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jueves, 15 de noviembre de 2012

Beato Ludovico Morbioli, carmelita



Bto. Ludovico Morbioli.
Anónimo boloñés del XVII
El pasado 14 de noviembre publicaba una larga lista de santos y beatos carmelitas, algunos de los cuales son legendarios o, si existieron, no fueron carmelitas sino por asociación. Entre estos últimos está el santo de hoy: 

Beato Ludovico Morbioli, terciario, penitente. 16 de noviembre (1)
Su vida en verso, incluyendo los detalles laudatorios y legendarios, la escribió el Beato Bautista Mantuano (17 de abril), General de la Orden. El Bautista Mantuano, llamado el Virgilio cristiano, por la calidad de sus composiciones poéticas, escribió una elegía de 496 versos, dirigida a Inocencio VIII, con miras a la canonización de Ludovico. Fue impresa en 1502 y abunda en milagros, llamamientos divinos, éxtasis, etc.

Nació Ludovico en Bolonia, en 1433, y sus padres se llamaban Francesco Antonio y Ángela (Inés la llaman otros). Esta familia, aunque originariamente estuvo relacionada con la nobleza paduana, la rama de Ludovico habría que clasificarla como clase media. Tuvo varios hermanos, uno religioso olivetano y los demás seglares. Fue educado en la piedad y las letras, como todos los jóvenes con posibilidades del momento. De joven, era de temperamento apacible, y muy estimado entre sus conocidos. Sus virtudes le hicieron perder el sentido de la humildad y la caridad, frecuentó malas compañias y comenzó una vida de placeres, vanagloria y despreocupación de lo espiritual. De ahí a convertirse en un seductor, borracho y pendenciero, no hubo más que un paso. Joven aún se casó con Lucía Tura, hija de un amigo de su padre.

Rincón donde dormía el Beato,
hoy oratorio
En 1462 se trasladan a Venecia, donde Ludovico enferma de gravedad, e ingresa en el hospicio de los Canónigos Regulares del Salvador, donde además de la salud del cuerpo, recuperó la salud del alma, al ver los ejemplos de caridad y aceptación de Dios, por parte de los enfermos. Recibe la gracia de la conversión y cambia de vida radicalmente. Regresa a Bolonia en 1470, totalmente diferente: Abandona a su mujer, y se retiró a un rincón de la casa Lupari, convertido hoy en capilla y hospital. Se pone un hábito marrón con una cruz al cuello y comienza una vida de peniencia, austeridad y predicación. Este hábito lo cambió con los años por uno blanco, lo que dio pie a la confusión iconográfica, propagada por los carmelitas, de presentarle con hábito marrón y capa blanca, haciéndole terciario de la Orden.

Su aspecto cambió totalmente: el joven hermoso y vanidoso se convirtió en un desarrapado barbudo y sucio. Empieza a mendigar y repartir entre los pobres, en pleno invierno duerme en las calles, y en verano desnuda su espalda y ora hasta que el sol llega a quemarle severamente. Ludovico, a lomos de un burro, predicó en Bolonia, Módena, Ferrara y otras ciudades, haciéndose acompañar de un crucifijo en alto, como un lábaro. Una de sus prácticas de devoción y predicación fue convertir a los condenados a muerte, a los que acompañaba hasta el momento de la muerte, hablándoles de la misericordia de Dios y la vida eterna.

En 1485 enfermó gravemente, y rechazó toda ayuda, y conocedor que Dios ya le llamaba predijo su muerte para el 9 de noviembre de ese mismo año, coo ocurrió, en Bolonia, en su ermita. Como gozaba de gran devoción entre sus conciudadanos, fue enterrado en la catedral de San Pedro de Bolonia. Pero, sin embargo, aunque con tuvo un culto sostenido, las reliquias se perdieron más de un siglo, y aparecieron en una profunda restauración de la catedral, entre 1566 y 1597.

Esta invención trajo un renacimiento del culto y en 1582, la archidiócesis lo introdujo entre sus beatos propios. En 1654 se inició el proceso formal de canonización, que nunca se terminó, así que su título de beato solo fue sancionado por la Iglesia local, como se usaba antiguamente y se ha retomado recientemente, con el pontificado de Benedicto XVI, reservándose al papa las canonizaciones. Entre los siglos XIX y XX hubo una profunda revisión de calendarios particulares, en el que para mantener el culto a un santo o santa, era necesario atestiguar más de 100 años de culto. Ludovico los tenía, y más también, así que en 1843 se ratificó su culto para la diócesis de Bolonia. Es aquí cuando los carmelitas lo reclaman como santo propio, erróneamente, y obtienen celebrar su memoria litúrgica con categoría de "simplex", o sea, lo que hoy se llama "memoria libre", y así estuvo hasta la reforma del calendario propiciada por el Vaticano II, en que fue eliminado del propio. 
(1) GB CHIZZOLA, Vita del beato Ludovico Morbioli, Bologna 1856.

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