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lunes, 7 de junio de 2021

De una vida que fue puro portento.

San Colman de Dromore, obispo. 7 de junio.

De él se cuentan numerosos milagros, que parecen recogidos de otros santos llamados también Colman. Aunque estos a su vez podrían ser desdoblamientos de un único santo. No se puede pretender a más de mil años de distancia, poner en claro algo así.

Su “historia” comienza antes de su nacimiento, según su leyenda. Cuéntase que San Patricio (17 de marzo), yendo de Armagh a Saul, recibió la oferta de un obispo de pernoctar en su casa, mas el santo apóstol lo rechazó diciéndole: "No es este lugar para mi, pero, después de sesenta años, nacerá una estrella que fundará su monasterio en este lugar”. Y señalando un valle anejo, continuó: “Allí, esta mañana, mientras cantaba la misa, vi por la ventana de la iglesia una gran multitud de ángeles reunidos".

Nació, según la mayoría de hagiógrafos, a inicios del siglo VI. Fue bautizado por un obispo que era tío suyo, también llamado Colman. Y el milagro no faltó en el bautismo: no había agua, y Dios hizo brotar una fuente milagrosa, la cual fue luego fuente de numerosas curaciones por intercesión del santo. Otra leyenda de la niñez, repetida en otros santos, narra que mientras cuidaba las vacas de sus padres, un lobo se comió una de las terneras. El niño buscó al animal, pero no halló más que la piel roída y los huesos desparramados. Metió estos en la piel y haciendo la señal de la cruz, la carne y tejidos se llenaron de vida y la ternera resucitó.

Se educó con en el monasterio de Nendrum, bajo la dirección del abad San Caylan (3 de septiembre). Compañero suyo habría sido San Mochaoi (23 de junio). Fue un discípulo aventajado y muy pronto aprendió las Reglas y costumbres del monasterio, aventajando a todos los demás monjes. Preguntó un día al abad que más podría hacer para ser santo, y Caylan le envió a quitar una piedra enorme que había en un camino que los monjes usaban. Colman, que no podía con la roca, trazó sobre ella la señal de la cruz, y la piedra rodó por sí misma a un lado. Aún puede venerarse en uno de los tantos sitios en los que San Colman tiene culto en Irlanda.

Visitó nuestro santo a San Ailbhe de Emly (12 de septiembre), de quien aprendió las Sagradas Escrituras. Luego, con su tío Colman aprendió la enseñanza de los Padres de la Iglesia y la Teología. Con toda esta formación, quiso fundar su propio monasterio y, por revelación divina, llegó al valle de Dromore, en Cobá, el mismo valle señalado casi 100 años antes por San Patricio. Se dice que escribió un Regla para los cientos de monjes que tuvo bajo su cayado en poco tiempo. Todos eran muy observantes, caritativos y disciplinados.

De su etapa de abad, también se cuentan milagros, como que su breviario cayó al agua y flotó hasta la orilla sin mojarse, o que devolvió a la vida a una pobre mujer decapitada por unos ladrones. O en otra ocasión en la que predicaba, aparecieron unos juglares paganos, que comenzaron a burlarse del santo. Le pedían insistentemente que hiciera milagros para divertirse y he aquí que la tierra se abrió y se los tragó. Toma diversión.

Visitó el santo Roma por tres veces, y la última de estas ocasiones fue ordenado obispo por el papa San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, elección papal), quien le dio muchas reliquias de los santos mártires. Su episcopado, más allá de lo ficticio de su ordenación por parte del papa, parece fue el primero en la zona de Dromore. Pero curiosamente, no volveremos a hallar otro obispo en la zona hasta el siglo X. La leyenda cuenta aquí, de modo estrafalario, que, al volver a Irlanda, pasó por Gales, y esa noche nació el hijo de los reyes, pero nació muerto, y Colman lo resucitó al tocarle con unas reliquias de las que portaba. Ese niño sería San David de Gales (1 de marzo), pero la leyenda propia de este santo no dice nada de eso.

Pero aún no lo hemos visto todo. Colman era tan casto que jamás miraba a mujer alguna. Y tanto que en una ocasión en que su madre fue al monasterio a verle y Colman le mandó decir: "Que elija entre verme de lejos, o hablarme sin verme". La madre respondió: "Prefiero hablarle sobre asuntos relacionados con el bienestar de mi alma". Y se encontraron en lados opuestos de un enorme roble. Pero he aquí que cuando la conversación se elevó a las cosas del cielo, en el tronco del árbol se abrió una abertura, dejando que madre e hijo se vieran.

Colman murió anciano, sobre 610, según quien cuente la historia, pero es una fecha barajada por muchos. Luego de una larga oración y bendecir a sus hermanos, expiró dulcemente. Su culto está extendido en Irlanda y lo estuvo en Escocia, aunque, como dije antes, se le confunde con otros santos llamados Colman.


A 7 de junio además se celebra a

viernes, 28 de mayo de 2021

“Veni Sponsa Christi”

Santa Ubaldesca Taccini, virgen de la Orden de Malta. 28 de mayo y 31 de julio (traslación de las reliquias). 

Nació en una familia de labradores de Calcinaia, Pisa, en 1136. Como nos cuenta su “vita”, fue una niña piadosa y dada a la religión y la penitencia. A los 14 años se le apareció su ángel de la guarda y le dijo: “Ubaldesca, siempre has rogado, y suplicado con rendimiento a mi Dios y tuyo, te manifieste su voluntad para que tomes el estado más conveniente para tu salvación, y más proporcionado a tu vida espiritual; y por tanto, habiendo oído con piedad tus peticiones, me envía desde la Eternidad a decirte, vayas luego a la Ciudad de Pisa, al monasterio de San Juan del Templo, y allí tomes el hábito de la ínclita, y Sagrada religión de San Juan de Jerusalén, y vivas en compañía de aquellas religiosas, para desposarte con Dios por medio de la virtud en que allí te has de ejercitar”. Puso algunos reparos la santa niña, sobre si podría soportar la austeridad del claustro o vivir con santas religiosas. El ángel le confortó diciendole que Dios la sostendría todo el tiempo, además de revelarle que la ciudad la necesitaría, pues por su intercesión se alcanzarían grandes beneficios.

Cuenta la leyenda que sus adres recibieron su decisión con gran alegría e, inmediatamente, dejaron unos panes que estaban cociendo y se pusieron en camino a Pisa para entregarla a Dios. Los vecinos le salían al paso y la saludaban con alegría, le pedían oraciones y se encomendaban a ella, pues sabían de su gran santidad. Igualmente la recibieron entre cánticos las 40 religiosas del monasterio de San Juan, de la Orden Hospitalaria de Malta, el elegido por Dios para Ubaldesca. La noche anterior las monjas habían tenido una aparición de un ángel, que las preparó para recibir a un dechado de virtudes y santidad. La abadesa la tomó de la mano y llevándola al templo, le dio el hábito monástico. Los padres regresaron a su casa, gozosos, pero con alguna tristeza. Pero Dios les confirmó con un portento que habían hecho bien dándole a su hija: al llegar a su casa hallaron que aquellos panes que habían dejado cociendo en el horno no solo no se habían quemado, sino que, además, estaban en su perfecto punto de cocción, como nunca habían estado. Eso dice la leyenda, no yo. 


Mientras, en el monasterio, Ubaldesca crecía en virtudes. Elegía los trabajos más bajos de la casa, estaba pronta a la caridad con las hermanas, sobre todo con las enfermas y mayores, soportando sus impaciencias y quejas. A todas amaba y perdonaba sus faltas, y por todas hacía penitencias, para que crecieran en santidad, olvidándose de pedir por ella misma. Por los pecados del mundo se disciplinaba constantemente, usando un cilicio muy punzante, ayunando y no comiendo más que pan y agua todos los días de su vida, y eso cada tres días, pues los demás, los vivía en ayuno permanente. 


Ejerció el oficio de limosnera del convento, oficio que ella aprovechó para predicar sobre las bondades de seguir a Cristo radicalmente. A muchísimos movió a mejor vida, y a otros inclinó al estado religioso. Muchos maridos trataron mejor a sus mujeres luego de tratar con Ubaldesca y su palabra firme, pero llena de caridad. De las limosnas que conseguía, pareciéndole muchas para unas monjas, daba parte a los pobres, a los que igualmente predicaba de Cristo, y entre quienes se hallaba a gusto, como una pobre más.  


En una de sus salidas, ocurrió este milagro: pasaba por el puente de la Espina, cuando una gran piedra se desprendió de un edificio y le golpeó duramente en la cabeza. Todos pensaron la habría matado, mas Ubaldesca se levantó y continuó camino a su monasterio como si nada. Allí no dejó que la curaran, considerando que, si Cristo no rehuyó de las llagas, ella tampoco debía hacerlo. La llaga fue a más, se llenó de pus y gusanos, oliendo pestilentemente, mas para ella aquello era perfume celestial. Ni los terribles dolores de cabeza que siempre padeció por ello le hizo cambiar de parecer. Solamente la obediencia le habría hecho aceptar ser curada, mas como nunca se lo mandaron, vivió toda su vida con la cabeza abierta y purulenta. 


Otro portento, que ha configurado su iconografía, cuenta que en un Viernes Santo en que volvía al monasterio llevando un cántaro de agua, encontró a unas mujeres que visitaban las iglesias, haciendo las Estaciones. Las piadosas mujeres le pidieron agua, y Ubaldesca se las dio, mas las señoras insistieron en que bendijera el líquido. La santa lo hizo y, al punto, el agua se convirtió en vino. 


Setenta años vivió Ubaldesca, siendo muy conocida y amada en Pisa, por sus milagros y su palabra santificante. Su última enfermedad, de las muchas que padeció, la llevó con harta virtud. Poco antes de su muerte la visitó Dotto, un presbítero de la Orden, quien, admirado por sus virtudes y milagros, pidió a las religiosas le avisasen cuando la santa estuviera en agonía, para presenciar lo que creería sería un momento glorioso. Ubaldesca le respondió: “Padre, no os preocupéis de estar presente a mi muerte, porque no me habéis de ver morir”. Y así fue, ido el padre, Ubaldesca quiso dormir un poco, y las religiosas la dejaron para que descansara. Y del plácido sueño pasó a la muerte, y por esta a la Vida, en soledad y silencio. Fue el 28 de mayo de 1206, Domingo de Trinidad.


Las monjas supieron de su muerte al tener todas ellas una visión en la que una legión angélica descendía del cielo cantando el “Veni Sponsa Christi”, y llevaban consigo al empíreo el alma de Ubaldesca. El cuerpo permaneció expuesto una semana para los funerales, y durante ese tiempo los fieles la veneraron incesantemente, arrancándole numerosos milagros a la que llamaban santa, y con razón. Al cabo de ese tiempo fue sepultada en la iglesia monástica. Entre los milagros que se cuentan está una aparición al padre Dotto, quien lamentaba no haber estado presente en la muerte de la santa. Ubaldesca se le apareció mostrando toda la gloria que Dios le había concedido. Este mismo padre mandó hacer un bello sepulcro para la santa, adonde él mismo trasladó las reliquias, aumentando con ello la devoción del pueblo. En el siglo XVII parte de su cuerpo fue trasladado a Zaragoza, quedando la cabeza en el convento de los Caballeros, en Pisa, y el otro resto en el convento de las monjas, dentro de una imagen relicario. El 31 de julio de 1587 otras reliquias fueron trasladadas a Malta.


Entre los patronatos de Santa Ubaldesca está el de la protección del pan y el vino. Ya contamos dos milagros realizados en vida sobre estos elementos, pero otros muchos se cuenta que ocurrieron al decir sus devotos las palabras “Santa Ubaldesca te guarde”. Como el restablecer el sabor de una cosecha de vino que estaba agrio, convertir un campo de cebada en trigo, preservar viñas del ataque de las plagas, o convertir vino tinto en vino blanco. Además se le invoca contra los rayos, el granizo y las plagas de insectos.



Fuente:
-"Vida milagrosa de la esclarecida Virgen Santa Ubaldesca". JUAN RUIZ LUMBIER. S.O.S.J.J.

A 28 de mayo además se recuerda a:

martes, 14 de agosto de 2018

De un misionero pescador y maldiciente.

San Loevan de Bretaña, monje. 14 de agosto, 14 de octubre y 12 de noviembre.

Fue discípulo de San Pablo Aureliano (12 de marzo) y de San Tugdual de Bretaña (30 de noviembre), a quien acompañó en su misión evangelizadora a Bretaña junto a San Ruellin (28 de febrero), San Kirecg (17 de febrero), San Goneri (18 de julio), San Brioc (17 de diciembre), San Meryn (4 de abril), Santa Libouban (25 de mayo), madre de Goneri, y Santa Meheleu (9 de octubre), una viuda que les atendía. Al llegar a la costa vieron un barco que les esperaba, subieron y aunque no había tripulación comenzaron a navegar hasta llegar a Ker-Morvan, región de Léon. Desembarcaron y el navío despareció. El señor local de Léon, Iona I (primo lejano de Tugdual), les dio unas tierras y Tugdual construyó un pequeño monasterio, donde hoy se encuentra la iglesia de Tre-Pabu.

Su leyenda cuenta que, cuando era ermitaño, un día atrapó dos peces grandes con un solo anzuelo. Le dio pena de los animales, pues era él solo para comer y llevarse los dos peces sería matar uno en vano, por lo cual los devolvió al agua. Pero he aquí que una vez más los dos peces quedaron enganchados en el anzuelo. De nuevo al agua. Y una tercera vez, así que el santo creyó que aquello sería signo de algo. Tomó los peces y se fue a su ermita, y al llegar vio que su hermana Breage estaba de visita con sus dos hijos. Como eran pobres y pocas veces comían bien, de los dos peces no quedaron ni las espinas.

Otra leyenda popular cuenta que un día en que el santo estaba pescando (se le daría bien), una mujer llamada Juana le recriminó lo hiciera siendo domingo. Entonces el santo se vengó jurando que todas las niñas llamadas Juana que fueran bautizadas en su iglesia, ya pública, morirían. Hasta hoy las niñas para las cuales elijan este nombre, son bautizadas en la parroquia vecina, Sennes.

Y una tercera leyenda cuenta que Loevan falleció a causa de que una piedra de granito le cayó en la cabeza mientras construía una portada nueva en su ermita. Dicha piedra aún se señala y la tradición dice que el día que un caballo pase sobre ella con sus alforjas, será signo del fin del mundo.


Fuentes:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 14 de agosto además se celebra a:


Santa Atanasia de
Aegina, abadesa
.
San Eusebio de Roma,
presbítero mártir
.
San Marcelo de Apamea,
obispo y mártir
.





domingo, 8 de julio de 2018

De un altar milagroso y una escuela monástica.

Santa Landrada de Munsterbilsen, fundadora y abadesa. 8 de julio y 5 de marzo, Invención y Traslación de las reliquias.

Nació en el siglo VII, en una familia de nobles francos. Vino al mundo luego de años de esterilidad del matrimonio, por lo cual fue muy amada y en ella se pusieron todas las esperanzas. Sin embargo, a los 10 años Landrada hizo un voto de virginidad y se retiró a una habitación estrecha al fondo del castillo familiar, donde comenzó una vida muy austera. Se disciplinaba y ayunaba, oraba tenía largos ratos de meditación.

Cuando se hizo una joven dejó su casa para irse a la soledad de un bosque donde continuó su vida. Aprendió el salterio de memoria, y todos los días entonaba los salmos, con voz angelical, dice la leyenda, mientras permanecía de rodillas. En la piedra donde se arrodillaba para sus devociones los ángeles trazaron un día la señal de la cruz, lo cual tomó Landrada como señal para edificar allí una iglesia allí para Nuestra Señora. Ella misma comenzó a marcar el terreno, desbrozarlo y levantó las primeras paredes. Pronto tuvo la ayuda de los devotos de la zona, que la apreciaban mucho y le prestaron piadosamente su ayuda. Cuando la iglesia estuvo terminada, fue consagrada por San Lamberto de Maastricht (17 de septiembre), quien dedicó el altar, hecho con la piedra antes mencionada. Luego, Landrada fundó un recinto monástico para la educación de las niñas, siendo un monasterio muy famoso. Bajo su mirada se educó Santa Amalberga (10 de julio).

Sobre 691, cuando Landrada estaba para morir, se tendió sobre una pala de panadería y allí san Lamberto le dio los últimos sacramentos. Luego la sepultó en el monasterio de Wintershoven, aunque esto último es extraño, más bien ha de tratarse de que sus reliquias se trasladaron allí en algún momento. El 5 de marzo de 908 fueron halladas sus reliquias por San Floribert de Lieja (27 de abril), quien las trasladó junto con las reliquias de San Landoand (19 de marzo) y sus compañeros a la abadía de San Bavon de Gante (1 de octubre).

Fuente:
-"Año cristiano o Exercicios devotos para todos los días del año". Julio. R.P. JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. S.J. Madrid, 1819.
-"Vidas de los Santos". Tomo VII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.


A 8 de julio además se celebra a:


Santos Kilian, Colman
y Totnan, mártires
.
Santa Sunniva,
virgen y mártir
.
Santa Morwenna,
virgen
.






miércoles, 10 de enero de 2018

Del único papa "Taumaturgo".

San Agatón, papa. 10 de enero.

Agatón con el hábito benedictino.
Abadía de Montecassino.
Sus padres eran de origen griego, aunque él nació en Sicilia a inicios del siglo VII. Era de carácter dócil, amante del saber y de la oración, por lo cual muy pronto se inclinó a la vida religiosa, tomando el hábito benedictino en el monasterio de San Juan, en Palermo, que había sido fundado por San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre, ordenación episcopal). La leyenda dice que durante tres años llevó una piedra en la boca para obligarse a guardar el silencio y recogimiento monásticos. Fue ordenado diácono, luego fue elegido abad y el papa Dono le nombró tesorero de la iglesia de Roma. 

En 678, cuando este papa falleció, Agatón fue elegido para sucederle, a pesar de tener más de 100 años. Fue enérgico en su condena del monotelismo, para lo cual convocó el Sínodo Lateranense y en 681 envió una delegación al III Concilio de Constantinopla, donde igualmente se condenó esta herejía. En ambos eventos se sirvió de la inestimable ayuda de San Barbato de Benevento (19 de febrero). De Agatón conocemos estas palabras, escritas al emperador Constantino IV: "Todo el mundo cristiano considera a la iglesia de Roma como la madre y maestra de todas los demás. Ella obtiene su posición de San Pedro, el príncipe de los apóstoles; Jesucristo le confió la guarda del rebaño con la promesa de que su fe nunca sería revocada". Fue también el primer papa que se negó a pagar el "tributo" que la Iglesia debía pagar al emperador por su confirmación del papa.

Fue Agatón un gran defensor de San Wilfrith de York (24 de abril y 12 de octubre, traslación de las reliquias) cuando este fue despojado de su sede por el rey Alhfrith de acuerdo con San Teodoro de Canterbury (19 de septiembre), poniendo a San Bosa (9 de marzo) en su lugar. Agatón le acogió y confirmó en su sede. Y cuando Wilfrith regresó a Inglaterra, Agatón le apoyó en la romanización de la liturgia, enviando numerosos monjes para que difundieran el canto gregoriano y celebrasen la liturgia al estilo de Roma. Sobre este asunto también tuvo Agatón encuentros con San Benito Biscop (12 de enero) y San Ceolfrid (25 de septiembre). Esto trajo numerosos enfrentamientos entre la iglesia de Roma y las locales de los que ya hemos leído en otras vidas de santos prelados anglos.

Agatón subió al empíreo entre 681 y 683. Fue sucedido por San León II (3 de julio). Curiosamente, es el único papa al que se le ha dado el apelativo de "Taumaturgo", o sea obrador de maravillas, o milagroso.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.

San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.
  
San Calixto I. 14 de octubre.    
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Gelasio I. 21 de noviembre.

San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.
Beato Benedicto XII. 25 de abril.


A 10 de enero además se celebra a
San Gonzalo de Amarante, religioso dominico.
Beato Gregorio X, papa.



viernes, 12 de junio de 2015

San Odulf, el apóstol de los frisones.

San Odulf de Utrech, presbítero. 12 de junio.

Nació este santo presbítero en Oorschot, Brabante, en el siglo IX. Desde niño destacó por su piedad y su amor a las letras. Sus padres le enviaron a la colegiata de Utrecht para cultivar las inclinaciones intelectuales que veían en el niño. La leyenda dice que habría querido ser monje en este mismo monasterio, de Regla benedictina, pero sus padres prefirieron no separarse de él y se las arreglaron para que fuera párroco en una iglesia de su propiedad, en su ciudad natal, pero a la muerte de estos distribuyó sus bienes entre los pobres, renunció al beneficio eclesiástico y volvió al monasterio. Pero el hecho de hacerle benedictino es una confusión, pues nunca profesó esta Regla y los bollandistas lo dejan claro, pues ni siquiera hubo benedictinos en dicha colegiata hasta mucho después.

El obispo, San Federico de Utrecht (18 de julio) le envió a misionar a los frisones, tierra de gente áspera, donde se mezclaban el antiguo paganismo y algunas herejías que renacían. Asentó su “sede” en Stavoren, desde donde les convirtió poco a poco, a base de una incansable predicación y especialmente los buenos ejemplos de caridad (se le suele representar con un tazón de comida; la que daba a los pobres) y algunos milagros. El más conocido y que se suele representar en su iconografía, cuenta que en una ocasión mientras predicaba, una enorme piedra que había junto a la iglesia de Stavoren se dejó llevar por el mar, como si fuera una piedrecilla. Entonces, predijo a los frisones que su fe cristiana sería desterrada, pero al igual que aquella piedra un día volvería a su sitio, la fe regresaría. Efectivamente, con la invasión normanda la fe quedó en mínimos, para florecer siglos después. Y allí está la piedra, que subió del mar, nuevamente junto a la iglesia. Aquí fundó un monasterio de canónigos regulares de San Agustín, que también le tienen como santo propio.  

Odulf regresó a Utrecht ya anciano, en 855 (865 según Ruinart), para descansar y morir, ese mismo año. Se le atribuye una perturbadora obra sobre los tipos de demonios (íncubos, súcubos, etc.) y sus efectos en las almas, que en realidad es un apócrifo posterior, con tintes esotéricos.


El ángel le conmina ir a Utrecht.
Vidriera del siglo XX.
Iglesia de San Odulf, Borgloon.
De su relación con San Federico se cuenta que un día de Pascua un ángel se le apareció y le conminó a viajar a Utrecht, donde el santo obispo se preparaba para celebrar los oficios a pesar de estar en pecado mortal. Tomó un barco que atravesó el mar a gran velocidad, llegando a tiempo a la catedral para reprender al obispo, confesarle y celebrar el culto en su lugar. Mientras Federico se retiró a hacer penitencia durante 10 años, tiempo en que Odulf le sucedió como obispo, para regresar a Stavoren cuando el obispo volvió a su sede. Absurdo, no en balde los bollandistas fueron muy críticos con su leyenda.

En 1034 el obispo de Londres compró en un mercado un relicario con unas supuestas reliquias de San Odulf, que vendió al abad de Evesham, en cuya abadía se colocaron solemnemente después de “haber sido rescatadas luego de la invasión normanda a Stavoren en el año 1000, cuando fueron robadas”, lo cual es solo una leyenda inventada, porque consta que Odulf fue enterrado en la hoy desaparecida iglesia del Salvador de Utrecht. Las peregrinaciones comenzaron, y la devoción al santo alcanzó cotas altísimas, convirtiéndose en uno de los santos holandeses más populares. Su memoria era fiesta nacional, y día de mercado y ferias. Algunos de sus atributos iconográficos, además del tazón antes dicho, es la manzana, pues la leyenda dice que los profesores le compensaban sus esfuerzos con una de estas frutas, y que él regalaba a los más pobres. Este atributo le ha hecho patrono de las huertas y cosechas de manzanas.

Fuentes:
-“Colección de Santos Mártires, confesores, y varones venerables del clero”. Tomo II. FERNANDO RAMÍREZ DE LUQUE. Madrid, 1805.
-“Acta Sanctorum. Junio. Tomo III".


A 12 de junio además se celebra a
San Onofre, eremita.
Beata Brígida de Holanda, dominica
Santa Cunera de Rehen, virgen y mártir

miércoles, 13 de marzo de 2013

Santa Eufrasia, la de la piedra


Pregunta: que me puedes decir sobre Santa Eufrasia. Mi madre se llama así. España.

Respuesta: Pues algo te puedo decir.  Y para ello, abrimos de nuevo el fiel colaborador del blog, el libro "Flores del Carmelo", de Fr. José de Santa Teresa:

Santa Eufrasia, virgen carmelita. 13 de marzo y 25 de julio (Iglesia Griega).

Eufrasia vivió en el siglo V, y era hija, según la leyenda, del gobernador de Licia, Antígono, y de su esposa, Eufrasia. Al nacer la niña, los padres se dijeron "ya que Dios no ha concedido una heredera, contentémonos con ella y vivamos en castidad, dedicados a las cosas de Dios". Y así fue, aunque Antígono murió justo al año. Al cumplir Eufrasia cinco años, el emperador San Teodosio I (17 de enero), que había tomado a la viuda y la niña bajo su protección, decidió ajustar un matrimonio ventajoso para ella en el futuro. Eligió para ello al hijo de un rico senador romano, la prometió y decidió se celebrase el matrimonio en cuanto Eufrasia (la niña) tuviera edad suficiente. Pero como sería esperar muchos años, el senador prefirió casarse con la madre, total, era guapa y también se haría con sus posesiones. Eufrasia (la madre) se negó rotundamente, incluso cuando la emperatriz se lo ordenó. Así que decidió retirarse a Egipto, donde conoció a eremitas y monjes de la Tebaida. Allí comenzó a visitar el monasterio de Santa María, fundado por San Cirilo de Alejandría (27 de junio) y Santa Sara (13 de julio) en 432, donde hizo amistad con las monjas, las beneficiaba y las socorría, y estas se prendaron de Eufrasia (la niña). Quiso Eufrasia (la madre), donar todos sus bienes a las monjas, pero estas se negaron, aduciendo que ya lo habían abandonado todo y que los bienes materiales serían precisamente los que harían que esa austeridad y santidad del monasterio se perdiesen para siempre. Aunque para no desairarla, aceptó una renta de aceite para las lámparas e incienso para el culto.

Un día, Sara, la abadesa, le preguntó en juego a la niña si la quería más que a su madre, tanto como para irse a vivir con ellas, a lo que Eufrasia respondió, muy en serio: "Yo sí, si no creyera que fuera a llorar mi madre. Y también está mi esposo que me espera". Le dijo Sara "¿que es lo que más amas, a tu esposo o a tus hermanitas?”. Eufrasia le dijo “nunca he visto a mi marido, ni mi marido nunca me ha visto, poco no podemos amar, por tanto. Pero yo te quiero mucho hermana, porque te conozco”. “Oh”, dijo Sara, y añadió: "te quiero mucho, Eufrasia, pero amo a Jesucristo por encima de todo”. A lo que Eufrasia contestó: "yo también te quiero mucho, pero amo a más a Jesucristo”.


Eufrasia (la madre) oía la conversación enternecida, pero aún así, pretendió llevarse a la niña, para que cmpliera su promesa de desposorio, convencida de que era un capricho infantil quedarse allí y que se cansaría pronto de la vida del claustro. Le dijeron que debía ayunar, vivir muy austeramente, aprender el Salterio de memoria y dormir en el duro suelo, pero Eufrasia (la niña), a pesar de las dificultades, dijo que estaba lista para todo ello y que no quería partir. La abadesa dijo a la madre, "deja a la niña con nosotras, porque la gracia de Dios está obrando en su corazón”. La madre, poniendo a la niña ante un Cristo, dijo llorando: "¡Señor Jesucristo, recibe esta niña bajo tu protección, ya que sólo te desea a ti”!. Y luego bendijo a la niña, diciéndole: "Que el Señor, que hizo las montañas tan fuertes que no se pueden mover, te confirme en su santo temor". Al irse, iba llorando y las monjas con ella. A los pocos días Eufrasia fue llevada a la capilla, se le impuso el hábito religioso, y su madre, al ver que estaba feliz, dejó de llorar y se alegró con ella.

Pasaron los años, Eufrasia (la madre) murió y… el emperador escribió a Eufrasia (la niña, que ya tenía 12 años) instándola a que volviera a Constantinopla a casarse su prometido. Ella era de sangre imperial, y el emperador consideraba que, tras la muerte de su madre, la herencia de Eufrasia, debía ser suya. Ella le escribió una carta donde le imploraba le permitiera seguir su vocación, y que dispusiera sus bienes en beneficio de los pobres. Teodosio, convencido de su vocación, la dejó en paz y disolvió su compromiso.

En plena adolescencia comenzó para ella otra lucha, la de las tentaciones: en plena juventud, comenzó a ser tentada con la vida opulenta que podría llevar, siendo noble, con los banquetes y halagos masculinos que podría recibir. Para desviar la atención, y probar su obediencia, la abadesa Sara le ordenó que moviera un gran montón de piedras, y las llevara a la cima de una colina, a cierta distancia (la piedra es su atributo característico). Eufrasia obedeció alegremente, moviendo las piedras hasta el lugar indicado. Al terminar, lo comunicó a la abadesa, que le dijo: "Tráelas todas de nuevo”. Y Eufrasia obedeció. Al día siguiente le dijo la abadesa "he cambiado de opinión, lleva las piedras de nuevo a la cima del montículo”. Y así, treinta días seguidos, pero Eufrasia siempre obedeció con alegría. Fue enviada a la cocina, a cortar la leña para el fuego, a cocer el pan y los alimentos. Aunque por estas duras tareas estaba exenta de asistir a los oficios de medianoche, nunca dejó de ir al coro con las demás. A los veinte años, y a pesar de tanto trabajo y ayuno, era más alta y bella de las otras hermanas. Por esto era envidiada por otra monja, llamada Germana, que, rumoreaba contra ella, de ser una estafadora, que solo pretendía ganarse a las demás para ser abadesa. Enterada Eufrasia, se postró ante ella dándole gracias por reconocer su soberbia e intentar enmendarla. Enterada Sara, quiso echar a Germana por mentirosa, pero Eufrasia pidió no lo hiciera, e incluso le pidió fuera su compañera en las labores.

El demonio la tentaba constantemente con el trabajo y el ayuno, pero siempre salía victoriosa. En una ocasión llegó a herirla con un hacha, mientras cortaba leña, y otra vez hizo se clavara un palo en la frente mientras trabajaba. Una tercera vez volcó sobre su rostro la olla donde hacía la sopa de hierbas de las monjas, pero no sufrió quemaduras. En ningún caso dejó el oficio para ser socorrida, sino luego de terminarlo. Dios la favoreció con el don de hacer milagros, y echar malos espíritus. Sanó muchos enfermos y poseídos: como a un niño que no podía andar. especialmente fue paciente y caritativa en sanar a una monja enferma y endemoniada, que le hacía la vida imposible, la calumniaba y ofendía, pero la santa con caridad e invocando el nombre de Cristo, la sanó y libró del demonio. 

Cumplió Eufrasia treinta años y Sara tuvo una visión: Dos religiosos llegaron al monasterio y le pedían dejase ir con ellos a Eufrasia. Se negaba la abadesa, pero ellos tomaban de la mano a Eufrasia, y al llegar a una puerta, esta se abrió dejando ver el paraíso, a Cristo glorioso, que tomaba a Eufrasia por esposa. Así que entendió Sara, que Dios llamaba a su hija junto a Él. A los 9 días no pudo contener más y se lo contó a Eufrasia. Esta le imploró a la abadesa le ordenase no morir aún, sino le diera un año para hacer penitencia por sus pecados, pero esta le contó el premio que le esperaba y que ya estaba dispuesta su alma. Casi de inmediato enfermó de fiebres Eufrasia y cuando estaba a punto de morir, otra monja que le quería mucho, Santa Julia (17 de marzo), le pidió ser su compañera en el cielo, como lo habían sido en la tierra, y Eufrasia le reveló que la seguiría en breve. Fue enterrada Eufrasia junto a su madre. Y efectivamente, Julia lloró tres días sobre su tumba y al tercer día murió, siendo enterrada junto a Eufrasia. 30 años después, Sara se sintió morir y supo que era Eufrasia, que la llamaba junto a Dios, al cielo. Fue enterrada en el mismo nicho que Eufrasia y Julia.

San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan Crisóstomo, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal) cita una vida suya, escrita en griego antiguo. San Juan Damasceno (4 de diciembre y 7 de mayo) trata de ella en su “Lección sobre las imágenes”. Luego del siglo VII se escribieron otras vidas, muy adornadas y más llenas de alabanzas que de hechos históricos. En la Biblioteca vaticana se encuentra un manuscrito del siglo VIII en griego, que parece ser el más antiguo conservado y que recogen los bolandistas, aunque sin darle crédito alguno como veraz


En el Breviario de las Galias aparece con oficio común de vírgenes, en 1640. En las capuchinas de Colonia se conserva una cabeza suya, junto a la de una tal Santa Serafia. Bolonia conserva otras supuestas reliquias. No está claro desde cuando la adoptaron los carmelitas como santa propia, ¿tal vez al organizarse como Orden, dotarse de Regla e historia propios?. Como sea, no tuvo mucho culto, aunque sí bastante iconografía. Fue carmelita hasta la reforma conciliar, cuando eliminaron varios santos de su calendario. De su rezo en la Orden da testimonio la Santa Madre, que en una carta del 4 de junio de 1578 a la M. María de San José, tratando de una enferma caprichosa y difícil, le dice:
"Advierta en esto que ahora le diré, que lo menos que pudiere ser Vuestra Reverencia la vea, porque para ese mal de corazón es tan dañoso, que le podría venir a mucho mal, y mire que se lo mando; sino escoja dos de las que más corazón tuvieren, que tengan cuenta con ella, y las demás no hay para qué la ver casi nunca, ni dejen de andar alegres, ni se estén afligiendo, sino como si tuviesen otra enferma; y, en parte, a ella hay que haber menos lástima, porque las que están ansí no sienten el mal como las que tienen otros males. Estos días leíamos aquí de un monasterio de nuestra Orden, adonde era monja Santa Eufrasia, y tenían en él ansí una como esa hermana, y sola a la Santa se sujetaba, y, en fin, la sanó. Quizá habrá alguna a quien tema allá. Si en estos monesterios no hubiese trabajos de poca salud, sería cielo en la tierra, y no habría en qué merecer".

Fuentes:
-“Glorias del Carmelo”. Tomo III. P. JOSÉ ANDRÉS. S.I. Palma, 1860.
 -“Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen”. FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678.
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916. 


A 13 de marzo además se recuerda a:





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