Mostrando entradas con la etiqueta sanación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sanación. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de marzo de 2018

Profeta, orante y sanador.

San Juan de Egipto, monje. 27 de marzo.

Nació en 304, en Licópolis, la actual Asyut, en una familia de artesanos de la madera, y él mismo llegó a ser buen carpintero. En 339, con 25 años, abandonó su negocio y el mundo para retirarse al Desierto bajo la guía de un santo eremita. Este le probó en la obediencia hasta grados absurdos, como mandarle tirar la cena, o regar un palo seco durante un año. Juan sin replicar obedecía, y regaba el palo como si una planta fuera. Y tal vez había seguido haciéndolo si al cabo de ese año de formación espiritual su maestro no hubiera fallecido. Ya solo, Juan conoció varios cenobios de la Tebaida, pero ninguno le satisfacía. Por ello, se retiró a lo alto de una colina de difícil acceso cerca de Licópolis, donde cavó tres agujeros en la piedra para usarlos como celda, taller y oratorio. Tapió la entrada y solo dejó un agujero por donde hablaba a aquellos que buscaban su consejo (pues los había que subían hasta allá para ello) o recibir algo de comer a cambio de sus cestos, esteras u otros trabajos de madera.

Su ayuno duraba durante todo el día, y todos los días del año. Así que solo al atardecer comía alguna legumbre o frutos secos, hierbas, etc. Nunca fundó un recinto monástico, pero a su alrededor se establecieron varios discípulos suyos que aprendían de sus enseñanzas y máximas espirituales a través de la ventanita. Cuando eran muchos, hicieron una hospedería y una iglesia, pero Juan siempre se negó a administrarlo o mandar en algo.

Tuvo el santo los dones de conciencia y de sanación. Cuando le visitaba un clérigo Juan siempre lo sabía, aún cuando se ocultara entre los fieles, y más aún, sabía sin equivocarse si era diácono, presbítero u obispo. Realizó numerosos milagros a aquellos que, purificados previamente de sus pecados, le pedían oraciones. También gozó del don de profecía: Al emperador San Teodosio I (17 de enero) Juan le profetizó que los bárbaros invadirían el Imperio, y que vencería a su enemigo, Máximo, como así ocurrió. En 392 Teodosio volvió a preguntar al santo, quien estaba decepcionado del emperador por sus actos sangrientos. A pesar de ello, como aviso, Juan le mandó decir que sería vencedor una vez más, pero a causa de sus pecados, la victoria sería corta para él y no salvaría a su Imperio. Efectivamente, Teodosio venció a Eugenio en 394 y murió meses después, dejando el Imperio dividido entre sus dos hijos Arcadio y Honorio.

Otra de sus célebres profecías fue la realizada a Palladio, el conocido escritor eclesiástico. Vivía Palladio en el desierto de Nitria, cuando quiso conocer de primera mano si todo lo que de Juan se decía era cierto y realmente era un hombre de Dios. Juan tenía por norma que solo hablaba con los hombres los sábados y domingos, dedicando todos los demás días a hablar con Dios. Paladio tuvo paciencia y esperó. Llegó el sábado y Juan, sin que nadie le dijera, saludó a Palladio y le preguntó por Evagrio, su maestro. En eso estaban cuando llegó Alipio, el gobernador de la provincia, y Juan alejó a Palladio discplicentemente para escuchar al magnate. Palladio se decepcionó y pensó que Juan no era tan santo y que estaba vencido por la adulación al mundo. Cuando Alipio se fue Juan llamó a Palladio y le regañó por sus ocultos pensamientos sobre él. Y además le dijo: - "¿No es el cierto que los enfermos son los que necesitan al médico? Tú te dedicas constantemente a trabajar por tu salvación, pero ese hombre está inmerso en el mundo, y apenas puede tener una hora libre de sus asuntos para el cultivo de su alma. ¿A quién debo saludar y preferir entonces?". Palladio quedó avergonzado, pero al mismo tiempo edificado. Además, Juan continuó exponiéndole asuntos del alma de Palladio: - "Sé que los pensamientos sobre tu padre anciano te han distraído últimamente, y has estado pensando en abandonar la vida solitaria para regresar al mundo. Pero has de saber que él y tu hermana han entrado en monasterios como tú. No pienses más en volver a tu casa, porque está vacía. Recuerda que quien pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el reino de Dios". 

Luego preguntó Juan al joven -"¿Quieres ser obispo?" "Obispo soy ya, como indica mi nombre" - respondió Paladio, y añadió - "Gobierno la diócesis de la cocina, y mi jurisdicción episcopal se ejerce sobre ollas y sartenes". Juan rió y le profetizó: -"Un día serás obispo y sufrirás muchas contradicciones. Pero recuerda, solo serás obispo si por cualquier causa dejas la soledad. Mientras estés en tu monasterio nadie te ordenará obispo". Y así fue exactamente, pues en unos años, estando Palladio enfermo de hidropesía, hubo de ir a sanarse a Alejandría y Bitinia, donde los presbíteros aprovecharon para proclamarle obispo de Helenópolis. Padeció mucho Palladio por la causa de San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal), llegando a tener que incluso vivir oculto durante casi un año a riesgo de su vida. No se olvidaría nunca de la profecía de Juan, pues él mismo la pondría por escrito.

Juan murió en 394, a los 90 años de edad, rodeado del cariño de sus discípulos y la admiración de la Iglesia de su tiempo. Murió de rodillas y en medio de un éxtasis. En 1901 se hicieron unas excavaciones en su lugar de retiro y fueron halladas sus celdas, mas no su sepulcro. Actualmente hay allí un santuario dedicado a la memoria del santo monje.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 26 de marzo además se celebra a


Beata Panacea,
virgen y mártir
.
San Mateo,
cruzado mártir
.
San Ruperto, obispo.
Ss Phileto, Lydia
y comp. mártires.







domingo, 13 de diciembre de 2015

Los Santos Cinco Compañeros Mártires.

Santos Eustracio, Auxencio, Eugenio, Mardario y Orestes de Sebaste, mártires. 13 de diciembre.

Dos escenas de los santos:
La vocación de Mardario y Eustracio a caballo.

Eustracio era armenio, de Arauraca. Entró al ejército romano y llegó a ser general en Satala, también Armenia. Eugenio y Orestes eran soldados subordinados a su mando. Auxencio era presbítero y Mardario un seglar que vivía en Satala, aunque igualmente era originario de Arauraca. Al desatarse la persecución de los emperadores Diocleciano y Maximiano, el sacerdote Auxencio fue uno de los primeros en ser llamado ante el gobernador Lisias. Fue torturado para que apostatase, pero nada. Eustracio, hastiado de vivir su fe cristiana en lo oculto, y cansado de ver sufrir a sus hermanos inocentes, se presentó ante Lisias e igualmente declaró su fe en Cristo. Esta confesión motivó la del soldado Eugenio, que gritó a Lisias: "Yo también soy cristiano, Lisias. Oye: Yo soy cristiano". Llevaban a los tres por la ciudad, para que fueran escarnecidos, cuando Mardario, que observaba la escena desde el techo de su casa, dejó a su esposa y dos hijas jóvenes, corrió detrás de los verdugos y los gritaba: "¡Yo también soy cristiano como Eustracio!"

Por su parte, Orestes, al ver a su general, y a su compañero Eugenio padecer por Cristo, sacó una cuz que llevaba al pecho y la enseñó a Lisias, clamando: "Sí, Lisias, también soy cristiano". Y Lisias le mandó poner en la cárcel con los otros cuatro. Padecieron diversos tormentos, pero permanecieron fieles en la fe cristiana, por la que finalmente dieron su vida. Auxencio fue decapitado, Eugenio y Mardario murieron desfallecidos por las torturas, Orestes fue quemado en una parrilla de hierro y Eustracio en un horno. La leyenda añade que el último en morir fue Eustracio, el cual había recibido la comunión de manos de San Blas (3, 11; 15, Iglesias orientales, y 22 de febrero, Iglesia Ortodoxa Griega). Estando en el horno clamó "Yo te alabo, oh Divina Majestad, porque has visto mi mezquindad, y no me dejas caer en manos de mis enemigos: Has salvado mi alma de cualquier peligro".


Fueron sepultados en secreto por los cristianos, y llegada la paz, las reliquias fueron elevadas y depositadas en una basílica. En un tiempo impreciso fueron trasladadas a Constantinopla, a una iglesia dedicada a su memoria, los Santos Cinco Compañeros Mártires, como se les conoce en Oriente. Su culto fue grande y eran tenidos por santos sanadores y obradores de maravillas. En la vida de San Demetrio de Rostov (28 de octubre) se lee que Orestes se le apareció. En el siglo VIII, varias reliquias fueron solicitadas por el papa Adriano I y depositadas en la iglesia de San Apolinar de Roma.



Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 13 de diciembre además se celebra a
San Judoc, eremita.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Angadrême, leprosa por amor.

Santa Angadrême de Beauvais, abadesa. 14 de octubre y 27 de junio o domingo más cercano (patrocinio sobre Beauvais).


Catedral de Bauvais.
Angadrême (Angadrisma) fue hija de Robert, conde de Renty, y originaria de Thérouanne (antiguamente de Flandes y hoy de Arras). Su padre era ministro de Justicia de Clotario III. Desconocemos el nombre de su madre, que era prima hermana de San Lamberto de Lyon (14 de abril). Ambos eran buenos cristianos, piadosos y rectos. Angadrême desde niña era hermosa y estaba dotada con grandes cualidades, como la virtud, la sencillez y el amor por los pobres. Fue educada con esmero, para convertirla en una mujer recta, de la que hablan las Sagradas Escrituras. Siendo adolescente comenzó a dirigirse con su obispo, San Omer de Thérouanne (1 de noviembre), el cual la fue inclinando aún más por la senda de la virtud, la renuncia del mundo y el amor por la vida en castidad. Así no es de extrañar que con tan solo 13 años hiciera un voto de virginidad, redoblara sus penitencias y ayunos, en busca de la perla preciosa de la santidad.

Cuando tenía 15 años, su padre, ajeno a este voto, la comprometió con San Ansbert (9 de febrero), hijo del noble señor de Chaussy. La joven quedó sorprendida con este compromiso, y entristeció profundamente, pues atentaba contra su voto de virginidad. Aun así, decidió obedecer a su padre, confiando en la providencia de Dios y aceptó el compromiso. Y resulta que apenas conoció a Ansbert, este le reveló que tampoco quería casarse, y que había aceptado por obedecer a su padre. Apenas comunicaron sus sentimientos, se sintieron aliviados y resolvieron juntos pedir a Dios les diese luz y pusiese su mano para librarles. Y ocurrió una maravilla: en el acto, Angadrême enfermó de lepra, quedando deforme. Los padres de Ansbert, viendo aquello, se negaron al matrimonio, rompiendo el compromiso y quedando los jóvenes libres. Ansbert tomó el estado religioso, llegó a ser canciller del reino y obispo. Angadrême por su parte, confesó a su padre que había consagrado su virginidad y que por ello, Jesucristo no había permitido que fuera tomada por esposa por otro. Pidió a su padre le dejara tomar el velo moástico, para lo cual ambos fueron adonde San Ouen de Rouen (24 de agosto). Este accedió a consagrarla, y al momento de pronunciar los votos la joven, la lepra desapareció de su cuerpo, quedando aún más hermosa que antes.

Ouen la llevó a un monasterio femenino que había fundado recientemente en su diócesis, para que aprendiera las costumbres religiosas y se adentrara en el servicio de Jesucristo. Pronto se ganó el cariño de las monjas, por su docilidad, caridad, paciencia y otras virtudes. Al poco tiempo, Angadrême fue elegida abadesa por sus hermanas. Aunque se negaba a ello, tuvo que aceptar ante los ruegos de las monjas, que la querían para que las condujese cual pastora. Fue una verdadera madre con las religiosas: siempre atenta a las débiles, las enfermas, pronta a la corrección de las costumbres sin ser áspera. Caritativa y paciente con las faltas de las demás, pero inflexible con las faltas propias. Jamás ordenaba nada sin hacerlo ella antes, no rehuía de los trabajos difíciles y cuando exigía sacrificios y renuncias, ya ella misma los había hecho. Bajo su mandado, la abadía creció y se multiplicó en bienes y en religiosas. No existía la clausura papal, por lo que las monjas atendían una escuela para niñas y un hospital, que igualmente daban buena fama al monasterio.

Angadrême solía visitar las reliquias de los santos mártires de Beauvais, Luciano, Maximiano y Julián (8 de enero), así mismo demostraba gran devoción al santo abad y fundador San Evroult (25 de julio). Cuenta la leyenda que un día en que veneraba sus reliquias en la iglesia de Nuestra Señora, un fuego se desató y nuestra Angadrême tomó las reliquias y con ellas conjuró al fuego que inmediatamente se extinguió. Otros milagros se cuentan, como aquel en el que la santa se dirigía a la iglesia de San Miguel a orar y como era muy oscuro, pidió fuego a un panadero para poner en su farol. Este, molesto con la interrupción, le arrojó unas brasas a sus ropas, y la santa las recogió en el regazo y sin quemarse las colocó en su lámpara. El panadero le pidió perdón al ver el prodigio. Treinta años gobernó nuestra santa su monasterio, santificándose diariamente y santificando a sus hijas. Cuando se sintió morir llamó a sus hijas y les dijo "A punto de alcanzar a mi Dios y mi juez", yo, su indigna abadesa, os pido perdón por todos los malos ejemplos que os he podido dar. No merezco vuestro perdón, pero tendréis compasión de mí y de mis debilidades". Recibió la comunión y acto seguido, falleció en paz el 14 de octubre del año 695. Fue sepultada en el monasterio, y su tumba fue inmediatamente sitio de milagros para aquellos que la invocaban. Más de una curación se efectuó allí, a los ojos de todos.

La defensión de la santa
ante los invasores.
En el siglo IX, ante el miedo que causaban los estragos de los normandos en la región, las reliquias de la santa se trasladaron al interior de la ciudad, a la iglesia de San Miguel. E hicieron bien, pues la abadía fue destruida en 851 (fue reconstruida en 1036 en un sitio cercano). En 1472 la santa demostró su protección sobre la ciudad, cuando Carlos el Temerario y los borgoñones sitiaron Beauvais. A punto de ser tomada la ciudad, los habitantes invocaron a la santa y llevaron las reliquias hasta las murallas. Los borgoñones comenzaron a retirarse y esta victoria fue tomada como un signo de protección, y corrieron todos a la iglesia de San Miguel a dar gracias a Santa Angadrême y procesionaron sus reliquias. 

El rey Luis XI estableció que todos los años, el 27 de junio se conmemorase esta protección con una procesión solemne de las reliquias de la santa. Esta procesión se prohibió durante la Revolución Francesa y se retomó en 1805. En 1810 se demolió la iglesia de San Miguel para hacer una avenida, y las reliquias se llevaron a la catedral de Beauvais donde se veneran. En 1839 la procesión comenzó a ser solamente civil, sin elemento religioso alguno. En 1885 los católicos la retoman, pero los sacerdotes no forman parte de ella, por cuestiones políticas. A partir de 1890 y hasta 1908 se realizan dos: una civil y otra estrictamente religiosa, con las reliquias de la santa. A partir de 1914 se convierte exclusivamente en una festividad civil. Luego de la II Guerra Mundial se retoma, pero sin participación religiosa. Actualmente se realiza el domingo más cercano al 27 de junio.

Santa Angadrême es patrona Beauvais, se le invocaba contra la lepra y males de la piel.

Fuentes:
-"Vie de les Saints de Beauvais". P. AGATHON SABATIER. Beauvais, 1876.
-"Histoire du Diocèse de Beauvais". P. CHARLES DELETTRE. Beauvais, 1842. 
-http://oise.catholique.fr


A 14 de octubre se celebra además a
San Calixto I, papa.
Santo Domingo Loricato, penitente.

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...