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jueves, 8 de abril de 2021

Bendecida con el dolor, bendijo con alivio.

Santa María Rosa Julia Billiart, virgen fundadora. 8 de abril. 

Nació el 12 de julio de 1751 en Cuvilly, pueblo de la diócesis de Beauvais, Francia. Sus padres fueron Jean-François Billiart y Marie Louise Debraine. Julia, como fue su nombre de bautismo, fue una niña tremendamente inteligente y despierta. A los 5 años leía y escribía, y a los 7 ya conocía de memoria las verdades de la fe cristiana, teniendo incluso un grupo niños a los que impartía el catecismo en la escuela de su tío Thibault. Admirada por su párroco, este le permitió recibir la primera comunión y la confirmación a los 9 años. Ese mismo día hizo un voto de castidad perpetua. 

Cuando tenía 16 años la familia cayó en la desgracia económica y tuvieron que vivir del trabajo del campo. Esto no le privó de su piedad y alegría naturales, sino que la hizo más cercana a los problemas de los pobres y comprensiva con su alejamiento de Dios. Constantemente hablaba de religión a las demás jóvenes, visitaba a los enfermos y organizaba la caridad para con los pobres. No en balde la llamaban “la santa de Cuvilly”.  

En 1773 uno de los acreedores de su padre la emprendió a disparos contra la casa de los Billiart y un disparo alcanzó a Julia, causándole una parálisis de las piernas. Al principio no pareció gran cosa, pero al poco tiempo se tornó definitiva (o eso parecía, ya veremos) y tuvo que guardar cama. Así, a los 22 años, la activa y piadosa joven Julia Billiart comenzó una intensa vida de apostolado. Su párroco le llevaba diariamente la comunión, y luego de esta hacía varias horas de oración. El resto del tiempo lo empleaba en bordar para ayudar a la familia o para la parroquia. Pronto logró reunir un grupo de niños en torno a su cama a los que enseñaba el catecismo.  

En 1789 estalló la Revolución, feroz contra la Iglesia y el clero. Julia fue acusada de dar refugio a sacerdotes perseguidos, y fue amenazada con a ser quemada en la plaza del pueblo, pero no hallaron pruebas y con fuertes amenazas la dejaron en paz, pero vigilándola. Con ayuda de unos parientes y devotos, la llevaron a Amiens, donde la acogió condesa Baudoin. En casa de esta conocería a la vizcondesa de Gizaincourt, Françoise Blin, quien le tomó gran afecto. Esta mujer, muy piadosa y caritativa había estado a punto de ser mártir por Cristo en durante la persecución, y sólo se había salvado por la caída de Robespierre. 

Junto a Julia se juntaron algunas jóvenes y mujeres adultas y poco a poco comenzaron a trabajar con los niños pobres, para proveerles y educarles. En 1803 fundarían en Amiens las Hermanas de Nuestra Señora. En 1804 Julia hizo una novena al Sagrado Corazón de Jesús por su salud corporal, obedeciendo a su director espiritual, el Padre Varin. Es curioso que ella jamás había implorado a Dios por su curación, mas lo hizo por obedecer y el resultado fue el milagro: volvió a caminar. El 15 de junio de 1805 Julia y las primeras discípulas hicieron sus votos sagrados, tomando ella el nombre de Rosa María. El P. Varin escribió unas Constituciones temporales, y lo hizo con tanto acierto que nunca han sido cambiadas sustancialmente. Entregadas a la educación y sustento de los niños pobres, en breve se formaron ellas mismas como maestras para proporcionar letras y virtudes a los pequeños. Y hasta hoy, todas las religiosas estudian magisterio. 

Casa de Namur.
En 1806 la Congregación fue aprobada por el Ministerios de Cultos de Francia. En tres años las hermanas se habían extendido a otras partes de Francia y Bélgica. Esta expansión las alejó del P. Varin, lo que aprovechó el presbítero Sambucy, confesor de las religiosas, para entremeterse, cambiar usos y normas, e intentar que las religiosas pasaran a ser monjas de semiclausura, al estilo de las Ursulinas. Tanto les incordió, ganando al obispo para su idea, que Julia y sus religiosas, menos dos, dejaron la ciudad donde habían nacido para irse al convento belga de Namur. En 1809 se instalaron en Namur, añadiendo al nombre de la Congregación el nombre de la ciudad, al instalar allí su Casa General. El obispo de Amiens intentó que volvieran, la Madre accedió, pero al ver que no tenía la ayuda prometida y la libertad de acción requerida, volvió a Namur.

Julia fundó quince conventos-escuelas en los años que le quedaron de vida. Una profunda vida interior de oración, sacrificio, expiación, al mismo tiempo que desbordada al auxilio de los demás. Cartas, viajes, billetes espirituales, formación a las religiosas, etc. Su mano escritora era incansable. Nuestra santa falleció el 8 de abril de 1816, mientras musitaba el Magníficat, y luego de unos meses de dura enfermedad. Fue beatificada el 13 de mayo de 1906 por San Pío X. Fue canonizada el 22 de junio de 1969 por San Pablo VI. 

Fuente:
https://www.sndden.org/who-we-are/our-history/


A 8 de abril además se celebra a


domingo, 22 de mayo de 2016

Santa Julia, la esclava libre.

Pregunta: La razón por la que te escribo, es porque mi hija se llama Julia, y el dia que escogimos para su santo es el 7 de octubre, pues nos dijeron que tambien habia una Santa Julia, virgen y mártir, pero por mas que busco, no encuentro su historia, y me gustaria saberla para cuando me preguntara, saber que responder. Esperando tener respuesta. Gracias de antemano. España.

Respuesta: Muchas, muchas santas de nombre Julia hay, y no hay que pensar nunca que solo hay una. Sobre la Julia virgen y mártir que dices, supongo sea la más conocida de ellas, por la veneración de sus reliquias o su iconografía:

Santa Julia de Córcega, virgen y mártir. 22 de mayo.

Aunque su sobrenombre sea "de Córcega", Julia nació en Cartago, ciudad del norte de África, profundamente cristiana en el momento de su nacimiento: principios del siglo V. Julia nació en una familia cristiana y noble. Fue educada en la piedad y los rudimentos de las letras, y como toda mujer del momento, para ocupar algún día su puesto como madre de familia. Y así habría sido, quien sabe, si en 439 Genserico, rey de los vándalos, arriano y enemigo de los católicos, no hubiera invadido Cartago, cometiendo grandes crueldades. Las iglesias y palacios fueron saqueados y robado todo lo valioso. Y todo el que se oponía a ello, era asesinado en el acto.

La familia de Julia, como todas las nobles, fueron sometidas a la persecución. Algunos murieron, y otros fueron vejados públicamente. Las mujeres nobles jóvenes y bellas fueron vendidas como esclavas a mercaderes, que pagaron precios altísimos por ellas. Entre ellas estaba Julia, que fue comprada por un pagano llamado Eusebio, que la llevó consigo a Siria. Allí se vio sujeta a trabajos, humillaciones y tristezas sin fin. Solo su fe en Cristo la sostenía en medio de la desolación de servir a un amo idólatra. Por su silencio, abnegación y prontitud a trabajar, Eusebio pronto comenzó a considerarla, llamándola "la mejor de sus posesiones". Por este aprecio que le tenía su amo, Julia logró que le permitiera vivir libre y públicamente su fe cristiana, solamente no le permitió ayunar, para que no se debilitara más. Luego le permitió ayunar los sábados y domingos. Tenía ratos libres para hacer oración y podía vestir con total modestia y mejor que otras esclavas. Tanta vida virtuosa en medio de la esclavitud hizo que su amo admirara la fe cristiana, aunque no la profesara.

Pasó Julia algunos años en esclavitud cuando Eusebio tuvo que hacer un viaje de negocios muy provechoso a la Galia. Como Julia le ayudaba constantemente, se la llevó consigo. Arribó el barco a Córcega y cuando desembarcaron, supo Eusebio que en aquellos momentos se celebraban en la ciudad grandes festejos a sus dioses paganos. Se fue Eusebio al templo, compró un toro y lo sacrificó en aras de la buena solución de sus negocios, y luego se sumó a los festejos con la plebe. Julia había quedado en el barco, a cargo de cuidar las posesiones de Eusebio. Subieron al navío unos soldados de Félix, el gobernador de Córcega, los cuales vieron a Julia y preguntando por tan bella joven, unos marinos les dijeron "es una joven cristiana, esclava". "¿Y por qué no celebra a los dioses con su amo?", preguntaron los soldados (los esclavos debían participar en los sacrificios hechos por su amo).  Los marinos respondieron que como todo cristiano, trataba a los dioses de demonios, de falsos y a sus festejos como supersticiones vanas. Informaron los soldados a Félix de aquella joven que eludía sacrificar a los dioses y Félix, un pagano devoto  muy celoso de sus dioses, mandó llamar a Eusebio. Este la defendió diciendo a Félix: "esa doncella cristiana es esclava mia, de quien jamás he podido conseguir que mude de religión por más que he hecho. Pero en lo demás es de costumbres irreprensibles, me sirve grandemente, y me tiene hechizado con su modestia. Ella es la que gobierna mi casa, y cada día admiro más su fidelidad". Félix ordenó a Eusebio quela obligara a sacrificar a los dioses o que la matara, pero este replicó: "Ni a una cosa ni a otra me atrevería, y lo mejor que podemos hacer es dejarla en paz". "Pues vendémela" – replicó  Félix – "yo te daré por ella todo cuanto me pidas. Y si no quieres dinero, escoge entre todas mis esclavas aquellas cuatro que más te agraden". Eusebio, molesto, le contestó: "Todo cuanto tienes no vale lo que ella merece, y antes perderé yo todo cuanto tengo que perderla a ella".

Ya que vio Félix que era imposible obtener a Julia, fingió desistir y urdió una treta: organizó un banquete e invitó a Eusebio. Cuando este estaba borracho perdido y dormido, mandó traer a su presencia a Julia, a la cual dijo: "No temas, hija mía, que se pretenda hacerte algún agravio. Estoy informado de tu virtud, y no merecen tus prendas que gimas por más tiempo en el indigno estado de esclava, y quiero asegurarme de tu futuro.  Solo te pido que en agradecimiento me acompañes al templo a cumplir con tus devociones. Si sacrificas a nuestros dioses, yo pagaré a tu amo tu rescate. Como libre que serás, si quisieras vivir en nuestra isla no te faltará un esposo digno de tus prendas y de tu persona, y si quisieras ir otra parte, yo pagaré todo lo que necesitares". Julia respondió que ya se sentía libre solo por ser sierva de Jesucristo. Estaba contenta con su estado, y que no pretendía más fortuna que la vida eterna. Y añadió: "pero, con respecto a ese culto que me propones, ten seguro que el horror con que contemplo tus supersticiones me hace estremecer al oír tu proposición. Soy cristiana, y mi mayor dicha será perder la vida por mi Señor Jesucristo".

Irritado Félix, la mandó abofetear y con tal saña, que manó sangre de la boca de Julia, que exclamó: "Mi dulce Salvador fue primero abofeteado por mí; gran dicha es la mía ser también abofeteada por Él". Félix fuera de sí, mandó la colgasen de los cabellos, y la moliesen a palos. Siendo atormentada así, Julia clamaba: "Seas mil veces bendito, amable Salvador mío, por la insigne gracia que concedes a tu sierva. Dichosa soy si merezco tener alguna parte en tus dolores". Como veía Félix que pasaban las horas y a pesar de afeitarle la cabeza, cortarle los pechos entre otros tormentos, Julia no se doblegaba, comenzó a temer que Eusebio despertase de su borrachera, así que mandó la crucificaran con rapidez. Al oírlo la santa, suspiró: "Siempre he deseado ardientemente, oh amado Salvador mío, dar la vida por ti, pero nunca me atreví a desear darla en un madero a imitación tuya, divino Maestro. Dígnate, Señor, a admitir el sacrificio que te ofrezco, y ten misericordia de estos pobres ciegos perdonándoles mi muerte". Y fue crucificada, para al punto, expirar, sin padecer colgada en la cruz, el 22 de mayo de 450. En el mismo momento en que murió despertó Eusebio, que en vano se quejó y amenazó a Félix, pues ya Julia había volado al cielo. Este tormento trajo tal terror a los paganos que lo contemplaron, que muchos se alejaron de prisa y lamentando el espectáculo de injusticia que habían visto. 

Quedó Julia colgada de su madero hasta que dos ángeles aparecieron a dos monjes de los que habitaban la isla Margarita, y les encargaron retirasen de la cruz el santo cuerpo de la mártir. Otra versión dice que el mismo Eusebio mandó buscar a monjes cristianos para que la cuidasen ellos. En fin, que fueron los monjes y tomaron el cuerpo, y con palmas de victoria y cantando el salmo 125 ("Euntes ibant et flebant semen spargendum portantes; venientes autem venient in exsultatione portantes manipulos suos"). Llegados al monasterio, los monjes recibieron las reliquias con alegría, las veneraron con cariño y labraron un bello sepulcro de mármol donde reposaron hasta 763, en que el rey Didier Lombardía, las trasladó a Brescia, capital de su reino. Las depositó en el monasterio benedictino de donde era abadesa su hija Santa Angelbergis (3 de enero). Cuando las monjas, en el siglo IX, reedificaron la iglesia abacial, la dedicaron a Santa Julia, lo cual habla del estupendo culto que ya recibía. Otro lugar importante de culto es donde fue crucificada, que la tradición quiere a la orilla del mar, y donde brotó una fuente milagrosa después de su martirio, y donde permanece un santuario dedicado a su memoria.

Sus atributos principales son una jarra, que evoca su condición de esclava y una cruz. A veces aparece crucificada a una cruz convencional, otras a un ecúleo o cruz "de San Andrés", o simplemente atada a un árbol. 


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Mayo. P. Jean CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.


Además, te añado a las demás santas de nombre Julia que me constan, omitiendo las que aparecen como Julita, que no son pocas:

Santa Julia Billiart, virgen fundadora. 8 de abril.
Santa Julia de Augusta, virgen y mártir. 7 de octubre.
Santa Julia de Cartago, mártir. 19 de abril.
Santa Julia de Zaragoza, una de las compañeras de Santa Engracia. 16 de abril
Santa Julia, mártir de Lyon. 2 de junio.
Santa Julia, otra mártir de Lyon. 2 de Junio (ambas son del grupo de mártires de Santa Blandina).
Santa Julia, virgen y mártir. 10 de diciembre.
Santa Úrsula (Julia) Ledóchowska, virgen fundadora. 29 de mayo.

Santa Julia, virgen, compañera de Santa Eufrasia. (17 de marzo)
Beata Julia de la Rena, terciaria agustina reclusa. 9 de enero.
Beata Julia Luisa de Jesús, virgen y mártir carmelita de Compiègne. 17 de julio.
Beata Julia Rapiej, virgen mártir de las Hermanas de la Sagrada Familia, mártir en Polonia. 1 de agosto.
Beata Julia Rodzinska, virgen y mártir dominica. 20 de febrero.
Beata Julia Salzano, virgen fundadora. 17 de mayo.



A 22 de mayo además se celebra a:

Beata Renata
de Baviera, viuda.
Santa Joaquina,
viuda fundadora
San Goswin,
niño mártir.





miércoles, 13 de marzo de 2013

Santa Eufrasia, la de la piedra


Pregunta: que me puedes decir sobre Santa Eufrasia. Mi madre se llama así. España.

Respuesta: Pues algo te puedo decir.  Y para ello, abrimos de nuevo el fiel colaborador del blog, el libro "Flores del Carmelo", de Fr. José de Santa Teresa:

Santa Eufrasia, virgen carmelita. 13 de marzo y 25 de julio (Iglesia Griega).

Eufrasia vivió en el siglo V, y era hija, según la leyenda, del gobernador de Licia, Antígono, y de su esposa, Eufrasia. Al nacer la niña, los padres se dijeron "ya que Dios no ha concedido una heredera, contentémonos con ella y vivamos en castidad, dedicados a las cosas de Dios". Y así fue, aunque Antígono murió justo al año. Al cumplir Eufrasia cinco años, el emperador San Teodosio I (17 de enero), que había tomado a la viuda y la niña bajo su protección, decidió ajustar un matrimonio ventajoso para ella en el futuro. Eligió para ello al hijo de un rico senador romano, la prometió y decidió se celebrase el matrimonio en cuanto Eufrasia (la niña) tuviera edad suficiente. Pero como sería esperar muchos años, el senador prefirió casarse con la madre, total, era guapa y también se haría con sus posesiones. Eufrasia (la madre) se negó rotundamente, incluso cuando la emperatriz se lo ordenó. Así que decidió retirarse a Egipto, donde conoció a eremitas y monjes de la Tebaida. Allí comenzó a visitar el monasterio de Santa María, fundado por San Cirilo de Alejandría (27 de junio) y Santa Sara (13 de julio) en 432, donde hizo amistad con las monjas, las beneficiaba y las socorría, y estas se prendaron de Eufrasia (la niña). Quiso Eufrasia (la madre), donar todos sus bienes a las monjas, pero estas se negaron, aduciendo que ya lo habían abandonado todo y que los bienes materiales serían precisamente los que harían que esa austeridad y santidad del monasterio se perdiesen para siempre. Aunque para no desairarla, aceptó una renta de aceite para las lámparas e incienso para el culto.

Un día, Sara, la abadesa, le preguntó en juego a la niña si la quería más que a su madre, tanto como para irse a vivir con ellas, a lo que Eufrasia respondió, muy en serio: "Yo sí, si no creyera que fuera a llorar mi madre. Y también está mi esposo que me espera". Le dijo Sara "¿que es lo que más amas, a tu esposo o a tus hermanitas?”. Eufrasia le dijo “nunca he visto a mi marido, ni mi marido nunca me ha visto, poco no podemos amar, por tanto. Pero yo te quiero mucho hermana, porque te conozco”. “Oh”, dijo Sara, y añadió: "te quiero mucho, Eufrasia, pero amo a Jesucristo por encima de todo”. A lo que Eufrasia contestó: "yo también te quiero mucho, pero amo a más a Jesucristo”.


Eufrasia (la madre) oía la conversación enternecida, pero aún así, pretendió llevarse a la niña, para que cmpliera su promesa de desposorio, convencida de que era un capricho infantil quedarse allí y que se cansaría pronto de la vida del claustro. Le dijeron que debía ayunar, vivir muy austeramente, aprender el Salterio de memoria y dormir en el duro suelo, pero Eufrasia (la niña), a pesar de las dificultades, dijo que estaba lista para todo ello y que no quería partir. La abadesa dijo a la madre, "deja a la niña con nosotras, porque la gracia de Dios está obrando en su corazón”. La madre, poniendo a la niña ante un Cristo, dijo llorando: "¡Señor Jesucristo, recibe esta niña bajo tu protección, ya que sólo te desea a ti”!. Y luego bendijo a la niña, diciéndole: "Que el Señor, que hizo las montañas tan fuertes que no se pueden mover, te confirme en su santo temor". Al irse, iba llorando y las monjas con ella. A los pocos días Eufrasia fue llevada a la capilla, se le impuso el hábito religioso, y su madre, al ver que estaba feliz, dejó de llorar y se alegró con ella.

Pasaron los años, Eufrasia (la madre) murió y… el emperador escribió a Eufrasia (la niña, que ya tenía 12 años) instándola a que volviera a Constantinopla a casarse su prometido. Ella era de sangre imperial, y el emperador consideraba que, tras la muerte de su madre, la herencia de Eufrasia, debía ser suya. Ella le escribió una carta donde le imploraba le permitiera seguir su vocación, y que dispusiera sus bienes en beneficio de los pobres. Teodosio, convencido de su vocación, la dejó en paz y disolvió su compromiso.

En plena adolescencia comenzó para ella otra lucha, la de las tentaciones: en plena juventud, comenzó a ser tentada con la vida opulenta que podría llevar, siendo noble, con los banquetes y halagos masculinos que podría recibir. Para desviar la atención, y probar su obediencia, la abadesa Sara le ordenó que moviera un gran montón de piedras, y las llevara a la cima de una colina, a cierta distancia (la piedra es su atributo característico). Eufrasia obedeció alegremente, moviendo las piedras hasta el lugar indicado. Al terminar, lo comunicó a la abadesa, que le dijo: "Tráelas todas de nuevo”. Y Eufrasia obedeció. Al día siguiente le dijo la abadesa "he cambiado de opinión, lleva las piedras de nuevo a la cima del montículo”. Y así, treinta días seguidos, pero Eufrasia siempre obedeció con alegría. Fue enviada a la cocina, a cortar la leña para el fuego, a cocer el pan y los alimentos. Aunque por estas duras tareas estaba exenta de asistir a los oficios de medianoche, nunca dejó de ir al coro con las demás. A los veinte años, y a pesar de tanto trabajo y ayuno, era más alta y bella de las otras hermanas. Por esto era envidiada por otra monja, llamada Germana, que, rumoreaba contra ella, de ser una estafadora, que solo pretendía ganarse a las demás para ser abadesa. Enterada Eufrasia, se postró ante ella dándole gracias por reconocer su soberbia e intentar enmendarla. Enterada Sara, quiso echar a Germana por mentirosa, pero Eufrasia pidió no lo hiciera, e incluso le pidió fuera su compañera en las labores.

El demonio la tentaba constantemente con el trabajo y el ayuno, pero siempre salía victoriosa. En una ocasión llegó a herirla con un hacha, mientras cortaba leña, y otra vez hizo se clavara un palo en la frente mientras trabajaba. Una tercera vez volcó sobre su rostro la olla donde hacía la sopa de hierbas de las monjas, pero no sufrió quemaduras. En ningún caso dejó el oficio para ser socorrida, sino luego de terminarlo. Dios la favoreció con el don de hacer milagros, y echar malos espíritus. Sanó muchos enfermos y poseídos: como a un niño que no podía andar. especialmente fue paciente y caritativa en sanar a una monja enferma y endemoniada, que le hacía la vida imposible, la calumniaba y ofendía, pero la santa con caridad e invocando el nombre de Cristo, la sanó y libró del demonio. 

Cumplió Eufrasia treinta años y Sara tuvo una visión: Dos religiosos llegaron al monasterio y le pedían dejase ir con ellos a Eufrasia. Se negaba la abadesa, pero ellos tomaban de la mano a Eufrasia, y al llegar a una puerta, esta se abrió dejando ver el paraíso, a Cristo glorioso, que tomaba a Eufrasia por esposa. Así que entendió Sara, que Dios llamaba a su hija junto a Él. A los 9 días no pudo contener más y se lo contó a Eufrasia. Esta le imploró a la abadesa le ordenase no morir aún, sino le diera un año para hacer penitencia por sus pecados, pero esta le contó el premio que le esperaba y que ya estaba dispuesta su alma. Casi de inmediato enfermó de fiebres Eufrasia y cuando estaba a punto de morir, otra monja que le quería mucho, Santa Julia (17 de marzo), le pidió ser su compañera en el cielo, como lo habían sido en la tierra, y Eufrasia le reveló que la seguiría en breve. Fue enterrada Eufrasia junto a su madre. Y efectivamente, Julia lloró tres días sobre su tumba y al tercer día murió, siendo enterrada junto a Eufrasia. 30 años después, Sara se sintió morir y supo que era Eufrasia, que la llamaba junto a Dios, al cielo. Fue enterrada en el mismo nicho que Eufrasia y Julia.

San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan Crisóstomo, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal) cita una vida suya, escrita en griego antiguo. San Juan Damasceno (4 de diciembre y 7 de mayo) trata de ella en su “Lección sobre las imágenes”. Luego del siglo VII se escribieron otras vidas, muy adornadas y más llenas de alabanzas que de hechos históricos. En la Biblioteca vaticana se encuentra un manuscrito del siglo VIII en griego, que parece ser el más antiguo conservado y que recogen los bolandistas, aunque sin darle crédito alguno como veraz


En el Breviario de las Galias aparece con oficio común de vírgenes, en 1640. En las capuchinas de Colonia se conserva una cabeza suya, junto a la de una tal Santa Serafia. Bolonia conserva otras supuestas reliquias. No está claro desde cuando la adoptaron los carmelitas como santa propia, ¿tal vez al organizarse como Orden, dotarse de Regla e historia propios?. Como sea, no tuvo mucho culto, aunque sí bastante iconografía. Fue carmelita hasta la reforma conciliar, cuando eliminaron varios santos de su calendario. De su rezo en la Orden da testimonio la Santa Madre, que en una carta del 4 de junio de 1578 a la M. María de San José, tratando de una enferma caprichosa y difícil, le dice:
"Advierta en esto que ahora le diré, que lo menos que pudiere ser Vuestra Reverencia la vea, porque para ese mal de corazón es tan dañoso, que le podría venir a mucho mal, y mire que se lo mando; sino escoja dos de las que más corazón tuvieren, que tengan cuenta con ella, y las demás no hay para qué la ver casi nunca, ni dejen de andar alegres, ni se estén afligiendo, sino como si tuviesen otra enferma; y, en parte, a ella hay que haber menos lástima, porque las que están ansí no sienten el mal como las que tienen otros males. Estos días leíamos aquí de un monasterio de nuestra Orden, adonde era monja Santa Eufrasia, y tenían en él ansí una como esa hermana, y sola a la Santa se sujetaba, y, en fin, la sanó. Quizá habrá alguna a quien tema allá. Si en estos monesterios no hubiese trabajos de poca salud, sería cielo en la tierra, y no habría en qué merecer".

Fuentes:
-“Glorias del Carmelo”. Tomo III. P. JOSÉ ANDRÉS. S.I. Palma, 1860.
 -“Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen”. FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678.
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916. 


A 13 de marzo además se recuerda a:





Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...