lunes, 12 de marzo de 2018

"...llevo la señal de Cristo, el Hijo de Dios Vivo".

San Maximiliano de Teveste, mártir. 12 de marzo.

La "passio" de este santo es una de esas que podemos considerar auténticas por la escasez de adornos y florituras.

En 295, imperando Diocleciano, y siendo Tusco y Anulino cónsules de Numidia, vivían en Teveste (no en Roma, como algunos martirologios pretenden) Fabio Víctor y su hijo Maximiliano, quien tenía 21 años, 3 meses y 18 días de edad. Este último fue llamado a las filas del emperador. Hay que aclarar que, si bien los ejércitos estaban formados por voluntarios, una vez licenciados los soldados, sus hijos sí que estaban obligados a servir como soldados si eran requeridos. Maximiliano se presentó ante el procónsul Dion. Este mandó le dijera su nombre, a lo que el joven respondió "¿Qué caso tiene responderte? No puedo ser anotado en las listas, porque soy cristiano." Dion no le hizo caso y mandó le midieran, pero Maximiliano replicó "No puedo servir; no puedo hacer mal a nadie. Soy cristiano." Mas era cómo si no le oyeran, pues sabemos hasta el detalle que el santo medía 1.75 metros. Dion ordenó se le diera el uniforme, pero Maximiliano insistió: "¡Nunca! No puedo ser soldado".

Dion: Debes servir o morir.
Maximiliano: Nunca serviré. Pueden decapitarme, pero no seré un soldado de este mundo, ya que soy un soldado de Cristo.
Dion: ¿De dónde has sacado esas ideas?
Maximiliano: De mi conciencia y de Aquél que me ha llamado.
Entonces Dion reclamó al padre, Fabio Víctor, para que llamara la atención de su hijo sobre su comportamiento, pero Fabio se limitó a decirle: "Él tiene sus ideas y no cambiará". Entonces Dion continuó su interrogatorio.

Dion: Sé un buen soldado y acepta el emblema del emperador.
Maximiliano: Nunca. Ya llevo conmigo la marca de Cristo mi Señor.
Dion: Te enviaré a tu Cristo inmediatamente.
Maximiliano: No puedo pedir nada mejor. Hazlo pronto, que allá está mi gloria.

Dion entonces ordenó al oficial de reclutas que dieran el uniforme y el emblema imperial. Pero Maximiliano se apartó diciéndole: "No lo aceptaré. Si tú insistes, le quitaré la efigie del emperador. Soy cristiano y no se me permite portar en el cuello ese emblema, puesto que ya llevo la sagrada señal de Cristo, el Hijo de Dios Vivo a quien tú no conoces, el Cristo que sufrió por nuestra salvación y a quien Dios nos entregó para que muriera por nuestros pecados. Es a Él a quien todos nosotros los cristianos servimos, a Él a quien seguiremos, pues Él es el Señor de la Vida y el autor de nuestra salvación". Pero Dion continuó insistiendo:

Dion: Únete al servicio y acepta el emblema, o si no, perecerás miserablemente.
Maximiliano: No pereceré; mi nombre está ya desde ahora delante de Dios. Me rehúso a servir.
Dion: Eres un hombre joven y la profesión de las armas va de acuerdo a tus años. Sé soldado.
Maximiliano: Mi ejército es el de Dios y no puedo pelear por este mundo; como te digo, soy cristiano.
Dion: Hay soldados cristianos al servicio de nuestros soberanos Diocleciano y Maximiano, Constantino y Galerio.
Maximiliano: Eso es cosa de ellos. Yo también soy cristiano y no puedo servir.
Dion: Pero ¿qué daño pueden hacer los soldados?
Maximiliano: Tú lo sabes bien.
Dion: Si no haces tu servicio, te condeno a muerte por desacato al ejército.
Maximiliano: No moriré. Si me voy de este mundo, mi alma irá con Cristo mi Señor.
Dion: Que anoten su nombre. Tu rebeldía te hace rehusar el servicio militar y serás castigado por ello para escarmiento de los demás. 

Entonces Dion procedió a leer la sentencia: "Maximiliano ha rehusado el juramento militar por rebeldía. Deberá ser decapitado". A esta sentencia el santo exclamó: "¡Alabado sea Dios!"

De camino al sitio de la ejecución, Maximiliano dijo a los cristianos que estaban presentes: "Amados hermanos, apresúrense a alcanzar la visión de Dios y a merecer una corona como la mía, con todas sus fuerzas y el más profundo anhelo". Después se dirigió a su padre: "La túnica que me tenías preparada para cuando fuera soldado, dásela al lictor. El fruto de esta buena obra será multiplicado cientos de veces. ¡Déjame que te dé la bienvenida en el cielo y glorifique a Dios contigo!".

Y entonces le decapitaron al primer golpe. Una viuda rica, cristiana, llamada Pompeya obtuvo el cuerpo de Maximiliano y lo llevó en a Cartago, donde lo sepultó cerca del venerado sepulcro de San Cipriano (16 de septiembre). En cuanto a Víctor, al poco tiempo también subió al cielo como mártir.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Volumen III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 12 de marzo además se celebra a
San Muran, abad.
San Pol de Lèon, obispo misionero.


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