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lunes, 30 de enero de 2017

Sebastián Valfré, predicador y apóstol.

Pregunta: Me gustaría recibir alguna info sobre el beato o santo Sebastián Valfré.

Respuesta: Gracias por preguntar, aquí te va:

Beato Sebastián Valfré, presbítero oratoriano. 30 de enero.

Sebastián nació en Verduno, el Piamonte, el 9 de marzo de 1629, y fue hijo de Juan Bautista Valfré y Argentina Mansona, cristianos piadosos. Fue un niño tranquilo y virtuoso, amante de la oración y los estudios. Se formó en Alba, donde nació en él la vocación al sacerdocio. Luego estudió en Bra, donde en 1633, con solo 14 años, recibió las órdenes menores, con beneplácito de sus padres.
Estudió la filosofía y la teología en Turín, donde fue la admiración de profesores y estudiantes por su aplicación, piedad y memoria para aprender. Así, en 1679, con 20 años recibió el subdiaconado de manos del arzobispo turinense, Julio César Bergera. El 26 de mayo de 1681, teniendo un futuro prometedor, Sebastián entró a la casa del Oratorio de San Felipe Neri (26 de mayo), para dedicarse a los pobres y a los jóvenes. En 1683 fue ordenado presbítero y cantó su primera misa en su natal Verduno. Sus superiores, viendo sus dotes para el estudio, le mandaron a doctorarse en teología en Turín, y aunque en principio se negó por humildad, pudo más la obediencia. Apenas terminó sus estudios se le nombró director de un grupo de seglares para darles formación cristiana, ejercitarles en la caridad y la piedad.

El ministerio del confesionario y las visitas a los enfermos y moribundos fueron el apostolado preferido del beato. Los penitentes iban a raudales hacia él en la iglesia del Oratorio, y además, asistía adonde se le pidiese confesiones, ejercicios espirituales, predicaciones, etc. Para ello le dio Dios el don de conciencias, para recordar a los penitentes aquello que olvidaban o callaban por vergüenza en una confesión. Era confesor justo y misericordioso, exigente con los pecadores, pero comprensivo como Cristo con ellos. También a más de uno profetizó algún suceso que le ocurriría si no dejaba tal o cual vicio o costumbre. Predicaba como había enseñado San Felipe Neri a sus clérigos: sencillez, Evangelio y Santos Padres. Predicaba para que los más sencillos le entendieran, con ejemplos y pocas palabras doctas. Y eso siempre, aunque predicara para sacerdotes, nobles o doctores. Predicaba siempre que podía, y ya fueran monjas, presos, colegios, palacios, campesinos, familia real, moribundos, lo hacía con sencillez, hablando constantemente de la misericordia y la justicia divina, del arrepentimiento y la conversión. Durante 40 años impartió el catecismo a los niños pobres, y jamás se excusó ni se quejó de aquellos niños ruidosos, poco educados y hambrientos. A todos los quería y a todos los esperaba con agrado, y para ellos escribió un catecismo. Se preocupó por la conversión de los judíos y los cismáticos, logrando la entrada de algunos a la Iglesia católica. Gracias a su tesón se creó en Roma la Pontificia Academia Eclesiástica para la formación de los prelados en diplomacia. Atendía a los mendigos, a los que junto a la limosna les daba algún consejo, alguna máxima evangélica, o algún ejercicio de piedad. Hasta en las calles llegó a improvisar sermones cuando se veía rodeado de pobres. Y no solo en las calles, sino en burdeles, a los que ningún sacerdote se acercaba, llegó a predicar a Cristo. Allí se presentaba de improviso, echando a los clientes y predicando a las mujeres que allí trabajaban. Las confesaba y a más de una sacó de aquella vida, ayudando a sostenerse con honestidad, alcanzando algunas el matrimonio. Más de 200 prostitutas conversas fueron salvadas de aquella vida, según consta en los procesos de canonización. 

Tenía largas horas de oración y celebraba la misa con tanta unción, que muchas veces derramaba lágrimas, pues este don tuvo también. Particularmente en los Oficios de Semana Santa se le veía celebrar con emoción y gran piedad. Era exactísimo celebrando la misa, no permitiendo ni un solo gesto fuera de la liturgia. Examinaba por sí mismo la limpieza de los altares y paños litúrgicos, para que estuvieran perfectos. Fue, por supuesto, devotísimo de Nuestra Señora, a la que reconocía por Madre y Fundadora del Oratorio. A todos recomendaba su devoción y la invocación de su Dulce Nombre. Igualmente fue devoto de su padre San Felipe, San Sebastián (20 de enero), San Francisco de Sales (24 de enero) San Carlos Borromeo (4 de noviembre), de su Ángel de la Guarda (2 de octubre) y de las ánimas del purgatorio. Por su humildad padeció mucho cuando el rey de Cerdeña, Víctor Amadeo II, le eligió como confesor, y más aún cuando el mismo monarca pretendió hacerle arzobispo de Turín. A lo primero asintió por obediencia, pero a lo segundo se resistió hasta llorar, por lo que el rey los superiores desistieron de tal cosa. Y aún muchas veces pidió dejar de ser el confesor real porque le parecía incorrecto recibir salario por ello, aun cuando lo daba íntegramente a los pobres. Esta humildad y su piedad eran fruto sobre todo de cómo dominaba sus pasiones y se disciplinaba. Desde ordenarse usó un cilicio que jamás se quitó, y no faltó nunca a disciplinarse diariamente. 

Sebastián Valfré cose la Síndone junto
a los reyes Victor Amadeo II y Ana.
Viviendo en Turín, es normal que el santo conociera y amara a la Santa Síndone. Sobre ella escribió una "Disertación Histórica" en 1693 para las hijas de Víctor Amadeo II, en la que dice: "[es] Reina de las Imágenes que se encuentran en el mundo, impresa con colores de Sangre del Cuerpo de nuestro amabilísimo Redentor en la Santísima Sábana (…) puede dar algún impulso a una mayor devoción (…) para llegar allá arriba en el cielo a ver la original y el autor". A su persistencia se debió la culminación de una capilla propia para la reliquia. Entre 1661 y 1702 se hicieron varias ostensiones y veneraciones públicas en las que siempre estuvo Valfré como testigo, predicador y confesor de los peregrinos. Incluso en 1694 él mismo realizó algunas reparaciones sobre las que ya habían realizado las clarisas. Lágrimas de devoción cayeron en la reliquia, haciéndola aún más sagrada, si es posible. 

Fue amigo de la carmelita Beata María de los Ángeles (16 de diciembre), a la que ayudó a fundar el monasterio de Moncalien, cuya iglesia bendijo en 1703 y luego celebró la misa.

Así, luego de una vida desbordada de celo apostólico, Sebastián entró al cielo el 30 de enero de 1710, a sus 80 años, como había predicho meses antes. Numerosos milagros ocurrieron posteriormente por su intercesión, por lo cual Gregorio XVI le beatificó el 15 de julio de 1834.


Fuentes:
-"Vida del Beato Sebastián Valfré, de la Congregación del Oratorio". México, 1865.
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año. Enero". RP. Jean Croisset. S.I. Madrid, 1862.
-https://sjsm.wordpress.com/2010/03/26/onda-26-el-beato-sebastian-valfre-y-la-sabana-santa/


A 30 de enero además se celebra a  

Santa Martina de Roma, virgen y mártir.
Santa Haberilla de Mehrerau, virgen.

jueves, 28 de mayo de 2015

De un loco muy cuerdo.

La de “locos por Cristo”, es una categoría de santidad extraña la sensibilidad occidental, donde toda la espiritualidad ha estado muy encauzada, siempre dirigida por movimientos, fundadores o escuelas místicas. En nuestra Iglesia romana todo movimiento espontáneo de espiritualidad o “devotio” ha sido mirado siempre con sospecha, por salirse de los métodos establecidos. Principalmente en el Medievo occidental fueron controlados personas y movimientos “locos”. No es así en Oriente, donde la espontaneidad ha guiado a muchos a vivir su realidad con Cristo de diversas  maneras, disímiles entre sí. El loco por Cristo, tal vez sea el único cuerdo de su entorno: sabe donde está lo verdadero, no pierde el tiempo con convencionalismos, etiquetas o bienes de ningún tipo. Tiene la mirada puesta donde importa: en Cristo, culmen de la felicidad eterna. Por eso se burla de todos aquellos que en este mundo vagamos con la mirada puesta en las cosas terrenas. Pero como todo seguimiento verdadero de Cristo, la locura por Cristo es denuncia de las realidades que atentan contra la justicia, la caridad y la santidad. No tiene justificación, simplemente. Se es loco por Cristo porque el amor de Dios conmina a ello, empuja a servir, denunciar y salvar. Y es así en la tremenda vida de este santo que os traigo hoy:

Icono del Santo con escenas de su vida.
Siglo XVII
San Andrés  de Constantinopla, “loco por Cristo”. 28 de mayo y 2 de octubre (Iglesias Orientales).

Vivió el santo en el siglo IX, nació en algún país eslavo, que no se sabe cual puede ser, muy joven fue apresado por los bárbaros y vendido como esclavo en Constantinopla. Su amo, un cristiano rico llamado Theognostes, al ver las virtudes de su esclavo, le permitió aprender a leer y escribir, y le dejaba visitar la iglesia siempre que quería, lo que Andrés hacía regularmente. Fue acrecentando su vida espiritual y su radicalidad evangélica le llevó a vivir como un loco por Cristo, a ejemplo de tantos otros santos que hallaban en la “locura” una manera de imitar a Cristo, el loco de Amor. Es muy probable que haya llegado a su conocimiento la prodigiosa vida del paradigma de los “locos por Cristo”: San Simeón el Salo (1 de julio).

Fuera por opción, o por una conminación divina, un buen día mientras iba a por agua, se arrancó la ropa, para no querer vestirla más, y comenzó a hacer locuras, a la par que gritaba el nombre de Cristo. Su amo, pensando que realmente estaba loco, le ató con una cadena y lo llevó a la iglesia de Santa Anastasia la Pharmakolitria (25 de diciembre), santa famosa en milagros, para que esta le sanara. Pero claro, no hubo “curación”, así que Theognostes le dio la libertad, pues como esclavo no le servía para nada. Andrés comenzó a vivir de limosnas, predicando a Cristo, ganándose las burlas y los desprecios de la gente. A la par, fue creciendo en la gracia y obteniendo dones, como el discernimiento de espíritus, o exorcizar a los demonios.

Además, gozó de varias visiones y consuelos divinos. La más importante fue en la iglesia de las Blanquernas, eran las cuatro de la mañana y los fieles cantaban el oficio litúrgico, cuando vio abrirse el techo y bajar del cielo a la Santísima Virgen, que oraba y lloraba por todos los cristianos del mundo, pidiendo a Cristo que aceptara sus súplicas por todos. Mientras, cubría con su manto a los que oraban en la iglesia, como signo de protección. Sería una imagen equivalente a la Madre de Misericordia que los occidentales conocemos, que nace en Italia en el siglo XII. Esta leyenda se ha fundido con la de otra visión, ocurrida el 1 de octubre, en que fue vista la Madre de Dios protegiendo a Constantinopla de un ataque de los eslavos, dos siglos después. Por esta fusión de portentos es que algunas iglesias orientales celebran la Fiesta de la Protección de la Madre de Dios el 1 de octubre y colocan la memoria de San Andrés el Loco a 2 de octubre.

Otras visiones e intervenciones divinas tuvo, como cuando vio una serpiente enroscada en la garganta de un monje avaro, que tenía fama de espiritual y santo. Al verle le recriminó su velado vicio por las riquezas, revelándole lo que veía. El monje se humilló y ante sus ojos apareció la visión de la serpiente, que no desapareció hasta que dio a los pobres sus riquezas ocultas. En otra ocasión hablaba con su discípulo Epifanio sobre la salvación del alma, cuando el demonio se acercó a este y le distraía con pensamientos vanos. Andrés conminó al diablo a marcharse, pero este antes tuvo que revelarle que la humanidad ya casi era peor que el mismo diablo, que eran irrefrenables en sus pecados, con los que vivían y justificaban. Se regocijaba el maligno de poseer a personas consagradas y espirituales. El santo, luego de oírlo, sopló sobre él y el demonio desapareció.

Un día se topó un gran y espléndido funeral en la ciudad, y junto al cadáver se arremolinaban pequeños diablillos, que se reían de los que lloraban al difunto. A la par, un bello joven, lloraba tras los diablos, sin que nadie les viera. Reveló el joven a Andrés, que era el ángel custodio del difunto, un hombre pecador que vivía entregado al demonio, matando, robando, corrompiendo a jóvenes. Que se había perdido para siempre, y por eso los demonios se reían de los que acompañaban al muerto, pues el fastuoso funeral era en vano.

También, como San Pablo (29 y 30 de junio, 25 de enero, 18 de noviembre), fue arrebatado al cielo en vida: una noche mientras dormía en su sitio preferido, un muladar y rodeado de perros callejeros, se le apareció su ángel y le llevó al paraíso, donde permaneció 15 días, contemplando la belleza y perfección de Dios y de los bienaventurados. Adoró a Dios con los santos, entre los serafines, el cual le dijo palabras únicas, intraducibles para los hombres. Volvió a la tierra lleno de amor de Dios y de deseo de morir para gozar de Dios definitivamente. Finalmente, después de una vida de ascética hasta el extremo, Andrés entró en la gloria el 28 de mayo de 911.


Fuentes:
-"Constantinopla 1453: mitos y realidades".  PEDRO BÁDENAS DE LA PEÑA, INMACULADA PÉREZ MARTÍN.
-"Locos por Cristo". PETER HANS KOLVENBACH. S.J. Colección Manresa, 20.
-"Los testigos están entre nosotros". MARIE-JOSEPH LE GUILLOU. Ebook. 2013.



A 28 de mayo además se celebra a:

San Teódulo Estilita. 
San Jorand de Bretaña,
ermitaño
.
San Valentín,
niño mártir.




domingo, 16 de diciembre de 2012

Beata María de los Ángeles, carmelita.

Beata María de los Ángeles, virgen carmelita. 16 de diciembre.

Se llamaba Mariana, y era hija de los condes Di Baldissero, de Turín, emparentados con la familia de San Luis Gonzaga (21 de junio). Nació María en 1661 y desde niña manifestó dotes para la oración y la vida monástica. Ya antes de la edad reglamentaria para recibir la comunión, pasaba ratos suspirando por recibir la Eucaristía, cosa que hizo a los 13 años, según la costumbre del siglo XVII. Desde entonces, empezó a preferir el retiro y la austeridad, en lugar de la ostentación y distracciones propias de su edad y condición social. A esta edad le sucedió algo que fue determinante en su vocación religiosa: Viajó a Saluzzo con su madre, para acompañar a una tía, que entraba al monasterio cisterciense de esta ciudad. Habiéndoles permitido entrar a la clausura, María quedó prendada de la vida religiosa y quiso quedarse allí mismo y tomar los hábitos. Ante la rotunda negativa de la madre, intercedió la abadesa, pidiendo al menos se quedara como estudiante interna, perfeccionado sus virtudes y conocimientos. Y así se hizo. Al cabo de un año, y con la intención firme de ser monja, tuvo que viajar a su casa, debido a la muerte de su padre.

Estando allí, se celebraba la festividad de la Sábana Santa de Turín (4 de mayo) y como María nunca había visto esta reliquia, quiso ir. Asomada al balcón de unos parientes, veía la procesión cuando comenzó a llover y, como no quería retirarse por respeto a la reliquia, un padre carmelita que estaba a su lado, la cubrió con su capa. “¡O justos juicios de Dios!” –dice su biógrafo – “fue tal el efecto que produjo en María, que como la de Elías en Eliseo, la encendió en los mas vivos deseos de ser Carmelita descalza”. Esto tampoco gustó a su madre, pero los ruegos y las influencias de religiosas y eclesiásticos lograron lo que quería María: ser religiosa. 

Entró al monasterio de Santa Cristina de Turín en 1675, donde fue ejemplo para las demás religiosas, tanto mayores, como las que entraron luego de ella. Destacó sobre todo en la obediencia y la humildad, aunque fue probada con grandes enfermedades durante catorce años, sin manifestar quejas, sino siempre se mantuvo de buen ánimo. A pesar de tantas dolencias no abandonó las penitencias ni el cilicio que llevó toda su vida. Sufrió la ceguera, dolores lumbares, además de tentaciones diabólicas contra la caridad, la pureza o la fe. Luego de esta etapa dolorosa, el Señor le premió con varios consuelos divinos, como apariciones y revelaciones, don de conciencias y algunos milagros. Fue elegida priora cuatro veces, siendo ejemplo de sensatez, caridad, justicia y observancia religiosa. Aún siendo superiora, continuó usando un pobre hábito y la celda más incómoda, en lugar de la correspondiente a la priora.

Fue muy apreciada por obispos, nobles y religiosos, que la ayudaron en la fundación del Carmelo de Moncalien, en 1702. Entre estos últimos destacó el presbítero oratoriano Beato Sebastián Valfré (30 de enero), quien el 10 de septiembre de 1703, junto al vicario General y el Notario Apostólico de la diócesis, bendijo la iglesia dedicada a San José y celebró la misa, trasladándose las tres primeras religiosas el 16 del mismo mes y año. La influencia de Sor María de los Ángeles logró conversiones de nobles alejados de la fe, de conversión de costumbres de cristianos relajados y actuó con diplomacia entre facciones enfrentadas en Turín. Amante de la pureza, llegó a hacer voto de no mirar a nadie al rostro jamás, ni permitir que su cuerpo fuera tocado jamás y no lo permitió ni en sus múltiples enfermedades. Todo esto le fue dando fama de santa, que se vio manifiesta el día de su muerte, el 16 de diciembre de 1717, por la cantidad de personas que acudieron al convento a venerar su cuerpo y solicitar su intercesión. Pío IX la beatificó en 1865. 


A 16 de diciembre además se celebra a
Beato Guillermo de Fenol, monje cartujo.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...