Mostrando entradas con la etiqueta Lucio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lucio. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de marzo de 2021

San Daniel, príncipe moscovita.

San Daniel de Moscú, príncipe. 4 de marzo y 30 de agosto. 

Fue el cuarto hijo del gran monarca San Alejandro Nevski (30 de agosto y 12 de septiembre), y nació en 1261. A los 12 años fue colocado en el gobierno del principado moscovita, y aunque aún era casi un niño gobernó con buen tino, logrando pacificar las regiones colindantes con su principado.  

Su devoción religiosa le llevó a solicitar, y obtener las reliquias de San Daniel Estilita (11 de diciembre), a quien había tomado por patrón, para edificar en su honor una bella iglesia y monasterio. El famoso monasterio de Danilov, cuna de santidad, arte y erudición. También fundó el monasterio de la Epifanía. Otra obra importante fue el comienzo de la construcción, originalmente de madera, que se convertiría en el hermoso lugar que es hoy el Kremlin. 

Fue un hombre pacífico, hizo la paz entre sus hermanos y cuando uno de estos le hizo la guerra aliado con los tártaros Daniel le hizo frente y le apresó, pero luego le perdonó y le trató con respeto. Jamás usó la guerra para ampliar sus dominios, pero era tan eficaz en su gestión que numerosos condados preferían ser vasallos suyos de buena gana, ganando en sus relaciones con el principado y asegurándose así protección.  

Daniel murió santamente el 4 de marzo de 1303. Unos años antes había cedido el gobierno a su hijo Yuri y tomado el hábito monástico, viviendo sus ultimos tiempos en una humilde celda y dedicado a la oración. El 30 de agosto de 1652 sus reliquias fueron elevadas y halladas incorruptas. 


A 4 de marzo además se recuerda a:

San Lucio I, papa.
Santa Natalia
de Nicomedia, esposa
.
San Muicin, obispo.








miércoles, 24 de febrero de 2021

"hagamos lo que nos conduce al reino celestial"

Santos Montano, Flavio y compañeros mártires. 24 de febrero y 23 de mayo. 

El testimonio de estos mártires es de esos que nos llegan al alma y que, en mi opinión, deberían ser leídos en las iglesias, como se hacía antiguamente. Nos ha llegado de manera directa, pues está descrito en una carta que ellos mismos escribieron a la comunidad cristiana desde la cárcel, siendo completada por un sobreviviente. 

En septiembre de 258 fue martirizado el obispo de Cartago, el gran San Cipriano (16 de septiembre), quien dejó una sólida iglesia local, formada y fuertemente evangelizadora. Poco después del martirio de Cipriano, moría su ejecutor, el procónsul Galerio Máximo, quedando la ciudad sin sucesor, tomando el gobierno temporalmente el procurador Solon, un hombre más débil pero no menos fiero con los cristianos. En sus días se desató una rebelión en la que muchos funcionarios fueron asesinados. Solon, en lugar de ordenar averiguaciones y buscar culpables, dictaminó que los cristianos eran los culpables y que querían vengar la muerte de Cipriano. Fueron apresados ocho cristianos prominentes de la iglesia cartaginense. 

"En cuanto nos apresaron – dice la mencionada carta - nos entregaron en custodia a los soldados. Los soldados del gobernador nos dijeron que íbamos a ser condenados a las llamas; entonces rezamos a Dios, con gran fervor, para que nos librara de ese castigo, y él, en cuyas manos están los corazones de los hombres, se complació en acceder a nuestra petición. El gobernador alteró su primer intento, y nos ordenó que fuéramos a una prisión muy oscura e incómoda, donde encontramos al presbítero Víctor, y a algunos otros; pero no estábamos consternados por la inmundicia y la oscuridad del lugar, pues nuestra fe y gozo en el Espíritu Santo nos reconcilió con nuestros sufrimientos en ese lugar, aunque no eran tan fáciles de describir. Pero si grandes son nuestras pruebas, más grande es Aquel que las vence en nosotros. Nuestro hermano Reno, mientras tanto, tuvo una visión en la cual vio a varios de los prisioneros salir de la cárcel con una lámpara encendida delante de cada uno de ellos, mientras que los demás, que no tenían tales lámparas, se quedaban atrás. Él nos discernió en esta visión, y nos aseguró que éramos del número de los que salieron con lámparas. Esto nos dio una gran alegría, porque entendimos que la lámpara representaba a Cristo, la luz verdadera, y que debíamos seguirlo por el martirio. 

Al día siguiente fuimos enviados ante el gobernador para ser interrogados. Para nosotros fue un triunfo ser conducidos, como un espectáculo, por el mercado y las calles, con nuestras cadenas sonando. Los soldados, que no sabían dónde nos oiría el gobernador, nos arrastraron de un lugar a otro hasta que, al final, ordenó que nos llevaran a su presencia. Nos hizo varias preguntas; nuestras respuestas fueron modestas, pero firmes: al final fuimos enviados a prisión; aquí nos preparamos para nuevos conflictos. La prueba más dura fue la que sufrimos a causa del hambre y la sed, pues el gobernador ordenó que nos mantuviéramos sin comer ni beber durante varios días, de modo que el agua nos fue rechazada después de nuestro trabajo; sin embargo, el diácono Flavio agregó grandes penitencias voluntarias a estas dificultades, dando a otros el pequeño refrigerio que tan escasamente nos permitían los carceleros. 

Dios se complació en consolarnos en esta nuestra extrema miseria, por una visión que le dio al presbítero Víctor, quien sufrió el martirio pocos días después. ‘Anoche vi, nos dijo, a un niño, cuyo rostro era de un resplandor maravilloso, entrar en la cárcel. Nos llevó a todas partes para hacernos salir, pero no había salida; entonces me dijo: Aún te preocupas de ser retenido aquí, pero no te desanimes, yo estoy contigo; lleva estas noticias a tus compañeros, y hazles saber que tendrán una corona más gloriosa. Le pregunté dónde estaba el cielo; el niño respondió, Más allá del mundo’. Víctor entonces deseaba que se le mostrara el lugar de los bienaventurados, pero el niño en la visión lo reprendió suavemente, diciendo, ‘¿Dónde entonces estaría tu fe?’ Víctor dijo: ‘No puedo retener lo que me ordenas: dame una señal que pueda dar a mis compañeros’. Él respondió: 'Dales la señal de Jacob, es decir, su escalera mística, que llega hasta el cielo’. Poco después de esta visión, Víctor fue ejecutado. Esta visión nos llenó de alegría. 

Dios nos dio, la noche siguiente, otra garantía de su misericordia, por una visión a nuestra hermana Quartillosia, una compañera de prisión, cuyo esposo e hijo habían sufrido la muerte por Cristo tres días antes, y quien los siguió al martirio unos días después. ‘Yo vi’, dijo ella, ‘a mi hijo, que sufrió; estaba en la cárcel sentado en hermosa fuente, y me dijo: ‘Dios ha visto tus sufrimientos’. Entonces entró un joven, de una estatura maravillosa y dijo: ‘ten valor, Dios se ha acordado de ti’.  

Además de los trabajos propios de los prisioneros, el hambre y la sed los atormentaban, en ocasiones los hacinaban, en otras los separaban y dejaban en la soledad y la absoluta oscuridad, buscando que renegaran de la fe. Además de estos consuelos divinos en visiones, tuvieron el consuelo de la Eucaristía, el Pan Inagotable le llaman, amorosamente. La comunión les fue llevada por Julián, un presbítero que sería consagrado obispo de la ciudad. Y sigue la carta. 

"Todos tenemos el mismo espíritu, que nos une y consolida en la oración, en la conversación mutua y en todas nuestras acciones. Estas son los hermosos ejércitos que ponen en fuga al diablo, que son los más agradables a Dios, y que obtienen de Él, por medio de la oración conjunta, todo lo que piden. Estos son los lazos que unen los corazones y que hacen de los hombres hijos de Dios. Para ser herederos de Su reino debemos ser Sus hijos, y para ser Sus hijos debemos amarnos unos a otros. Es imposible que alcancemos la herencia de la gloria celestial, a menos que guardemos esa unión y paz con todos nuestros hermanos que nuestro Padre celestial ha establecido entre nosotros. Sin embargo, esta unión sufrió algunos prejuicios en nuestra tropa, pero la brecha pronto fue reparada. Sucedió que Montano tuvo unas palabras con Julián sobre una persona que no era de nuestra comunión, y que estaba entre nosotros (probablemente se trata de un hereje al que Julián habría dado la comunión en la cárcel).  

Montano reprendió a Julián, y ellos, durante algún tiempo después, se comportaron entre sí con frialdad, lo cual era una semilla de discordia. El cielo se apiadó de ambos y, para reunirlos, amonestó a Montano mediante un sueño que nos relató de la siguiente manera: ‘Parecía que los centuriones venían a nosotros, y que nos llevaron a través de un largo camino hacia un campo espacioso, donde nos encontraron Cipriano y Luciano. Después de esto, llegamos a un lugar muy luminoso, donde nuestras vestiduras se volvieron blancas, y nuestra carne más blanca que nuestras vestiduras, y tan maravillosamente transparentes, que no había nada en nuestros corazones excepto lo que estaba claramente expuesto a la vista. Así, al mirarme a mí mismo, pude descubrir algo de suciedad en mi propio pecho: y, reconociendo a Luciano, le dije que lo que había observado en mi pecho denotaba mi frialdad hacia Julián. Por lo tanto, hermanos, amemos, apreciemos, y promovamos, con todas nuestras fuerzas, la paz y la concordia. Estemos aquí unánimes, a imitación de lo que seremos en el futuro. Así como esperamos compartir las recompensas prometidas a los justos, y para evitar los castigos con que los malvados son amenazados, como deseamos ser, y reinar con Cristo, hagamos las cosas que nos conducirán a Él y a Su reino celestial’." 

Aquí terminaría la primera parte, escrita por alguno de los cristianos prisioneros. La segunda parte fue escrita por testigos, a petición del diácono Flavio, quien también terminaría mártir, según la misma carta, que prosigue: 

“Después de sufrir hambre y sed extremas, con otras dificultades, durante un encarcelamiento de muchos meses, los confesores fueron llevados ante el presidente, e hicieron una confesión gloriosa. El edicto de Valeriano condenaba a muerte sólo a los obispos, sacerdotes y diáconos. Los falsos amigos de Flavio sostuvieron ante el juez que no era diácono y que, en consecuencia, no estaba comprendido en el decreto del emperador; por lo que, aunque Flavio protestó que lo era, no fue condenado, sino que solo los demás fueron condenados a muerte. Caminaron alegremente hasta el lugar de la ejecución, y cada uno de ellos exhortó al pueblo. 

Lucio, que era naturalmente suave y modesto, estaba un poco desanimado a causa de una enfermedad que había contraído en la cárcel; por lo tanto, fue antes que los demás, acompañado sólo por unas pocas personas, para que no fuera oprimido por la multitud, y así no tuviera el honor de derramar su sangre. Algunos le gritaban: 'Acuérdate de nosotros'. 'Ustedes también' - les dijo él - 'recuérdenme'. Julián y Víctor exhortaron a los hermanos a la paz, y recomendaron que se ocuparan de todo el cuerpo del clero, especialmente de aquellos que habían sufrido las penurias del encarcelamiento. Montano, que fue dotado de una gran fuerza, tanto de cuerpo como de mente, gritó: 'El que sacrifica a cualquier dios, pero no al verdadero, será destruido por completo’. Y esto lo repitió a menudo.  

También expuso el orgullo y obstinación malvado de los herejes, diciéndoles que podrían discernir la verdadera Iglesia por la multitud de sus mártires. Como un verdadero discípulo de Cipriano, y un celoso amante de la disciplina, exhortó a los que habían caído (en la herejía) a que no desesperaran, sino que cumplieran plenamente su penitencia. Exhortó a las vírgenes a preservar su pureza, y a honrar a los obispos, y a todos los obispos les conminó a permanecer en concordia. Cuando el verdugo estaba listo para dar el golpe, rezó en voz alta a Dios para que Flavio, quien había sido indultado, pudiera seguirlos al tercer día. Y, para expresar su seguridad de que su oración sería escuchada, partió en dos pedazos el pañuelo que le iban a poner en los ojos y ordenó que se reservara la mitad del mismo para Flavio, y deseó que se le guardara un lugar donde el fuera enterrado, para que no fueran separados ni siquiera en la tumba.  

Flavio, al ver su corona retrasada, la hizo objeto de sus ardientes deseos y oraciones. Y mientras su madre se mantenía a su lado, con la constancia de la madre de los santos Macabeos, y con el anhelo de verle glorificar a Dios con la muerte, le dijo: ‘Tú sabes, madre, cuánto he anhelado disfrutar de la felicidad de morir por el martirio’. En una de las dos noches durante las cuales sobrevivió, fue favorecido con una visión, en la cual uno le dijo: ‘¿Por qué te afliges? Dos veces has sido confesor, y sufrirás el martirio por la espada’. Al tercer día se ordenó que fuera llevado ante el gobernador. Como era muy querido por el pueblo, este se esforzaba por todos los medios para salvarle la vida. Ellos repitieron ante el juez que no era diácono; pero él afirmó que sí lo era. 

Un centurión presentó un escrito que decía que él era no. El juez lo acusó de mentir para procurar su propia muerte. Él respondió: ‘¿Es eso probable? ¿No son más bien culpables de mentir los que dicen lo contrario?’ La gente exigió que lo torturaran, con la esperanza de que no lo torturaran y que renegara de su condición en el potro de tortura; pero el juez condenó para que lo decapiten. La sentencia lo llenó de alegría, y fue conducido al lugar de la ejecución, acompañado por una gran multitud, y por muchos sacerdotes.   

Una fuerte lluvia dispersó a los infieles, y el mártir fue llevado a una casa hasta que pasara la tormenta, y allí tuvo la oportunidad de despedirse por última vez de los fieles, sin la presencia de cualquier espectador pagano. Les dijo que en una visión le había preguntado a Cipriano si el golpe de muerte era doloroso, y el mártir respondió: ‘El cuerpo no siente dolor cuando el alma se entrega por completo a Dios’. En el lugar de la ejecución, oró por la paz de la Iglesia y la unión de los hermanos. Habiendo terminado de hablar, le ataron los ojos con la mitad del pañuelo que Montano había ordenado que se le guardara, y, arrodillándose, recibió el último golpe.  

A pesar de que sufrió dos días después de los otros, toda la gloriosa compañía recibe conmemoración juntos en un día”. 


Hermosa confesión de fe, ¿cierto? Que el testimonio de estos mártires, quienes alcanzaron el cielo el 24 de febrero de 259, anime a nuestro propio testimonio. Amén. 


A 24 de febrero además se recuerda a:

San Ethelbert, rey.
Beato Roberto,
monje fundador
.
San Pretextato,
obispo y mártir
.





domingo, 4 de marzo de 2018

¿Preservado del martirio?, igualmente glorioso.

San Lucio I, papa. 4 de marzo. 

Fue romano de nacimiento, y fue diácono de los papas San Fabián (20 de enero) y San Cornelio (16 de septiembre). Cuando este último fue martirizado en 252, Lucio fue elegido para sucederle. Poco tiempo estuvo en Roma, pues fue desterrado por el emperador Galo. El destierro no parece haber sido muy largo, pues San Cipriano, que le escribe con motivo de la expulsión, vuelve a hacerlo para felicitarle por su vuelta: "No has perdido la dignidad del martirio porque tenías la voluntad, como los tres jóvenes en el horno. Aunque preservado por Dios de la muerte; esta gloria agrega una nueva dignidad a tu sacerdocio; de modo que tú, obispo, asistido en el altar de Dios, puedes exhortar a su rebaño al martirio por tu propio ejemplo y por tus palabras".

Lucio falleció al poco tiempo, en 253, aún imperando Galo. No se sabe cómo, pero tradicionalmente se le llama mártir. Su cuerpo fue hallado en las catacumbas de San Calixto (14 de octubre) en el siglo IX y trasladado a la iglesia de Santa Cecilia in Trastevere. Sin embargo, desde antiguo se venera una cabeza suya en la catedral de Roeskilde. Está claro que se trata de otro santo o una reliquia falsa.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Volumen III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

Otros santos papas son:
San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
San Gelasio I. 21 de noviembre.
San Agatón. 10 enero.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.
San Calixto I. 14 de octubre.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.
Beato Benedicto XII. 25 de abril.

A 4 de marzo además se celebra a











jueves, 17 de noviembre de 2016

Agua en vino, fe en caridad.

San Florin de Ramosch, presbítero. 17 de noviembre.

No se conoce mucho sobre este santo, que comienza a ganar fama luego de la invención de sus reliquias, llegando a ser patrono de Chur. Su leyenda siempre planteó que vivió en el siglo VII, pero descubrimientos del siglo XIX fijaron su muerte no antes de 856.

Era el párroco del pequeño pueblo de Remus, actualmente Ramosch, al oeste de Suiza. Su padre era inglés y su madre una judía conversa a la verdadera fe y que había llevado toda su vida como cristiana, un comportamiento muy piadoso. Ambos se establecieron en Remus luego de regresar de una peregrinación de Roma. Allí les nació su hijo que desde niño fue piadoso y amante de las cosas de la religión y del estudio. Como eran pobres, el párroco del lugar, llamado Alejandro, instruyó al chico gratuitamente para que pudiera seguir su vocación: el servicio de Cristo siendo sacerdote.

Los milagros no faltan en su leyenda. El más conocido y que ha configurado su patronato dice que siendo niño, el cura le envió al castillo de los nobles a pedir un vaso de vino. Yendo de regreso, Florin encontró un pobre anciano enfermo, al que dio el vino para confortarle. Regresó al castillo y volvió a pedir vino, pero se lo negaron, pensando que lo habría bebido. Entonces el niño, confiando en Dios, llenó el vaso de agua en una fuente y al llegar adonde el cura, el agua se había convertido en vino. Esta leyenda le ha hecho patrón para conseguir una buena cosecha de vid y para lograr que el vino no se agrie.

Tan buen corazón no se malogró con la juventud y Florin llegó a ser un buen sacerdote: apostólico, caritativo y amante del culto, la predicación. Nunca tenía tiempo para sí mismo, sino que se desvivía por los demás. Al parecer murió joven aún y fue enterrado en su misma iglesia parroquial donde le habían bautizado y donde había sido presbítero. Su culto se evidencia muy pronto, pues sus fieles le tomaron como abogado ante Dios. En el siglo X el obispo de Chur elevó sus reliquias a un altar en la parroquia, autorizando el culto público. Varias reliquias se trasladaron por toda Suiza. Es patrono de la ciudad y diócesis de Chur, junto a San Lucio, rey y mártir (3 de diciembre).


A 17 de noviembre además se celebra a  
San Hugo de Lincoln, obispo.
San Gregorio de Tours, obispo.

jueves, 3 de diciembre de 2015

De Santos Reyes (VIII); San Lucio, rey, obispo y mártir. O nada.

Santos Lucio de Chur, rey y obispo, y Emérita, su hermana, virgen; mártires. 3 de diciembre y 26 de mayo (bautismo de San Lucio).

Santos Lucio y Emérita.
Retablo de Santa María. Chur.
Su leyenda, incluida en la "Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum" de San Beda el Venerable (25 de mayo), le hace rey británico del siglo II, siendo el primer rey inglés en aceptar el cristianismo. Por ello envió a los santos Elvan y Mydwyn (1 de enero), dos cristianos piadosos, al papa reinante, San Eleuterio (26 de mayo), solicitándole ser bautizado y aceptado en la Iglesia. Estos dos cristianos eran discípulos de San José de Arimatea (17 de marzo), del que la leyenda dice era comerciante en metales y poseía minas de hierro en Anglia, donde luego de la muerte y resurrección de Cristo había llevado el Evangelio. El papa respondió al rey enviándole dos presbíteros para que le bautizaran y predicaran la fe de Cristo: Santos Dyfan y Fagan (26 de mayo). Estos evangelizaron los dominios del rey Lucio (las proximidades de la actual ciudad escocesa de Glasgow), fundaron las iglesias de Londres y Llandaff, y fueron los primeros obispos de Gran Bretaña. Pero el rey Lucio es legendario y esta “historia” de petición de misioneros está sacada del “Liber Pontificalis”, donde se menciona al rey Abgar IX de Edesa, llamado Lucio antes de ser coronado, que permitió predicadores cristianos en sus dominios.

La leyenda suiza fue escrita en el siglo XII, por un canónigo de la ciudad de Chur, alguno de los clérigos custodios de las reliquias del santo. Esta leyenda suiza es mucho más larga, aunque no por datos, sino por textos bíblicos, alusiones y simbología, comparaciones, etc. Casi parece escrita en el barroco. Le pone convertido por San Timoteo (26 de enero), que habría sido apóstol de los anglos, con la clara pretensión de presentar la iglesia local de Chur como "iglesia apostólica", y anterior a la evangelización por parte de los papas de Roma. Es evidente que esto no se sostiene, pues no hay vestigios de cristiandad en la región de Chur anteriores al siglo VI. También copia pasajes de la vida de San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias ; 1 y 13 de diciembre, traslaciones), transcribiéndolos idénticamente. Según esta versión, Lucio, movido por sus ansias apostólicas, dejó la corona y se consagró a la extensión del reino de Dios en el continente, predicando en Ausburg, Marswald, Maienfeld, llegando a Ratië de Suiza, luego de ser consagrado obispo. En esta región el paganismo aún estaba vivo, y adoraban estatuas de becerros y toros como dioses. El santo se preparó con tres días de ayuno y oración, para obtener muchas conversiones a la fe de Cristo. La leyenda dice que apenas predicó, la estatua de un ternero se animó y le besó los pies, reconociendo la superioridad de Cristo, moviendo a muchos a dejar la idolatría. Luego de evangelizar aquí, se retiró con algunos conversos a un sitio alejado, donde fundaron la ciudad de Chur. En otra de sus misiones, los paganos le tomaron y le apedrearon hasta matarle. Los cristianos recogieron su cuerpo y lo enterraron en una ermita, que luego sería la iglesia de San Esteban. Desde el siglo XIII la leyenda le pone como compañera de apostolado a su hermana Emérita, a la que la leyenda inglesa no menciona, principalmente porque es una santa que vivió muy posteriormente, y martirizada en Trimmis por los paganos luego de ser violada. San Lucio habría recogido el cuerpo de su hermana y lo habría depositado en la iglesia de San Andrés, construida por él mismo.

San Lucio de Britania.
Pero a pesar de aparecer esta leyenda tan compacta, los martirologios y calendarios nunca se han puesto de acuerdo, principalmente porque cada uno iba por libre. El martiologio romano ponía a 3 de diciembre: "Curiae in Germania Sancti Lucii Britannorum Regis qui primus ex iis regibus Christi fidem suscepit, tempore Eleutherii Papae.", poniéndole como rey en tiempos de San Eleuterio y fallecido en Germania. Pero el menologio de Dempster pone a 26 de mayo: "In Scotia baptizatio Lucii regis per Timotheum S. Pauli discipulum cum Emerita sorore”, llevando al santo a ser convertido por Timoteo y dándole a Emérita como hermana.

Butler, los Bollandistas y otros han tirado por los suelos ambas leyendas, separando al Lucio legendario, rey, del Lucio histórico, obispo y mártir. Los historiadores concluyen que se trata de un obispo mártir de nombre Lucio, probablemente de la familia noble de los "Pritans", identificado como “Britania”, creando la confusión de que el santo era de origen anglo. De ahí a identificarlo con el legendario rey San Lucio anteriormente mencionado, no hubo más que un paso. En el siglo VIII se trasladaron las reliquias desde la iglesia de San Esteban a una iglesia dedicada a su memoria en Chur. En Luzisteig consta una iglesia del siglo IX dedicada a la memoria de nuestro San Lucio obispo y mártir. Desde el siglo X se le considera patrón de la ciudad y diócesis de Chur, además es patrono de Hechingen (Alemania), Göfis (Austria) y del estado de Liechtenstein. En el siglo XIII se trasladaron a un sarcófago románico de mármol. En el siglo XVI, con las profanaciones de los herejes, fue metido en un sótano, junto a los tesoros de la catedral.


Fuentes:
-"La leyenda de oro para cada día del año". Volumen 3. PEDRO DE RIBADANEIRA. Barcelona, 1866.
-http://www.apostolia.eu/
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 3 de diciembre además se celebra a 
San Casiano de Tánger, mártir.
Beata Lucía "la Casta", terciaria dominica. 

domingo, 12 de julio de 2015

San Lucio, quesero y mártir.

San Lucio con su atributo principal: un queso.
San Lucio (o Uguzzo) de Cavargna, pastor y mártir de la caridad. 12 de julio. 

La primera “vita” crítica se escribió en 1861, después de más de cinco siglos de culto. Anteriormente su memoria ya aparece en el "Catalogus sanctorum Italiae", de 1613. Según estas, que recogen las tradiciones anteriores, sus padres eran unos pobres pastores de Val Cavargna, allá entre el siglo XII o XIII. El niño fue llamado “Lucio” por una inspiración divina a sus padres, pues sería “luz” en el mundo. Recibió una sólida educación basada en el Evangelio, y apenas creció lo suficiente, sus padres le encargaron el pastoreo de las ovejas, por lo que pasaba largos tiempos entre las montañas en soledad, lo que aprovechaba para dedicarse a la oración y la contemplación.

En invierno, cuando las ovejas se quedaban en casa, sus padres le colocaron con un fabricante de quesos, para que le ayudase y algún día pudiera dedicarse a ello. La leyenda nos dice que su ardiente caridad le llevó hacer milagros: a partir del suero inservible, desechado por el quesero, fabricaba quesos que daba a los pobres. Su maestro, enterado, pensó que le robaba y le echó. Y Dios entonces le envió un castigo, dice la leyenda, pues sus quesos se pudrieron, las ovejas murieron y sus pastos se secaron. Y sin embargo, a otro quesero que acogió al caritativo niño, le ocurrió que sus ovejas produjeron el doble de leche, los pastos reverdecían incluso en invierno.

Ante esto, el primer quesero fue llenándose de envidia y rencor, dirigiendo su odio hacia el jovencito Lucio. Cada prodigio que oía le llenaba el corazón de más y más odio. Y una noche  en que el joven iba hacia su casa, le salió al encuentro y le mató con el propio cuchillo de Lucio. En el lugar donde fue asesinado, se formó un pequeño lago, convertido en fuente posteriormente, donde los pobres y enfermos hallaban salud, y la leyenda dice que el día de su fiesta estas aguas se volvían rojas.

El terrible asesinato fue visto por todos como un verdadero martirio por la caridad evangélica, más que por la fe. Pronto su tumba se convirtió en meta de peregrinos, en especial de aquellos que buscaban la salud de la vista. Se le invoca como santo abogado de los fabricantes de queso, los pastores, los animales domésticos y los pobres. Es además abogado para obtener buen tiempo y es invocado contra la sequía, las tormentas y el granizo, y estos últimos patronatos se dan por el día de su memoria, en pleno verano.


A 15 de julio además se celebra a
Nuestra Señora, Santa María de Lure.
Beato Andrés de Rinn, niño mártir.
San Menou de Quimper, obispo.

martes, 26 de mayo de 2015

De dos santos misioneros.

Santos Dyfan y Fagan de Inglaterra, presbíteros misioneros. 26 de mayo.


Iglesia de San Dyfan, Barry.

La única referencia histórico-legendaria que de ellos consta está en el primer libro de la “Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum” obra de San Beda el Venerable (25 de mayo). Según esta, en el año 156, reinando los emperadores Antonino Vero y Aurelio Comodo, el rey San Lucio de Inglaterra (3 de diciembre), envió a los santos Elvan y Mydwyn (1 de enero), dos cristianos piadosos, al papa reinante, San Eleuterio (26 de mayo) solicitándole ser bautizado y aceptado en la Iglesia. Estos dos cristianos eran discípulos de San José de Arimatea (17 de marzo), de que la leyenda dice era comerciante en metales y poseía minas de hierro en Anglia, donde luego de la muerte y resurrección de Cristo había llevado el Evangelio. El papa respondió al rey enviándole dos presbíteros para que le bautizaran y predicaran la fe de Cristo: Dyfan y Fagan. Estos evangelizaron los dominios del rey Lucio (las proximidades de la actual ciudad escocesa de Glasgow), fundaron iglesias locales y fueron los primeros obispos.

En realidad este rey Lucio es legendario y esta “historia” de petición de misioneros está sacada de la vida del rey Abgar IX de Edesa, que se llamaba Lucio, y permitió predicadores cristianos en sus dominios. Siguiendo siempre esta improbable historia, cuando San Patricio (17 de marzo) llegó a esta zona habría hallado en unas ruinas, una copia de “Los Hechos de los Apóstoles” y una “vida y milagros” de los santos misioneros, pero esto es una leyenda no anterior al siglo XII. San Dyfan tiene una iglesia dedicada desde el siglo VI a su memoria y a la de San Teilo (9 de febrero y 5 de noviembre) en Escocia, donde se le venera como mártir, o protomártir de Gales. En dicha iglesia se conserva un pozo del que se toma agua contra la parálisis y enfermedades reumáticas.




Fuente:
-“Welsh Classical Dictionary”. PETER BARTRUM . National Library of Wales, 1993.


A 26 de mayo, además se celebra a:

San Berenguer, monje.
V. Margarita del S. S.,
virgen carmelita
.
La Invención de
Santiago Apóstol
. 
San Edmundo I
rey y mártir.













Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...