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martes, 6 de abril de 2021

Se preocupó por la ortodoxia de la fe.

San Celestino I, papa. 6 de abril y 27 de julio.

Era natural de Campania. De su vida anterior al papado se sabe poco, pero se supone haya sido un presbítero lo suficientemente conocido para que en el año 422, fuera elegido Papa como sucesor de San Bonifacio I (25 de octubre). Vivió en época de expansión de varias herejías, como la de Pelagio, y la peor de todas, la de Nestorio, patriarca de Constantinopla. Fue Celestino ferviente defensor de San Agustín (24 de abril y 28 de agosto), medió entre Nestorio y San Cirilo de Alejandría (27 de junio), condenando finalmente la herejía del primero en el concilio de Éfeso "con lágrimas en los ojos y el corazón contrito", al ver como Nestorio se excluía a si mismo de la fe católica.

No le fue fácil a Celestino el papado, y no por causas ajenas a la Iglesia, sino internas. Divisiones, distensiones y falta de autoridad, habían creado un clima de relajación en la Iglesia. Obispos que se tomaban libertades litúrgicas y pastorales, clérigos que se enriquecían sin escrúpulos, abandono del ardor apostólico. Preocupado por esta situación de la Iglesia, organizó misiones y envió prelados a diversos sitios, para que metieran en cintura a las iglesias locales. En 430 acogió a San Bricio de Tours (13 de noviembre), cuando este fue calumniado en su sede y ese mismo año ordenó obispo a San Petronio de Bolonia (4 de octubre). En 431 envió a San Germán de Auxerre (31 de julio) a Inglaterra y a San Paladio (7 de julio) a Escocia. En 432 envió a San Patricio (17 de marzo) a Irlanda a predicar el evangelio.

Murió a 27 de julio de 432, luego de una vida santa y preocupada por la ortodoxia de la fe y la santidad de la Iglesia. Fue sepultado en el cementerio de San Silvestre, Roma. Le sucedió San Sixto III (28 de marzo).


Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.

San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.
  
San Calixto I. 14 de octubre.    
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Gelasio I. 21 de noviembre.

San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.

San Agatón. 10 de enero.
Beato Benedicto XII. 25 de abril.


A 6 de abril además se celebra a






 

viernes, 1 de enero de 2021

Agustiniano, sin ser agustino.

San Fulgencio de Ruspe, obispo. 1, 3 (Órdenes Agustinas) y 16 de enero.  

Nació en 468 en la ciudad africana de Telepte, y se llamó Claudio Gordiano Fulgencio. Su padre fue un patricio que se llamaba Claudio y que murió cuando Fulgencio era pequeño. Su madre, una noble llamada Maliana, le buscó los mejores preceptores del momento, que le formaron en las ciencias, las letras y la piedad.  
Siendo ya un joven se cautivó con la lectura de las obras de San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental) y comenzó a desear la vida monástica. Luego de prepararse para ello, se fue a un monasterio en Túnez, donde era abad su amigo Félix. Este, viendo enseguida sus virtudes, en poco tiempo le puso a cargo de los monjes jóvenes y le consultaba todo. 
A causa de la invasión bárbara los monjes tuvieron que trasladarse a Mauritania, en la actual Marruecos, y Fulgencio obtuvo licencia para visitar a los monjes del desierto egipcio. Sin embargo, no llegó a su destino, pues supo que la herejía arriana campeaba por Egipto y la división en la Iglesia era atroz, por lo cual regresó. De vuelta a Mauritania, un noble local le regaló tierras para que fundase un monasterio, que se llenó en breve de jóvenes fervorosos, que le nombraron abad.  
En 507 le llegó el nombramiento de obispo de Ruspe, en la actual Túnez. La cosa fue así: como el rey vándalo Trasimundo era partidario de los arrianos se reservó para sí, sin discusión alguna, la prerrogativa de la elección de los obispos para así solo elegir obispos fieles al arrianismo y a él mismo. Los obispos católicos, perseguidos, elegían en secreto a los verdaderos obispos en secreto, reunidos o por cartas secretas. Así eligieron a nuestro santo, en lo escondido, quien no pudo negarse, luego de tantos trabajos para elegirle. Se fue a un monasterio de Ruspe y desde allí, como un simple monje, comenzó a gobernar su iglesia local. Y allí volvía siempre que no se le necesitó, para vivir mortificado, en silencio y oración.  
Antes de un año Fulgencio y sesenta obispos africanos fieles a la ortodoxia católica fueron desterrados a Cerdeña por orden de Trasimundo. Algunos monjes le siguieron y fundaron un monasterio en Cagliari, desde donde Fulgencio comenzó una obra apologética y evangelizadora tremenda. Divulgó la doctrina de San Agustín y fue férreo contra el arrianismo. Esto hizo que, aún considerándole su enemigo, Trasimundo le convocara a Cartago para una polémica con obispos arrianos. Fulgencio les dejó a todos evidenciados, desenmascarando la falsedad de su herejía y aún convirtió a algunos. Entonces Trasimundo le envió de vuelta enseguida a Cerdeña. 
En 523 el rey murió y Fulgencio volvió a su sede episcopal, donde continuó su obra de evangelización. En 533 falleció santamente, pobre y humilde como el monje de corazón que siempre había sido. Un año antes había intentado abandonar el gobierno para retirarse a un monasterio en la costa, pero el pueblo le reclamó tanto que volvió a la cátedra. Y de esta al cielo. 

A 1 de enero además se celebra a:
San Oyend, abad.
San Demet, eremita.










  

jueves, 2 de agosto de 2018

Por Cristo y su Iglesia, cualquier sufrimiento.

San Eusebio de Vercelli, obispo. 2 de agosto, 15 y 16 de diciembre.

Eusebio, uno de los prelados más ilustres de su siglo y cuyo ejemplo de apego a la verdadera fe aún es actual. Nació en Cerdeña a finales del siglo III, y su padre fue llevado a Roma como prisionero en 310 durante las persecuciones, muriendo en el camino a causa de los trabajos. La madre se mudó a Roma, llevando consigo al pequeño, quien se dice fue bautizado por el papa San Eusebio (17 de agosto) y ordenado lector tal vez por este mismo papa. Luego fue presbítero en Vercelli, así que su actividad eclesial comenzó ya imperando la paz de San Constantino (21 de mayo), aunque no viviría en paz precisamente, pues su tiempo sería el de la defensa de la fe frente a la herejía.

En 325 el importantísimo Concilio de Nicea estableció el Credo de la Iglesia, condenó la herejía arriana, según la cual Cristo no era Hijo de Dios por consubstancialidad, sino por adopción, siendo su más perfecta criatura, divinizada, pero no Dios. Aun así el arrianismo siguió su andadura y se hizo más fuerte, llegando a triunfar en el Sínodo de Arlés de 353. Hay que decir que su auge se debió en gran parte por la decisión imperial de Constancio de adoptar esta herejía, y no la recta fe, como norma para el Imperio. Quien más padeció por esta causa fue el gran San Atanasio (2 de mayo), quien padeció destierro varias veces.

En este ínterin Eusebio fue nombrado obispo de Vercelli, siendo el primer obispo de la sede y consagrado el 15 de diciembre de 340. Fue el primer obispo de Occidente que unió la vida monástica con la clerical, haciendo que el clero adoptara las reglas y estilos de oración de los monjes del desierto, un ejemplo que luego seguiría San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental). Él mismo Eusebio viviría como monje, según cuenta San Ambrosio de Milán (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal). Lamentablemente es una faceta obviada en su labor pastoral a causa de lo agitado del momento que le tocó vivir, pero daría para mucho estudio el como la vida monástica del desierto influyó en la Iglesia urbanita.

Volviendo al tema del arrianismo: Constancio convocó un concilio en Aquileya, en 354. Propuso a los conciliares un decreto de condena contra Atanasio, que acataron todos los obispos y legados de papa. Todos menos San Paulino de Tréveris (31 de agosto), amigo personal de Atanasio, quien fue desterrado de su sede. El papa Liberio convocó un nuevo concilio en Milán, en 355. Eusebio, al parecer, había pensado no asistir al concilio, pero los prelados le enviaron una carta en la que solicitaban su presencia como garante de la unidad, y, al mismo tiempo, contenía la amenaza velada de ser juzgado. También le escribió el emperador, intentando ganarle para su causa, pero Eusebio no se dejó vencer. Finalmente Eusebio fue a Milán, pero durante diez días se le negó la entrada a las sesiones del concilio, siendo admitido sólo cuando los obispos arrianos pensaron que le tenían ganado para su causa. En el concilio Constancio obligó a los obispos a condenar a Atanasio, a quien se catalogó como hereje y sacrílego.

Eusebio declaró que solo firmaría aquello si los prelados antes firmaban una adhesión al Credo de Nicea. Por supuesto, fue una jugada maestra, pues ello dejó claro que todo el partido que condenaba a Atanasio era arriano y, por tanto, hereje y no podía juzgar a Atanasio. La cosa se puso fea, hubo un motín que llegó hasta el palacio imperial, donde Constancio tomó la palabra y dijo "Yo soy el acusador de Atanasio", dando a entender que estaba por encima de la misma Iglesia para juzgar asuntos de fe. Eusebio y Lucifer protestaron valientemente, defendiendo a Atanasio y recordando que no podía ser juzgado sin poder defenderse. Constancio remitió al juicio de los obispos, pero Eusebio le recordó que eran herejes y no estaban legitimados para juzgar. "Eso va contra el gobierno de la Iglesia", fueron sus palabras. "Mi voluntad es la regla", replicó dijo Constancio, dejando claras su obcecación.

Eusebio es desterrado.
Una vez más Eusebio, junto a San Lucifer de Cagliari (20 de mayo) y San Dionisio de Milán (25 de mayo), declaró al monarca que el imperio no le pertenecía a él sino a Dios, quien podía privarlo de él cuando Él quisiera. Le instaron que no corrompiera la disciplina de la Iglesia introduciendo el elemento de la fuerza secular en sus decisiones. Entonces Constancio desenvainó su espada sobre los audaces prelados, un gesto simbólico que significaba la pena de muerte, aunque era eso, simbólico, pues en el mismo momento la conmutó por el destierro. Si que sufrió un castigo más severo el diácono Hilario, legado del papa Liberio, quien fue azotado en público. Finalmente, todos los obispos acataron la orden imperial, menos San Osio de Córdoba (27 de agosto), San Exuperancio de Tortona (29 de mayo), San Máximo de Nápoles (11 de junio), nuestro Eusebio, Lucifer y Dionisio, y los tres fueron igualmente desterrados. El papa Liberio se negó a aquella injusticia, por lo que también fue perseguido y castigado con el destierro. Y al año siguiente lo padecieron también San Hilario de Poitiers (13 de enero) y San Rodanio de Tolosa (10 de abril).

Eusebio fue enviado a Escitópolis, donde el obispo era Patrofilo, un viejo defensor del arrianismo, quien lo vigilaba constantemente. Allí Eusebio fue bien tratado por algunos monjes y diáconos orientales, quienes le mantenían en comunicación con su iglesia de Vercelli. Esto enfureció a Patrofilo, quien mandó le metieran en una cárcel inmunda, dejándole cuatro días sin comer ni beber, luego le envió a casa de un presbítero arriano, donde estaba encerrado con otros sacerdotes y diáconos sospechosos de no ser arrianos, como era obligatorio. Sin embargo, al tiempo tuvo cierta libertad y visitó los Santos Lugares, siendo hospedado por San José (22 de julio), un judío convertido a la fe cristiana y encomendado por Constantino para la edificación de iglesias en Palestina. Allí Eusebio fue visitado y ayudado por San Epifanio (12 de mayo). De allí Eusebio fue llevado a Capadocia y luego a la Tebaida, al desierto, donde vivió como monje y conoció personalmente a Atanasio, quien también padecía uno de sus muchos destierros. ¡Cuánta alegría debió sentir el santo viejo Atanasio al conocer a su mayor valedor!

En 360 murió Constancio y Juliano subió al trono. Opuesto a las políticas del anterior emperador, decretó que todos los obispos católicos perseguidos y depuestos volvieran a sus sedes. Atanasio entró triunfalmente en Alejandría en 361. Pronto puso manos a la obra: confirmó la fe católica según el Credo de Nicea, convocó una reunión de obispos que habían padecido destierro, y por tanto fieles a la Verdad. Esto no significa que Juliano fuera católico, pues ya sabemos que pretendió volver al paganismo primitivo, y es llamado "El Apóstata", aunque primeramente quiso poner paz en el imperio mediante una política de poner paz en la Iglesia. Así, desterrados los arrianos, Eusebio emprendió el regreso a Vercelli en 362. Aunque primero estuvo en el concilio de Alejandría donde se trató el tema del cisma de Antioquía, causado por una nueva doctrina sobre la Encarnación del Hijo de Dios. San Melecio (12 de febrero), legítimo patriarca, había sido acusado de sabelianismo, una herejía que erraba en su exposición de la fe trinitaria, y desterrado a Melitine. Eusebio zanjó la cuestión afirmando por escrito que "el Hijo de Dios asumió toda nuestra naturaleza, excepto el pecado". 

La cosa podría haberse solucionado, pero se agravó más cuando San Lucifer ordenó obispo a Paulino, el jefe de los eustacianos (partido enfrentado a Melecio), que comenzó a llamarse Patriarca de Antioquía. Para colmo, el emperador Juliano consumó su apostasía y comenzó su persecución a la Iglesia. De los cristianos que padecieron estaban los mártires Santos Bonoso y Maximiano (21 de julio), a quien Melecio acompañó hasta el lugar del martirio. Para no extenderme más en este tema podéis leer este artículoEusebio se lo recriminó públicamente a Lucifer, a pesar de la amistad y los sacrificios en aras de la verdadera fe que les unían. San Lucifer reaccionó mal, enemistándose con Eusebio, rompiendo la comunión con la Iglesia de Alejandría y con todos los que buscaban la paz de la Iglesia. Esta enemistad posteriormente desembocaría en una secta entre el donatismo y el novacianismo, pero no corresponde extenderse sobre ella aquí, sino que ya lo haré cuando escriba de la vida de San Lucifer. 

Las resoluciones del Concilio de Alejandría fueron adoptadas por la gran mayoría de las iglesias, algunas de las cuales visitó Eusebio en persona antes de regresar a Vercelli, para predicar, ejercer diplomacia y abogar por la unidad de toda la Iglesia para poder hacer frente a los desmanes imperiales. En esto tuvo el incondicional y valioso apoyo de San Hilario de Poitiers, un prestigioso prelado al que todos obedecían.

En 364 el nuevo emperador, Valentiniano, llegó a Milán para entrevistarse con Eusebio e Hilario a causa de la condena de estos sobre Auxencio, el obispo, sospechoso de arrianismo. Valentiniano profesaba la recta fe católica, pero ante todo profesaba la "fe" en la estabilidad política, así que cuando Hilario y Eusebio denunciaron sus sospechas sobre que Auxencio no era sincero en su proclamación de fe ortodoxa, este les acusó de ser buscadores de problemas y emperador ordenó a ambos santos abandonar Milán.

Sobre la vuelta de Eusebio a Vercelli solo tenemos el testimonio de San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias), quien dice: "A la vuelta de Eusebio, toda Italia secó sus lágrimas". Una tradición dice que Nuestra Señora de Oropa, una bella y milagrosa imagen de la Madre de Dios fue llevada allí por Eusebio, quien la había traído consigo desde Palestina y la depositó en su primer santuario. Esto es muy probable, pues la devoción mariana en Oriente ya era fuerte en esta época.

Y en este punto, cuando Eusebio quedó en paz para dirigir su sede, perdemos la pista de "vita´". Cuando ya no fue necesario, aparentemente, para la vida de la Iglesia, el silencio cubrió su existir. Ciertamente falleció antes de 374, año en el que se menciona por primera vez en el canon de los santos. Fue sepultado en la basílica-catedral, dedicada luego a San Teonesto (30 de octubre). En ocasiones a Eusebio se le llama mártir, y ciertamente lo fue por todos sus padecimientos a causa de la verdadera fe católica. Hay una leyenda de que murió apedreado por los arrianos, pero no es nada fiable.

Su memoria litúrgica en origen era a 1 de agosto, día de su muerte o entierro, tal vez, pues no consta. El Martirologio Romano posteriormente lo recogía a 15 ó 16 de agosto. Benedicto XIII fijó su memoria a 15 de diciembre, aniversario de su ordenación episcopal. La reforma del calendario de 1979 la fijaron a 2 de agosto hasta hoy.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.
-"Dos Mil años de Santos". Tomo II, Agosto-Diciembre. FRANCISCO PEREZ GONZALEZ. Ediciones Palabra, 2001.
-www.eltestigofiel.org


A 2 de agosto además se celebra a:


Beata Juana de Aza,
viuda.
San Esteban I,
papa y mártir.
Santa Etheldrith,
virgen y eremita.






sábado, 11 de junio de 2016

Gregorio, de Nacianzo a Roma.

La Traslación de San Gregorio Nacianceno. 11 de junio.


San Gregorio Nacianceno.
El cuidado y la veneración de las reliquias en ocasiones suelen verse como elementos ajenos a la fe cristiana, incorporados a la devoción a lo largo de los siglos, sin que forme parte de la tradición apostólica. Nada más lejano de la realidad. Los cuerpos de los Apóstoles ya fueron sepultados con dignidad y veneración. El del protomártir San Esteban igualmente. A los primeros cristianos ya se les ve recogiendo los cuerpos, sangre y paños empapados en esta, de sus mártires. Los sepulcros de los mártires en las catacumbas se convierten en sitios de reunión y veneración. Sobre ellos se celebra el santo Sacrificio del altar. San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias), por ejemplo, las visitaba todos los domingos cuando estaba en Roma. Allí meditaba y oraba. También San Paulino de Nola (22 de junio), narra cómo vio el cuerpo de San Hipólito en el cementerio de Santa Ciríaca, y que allí se decía la misa, y se besaba el sepulcro especialmente cuando se recordaba el "dies Natalis" o sea, el día del nacimiento para el cielo del santo en cuestión.

Además, de otros santos se celebra la "traslación", o sea, que las reliquias se llevaban solemnemente a otro sitio donde eran veneradas públicamente. Hay que diferenciarlas de las peregrinaciones de reliquias, abundantes en otras épocas, defenestradas hace unos años y en auge desde hace unos pocos (peregrinaciones mundiales de Francisco Javier, Juan Pablo II, Teresita, Margarita María de Alacoque, o Juan Bosco). Las causas de una traslación solemne podían ser varias, como donación a una iglesia; devolución de reliquias robadas o trasladadas previamente por peligros de profanación o guerras; o traslado a un nuevo santuario o mausoleo. Las primeras que conocemos datan del siglo IV, llegada la paz de Constantino, cuando se levantan iglesias dedicadas a las memorias de algunos mártires y sus reliquias se trasladan desde las catacumbas hasta sus nuevos emplazamientos. A partir del siglo XI las traslaciones se hacen más frecuentes, algunas relacionadas con sucesos que fuerzan el traslado, como invasiones, destrucción de la iglesia que guarda las reliquias, etc. Pero también se dan a la inversa, y son las más frecuentes, o sea, cuando las reliquias regresan solemnemente a su lugar de origen.

En algunos casos la memoria de la traslación llegó a ser más importante que la memoria del "dies natalis", opacándola o suprimiéndola (San Remigio o San Fermín, ambos en este caso). En otros santos, se tomó como festividad, al ser la única o más antigua referencia de culto que se conocía (San Materno o Santa Rosa de Viterbo). Las órdenes religiosas más importantes celebran, o celebraban, traslaciones de algunos de sus santos. Los dominicos las de Santo Tomás de Aquino el 28 de enero y la de San Pedro Mártir a 4 de junio, los benedictinos la de San Benito a 11 de julio, y los Trinitarios la Traslación San Juan de Mata a 7 de mayo. 

Y hoy nos ocupa la de: 

San Gregorio Nacianceno (1, Iglesia Siria, 2; 19, traslación de las reliquias, 25, traslación de las reliquias y 30, Sinaxys de los Tres Patriarcas, de enero; 9 de mayo; 11 de junio, traslación de las reliquias, y 23 de agosto, Iglesia de Georgia), Doctor y Padre de la Iglesia falleció a finales del siglo IV, cerca de 390, luego de una vida entregada a la Iglesia y a la defensa de la ortodoxia de la fe. Fue enterrado en Nacianzo, su ciudad natal, en la misma casa donde se había retirado para dedicarse a la oración. El 19 de enero de 640 sus reliquias se trasladaron solemnemente a la iglesia y monasterio de Santa Anastasia de Constantinopla, donde las monjas de rito bizantino las veneraron durante siglos. En el siglo VIII, en plena persecución de los herejes iconoclastas, opuestos a la veneración de imágenes y reliquias, algunas monjas de Constantinopla huyeron a Roma con las preciadas reliquias para salvarlas de los ataques de los herejes, alentados por los emperadores León III y Constantino V. Las monjas las depositaron en el monasterio de benedictinas "Santa Maria in Campo Marzio". En tiempos del papa San León III (12 de junio) en una capilla anexa al monasterio, dedicada al santo Doctor. Esta traslación se realizó a 25 de enero de un año incierto, pero siempre después del año 800. La devoción a San Gregorio fue a más con esta traslación, pues en el siglo X hallamos que el monasterio ya es llamado "de Santa María y San Gregorio" en documentos oficiales.

Relicario de San Gregorio Nacianceno.
El 12 de febrero de 1578 el papa Gregorio XIII bendecía la primera capilla de la nueva Basílica de San Pedro, dedicándola a la Santísima Virgen, y quiso dotarla de reliquias insignes. Por ello solicitó a las monjas de Campo Marzio las santas reliquias del eximio Padre de la Iglesia, prometiéndoles dejarles el brazo. Y 3000 ducados de oro, todo sea dicho. El 11 de junio de 1580 se realizó la traslación solemne, a la que acompañaron bendiciones especiales, indulgencias, indultos a presos menores y otros beneficios. Se adornaron las calles con flores, tapices y alfombras. Gregorio XIII acompañado de todos los cardenales, salió al atrio de San Pedro a recibir las reliquias, y descubriéndose la cabeza y descalzándose las besó. Las reliquias fueron depositadas en una urna de bronce y esta metida en un arca de madera forrada de brocado, que se introdujo en el altar de la capilla. Permanecieron sin tocarse durante 426 años hasta 2004, cuando el papa Juan Pablo II mandó abrir el altar y devolver parte de las santas reliquias a Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla. También entregó parte de las reliquias de San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal), que igualmente se veneran en dicha Basílica.


Fuente:
-"Dizionario di erudizione storico-ecclesiastica da S. Pietro sino ai nostri giorno". Volumen X. R.P. GAETANO MORONI. Venecia, 1846.


A 11 de junio además se celebra a 
San Achaz de Torhout, niño. 
Santos Félix y Fortunato, hermanos mártires.

Y además
De la Invención y Traslación de reliquias en la Iglesia.
La Invención de las reliquias de San Esteban.

La Invención de Santiago Apóstol.
La Traslación de Santiago Apóstol.
La Traslación de San Juan de Mata.
La Traslación de San Phantalo
La Traslación de los Reyes Magos

La Traslación de Santa Juana de Lestonnac
La Traslación de Santo Tomás de Aquino
La Traslación de San Mateo Evangelista.
La Traslación de Santa Isabel de Hungría.
La Traslación de Santo Domingo de Guzmán.
La Traslación de San Juan de la Cruz.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...