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jueves, 3 de junio de 2021

De anticristiano a apóstol de Cristo.

San Cecilio de Cartago, presbítero. 3 de junio. 

Cecilio es citado algunas veces por San Cipriano de Cartago (16 de septiembre). En su juventud Cecilio había sido contrario al cristianismo. En una ocasión adoró en público la imagen de Serapis, un dios heleno-egipcio, y fue reprendido por el filósofo Octavio y el abogado Marco Minucio Félix, quienes eran cristianos. Estos expusieron a Cecilio la doctrina cristiana, la cual era para Cecilio, cosa de ignorantes, esclavos. Estos dos hombres defendieron tan bien a Cristo y la Iglesia, que Cecilio se convirtió a la fe. No solo se convirtió, sino que, además, fue ordenado presbítero.  


Siendo anciano Cecilio convirtió a la fe a Cipriano, quien siempre le guardó una enorme admiración al santo viejo, tanta que al ser bautizado se puso “Cecilio” como segundo nombre. A su muerte en 211, Cipriano cuidó de la viuda e hijos de Cecilio hasta 258, cuando él mismo fue martirizado. 


A 3 de junio además se celebra a:


San Isaac de Córdoba
monje mártir.
Santa Oliva, eremita.
San Liebhard,
eremita y abad
San Kevin,
ermitaño y abad
.










sábado, 10 de abril de 2021

"no neguemos a Cristo ante los hombres".

San Terencio de Cartago y compañeros mártires. 10 de abril y 28 de octubre. 

En el año 250, imperando Diocleciano, fueron capturados los cristianos Terencio, Pompeyo, Africano, Máximo, Zenón, Alejandro, Teodoro y unos 60 más. Como era el uso, se les propuso sacrificar a los dioses para demostrar su fidelidad al Imperio, pero ellos se negaron. Siendo amenazados, Terencio dijo a sus compañeros: "Hermanos, no neguemos a Cristo ante los hombres. Entonces no nos negará ante el Padre en el Cielo y sus santos ángeles". 

El gobernador de la ciudad entonces separó al grupo en dos partes, mandando que una parte fuera azotada delante de la otra. Una vez flagelados, se roció sal sobre las heridas y luego de unos días padeciendo terribles dolores, fueron decapitados. 

Los otros fueron encerrados en una oscura prisión, con cadenas en el cuello y extremidades. Aquí la leyenda narra que una noche apareció un ángel y tocando las cadenas de cada uno de ellos, estas se soltaron. Además, les confortó con alimentos. Al otro día, el gobernador, furioso, mandó metieran en la celda víboras, escorpiones y otros animales venenosos, pero estos se escabulleron por los rincones y no tocaron a los santos mártires. Pero he aquí que a los tres días, cuando los soldados abrieron las puertas de la prisión, para sacar los cuerpos de los cristianos, las alimañas se les abalanzaron y los mataron a ellos. 

Entonces todos fueron condenados a la decapitación y llevados a las afueras de la ciudad. Por el camino cantaban cánticos y salmos. Uno a uno, dieron testimonio y se encontraron en el cielo con sus compañeros.  

Fuente:
-Heiligen Welkom


A 10 de abril además se celebra a

San Fulberto,
obispo
.
Santa Hulda,
profetisa y carmelita
.
San Macario de Gante,
obispo
.
Beato Antonio Neyrot,
dominico mártir
.







miércoles, 24 de febrero de 2021

"hagamos lo que nos conduce al reino celestial"

Santos Montano, Flavio y compañeros mártires. 24 de febrero y 23 de mayo. 

El testimonio de estos mártires es de esos que nos llegan al alma y que, en mi opinión, deberían ser leídos en las iglesias, como se hacía antiguamente. Nos ha llegado de manera directa, pues está descrito en una carta que ellos mismos escribieron a la comunidad cristiana desde la cárcel, siendo completada por un sobreviviente. 

En septiembre de 258 fue martirizado el obispo de Cartago, el gran San Cipriano (16 de septiembre), quien dejó una sólida iglesia local, formada y fuertemente evangelizadora. Poco después del martirio de Cipriano, moría su ejecutor, el procónsul Galerio Máximo, quedando la ciudad sin sucesor, tomando el gobierno temporalmente el procurador Solon, un hombre más débil pero no menos fiero con los cristianos. En sus días se desató una rebelión en la que muchos funcionarios fueron asesinados. Solon, en lugar de ordenar averiguaciones y buscar culpables, dictaminó que los cristianos eran los culpables y que querían vengar la muerte de Cipriano. Fueron apresados ocho cristianos prominentes de la iglesia cartaginense. 

"En cuanto nos apresaron – dice la mencionada carta - nos entregaron en custodia a los soldados. Los soldados del gobernador nos dijeron que íbamos a ser condenados a las llamas; entonces rezamos a Dios, con gran fervor, para que nos librara de ese castigo, y él, en cuyas manos están los corazones de los hombres, se complació en acceder a nuestra petición. El gobernador alteró su primer intento, y nos ordenó que fuéramos a una prisión muy oscura e incómoda, donde encontramos al presbítero Víctor, y a algunos otros; pero no estábamos consternados por la inmundicia y la oscuridad del lugar, pues nuestra fe y gozo en el Espíritu Santo nos reconcilió con nuestros sufrimientos en ese lugar, aunque no eran tan fáciles de describir. Pero si grandes son nuestras pruebas, más grande es Aquel que las vence en nosotros. Nuestro hermano Reno, mientras tanto, tuvo una visión en la cual vio a varios de los prisioneros salir de la cárcel con una lámpara encendida delante de cada uno de ellos, mientras que los demás, que no tenían tales lámparas, se quedaban atrás. Él nos discernió en esta visión, y nos aseguró que éramos del número de los que salieron con lámparas. Esto nos dio una gran alegría, porque entendimos que la lámpara representaba a Cristo, la luz verdadera, y que debíamos seguirlo por el martirio. 

Al día siguiente fuimos enviados ante el gobernador para ser interrogados. Para nosotros fue un triunfo ser conducidos, como un espectáculo, por el mercado y las calles, con nuestras cadenas sonando. Los soldados, que no sabían dónde nos oiría el gobernador, nos arrastraron de un lugar a otro hasta que, al final, ordenó que nos llevaran a su presencia. Nos hizo varias preguntas; nuestras respuestas fueron modestas, pero firmes: al final fuimos enviados a prisión; aquí nos preparamos para nuevos conflictos. La prueba más dura fue la que sufrimos a causa del hambre y la sed, pues el gobernador ordenó que nos mantuviéramos sin comer ni beber durante varios días, de modo que el agua nos fue rechazada después de nuestro trabajo; sin embargo, el diácono Flavio agregó grandes penitencias voluntarias a estas dificultades, dando a otros el pequeño refrigerio que tan escasamente nos permitían los carceleros. 

Dios se complació en consolarnos en esta nuestra extrema miseria, por una visión que le dio al presbítero Víctor, quien sufrió el martirio pocos días después. ‘Anoche vi, nos dijo, a un niño, cuyo rostro era de un resplandor maravilloso, entrar en la cárcel. Nos llevó a todas partes para hacernos salir, pero no había salida; entonces me dijo: Aún te preocupas de ser retenido aquí, pero no te desanimes, yo estoy contigo; lleva estas noticias a tus compañeros, y hazles saber que tendrán una corona más gloriosa. Le pregunté dónde estaba el cielo; el niño respondió, Más allá del mundo’. Víctor entonces deseaba que se le mostrara el lugar de los bienaventurados, pero el niño en la visión lo reprendió suavemente, diciendo, ‘¿Dónde entonces estaría tu fe?’ Víctor dijo: ‘No puedo retener lo que me ordenas: dame una señal que pueda dar a mis compañeros’. Él respondió: 'Dales la señal de Jacob, es decir, su escalera mística, que llega hasta el cielo’. Poco después de esta visión, Víctor fue ejecutado. Esta visión nos llenó de alegría. 

Dios nos dio, la noche siguiente, otra garantía de su misericordia, por una visión a nuestra hermana Quartillosia, una compañera de prisión, cuyo esposo e hijo habían sufrido la muerte por Cristo tres días antes, y quien los siguió al martirio unos días después. ‘Yo vi’, dijo ella, ‘a mi hijo, que sufrió; estaba en la cárcel sentado en hermosa fuente, y me dijo: ‘Dios ha visto tus sufrimientos’. Entonces entró un joven, de una estatura maravillosa y dijo: ‘ten valor, Dios se ha acordado de ti’.  

Además de los trabajos propios de los prisioneros, el hambre y la sed los atormentaban, en ocasiones los hacinaban, en otras los separaban y dejaban en la soledad y la absoluta oscuridad, buscando que renegaran de la fe. Además de estos consuelos divinos en visiones, tuvieron el consuelo de la Eucaristía, el Pan Inagotable le llaman, amorosamente. La comunión les fue llevada por Julián, un presbítero que sería consagrado obispo de la ciudad. Y sigue la carta. 

"Todos tenemos el mismo espíritu, que nos une y consolida en la oración, en la conversación mutua y en todas nuestras acciones. Estas son los hermosos ejércitos que ponen en fuga al diablo, que son los más agradables a Dios, y que obtienen de Él, por medio de la oración conjunta, todo lo que piden. Estos son los lazos que unen los corazones y que hacen de los hombres hijos de Dios. Para ser herederos de Su reino debemos ser Sus hijos, y para ser Sus hijos debemos amarnos unos a otros. Es imposible que alcancemos la herencia de la gloria celestial, a menos que guardemos esa unión y paz con todos nuestros hermanos que nuestro Padre celestial ha establecido entre nosotros. Sin embargo, esta unión sufrió algunos prejuicios en nuestra tropa, pero la brecha pronto fue reparada. Sucedió que Montano tuvo unas palabras con Julián sobre una persona que no era de nuestra comunión, y que estaba entre nosotros (probablemente se trata de un hereje al que Julián habría dado la comunión en la cárcel).  

Montano reprendió a Julián, y ellos, durante algún tiempo después, se comportaron entre sí con frialdad, lo cual era una semilla de discordia. El cielo se apiadó de ambos y, para reunirlos, amonestó a Montano mediante un sueño que nos relató de la siguiente manera: ‘Parecía que los centuriones venían a nosotros, y que nos llevaron a través de un largo camino hacia un campo espacioso, donde nos encontraron Cipriano y Luciano. Después de esto, llegamos a un lugar muy luminoso, donde nuestras vestiduras se volvieron blancas, y nuestra carne más blanca que nuestras vestiduras, y tan maravillosamente transparentes, que no había nada en nuestros corazones excepto lo que estaba claramente expuesto a la vista. Así, al mirarme a mí mismo, pude descubrir algo de suciedad en mi propio pecho: y, reconociendo a Luciano, le dije que lo que había observado en mi pecho denotaba mi frialdad hacia Julián. Por lo tanto, hermanos, amemos, apreciemos, y promovamos, con todas nuestras fuerzas, la paz y la concordia. Estemos aquí unánimes, a imitación de lo que seremos en el futuro. Así como esperamos compartir las recompensas prometidas a los justos, y para evitar los castigos con que los malvados son amenazados, como deseamos ser, y reinar con Cristo, hagamos las cosas que nos conducirán a Él y a Su reino celestial’." 

Aquí terminaría la primera parte, escrita por alguno de los cristianos prisioneros. La segunda parte fue escrita por testigos, a petición del diácono Flavio, quien también terminaría mártir, según la misma carta, que prosigue: 

“Después de sufrir hambre y sed extremas, con otras dificultades, durante un encarcelamiento de muchos meses, los confesores fueron llevados ante el presidente, e hicieron una confesión gloriosa. El edicto de Valeriano condenaba a muerte sólo a los obispos, sacerdotes y diáconos. Los falsos amigos de Flavio sostuvieron ante el juez que no era diácono y que, en consecuencia, no estaba comprendido en el decreto del emperador; por lo que, aunque Flavio protestó que lo era, no fue condenado, sino que solo los demás fueron condenados a muerte. Caminaron alegremente hasta el lugar de la ejecución, y cada uno de ellos exhortó al pueblo. 

Lucio, que era naturalmente suave y modesto, estaba un poco desanimado a causa de una enfermedad que había contraído en la cárcel; por lo tanto, fue antes que los demás, acompañado sólo por unas pocas personas, para que no fuera oprimido por la multitud, y así no tuviera el honor de derramar su sangre. Algunos le gritaban: 'Acuérdate de nosotros'. 'Ustedes también' - les dijo él - 'recuérdenme'. Julián y Víctor exhortaron a los hermanos a la paz, y recomendaron que se ocuparan de todo el cuerpo del clero, especialmente de aquellos que habían sufrido las penurias del encarcelamiento. Montano, que fue dotado de una gran fuerza, tanto de cuerpo como de mente, gritó: 'El que sacrifica a cualquier dios, pero no al verdadero, será destruido por completo’. Y esto lo repitió a menudo.  

También expuso el orgullo y obstinación malvado de los herejes, diciéndoles que podrían discernir la verdadera Iglesia por la multitud de sus mártires. Como un verdadero discípulo de Cipriano, y un celoso amante de la disciplina, exhortó a los que habían caído (en la herejía) a que no desesperaran, sino que cumplieran plenamente su penitencia. Exhortó a las vírgenes a preservar su pureza, y a honrar a los obispos, y a todos los obispos les conminó a permanecer en concordia. Cuando el verdugo estaba listo para dar el golpe, rezó en voz alta a Dios para que Flavio, quien había sido indultado, pudiera seguirlos al tercer día. Y, para expresar su seguridad de que su oración sería escuchada, partió en dos pedazos el pañuelo que le iban a poner en los ojos y ordenó que se reservara la mitad del mismo para Flavio, y deseó que se le guardara un lugar donde el fuera enterrado, para que no fueran separados ni siquiera en la tumba.  

Flavio, al ver su corona retrasada, la hizo objeto de sus ardientes deseos y oraciones. Y mientras su madre se mantenía a su lado, con la constancia de la madre de los santos Macabeos, y con el anhelo de verle glorificar a Dios con la muerte, le dijo: ‘Tú sabes, madre, cuánto he anhelado disfrutar de la felicidad de morir por el martirio’. En una de las dos noches durante las cuales sobrevivió, fue favorecido con una visión, en la cual uno le dijo: ‘¿Por qué te afliges? Dos veces has sido confesor, y sufrirás el martirio por la espada’. Al tercer día se ordenó que fuera llevado ante el gobernador. Como era muy querido por el pueblo, este se esforzaba por todos los medios para salvarle la vida. Ellos repitieron ante el juez que no era diácono; pero él afirmó que sí lo era. 

Un centurión presentó un escrito que decía que él era no. El juez lo acusó de mentir para procurar su propia muerte. Él respondió: ‘¿Es eso probable? ¿No son más bien culpables de mentir los que dicen lo contrario?’ La gente exigió que lo torturaran, con la esperanza de que no lo torturaran y que renegara de su condición en el potro de tortura; pero el juez condenó para que lo decapiten. La sentencia lo llenó de alegría, y fue conducido al lugar de la ejecución, acompañado por una gran multitud, y por muchos sacerdotes.   

Una fuerte lluvia dispersó a los infieles, y el mártir fue llevado a una casa hasta que pasara la tormenta, y allí tuvo la oportunidad de despedirse por última vez de los fieles, sin la presencia de cualquier espectador pagano. Les dijo que en una visión le había preguntado a Cipriano si el golpe de muerte era doloroso, y el mártir respondió: ‘El cuerpo no siente dolor cuando el alma se entrega por completo a Dios’. En el lugar de la ejecución, oró por la paz de la Iglesia y la unión de los hermanos. Habiendo terminado de hablar, le ataron los ojos con la mitad del pañuelo que Montano había ordenado que se le guardara, y, arrodillándose, recibió el último golpe.  

A pesar de que sufrió dos días después de los otros, toda la gloriosa compañía recibe conmemoración juntos en un día”. 


Hermosa confesión de fe, ¿cierto? Que el testimonio de estos mártires, quienes alcanzaron el cielo el 24 de febrero de 259, anime a nuestro propio testimonio. Amén. 


A 24 de febrero además se recuerda a:

San Ethelbert, rey.
Beato Roberto,
monje fundador
.
San Pretextato,
obispo y mártir
.





martes, 17 de julio de 2018

"Damos gracias a Dios, que se ha dignado a llamarnos mártires"

Pregunta: Hola! He encontrado el blog por casualidad y me parece muy interesante. Me gustaría preguntar si tiene alguna imagen de Santa Generosa, lo que he podido averiguar es que pertenece a los Mártires Escilitanos. Me gustaría saber un poco más sobre ella, ya que en mi familia ya van 4 generaciones con este nombre. Gracias y perdón por todas las molestias. Asturias. España.

Respuesta: Hola! Me alegra que el blog te parezca interesante, y espero lo sigas visitando. Además, no molestas nada. Da gusto, por lo escaso de las ocasiones, en hablar de santos de los que se puede decir que su existencia y Actas son fidedignas, como es el caso que nos ocupa. Y esto se nota en lo parco del lenguaje y la ausencia de detalles milagrosos o fenómenos fuera de lo normal. Y vamos a ello:



Santos Esperato y compañeros mártires de Cartago. 17 de julio.

Estas Actas refieren que Esperato, Narzal, Citino, y tres mujeres, Donata, Secunda, y Vestina comparecieron ante el procónsul Saturnino, en Cartago (luego serían condenados más). El procónsul les dijo: "Recibiréis favor de nuestros Señores, los emperadores Severo y Antonino, si a su vez mostráis buena voluntad de sacrificar a nuestros dioses". Esperato respondió: "No hemos hecho ningún daño, ni hemos maldecido a nadie, pero aunque recibimos mal de ti, te lo agradezco". El procónsul dijo: "Jura por la salud del emperador, y ora por su bienestar, es eso lo que debes hacer". Esperato respondió: "No sé nada del emperador, pero sirvo a mi Dios del cielo, que ve nunca he robado y he pagado mis impuestos, porque reconozco al emperador como mi señor, pero adoro a Dios, que es Señor de señores".

Saturnino se volvió hacia los demás y les instó "sacrificad, y no seáis partícipes de la locura de este hombre, sino respetad y obedecer el edicto del soberano". Citino dijo, "no tememos a nadie, salvo al Señor de señores, que está en los cielos". El procónsul dijo: "Llevadlos a la cárcel, y dejar que reflexionen". A la mañana siguiente, cuando Saturnino llegó al tribunal, ordenó a los mártires comparecer ante él. Y cuando fueron llevados a su presencia, se volvió hacia las mujeres, y les dijo: "Honrad a vuestro soberano, y sacrificad a los dioses". Donata respondió: "Yo hago honor a César como César, pero solo adoro a Dios". Y Vestina dijo: "Yo también soy cristiana". Luego Secunda dijo, "yo creo en mi Dios, y deseo estar con él, por eso no voy a adorar a tus dioses".

Saturnino separó a las mujeres a un lado, y luego llamó a los hombres. Luego dijo a Esperato, "¿perseveras en ser cristiano?" Esperato respondió: "Yo persevero. Escucha a todos los presentes, somos cristianos". Entonces todos se unieron y dijeron: "todos somos cristianos". Saturnino dijo: "¿Qué, no tienes deseos de ser liberado?" "Haz lo que quieras con nosotros", respondió Esperato. Saturnino dijo: "¿Cuáles son los libros que lees y veneras?" Esperato respondió: "Los cuatro Evangelios de Nuestro Señor Jesucristo, las Epístolas de Pablo el Apóstol, y toda Escritura inspirada por Dios". "Te doy tres días para reconsiderar tu determinación", dijo el procónsul, dispuesto a martirizarlos. Esperato dijo: "Yo soy cristiano, y estos también lo son conmigo, y no desertaremos de nuestra fe. Haz lo que quieras". 

Cuando el procónsul vio que eran tan constantes, decidió darles muerte directamente con estas palabras: "Esperato, Narzal, Citino, Veturnis, Félix, Aquilino, Letancio, Januaria, Generosa, Vestina, Donata y Secunda, habiéndose confesado ser cristianos, y negándose a dar el debido honor y devoción al emperador, sean decapitados". Cuando esta sentencia fue leída, todos dijeron: "Damos gracias a Dios, que se ha dignado a llamarnos mártires el día de hoy y nos llevará al cielo a través de la confesión de su nombre". Una vez dicho esto, se adelantaron, se arrodillaron y bajando la cabeza fueron decapitados uno tras otro.

"Y", dicen los Actas, "estos mártires murieron el día 17 de julio, e interceden por nosotros ante el Señor Jesucristo, a quien sea la honra y la gloria, con el Padre y el Espíritu Santo, a través de siglos de los siglos Amén".

Los martirologios españoles han aprovechado de estos mártires, haciéndolos mártires propios, leyendo Cartagena donde dice Cartago. San Agustín les dedicó bellas y encendidas palabras en la basílica construida sobre sus tumbas. Las Reliquias reposan en Lyon, adonde fueron trasladadas de África antes del siglo VIII, y algunas reliquias han pasado a Toledo y Roma. En la basílica romana de Santos Juan y Pablo, que en un tiempo custodió reliquias de Generosa, se celebra todavía su fiesta el 17 de julio. En Brasil y Ademuz (España) dicen tener las reliquias de Santa Generosa, pero lo más probable es que sean solo corposantos desconocidos.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.


A 17 de julio además se celebra a:


B. Teresa de S. Agustín
y compañeras mártires.
San Alejo, confesor.
San Andrés Zoerard,
eremita.






miércoles, 29 de marzo de 2017

Cristo es Dios. Y con la vida lo afirmaron.

San Armogasto de Cartago y otros mártires. 29 de marzo.

Minas de Byzacene.
El relato de estos testigos de Cristo es conocido por la obra "De la persecución de los vándalos", de Víctor de Útica. Nos cuenta que reinando el feroz Genserico en el norte de África, era especialmente cruel con los católicos, que no aceptaban la fe arriana, ni mucho menos se complacían en disimular su fe católica. Aconsejado por los arrianos, Genserico había prohibido que ningún fiel a la doctrina católica pudiera tener cargo público alguno, ni mucho menos en su corte. 

Pero he aquí que se supo que Armogasto, un noble al servicio de Teodorico, hijo de Genserico, era católico. Fue apresado y torturado atándole cuerdas alrededor de su frente y piernas, comprimiendo las carnes y las sienes lenta y dolorosamente. Pretendían que apostatara, pero el santo elevó una súplica al cielo y las cuerdas se rompieron. Lo intentaron luego con cuerdas de cáñamo, más fuertes, que igualmente se rompieron. Porteriormente le colgaron de un pie, con la cabeza hacia abajo. El santo soportó pacientemente su tormento, y aún sonreía, lo cual exasperó a Teodorico, que quiso cortarle la cabeza de inmediato. Pero Jucundio, un presbítero arriano le dijo "si le cortas la cabeza, los católicos le harán un mártir. Debe morir de otra manera". Entonces fue descolgado y enviado a las minas de Byzacene. 

De ahí fue enviado a cuidar vacas y limpiar establos, para humillarle. En este trabajo su cuerpo fue extenuándose poco a poco y así, sintiéndose morir, llamó a otro compañero de castigos, llamado Felipe y le dijo "Te ruego que cuando yo muera, me entierres debajo de este roble, o tendrás que rendir cuentas ante Dios por no hacerlo". Felipe le respondió "Dios no lo permita, yo te enterraré en alguna iglesia, como tú mereces por confesar a Cristo". Armogasto insistió, y Felipe aceptó a su petición. Pocos días después falleció Armogasto y Félix comenzó a cavar su tumba entre las raíces del árbol. Le era muy difícil y pronto vio la causa: halló un sepulcro de mármol, en el cual sepultó el cuerpo de Armogasto, al que los católicos dieron culto como mártir por tantos sufrimientos por la causa de la fe católica.

Al mismo tiempo que Armogasto, fue llamado al tribunal Archinimo, que era de Mascula. Genserico le prometió que si negaba la divinidad de Cristo salvaría la vida, pero el confesor se negó a ello y alcanzó la corona del martirio. 

En tiempos de Hunerico, sucesor de Genserico, hicieron comparecer a Saturio, el cual no callaba sobre la impiedad de la fe arriana, por lo que fue denunciado por un diácono arriano. Hunerico le conminó a negar la divinidad de Cristo si no quería perder todos sus bienes, y además, entregaría a su esposa e hijos a un camellero, para que este la desposara, humillándola, e hiciese esclavos a sus hijos. Saturio permaneció firme y Hunerico dispuso se hiciera lo mandado. La mujer de Saturio le imploró no la sometiera al escándalo, y renunciara a su fe. Él le contestó: "Hablas como una de las mujeres necias [Job 11]. Si me amaras, no me pedirías una segunda muerte: El que no abandona a su mujer, dijo el Señor, por hacer su voluntad, no puede ser su discípulo". Entonces Saturio fue despojado de todo y reducido a la mendicidad, castigado y varias veces apresado, hasta que murió en la prisión.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 29 de marzo además se celebra a






jueves, 23 de marzo de 2017

Santos Mártires de Cartago.

Santos Victoriano, Liberato, y compañeros mártires de Cartago. 23 de marzo.


San Liberato.
Era Victoriano procónsul de Cartago y uno de los hombres más ricos del norte de África. Su fe cristiana era firmísima, por eso, cuando Hunerico cambió su fe católica por la arriana, no quiso tener un alto cargo como el procónsul de fe católica e instó a Victoriano que cambiara de fe, confesando que Cristo no era Dios. Victoriano respondió: "Nada puede separarme de la fe y el amor de Nuestro Señor Jesucristo. En la confianza que tengo en un maestro tan poderoso, estoy dispuesto a sufrir todo tipo de tormentos en lugar de consentir la impiedad arriana. Podrás exponerme a las bestias salvajes o torturarme, pero nunca me obligarás a abandonar la Iglesia Católica en la que fui bautizado". Esta respuesta exasperó tanto al tirano que hizo que el santo sufriera crueles tormentos, que Victoriano soportó con coraje, para finalmente alcanzar la corona del martirio.

Fueron apresados también en Tambala dos hermanos. Les colgaron por las muñecas, mientras pendían grandes pesos de sus pies. Uno de ellos cedió y clamó libertad a cambio de renegar de Cristo, pero su hermano le dijo: "No lo hagas, hermano, o te acusaré ante el tribunal de Cristo, pues, ¿acaso no hemos jurado sobre Su Cuerpo y Sangre sufrir juntos por Él?" Y con estas palabras el hermano débil se confortó, por lo cual confesó nuevamente a Cristo. Los vándalos, enfurecidos, les aplicaron hierros candentes en los costados, tormento en el cual expiraron ambos hermanos.

También padecieron dos mercaderes catagineses, ambos llamados Frumencio. Habían vendido todos sus bienes en favor de los pobres y siguieron a Cristo hasta el martirio.

Había entre los prisioneros un médico de Cartago llamado Liberato, que junto a su mujer e hijos fue exiliado. Fueron ambos esposos separados en la prisión, mientras que la mujer decía al marido: "No pienses más en tus hijos, Jesucristo lo guardará". Los arrianos dijeron a la mujer "Tu marido se ha sometido a las órdenes del rey, cede tú también y seréis libres". Quiso ella ver a Liberato para ver si era cierto. Al entrar en su celda y reprocharle su pecado, el marido le dijo "Os han engañado, oh esposa mía, nunca he renunciado a mi fe". Ambos fueron martirizados con los anteriores mártires en este día del año 484.


Fuente
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 23 de marzo además se celebra a
San Nicon de Sicilia y compañeros mártires.
San José Oriol, presbítero.
Santos Fingar y Piala, mártires.

viernes, 16 de septiembre de 2016

San Cibrao de Carballiño.

Pregunta: Tengo entendido por un sacerdote que San Cibrao es el Santo Patrono de Carballiño Ourense, sin embargo he buscado y no consigo nada referente al santo. Mil gracias!!!

Respuesta: Después de tanto tiempo, hallo la respuesta. El asunto es que San Cibrao es en lengua gallega San Ciprián o Cipriano. Visto esto, pues ya el asunto es mas fácil porque sabemos quien es San Cipriano de Cartago (que es el venerado en Carballiño, Ourense):

San Cipriano
venerado en Carballiño.
San Cipriano de Cartago, obispo y mártir. 14, y 16 de septiembre junto a San Cornelio papa, en la Iglesia Romana; 31 de agosto, Iglesia Rusa y 2 de octubre, Iglesias Orientales.

Nació en el año 200 en Cartago, África, y se convirtió al cristianismo sobre los 40 años, motivado por la vida santa del sacerdote San Cecilio (3 de junio). Cipriano era casado y luego de convertirse guardó celibato y dejó la lectura de libros no cristianos, dedicándose al estudio de las Sagradas Escrituras. Tanta era su fama de hombre piadoso que en el 248 fue ordenado obispo por aclamación popular, al morir el obispo de Cartago. Se resistió pero reconoció a Dios en el clamor del pueblo y los sacerdotes.

En 251, el emperador Decio decretó la persecución contra los cristianos, insistiendo en los obispos y en la destrucción de los libros sagrados. Cipriano se esconde pero continúa su predicación y su labor de obispo, enviando cartas a los cristianos exhortándoles a no apostatar para evitar la muerte, como muchos hicieron por miedo. Cuando cesó la persecución y volvió a la ciudad se opuso al regreso a la Iglesia a los que habían apostatado sin exigirles penitencia antes de la recepción de los sacramentos, buscando también fortalecer la fe y prepararse a las futuras persecuciones. Esto le valió ciertas fricciones con el papa San Esteban I (2 de agosto), zanjadas por este con autoridad. En 252, ante la epidemia de peste en Cartago Cipriano organiza la ayuda a los pobres, y vende todas sus posesiones, animando a todos los cristianos a la limosna, y haciéndose presente él mismo para consolar y socorrer alos enfermos y sus familias. El emperador Valeriano, en el año 257, decreta otra persecución aún más intensa que la anterior. Los obispos y sacerdotes recibirían pena de muerte por celebrar una ceremonia religiosa. Ese mismo año Cipriano es desterrado, pero él sigue celebrando la eucaristía, por lo que en el año 258 lo condenan a muerte.

En el juicio, cuyas actas se conservan y son fidedignas totalmente es invitado a dejar la fe cristiana, se niega, confirma su condición de cristiano y de obispo. El juez Galerio dicta la sentencia: "Puesto que se niega a obedecer las órdenes del Emperador y no quiere adorar a nuestros dioses, y es responsable de que toda esta gente siga sus creencias religiosas, Cipriano: queda condenado a muerte. Le cortarán la cabeza con una espada". Al oír la sentencia, Cipriano exclamó: "¡Gracias sean dadas a Dios!"

Todos los cristianos gritaban: "Que nos maten también a nosotros, junto con él", y lo siguieron en gran tumulto hacia el sitio del martirio. Al llegar, Cipriano mandó que después de su muerte le fueran dadas 25 monedas de oro al verdugo que le iba a cortar la cabeza. Los fieles colocaron sábanas blancas en el suelo para recoger su sangre y llevarla como reliquias. Cipriano se vendó él mismo los ojos y se arrodilló. El verdugo le cortó la cabeza con un golpe de espada. Esa noche los fieles llevaron en solemne procesión, con antorchas y cantos, el cuerpo del glorioso mártir para darle honrosa sepultura en la Vía Mappaliana. Era el 14 de septiembre de 258. Galerio murió repentinamente pocos días después, de un ataque al corazón.

Consagración episcopal de San Cipriano.
Abadía de Ninove.
Dos Iglesias fueron erigidas en honor de San Cipriano, una sobre su tumba, según la antigua costumbre cristiana y otra en el sitio donde fue decapitado. En un principio su memoria se celebró el 14 de septiembre, según el calendario de Fronton, pero en el siglo V se unió a la memoria de San Cornelio, el dia 16 del mismo mes. A principios del siglo IX, unos embajadores de San Carlomagno (28 de enero) en Persia, llegaron a Cartago y pidieron permiso para venerar las reliquias de San Cipriano. Hallaron la tumba en tal abandono que peligraban las reliquias, y pidieron llevarlas consigo, favor que se les concedió. El martirologio de San Adon (16 de diciembre), recoge esta traslación y deposición en 806. Luego fueron trasladadas a Lyon. Por último, el rey Carlos el Calvo, unos años más tarde, las llevó a Campania, para depositarlas junto a las de San Cornelio en la abadía del mismo nombre. Una cuarta traslación, (en este caso de los dos santos) de partes de huesos, se realizó a Flandes, a la Iglesia Colegiata de Rosnay.

Y para terminar, una frase de San Cipriano: "He vivido en este mundo nuestro totalmente alejado de Dios, porque las divinidades estaban muertas y Dios no era visible. Y viendo a los cristianos, he pensado: es una vida imposible, ¡esto no se puede realizar en nuestro mundo! Pero después, encontrando a algunos de ellos, estando en su compañía, dejándome guiar en el catecumenado, en este camino de conversión hacia Dios, poco a poco he comprendido: ¡es posible! Y ahora soy feliz por haber encontrado la vida. He comprendido que aquella otra no era vida, y en verdad sabía ya antes que aquella no era la verdadera vida".


Fuentes:
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000. ‎
-"Vidas de los Santos". Tomo X. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Septiembre. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1863.


A 16 de septiembre además se celebra a 
Santa Therence, virgen
Santa Edith de Wilton, virgen.

domingo, 22 de mayo de 2016

Santa Julia, la esclava libre.

Pregunta: La razón por la que te escribo, es porque mi hija se llama Julia, y el dia que escogimos para su santo es el 7 de octubre, pues nos dijeron que tambien habia una Santa Julia, virgen y mártir, pero por mas que busco, no encuentro su historia, y me gustaria saberla para cuando me preguntara, saber que responder. Esperando tener respuesta. Gracias de antemano. España.

Respuesta: Muchas, muchas santas de nombre Julia hay, y no hay que pensar nunca que solo hay una. Sobre la Julia virgen y mártir que dices, supongo sea la más conocida de ellas, por la veneración de sus reliquias o su iconografía:

Santa Julia de Córcega, virgen y mártir. 22 de mayo.

Aunque su sobrenombre sea "de Córcega", Julia nació en Cartago, ciudad del norte de África, profundamente cristiana en el momento de su nacimiento: principios del siglo V. Julia nació en una familia cristiana y noble. Fue educada en la piedad y los rudimentos de las letras, y como toda mujer del momento, para ocupar algún día su puesto como madre de familia. Y así habría sido, quien sabe, si en 439 Genserico, rey de los vándalos, arriano y enemigo de los católicos, no hubiera invadido Cartago, cometiendo grandes crueldades. Las iglesias y palacios fueron saqueados y robado todo lo valioso. Y todo el que se oponía a ello, era asesinado en el acto.

La familia de Julia, como todas las nobles, fueron sometidas a la persecución. Algunos murieron, y otros fueron vejados públicamente. Las mujeres nobles jóvenes y bellas fueron vendidas como esclavas a mercaderes, que pagaron precios altísimos por ellas. Entre ellas estaba Julia, que fue comprada por un pagano llamado Eusebio, que la llevó consigo a Siria. Allí se vio sujeta a trabajos, humillaciones y tristezas sin fin. Solo su fe en Cristo la sostenía en medio de la desolación de servir a un amo idólatra. Por su silencio, abnegación y prontitud a trabajar, Eusebio pronto comenzó a considerarla, llamándola "la mejor de sus posesiones". Por este aprecio que le tenía su amo, Julia logró que le permitiera vivir libre y públicamente su fe cristiana, solamente no le permitió ayunar, para que no se debilitara más. Luego le permitió ayunar los sábados y domingos. Tenía ratos libres para hacer oración y podía vestir con total modestia y mejor que otras esclavas. Tanta vida virtuosa en medio de la esclavitud hizo que su amo admirara la fe cristiana, aunque no la profesara.

Pasó Julia algunos años en esclavitud cuando Eusebio tuvo que hacer un viaje de negocios muy provechoso a la Galia. Como Julia le ayudaba constantemente, se la llevó consigo. Arribó el barco a Córcega y cuando desembarcaron, supo Eusebio que en aquellos momentos se celebraban en la ciudad grandes festejos a sus dioses paganos. Se fue Eusebio al templo, compró un toro y lo sacrificó en aras de la buena solución de sus negocios, y luego se sumó a los festejos con la plebe. Julia había quedado en el barco, a cargo de cuidar las posesiones de Eusebio. Subieron al navío unos soldados de Félix, el gobernador de Córcega, los cuales vieron a Julia y preguntando por tan bella joven, unos marinos les dijeron "es una joven cristiana, esclava". "¿Y por qué no celebra a los dioses con su amo?", preguntaron los soldados (los esclavos debían participar en los sacrificios hechos por su amo).  Los marinos respondieron que como todo cristiano, trataba a los dioses de demonios, de falsos y a sus festejos como supersticiones vanas. Informaron los soldados a Félix de aquella joven que eludía sacrificar a los dioses y Félix, un pagano devoto  muy celoso de sus dioses, mandó llamar a Eusebio. Este la defendió diciendo a Félix: "esa doncella cristiana es esclava mia, de quien jamás he podido conseguir que mude de religión por más que he hecho. Pero en lo demás es de costumbres irreprensibles, me sirve grandemente, y me tiene hechizado con su modestia. Ella es la que gobierna mi casa, y cada día admiro más su fidelidad". Félix ordenó a Eusebio quela obligara a sacrificar a los dioses o que la matara, pero este replicó: "Ni a una cosa ni a otra me atrevería, y lo mejor que podemos hacer es dejarla en paz". "Pues vendémela" – replicó  Félix – "yo te daré por ella todo cuanto me pidas. Y si no quieres dinero, escoge entre todas mis esclavas aquellas cuatro que más te agraden". Eusebio, molesto, le contestó: "Todo cuanto tienes no vale lo que ella merece, y antes perderé yo todo cuanto tengo que perderla a ella".

Ya que vio Félix que era imposible obtener a Julia, fingió desistir y urdió una treta: organizó un banquete e invitó a Eusebio. Cuando este estaba borracho perdido y dormido, mandó traer a su presencia a Julia, a la cual dijo: "No temas, hija mía, que se pretenda hacerte algún agravio. Estoy informado de tu virtud, y no merecen tus prendas que gimas por más tiempo en el indigno estado de esclava, y quiero asegurarme de tu futuro.  Solo te pido que en agradecimiento me acompañes al templo a cumplir con tus devociones. Si sacrificas a nuestros dioses, yo pagaré a tu amo tu rescate. Como libre que serás, si quisieras vivir en nuestra isla no te faltará un esposo digno de tus prendas y de tu persona, y si quisieras ir otra parte, yo pagaré todo lo que necesitares". Julia respondió que ya se sentía libre solo por ser sierva de Jesucristo. Estaba contenta con su estado, y que no pretendía más fortuna que la vida eterna. Y añadió: "pero, con respecto a ese culto que me propones, ten seguro que el horror con que contemplo tus supersticiones me hace estremecer al oír tu proposición. Soy cristiana, y mi mayor dicha será perder la vida por mi Señor Jesucristo".

Irritado Félix, la mandó abofetear y con tal saña, que manó sangre de la boca de Julia, que exclamó: "Mi dulce Salvador fue primero abofeteado por mí; gran dicha es la mía ser también abofeteada por Él". Félix fuera de sí, mandó la colgasen de los cabellos, y la moliesen a palos. Siendo atormentada así, Julia clamaba: "Seas mil veces bendito, amable Salvador mío, por la insigne gracia que concedes a tu sierva. Dichosa soy si merezco tener alguna parte en tus dolores". Como veía Félix que pasaban las horas y a pesar de afeitarle la cabeza, cortarle los pechos entre otros tormentos, Julia no se doblegaba, comenzó a temer que Eusebio despertase de su borrachera, así que mandó la crucificaran con rapidez. Al oírlo la santa, suspiró: "Siempre he deseado ardientemente, oh amado Salvador mío, dar la vida por ti, pero nunca me atreví a desear darla en un madero a imitación tuya, divino Maestro. Dígnate, Señor, a admitir el sacrificio que te ofrezco, y ten misericordia de estos pobres ciegos perdonándoles mi muerte". Y fue crucificada, para al punto, expirar, sin padecer colgada en la cruz, el 22 de mayo de 450. En el mismo momento en que murió despertó Eusebio, que en vano se quejó y amenazó a Félix, pues ya Julia había volado al cielo. Este tormento trajo tal terror a los paganos que lo contemplaron, que muchos se alejaron de prisa y lamentando el espectáculo de injusticia que habían visto. 

Quedó Julia colgada de su madero hasta que dos ángeles aparecieron a dos monjes de los que habitaban la isla Margarita, y les encargaron retirasen de la cruz el santo cuerpo de la mártir. Otra versión dice que el mismo Eusebio mandó buscar a monjes cristianos para que la cuidasen ellos. En fin, que fueron los monjes y tomaron el cuerpo, y con palmas de victoria y cantando el salmo 125 ("Euntes ibant et flebant semen spargendum portantes; venientes autem venient in exsultatione portantes manipulos suos"). Llegados al monasterio, los monjes recibieron las reliquias con alegría, las veneraron con cariño y labraron un bello sepulcro de mármol donde reposaron hasta 763, en que el rey Didier Lombardía, las trasladó a Brescia, capital de su reino. Las depositó en el monasterio benedictino de donde era abadesa su hija Santa Angelbergis (3 de enero). Cuando las monjas, en el siglo IX, reedificaron la iglesia abacial, la dedicaron a Santa Julia, lo cual habla del estupendo culto que ya recibía. Otro lugar importante de culto es donde fue crucificada, que la tradición quiere a la orilla del mar, y donde brotó una fuente milagrosa después de su martirio, y donde permanece un santuario dedicado a su memoria.

Sus atributos principales son una jarra, que evoca su condición de esclava y una cruz. A veces aparece crucificada a una cruz convencional, otras a un ecúleo o cruz "de San Andrés", o simplemente atada a un árbol. 


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Mayo. P. Jean CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.


Además, te añado a las demás santas de nombre Julia que me constan, omitiendo las que aparecen como Julita, que no son pocas:

Santa Julia Billiart, virgen fundadora. 8 de abril.
Santa Julia de Augusta, virgen y mártir. 7 de octubre.
Santa Julia de Cartago, mártir. 19 de abril.
Santa Julia de Zaragoza, una de las compañeras de Santa Engracia. 16 de abril
Santa Julia, mártir de Lyon. 2 de junio.
Santa Julia, otra mártir de Lyon. 2 de Junio (ambas son del grupo de mártires de Santa Blandina).
Santa Julia, virgen y mártir. 10 de diciembre.
Santa Úrsula (Julia) Ledóchowska, virgen fundadora. 29 de mayo.

Santa Julia, virgen, compañera de Santa Eufrasia. (17 de marzo)
Beata Julia de la Rena, terciaria agustina reclusa. 9 de enero.
Beata Julia Luisa de Jesús, virgen y mártir carmelita de Compiègne. 17 de julio.
Beata Julia Rapiej, virgen mártir de las Hermanas de la Sagrada Familia, mártir en Polonia. 1 de agosto.
Beata Julia Rodzinska, virgen y mártir dominica. 20 de febrero.
Beata Julia Salzano, virgen fundadora. 17 de mayo.



A 22 de mayo además se celebra a:

Beata Renata
de Baviera, viuda.
Santa Joaquina,
viuda fundadora
San Goswin,
niño mártir.





Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...