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viernes, 19 de junio de 2015

Rivanonne, santa, esposa y madre de santos.

Santa Rivanonne, viuda y reclusa. 19 de junio.

Encuentro de Hyvarnion y Rivanonne.
Según su “vida”, Rivanonne nació a principios del siglo VI, y muy niña quedó huérfana, por lo que fue educada por sus hermanos San Urfol (19 de junio) y San Rivoaré (19 de septiembre). Desde niña fue piadosa, dada a la oración, la caridad y la penitencia. Cuando era jovencita, hizo un voto de virginidad, en espera que Dios le revelara.

Mientras, nos ocupamos de otro personaje: Por aquellos tiempos llegó a Bretaña San Hyvarnion (5 de diciembre) un poeta y compositor irlandés de cierta fama. Además, era conocido por su sabiduría, y rectitud de vida. Había sido discípulo de San Cadoc (24 de enero y 21 de septiembre), quien le había enseñado a leer, componer, a conocer la naturaleza. Había hecho voto de castidad y atendía personalmente a los pobres y necesitados. Dos tradiciones le hacen llegar por diferentes modos a Bretaña: una cuenta que lo hizo siguiendo a los monjes santos que desde Irlanda poblaron Bretaña entre los siglos V u VI. La otra, que el rey Childeberto supo de su persona y le pidió consejo y que se quedara en su corte. Donde sí es unánime las leyendas es que, estando en la corte, Hyvarnion se decepcionó del ambiente palaciego, tan rudo y poco dado a la piedad, que decidió volver a su tierra. El rey intentó detenerlo, pero nada pudo hacer así que le preparó un barco para su viaje. La noche antes del viaje, Hyvarnion tuvo una visión en la que una jovencita se le aparecía y le decía que había de ser su esposo. Varias veces se repitió el sueño, que dejó a Hyvarnion desconcertado, pues él se había dedicado por completo a Dios y creía que este aceptaba su oblación. Entonces se le apareció un ángel que le explicó que la joven Rivanonne recibía en ese momento la misma revelación, que ambos se encontrarían a la mañana siguiente y que habían de casarse, pues Dios había determinado que fueran padres de un gran santo.

Y así fue, al otro día se encontraron en Landouzan, junto a una fuente, que hoy lleva la el nombre de Santa Rivanonne. Ella venía acompañada de su hermano Rivoaré, quien les casó. El romanticismo del siglo XIX fue muy pródigo recreando esta escena, llenándola de amor entre los dos. Se encuentran, él le canta, ella le enseña las hierbas que recoge para remedios para los pobres. Se enamoran, pero conocen su destino y su mutua entrega a Dios, por lo que presentan este cumplimiento de la voluntad divina casi como un hado fatalista, al que hay que aceptar. Lo dicho, romanticismo decimonónico.

En fin, que casados ya, esa noche, sabiendo que el propósito de su unión era concebir un santo, Rivanonne dijo a su esposo: "Si es un niño, le pido a Dios que nunca pueda ver la falsedad y los engaños del mundo”. Y se unieron carnalmente, solo una vez y nunca más. Se establecieron en Lanrioul, y al cabo de los nueve meses justos nació su hijo San Hervé (17 de junio), ciego a la luz del mundo y vidente a la luz de la fe. Cuando el niño tenía cinco años Hyvarnion murió y dos años más tarde, Rivanonne confió a su hijo al monasterio de San Marchian (22 de junio). A esa edad, ya había enseñado al niño todos los salmos y cánticos de memoria, y este le acompañaba en las oraciones, los actos de piedad y las obras de caridad.

Rivanonne entonces pudo cumplir su deseo de vivir para Cristo: se unió a otras piadosas mujeres, entre ellas una niña, que algunas leyendas dicen era adoptada, Santa Cristina (22 de junio) comenzando una vida monástica. Cuando Hervé, versado en la música y la composición como su padre, fue un joven que podía valerse por sí solo, fue en busca de su madre y emprendieron juntos una nueva vida religiosa. Hervé fundó un monasterio en Lanhouarneau y muy cerca suyo su madre construyó una ermita donde se recluyó en soledad y oración. Allí vivió largos años, hasta que San Urfol recibió una revelación del cielo acerca de que a su hermana le quedaba poco tiempo y avisó a Hervé. Este se fue a la ermita con dos monjes y allí entabló coloquios con su madre, y estuvo orando hasta que ella expiró, el 19 de junio de 535. Hervé vio su alma llevada al cielo por los ángeles. La enterró en la ermita, donde luego construiría otro monasterio que llegaría a tener un colegio, Cristina quedaría bajo la tutela de su “tío” Hervé, y de ella se cuentan otras leyendas muy hermosas.

El culto de Santa Rivanonne, escaso, siempre ha estado suscrito a la devoción y leyenda de su hijo San Hervé, muy venerado en la campiña francesa.

Fuentes: 
-"The Book of Saints and Friendly Beasts". ABBIE FARWELL BROWN. 2009.
-"La mystique des eaux sacrées dans l'antique Armor". CLAIRE DE MARMIER. París, 1947.
-"Vie des bienhereux et saints de Bretagne". M. DE GARABY. Saint Brieuc, 1839. 
-"El libro de los santos de Bretaña". P. CHARDONNET . 1977.


A 19 de junio además se celebra a la Beata Miguelina de Pesaro, terciaria franciscana.

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