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domingo, 4 de abril de 2021

Santos y padres de santos.

Beatos Aleydis y Tescelin, esposos. 4 de abril.

Aleydis fue hija del señor de Montbard, desde niña se inclinó por la vida religiosa, pero a los 15 años fue casada con Tescelin de Fontaine-les-Dijon. Allí nacieron sus hijos San Bernardo de Claraval (20 de agosto), Santa Humbelina (12 de febrero, 21 de agosto y 10 de julio), San Nivardo (7 de febrero), los Beatos Andrés, Bartolomé (ambos a 9 de diciembre), Gerardo (13 de junio) y Guido (11 de mayo).

A pesar de su patrimonio, la familia vivía austeramente, sin lujos innecesarios y en un ambiente piadoso. No son pocos los que señalan que más que castillo, la vivienda era un monasterio, donde las ceremonias religiosas, la oración, penitencia y caridad eran constantes en los padres y los hijos. La entrada de todos sus hijos en la vida monástica fue para ellos una gran alegría, y una vez que quedaron solos y sin tener que heredar a sus hijos, Aleydis y Tescelin se volcaron en la asistencia a los pobres.

Era Aleydis muy devota de San Ambrosiano (4 de abril), cuya fiesta mandaba celebrar con actos piadosos y de caridad. La última que celebró, sobre 1120, lo hizo con la certeza de que sería su último día de vida, según Dios le había revelado. Por ello reunió a sus hijos, se despidió de ellos con toda tranquilidad. Nada parecía darle la razón, pero el mismo día 4 de abril se sintió desfallecer, le dieron los últimos sacramentos y piadosamente entró en el cielo al momento en que hacía la señal de la cruz, quedando el cuerpo con la mano en alto. Sus reliquias se veneran en Longchamp-sur-Aujon.

Luego de enviiudar, Tescelin pidió el hábito del Císter a su hijo Bernardo. Vivió muchos años más y fue un ejemplar monje. San Bernardo le atendió en su última agonía.

A 4 de abril además se celebra a

San Tigernach,
abad y obispo
.
San Meryn,
ermitaño
.
San Emebert,
abad y mártir
.
San Zósimo, abad.










martes, 30 de marzo de 2021

San Fergus de Downpatrick, obispo.

San Fergus de Downpatrick, obispo. 30 de marzo. 

Vivió en el siglo VI, en una familia descendiente del antiguo rey Coelbadh, en Irlanda. Joven aún tomó la vida eremítica como objetivo, y para ello se retiró a Killmbian, donde construyó una ermita. Con el tiempo tuvo discípulos y construyeron un monasterio de donde nuestro santo fue su primer abad. 

Fue elegido para ser el primer obispo de la sede de Down, luego llamada Downpatrick, por ser una zona donde se retiraba frecuentemente el santo apóstol de Irlanda, San Patricio. Allí se conserva aún una fuente milagrosa de los tiempos de Fergus, con cuya agua habría realizado numerosos milagros.  

Fergus murió el 30 de marzo de 583. 

Fuente:
Omnium Sanctorum Hiberniae


A 30 de marzo además se celebra a

Beato Amadeo IX,
duque
.
Beato Dodo de Haske,
ermitaño premonstratense
San Rieul de Senlis,
obispo
.
San Zósimo,
abad y obispo
.







 

domingo, 19 de agosto de 2018

"Guardó la grey contra los lobos ocultos".

San Sixto III, papa. 19 de agosto y 28 de marzo.

El origen del papa Sixto III fue la prestigiosa familia Colonna y desde muy joven fue cercano a los obispos de Roma. Parece fue ordenado presbítero por el papa San Zósimo (26 de diciembre). Fue muy afecto y colaboró con los papas San Bonifacio I (4 de septiembre) y San Celestino I. (6 de abril). La vida de Sixto, hasta el momento de su pontificado, parece haber transcurrido entre algunas herejías del momento. Por ejemplo, con el pelagianismo aunque ciertamente no hay constancia lo haya practicado, sí que fue altamente comprensivo con él, o al menos con evitar la condena de Pelagio. Se atribuye a su relación epistolar con San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental) su rechazo definitivo a tal herejía. Luego la condenaría formalmente siendo papa.

Con motivo de su elección, el 26 de abril 432, San Próspero de Aquitania escribió: "Confiamos en la protección del Señor y esperamos que, por manos de Sixto, continuará derramando su gracia, como lo hizo por la mano de Inocencio, de Zósimo, de Bonifacio y de Celestino. Como éstos guardaron la grey contra los lobos que la atacaban abiertamente, así esperamos que lo haga Sixto contra los lobos ocultos". Y ciertamente lo hizo. Sixto también contemporizó con Nestorio, intentando hubiera paz, aunque no se le puede acusar de nestorianismo por ello, pues no se le conoce "coqueteo" con tal herejía. Sixto fue un aliado en la política imperial de Teodosio II de poner paz entre las iglesias de Alejandría y Antioquía, enfrentadas desde hacía mucho por el cisma meleciano, sobre el cual recomiendo leer en este artículo.

En 437, con ocasión de agradecer la proclamación dogmática de la Maternidad Divina de María en el Concilio de Éfeso en 431, Sixto reparó la basílica de Santa María la Mayor (5 de agosto) y la dotó con un ajuar de plata (altar, pila bautismal, cálices, etc.) del que San Jerónimo daría testimonio, admirado por tanta belleza, al visitarla unos 40 años después. Una inscripción inspirada dejó sixto para la posteridad en esta Basílica: "¡Virgen María!, yo, Sixto te he dedicado este nuevo templo como ofrenda digna de las entrañas de las que nació nuestro Salvador. Tú, doncella que no conociste varón, llevaste en tu seno y diste a luz a nuestro Salvador. Y he aquí que ahora estos mártires, que con su vida dieron testimonio del fruto de tu vientre, ciñen sobre tus sienes la corona de su victoria. Bajo sus pies están los instrumentos de sus sufrimientos: la espada, las llamas, las fieras, el agua, los crueles venenos. Los instrumentos son diversos, pero la corona es única". También puso Sixto, según escribe el papa Adriano en una carta a Carlomagno, "muchas imágenes y pinturas de gran valor". Además, restauró las basílicas de Santa Sabina y San Lorenzo Extramuros, elevando las reliquias de San Lorenzo.

Sixto en la Basílica de
Santa María la Mayor.
En 439 dedicó solemnemente la iglesia de San Pedro Ad Víncula (1 de agosto). La leyenda dice que una parte de las cadenas de San Pedro, le habían sido entregadas Eudoxia por el patriarca San Juvenal de Jerusalén (17 de junio) en el 429. Una parte la dejó en Jerusalén y otra la regaló a su hija, también llamada Eudoxia. Cuando Eudoxia hija enseñó la reliquia al papa Sixto este las tocó a las conservadas en Roma por el papa San Alejandro I (3 de mayo) y ¡milagro! ambas unieron los eslabones, para formar una sola, ante lo cual, Eudoxia no osó reclamar su parte.

Sixto ganó el paraíso el 18 de agosto de 440 y fue sepultado en la vía Tiburtina, en la iglesia de San Lorenzo. Fue sucedido por el papa San León I, el Magno (10 de noviembre). Su memoria hasta 2001 era a 28 de marzo, tal vez por la traslación de sus reliquias. Desde ese año es a 19 de agosto.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Agapito I. 22 de abril y 20 de septiembre, la traslación.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.
San Gelasio I. 21 de noviembre.
San Agatón. 10 enero.
San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Calixto I. 14 de octubre.
San Celestino I. 6 de abril.

A 19 de agosto además se celebra a:

San Juan Eudes,
presbítero fundador
.
San Mariano de
Bourges, confesor
.
S. Andrés Stratelates,
y comp. mártires
.











miércoles, 4 de abril de 2018

De un iconódulo belga.

San Emebert de Gante, abad y mártir. 4 de abril.

De este santo, también conocido como Hildebert, solo conocemos las circunstancias de su martirio. Es probablemente la única víctima de la herejía iconoclasta en Occidente, al menos que me conste. Esta herejía violenta contra los católicos llegó a Gante, donde nuestro santo era abad de San Pedro. Predicó varias veces en favor de la iconodulía. 

El domingo de Pascua, 4 de abril de 752, se resistió a la quema de una iglesia y de sus imágenes, cuando los iconoclastas le mataron a golpes.








A 4 de abril además se celebra a






lunes, 2 de abril de 2018

De una gran penitente y una gran leyenda.

Santa María la Egipcíaca, penitente. 1, 2, 3, 4, 6, 9, y 15 de abril.

Hacia el año 270, en tiempos del emperador Claudio, María, conocida popularmente con el nombre de "la pecadora", se retiró al desierto en el que vivió cuarenta y siete años entregada a muy duras penitencias. En cierta ocasión el abad San Zósimo (4, 9 y 30 de abril), paso al otro lado del Jordán y recorrió una gran zona desértica para ver si en la región que quedaba a la otra orilla del río moraba algún anacoreta. Un día vio desde lejos un bulto que caminaba. Cuando estuvo un poco más cerca advirtió que se trataba de una persona totalmente ennegrecida por el calor del sol. Era María Egipcíaca, quien, en cuanto se dio cuenta de la presencia, aunque lejana, del abad, emprendió veloz carrera huyendo de él. Pero el abad corrió todavía más, y cuando estaba ya cerca, María, vuelta de espaldas le gritó: "¡Abad Zósimo! ¿Por qué me persigues? ¡Detente! No puedo dejarme ver de ti, compréndelo; soy una mujer y estoy completamente desnuda. Arrójame con fuerza tu manto desde donde estás para que pueda cubrirme con él, y después, con mi pudor a salvo hablaré contigo".

Zósimo quedó estupefacto al enterarse de que aquella mujer conocía su nombre. Luego le arrojo el manto para que se tapara, en cuanto vio que la mujer se había cubierto con aquella prenda, corrió hacia ella, se postró a sus pies y le pidió su bendición. "¿Que dices padre?" -replicó María -"Tú, como sacerdote debes bendecirme a mí" Zósimo iba de sorpresa en sorpresa, aquella desconocida no solo sabía cómo se llamaba, sino que también estaba enterada de que era sacerdote. Con esto, aún más impresionado, insistió en que la bendijera. María, entonces exclamó: "¡Bendito sea Dios, redentor de nuestras almas!"

Luego, extendiendo sus manos comenzó a orar, y mientras oraba fue levantándose en el aire hasta quedar suspendida a una altura de un codo sobre la tierra. El anciano, a la vista de este fenómeno pensó interiormente si no estaría en presencia de un demonio disfrazado de mujer, que trataba de engañarle y simulaba orar para mejor conseguirlo. Mas he aquí que una nueva sorpresa vino a añadirse a las anteriores, porque inmediatamente la desconocida dijo: - "Que Dios te perdone tu mal pensamiento de haberme tomado por un espíritu inmundo. No soy un demonio, aunque si una mujer muy pecadora". Zósimo, en nombre del Señor, le rogó que se identificara y le dijera quien era. Ella le respondió: "Padre, no sé si debo declararte quien soy; temo que si lo hago eches a correr espantado, como quien huye de una serpiente. Temo que mis palabras mancillen tus oídos, y hasta que el aire quede contaminado si me atrevo a contarte mi vida." No obstante Zósimo insistió en que quería saber quién era, por lo cual ella accedió y refirió al abad lo siguiente:

"Yo, hermano, nací en Egipto. A los doce años fui llevada a Alejandría, y a los diecisiete me dediqué a la prostitución de mi cuerpo; en este oficio permanecí mucho tiempo. En cierta ocasión, al enterarme de que desde el puerto de Alejandría iba a salir un barco cargado de peregrinos que se dirigían a Jerusalén para adorar la Santa Cruz, rogué a los marineros que me permitieran embarcarme en su navío. ‘¿Tienes dinero, me preguntaron, para pagar el pasaje?’ Yo les respondí: ‘No tengo dinero, pero puedo pagar con mi cuerpo’. Ellos aceptaron, me dejaron embarcar, y durante la travesía usaron y abusaron de mi cuanto quisieron. Al llegar a Jerusalén, quise también adorar la Santa Cruz, y me dirigí a la iglesia, pero al acercarme a la puerta del templo me sentí rechazada por una fuerza invisible, que no me dejaba pasar. Cuantas veces intenté penetrar en el sagrado recinto, y fueron muchas otras tantas me lo impidió una mano misteriosa. Al observar que todos los demás entraban libremente, y que solamente a mí se me vedaba el paso. Traté interiormente de indagar cuales podrían ser las causas de tan extraño fenómeno, hasta que caí en la cuenta de que no podían ser otras que las de la enormidad de mis pecados. Entonces empecé a darme golpes de pecho y a derramar amarguísimas lágrimas y a prorrumpir en profundos suspiros.

En esto vi que sobre la portada había una imagen de la Bienaventurada Virgen María, en la que hasta entonces no había reparado, y mirándola tiernamente le rogué con copioso llanto que me alcanzase de Dios la gracia de que se me perdonasen mis culpas y de que pudiese pasar al interior del templo para venerar la Santa Cruz, prometiéndole a Cristo y a Nuestra Señora que en cuanto saliera de aquella iglesia abandonaría el mundo y viviría en absoluta castidad hasta el final de mis días. Una vez hecha esta oración y promesa quedé tranquila y firmemente convencida de que la Bienaventurada Virgen María me alcanzaría lo que le había pedido, y sin dudarlo me acerque al dintel del templo, lo traspasé y entre en el santo lugar sin que nadie ni nada me lo impidieran; adoré devotamente a la Santa Cruz, y cuando termine de hacerlo, alguien, no sé quién, me dio tres monedas de plata y a continuación oí una voz que me decía: ‘Si pasas el Jordán, quedarás a salvo’.

Con las tres monedas compré tres panes, y con ellos en mis manos cruce el Jordán, me vine a este desierto, me refugié en él, y en el llevo viviendo ya cuarenta y siete años, durante los cuales no he visto a persona alguna, hasta ahora que te he visto a ti. Los tres panes que traje conmigo, conmigo siguen después de cuarenta y siete años, sin merma alguna, cual si fuesen piedras, a pesar de que en todo este tiempo de ellos he comido cuanto he precisado. Mis ropas fueron deshilachándose poco a poco hasta que perecieron totalmente. Durante los primeros diecisiete años que pasé en esta soledad tuve a menudo tentaciones carnales; pero con la gracia de Dios logré superarlas y desaparecieron por completo. Bueno, hermano, ya te he comentado mi historia; ahora que la conoces encomiéndame en tus oraciones al Señor, te lo ruego".

Acabada la narración, el santo abad se arrodilló y bendijo al Señor por la misericordia que había tenido de aquella su venerable sierva. Después la penitente dijo a Zósimo: "Voy a pedirte un favor. El año que viene acude el día de Jueves Santo a la orilla del Jordán y trae contigo el Cuerpo del Señor. Yo te buscaré por allí, para que me des la comunión, porque desde que vine a este desierto no he comulgado nunca". El anciano abad regreso a su monasterio, y al año siguiente, la víspera del Jueves Santo, se trasladó a la orilla del Jordán llevando consigo el cuerpo del Señor, y al llegar a la vera del río vio como ya estaba aguardando en la otra ribera la penitente, quien en cuanto lo divisó trazó la señal de la Cruz sobre la corriente y comenzó a caminar sobre las aguas; de ese modo llegó a la orilla opuesta y exactamente al mismo sitio en que Zósimo se encontraba. El venerable anciano, maravillado, en un impulso de devoción se hincó de rodillas ante la recién llegada, pero esta al instante le dijo: - "¡No hagas eso! ¡No hagas eso! ¡Levántate! ¡Eres un sacerdote, y además traes contigo el cuerpo del Señor!"

Terminada la entrevista, la penitente antes de separarse del abad, rogó a este que el año próximo, el día de Jueves Santo volviera a visitarla al mismo lugar en que se vieron por primera vez; luego trazó la señal de la Cruz sobre el río, se internó en él, lo cruzó de nuevo del mismo modo que lo hiciera al venir, es decir, caminando sobre las aguas, llegó a tierra, y continuó avanzando hacia el desierto. Zósimo por su parte, regresó a su monasterio.

Al año siguiente el abad acudió al sitio que la sierva de Dios le había indicado, y al llegar a él quedó sorprendido; en el lugar preciso en que casualmente la había visto por vez primera yacía ahora, tendido en tierra, el cuerpo muerto de la santa mujer. Mucho lloró Zósimo sobre aquellos venerables restos. Luego pasó por momentos de perplejidad. Por una parte parecíale que debería enterrarlos, por otra, no se atrevía a hacerlo, para darle sepultura era menester tocarlos, y esto -pensaba él con reverente temor- tal vez no fuese del agrado de la santa. Cuando estaba entregado a estas cavilaciones vio, de pronto, junto a la cabeza del cadáver, una inscripción hecha sobre la arena que decía: "Zósimo, entierra el cuerpo desmedrado de María que por orden del Señor dejó esta vida el dos de abril. Torna este polvo a la tierra y ruega por mí". Haciendo cálculos el abad cayó en la cuenta de que la penitente había fallecido el año anterior precisamente el día de Jueves Santo, o sea, en la misma fecha que el administrara la santa Comunión; por tanto, aquella piadosa mujer, en cosa de una hora, milagrosamente había cubierto la distancia existente entre la ribera del Jordán y el sitio en que su cuerpo se encontraba, distancia que él había tardado en salvar treinta días en cada una de las dos ocasiones en que había recorrido aquel trayecto.

Su asombro fue en aumento, porque al reflexionar acerca del modo de ejecutar la orden que se le daba en la mencionada inscripción, y hallar serias dificultades para excavar la sepultura, observó cómo llegaba hasta el un león caminando mansamente. Entonces, dirigiéndose a la fiera le dijo: "Escucha león. Esta santa mujer antes de morir dejó escrito que yo diese sepultura a su cuerpo; pero no veo la manera de hacerlo, porque además de que soy viejo y carezco de fuerzas, no tengo herramientas ni puedo hacerme con ellas en este desierto. Lo mejor será que tú, con tus garras, hagas un hoyo en el suelo para que pueda cumplir su deseo". Seguidamente el león comenzó a excavar en la arena e hizo en tierra un hoyo suficientemente hondo y amplio para depositar en él los venerables restos, y una vez sepultados se alejó de aquel lugar tan mansamente como había venido, cual si fuese un cordero. Zósimo también glorificando a Dios, retornó a su monasterio.

Y hasta aquí la leyenda de la Egipcíaca. Hay que decir que la mayoría de los anteriores detalles, los recoge el Beato Santiago La Vorágine (13 de agosto) de una composición poética del siglo XIII, porque la narración original es mucho más escueta, solo llama María a la penitente, sin decir nada de sus pecados, conversión, y milagros. Ciertamente existió esta penitente, de la cual constan vestigios de culto en el siglo V, apenas unos 100 años después de su muerte. Junto a Santa María Magdalena (22 de julio, 20 de marzo, traslación de las reliquias; tercer domingo de Pascua, o de las Miróforas.), Santa Thais (24 de septiembre) y Santa Pelagia (8 de octubre), forma parte de los grandes ejemplos de penitencia y conversión ofrecidos por la predicación medieval.


Fuente:
-https://preguntasantoral.blogia.com


A 2 de abril además se celebra a
Santa Ebba de Coldingham, "la joven", abadesa mártir.
Santa Musa de Roma, virgen.
San Francisco de Paula, fundador.

martes, 4 de abril de 2017

San Zósimo, carmelita.

San Zósimo, abad. 4, 9 y 30 de abril.

San Zósimo da la comunión
a la santa penitente.
La "vita" de San Zósimo se funde con la leyenda de Santa María la Egipcíaca (1, 2, 3, 4, 6, 9, y 15 de abril) y de tal modo que si bien la leyenda de la penitente se funda en un hecho de la vida de Zósimo, por otra parte él sería totalmente desconocido de no ser por la fama de ella.

La primera y más confiable fuente sobre Zósimo es una mención en la "vita" de San Ciriaco (29 de septiembre), escrita por Cirilo de Escitópolis. En esta se cuenta que un día, dos discípulos del santo, uno de ellos sería Zósimo, que se habían internado en lo profundo del desierto para hacer su tiempo de penitencia, vieron a un extraño ser con apariencia humana entre los espinos. Miraron, pero no estaba, e hicieron oración pensando que sería cosa del diablo. Más adelante hallaron una cueva y al intentar entrar vieron de nuevo al extraño ser que les alertó no se acercaran, pues era una mujer y estaba desnuda. Y así, de lejos, ella les confesó que su nombre era María, y había sido una gran pecadora que además había llevado a otros a pecar. Pero tocada por Cristo se había ido al desierto a expiar sus culpas. Los monjes la dejaron, y luego de la cuaresma volvieron al monasterio y contaron a Ciriaco lo ocurrido. Por Pascua fueron a visitarla y la hallaron muerta, y la sepultaron allí mismo con veneración.

Esta historia, escueta y sincera, menciona a nuestro Zósimo y a esa penitente desconocida llamada María, de la cual surgiría la leyenda que podéis leer en este link, muy posterior, de Santa María la Egipcíaca, que se hizo extremadamente famosa a partir del siglo IX, llegando al culmen de su fama en los siglos XII y XIII. Aunque fantasiosa, parte de un hecho real, el narrado anteriormente. Por su parte, la leyenda propia carmelitana hace santo eliano a Zósimo, como a todos los santos anacoretas del desierto.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 4 de abril además se celebra a






miércoles, 30 de marzo de 2016

San Zósimo de Siracusa.

San Zósimo de Siracusa, obispo. 30 de marzo y 21 de enero (Iglesias Griegas).

Fue hijo de unos ganaderos acomodados de Siracusa, donde nació en 571, muy cerca del santuario y monasterio de la gran Santa Lucía (13 de diciembre), que seguía la regla basiliana. Fue niño piadoso y a los siete años pidió a sus padres le dejaran entregarse a Dios. Estos acpetaron y así, en 578 entró como oblato al monasterio, sin estar interno, sino que vivía en su casa y servía en el culto de la iglesia. Su primer oficio fue custodiar la limpieza, las velas y flores de la capilla de Santa Lucía, donde se veneraba el cuerpo de la santa, a la que Zósimo tomó gran devoción. Le rendía culto y, admirado por su martirio, se encomendaba a ella para que le preservara en la pureza y la obediencia a Dios. Tanto era su afecto por este trabajo que cuando Fausto, el abad, mandó ponerle en otro oficio, Zósimo se rebeló y se fue adonde sus padres, para no volver más al monasterio. Estos, con dolor y sentido del deber, le devolvieron al monasterio, y el abad entonces, con gran paciencia, le volvió a encomendar el cuidado de la capilla de Santa Lucía.

Esa noche, cuando se despedía de la santa, esta se le apareció, le pidió jamás volviera a separarse del servicio divino, e iba a castigarle, cuando la Santísima Virgen también apareció y le protegió. Santa Lucía le perdonó y le prometió que intercedería por él siempre si no abandonaba su servicio. A partir de entonces, dedicó más tiempo a su trabajo y la veneración a Santa Lucía, yendo a su casa solamente para ver a sus padres y que estos le vieran, regresando rápidamente a su sitio. Fue testigo de varios milagros de Santa Lucía, y según la leyenda, de lo mal que se las gastaba la santa con los falsos devotos. Cuéntase que una dama noble que padecía una enfermedad, fue a rogar a la santa, y le hizo peticiones impropias de un cristiano y la santa en el momento la hizo caer de un golpe. Zósimo avisó a los criados y estos al llegar la hallaron muerta.

Treinta años estuvo Zósimo al servicio del culto de Santa Lucía. Al cabo, el abad Fausto murió y los monjes no se ponían de acuerdo para elegir sucesor, Fueron todos a ver al obispo San Juan (23 de octubre) y este les preguntó: "¿No hay nadie más aparte de vosotros en vuestro monasterio?" "No", dijeron los monjes, y el obispo les replicó "no puede ser que hayáis dejado el monasterio solo". Los monjes admitieron que habían dejado al custodio de la capilla de Santa Lucía, un monje con el que no contaban para nada. El obispo mandó buscarle y apenas entró Zósimo a su presencia, el obispo tuvo una revelación y dijo solemnemente a los monjes: "He aquí a quien el Señor ha elegido". Y los monjes le aceptaron como abad, por lo cual el obispo le ordenó presbítero. Fue abad durante cuarenta años, siendo un padre amado por todos, por su justicia, prudencia y caridad. Embelleció el santuario y jamás olvidó la capilla de Santa Lucía, de la que se ocupaba siempre que podía. Así, en 649 murió el obispo San Pedro de Siracusa (7 de enero) y hubo una doble elección: el pueblo clamó por Zósimo como obispo, y el clero por su parte eligió a Venerio, un presbítero engreído y amante de los placeres. Zósimo no quería ser obispo, y menos luego de una pelea por la sede. Así que el pueblo elevó el caso ante el papa Teodoro, al que Zósimo fue a visitar. El papa se decidió por Zósimo, que era apoyado por la ciudad y tenía virtudes probadas para ello.

Regresó Zósimo a Siracusa, y halló una impresionante bienvenida propiciada por los pobladores de Siracusa en el puerto de Ortigia. Se enfrentaba Zósimo a una sede empobrecida, a pesar de ser una región rica, con buen puerto y tierras. Trabajó el santo por devolver a la ciudad su esplendor, sin olvidar la vida espiritual y moral de sus hijos. Para ello redactó enseñanzas, cartas, sermones. Fue caritativo a mares, sin dejar nunca de socorrer a los pobres, logrando milagros para ello si era necesario. Una leyenda cuenta que un día envió a Juan su diácono asistente, a dar dos monedas a un pobre. Juan le dijo: "Nuestra bolsa está vacía". "Ve y vende tu manto y dalo al que sufre", fue la rápida y evangélica respuesta del obispo. Y tomando su propia capa, la dio a Juan para que la vendiera y aliviara al mendigo. Al acto de hacerlo, llegó al palacio un joven que dejó una bolsa de monedas de oro para el obispo. Entonces Zósimo reprendió a Juan por su falta de fe en la Providencia. Otra anécdota cuenta que un día caluroso, mientras dormitaba, las moscas le molestaban. Había allí un presbítero que leía su salterio e interrumpió la lectura para espantar las moscas que molestaban al obispo. Cuando Zósimo despertó, le agradeció y añadió: "Pero nunca lo vuelvas a hacer, quédate en paz y lee tu salterio".

Reconstruyó y embelleció la iglesia de Santa María, que consagró el día que cumplía 82 años, en 653. En 656 ya estaba Zósimo enfermo y pasaba mucho tiempo en su cama, que no era más que un jergón de paja. Residía en Siracusa Caprasio, mayordomo del emperador Constante II, y sabiendo la pobreza del lecho de Zósimo, le regaló alfombras y mantas bellísimas y cómodas para que le preparasen un lecho más apropiado. Zósimo lo agradeció con cortesía y apenas estuvo solo, mandó a sus presbíteros que vendieran aquello a favor de los pobres y le preparasen su lecho de paja. Su muerte no está clara cuando ocurrió, entre 656 y 660. El pueblo le lloró muchísimo y le veneró en su sepulcro, donde ocurrieron algunos portentos.


Fuente: 
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.


A 30 de mayo además se celebra a 





Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...