En1201 fue Legado Ponticifio de Inocencio III para hacer la paz entre Francia e Inglaterra, consiguiendo pacificar ambos reinos, no sin esfuerzo y desvelo. En 1203 presidió, por legacía papal, el Sínodo de Clertmont, para zanjar las divisiones entre el obispo y el clero, que amenazaba cisma. En 1207 realizó la traslación de San Benito (11 de julio) y a finales de 1208 el papa le encomendó participar en la Cruzada contra los albigenses. En esta tarea no duró mucho tiempo, pues el día 1 de enero de 1209 supo por revelación que no le quedaba mucho tiempo en la tierra. El día de la Epifanía predicó al pueblo un sentido sermón, que provocó muchas conversiones de herejes. Luego de esto, se retiró a su humilde habitación, y pidió los Sacramentos. Recibió el Sacramento de rodillas, a pesar de sentirse morir. El día 10 de enero aún pudo rezar Maitines en su lecho, y luego de esto, pidió le tendieran en el suelo, sobre cenizas, y así murió santamente.

Aunque el santo había dejado escrito que quería ser sepultado como un monje más en su monasterio de Chalis, la ciudad, clero y pueblo de Bourges no consintieron le llevaran el preciado tesoro del cuerpo del santo. Llegaron a aponer guardias para impedir los monjes se lo llevaran, así que estos decidieron dejarlo en Bourges, en cuya catedral fue enterrado. Pronto comenzaron los milagros en su tumba, siendo cientos los sanados por intercesión del santo obispo. La leyenda dice que el mismo año de su muerte los cruzados sitiaron Bourges y cuando parecían rendirse, el santo apareció en el cielo, sobre un caballo blanco y blandiendo una espada. Los soldados se animaron y tomaron la ciudad, matando a los 7000 herejes que tenían tomada Bourges.

En 1217 se inició el proceso de canonización, la cual celebró Honorio III el 2 de Julio de 1218. El 7 de mayo de ese mismo año se elevaron las reliquias al altar mayor de la catedral de Bourges, donde estuvieron hasta 1562, cuando los herejes hugonotes las quemaron y arrojaron las cenizas al viento.


Fuente:
-"Médula Histórica Cisterciense". Volumen 3. ROBERTO MUÑIZ O.Cist. Valladolid, 1780.
-https://artsandculture.google.com/entity/william-of-donjeon/m03hk9yc


A 10 de enero además se celebra a:

San Agatón, papa.
San Gonzalo,
religioso dominico.
Beato Gregorio X,
papa
.











martes, 25 de septiembre de 2018

"reza por aquel que te pide tus oraciones".

San Principio de Soissons, obispo. 25 de septiembre.

Fue el hijo mayor del Conde de Laon, Emilio, y de Santa Celina (21 de octubre, 5 de abril, traslación de las reliquias), y su hermano menor fue el celebérrimo San Remigio (1 de octubre), apóstol y patrón de Francia.

Al parecer era un cristiano y noble prominente, respetado y amado. Era casado y su hijo fue San Lupo. Principio fue elegido obispo de Soissons en 474, a la muerte de San Edibio (3 de septiembre). Con ocasión de su consagración San Sidonio Apolinar (21 de agosto) le escribió unas sentidas letras: "Te ruego, en seguida, a ti y a tu hermano, pero sobre todo a ti, que sacies la sed que tengo [de conocerles personalmente] (…) Si la dificultad de los caminos y de las carreteras o la distancia se oponen a la realización de mis deseos, al menos reza a veces por aquel que te pide tus oraciones".

Aunque la gloria de la conversión de Clodoveo, rey de los francos, se la ha llevado tradicionalmente San Remigio, lo cierto es que Principio fue muy cercano a la reina Santa Clotilde (3 de junio) y fue quien le imprimió a esta la conveniencia de, una vez expulsados los romanos, adoptar la religión cristiana de modo oficial, como elemento de unidad de todos los pequeños reinos, en aras de consolidar una sola nación. En su sede de Soissons fue un fuerte defensor de la fe cristiana y acérrimo enemigo de las costumbres paganas que aún mantenían los nuevos cristianos.

El santo falleció en 505 y fue sepultado por su hermano. Sus reliquias se veneraban en la catedral de Soissons hasta 1567 cuando los herejes hugonotes las profanaron y quemaron. Solo se conservan los huesos del brazo, venerados en la Colegiata de Saint-Armel.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo X. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 25 de septiembre además se celebra a:

San Gerulf de Drongen,
adolescente mártir.
San Ceolfrid de
Wearmouth, abad
.
S. Cristóbal de La
Guardia, niño mártir





martes, 14 de junio de 2016

"No nos avergonzamos de Aquel que nos dio la vida"

Santos Valerio y Rufino de Soissons, mártires. 14 de junio y domingo posterior a Pentecostés, (traslación de las reliquias).


San Valerio.
Iglesia de Treignes.
Valerio y Rufino eran soldados romanos de una legión, que estaba acampada en Bazoches, a los que se les encomendó supervisar las existencias de cereal destinado a la corte imperial. Eran cristianos y poco a poco comenzaron a hablar de Cristo a los lugareños, llegando a convertir y bautizar algunos, y además, a socorrer a los pobres con el trigo del emperador. Ambas acciones, predicación y caridad, les delataron como cristianos y fueron conminados por el cruel gobernador Rictiovaro (bajo él padecieron también los santos Crispín y Crispiniano). Avisados los dos amigos, huyeron a los bosques donde estuvieron por un tiempo hasta esperar que el peligro pasara, pero fueron capturados y encadenados llevados ante el malvado.

Este les preguntó: "Rufino y Valerio, que dios adoráis?" "Un solo Dios adoramos” – contestó Rufino – "Él es omnipotente, inmutable, eterno, creador de todas las cosas visibles. Él llena todo y lo gobierna todo en Jesucristo, restaurador de todo lo que hay en cielos y tierras. Y en lo que se refiere a otros dioses, creemos que son creados por humanos, hechos de materias que caduca. Nosotros adoramos a nuestro Dios, que existe antes de todas las edades, que no pasa y no caduca. Él permanece eternamente el mismo en su plenitud, siempre es simple, uniforme y duradero, perfecto a través de su Palabra. A Él sacrificamos todas las mañanas con alabanzas y corazón contrito". Rictiovaro replicó: "En nombre de nuestros príncipes invictos recomiendo que dejéis esa superstición que os pide adorar a un dios crucificado en su lugar. Avergonzaos de ello e inclinaos ante los dioses del Imperio, pues es un crimen dejar la religión de nuestros padres, pues esa misma religión ha hecho grande nuestro Imperio, le sirve de guía y protección. Por tanto, es un crimen cambiar nuestra religión por delirios infantiles". Tomó la palabra Valerio y dijo: "No nos avergonzamos de la cruz de Cristo, que ha traído la salvación al mundo. No nos avergonzamos de Aquel que ha dado nueva vida al mundo con su muerte".

Y ambos predicaron a los presentes sobre la fe cristiana y sus bienes. Predicaron la muerte y resurrección de Cristo, su pureza, santidad y dulzura frente a los viciosos y crueles dioses paganos. Irritado exclamó el gobernador: "Si no sacrificáis me veré obligado a someteros a torturas", amenaza a los que ambos mártires respondieron que era una gloria padecer por Cristo. Y les golpearon con varas hasta agotarles y les enviaron a la cárcel para que reflexionaran y cambiaran de parecer. Pero allí hallaron a otros cristianos y todos se daban ánimo mutuamente.


San Rufino.
Iglesia de Treignes.
Al otro día fueron llevados nuevamente ante a Rictiovaro, que intentó ganarles con promesas: "Realmente, Valerio y Rufino, tan pronto como sacrifiquéis a nuestros dioses Júpiter y Mercurio, Venus y Diana, os cargaré de oro y plata, y os conseguiré altos puestos en el Imperio". Rieron los atletas de Cristo y le dijeron: "Que tu plata y oro con vayan contigo al infierno, donde los necesitan fundidos para que en ellos ardas con tu padre el diablo. Sabe que nadie nos separará de Cristo y su gracia". Mandó entonces Rictiovaro atarlos al potro y se les azotase con perdigones de plomo. Cantaban mientras los dos mártires: "Muchas son las aflicciones del justo, pero el Señor los salvará". Y cuanto más firmes permanecían, más fuerte mandaba el gobernador les azotasen, y tanto que rotas las carnes, llegaron a verse los huesos. Cuando apenas respiraban, mandó les arrojasen de nuevo al calabozo. Allí alabaron a Dios, y se les apareció un ángel que les consoló diciendo: "Continuad valientemente, nuestro Señor os llevará al coro de los mártires y tiene dispuesta la corona para vosotros". Y acto seguido, puso sobre sus cabezas hermosas y brillantes coronas, y les sanó todas las heridas. A la mañana siguiente al verles Rictiovaro totalmente recuperados y sonrientes mandó les decapitasen. Les ataron las manos y les llevaron a las afueras, a un sitio llamado Quincampoix donde entregaron las cabezas al verdugo y las almas a Cristo, el 14 de junio de 287.

Fueron sepultados allí mismo y, como otros mártires, luego de la paz de Constantino, en Soissons se construyó una iglesia a su memoria, adonde se trasladaron las reliquias. En el siglo IX los huesos fueron trasladados a Reims por el miedo a las invasiones vikingas, para volver en el siglo XII. El domingo posterior a Pentecostés de 1617 se trasladadon a la catedral de la misma ciudad. Se les invoca contra la carestía de grano, la sequía y las malas cosechas.


Fuente:
-"Vies des pères, martyrs et autres principaux saints". Volumen 8. JEAN- FRANÇOIS GODESCARD.
-"Histoire de Soissons". Volumen 2. HENRY MARTIN y PAUL L. JACOB. París, 1837.


A 14 de junio además celebramos a San Eliseo, Profeta.


 
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lunes, 8 de junio de 2015

San Medardo de Noyon.

La historia y la leyenda se unen en este santo obispo del siglo VI, uno de los más importantes de su momento, crucial para la historia de Francia, de Europa y de toda la Iglesia. Se conocen muchos datos de su vida, aunque los respectivos a la infancia son tardíos y probablemente legendarios. Incluso contradictorios. Cualquier lector conocedor de santos podrá discernir fácilmente la división entre historia y literatura piadosa. Y vamos a él: 

El santo con la corona
de rosas.
San Medardo de Noyon, obispo. 8 de junio. 

Infancia y juventud: 
Nació  Medardo nació en Salency, sobre 457, y fue hijo de una familia acomodada, descendiente de caballeros y nobles romanos, “cristianos viejos”. Su padre se llamó Nectardo y su madre Protagia. Cuando el niño Medardo comenzó a alcanzar las primeras luces, con 4 ó 5 años, ya comenzó a destacar en la piedad y la caridad. Su mayor gozo era socorrer a los pobres y mendigos. Cada día escamoteaba comida de sus propios platos para guardar y dar a los pobres al final del día. Llegó a darle su vestido nuevo a un niño que halló mendigando en la calle. Preguntado por qué lo había hecho, respondió sencillamente: “Jesucristo lo necesitaba más que yo”. En otra ocasión regaló un caballo de su padre a un pobre hombre al que unos ladrones le habían robado el suyo. Por intercesión de un ángel, el hombre recuperó su caballo y pudo devolver a Nectardo el suyo, que no tuvo tiempo para regañar al niño. Ya realizaba milagros desde pequeño, como aquel que hizo ante dos hermanos que se peleaban por los lindes de dos tierras: puso el niño el pie sobre una piedra diciendo: “esta piedra es desde hoy el límite de ambas tierras, y con ella termina esta porfía”, viéndose la huella de su pie en la roca, al levantarlo de esta.

Viendo tantas dotes piadosas, sus padres consideraron inclinarle a la carrera eclesiástica, por lo que le enviaron al obispado de Vermand, cuya escuela catedralicia tenía justificada buena fama. Allí conoció al niño San Eleuterio de Tournai (20 de febrero), al que le profetizó sería obispo. Destacó por su piedad, penitencia, amor a la oración y su interés en ayudar a sus condiscípulos. Visitaba las hospederías, para cuidar a los enfermos y socorrer a los pobres. Visitaba la iglesia siempre que podía, quedando en éxtasis delante del crucifijo, al que amaba muchísimo, junto  con la devoción a la Santísima Virgen. Cuando llegó a la adolescencia, se le dio una canonjía, esperando terminase los estudios teológicos y alcanzara la edad prudente para ser ordenado presbítero. Ya encaminado al sacerdocio, redobló sus penitencias y amor a la pureza, para prepararse convenientemente al estado sacerdotal. Viendo el obispo tan buenas disposiciones, la fama de santidad entre el clero y el pueblo, le ordenó presbítero antes de los 20 años. Fue gran predicador, piadoso con los pecadores, pero enérgico con los males e injusticias que veía. 

Medardo, obispo: 
En 530 murió Alomer, obispo de Vermand y el clero eligió unánimemente a Medardo, que aunque se excusó, nada pudo hacer ante la decisión del clero y el rey Clodoveo, que confirmó su elección. Si ya era vigilante sobre su propia persona como presbítero, más lo fue como obispo, con el objetivo de no dar mal ejemplo a nadie. Siempre consideró la dignidad episcopal como un servicio supremo a Cristo y al pueblo encomendado. No dejaba ni un día de visitar a sus enfermos y pobres. Estaba más a gusto en las chozas de los pobres, que en los palacios. Ante el peligro de los vándalos, trasladó a Noyon todo el poder civil y episcopal, los grandes comercios, convirtiendo a esta ciudad en una ciudad importante dentro del mapa francés. Dotó la ciudad de hermosos templos, hospicios, corrigió excesos, suprimió vicios y vigiló contra la usura, los ladrones y pícaros. A unos ladrones que pretendía robarle la miel de sus colmenas, las abejas le atacaron furiosas hasta que el santo les mandó tener piedad, y lo dejaron en paz. Otro que se metió en una viña a robar la vid, fue sorprendido y quedó paralizado hasta que pidió perdón al santo obispo. Unos soldados del rey Clotario asaltaron unas iglesias, robando tesoros, y como castigo quedó paralizado todo el ejército hasta que los culpables confesaron su culpa a San Medardo y devolvieron lo robado.

Al morir San Eleuterio, obispo de Tournay, ante el progreso que había adquirido Noyon durante el gobierno de Medardo, los habitantes de Tournay le quisieron nombrar obispo para alcanzar el bienestar que veían en aquella ciudad, pero era imposible por no permitirlo las leyes reales, que no admitían los traslados ni las dobles sedes en manos de un solo obispo. Así que Clodoveo, cuya sede estaba ¡casualidad! en Tournay, intercedió ante San Remigio de Reims (1 de octubre) y ambos apelaron al papa San Hormisdas (6 de agosto), el cual colocó a Medardo como administrador apostólico de Tournay, sin dejar su sede. No le quedó más remedio al santo que obedecer, aumentando su trabajo. Esta ciudad estaba cercada de paganos y algunos herejes, a los que hubo que perseguir, convirtiéndoles pacientemente. A tanto llegaba esta que una vez en que unos paganos lo apresaron y lo llevaban a matar, Dios le salvó milagrosamente, y el santo no les entregó a la justicia, para con su perdón ganarlos para Cristo, como sucedió efectivamente. Poco a poco les enseñó el engaño del demonio que representaban sus ídolos, les exorcizaba y sanaba con sus milagros, hasta que no quedó ninguno y todos se convirtieron. 

El Santo consagra a Santa Radegundis
Dio el velo de religiosa y ordenó diaconisa a la reina Santa Radegundis (13 de agosto), que hastiada de su marido le abandonó (o este la echó, simplemente) para tomar el velo en el monasterio de Santa Cesárea (11 y 12 de enero). San Medardo en un principio no quería hacerlo, pero la reina le acusó "de temer más a un rey, que al Rey de reyes", amenazándole con que tendría que dar cuentas a Dios por ello. Eso y la influencia de San Germán de París (28 de mayo) hicieron que Medardo se decidiera a consagrarla diaconisa a pesar de lo irregular de su situación. No hay que extrañar que Radegundis dejase a Clotario, que fue capaz de quemar vivos a sus hijos y nietos.

Muerte y veneración:
Murió el 8 de junio de 560, con 103 años. A la hora de su muerte se vieron cruzar por el cielo varias luces misteriosas, que todos tomaron por ángeles. La veneración pública a sus reliquias fue inmediata, unánime e ininterrumpida hasta hoy. Fue enterrado en la catedral de Noyon , hasta que fueron trasladadas a Soissons por el rey Clorario I a una bella iglesia y monasterio que culminaría el hijo de este, Sigeberto I. Con el tiempo este monasterio tomaría el nombre del santo. El culto al santo se extendió por todos los dominios franceses, y algunos pueblos eslavos, aún paganos, pero enterados de sus milagros le tenían entre sus protectores. En Inglaterra tenía tanta devoción que aún después del cisma de Enrique VIII su memoria continuó celebrándose hasta hoy. 

Otras leyendas: 
Una leyenda del sigo XIII le hace hermano gemelo del desconocido San Gildardo de Rouen (8 de junio), que dice que no solo nacieron el mismo día, sino que fueron ordenados presbíteros y obispos, y aún murieron el mismo día y la misma hora. El origen de esta leyenda está en que las reliquias de San Gildardo fueron trasladadas a la iglesia abacial de San Medardo de Soisons ante el asolamiento de los bárbaros a Normandía. 
 
La parroquia de Benavarre, Ribagorza, dice tener su cuerpo desde que Carlomagno trajera él mismo las reliquias del santo. En realidad se trata de una confusión con otra leyenda del siglo XIII, que cuenta que un obispo llamado Medardo habría acompañado a Carlomargo y nombrado obispo de Ribagorza en 780, más de dos siglos después que San Medardo de Noyon pasase por este mundo. Olvidada esta memoria, en el siglo XVI se confundió a este Medardo local con el famoso San Medardo de Noyon, celebrándose su memoria aunque se trata de otro obispo diferente. La supuesta venida con Carlomagno se convirtió en una traslación de reliquias.

Otra leyenda tardía y que no tiene relación con el santo dice que, siendo bebé, Medardo fue protegido de la lluvia por un águila gigante, que extendió sus alas sobre él. Aunque no tiene consistencia histórica, por tardía, esta anécdota le ha hecho patrono contra la sequía, los granizos, las tormentas. Es común creencia en el campo francés que si el día del santo llueve, habrá lluvia en el verano, y si no, pues será un estío sereno y con buen tiempo. Es protector de los fabricantes de paraguas, y tan extendido estaba este patronato, que los paragüeros franceses tenían la devoción de llamar Medardo a su primer hijo. También se le invoca contra el dolor de muelas luego que el rey Sigeberto fuese a su primera iglesia a invocarle para que le sanara de este mal. Halló la ermita cerrada y arrancó una astilla de madera de la puerta, y al tocarse la muela con esta, quedó sanado. A partir de entonces se hizo costumbre, a tal punto que la capilla fue reducida a astillas.

Se dice que instauró la "Fiesta de la Rosa", en la que se premiaba a la joven más virtuosa de la comarca. Se la coronaba con rosas y le ofrecían regalos que, en ocasiones, eran toda una dote. En realidad es una festividad del medievo, muy posterior al santo.



Fuentes: 
-“España sagrada: Tratado LXXXIV: de las santas iglesias de Lérida, Roda y Barbastro”. JOSÉ DE LA CANAL (O.S.A.). Madrid, 1836.
-“Historia general de la Iglesia. Tomo II”. ANTOINE-HENRI BERAULT-BERCASTEL. Madrid, 1852.
-“Novísimo Año Cristiano, o Ejercicios devotos para todos los días del año”. Junio. JEAN CROISET. Barcelona y Madrid, 1847.


A 8 de junio además se celebra a
Santa Helga de Bregenz, virgen eremita.
San Miguel de los Santos, presbítero trinitario
San Maximino de Aix, obispo.

jueves, 25 de octubre de 2012

Santos Crispín y Crispiniano

Tallas de la iglesia de San Nicolás de Bilbao.
Pregunta: hola. He abierto una zapatería, donde vendo y reparo calzado. Mi pregunta es que me des más info sobre los patrones de los zapateros. Crispín y Crispino, creo que se llaman? Gracias. México

Respuesta: Hola. Espero que te vaya bien tu negocio, que no lo dudo, porque hoy hay que pensárselo más antes de tirar los zapatos y no arreglarlos. Desde antiguo, los patronos de los zapateros son:

Santos Crispín y Crispiniano de Soissons, hermanos mártires. 25 de octubre y 20 de junio (traslación de las reliquias a Osnabrück).
Cuenta la leyenda que fueron dos hermanos romanos que acompañaron a San Quintín (31 de octubre) cuando este llegó a la Galia a predicar el Evangelio. Se establecieron en Augusta Suessionum (la actual Soissons), donde continuaron ejerciendo de zapateros, su profesión. De día anunciaban el evangelio y de noche reparaban los zapatos, gratuitamente, a los pobres (
una historia parecida es la de Santos Rufino y Valerio (celebrados el mismo 25 de octubre), que dice que optaron ser guardianes de un granero para repartir grano a los pobres a escondidas y poder predicarles sobre Cristo.) En esto andaban cuando en el año 285, o 286, el emperador Maximiano realizó una visita a Soissons, durante la cual se le quejaron los sacerdotes paganos acerca de la nueva religión cristiana, que les ganaba en fieles. Ambos hermanos fueron apresados y llevados a la presencia de Rictiovaro, gobernador que detestaba a los cristianos. Los sometió a diversas torturas que los santos sobrevivieron: les metió en agua helada, atados a ruedas de molino, pero no apostataron. Luego les puso en un cepo y les metió púas bajo las uñas, pero las aquellas se volvieron contra los torturadores, hiriendo a varios.

Fueron metidos en un caldero de plomo hirviendo, que no les causó daño alguno, aunque una gotita tocó el ojo de Rictiovaro, dejándolo ciego. Luego fueron metidos en una caldera con una mezcla de brea, grasa y aceite (en la última imagen), donde cantaron himnos de alabanza y de donde les sacaron dos ángeles. Entonces Rictiovaro, celoso, quiso ver que pasaba y probarlo también, así que se lanzó al caldero indignado y, claro, como en buena “passio” legendaria que se precie, terminó asado idiotamente. Para vengar al gobernador, el emperador mandó fueran torturados cortándole la piel en tiras, para finalmente ser decapitados. Los cuerpos permanecerían escondidos hasta que, terminada la persecución, fueron expuestos, enterrados y se levantó una iglesia en su honor (típico en muchos mártires de los que hay alguna “invención de reliquias” muy posterior a la muerte). 

Tabla de la iglesia de
Sainte-Anne d'Auray.
Su culto es bastante antiguo, el martirologio Pseudo-jeronimiano ya pone su fiesta a 25 de octubre y San Gregorio de Tours (17 de noviembre) menciona la basílica del siglo VI a su nombre, levantada sobre su tumba. Sin embargo la Gesta Regnum Anglorum dice que su origen es Kent y que están enterrados en la iglesia de los Santos Juan y Pablo de Roma. En realidad los ingleses “adoptaron” a los santos a su calendario por orden de Enrique V, después de la victoria en la batalla de Agincourt, ocurrida el 25 de octubre de 1415, festividad de ambos santos. A pesar de esto, siempre han sido considerados por la mayoría, dos mártires reales de Soissons, a los que se les dio vida “propia” dándoles origen romano y profesión particular, cuando es probable que el patronato sobre las pieles y el trabajo con estas, en origen se haya debido al tipo de martirio, más que a una profesión relacionada, como es la zapatería.

La devoción se extendió, sobre todo, por las cofradías de zapateros, curtidores, talabarteros y demás oficios relacionados con las pieles. Suelen ser representados con palma de mártir, la lezna o cuchillo de zapateros e incluso con un zapato o sandalia en las manos. A veces los pintan en plena faena de trabajo. Son patronos de Soissons, de Faversham (Kent), y en Osnabrück tienen una bella iglesia dedicada, que posee sus reliquias.


Fuentes: 
-“Flos sanctorum”. ALONSO DE VILLEGAS. Barcelona, 1754. 
-“Biografía eclesiástica completa”. Volumen 4. Madrid, 1851.
-“Repertorio de símbolos cristianos. MARIANO MONTERROSA y ELSA L. TALAVERA SOLÓRZANO. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2004.

A 25 de octubre además se celebra al 
Beato Pedro Jeremías, presbítero dominico.
San Miniato de Florencia, mártir

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...