Mostrando entradas con la etiqueta Tebaida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tebaida. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de mayo de 2021

San Teodoro el Santificado.

San Teodoro el Santificado, abad. 16 de mayo, y 28 de diciembre. 

Nació sobre el año 304 en Esneh, junto al Nilo, en una familia pagana. Mas en cuanto conoció la fe cristiana y el testimonio de los mártires, abandonó a sus padres y buscó instrucción cristiana. Así, a los 14 años se convirtió en discípulo del San Pacomio el Grande (14 de mayo). Y fue tan buen monje que, al año, cuando su madre lo encontró y le rogó volviese a casa o ella moriría de dolor, él terminó convenciéndola de la grandeza de la vida monástica y ella tomó el velo en un monasterio femenino que Pacomio había fundado cerca de su cenobio.

Teodoro fue fiel discípulo de su maestro y junto a este escribió la Regla que numerosas comunidades monásticas del Desierto seguirían. Cuando el obispo de Pannopolis le pidió a Pacomio fundase un monasterio en esta ciudad, el santo viejo encomendó a Teodoro la fundación, haciéndole, además, abad del mismo. A la muerte de Pacomio, en 347, Teodoro quedó como abad de los monasterios de la Tebaida. 

San Nilo Abad (12 de noviembre) cuenta que en una ocasión en que hubo un Capítulo de los monjes de varios monasterios, mientras Teodoro predicaba, dos serpientes se le acercaron y comenzaron a enroscarse en sus pies. El santo, sin inmutarse, las tomó, las enrolló y las colgó de su cuerpo, cual collares, provocando la risa y la admiración de los monjes. Terminada la predicación, los animales se bajaron del santo solas y se fueron. 

Teodoro subió al cielo en 368, ya anciano, habiendo guiado a muchos monjes al paraíso.  


Fuentes:

-Vidas de los Santos. Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-https://laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com



A 16 de mayo además se celebra a:


San Fortis de Burdeos,
obispo y mártir.
San Gens de Monteux,
ermitaño.
San Juan Nepomuceno,
presbítero mártir.
San Simón Stock,
General carmelita.







 

miércoles, 24 de marzo de 2021

Hermoso, esforzado y silencioso.

San Zacarías el egipcio, monje. 24 de marzo. 

Fue Zacarías hijo de un tal Carión, el cual un buen día abandonó a la mujer y sus hijos para irse al Desierto a vivir como un eremita. Ese mismo año hubo una gran hambruna en el país y la esposa tomó a los dos niños y se fue al desierto, donde halló a Carión. Se quejó de la tribulación que habían padecido por la hambruna y le entregó los niños. Pero Carión le dijo, "
Dios ha dividido a los dos niños por sexos para que los dividamos entre nosotros. Llévate a la niña y deja al niño conmigo". Y la mujer se fue con la niña.  

Carión entonces se llevó consigo a Zacarías, y ambos ingresaron en la comunidad monástica que había sido fundada por San Macario el Grande (15 de enero). Al entrar al cenobio San Moisés el Etíope (28 de agosto y 1 de julio) vio descender sobre el niño una blanca paloma. Al poco tiempo el niño Zacarías ya adelantaba a su padre en la piedad, la obediencia y el desapego. Incluso los monjes venerables le pedían consejo, pero el niño era tan prudente, que jamás aconsejaba, sino que guardaba silencio y oraba por quien le inquiría. Solo cuando la obediencia le obligó a contestar, abrió la boca, y fue para siempre dar oportunos consejos a las almas, profetizar o entonar alabanzas. Cuéntase que San Macario le preguntó sobre que era ser un verdadero monje. Zacarías se limitó a tirar su sombrero de trabajo al suelo y respondió: "Sólo cuando alguien está igual de quebrado, pisoteado y arrastrado por el suelo puede llamarse a sí mismo monje". 

Al llegar a la pubertad se convirtió en un joven hermoso. Tanto, que algunos monjes comenzaron a decir de él que les perturbaba como una mujer. Y Zacarías entonces se metió en un lago de aguas sulfurosas y estuvo tanto tiempo allí, que al salir estaba tan llagado y su piel tan manchada, que ni siquiera su padre pudo reconocerlo. Un domingo, luego de comulgar, el santo monje San Isidoro (15 de enero) tuvo una visión en la que veía al santo adolescente resplandecer de virtud, y declaró a los monjes: "El domingo pasado nuestro hijo Zacarías comulgó como un hombre, ahora lo ha hecho como un verdadero ángel”. También nos cuentan los antiguos que Carión dijo de su hijo: "He peleado mucho en el combate, pero nunca he alcanzado la medida de mi hijo Zacarías".  

Dícese que, estando para morir, tuvo visiones celestiales, que le dejaban extático. Como guardaba silencio sobre ello, su abad le preguntó, curioso: "¿Qué ves, mi niño?". Zacarías solo le preguntó "¿Es apropiado que rompa el silencio a esta hora?". Y a la respuesta negativa del abad, volvió a guardar silencio sobre lo que veía y al poco murió dulcemente. Fue sobre el año 400.  

La mayoría de versiones nos dicen que Zacarías murió muy joven, aún adolescente, mas sin embargo, otras versiones de su “vita” nos dicen que vivió cerca de 50 años de vida monástica. En la iconografía y los sermones piadosos sobre su persona, siempre se nos pinta como un anciano. 

Fuente:
- https://www.cambridge.org 


A 24 de marzo además se celebra a:

S. Catalina de Suecia,
religiosa
.
San Donard de Maghera,
ermitaño
.
Santa Hildelith,
viuda y abadesa
.
San Simon de Trento,
niño mártir
.












NOVEDAD

MI LIBRO ELECTRÓNICO

"TUS PREGUNTAS SOBRE LOS SANTOS

(SANTOS PATRONOS DE LAS ENFERMEDADES)

YA ESTÁ DISPONIBLE.


 


 

lunes, 25 de enero de 2021

"Nos corresponde estar siempre alegres"

San Apolo, abad. 25 de enero y 18 de abril. 

Su vida la conocemos gracias a Palladio, quien le conoció en persona, y a Sozomeno en sus adiciones a la "Historia Eclesiástica", aunque él lo llama Apolonio.

Apolo se fue al desierto de la Tebaida con solo 15 años, y como eremita vivió otros 40. Silencio, oración, trabajo y penitencia eran su día a día. Siendo un anciano, sintió la llamada divina a enseñar a otros como obrar en la vida monástica. Y fundó un monasterio en el Alto Egipto. Apolo quería que sus monjes estuvieran siempre alegres, pues su vocación les había apartado del mundo y las vanas preocupaciones. Decía: "Nos corresponde estar siempre alegres, porque no debemos estar tristes por nuestra salvación. Los gentiles están tristes, los judíos lloran, y los pecadores lloran, todos aquellos cuyos afectos están fijos en las cosas terrenales tienen causa para agitar su alma, pero no nosotros". Si alguno aparecía triste o taciturno, el santo sabía que era a causa del pecado, entonces le llamaba, y con palabras de reproche y consuelo, sanaba su alma, despidiéndole con el abrazo de paz.

En su monasterio se comulgaba diariamente. "Que los monjes comulguen todos los días" - exhortaba - "pues para los que se retiran de los Sacramentos, Dios se retira de ellos. Pero el que se acerca a ellos recibe asiduamente el Salvador. Cada día, por lo tanto, que los monjes se preparen, y que lo reciban cada día". Algunos monjes no comían nada durante años, viviendo solamente del pan eucarístico, y eran los más saludables. A los que eran muy penitentes y esforzados en la virtud, les recordaba: "Que la ascesis sea secreta. No me gustan los que se encadenan su cuello y lo hacen para ser vistos por los hombres; que ayunen en sus celdas, donde nadie sabrá nada al respecto". El encadenamiento del cuello al suelo fue un tipo de penitencia no muy común, realizado por algunos eremitas. Lo leemos, sobre todo, de las ermitañas Santas Marana y Cira (3 de agosto).

No solo a los monjes dio Apolo ejemplo de vida honesta y dedicada a Cristo, sino al pueblo también. Cuéntase que en una ocasión dos aldeas enfrentadas llegaron a las armas y Apolo se plantó en medio de la batalla clamando a su buen sentido para que no derramasen sangre. Una de las partes se retiró enseguida y la otra, comandada por un feroz caudillo, pretendió perseguirla. Entonces Apolo le dijo al jefe: "Hijo mío, baja tus armas, y rogaré a Dios que perdone tus muchas ofensas". Y el hombre, arrepentido, quiso hacer la paz.

En otra ocasión celebraban unos paganos la festividad de un dios y se disponían a realizar una procesión, cuando Apolo se introdujo entre el pueblo y oró a Dios para que impidiera que lo hicieran. Entonces el ídolo de madera se volvió terriblemente pesado, de modo que ni cien hombres podían moverlo. Los sacerdotes del ídolo dijeron: "Un cristiano ha hecho esto". "Sí"- dijo Apolo - "lo he hecho con mis oraciones", y acto seguido exhortó a la gente a abandonar el culto a los dioses vanos.

La última noticia que nos dan los historiadores dice que, imperando Juliano el Apóstata, al enterarse Apolo de que su hermano, que era soldado, había sido encarcelado por ser cristiano, se fue con sus cincuenta monjes a visitarlo. El tribuno que comandaba la prisión, viendo a tantos monjes dentro, mandó cerrar las puertas, ordenando fueran alistados como soldados. Pero por la noche se les apareció un ángel a Apolo y sus hermanos, el cual abrió las puertas de la cárcel y los condujo fuera, yéndose todos con gran alegría a su amado desierto.

Fuente:
-Vidas de los Santos. Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-https://www.heiligenlexikon.de/


A 25 de enero además se recuerda a:

Santa Elvira, mártir.
La Traslación de
S. Brígida de Irlanda.
El Niño Jesús de Beaune.







lunes, 11 de enero de 2021

Monje y padre de monjes

San Palaemon de la Tebaida, monje. 11 de enero, 11 de junio, 12 de agosto, 25 de octubre y 8 de diciembre.

Lo que sobre él sabemos lo hallamos en la "vita" de su discípulo más conocido, San Pacomio el Grande (14 de mayo), quien llegaría a ser fundador y guía de numerosas comunidades de monjes. Cuando Pacomio dejó el ejército romano, en que había servido al mando de emperador San Constantino (21 de mayo), se fue al Desierto a vivir como eremita, pero su fama de santo y prudente le atrajo muchos visitantes, y decidió buscar más soledad. Supo que allá en lo profundo del desierto vivía un ermitaño anciano llamado Palaemon y allá se fue a pedir su consejo.

Es viejo maestro vivía encerrado en una ermita, y su unico contacto con los visitantes era una pequeña ventanilla. Pacomio le dijo: "Padre, si me lo permites, quiero ser monje contigo". Palaemon le replicó: "muchos ya han venido a hacer lo mismo, pero han sido perseverantes. Por el contrario, se avergonzaban de volver a marcharse, porque no se esforzaban por la virtud y solo me han sido molestos. Tú vuelve a tu casa y ocúpate en lo que ya hacías, así tendrás gloria a los ojos de Dios. O bien, examínate cuidadosamente para ver si realmente podrás seguirme; solo entonces regresa y comenzaremos a probar tu debilidad, hasta que te conozcas a ti mismo".

Pacomio insistió que al menos le enseñara el tipo de vida que llevarían y Palaemon le dijo: "En cualquier caso, primero te explicaré la vida monástica; pero luego te irás para examinarte a ti mismo y decidir si puedes o no hacer frente a esta vida". Y continuó, "la regla de vida monástica que nuestros predecesores nos enseñaron es la siguiente: Toda la vida estaremos despiertos desde la mitad de la noche, a veces incluso de la noche a la mañana, mientras recitamos la palabra de Dios y hacemos todo tipo de trabajo manual, tanto para evitar que el sueño nos moleste como para proporcionarnos la comida necesaria. Si tuviéramos más de lo que necesitamos para nosotros mismos, lo daremos a los pobres según la palabra del Apóstol. La comida preparada con aceite, vino y la carne es desconocida para nosotros. Siempre ayunamos hasta la noche, todos los días en verano, y cada dos o tres días en invierno. Haremos sesenta oraciones durante el día y cincuenta durante la noche, sin contar las oraciones dispersas, que no son menores, porque la Escritura nos ordena orar sin parar. Nuestro Señor Jesucristo exhorta también a sus seguidores, porque la oración es la madre de todas las virtudes. Ya te he explicado la ley de la vida monástica; ve y examínate a ti mismo cuidadosamente. Si eres capaz de hacer lo que te he enseñado, y no te asustas o retrocedes, entonces me alegraré contigo".

Pacomio le respondió: "En todas esas cosas ya he probado mi alma; y con la ayuda de Dios y a través de sus santas oraciones estoy seguro de que Dios estará a gusto conmigo". Y Palaemon, viendo que aquello era cosa de Dios, le recibió. Muchas pruebas le puso el santo viejo. De sueño, e oración, ayuno y trabajo, pero Pacomio, con santa paciencia las superó, siendo excelente discípulo.

Durante años vivieron casi sin hablar, orando desde la tarde a la noche, dormían un poco y volvían a la oración hasta la mañana. Comían sobriamente y entre oraciones comenzaban el trabajo con juncos. Durante la oración de la noche también trabajaban para no dormirse. Así vivieron muchos años juntos como padre e hijo, y así cultivó Pacomio su alma para la vida monástica y enseñar a otros. En brazos de Pacomio murió el santo Palaemon en 325.


Fuente:
-https://heiligen-3s.nl

A 11 de enero además se recuerda a:

Santas Ethna y
Fiedhealm, vírgenes
.
San Egwing de Worcester,
obispo
.
Santa Cesárea de Arlés,
abadesa
.









martes, 27 de marzo de 2018

Profeta, orante y sanador.

San Juan de Egipto, monje. 27 de marzo.

Nació en 304, en Licópolis, la actual Asyut, en una familia de artesanos de la madera, y él mismo llegó a ser buen carpintero. En 339, con 25 años, abandonó su negocio y el mundo para retirarse al Desierto bajo la guía de un santo eremita. Este le probó en la obediencia hasta grados absurdos, como mandarle tirar la cena, o regar un palo seco durante un año. Juan sin replicar obedecía, y regaba el palo como si una planta fuera. Y tal vez había seguido haciéndolo si al cabo de ese año de formación espiritual su maestro no hubiera fallecido. Ya solo, Juan conoció varios cenobios de la Tebaida, pero ninguno le satisfacía. Por ello, se retiró a lo alto de una colina de difícil acceso cerca de Licópolis, donde cavó tres agujeros en la piedra para usarlos como celda, taller y oratorio. Tapió la entrada y solo dejó un agujero por donde hablaba a aquellos que buscaban su consejo (pues los había que subían hasta allá para ello) o recibir algo de comer a cambio de sus cestos, esteras u otros trabajos de madera.

Su ayuno duraba durante todo el día, y todos los días del año. Así que solo al atardecer comía alguna legumbre o frutos secos, hierbas, etc. Nunca fundó un recinto monástico, pero a su alrededor se establecieron varios discípulos suyos que aprendían de sus enseñanzas y máximas espirituales a través de la ventanita. Cuando eran muchos, hicieron una hospedería y una iglesia, pero Juan siempre se negó a administrarlo o mandar en algo.

Tuvo el santo los dones de conciencia y de sanación. Cuando le visitaba un clérigo Juan siempre lo sabía, aún cuando se ocultara entre los fieles, y más aún, sabía sin equivocarse si era diácono, presbítero u obispo. Realizó numerosos milagros a aquellos que, purificados previamente de sus pecados, le pedían oraciones. También gozó del don de profecía: Al emperador San Teodosio I (17 de enero) Juan le profetizó que los bárbaros invadirían el Imperio, y que vencería a su enemigo, Máximo, como así ocurrió. En 392 Teodosio volvió a preguntar al santo, quien estaba decepcionado del emperador por sus actos sangrientos. A pesar de ello, como aviso, Juan le mandó decir que sería vencedor una vez más, pero a causa de sus pecados, la victoria sería corta para él y no salvaría a su Imperio. Efectivamente, Teodosio venció a Eugenio en 394 y murió meses después, dejando el Imperio dividido entre sus dos hijos Arcadio y Honorio.

Otra de sus célebres profecías fue la realizada a Palladio, el conocido escritor eclesiástico. Vivía Palladio en el desierto de Nitria, cuando quiso conocer de primera mano si todo lo que de Juan se decía era cierto y realmente era un hombre de Dios. Juan tenía por norma que solo hablaba con los hombres los sábados y domingos, dedicando todos los demás días a hablar con Dios. Paladio tuvo paciencia y esperó. Llegó el sábado y Juan, sin que nadie le dijera, saludó a Palladio y le preguntó por Evagrio, su maestro. En eso estaban cuando llegó Alipio, el gobernador de la provincia, y Juan alejó a Palladio discplicentemente para escuchar al magnate. Palladio se decepcionó y pensó que Juan no era tan santo y que estaba vencido por la adulación al mundo. Cuando Alipio se fue Juan llamó a Palladio y le regañó por sus ocultos pensamientos sobre él. Y además le dijo: - "¿No es el cierto que los enfermos son los que necesitan al médico? Tú te dedicas constantemente a trabajar por tu salvación, pero ese hombre está inmerso en el mundo, y apenas puede tener una hora libre de sus asuntos para el cultivo de su alma. ¿A quién debo saludar y preferir entonces?". Palladio quedó avergonzado, pero al mismo tiempo edificado. Además, Juan continuó exponiéndole asuntos del alma de Palladio: - "Sé que los pensamientos sobre tu padre anciano te han distraído últimamente, y has estado pensando en abandonar la vida solitaria para regresar al mundo. Pero has de saber que él y tu hermana han entrado en monasterios como tú. No pienses más en volver a tu casa, porque está vacía. Recuerda que quien pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el reino de Dios". 

Luego preguntó Juan al joven -"¿Quieres ser obispo?" "Obispo soy ya, como indica mi nombre" - respondió Paladio, y añadió - "Gobierno la diócesis de la cocina, y mi jurisdicción episcopal se ejerce sobre ollas y sartenes". Juan rió y le profetizó: -"Un día serás obispo y sufrirás muchas contradicciones. Pero recuerda, solo serás obispo si por cualquier causa dejas la soledad. Mientras estés en tu monasterio nadie te ordenará obispo". Y así fue exactamente, pues en unos años, estando Palladio enfermo de hidropesía, hubo de ir a sanarse a Alejandría y Bitinia, donde los presbíteros aprovecharon para proclamarle obispo de Helenópolis. Padeció mucho Palladio por la causa de San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal), llegando a tener que incluso vivir oculto durante casi un año a riesgo de su vida. No se olvidaría nunca de la profecía de Juan, pues él mismo la pondría por escrito.

Juan murió en 394, a los 90 años de edad, rodeado del cariño de sus discípulos y la admiración de la Iglesia de su tiempo. Murió de rodillas y en medio de un éxtasis. En 1901 se hicieron unas excavaciones en su lugar de retiro y fueron halladas sus celdas, mas no su sepulcro. Actualmente hay allí un santuario dedicado a la memoria del santo monje.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 26 de marzo además se celebra a


Beata Panacea,
virgen y mártir
.
San Mateo,
cruzado mártir
.
San Ruperto, obispo.
Ss Phileto, Lydia
y comp. mártires.







miércoles, 7 de marzo de 2018

Simple ante los hombres y grande ante Dios.

San Pablo "el Simple", monje. 7 de marzo, 4 de octubre, 18 de diciembre y 11 de enero.

Hay varias fuentes sobre este santo, pues tanto Paladio, como Rufino y Sozomeno hacen referencia a él. Fue Pablo un hortelano rudo, quien un día halló a su mujer con otro hombre. Entonces, decepcionado de todo, dejó el mundo y se fue al Desierto. En la Tebaida halló a San Antonio Abad (17 de enero), pidiéndole ser su discípulo. Sin embargo, el santo no quiso aceptarlo, porque Pablo tenía más de 60 años y a esa edad hacerse a la vida monástica es muy difícil.

La respuesta de Pablo "el Simple", fue simple: quedarse fuera de la ermita de Antonio hasta que este le admitiera. No decía una palabra, ni insistía, ni miraba al santo patriarca. Esa humildad venció a Antonio, quien temiendo que el viejo Pablo se le muriera a la intemperie, le dejó entrar a su ermita. Para probarle, cuenta Paladio, Antonio encargó a Pablo que tejiera una cuerda con hojas de palma, la cual le ordenaba deshacer al ponerse el sol, y así, día tras día, sin que Pablo protestara por la inutilidad de aquella tarea. Otras veces ponía un trozo de pan delante de él, y luego de orar largo rato, le decía "Hemos mirado el pan, eso bastará de cena; ahora descansemos". Nunca protestó por aquello "el simple" Pablo.

Cuando Antonio creyó que ya Pablo estaba listo para la vida eremítica, sabía orar los salmos de memoria y estaba templado en el ayuno y la penitencia, le dejó tener su ermita relativamente cerca de la suya. Realmente Antonio admiró cuan pronto se adentró Pablo por los caminos del Señor, pues en breve este tenía una oración altísima, recibiendo grandes dones de Dios, entre ellos el de exorcizar a los demonios. Incluso en ocasiones, según Sozomeno, Antonio le enviaba endemoniados que el mismo no podía liberar, quedando libres las personas

En una ocasión, estando Antonio discutiendo sobre asuntos espirituales con algunos prelados que le visitaban, Pablo, que era analfabeto de todo, preguntó "¿Vivieron los profetas antes de Jesucristo, o Jesucristo antes de los profetas?". Antonio, molesto con aquella tontería, le mandó callar y apartarse, lo cual hizo Pablo enseguida, yéndose a sus labores. Como los prelados asomaron alguna sonrisa a costa del "tonto", Antonio les replicó: "¡Oh, hermanos míos! aprended de este hombre como debe ser nuestra obediencia a Dios. Si yo digo algo, él lo hace instantánea y alegremente. Y nosotros, ¿nos comportamos así con nuestro Dios?".

Pablo murió sobre 339.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Volumen III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 7 de marzo además se celebra a





lunes, 9 de octubre de 2017

Dos enamorados y un Amor.

Santos Andrónico y Atanasia, esposos y monjes. 9 de octubre y 27 de febrero (Iglesias Griegas).

Su "vita" se halla insertada en una colección de vidas ejemplares de los Padres del Desierto. Vivían Andrónico y Atanasia en Damasco, Siria, donde él ejercía de platero. Eran piadosos y caritativos, y cuando tuvieron numerosas ganancias, ambos las dividieron en tres, de las cuales dieron una parte a los pobres, una segunda la usaron para prestar a aquellos que estaban en necesidad, aunque sin pedir intereses por ello. Y la tercera parte, la reservaron para el sustento de su familia. 

Tenían dos hijos, un niño y una niña, a los que, como todos los padres, amaban hasta el extremo. Pero un día, los niños murieron y ambos esposos se sumieron en la tristeza. Andrónico se refugió en su oficio de platero, mientras que Atanasia pasaba el día llorando junto a la tumba de sus hijos en la iglesia de San Julián, diciéndose "moriré aquí junto a mis hijos y me reposaré a su lado para siempre". Un día llegó a ella un venerable abad y le preguntó: – "Mujer, ¿qué te pasa? ¿Por qué no dejas que los muertos duerman en paz?" Atanasia le replicó: – "Mi Señor, no te enojes con tu sierva, porque estoy abrumada por el dolor. Tuve dos hijitos y los perdí a ambos en un día, y aquí yacen". Entonces el anciano le dijo: – "No llores por ellos, porque te aseguro que como la naturaleza humana anhela y clama por el alimento, y languidece si no la encuentra; así también tus hijos anhelan y claman a Cristo donde están, por la bienaventuranza de las cosas futuras, diciendo: 'Juez justo, danos el descanso celestial en lugar de aquellas alegrías terrenas de las que fuimos desposeídos'", y se alejó en la oscuridad. Cuando Atanasia reflexionó, toda su tristeza se convirtió en gozo y fue en busca del abad. Preguntó al portero y este le dijo que aquella iglesia no tenía dignidad abacial. Entonces ella entendió que había sido el glorioso San Julián quien se le había aparecido, dándole paz a su corazón.

Aparición de San Julián
a Atanasia.
Con esta certeza, se fue a casa, contó a su marido lo ocurrido y ambos decidieron que lo mejor era vivir una vida de entrega a Cristo para llegar algún día adonde estaban sus hijitos. Reunieron a sus esclavos, les dieron la libertad entregaron sus posesiones a los pobres. Cuando se alejaban, Atanasia se volvió a su antigua casa y clamó: "Oh Señor Dios, que dijiste a Abraham y a Sara: 'Sal de tu tierra y de tu familia, a una tierra que yo te mostraré', guíanos, te lo ruego, en el camino de tu temor. Ya que dejamos nuestra casa por amor a Ti, y tú no nos cierres tu casa en tu Reino". Y se fueron a Jerusalén, donde veneraron los Santos Lugares. Luego se fueron a la Tebaida, en cuyas soledades hallaron al abad Daniel, y le pidieron consejo. Este envió a Andrónico al monasterio de Tabenna, y envió a Atanasia a una laura de Esceta, donde debía vestir como un eremita y vivir alejada de los monjes, solo reuniéndose con ellos los domingos para la Eucaristía.

Doce años pasaron cada uno en su lugar, en oración, trabajo y penitencias, anhelando el cielo. Al cabo de ese tiempo, brotó en el corazón de Andrónico, que ya era un venerable anciano de larga barba blanca, el anhelo de volver a visitar los Santos Lugares. Pidió permiso a su abad, y este se lo concedió. De camino a Jerusalén, Andrónico encontró a otro anciano de pelo gris y rostro quemado por el sol, apoyado contra el tronco, exhausto por el calor y cansado de andar. Y aquel anciano… ¡era Atanasia!, la cual reconoció a su marido y aunque tuvo una gran alegría, no quiso revelar quién era. Andrónico, sin embargo, no la reconoció, porque su belleza había sido destruida por la penitencia y el ayuno. 

Entonces Andrónico le preguntó: - "¿Cómo te llamas, hermano?" Y ella respondió: - "Me llamo Atanasio". -"¿Hacia dónde vas, hermano mío?", volvió a preguntar Andrónico. -"Voy a visitar los Santos Lugares", fue la respuesta de Atanasia. Andrónico se alegró de la respuesta y dijo: "Mi corazón anhela tu compañía, santo eremita, caminemos juntos hasta Jerusalén". Y así, ambos visitaron Jerusalén, hicieron oración en los Santos Lugares, y al terminar su peregrinación, decidieron volver juntos a Egipto. Cuando regresaban, llegaron al mismo árbol bajo el cual se habían encontrado y Andrónico pidió a "Atanasio" vivir juntos en las soledades de la Tebaida, ya que eran ancianos, y así podrían cuidarse uno al otro y cuando el primero muriera, el otro podría sepultarle. Atanasia accedió, y así vivieron varios años, en oración y trabajo, con gran júbilo de Atanasia, que amaba muchísimo a su marido.

Y llegó un día en que Atanasia se sintió morir. Entonces Andrónico fue adonde vivía un anciano presbítero, para que asistiera al viejo "Atanasio". Cuando ambos llegaron, Atanasia lloraba, y el viejo eremita le dijo: -"¡Qué! ¿Lloras en lugar de alegrarte de estar en camino al encuentro del Señor?". Atanasia replicó: -"Lloro por mi amigo Andrónico, porque sé que echará de menos mi compañía". Y además, le dijo en secreto: "Cuando muera, mete tu mano bajo mi cabeza, hallarás un trozo de escritura, y se la darás a Andrónico". Y Atanasia recibió el Cuerpo del Señor y expiró alegremente, pues ¡al fin! estaría con sus hijitos amados. Entonces, antes de ser sepultada, los monjes entregaron a Andrónico el pergamino, este lo leyó y se arrojó sobre el cadáver clamando: "¡Esta es mi mujer Atanasia!". Pronto se corrió la voz, y muchos monjes acudieron con palmas en las manos, para celebrar a Atanasia, que siendo mujer había vivido varonilmente. 

Andrónico pasó a vivir junto a la sepultura de su amada mujer, hasta el día en que Dios quiso llamarle a renuirse con ella y sus hijos. Antes de morir, hizo oración y murió dulcemente. Fue sepultado junto a Atanasia.


Fuente:
-"Lives of Saints". Tomo XI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 9 de octubre además se celebra a
San Luis Bertrán, presbítero dominico.
Santa Publia, abadesa.

lunes, 1 de mayo de 2017

De una santa entre sinvergüenzas.

Santa Isidora, virgen. 1 de mayo.

Solo conocemos de ella lo que algunos menologios griegos traen, basándose en Las Vidas de los Padres del Desierto:

Era Isidora monja en un monasterio de vírgenes en Tabennis, en el Alto Egipto. Era muy humilde y callada, y por ello despreciada por las demás religiosas. Siempre le ordenaban los peores trabajos, era blanco de burlas y ofensas y casi nunca podía acudir a la oración común, porque siempre le encomendaban la limpieza del suelo de todo el monasterio cuando las monjas estaban en la iglesia. a veces la asustaban o le pegaban si la hallaban dormida por el cansancio, entre los fogones de la cocina. Pero ella todo lo soportaba con paciencia y sonreía con dulzura. Ni siquiera podía usar un hábito decente, sino que solo traía una túnica vieja y por velo un trapo sucio desechado por alguna hermana.

Ocurrió un día que el eremita Pioterio, que vivía entre las rocas, a la orilla del Nilo, tuvo una visión en la que un ángel le decía: "Ve a un monasterio en Tabennis y allí encontrarás un vaso de elección lleno de gracia de Dios. La conocerás por la corona que brilla sobre su cabeza". Así lo hizo el santo varón, al llegar al monasterio relató su vocación a la abadesa, la cual mandó pasar a todas las monjas, una a una. Pero ninguna de ellas era. Preguntó Pioterio: "¿Hay alguna más?" "Aquí están todas, salvo una criatura inepta que permanece siempre en la cocina" - dijo la abadesa. El santo mandó traerla y cuando Isidora llegó, eremita vio resplandecer sus ropas y emanar luz de su cabeza, coronada de rosas de oro. Entonces cayó a sus pies, y rogándole que la bendijera, dijo "¡Es esta a quien el Señor ha escogido!" Y las monjas se lamentaban: "yo la golpeé en la cara ayer", "yo le puse mostaza en la nariz para burlarme", "yo le tiré los restos de mi cena a la cabeza", y así, por el estilo. Y todas la besaban y veneraron como a una santa. Pero Isidora, avergonzada de aquella súbita veneración, huyó a la soledad y vivió el resto de sus días como ermitaña.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 1 de mayo además se celebra a
Santa Bertha de Avenay, viuda, religiosa y mártir.
San José Obrero.
San Amador de Auxerre, obispo.

sábado, 9 de julio de 2016

De santos sabios y mártires.

Santos Patermucio, Copretes, y Alejandro, mártires. 9 de julio.

Para entender esta leyenda, hay que dividirla en dos, pues ella misma se divide de manera abrupta y sin un lazo entre ellas.



Parte I.
Imperando Juliano "el apóstata", vivían en Egipto dos ermitaños llamados Patermucio y Copretes. Copretes, que era el más joven, dijo al anciano Patermucio: "Padre, que significa la frase de San Pablo, en su epístola a los Romanos, ‘Hubo un tiempo en que no había Ley, y yo vivía. Pero llegó el precepto, dio vida al pecado, y yo morí. Así, pues, el precepto que había sido dado para la vida me trajo la muerte’" (Rom 7, 9-10). Patermucio le respondió, "San Pablo no habla de sí mismo, porque él era un hebreo hijo de hebreos, y nunca vivió fuera de la ley. Él habla de la persona de Adán. Porque Dios hizo a Adán, y lo colocó en el paraíso, y Adán vivía entonces sin la ley. Pero cuando llegó la ley que prohibía el acceso al árbol, comió y murió". 

"Padre" – insistió Copretes – "Se dice en el Evangelio que una mujer tenía diez monedas de plata, perdió una y luego encendió una vela y buscó hasta que encontró la moneda perdida. ¿Puedes explicarme esta parábola?" (Luc 15, 8). "La mujer representa a la Sabiduría Divina” – le respondió el santo viejo – "las monedas que posee son los nueve coros de los ángeles, y el hombre, que se ha perdido, es la décima. Aunque el hombre estaba perdido, la Sabiduría Eterna, encarnada en Cristo, lo buscó con la luz de la fe, lo encontró y lo recuperó".

"Padre" – dijo Copretes – "He leído en el Salmo: ‘Dios se porta muy bien con Israel con los que tienen puro el corazón. Pero yo, por poco mi pie no tropieza y mis pasos casi se resbalan; yo sentía envidia de los malos, viendo lo bien que le va a los impíos’ (Sal 73, 1-3). ¿Me explicas lo que esto significa?". "Esto" – dijo Patermucio – "fue dicho por Asaf, que vivió una vida de ermitaño en una colina alta, y a sus pies había una ciudad. Y cuando él miró hacia abajo y vio a los que montaban a caballo, y se divertían, deseó descender del monte, pero un ángel detuvo sus pasos y lo envió de vuelta a la cima de la montaña, y entonces le fue dada la gracia de conocer el poco valor real de las cosas terrenas".

Y Copretes, deseoso de conocer a su Señor, continuó: "Mi padre, una vez más, dime lo que significa ese pasaje que dice ‘nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque si lo hacen, se reventarán los odres, el vino se desparramará y los odres se estropearán. El vino nuevo se echa en odres nuevos, y así se conservan bien el vino y los odres’" (Mateo 9, 17). "Aquí" – le respondió Patermucio – "el vino nuevo significa el Evangelio Los viejos odres son los judíos y los nuevos son los gentiles". "¡Sólo una pregunta más, padre!" – rogó Copretes – “Soñé que un hombre vestido de blanco descendía del cielo hacia mí, entonces apareció un hombre negro en medio de un denso humo y un fuego ardiente, y, extendiendo su mano me agarró, y yo estaba en medio del humo con todos mis pecados silbando en torno a mí. ¿Qué significa esto, padre?" Patermucio le miró con compasión y le dijo: "Significa que caerás en una gran tentación que pronto vendrá sobre ti".

Parte II.
Aconteció que en esta época llegó a Egipto el emperador Juliano, que iba de camino contra los persas. Al llegar a la Tebaida, mandó apresar a algunos cristianos y monjes y llevarles a Alejandría. Entre ellos estaba Copretes, al que conminó a renunciar a Cristo, bajo amenaza de torturas. El joven monje flaqueó y por miedo al dolor, renegó de Jesucristo. Luego fue llevado a juicio el anciano Patermucio y cuando vio a Copretes entre los sirvientes del emperador, bien vestido y rodeado de pecado, le recriminó su apostasía y le recordó el fuego eterno que le esperaba. Copretes se arrepintió de su traición y dejando la librea, corrió adonde su maestro gritando: "Confieso que no soy julianita, sino cristiano". Y Juliano mandó que Patermucio fuera echado en un horno de fuego ardiendo, y que a Copretes le arancaran la lengua con tenazas ardientes, pero cuando estas se acercaban a su boca, una y otra vez, se enfriaban. Ante esto, Juliano mandó le arrojaran al horno junto a Patermucio. Pero Dios puso su mano y apagaba el fuego cada vez que les metían en él. 

Vio estos portentos un soldado que estaba presente, llamado Alejandro y confesó al Dios de los cristianos, por lo que Juliano también mandó fuera metido en el fuego, pero un nuevo portento ocurrió, y es que las llamas tocaban a los mártires, pero no los consumían. Alejandro apenas tocó el horno, expiró dulcemente, y Patermucio y Copretes fueron sacados del horno y pasados a espada, al ver que el fuego no les hacía daño.

Conclusión.
Esta leyenda mezcla diversos personajes para armar una historia. La primera parte toma al monje Patermucio, un glorioso confesor del que los menologios griegos recogen algunas enseñanzas, como las que vimos, que fue prisionero en las minas de Cilicia y al que ponen padeciendo junto a San Pánfilo (1 de junio y 16 de febrero, Iglesias Orientales), para terminar quemado vivo poco tiempo después bajo el gobernador Firmiliano. Su memoria sería a 17 de septiembre. Por su parte, Eusebio habla de este Patermucio y sus enseñanzas, pero le pone padeciendo en 310 bajo Diocleciano, terminando sus días en el fuego junto a los obispos Santos Nilo y Peleo (17 de septiembre). 

Para liarla más, Rufino en su "Vidas de los Padres del Desierto" le menciona y habla que en su juventud había sido ladrón y profanador de tumbas, aunque había hecho ejemplar penitencia y se convirtió en un santo monje. Y para más inri, en el relato de Rufino es Copretes el viejo y sabio, que, además, tenía don de milagros y realizó varias curaciones y expulsó varios demonios. Pero no habla que sean mártires.

También hay que recordar que Juliano nunca fue a Egipto después de coronarse emperador y, lo más importante, no persiguió a los cristianos. Solo padecieron los soldados que no acataron sus órdenes por regresar al paganismo, pero los cristianos, seglares o eclesiásticos, no fueron perseguidos, por más que leyendas como esta lo cuenten. Es evidente que estos tres mártires corresponden a otra época, otros nombres y no son los conocidos eremitas del desierto, y de los que sí constan datos de su vida y final. 


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.


A 9 de julio además se celebra a  
San Juan de Colonia, dominico mártir. 
Beata Juana Scopelli de Reggio, carmelita.
Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús, virgen fundadora. 

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...