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miércoles, 24 de enero de 2018

Dos versiones y un final.

San Cadoc de Llancarfan, abad, obispo y mártir. 24 de enero y 21 de septiembre. 

San Cadoc.
Iglesia de S. Cornelio, Carnac.
Dos tradiciones tenemos sobre él, mezcladas entre sí y a su vez con diferencias. 

Tradición galesa:
Dice que Cadoc nació en Cornwall y era hijo del rey Gwynllyw y Santa Gladys (29 de marzo), hija de San Brychan (6 de abril). Antes de su nacimiento, un ángel apareció a los esposos y les anunció como debía llamarse el niño, que sería un gran favorecido por Dios. Fue educado por el primo de su padre, San Petroc (4 de junio) y por monjes irlandeses. En 518 fundó el monasterio de Llancarfan, Gales. Esta versión le hace misionero en Bretaña, donde vivió como eremita en Morbihan.

En el monasterio de Lismore estudió las Escrituras y todas las ciencias del momento, luego regresó a Llancarfan, aunque retirado en una ermita. Todos los años visitaba el monasterio para celebrar la Pascua. En sus correrías apostólicas llegó hasta Tierra Santa, donde predicó en varios lugares. En el río Jordán llenó una vasija con agua que luego vaciaría en una fuente junto a la capilla de Padstow. Desde entonces esta fuente fue sitio de curaciones y numerosas milagros se obraron allí, según la leyenda.

Terminó el santo sus días nada menos que como mártir en Benevento, Italia. La cosa fue así: habiendo en dicha ciudad un célebre monasterio cuyo abad había muerto, un ángel llevó hasta allí a nuestro santo volando por los aires, ya que los monjes no se ponían de acuerdo a quien elegir como abad. Al ver el portento, los monjes le eligieron como prelado. La diferencia de idioma no fue un problema, pues Dios le dio don de lenguas a Cadoc, que entendía y se hacía entender perfectamente. Y como dije antes, habría muerto martirizado ante el altar por manos de un tirano local. 

Tradición bretona:
Esta le hace igualmente oriundo de Gales, y cuando heredó el gobierno de manos de su padre, lo abandonó en manos de sus tíos para hacer vida eremítica en Llancarvan. Cuéntase que resucitó a un campesino que había sido asesinado. Otro milagro dice que, yendo a pedir carbón a unos campesinos, estos se burlaron de él diciéndole que solo tenían el que estaba encendido, y que podía tomarlo si le placía. Entonces el santo, encomendándose a Dios, tomó el carbón en sus manos, lo puso en su hábito, y sin quemarse se fue a su ermita dejando burlados a los burlones.

Puente de San Cadoc.
En 518 fundó su monasterio, y junto a este una escuela y un hospital para los enfermos. Al cabo de un tiempo, decidió entonces retirarse más aún a la soledad y se trasladó a Bretaña. En la desembocadura del Etel fundaría un pequeño recinto monástico que luego llevaría su nombre. Una leyenda dice que construyó el primer puente de piedra en Bretaña. La tradición popular cuenta que lo construyó en solo una noche con ayuda del diablo. Este le habría ayudado a cambio de la primera alma que cruzara el puente al estar terminado. Entonces Cadoc cazó un gato y apenas el diablo terminó su faena, lo soltó en el puente, teniendo Satanás que conformarse con el animal. El puente aún existe y junto a él hay una capilla que recuerda esta leyenda. En esta capilla hay un bloque de piedra sobre el cual la leyenda dice que el santo dormía y sobre la cual los sordos ponen sus cabezas esperando hallar la curación.

En esta adaptación igualmente visita Tierra Santa, y además Roma, donde vivió siete años siendo colaborador de los papas. Cuando regresaba a Bretaña pasó por Benevento, ciudad que había quedado sin obispo. La apariencia de nuestro santo era tan digna, que el clero y el pueblo le eligieron por obispo. Sufrió el martirio a manos de una banda de forajidos, mientras celebraba la Santa Misa.


Fuente:
-"Les vies des saints de Bretagne". GUY-ALEXIS LOBINEAU. OSB. Rennes, 1874.


A 24 de enero además se celebra a
San Babilás, obispo y mártir.
Nuestra Señora de la Paz.

jueves, 14 de abril de 2016

San Pedro González "Telmo".

San Pedro González Telmo, dominico. 14 de abril y 27 de abril (traslación de las reliquias).

Nació Pedro González en la bella Frómista, sin que se sepan datos de su familia y orígenes. Se calcula nació entre 1189 y 1193, según la edad de la muerte. La leyenda le pone hijo de padres nobles, cristianos fervorosos y piadosos, emparentados además con Alfonso VIII, pero es solo por rellenar lagunas. Según la leyenda, el santo fue enviado por sus padres a Palencia para estudiar bajo Dn. Raimundo, obispo de esta ciudad, y tío de Alfonso VIII, poniendo la leyenda a Pedro también como sobrino del obispo. Como fuese, lo que sí parece veraz, por otros casos, es que desde niño la familia le destinó a la carrera eclesiástica para colocarle. Ciertamente no está muy claro, pero parece que en realidad estudió sus último años de "Artes Liberales" bajo la protección de Dn. Tello, obispo amante del saber, las artes y el esplendor del culto. Allí fue compañero de estudios del príncipe y futuro rey San Fernando de Castilla (30 de mayo).

Este mismo obispo le nombró canónigo de la catedral, con un pingüe beneficio eclesiástico que le permitía vivir cómodamente. La leyenda le quiere acompañando a su mentor Dn. Tello al IV Concilio de Letrán, en 1215 y conociendo allí al gran Santo Domingo de Guzmán (4 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias; 15 de septiembre, aparición de la imagen de "in Soriano"), aún canónigo de Osma y que igualmente acompañaba a su obispo. También le hace la leyenda estar presente en la batalla de las Navas de Tolosa, alentando a los soldados cristianos con su oración y prédica, basándose en que realmente el obispo Tello fue uno de los caudillos de dicha batalla. Pues entre leyenda e historia, hallamos al canónigo Pedro González que sin llevar una vida escandalosa, era dado a las vanidades del mundo, a los asuntos de este, bastante alejados de los asuntos de Dios. Así que "sin que arrastrase por el fango de los vicios su dignidad sacerdotal (…) fue abandonando las prácticas que mantienen vivo el sentimiento cristiano, (…) permanecía sordo a los llamamientos divinos que continuamente sonaban en sus oídos durante el rezo coral, concediendo al Creador una mínima parte de sus energías".

Conversión radical.
Vamos, que era un sacerdote tibio y que dedicaba al cuidado de su alma solo lo justo para evitar el pecado mortal. Su plan era vivir cómodamente, medrar en la carrera eclesiástica y no buscarse problemas. Pero el plan de Dios era otro, y se lo hizo ver a la manera de Dios, drásticamente: Quedó vacante el deanato de la catedral de Palencia y Dn. Tello movió hilos para que el papa Honorio III confirmara a su preferido para ser el Deán: su "sobrino" Pedro González, a quien Tello nombraba para el cargo con vistas a elegirle en vida como su sucesor en el obispado. Y Pedro, que era hombre apasionado de los caballos y tenía varios para su deleite, lleno de vanidad, quiso demostrar su poderío y personalidad. Mandó ensillar su mejor caballo y el día de Navidad, paseó elegantemente vestido por la ciudad, haciendo que el caballo ejecutase pasos complicados y piruetas, o que tomase gran velocidad en medio de una plaza llena de gente. Que se las gastaba bien el nuevo canónigo, vamos. Y Dios dijo "hasta aquí". Había llovido hacía poco y los barrizales estaban por todas partes de la ciudad, y llegando el flamante Deán a uno de los más sucios y fangosos, al hacer un movimiento complicado con el caballo, este le arrojó al fango en medio de la burla de todos los presentes. Al verse sucio, humillado y burlado de todos los que antes le temían o adulaban, su corazón se mudó del todo. Salió de la plaza llorando, de vergüenza y de penitencia, decepcionado del mundo y de sí mismo, de su gusto por la vanidad y el postureo. Y tal aborrecimiento del mundo le inundó, que decidió abandonarle del todo, para dedicarse por entero a Dios.

Religioso dominico.
Determinado en su conversión, se fue al recién fundado convento dominico de de San Pablo de Palencia, segunda fundación de la Orden de Predicadores en España y que la tradición pone fundado por el mismo santo Padre Domingo. No nos dice la leyenda a que edad entró en religión ni da dato alguno acerca de su noviciado, pero siendo ya presbítero y formado en teología, debió ser corto. Predicación, enseñanza, oración y misiones, era y es la vocación dominica a la que se entregó Pedro de lleno. Precisamente el convento de Palencia tenía un prestigioso colegio para formar a los estudiantes en varias materias. Allí acentuó sus conocimientos, se preparó en retórica y afianzó su formación teológica nuestro santo. Preparado para el trabajo apostólico, comenzó a ejercitar su ministerio en los pequeños pueblos de la comarca.

Poco a poco la fama de sus éxitos fue corriendo por el reino de Castilla, y llegó hasta el rey San Fernando, que por entonces preparaba su primera expedición contra los moros de Andalucía. Buscaba el rey un sacerdote santo y docto con quien dirigirse y confesarse, y halló en Pedro González (su antiguo compañero según la leyenda) a quien buscaba. Así que lo llevó a la expedición conquistadora de Córdoba. No solo al rey dirigió, predicó y confesó, sino que se entregó a combatir la lujuria y desenfrenos de los soldados, que hastiados de las campañas, buscaban en los placeres de la carne un desahogo. Exhortó, amenazó e impuso castigos, pero nada. Así que acudió al rey para hacerle ver su responsabilidad en aquello y que este hiciera valer su autoridad. Algunos, enfadados con el santo, pretendieron hacerle caer en lo mismo que combatía, y contrataron a una ramera, la cual una noche entró a la tienda del santo con  pretexto de confesarse, pero lo que hizo fue declararle su pasión por él. Y además, le conminó a pecar diciéndole que si así no lo hacían, ella inmediatamente moriría. Trató San Pedro González de disuadirla en vano, pero no queriendo que aquella alma se perdiese, tomó carbones encendidos, los extendió sobre su capa, y acostándose encima, invitó a la mujer a que yaciera junto a él. Esta, viendo aquel prodigio, huyó aterrorizada. Y los que lo habían planeado, que miraban desde lo secreto, quedaron confundidos y mudaron de vida.


San Telmo.
Iglesia del Pilar. Valencia.
Apostolado, ejemplos y milagros.
Terminada la campaña, Fray Pedro se lanzó a la evangelización de Castilla, Galicia, Asturias, León, y parte de Portugal. La tradición le hace fundador del convento de Guimaraes, y ser quien dio el hábito a San Gonzalo de Amarante (10 de enero). Además, los conventos de Córdoba, Sevilla y Jerez de la Frontera también le ponen de fundador, pero al menos en el último caso es imposible, pues se fundó 20 años luego de la muerte de Pedro. Se cree fue prior de los conventos de Santiago de Compostela y Rivadavia, donde sí que es cierto que vivió a intervalos, mientras misionaba en Galicia. Compostela fue testigo de un milagro al multiplicar vino, y de otro caso de tentación vencida con ingenio. En Castrillo se afana en la construcción de un puente sobre el río Miño, con la ayuda del rey San Fernando, que envía dinero y manda a autoridades civiles y eclesiásticas que le ayuden en esta labor. Y aquí realizó el portento más repetido en su icnografía: Escaseaban en el Miño los peces, pero cada vez que Fray Pedro y su compañero el Beato Pedro de las Marinas (12 de enero) acudían a la orilla del río, los peces saltaban a sus manos para ser su sustento. Luego pasó a Tuy, donde evangelizó toda aquella región e igualmente construyó un puente sobre el Miño en Ramallosa. En estos años conoció y fue amigo y se valió de la compañía del Beato Miguel González (8 de octubre), del Beato Pedro de las Marinas, que le asistió en su muerte, y de su provincial el Beato Gil de Santarém (16 de mayo).

Los sermones a la usanza escolástica solía citar la Escritura para apoyar lo que predicaba, desentrañando algún pasaje de la Biblia. Se citaban el parecer de los Padres de la Iglesia sobre el tema en cuestión. Y, por supuesto, se predicaba en latín clásico. Pero el predicador popular recurría más, además de la Biblia, a ejemplos de las vidas de santos, a comparaciones con casos cotidianos o hechos de la naturaleza, y sobre todo, predicaba en la lengua del lugar, que, en el caso del castellano y el portugués comienzan a desarrollarse precisamente en esta época. El sermón popular, más que al entendimiento, buscaba la adhesión de la voluntad y el corazón. La predicación del santo religioso al pueblo, según el estilo de la época sería ardorosa, a la par que sencilla, sin palabras complicadas y altos conceptos teológicos. Habiendo predicado en regiones abandonadas España, que adaptarse a la mentalidad de su auditorio. Aunque no se conservan textos suyos, por lo concurrido de sus sermones y las múltiples y sonadas conversiones que logró, puede decirse que eran efectivos y adaptados a su medio.

Además de la predicación era muy activo en el confesionario, dedicando largos ratos al ministerio de la Penitencia. La leyenda cuenta que no le bastaba con confesar a una persona, sino que hacía todo lo posible con reconciliar con Dios a toda la familia y amigos de dicha persona. Una nota característica de su labor apostólica son los milagros con los que Dios quiso probar su complacencia con el santo. Las leyendas cuentan muchísimos, como ya iré poniendo. Tuvo don de conciencias, pues en una ocasión en que iba a Bayona con Pedro de las Marinas y un seglar, se levantaron de la mesa sin probar bocado por ir a confesar a un moribundo. Nuestro santo iba delante, presuroso y separado de los otros dos; al llegar Portella de Arcela, Pedro de las Marinas y el seglar comenzaron a hablar entre ellos del hambre que tenían. Se detuvo el santo, regresó sobre sus pasos y ordenó al hermano de hábito que mirase detrás una roca que allí había. Miró el fraile y halló un mantel limpio y en él dos panes recién horneados, un cuenco de vino y dos vasos. Después que él y el seglar se satisficieron prosiguieron su camino, pero al poco trayecto, la curiosidad les hizo desandar lo andado, y mirando tras la roca, no encontraron nada de lo que habían dejado. Además de dominar los peces y no quemarse con los carbones, su milagro estrella era detener las tormentas, especialmente las marítimas.

Entrada en la Vida.
Los últimos días del santo fueron llenos de un intenso apostolado predicando, confesando, obrando milagros y recorriendo la diócesis de Tuy, último escenario de su misión. Estando en Ramallosa, mientras predicaba se levantó una furiosa tempestad, y la gente comenzó a irse, pero el Santo les dijo: "Estaos quietos, que Aquel al cual los vientos, los mares y la tierra veneran, y a cuya voluntad están sumisos, variará el curso de esta tormenta de modo que no dañará a ninguno de vosotros en cosa alguna", y extendió la mano. Al punto, se dividió la tormenta en dos partes, en tal forma que mientras la lluvia asolaba la comarca, el espacio ocupado por los oyentes de San Telmo permanecía soleado y seco. En el monasterio de Persecario, dijo al llegar: "Dos cosas tengo que comunicaros, queridos hermanos: la primera, que ha sido revelado esta noche a mi socio, que muchos de vosotros venís de lugares alejados y que, entre los que aquí están, muchos son muchos enfermos y muchos ancianos. En nombre de Dios digo que en adelante ningún enfermo, ningún anciano venga en pos de mí, ni escuche mis sermones sino cuando por la voluntad divina yo predique cerca de su casa. La segunda nueva que voy a comunicaros es la de que se acerca el término de mis días y no he de predicar más en este lugar. Por ello os suplico que, cuando oigáis anunciar mi muerte, dirijáis a Dios alguna oración por mi alma, pues tengo que responder ante El de algunos años que pasé descuidadamente".

Después de esta profecía,  fue a Tuy, donde predicó toda la Semana Santa. La leyenda recuerda que así como el Cristo bajó de Betania a Jerusalén en la última semana de su vida y todos los días de ella iba al templo a predicar, del mismo modo bajó San Pedro desde Persecario a Tuy, y allí adoctrinó al pueblo por última vez en vida. Pasada la solemnidad de Pascua, que celebró con especial regocijo, comenzó a manifestarse la enfermedad, que fue creciendo rápidamente. Extrañando a sus hermanos, quiso ir a morir a Compostela, pero no se le podía trasladar sin peligro. Cuando se esperaba lo peor, se repuso y con Pedro de las Marinas dejó Persecario y se fue a Compostela, en cuyo convento quería morir. Pero no lo quiso Dios, el cual por medio de una revelación le hizo saber que le quería en Tuy. Así que Pedro dijo a su compañero: "Hijo querido, desde ahora conozco que es voluntad de Dios que volvamos a Tuy, donde nos separaremos para siempre dentro de muy pocos días". Volvieron a Tuy y allí se despidió del dueño de la casa en que vivía diciéndole: "Amigo querido, has de saber que dentro de pocos días he de morir, y que Dios, queriéndome recompensar, ha atendido mis súplicas, y por mí librará a esta ciudad de innumerables peligros. Sabrás también que a ti, como a mayor favorecedor mío, te espera más grande merced; y entre tanto recibe, como prenda de mi agradecimiento este ceñidor, que es lo único de lo que, como pobre, puedo disponer".

Se agravó San Pedro González, y por fin, luego de la Pascua de 1246, sin que se pueda precisar más exactamente la fecha, entregó su alma a Dios. Sus funerales fueron una apoteosis de fervor y devoción al humilde religioso. Autoridades y pueblo mezclados le rendían su homenaje y le pedían favores pues ya le consideraban en el cielo. Fue sepultado en el sitio ilustre de la catedral de Tuy, entre la puerta mayor de la catedral y la pared del coro. Allí estuvo hasta 1529, cuando se elevaron las reliquias y el sepulcro se distinguió entre los demás con una nueva lápida.

Culto, reliquias y patronatos.
Este sepulcro se convirtió en un manantial inagotable de milagros que durante siglos acrecieron la veneración al santo. Un aceite milagroso manaba del sepulcro y alcanzaba del santo numerosos milagros. De todos los prodigios obrados en su sepulcro el más llamativo fue uno que se comprobaba cada año con notarios y testigos: El obispo Dn. Lucas de Tuy, que presidió el entierro de San Telmo, quiso ser sepultado en la sepultura contigua a la del santo. Cuando murió el prelado en 1250 fue enterrado, pero como en ocasiones los devotos confundían las tumbas, se comenzó a observar como las tumbas se distanciaban cada vez más. Cada año se medía y se anotaban los cambios en la distancia.

En 1258 el Capítulo General de la Orden Predicadores solicitó por medio del General, el Beato Humberto de Romans (14 de julio) una relación de los prodigios que ocurrían por intercesión de fray Pedro González. Se habla de ciegos, leprosos, endemoniados, mudos, paralíticos, sordos, etc., todos sanados. Esta relación, que ciertamente puede ser tenida como el primer intento de investigación en vistas a la canonización, pasó a diversos conventos, con lo cual la vida y milagros del santo de Frómista pronto se conoció en la Orden y sus ámbitos.

El cuerpo del santo  se conserva en una urna de plata en el retablo de una capilla que se rededicó a su memoria en la catedral de Tuy. Su capa, báculo y el ceñidor antes mencionado igualmente se veneran en la catedral de Tuy. El dueño quiso donarlo, pero también quiso guardar un trozo, pero al tomar un cuchillo para partirlo, el arma voló de sus manos y le hirió, con lo cual lo donó entero. El 22 de enero de 1529 el obispo Dn. Diego de Avellaneda, hizo una traslación de las reliquias desde la primitiva tumba. El motivo es que la veneración de los fieles entorpecía el uso del coro en las celebraciones litúrgicas. Fue duro encontrar el cuerpo, estaba bajo tres laudas de mármol, que habían aprisionado la tierra, que apareció durísima. El cuerpo, totalmente en huesos, se trasladó a la capilla de los obispos y fue puesto en un arca de plata. El 27 de abril de 1579 el obispo D. Diego de Torquemada trasladó solemnemente las reliquias desde la capilla donde estaban hasta la capilla que él mismo dedicó al santo. Al pie del altar se enterró un arcón de madera con restos del primitivo ataúd y tierra de la sepultura.

Reliquia de San Telmo.
Catedral de Tuy.
El primer vestigio de culto litúrgico data de 1400, y se halla en un breviario de Tuy, donde le llama “Beatissimus”. En 1503 aparece la primera cofradía en su honor, en Guimaraes. A partir del siglo XVI el culto a San Pedro González gana auge, se extiende por España (todo el litoral cantábrico), Portugal y, claro, América. Sus portentos relacionados con las tormentas le hacen el santo de moda para ser invocado en las largas y peligrosas travesías al Nuevo Mundo. En 1551 y 1608 algunas diócesis instaron ante el papa y el rey para lograr la canonización del venerado religioso, pero nada se logró. En 1672 la Orden Dominica abrió un proceso que no logró cosa alguna. En 1728 se inició un proceso definitivo de confirmación de culto por la vía de culto inmemorial que obtuvo su objetivo: En 1741 Benedicto XIV expidió el decreto del reconocimiento del “cultus inmemorialis” de San Pedro González, canonizándole equivalentemente.

Es patrono de Tuy, donde el Domingo de la Octava de Pascua se celebraba una procesión en la cual el obispo portaba el báculo del santo, recubierto ya con plata y piedras preciosas. Es abogado de marinos, y contra los rayos, tormentas y naufragios. El origen de este potente patronato está en los diversos milagros ocurridos en las rías gallegas y en el mar o relacionados con marineros. Uno de ellos cuenta como el santo apareció en medio de un vendaval y protegió a un marino para que no cayera al agua. Otra leyenda dice que cuando había mal tiempo el santo aparecía delante de los barcos con una antorcha y les guiaba a puerto. Leyendas parecidas pueden leerse de Santa Catalina Thomàs (5 de abril y 31 de agosto, traslación de las reliquias) o de Santa María de Cervelló (19 de septiembre).
Este es el origen del nombre del llamado “fuego de San Telmo” o “luz de San Telmo”, que puede observarse entre los mástiles cuando hay tormentas eléctricas. Curiosamente, si para los españoles era de buena suerte verlas, para los antiguos había sido todo lo contrario, pues eran signo de mal agüero.

A estas alturas, cabe preguntarse, ¿por qué “Telmo”?. Este sobrenombre, que ha llegado a sustituir el nombre, pues se le llama “San Telmo” directamente tiene origen en su patronato sobre los marineros y en un error fonético con el mártir San Erasmo (2 de diciembre), San Elmo para el norte de Europa, y que era patrono de marinos desde mucho antes. La cercanía geográfica de Galicia con Inglaterra, el intercambio entre marineros y la devoción a Saint Elm y a San Pedro González al mismo tiempo, le dio al santo español el sobre nombre de “Telmo”. Ya vemos que los anglicismos vienen de lejos.


Fuentes:
-“Santo Domingo de Guzmán: predicador del evangelio”. FR. TOMÁS DE BUSTOS. O.P. Salamanca, 2000.
-“Sacro Diario Dominicano”. FR. FRANCISCO VIDAL. O.P. Valencia, 1747.
-“Santos, Bienaventurados, Venerables de la Orden de los Predicadores”. Volumen Primero. FR. PAULINO ALVAREZ. O.P. Almería, 1919.


A 14 de abril además se celebra a




domingo, 10 de enero de 2016

San Gonzalo de Amarante

San Gonzalo de Amarante, presbítero dominico. 10 de enero.

Nació Gonzalo en Atanagilde, Portugal, y era hijo de padres nobles. La leyenda cuenta que apenas nacer y ser bautizado, su primera mirada la fijó en un crucifijo y abrió los brazos en cruz, señalando con ello cuál sería su predilección toda su vida. Y además, siempre que le llevaban a la iglesia, echaba a llorar a la salida si antes no le dejaban largo rato delante del Cristo de un retablo. Y no se le quitó aquello hasta que descubrió una imagen de la Santísima Virgen a la que miraba y abrazaba tiernamente. Y esto con menos de un año de edad. Sus padres le pusieron al cuidado de un presbítero virtuoso, que le educó en la virtud y la ciencia. Era un niño inteligente, disciplinado y muy piadoso. Jesús crucificado y la Santísima Virgen eran sus amores y siempre que podía se iba a la iglesia a rezar el rosario a la Madre de Dios. 

Cuando aprendió todo lo que pudo aprender con el sacerdote, entró a servir al arzobispo de Braga, que fue quien le ordenó presbítero, nombrándole cura de san Pelayo, donde comenzó una intensa vida apostólica, de reparación de costumbres y devoción del pueblo. Años gastó en la predicación y la caridad hasta que una inspiración del cielo le animó a peregrinar a Roma y Tierra Santa, dejando a su sobrino y vicario parroquial a cargo de la iglesia. En los Santos Lugares estuvo catorce años, venerando las santas reliquias y haciendo largas estancias en los monasterios. Al cabo regresó y encontró que su sobrino tenía la iglesia descuidada, las rentas y beneficios malversados y la piedad decaída casi totalmente. Además, había falsificado cartas en las que se certificaba la muerte de Gonzalo en Tierra Santa, así como un falso testamento en la que el santo pedía al obispo le dejase a su sobrino ser cura titular de la parroquia, y de hecho lo era. Gonzalo le reprendió, pero el mal sobrino y peor cura le respondió con insultos, golpes y echándole lo perros para que se fuera de la parroquia.

Entonces Gonzalo se retiró al desierto de Amarante para dedicarse a la oración y la penitencia. Allí le visitaron algunos prelados y los reyes de Galicia y León, buscando consejo, motivado por la fama de santidad del ermitaño. Varios años vivió allí, hasta que una Noche de Pascua la Santísima Virgen le avisó que debía vestir el hábito de aquella Orden que comenzaba y terminaba los oficios con el Avemaría. Comenzó Gonzalo a visitar los monasterios de la región, pero en todos comenzaban con el conocido “Domine, labia mea aperies”. Así, aún cansado de caminar, entró en Guimaraens y pidió sitio en el hospital, regentado por unos frailes de reciente fundación. Les vio pobres, pocos, silenciosos, penitentes y con gran celo apostólico, y lamentó no poder quedarse con ellos, pues tenía el mandato de la Madre de Dios. A la hora de maitines sintió un impulso sobrenatural de acompañar a los religiosos en el rezo y al oír las palabras “Ave María”, con que los dominicos, que lo eran, comenzaron el oficio, se llenó de alegría. Oró fervorosamente y al final, al oír de nuevo la salutación angélica, supo que estaba donde tenía que estar, y pidió el hábito. El prior, que la tradición quiere que fue San Pedro González "Telmo" (14 de abril), lo admitió en la orden. Aunque no constan las fechas hubo de ser antes de 1246, año de la muerte de San Telmo. Profesó y los superiores, viendo sus grandes virtudes y conocimientos, le mandaron de regreso a Amarante, para que predicara la Palabra de Dios por los pueblos cercanos. Muchos acudían a oírle, y durante sus sermones ocurrían sonadas conversiones y algunos portentos.

Y tantos llegaron a ser, que se hizo necesario edificar un puente sobre el río Tamaga, que ofrecía peligros para los que de la otra orilla querían escuchar las palabras del santo religioso. Y milagros obró para hacerlo, el primero, que un ángel le señalase el sitio exacto donde debía construirse, el segundo lograr el consenso de todos para hacerlo, siendo él un pobre religioso. Arrancó indulgencias de los prelados para los que trabajasen en la obra, y logró rentas para los materiales. En una ocasión se quedaron sin vino los trabajadores, y el santo tocando una peña, hizo que esta manara un delicioso vino, pero para no dar ocasión de pecado, cerró el manantial con una piedrecita que solo él podía quitar, sin que hubiera mano por fuerte que fuese, que la moviera. Tres veces al día la quitaba, saciaba la sed de los hombres, y la volvía a cerrar. De otra piedra hizo surtir agua, esta perennemente, y aún hoy los peregrinos beben de ella. En otra ocasión ni cuatro bueyes lograban mover una piedra enorme que era necesario quitar, y con solo tocarla el santo, la piedra se soltó y rodó “mansamente” hasta donde no estorbaba. 

Milagros del tronco
y de los bueyes.
A un noble pidió limosna y este, para burlarse de él, le extendió un papel en el que ponía “dar a este fraile tantas monedas como pese este papel”, mandándole a su propia casa. Gonzalo lo leyó y le bastó con que cumplieran lo que pedía en la nota. Fue a casa del rico y por más plata que ponían en la balanza, el papelillo no cedía en su peso. Se arrepintieron que querer burlarse de él, a lo que el santo les reprendió y tomó solo la limosna que consideró justa. A una señora pidió unos bueyes prestados, y esta le dijo que si quería fuera al monte a por alguno de los toros que allá había salvajes. Se acercó el santo a la manada, y llamó a los dos toros más fieros, y los unció a la yunta como si de dos mansas palomitas fueran, y para testimonio, dejó las huellas de la carreta marcadas en la roca, que se hendió como mantequilla. Un día la corriente arrastró un gran tronco de árbol que amenazaba las obras, y nadie podía detenerlo. El santo tomó una varita de madera y lo tocó, y el tronco se acercó a la orilla como si una barca fuera. Y así otros milagros. Pero el portento que más se conoce y ha configurado su iconografía ocurrió un día de abstinencia de la Iglesia, en el que, prescindiendo los trabajadores de la carne salada, solo tenían pan para comer. Entristecido el santo por ello se fue a la orilla del río con cestos y solo con trazar la señal de la cruz, una avalancha de peces saltó del agua hacia los cestos. Tomó los necesarios y a los demás les ordenó volvieran al agua. Y no solo una vez realizó este portento.

Terminado el puente en 1249, el santo volvió a sus tareas de predicación entre los pobladores de las comarcas. En un pueblo halló a gente tan dada a los vicios y a la blasfemia, que habían sido excomulgados formalmente, sin que les importara para nada aquella situación. Se veían tan cual como antes, y que aquello no les causaba daño ni por asomo. Para enseñarles lo que les esperaba por impíos, Gonzalo hizo traer un cesto de pan y les dijo: "Quiero que veáis por vuestros ojos en este pan alguna sombra de los males que causa en cualquier alma una sentencia de excomunión cuando hay hombre tan desventurado que incurre en ella". Y se dirigió al pan diciendo: "Yo, Fray Gonzalo, de parte de Dios y la Santa Madre Iglesia Católica, excomulgo y tengo por excomulgado a este pan". Y los panes se volvieron negros como tizones. Con esto, se enmendaron los pecadores aquellos.
Luego de una vida dedicada al apostolado entre los más pobres, la Santísima Virgen le consoló diciéndole que pronto iría al cielo. Se retiró a su ermita, donde redobló su oración y penitencias. Allí le atacaron unas fiebres a finales del año 1258, de las que no se recuperó, y murió el 10 de enero de 1259. Durante sus funerales ocurrieron varios prodigios, y la devoción del pueblo era tanta, que los dominicos no se atrevieron a llevase el cuerpo para enterrarlo en el convento, sino que le sepultaron en la misma ermita, convirtiéndola de inmediato en un santuario. En 1540 el rey Juan III de Portugal permitiría la erección de un convento de frailes predicadores allí. Los milagros, las indulgencias y beneficios llovían, y el mismo rey pidió a Roma la canonización del santo taumaturgo. En el siglo XVI una polémica surgió en torno a si el santo había sido dominico o no. Como había sido párroco de San Pelayo, vecina de la de San Verísimo, los canónigos de esta promovieron que el santo no había sido dominico, y le representaban con sotana y birrete clerical, pero los de Amarante no consintieron aquella “afrenta” y la cambiaron por una de piedra, con su hábito dominico. Y a tal punto llegó la cosa, que se elevó a Roma la disputa, pero la Iglesia confirmó la tradición, y el 11 de abril de 1615 dio la razón a la Orden Dominica y a los de Amarante: San Gonzalo había muerto como dominico.

Julio III y Pio IV confirmaron su culto y la autorizaron para el reino de Portugal, y Clemente X en 1671 la extendió a todo la Orden dominica con oficio litúrgico propio. Su devoción está bastante extendida por Protugal, Galicia, León, Brasil y otros sitios de América. Es abogado de pescadores, albañiles, canteros. Se le invoca contra la sequía, los dolores de reuma y rodillas y de cabeza. Además, es abogado para encontrar lo perdido. En algunos sitios de América al perder algo se reza "San Gonzalo de Amarante que estás a la orilla del río, encuentráme lo perdido y yo te bailaré un instante", con lo que hay que hacer unos pasos de baile si aparece lo que se perdió.


Fuentes:
-“Compendio de la vida del glorioso confesor san Gonzalo de Amarante” FR. MANUEL BORDAZAR. O.P. 1739.
-“Compendio histórico de las vidas de los Santos canonizados y beatificados del Sagrado Orden de Predicadores”. FR. MANUEL AMADO. O.P. Madrid, 1829. 
-“Sacro Diario Dominicano”. FR. FRANCISCO VIDAL. O.P. Valencia, 1747.


A 10 de enero además se celebra al  
Beato Gregorio X, papa.
San Agatón, papa

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...