sábado, 12 de mayo de 2018

"Muestra, oh Señor, tu rostro".

San Felipe de Agira, presbítero. 12 de mayo.

Nació Felipe en Tracia, y sus padres se llamaban Teodosio y Augia. Antes de Felipe, habían tenido tres hijos los buenos esposos, pero habían fallecido trágicamente en un accidente, ahogados en el río Sangaris cuando llevaban caballos a vender a Constantinopla. Sus padres sufrieron mucho, pero como eran cristianos cabales, luego del luto, la primera palabra que salió de sus labios fueron: "Alabado sea el Nombre del Señor, ahora y para siempre". Sus súplicas, limosnas y oraciones por las almas de sus hijos les alcanzaron del cielo el regalo de un nuevo hijo, al que llamaron Felipe. Nuestro santo.

Ambos padres decidieron educar a su hijo para Dios, alejándolo de todo peligro. Felipe era despierto, inteligente y devoto. Fue ordenado diácono a los 21 años, hablaba con fluidez el sirio y el griego. Sabía teología, Escrituras, Santos Padres y Sagrados Cánones. Felipe quiso visitar la iglesia de Roma y así lo dijo a su padre, quien no querían alejarse de él, pero pensando era voluntad de Dios, le dejaron marchar diciendo el santo viejo: "Dios de Abraham, Isaac y Jacob, en tus manos encomiendo a este tu siervo. Haz con él lo que te parezca mejor a tus ojos". Luego regresó a casa a dar la noticia a su mujer.

Felipe se embarcó a Roma y estando navegando se desató una terrible tormenta y clamó el santo al cielo: "¡Oh, Dios mío! A ti me confió mi padre. Que no me pierda en el mar como mis hermanos se perdieron en el río". Y entonces la tormenta se calmó y el barco atracó en Roma sin más peligros. Con Felipe viajaba un monje griego llamado Eusebio, con el cual se encaminó a la basílica de San Pedro. Al llegar a la puerta, le salió el encuentro el papa (no sabemos cual), quien había recibido la revelación de que hallaría a un joven diácono que debía ministrarle ese día en el altar del Señor. El papa habló a Felipe, pero este ni supo que le decía ni puedo hablar, pues no conocía latín. Aunque no se entendieron, el papa le signó los labios con la señal de la cruz y le invitó al altar. Por milagro Felipe ministró perfectamente y respondió todo en latín. Y eso que jamás había visto el rito romano.

El papa quedó maravillado con Felipe y le entregó el "Volumen apostólico". Nadie sabe a cuál libro llama así Eusebio. Suponemos se trata de los Evangelios o las Cartas de los Apóstoles. Luego le ordenó presbítero y le envió a predicar a Sicilia, específicamente a Agira, donde el demonio se había aposentado y atacaba a los cristianos arrojándoles fuego desde el infierno. Que nadie olvide que allí está el Etna… 


Arca relicario de San Felipe.
Pues allá se fue Felipe, invocó el Nombre de Jesús y gritó: "Muestra, oh Señor, tu rostro, y ahuyenta todo este ejército de demonios", mientras hacía la señal de la cruz con el mencionado libro. Entonces, el fuego y la lava se detuvieron, las cenizas se solidificaron y los demonios volvieron al interior “del infierno”.

San Felipe se quedó en la zona, predicó el Evangelio y murió en paz, anciano, a finales del siglo V. Es abogado contra los terremotos, el fuego y las erupciones volcánicas.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 12 de mayo además se celebra a:


San Pancracio, mártir.
Santa Juana de Portugal,
princesa, virgen dominica.
Santa Rictrudis,
viuda y abadesa.





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