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lunes, 14 de agosto de 2017

Asaeteado, y bien asaeteado.

San Marcelo de Apamea, obispo y mártir. 14 de agosto.

Restos de un templo romano en Apamea.
Su historia nos es dada por Teodoreto y Sozomeno, en sus adiciones a la "Historia Eclesiástica". Se enmarca en el reinado de San Teodosio I (17 de enero), el cual publicó un edicto según el cual todos los templos paganos debían ser destruidos. El Edicto además prohibía todos los sacrificios paganos y así establecía una multa para todos aquellos funcionarios públicos que entraran a los templos que aún estuvieran en pie. Y la cosa llegaría a más, pues en 392 se implementaría la pena de muerte y la confiscación de los bienes para todos aquellos que practicaran la idolatría y los sacrificios de animales. Lamentablemente, el tiempo de persecución había hecho mucha mella en los cristianos como para que se abstuvieran de destruir los templos paganos, vestigio de la época de tormentos y persecusiones. El amor por el arte, y la belleza como parte del culto cristiano tardarían en llegar, lamentablemente. Por todo el imperio se comenzó una progresiva destrucción de edificios sagrados, algunos espectaculares y otros mediocres.

Cuando Teodosio publicó su edicto contra la idolatría, el obispo de Apamea de Siria, era nuestro Marcelo. El prefecto imperial de Oriente se dirigió a Apamea, para hacer cumplir las órdenes del emperador, llevando consigo un cuerpo de soldados. El prefecto estaba decidido a demoler el gran templo de Júpiter, cuyas ruinas aún dejan ver su singular belleza. Pero le fue imposible hacerlo, debido a la firmeza y la solidez de la estructura. Los arietes y las bolas de plomo no podían contra el edificio. Casi desistía, cuando al día siguiente apareció un hombre que se comprometía a demoler él solo el templo, pero debían pagarle el doble, como si fueran dos trabajadores. El obispo Marcelo se comprometió a pagar la suma. Según Zosomeno, que lamenta la destrucción, el hombre cavó alrededor de 3 de las 16 columnas del templo, e incendió la estructura de madera que rodeaba la argamasa que sostenía los pilares. La argamasa recalentada se desmoronó y con ello cayeron las 3 columnas, arrastrando tras de sí otras partes del templo.

Luego de este templo, Marcelo la emprendió contra un templo que había en Aulone, un distrito de Apamea. Pero los habitantes del lugar, fueran paganos o simplemente no querían se destruyera el edificio, se enfrentaron con flechas con los soldados que llevaba el obispo. Este se hallaba en una zona apartada, fuera de la refriega, pero fue visto por los defensores del templo, que se precipitaron sobre él y, luego de asaetearlo, le quemaron vivo. Los agresores fueron aprendidos y los hijos de Marcelo pretendían vengarse, pero el prefecto lo impidió, alegando que era un mártir y como tal sus parientes debían alegrarse a causa de su muerte y victoria.

El martirologio romano no recoge su memoria, y me alegro, pues destruir arte sacro, sea de quien sea, es un horror y una barbaridad. La Iglesia Copta y la Griega celebran su memoria a día de hoy.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 14 de agosto además se celebra a
Santa Atanasia de Aegina, abadesa.
San Eusebio de Roma, presbítero mártir.

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