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jueves, 3 de junio de 2021

De anticristiano a apóstol de Cristo.

San Cecilio de Cartago, presbítero. 3 de junio. 

Cecilio es citado algunas veces por San Cipriano de Cartago (16 de septiembre). En su juventud Cecilio había sido contrario al cristianismo. En una ocasión adoró en público la imagen de Serapis, un dios heleno-egipcio, y fue reprendido por el filósofo Octavio y el abogado Marco Minucio Félix, quienes eran cristianos. Estos expusieron a Cecilio la doctrina cristiana, la cual era para Cecilio, cosa de ignorantes, esclavos. Estos dos hombres defendieron tan bien a Cristo y la Iglesia, que Cecilio se convirtió a la fe. No solo se convirtió, sino que, además, fue ordenado presbítero.  


Siendo anciano Cecilio convirtió a la fe a Cipriano, quien siempre le guardó una enorme admiración al santo viejo, tanta que al ser bautizado se puso “Cecilio” como segundo nombre. A su muerte en 211, Cipriano cuidó de la viuda e hijos de Cecilio hasta 258, cuando él mismo fue martirizado. 


A 3 de junio además se celebra a:


San Isaac de Córdoba
monje mártir.
Santa Oliva, eremita.
San Liebhard,
eremita y abad
San Kevin,
ermitaño y abad
.










miércoles, 24 de febrero de 2021

"hagamos lo que nos conduce al reino celestial"

Santos Montano, Flavio y compañeros mártires. 24 de febrero y 23 de mayo. 

El testimonio de estos mártires es de esos que nos llegan al alma y que, en mi opinión, deberían ser leídos en las iglesias, como se hacía antiguamente. Nos ha llegado de manera directa, pues está descrito en una carta que ellos mismos escribieron a la comunidad cristiana desde la cárcel, siendo completada por un sobreviviente. 

En septiembre de 258 fue martirizado el obispo de Cartago, el gran San Cipriano (16 de septiembre), quien dejó una sólida iglesia local, formada y fuertemente evangelizadora. Poco después del martirio de Cipriano, moría su ejecutor, el procónsul Galerio Máximo, quedando la ciudad sin sucesor, tomando el gobierno temporalmente el procurador Solon, un hombre más débil pero no menos fiero con los cristianos. En sus días se desató una rebelión en la que muchos funcionarios fueron asesinados. Solon, en lugar de ordenar averiguaciones y buscar culpables, dictaminó que los cristianos eran los culpables y que querían vengar la muerte de Cipriano. Fueron apresados ocho cristianos prominentes de la iglesia cartaginense. 

"En cuanto nos apresaron – dice la mencionada carta - nos entregaron en custodia a los soldados. Los soldados del gobernador nos dijeron que íbamos a ser condenados a las llamas; entonces rezamos a Dios, con gran fervor, para que nos librara de ese castigo, y él, en cuyas manos están los corazones de los hombres, se complació en acceder a nuestra petición. El gobernador alteró su primer intento, y nos ordenó que fuéramos a una prisión muy oscura e incómoda, donde encontramos al presbítero Víctor, y a algunos otros; pero no estábamos consternados por la inmundicia y la oscuridad del lugar, pues nuestra fe y gozo en el Espíritu Santo nos reconcilió con nuestros sufrimientos en ese lugar, aunque no eran tan fáciles de describir. Pero si grandes son nuestras pruebas, más grande es Aquel que las vence en nosotros. Nuestro hermano Reno, mientras tanto, tuvo una visión en la cual vio a varios de los prisioneros salir de la cárcel con una lámpara encendida delante de cada uno de ellos, mientras que los demás, que no tenían tales lámparas, se quedaban atrás. Él nos discernió en esta visión, y nos aseguró que éramos del número de los que salieron con lámparas. Esto nos dio una gran alegría, porque entendimos que la lámpara representaba a Cristo, la luz verdadera, y que debíamos seguirlo por el martirio. 

Al día siguiente fuimos enviados ante el gobernador para ser interrogados. Para nosotros fue un triunfo ser conducidos, como un espectáculo, por el mercado y las calles, con nuestras cadenas sonando. Los soldados, que no sabían dónde nos oiría el gobernador, nos arrastraron de un lugar a otro hasta que, al final, ordenó que nos llevaran a su presencia. Nos hizo varias preguntas; nuestras respuestas fueron modestas, pero firmes: al final fuimos enviados a prisión; aquí nos preparamos para nuevos conflictos. La prueba más dura fue la que sufrimos a causa del hambre y la sed, pues el gobernador ordenó que nos mantuviéramos sin comer ni beber durante varios días, de modo que el agua nos fue rechazada después de nuestro trabajo; sin embargo, el diácono Flavio agregó grandes penitencias voluntarias a estas dificultades, dando a otros el pequeño refrigerio que tan escasamente nos permitían los carceleros. 

Dios se complació en consolarnos en esta nuestra extrema miseria, por una visión que le dio al presbítero Víctor, quien sufrió el martirio pocos días después. ‘Anoche vi, nos dijo, a un niño, cuyo rostro era de un resplandor maravilloso, entrar en la cárcel. Nos llevó a todas partes para hacernos salir, pero no había salida; entonces me dijo: Aún te preocupas de ser retenido aquí, pero no te desanimes, yo estoy contigo; lleva estas noticias a tus compañeros, y hazles saber que tendrán una corona más gloriosa. Le pregunté dónde estaba el cielo; el niño respondió, Más allá del mundo’. Víctor entonces deseaba que se le mostrara el lugar de los bienaventurados, pero el niño en la visión lo reprendió suavemente, diciendo, ‘¿Dónde entonces estaría tu fe?’ Víctor dijo: ‘No puedo retener lo que me ordenas: dame una señal que pueda dar a mis compañeros’. Él respondió: 'Dales la señal de Jacob, es decir, su escalera mística, que llega hasta el cielo’. Poco después de esta visión, Víctor fue ejecutado. Esta visión nos llenó de alegría. 

Dios nos dio, la noche siguiente, otra garantía de su misericordia, por una visión a nuestra hermana Quartillosia, una compañera de prisión, cuyo esposo e hijo habían sufrido la muerte por Cristo tres días antes, y quien los siguió al martirio unos días después. ‘Yo vi’, dijo ella, ‘a mi hijo, que sufrió; estaba en la cárcel sentado en hermosa fuente, y me dijo: ‘Dios ha visto tus sufrimientos’. Entonces entró un joven, de una estatura maravillosa y dijo: ‘ten valor, Dios se ha acordado de ti’.  

Además de los trabajos propios de los prisioneros, el hambre y la sed los atormentaban, en ocasiones los hacinaban, en otras los separaban y dejaban en la soledad y la absoluta oscuridad, buscando que renegaran de la fe. Además de estos consuelos divinos en visiones, tuvieron el consuelo de la Eucaristía, el Pan Inagotable le llaman, amorosamente. La comunión les fue llevada por Julián, un presbítero que sería consagrado obispo de la ciudad. Y sigue la carta. 

"Todos tenemos el mismo espíritu, que nos une y consolida en la oración, en la conversación mutua y en todas nuestras acciones. Estas son los hermosos ejércitos que ponen en fuga al diablo, que son los más agradables a Dios, y que obtienen de Él, por medio de la oración conjunta, todo lo que piden. Estos son los lazos que unen los corazones y que hacen de los hombres hijos de Dios. Para ser herederos de Su reino debemos ser Sus hijos, y para ser Sus hijos debemos amarnos unos a otros. Es imposible que alcancemos la herencia de la gloria celestial, a menos que guardemos esa unión y paz con todos nuestros hermanos que nuestro Padre celestial ha establecido entre nosotros. Sin embargo, esta unión sufrió algunos prejuicios en nuestra tropa, pero la brecha pronto fue reparada. Sucedió que Montano tuvo unas palabras con Julián sobre una persona que no era de nuestra comunión, y que estaba entre nosotros (probablemente se trata de un hereje al que Julián habría dado la comunión en la cárcel).  

Montano reprendió a Julián, y ellos, durante algún tiempo después, se comportaron entre sí con frialdad, lo cual era una semilla de discordia. El cielo se apiadó de ambos y, para reunirlos, amonestó a Montano mediante un sueño que nos relató de la siguiente manera: ‘Parecía que los centuriones venían a nosotros, y que nos llevaron a través de un largo camino hacia un campo espacioso, donde nos encontraron Cipriano y Luciano. Después de esto, llegamos a un lugar muy luminoso, donde nuestras vestiduras se volvieron blancas, y nuestra carne más blanca que nuestras vestiduras, y tan maravillosamente transparentes, que no había nada en nuestros corazones excepto lo que estaba claramente expuesto a la vista. Así, al mirarme a mí mismo, pude descubrir algo de suciedad en mi propio pecho: y, reconociendo a Luciano, le dije que lo que había observado en mi pecho denotaba mi frialdad hacia Julián. Por lo tanto, hermanos, amemos, apreciemos, y promovamos, con todas nuestras fuerzas, la paz y la concordia. Estemos aquí unánimes, a imitación de lo que seremos en el futuro. Así como esperamos compartir las recompensas prometidas a los justos, y para evitar los castigos con que los malvados son amenazados, como deseamos ser, y reinar con Cristo, hagamos las cosas que nos conducirán a Él y a Su reino celestial’." 

Aquí terminaría la primera parte, escrita por alguno de los cristianos prisioneros. La segunda parte fue escrita por testigos, a petición del diácono Flavio, quien también terminaría mártir, según la misma carta, que prosigue: 

“Después de sufrir hambre y sed extremas, con otras dificultades, durante un encarcelamiento de muchos meses, los confesores fueron llevados ante el presidente, e hicieron una confesión gloriosa. El edicto de Valeriano condenaba a muerte sólo a los obispos, sacerdotes y diáconos. Los falsos amigos de Flavio sostuvieron ante el juez que no era diácono y que, en consecuencia, no estaba comprendido en el decreto del emperador; por lo que, aunque Flavio protestó que lo era, no fue condenado, sino que solo los demás fueron condenados a muerte. Caminaron alegremente hasta el lugar de la ejecución, y cada uno de ellos exhortó al pueblo. 

Lucio, que era naturalmente suave y modesto, estaba un poco desanimado a causa de una enfermedad que había contraído en la cárcel; por lo tanto, fue antes que los demás, acompañado sólo por unas pocas personas, para que no fuera oprimido por la multitud, y así no tuviera el honor de derramar su sangre. Algunos le gritaban: 'Acuérdate de nosotros'. 'Ustedes también' - les dijo él - 'recuérdenme'. Julián y Víctor exhortaron a los hermanos a la paz, y recomendaron que se ocuparan de todo el cuerpo del clero, especialmente de aquellos que habían sufrido las penurias del encarcelamiento. Montano, que fue dotado de una gran fuerza, tanto de cuerpo como de mente, gritó: 'El que sacrifica a cualquier dios, pero no al verdadero, será destruido por completo’. Y esto lo repitió a menudo.  

También expuso el orgullo y obstinación malvado de los herejes, diciéndoles que podrían discernir la verdadera Iglesia por la multitud de sus mártires. Como un verdadero discípulo de Cipriano, y un celoso amante de la disciplina, exhortó a los que habían caído (en la herejía) a que no desesperaran, sino que cumplieran plenamente su penitencia. Exhortó a las vírgenes a preservar su pureza, y a honrar a los obispos, y a todos los obispos les conminó a permanecer en concordia. Cuando el verdugo estaba listo para dar el golpe, rezó en voz alta a Dios para que Flavio, quien había sido indultado, pudiera seguirlos al tercer día. Y, para expresar su seguridad de que su oración sería escuchada, partió en dos pedazos el pañuelo que le iban a poner en los ojos y ordenó que se reservara la mitad del mismo para Flavio, y deseó que se le guardara un lugar donde el fuera enterrado, para que no fueran separados ni siquiera en la tumba.  

Flavio, al ver su corona retrasada, la hizo objeto de sus ardientes deseos y oraciones. Y mientras su madre se mantenía a su lado, con la constancia de la madre de los santos Macabeos, y con el anhelo de verle glorificar a Dios con la muerte, le dijo: ‘Tú sabes, madre, cuánto he anhelado disfrutar de la felicidad de morir por el martirio’. En una de las dos noches durante las cuales sobrevivió, fue favorecido con una visión, en la cual uno le dijo: ‘¿Por qué te afliges? Dos veces has sido confesor, y sufrirás el martirio por la espada’. Al tercer día se ordenó que fuera llevado ante el gobernador. Como era muy querido por el pueblo, este se esforzaba por todos los medios para salvarle la vida. Ellos repitieron ante el juez que no era diácono; pero él afirmó que sí lo era. 

Un centurión presentó un escrito que decía que él era no. El juez lo acusó de mentir para procurar su propia muerte. Él respondió: ‘¿Es eso probable? ¿No son más bien culpables de mentir los que dicen lo contrario?’ La gente exigió que lo torturaran, con la esperanza de que no lo torturaran y que renegara de su condición en el potro de tortura; pero el juez condenó para que lo decapiten. La sentencia lo llenó de alegría, y fue conducido al lugar de la ejecución, acompañado por una gran multitud, y por muchos sacerdotes.   

Una fuerte lluvia dispersó a los infieles, y el mártir fue llevado a una casa hasta que pasara la tormenta, y allí tuvo la oportunidad de despedirse por última vez de los fieles, sin la presencia de cualquier espectador pagano. Les dijo que en una visión le había preguntado a Cipriano si el golpe de muerte era doloroso, y el mártir respondió: ‘El cuerpo no siente dolor cuando el alma se entrega por completo a Dios’. En el lugar de la ejecución, oró por la paz de la Iglesia y la unión de los hermanos. Habiendo terminado de hablar, le ataron los ojos con la mitad del pañuelo que Montano había ordenado que se le guardara, y, arrodillándose, recibió el último golpe.  

A pesar de que sufrió dos días después de los otros, toda la gloriosa compañía recibe conmemoración juntos en un día”. 


Hermosa confesión de fe, ¿cierto? Que el testimonio de estos mártires, quienes alcanzaron el cielo el 24 de febrero de 259, anime a nuestro propio testimonio. Amén. 


A 24 de febrero además se recuerda a:

San Ethelbert, rey.
Beato Roberto,
monje fundador
.
San Pretextato,
obispo y mártir
.





lunes, 12 de marzo de 2018

"...llevo la señal de Cristo, el Hijo de Dios Vivo".

San Maximiliano de Teveste, mártir. 12 de marzo.

La "passio" de este santo es una de esas que podemos considerar auténticas por la escasez de adornos y florituras.

En 295, imperando Diocleciano, y siendo Tusco y Anulino cónsules de Numidia, vivían en Teveste (no en Roma, como algunos martirologios pretenden) Fabio Víctor y su hijo Maximiliano, quien tenía 21 años, 3 meses y 18 días de edad. Este último fue llamado a las filas del emperador. Hay que aclarar que, si bien los ejércitos estaban formados por voluntarios, una vez licenciados los soldados, sus hijos sí que estaban obligados a servir como soldados si eran requeridos. Maximiliano se presentó ante el procónsul Dion. Este mandó le dijera su nombre, a lo que el joven respondió "¿Qué caso tiene responderte? No puedo ser anotado en las listas, porque soy cristiano." Dion no le hizo caso y mandó le midieran, pero Maximiliano replicó "No puedo servir; no puedo hacer mal a nadie. Soy cristiano." Mas era cómo si no le oyeran, pues sabemos hasta el detalle que el santo medía 1.75 metros. Dion ordenó se le diera el uniforme, pero Maximiliano insistió: "¡Nunca! No puedo ser soldado".

Dion: Debes servir o morir.
Maximiliano: Nunca serviré. Pueden decapitarme, pero no seré un soldado de este mundo, ya que soy un soldado de Cristo.
Dion: ¿De dónde has sacado esas ideas?
Maximiliano: De mi conciencia y de Aquél que me ha llamado.
Entonces Dion reclamó al padre, Fabio Víctor, para que llamara la atención de su hijo sobre su comportamiento, pero Fabio se limitó a decirle: "Él tiene sus ideas y no cambiará". Entonces Dion continuó su interrogatorio.

Dion: Sé un buen soldado y acepta el emblema del emperador.
Maximiliano: Nunca. Ya llevo conmigo la marca de Cristo mi Señor.
Dion: Te enviaré a tu Cristo inmediatamente.
Maximiliano: No puedo pedir nada mejor. Hazlo pronto, que allá está mi gloria.

Dion entonces ordenó al oficial de reclutas que dieran el uniforme y el emblema imperial. Pero Maximiliano se apartó diciéndole: "No lo aceptaré. Si tú insistes, le quitaré la efigie del emperador. Soy cristiano y no se me permite portar en el cuello ese emblema, puesto que ya llevo la sagrada señal de Cristo, el Hijo de Dios Vivo a quien tú no conoces, el Cristo que sufrió por nuestra salvación y a quien Dios nos entregó para que muriera por nuestros pecados. Es a Él a quien todos nosotros los cristianos servimos, a Él a quien seguiremos, pues Él es el Señor de la Vida y el autor de nuestra salvación". Pero Dion continuó insistiendo:

Dion: Únete al servicio y acepta el emblema, o si no, perecerás miserablemente.
Maximiliano: No pereceré; mi nombre está ya desde ahora delante de Dios. Me rehúso a servir.
Dion: Eres un hombre joven y la profesión de las armas va de acuerdo a tus años. Sé soldado.
Maximiliano: Mi ejército es el de Dios y no puedo pelear por este mundo; como te digo, soy cristiano.
Dion: Hay soldados cristianos al servicio de nuestros soberanos Diocleciano y Maximiano, Constantino y Galerio.
Maximiliano: Eso es cosa de ellos. Yo también soy cristiano y no puedo servir.
Dion: Pero ¿qué daño pueden hacer los soldados?
Maximiliano: Tú lo sabes bien.
Dion: Si no haces tu servicio, te condeno a muerte por desacato al ejército.
Maximiliano: No moriré. Si me voy de este mundo, mi alma irá con Cristo mi Señor.
Dion: Que anoten su nombre. Tu rebeldía te hace rehusar el servicio militar y serás castigado por ello para escarmiento de los demás. 

Entonces Dion procedió a leer la sentencia: "Maximiliano ha rehusado el juramento militar por rebeldía. Deberá ser decapitado". A esta sentencia el santo exclamó: "¡Alabado sea Dios!"

De camino al sitio de la ejecución, Maximiliano dijo a los cristianos que estaban presentes: "Amados hermanos, apresúrense a alcanzar la visión de Dios y a merecer una corona como la mía, con todas sus fuerzas y el más profundo anhelo". Después se dirigió a su padre: "La túnica que me tenías preparada para cuando fuera soldado, dásela al lictor. El fruto de esta buena obra será multiplicado cientos de veces. ¡Déjame que te dé la bienvenida en el cielo y glorifique a Dios contigo!".

Y entonces le decapitaron al primer golpe. Una viuda rica, cristiana, llamada Pompeya obtuvo el cuerpo de Maximiliano y lo llevó en a Cartago, donde lo sepultó cerca del venerado sepulcro de San Cipriano (16 de septiembre). En cuanto a Víctor, al poco tiempo también subió al cielo como mártir.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Volumen III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 12 de marzo además se celebra a

MI LIBRO 

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.

domingo, 4 de marzo de 2018

¿Preservado del martirio?, igualmente glorioso.

San Lucio I, papa. 4 de marzo. 

Fue romano de nacimiento, y fue diácono de los papas San Fabián (20 de enero) y San Cornelio (16 de septiembre). Cuando este último fue martirizado en 252, Lucio fue elegido para sucederle. Poco tiempo estuvo en Roma, pues fue desterrado por el emperador Galo. El destierro no parece haber sido muy largo, pues San Cipriano, que le escribe con motivo de la expulsión, vuelve a hacerlo para felicitarle por su vuelta: "No has perdido la dignidad del martirio porque tenías la voluntad, como los tres jóvenes en el horno. Aunque preservado por Dios de la muerte; esta gloria agrega una nueva dignidad a tu sacerdocio; de modo que tú, obispo, asistido en el altar de Dios, puedes exhortar a su rebaño al martirio por tu propio ejemplo y por tus palabras".

Lucio falleció al poco tiempo, en 253, aún imperando Galo. No se sabe cómo, pero tradicionalmente se le llama mártir. Su cuerpo fue hallado en las catacumbas de San Calixto (14 de octubre) en el siglo IX y trasladado a la iglesia de Santa Cecilia in Trastevere. Sin embargo, desde antiguo se venera una cabeza suya en la catedral de Roeskilde. Está claro que se trata de otro santo o una reliquia falsa.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Volumen III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

Otros santos papas son:
San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
San Gelasio I. 21 de noviembre.
San Agatón. 10 enero.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.
San Calixto I. 14 de octubre.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.
Beato Benedicto XII. 25 de abril.

A 4 de marzo además se celebra a











viernes, 16 de septiembre de 2016

San Cibrao de Carballiño.

Pregunta: Tengo entendido por un sacerdote que San Cibrao es el Santo Patrono de Carballiño Ourense, sin embargo he buscado y no consigo nada referente al santo. Mil gracias!!!

Respuesta: Después de tanto tiempo, hallo la respuesta. El asunto es que San Cibrao es en lengua gallega San Ciprián o Cipriano. Visto esto, pues ya el asunto es mas fácil porque sabemos quien es San Cipriano de Cartago (que es el venerado en Carballiño, Ourense):

San Cipriano
venerado en Carballiño.
San Cipriano de Cartago, obispo y mártir. 14, y 16 de septiembre junto a San Cornelio papa, en la Iglesia Romana; 31 de agosto, Iglesia Rusa y 2 de octubre, Iglesias Orientales.

Nació en el año 200 en Cartago, África, y se convirtió al cristianismo sobre los 40 años, motivado por la vida santa del sacerdote San Cecilio (3 de junio). Cipriano era casado y luego de convertirse guardó celibato y dejó la lectura de libros no cristianos, dedicándose al estudio de las Sagradas Escrituras. Tanta era su fama de hombre piadoso que en el 248 fue ordenado obispo por aclamación popular, al morir el obispo de Cartago. Se resistió pero reconoció a Dios en el clamor del pueblo y los sacerdotes.

En 251, el emperador Decio decretó la persecución contra los cristianos, insistiendo en los obispos y en la destrucción de los libros sagrados. Cipriano se esconde pero continúa su predicación y su labor de obispo, enviando cartas a los cristianos exhortándoles a no apostatar para evitar la muerte, como muchos hicieron por miedo. Cuando cesó la persecución y volvió a la ciudad se opuso al regreso a la Iglesia a los que habían apostatado sin exigirles penitencia antes de la recepción de los sacramentos, buscando también fortalecer la fe y prepararse a las futuras persecuciones. Esto le valió ciertas fricciones con el papa San Esteban I (2 de agosto), zanjadas por este con autoridad. En 252, ante la epidemia de peste en Cartago Cipriano organiza la ayuda a los pobres, y vende todas sus posesiones, animando a todos los cristianos a la limosna, y haciéndose presente él mismo para consolar y socorrer alos enfermos y sus familias. El emperador Valeriano, en el año 257, decreta otra persecución aún más intensa que la anterior. Los obispos y sacerdotes recibirían pena de muerte por celebrar una ceremonia religiosa. Ese mismo año Cipriano es desterrado, pero él sigue celebrando la eucaristía, por lo que en el año 258 lo condenan a muerte.

En el juicio, cuyas actas se conservan y son fidedignas totalmente es invitado a dejar la fe cristiana, se niega, confirma su condición de cristiano y de obispo. El juez Galerio dicta la sentencia: "Puesto que se niega a obedecer las órdenes del Emperador y no quiere adorar a nuestros dioses, y es responsable de que toda esta gente siga sus creencias religiosas, Cipriano: queda condenado a muerte. Le cortarán la cabeza con una espada". Al oír la sentencia, Cipriano exclamó: "¡Gracias sean dadas a Dios!"

Todos los cristianos gritaban: "Que nos maten también a nosotros, junto con él", y lo siguieron en gran tumulto hacia el sitio del martirio. Al llegar, Cipriano mandó que después de su muerte le fueran dadas 25 monedas de oro al verdugo que le iba a cortar la cabeza. Los fieles colocaron sábanas blancas en el suelo para recoger su sangre y llevarla como reliquias. Cipriano se vendó él mismo los ojos y se arrodilló. El verdugo le cortó la cabeza con un golpe de espada. Esa noche los fieles llevaron en solemne procesión, con antorchas y cantos, el cuerpo del glorioso mártir para darle honrosa sepultura en la Vía Mappaliana. Era el 14 de septiembre de 258. Galerio murió repentinamente pocos días después, de un ataque al corazón.

Consagración episcopal de San Cipriano.
Abadía de Ninove.
Dos Iglesias fueron erigidas en honor de San Cipriano, una sobre su tumba, según la antigua costumbre cristiana y otra en el sitio donde fue decapitado. En un principio su memoria se celebró el 14 de septiembre, según el calendario de Fronton, pero en el siglo V se unió a la memoria de San Cornelio, el dia 16 del mismo mes. A principios del siglo IX, unos embajadores de San Carlomagno (28 de enero) en Persia, llegaron a Cartago y pidieron permiso para venerar las reliquias de San Cipriano. Hallaron la tumba en tal abandono que peligraban las reliquias, y pidieron llevarlas consigo, favor que se les concedió. El martirologio de San Adon (16 de diciembre), recoge esta traslación y deposición en 806. Luego fueron trasladadas a Lyon. Por último, el rey Carlos el Calvo, unos años más tarde, las llevó a Campania, para depositarlas junto a las de San Cornelio en la abadía del mismo nombre. Una cuarta traslación, (en este caso de los dos santos) de partes de huesos, se realizó a Flandes, a la Iglesia Colegiata de Rosnay.

Y para terminar, una frase de San Cipriano: "He vivido en este mundo nuestro totalmente alejado de Dios, porque las divinidades estaban muertas y Dios no era visible. Y viendo a los cristianos, he pensado: es una vida imposible, ¡esto no se puede realizar en nuestro mundo! Pero después, encontrando a algunos de ellos, estando en su compañía, dejándome guiar en el catecumenado, en este camino de conversión hacia Dios, poco a poco he comprendido: ¡es posible! Y ahora soy feliz por haber encontrado la vida. He comprendido que aquella otra no era vida, y en verdad sabía ya antes que aquella no era la verdadera vida".


Fuentes:
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000. ‎
-"Vidas de los Santos". Tomo X. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Septiembre. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1863.


A 16 de septiembre además se celebra a 
Santa Therence, virgen
Santa Edith de Wilton, virgen.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Cipriano, el de Justina; Justina, la de Cipriano

Pregunta: Buenos días. Que me puedes decir de San Cirpiano el mago? como puede ser un ssnto un mago? Gracias desde ya. México.

Respuesta: Vamos por partes, para poner las cosas en limpio:

Santos Cipriano, obispo y Justina, virgen; mártires. 26 de septiembre y 2 de octubre (Iglesia Oriental). 
Cipriano vivió en época del emperador Decio, en Antioquía, aunque era natural de Cartago (por eso lo suelen confundir con el San Cipriano histórico). Era filósofo, mago, alquimista. Sus padres rendían culto al dios Apolo y a los demonios, por lo que cuando tenía 10 años, fue enviado al Monte Olimpo a perfeccionar sus artes mágicas en el culto a los falsos dioses. Se hizo un experto en magia, logrando dominar la naturaleza, las cosechas, los corazones de las personas, la salud y la enfermedad. A los 15 años le enviaron a Argos, a perfeccionarse en el culto a la diosa Juno… Y así, la leyenda se extiende sobre los sitios de culto pagano que fue visitando. Al regresar a Antioquía ya era un mago reputado y presumía de un trato personal con el demonio (la leyenda se explaya hasta en una descripción gráfica del aspecto del diablo), al que ayudaba y este le recompensaba con poder, sabiduría y riquezas. Vamos, que era un mago de temer. No se guardaba su magia para sí, sino que enseñaba a otros a realizar sortilegios y embrujos para lograr sus objetivos, acercándoles a los demonios, como él mismo. Y lo dejamos aparcado un momento, para pasar a Justina, ya luego nos reencontramos con él. 

Vivía en Antioquía una doncella llamada Justina, hija de Edesio, un sacerdote pagano y su madre se llamaba Cledonia. En una ocasión en que estaba a la ventana, oyó predicar al diácono San Praelio (4 de enero) sobre la Vida, Pasión y Resurrección de Jesucristo. Oírlo Justina y querer conocer a ese Dios Jesucristo, fue la misma cosa. Buscó instruirse en la fe y se fue a una comunidad de cristianos, donde llegó a la fe. Regresó a casa, y convirtió a sus padres. Fueron al obispo San Optato (23 de mayo), que les bautizó, ordenó presbítero a Edesio y consagró la virginidad de Justina a Jesucristo. A todas estas, había un joven pagano, llamado Aglax (o Aglaias) que se prendó, con malas intenciones, de Justina, proponiéndole fuera su amante, a lo que ella respondió huyendo de su persona, luego de responderle: “Mi esposo es Cristo; Él me basta, y por amor a Él guardo mi pureza, como Él ​​preserva mi alma y mi cuerpo de toda contaminación". Determinó el joven raptarla, y así lo hizo, ayudado unos amigos, pero Justina comenzó a gritar y fue socorrida por algunas personas.

Y vuelve a aparecer Cipriano: Ya que no podía hacer más, Aglax se fue a donde al mago Cipriano, para que hechizara a Justina, a cambio de riquezas. Cipriano le respondió que no se preocupara, que la misma joven iría a su presencia, rendida de amor. Y se puso a la tarea: tomó sus libros, preparó sus conjuros e invocó al demonio para que dominara el corazón de Justina y lo entregase al pagano. El diablo le ordenó a Cipriano que dijera al joven rociara la casa de Justina con un brebaje, y esta se encendería de lujuria por él. Así lo hizo este, y esa noche, al despertarse Justina a hacer su oración (hacía oración tres  veces en la noche), se sintió fuertemente tentada de lujuria, y recordó a Aglax, pero clamó a Jesucristo, y este le liberó de la tentación. Se apareció el demonio a Cipriano, diciéndole que no podía conquistar a Justina. Invocó Cipriano a otro demonio más poderoso, que halló a la joven haciendo grandes penitencias y ayunando, y tampoco logró nada. Y llamó Cipriano al mismísimo Satanás, que riéndose de los otros demonios, tomó la apariencia de una mujer, se fue adonde Justina, y le pidió vivir con ella, para imitar su vida virtuosa. Pero a la primera sugerencia sobre la superioridad del sexo sobre la virginidad, Justina supo que era cosa del demonio, trazó la señal de la cruz, y el diablo huyó. Al volver adonde Cipriano, le confesó: “Los demonios no podemos ver la señal de la cruz, sino huimos de ella, porque nos quema como el fuego y nos arroja lejos."


Pero quería cumplir el demonio y se le ocurrió (y tiene risa la cosa) tomar la apariencia de Justina, para que Aglax satisficiese sus deseos. Y allá se fue. Al verle Aglax, le abrazó y le dijo: “que bien que has venido a mí, Justina”, y al oir el nombre de la virgen casta, el diablo ¡puff! Desapareció. Ni su nombre podía oír el diablo. Otras estratagemas inventó Cipriano, como convertir a Aglax en pájaro, pero nada, solo lo miró Justina, y el joven casi se mata al caer del tejado. Derrotado, Cipriano se vengó de la familia, los animales, los  amigos de Justina, y ella misma, provocándole una enfermedad. Nada logró, así que extendió sus maldiciones a toda la ciudad, muriendo personas y animales, atrayendo tormentas, terremotos y sequías. Entonces fueron las gentes a convencer a Justina que aceptara Aglax, para que Cipriano les dejase en paz, pero ella les dijo que toda esa obra del demonio cesaría por su oración. Eso, que oró a su Esposo Jesucristo, y los demonios huyeron de la ciudad, la gente alabó a Cristo y se burlaban de Cipriano, que había sido vencido por una virgen.

¿Y que logró esto? Pues que Cipriano se diera cuenta que el diablo era mentiroso y ante Jesucristo no tenía poder alguno, así que renegó de él. El diablo intentó matarlo y llevarle al infierno, y Cipriano clamó: "¡Oh Dios de Justina, ayúdame!" haciendo la señal de la cruz, ante lo que el diablo salió disparado, dejándolo. Cipriano tomó todos sus libros, se fue ante el obispo San Antimo (13 de abril), pidiendo el bautismo. Antimo quemó los libros delante de todo el pueblo y le bautizó, al ver la fe y adhesión a Cristo de Cipriano. No solo esto, sino que al año, fue ordenado presbítero, y a los tres años, fue consagrado obispo. Dio a Justina el orden de las diaconisas, y fundó un monasterio para ella y otras jóvenes.

Pero cuando todo parecía estar bien, el diablo comenzó a insidiar en Eutolmio, gobernador de la región, alertándole sobre cómo eran despreciados los dioses, por los engaños del obispo Cipriano y la abadesa Justina. El gobernador les mandó apresar a ambos y llevarlos ante él para juzgarlos. Al estar ente él, y ser inquirido sobre su cambio de vida, Cipriano narró todo lo ocurrido hasta la huida del diablo ante la señal de la cruz, continuando con una apología de la fe cristiana frente a la idolátrica. Esto le valió ser colgado y raspado su cuerpo con peines, y a Justina ser golpeada. Soportaron grandes tormentos, como el caldero hirviente, al que sobrevivieron, mientras que un sacerdote pagano se quemó.

Les mandaron al juez Claudio, que les condenó a ser decapitados, sin más. Justina inclinó su cabeza y fue decapitada primero. Luego Cipirano, y un tal Teoctisto, que al ver la muerte de los mártires, se convirtió fue martirizado allí mismo. Los cuerpos estuvieron al aire libre durante seis días, hasta que unos cristianos romanos que estaban de paso las tomaron y las llevaron a Roma, donde Rufina, una piadosa mujer las enterró decentemente y sobre ellos levantó un altar. Actualmente se veneran en la Basílica de San Juan de Letrán.  

Pero esto es la leyenda. ¿Qué dice la historia?  
El reconocimiento, y su culto, de los mártires Cipriano y Justina es tan antiguo como el siglo IV, en el que San Gregorio Nacianceno (1, Iglesia Siria; 2, Iglesia Romana; 19, traslación de las reliquias; 25, traslación de las reliquias, y 30 de enero, Iglesias orientales: la Sinaxys; 9 de mayo; 11 de junio, traslación de las reliquias a Roma, y 23 de agosto, Iglesia georgiana) le menciona en un sermón, corroborado que era un mago, y filósofo, aunque le llama obispo de Cartago. En el siglo V, la emperatriz Eudoxia le llama obispo de Antioquía. A quien no mencionan nunca es a Justina. San Simeón Metafrastes (27 de septiembre) y añadidos medievales van aumentado la leyenda, y le hacen autor del famoso libro “Grimonio” sobre magia y hechicería, aunque la verdad es que la compilación de este como se conoce hoy es de los siglos XIX y XX. La leyenda dorada de La vorágine los hizo famosos en Occidente. En el siglo XIII la memoria de Cipirano y Justina se introdujo en el calendario romano, para ser eliminada en 1969. En 2001 también fueron eliminados del martirologio romano.

Finalmente, podemos suponer que fueron mártires reales, a los que el tiempo les llenó de fábulas. O también que no existieron, vamos.


Fuentes:
-"Flos sanctorum". R.P ALONSO DE VILLEGAS. Barcelona, 1794.
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los dias del año: Septiembre. P JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1863.
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI y G. ZIARRI. Madrid, 2000. 



A 26 de septiembre además se celebra a 
Santa Eugenia de Hohenburg, abadesa.
San Gedeón, juez

domingo, 16 de septiembre de 2012

San Cipriano, el de Cartago y otros más

Pregunta: yo quiero saber quien es san cipriano te lo agradeseria.

Respuesta: Hay varios santos con ese nombre, aunque los más conocidos son:

Beato Cipriano I. Tansi
San Cipriano, obispo, y mártir con Justina, virgen. 26 de septiembre. 

San Cipriano de Cartago, obispo y mártir14, y 16 de septiembre junto a San Cornelio papa, en la Iglesia Romana; 31 de agosto, Iglesia Rusa y 2 de octubre, Iglesia Oriental.

San Cipriano de Geneouillac, abad. 9 de diciembre.
San Cipriano de Brescia, mártir con San Sabino. 11 de julio.
San Cipriano de Toulon, obispo. 3 de octubre. 
San Cipriano de Calamizzi, abad. 20 de noviembre. 
San Cipriano de Antigny, mártir. 14 de junio.
Beato Cipriano Iwene Tansi, cisterciense. 20 de enero.
Beato Cipriano Alguacil, dominico mártir. 6 de noviembre.
Beato Cipriano Polo García, agustino mártir. 6 de noviembre.




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