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domingo, 26 de abril de 2015

San Paschasius, el abad eucarístico

San Paschasius Radbert, abad benedictino. 26 de abril.
  
Imagen que se venera en Corbie
No se conoce mucho de los primeros años de este santo, al que podemos llamar también Pascual o Pascal. Se supone que nació en la década de 790 y quedó huérfano de pequeño, pues a tierna edad se le halla en el monasterio de las benedictinas de Soissons, y según algunas “vitae” fue dejado en la puerta del monasterio siendo un bebé. Allí fue acogido y educado por las monjas, que le querían mucho, en especial la Beata Teodrada (7 de junio), abadesa y hermana de los santos abades de Corbie, San Adelhard (2 de enero) y San Wala (31 de agosto), y de Santa Ida de Herzfeld (4 de septiembre y 26 de noviembre, traslación de las reliquias). 

Cuando el niño creció y ya no era prudente estuviera entre las monjas, Adelhard lo llevó consigo a Corbie, donde le dio el hábito monástico. En 826 muere Adelhard, y Wala le sucede en la dignidad abacial, hasta 836, cuando fallece, para sucederle el abad Ratramn, quien no las tenía todas con nuestro Paschasius, como veremos más adelante. Al fallecer, en 844, nuestro santo sería elegido abad, para renunciar en 854 con la intención de dedicarse mejor a la oración y sus obras teológicas y espirituales. Por problemas entre bandos reformistas y conservadores del monasterio, se fue a la abadía de San Riquier, hasta 865, cuando regresó, muriendo ese mismo año. Fue sepultado en la misma iglesia, donde comenzó a extenderse su fama de santidad y ocurrieron varios milagros. El 12 de julio de 1058 las reliquias serían “elevadas”, o sea, lo que corresponde a una beatificación. Posteriormente serían trasladadas a la iglesia abacial, hoy parroquial, de San Pedro.


Escribió varias obras teológicas y doctrinales, comentarios a las Sagradas Escrituras, y las biografías de San Adelhard y San Wala. Se conserva una interesante También escribió un tratado titulado “De Nativitae Sanctae Mariae”, sobre la naturaleza de la Virgen María y el nacimiento de Jesucristo, en la que aparecen asentadas las bases de la doctrina de la Concepción Inmaculada de María. Pero su obra más importante es “De Corpore et Sanguine Domini”, escrita entre 831 y 833, a instancias de su amigo y abad San Warin (20 de septiembre). Esta obra, que fue escrita para los monjes, es el primer tratado eucarístico occidental que se conoce, pues toda la doctrina sobre el tema que creía y enseñaba la Iglesia hunde sus raíces en Oriente. En ella se defiende la doctrina católica y la unidad entre el Cristo humano y encarnado y el Cristo Eucarístico, como un solo Ser Divino con dos naturalezas inseparables desde la Encarnación del Verbo. Su principal argumento es que en la Última Cena Cristo enseña que el pan y el vino eran su real Cuerpo y Sangre y debía ser tomado literalmente. Solo si es el mismo Cristo, podría la Eucaristía ser algo salvífico para los cristianos, solo así se daría una unión real y efectiva con Jesucristo en la comunión. Una unión física y tangible, no solo espiritual, como sostenía su abad Ratramn, que se inclinaba por una relación basada en la fe en la presencia de Cristo en el Sacramento, por lo que no habría unión si el alma dudaba o no creía en dicha presencia. Su otro gran opositor fue el Beato Hrabanus Maurus (4 de febrero). Carlos el Calvo terció en el asunto, y declaró que en sus dominios se debía creer lo que nuestro Santo enseñaba, como enseñaba la Iglesia.


Esta obra aporta una visión de Dios muy “humana”, pues en ella se habla del cuerpo y figura humana como imagen de Dios, y no solo el alma. Así como Jesucristo es imagen del Padre, encarnación física de Dios en este mundo mediante su Encarnación, los hombres también somos imagen de Dios incluso en la carne. También, aunque cree en la dualidad alma-cuerpo, en su obra el cuerpo físico no es obstáculo para la santidad, sino que de hecho puede ayudar a esta. Aunque es en el alma donde se siembran y desarrollan las virtudes teologales y cardinales, estas se manifiestan por medio del cuerpo y las potencias de memoria, entendimiento y voluntad. El cuerpo no es, por tanto, la cárcel del alma, sino el medio por el que esta se santifica o se pierde, según el caso.



Fuentes:

-“The Catholic Encyclopedia Vol. 11”. New York, 1911.
-https://vatikos.wordpress.com/2013/10/22/first-eucharistic-controversy/
- http://www.documentacatholicaomnia.eu



A 26 de abril además se celebra a 
San Riquier, abad y eremita.
San Cleto, papa.

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