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martes, 23 de septiembre de 2014

Camila para Camila

Pregunta: Buenas tardes estimado: necesito información sobre Santa Camila, será que me pueda ayudar enviándome información, pues tengo una nieta a la cual le mi hijo desea ponerle ese nombre.

Respuesta: Primero, felicitarles por la nieta e hija, espero todo salga bien. Aquí le resumo tres vidas de santas con ese nombre, omitiendo los Camilo, que alguno hay:

Beata Camila Gentili
Beata Camila Gentili, mártir. 26 de julio.

Vivió en la segunda mitad del siglo XV en San Severino, Marche di Lucca, Italia. Era hija de los nobles Rovellone y Brandina, de la familia Giusti. Muy joven casó, contra su voluntad con Battista Santucci, un hombre nada bueno, y además enemistado con los Giusti. El matrimonio sería una manera de aplacar dicha enemistad: todo un sacrificio, vamos. Pero nada. En 1482 Battista asesinó a Pierozzo Grassi, un pariente de los Giusti, y aunque fue condenado a muerte, salvó la vida gracias a la intervención de Camila, pero nada, el marido no se emmendó, sino que al contrario el favor a su mujer le suspuso una humillación, por lo que, además de odiar a la familia, comenzó a odiarla a ella. Le prohibió visitar a su familia, a lo que Camila, harta, se negó.

Entonces Battista fingió un arrepentimiento, y le pidió se alejaran un tiempo a Uvaiolo, donde tenían una casa de campo. Allí, el 26 de julio de 1486, la apuñaló en el pecho y en la garganta, mientras ella pedía auxilio a Dios y manifestaba su perdón al marido asesino. Este huyó, pero fue apresado y condenado a prisión perpetua, donde murió, sin saberse cuando. Camilla fue enterrada en la capilla de los Gentili de la iglesia de Santa Maria del Mercado (hoy iglesia de Santo Domingo), donde pronto comenzó a ser venerada, más que por su martirio, por el recuerdo de su vida piadosa y caritativa. Benedicto XV, de la familia Lambertini, emparentado con ella y que conoció familiares descendientes de los Giusti, la tenía por una santa mujer y más de una vez habló de ella, poniéndola de ejemplo. En 1841, el 15 de enero, Gregorio XVI la proclamó beata, fijando su memoria litúrgica para el 27 de julio, aunque solo para la diócesis de Lucca.


Santa Camila Battista de Varano, abadesa clarisa. 31 de mayo.
Entró al monasterio fundado para ella por su padre. Escribió "El sufrimiento mental de Jesús en su Pasión", que fue lectura de referencia para muchos fieles durante años. Experimentó algunas gracias y consuelos místicos.

Beata Sofía Camila (Ángela María) Truszkowska, virgen fundadora. 10 de octubre.
Nació en Polonia, donde fundó la Congregación de las Hermanas de San Félix de Cantalicio, para ayudar a los niños abandonados, pobres y marginados.

martes, 3 de junio de 2014

Que sí, que sí existe San Kevin

San Kevin y sus animales iconográficos
Pregunta: Existe el santo Kevin? Yo creo que es un nombre americano que nos han importado, a mi nieto se lo han puesto, pero a mi no me gusta. España.

Respuesta: Tranquila, su nieto sí tiene nombre de santo, y muy anterior a que existieran los "americanos": 

San Kevin (o Coemgen) de Glendalough, ermitaño y abad. 3 de junio.
La verdad es que la mayoría de datos sobre Kevin son legendarios y tardíos, copiados de otros santos, en ese afán de dotar de una "vida" maravillosa a quien no la tenía, como si la entrega radical a Cristo en la soledad, la oración y la penitencia ya no fueran suficiente maravilla. Pertenece a los santos monjes-misioneros tan frecuentes en Irlanda, Gales o Bretaña, verdaderos apóstoles y orantes al mismo tiempo. Padres de en la fe de muchos monjes y del pueblo fiel, que escuchaba sus palabras, vivía sus portentos (que no todo será leyenda) y se beneficiaban de sus intercesiones luego de muertos. Como todo está mezclado, seguiremos un orden y, por esta vez, sin detallar que es legendario y que es histórico. Que no es este blog un sitio de crítica hagiográfica, ni de estudios e investigaciones. Aquí solo hablamos y aprendemos, si cabe, de santos. Y eso, a ver que dice el Lives of Saints, tomo VI:

Kevin nació en 498, en el castillo de White Fountain (la Fuente Blanca), en el reino de Leinster, en la isla de Irlanda. Era hijo de Coemlog y de su esposa Coemell, ambos pertenecientes a la casa real del reino de Leinster. El nombre del niño hace alusión a este hecho ya que significa "de apacible nacimiento". El prefijo Coe (plácido) es similar al prefijo griego Eu (bueno), y se aplicaba a los miembros de la casa real. Su sobrino fue San Abban (27 de octubre). San Cronan de Roscrea (28 de abril) lo bautizó y fue educado por San Petroc de Cornwall (4 de junio), con quien pemaneció desde los 7 hasta los 12 años. Luego estudió con su tío Eogoin de Ardstraw, que había fundado el monasterio de Cualann, al sur de Dublín, por quince años y abrazó el estado monástico. Después de visitar a San Columba (9 de junio), San Comgall de Bangor (10 de mayo), y San Cannich (7 de febrero) en Usneach, en Westmeath, en 544, se dirigió a Clonmagnois, donde san San Kierán había muerto tres días antes de su llegada. Se dirigió entonces a Roma, donde visitó al papa y en cuyo camino le sucedió, como a otros santos, lo del oso come cabalgaduras.

San Kevin y el mirlo
Luego de su regreso, habiendo oído hablar de la santidad de Kevin, el rey O’Toole de Glendalough, que en gaélico irlandés significa "el valle (glen) de los dos (da) lagos (locha)", envió una embajada a preguntarle cómo podría fortalecer a su ganso doméstico que había envejecido y se había debilitado tanto que era incapaz de volar. Kevin pidió en pago por su respuesta aquella tierra por la que el ganso volase. Como el ganso no podría tomar mucho vuelo, O’Toole aceptó. Cuando Kevin tocó al pájaro, este rejuveneció y voló sobre el valle entero, donde Kevin fundaría su monasterio, dejando las reliquias que trajo de su peregrinaje a Roma. En breve dejó la vida monástica para irse a la soledad de la profundidad del valle, donde se refugió en el hueco de un árbol, como un santo dendrita. Este bosque tomó el nombre de Holywood (no de cine, sino de "bosque santo"). 

Cuando oraba con los brazos en cruz, estos salían por dos estrechas aberturas a modo de ventanas. Estaba en esa posición toda la Cuaresma y un año, permanecía tanto tiempo en éxtasis, unos mirlos anidaron en su mano. Terminado el tiempo cuaresmal, y vuelto del arrobo, le dio lástima retirar el nido de su mano, y se quedó en esa postura hasta que los pajarillos volaron. Esta bonita leyenda es su principal motivo iconográfico. Y junto a los mirlos, pues el jabalí que protegió de los cazadores reales, o la cierva que le daba leche, o el mounstruo marino que no le tocaba cuando se metía en el lago casi helado a orar, sino que mientras se movía en círculos a su alrededor, con su aliento calentaba el agua.

Un suceso de comentarse fue con una vaca (como no, siendo santo irlandés). Había un chico que llevaba sus vacas a pastar muy cerca. Una de ellas se alejó del grupo, y llegó al árbol donde Kevin moraba, y le lamió la túnica del santo, de la que sobresalía un trozo, regresando luego donde las otras vacas, y así por tres días. Al tercer día, al volver la vaca a casa y ser ordeñada, dio tanta leche, que todos los cántaros y baldes del dueño y sus vecinos quedaron llenos, y aún manaba leche como un arroyo. El dueño mandó al chico vigilara la vaca, pues quería saber el origen de tanta bendición. Al otro día eso hizo el pastor, y al ver lo que pasaba, arremetió contra Kevin, acusándole de querer quedarse la vaca, así que la agarró y la llevó a casa, pero... Al llegar, todas las vacas y terneros estaban enloquecidos, se peleaban y volvían los ojos en blanco, sin cesar de mugir como posesos. El pastor y el dueño del rebaño corrieron a pedir perdón a Kevin, que les concedió a cambio no contasen nada de su existencia retirada. Pero era tarde,el pastor había corrido la voz sobre el eremita misterioso, y allá se fueron San Eogan , San Lochan y San Enna, para hacerle volver al monasterio, cosa que hizo Kevin. Ah, las vacas y terneros estaban perfectamente cuando el granjero volvió a casa, pero nunca volvió a tener aquellos ríos de leche. 

Iglesia de San Kevin en Glendalough
Este monasterio de Glendalough casa fundó a su vez otras, y alrededor de ella creció una ciudad que se convirtió en en sede episcopal, aunque actualmente está incluida en la archidiócesis de Dublín. Sirvió como abad por varios años y cuando él vio que era prescindible se retiró para vivir como ermitaño en una isla a la que, claro, sólo se podía llegar con un barco, y aún así, luego había que subir un risco para llegar a la ermita. Aquí le ocurrió otro milagro. Estando en su modo preferido de oración durante la Cuaresma, un ángel se le apareció diciéndole que la roca superior a su ermita caería, aplastándole, y que no había pasado porque Dios mismo sostenía la roca. Kevin le respondió: "confiando en mi Señor Jesucristo, permaneceré sentado hasta Pascua", y así hizo, por no romper su oración continua a Dios. Y llegada la Pascua, salió el santo de su cabaña, e inmediatamente una roca enorme la aplastó. Cuatro años más tarde, sin embargo, volvió a Glendalough y sirvió como abad hasta su muerte, ocurrida el 3 de junio de 618.

Luego de su muerte el monasterio fue dirigido por su sobrino San Molibba (8 de mayo), convirtiéndose en un centro de enseñanza cristiana muy importante donde floreció una comunidad religiosa que se enfrentó a las invasiones vikingas del siglo X, pero finalmente fue sometida por los normandos en el siglo XI. Las reliquias, salvadas, se trasladaron a una iglesia que se construyó posteriormente y donde recibía culto San Kevin, y se recogían como milagrosas unas manzanas de un árbol supuestamente plantado por el santo. Con la persecusión protestante el culto decayó bastante.


A 3 de junio además se celebra a 
San Liebhard, eremita y abad
Santa Oliva de Agnani, eremita.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Y el nombre de la Virgen era María... Parte II

El 12 de septiembre de 2012 publicamos una primera parte de este tema sobre la devoción al Dulce Nombre de María, que recomendamos releer para entrar en la óptica de esta segunda parte, que retomamos hoy por empezar el "mes de mayo", devota, aunque no litúrgicamente dedicado a María.

Introducción:
María. Oh nombre sagrado. Oh nombre digno de ser amado. Feliz el que lo repite a menudo con amor, quien lo saluda devotamente, quien lo reverencia sinceramente, quien lo invoca frecuentemente. Después del nombre de Jesús, nombre por encima de todo nombre, no hay ninguno más venerable, más dulce, más querido por todos los fieles. A la invocación de este nombre, el pecador se siente lleno de esperanza en la misericordia, el justo obtiene una mayor caridad, el que es tentado logra la victoria sobre sus pasiones, el que está afligido consigue la paciencia y el consuelo. Será, después del nombre de Jesús, mi recurso en las aflicciones, mi consejo en las dudas, mi fuerza en los combates, mi guía en el camino[1].

Haciendo míos los sentimientos del piadoso autor del párrafo anterior, quisiera que su traducción me sirviera de penitencia ante los lectores por mi retraso en concluir este artículo, cuya primera parte se publicó hace ya unos meses.

Aunque en la introducción a esa primera parte ya habíamos hecho alusión a las posibles etimologías del Nombre de María, queremos ampliar un poco el tema con las aportaciones del teólogo Leonardo Boff; somos conscientes de que se trata de un autor controvertido, pero creemos que el libro del que sintetizamos estos datos no se opone a la fe católica; recordemos que cuando fue escrito no había llegado al punto álgido en sus polémicas y continuaba siendo religioso franciscano y por ello nos parecen interesantes algunas de sus aportaciones [2].
"El significado etimológico que le parece más convincente es el de “la amada de Dios”, pues contiene una raíz egipcia, myr, que significa “la amada”, y otra hebrea, yam, que es una abreviatura del nombre de Yahve. Recordemos que la primera María de la que tenemos noticia es la hermana de Moisés y Aarón".

Otra etimología que Boff cree que “goza de algún fundamento” es la que se propuso tras el descubrimiento arqueológico de la antigua ciudad de Ugarit (entre 1929 y 1932), en donde aparece frecuentemente el término mrym, referido a una alta montaña; con esta raíz, María significaría “la sublime, la exaltada, la excelsa”. También toma en consideración la significación de María como “mar de amargura”, de mar-yam, con lo que “el nombre de María apuntaría al aspecto co-redentor de la madre de Jesús, tema siempre muy presente en la piedad católica[3].

Sin embargo, incluye entre las explicaciones etimológicas que “han sido abandonadas por insuficiencia de sentido filológico [4] una de las más extendidas, recogida incluso por San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo), la de “Señora”, que vendría del siríaco.

Por otra parte, recuerda que el relato lucano de la Anunciación, el ángel no llama a María por su nombre propio, sino que lo sustituye por el término griego 'kejaritoméne', que solemos traducir como “la llena de gracia”. Boff, para resaltar más la iniciativa del Espíritu Santo prefiere utilizar la palabra “contemplada”, por proceder etimológicamente de templo, y resaltar así el papel de María como Templo del Espíritu Santo, pues afirma que “existe una relación ontológica entre la Persona divina del Espíritu Santo y María, de tal suerte que ésta se convierte realmente (sin metáforas ni eufemismos) en Templo del Espíritu[5].


LA FIESTA DEL NOMBRE DE MARIA EN LA HISTORIA. Continuación.

Tras este paréntesis retomamos los datos del artículo del P. Aliaga. Recordemos que en la primera parte sintetizábamos los orígenes conquenses de esta fiesta y la influencia de San Simón de Rojas (28 de septiembre); volvemos a la historia tras la muerte del santo trinitario.

1. Desde la muerte de San Simón de Rojas hasta la inclusión en el Calendario Universal (1624-1683)
Tras la muerte de San Simón de Rojas, la Marquesa de Monterrey, doña Leonor de Guzmán, hermana del famoso Conde-Duque de Olivares, solicitó a través del Nuncio en España que se tramitase en Roma una nueva extensión de la fiesta del Santo Nombre de María, para todas las Provincias de la Orden Trinitaria, y para todas las diócesis de las Españas. A pesar de que Giulio Sacchetti recomendó especialmente esta petición de la Marquesa, el 6 de enero de 1625, la Sagrada Congregación de Ritos contestó negativamente a ésta [6]. Urbano VIII (Barberini) no era tan condescendiente como Gregorio XV; sin embargo sí accedió a la petición de los trinitarios, concediendo el rito doble de segunda clase a la fiesta del Nombre de María, tanto para la Orden calzada como para la descalza, sin duda por amistad hacia el P. Juan de la Anunciación, Procurador General de los Descalzos, que fue quien hizo la petición. Esta concesión se hizo mediante un decreto de la Congregación de Ritos, fechado el 17 de noviembre de 1640 [7].

Varias fueron las órdenes religiosas que se aprestaron a solicitar a la Santa Sede –con resultado positivo- la fiesta del Nombre de María [8]. En Sevilla se obtuvo también su celebración, que era una de las principales y más solemnes de su Iglesia Catedral. Igualmente, varias diócesis de las Américas pidieron y obtuvieron esta fiesta entre 1622 y 1671 [9].

Tendrían que pasar 46 años para que la petición de extensión de la fiesta a toda España (que se hizo a Urbano VIII en 1625) fuera acogida favorablemente por parte de la Santa Sede. Tras la elección de Clemente X como Romano Pontífice, en el mes de enero de 1671, el embajador de Carlos II don Pedro de Aragón, virrey de Nápoles, presentó al Papa la petición de la reina Mariana, de que se extendiera la fiesta del Nombre de María a todos los reinos de Carlos II, de modo que su oficio se pudiese celebrar por ambos cleros. Esta petición fue atendida favorablemente, emanándose el breve “Praeclara” en fecha de 26 de enero de 1671. El 7 de octubre del mismo año se firmaba en Roma un nuevo breve, dirigido como el anterior a la reina Mariana, por el que se concedía indulgencia plenaria a cuantas personas participaran en la celebración de la misa en dicha fiesta del Nombre de María [10].

En 1676 fue elegido papa Inocencio XI (Odescalchi), que era terciario de la Orden Trinitaria y por tanto conocía y vivía la devoción al Nombre de María [11]. Su objetivo principal fue parar el avance de los turcos por Europa, logrando la nada fácil unión de fuerzas del emperador Leopoldo I y de Juan III Sobieski de Polonia, que tuvo, como logro más vistoso, la liberación de Viena, en fecha 12 de septiembre de 1683. Fue en agradecimiento por esta victoria por lo que Inocencio XI se decidió a extender a la Iglesia universal la fiesta del Nombre de María, como reconocimiento a la protección de la Virgen sobre las tropas cristianas. El 25 de noviembre de 1683 mandaba que dicha fiesta se celebrara en toda la Iglesia, pasándola al domingo dentro de la octava de la Natividad de la Virgen, con oficio y misa propia de rito doble mayor.

2. Desde su extensión a la Iglesia Universal, hasta la promulgación del Calendario de Pablo VI (1683-1969)
La citada extensión a la Iglesia universal de la fiesta, trasladada a domingo, fue bien acogida por el pueblo cristiano, pero iba a suscitar diversas dificultades litúrgicas: un decreto general de 17 de junio de 1684 aclaraba que debía dejar de celebrarse el 17 de septiembre aunque hubiera sido otorgada anteriormente su celebración, que se debía considerar cesada la indulgencia concedida por Clemente X, siendo necesaria una nueva petición a Roma para poder lucrarla, y que se prohibía utilizar y reimprimir los textos litúrgicos propios anteriormente concedidos a España y a algunas órdenes religiosas [12]. Otras muestras de que el pontificado de Inocencio XI es el punto culminante en la difusión de esta devoción son la construcción de la Iglesia del Santo Nombre de María en el foro de Trajano, de Roma, encargada al arquitecto Mauro Fontana, así como la erección de una Archicofradía en su honor en la también romana iglesia de Santo Stefano del Cacco [13].

Por el contrario, cuando esta fiesta llegó a correr serio peligro fue en el pontificado de Benedicto XIV (Lambertini) (1740-1758). Este Papa, gran erudito y apasionado de la liturgia, nombró una comisión para la reforma del Breviario Romano en la que fueron objeto de amplia discusión las fiestas marianas consideradas menores, que habían proliferado abundantemente; se consideró trasladar a fecha fija las que se celebraban en domingo, pero también se pensó en suprimir algunas, como la que nos ocupa. Sin embargo, el Papa no quedó satisfecho con las propuestas de la comisión y asumió personalmente este proyecto, que no llegó a concluir, permaneciendo intacta la fiesta del Nombre de María.

Nuestro autor señala también la concesión por Clemente XII en 1738 de un “Jubileo plenísimo” con indulgencia plenaria a los que visitasen en esta fiesta una iglesia de la Orden Trinitaria [14]. Del mismo siglo XVIII es la concesión de indulgencias por Clemente XIII en 1759 a los que invoquen el Santo Nombre de María. En el XIX vemos que varias congregaciones religiosas de marcada espiritualidad mariana incluyen esta fiesta en sus calendarios propios; es el caso de la Sociedad de María (Padres Maristas) fundada en 1816 y de la otra Sociedad de María (Padres Marianistas), fundada en 1817; los primeros obtuvieron su concesión en 1847.

San Pío X (21 de agosto), mediante la bula “Divino afflantu”, de 1 de noviembre de 1911, reformó el breviario y uno de sus objetivos fue recuperar la importancia del domingo, como celebración principal de los cristianos, que en muchos casos había quedado oculto bajo innumerables fiestas, llevando a cabo lo que ya había intentado la antes mencionada comisión de Benedicto XIV. Así, por lo que a nuestra fiesta se refiere, se pasó del domingo infraoctavo de la Natividad de María, a la fecha fija del 12 de septiembre (que, recordemos, es el aniversario de la liberación de Viena en 1683). No se produjo ninguna novedad hasta la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II; únicamente señalemos que con la nueva denominación de los grados de las celebraciones litúrgicas tras las Rúbricas promulgadas por el Beato Juan XXIII (11 de octubre) en 1960, su categoría quedó fijada en “fiesta de tercera clase”.

El Concilio Vaticano II [15] preveía la revisión del calendario universal; el nuevo Calendario fue promulgado el 14 de febrero de 1969 [16] y de él desapareció la fiesta del Nombre de María. El motivo lo da monseñor Annibale Bugnini: “Se suprime, por estar incluida en la fiesta de su Natividad[17]. 

3. El Nombre de María, en la liturgia actual.
Sin embargo, la fiesta del Nombre de María había dejado gran huella en la liturgia y en la espiritualidad del pueblo cristiano, con lo que hubo muchas peticiones de una rectificación de este punto, que obtuvieron que en la segunda edición típica del Misal Romano de Pablo VI (1975) se incluyera una misa, entre las votivas, propia del Nombre de María, si bien se reduce a una oración colecta propia [18].

Recordando la vinculación de la fecha de esta fiesta, 12 de septiembre, con el cerco de Viena, no es de extrañar que entre los lugares donde se sigue celebrando el Nombre de María se encuentren diversas diócesis de Alemania, Austria y Suiza [19]. También lo recogen en sus calendarios algunos Institutos religiosos; es el caso de los Marianistas y Padres Maristas (como solemnidad), los Escolapios (como fiesta) y los Trinitarios y Hermanos Maristas (como memoria obligatoria).

En fecha 15 de agosto de 1986, con la aprobación del Beato Juan Pablo II, la Congregación para el Culto Divino promulgaba el libro de “Misas de la Virgen María[20], que incluye 46 formularios de misas marianas, sobre todo para su uso en santuarios; el número 21 lleva el título: “El Santo nombre de la Bienaventurada Virgen María” y lleva propios todos los textos eucológicos y del leccionario; estos textos, a excepción del prefacio [21] y con pocas variaciones, están tomados del "Proprium missarum Societatis Mariae" [22].

El último capítulo en la historia de esta festividad mariana viene con la tercera edición típica del Misal Romano (2002), en cuyo calendario se incorporan o recuperan algunas celebraciones; es el caso de la que nos ocupa, “El Santísimo Nombre de María”, que aparece en su fecha, ya tradicional, del 12 de septiembre, si bien con la categoría mínima de memoria libre y con un formulario que contiene únicamente la oración colecta.

Concluimos así este itinerario, y lo hacemos transcribiendo un bello texto de San Bernardo de Claraval (20 de agosto) en su Homilía “Sobre las excelencias de la Virgen Madre”:
El evangelista dice: «Y el nombre de la Virgen era María». Digamos algo a propósito de este nombre que, según dicen, significa «estrella del mar» y que resulta tan adecuado a la Virgen Madre. De manera muy adecuada es comparada con una estrella, porque, así como la estrella emite su rayo sin corromperse, la Virgen también dio a luz al Hijo sin que ella sufriera merma alguna. Ni el rayo disminuyó la luz de la estrella, ni el Hijo la integridad de la Virgen. Ella es la noble estrella nacida de Jacob, cuyo rayo ilumina todo el universo, cuyo esplendor brilla en los cielos, penetra en los infiernos, ilumina la tierra, caldea las mentes más que los cuerpos, fomenta la virtud y quema los vicios. Ella es la preciara y eximia estrella que necesariamente se levanta sobre este mar grande y espacioso: brilla por sus méritos, ilumina con sus ejemplos.

Tú, que piensas estar en el flujo de este mundo entre tormentas y tempestades en lugar de caminar sobre tierra firme, no apartes los ojos del brillo de esta estrella si no quieres naufragar en las tormentas. Si se levantan los vientos de las tentaciones, si te precipitas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. Si eres zarandeado por las olas de la soberbia o de la ambición o del robo o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira o la avaricia o los halagos de la carne acuden a la navecilla de tu mente, mira a María. Si turbado por la enormidad de tus pecados, confundido por la suciedad de tu conciencia, aterrado por el horror del juicio, comienzas a ser tragado por el abismo de la tristeza, por el precipicio de la desesperación, piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No la apartes de tu boca, no la apartes de tu corazón y, para conseguir la ayuda de su oración, no te separes del ejemplo de su vida. Si la sigues, no te extraviarás; si le suplicas, no te desesperarás; si piensas en ella, no te equivocarás; si te coges a ella, no te derrumbarás; si te protege, no tendrás miedo; si te guía, no te cansarás; si te es favorable, alcanzarás la meta, y así experimentarás que con razón se dijo: «Y el nombre de la Virgen era María»" [23].


Ángel Luis Estecha González, pbro.




[1] Abbé (D´Hérouville): “Imitation de la très-Sainte Vierge sur le modèle de l´Imitation de Jésus-Christ”; Ed. Mame; Tours, 1855. Livre IV, Chap IX. (Pp. 346-347).
[2] Boff, Leonardo: “El Ave María, lo femenino y el Espíritu Santo”. Ed. Sal Terrae; Santander, 1982.
[3] Boff, o.c., p. 48.
[4] Boff, o.c., p. 49.
[5] Boff, o.c., p. 55.
[6] Petición, en ARCHIVO SECRETO VATICANO, Segreteria di Stato, Spagna, vol. 64, 689. Respuesta, en Fondo Pio, vol. 198, 223. Textos (ambos en italiano) recogidos por Aliaga en su Apéndice Documental. 
[7] Oficia Propria Festivitatum, et Sanctorum, quae in toto Ordine SS. Trinitatis R. C. generaliter celebrantur (Matriti 1717) s.f. (=Rubricae speciales).
[8] Nos recuerda el Artículo que sintetizamos: “Antes de 1670, lo habían pedido y obtenido: los cistercienses españoles, que compusieron un oficio propio, aprobado a instancias del Maestro fray Rafael de Oñate; los dominicos, franciscanos, agustinos, carmelitas (que consiguieron el rango de rito doble mayor), mercedarios, jesuitas y mínimos (que obtuvieron la facultad de poder celebrar el oficio del Nombre de María todos los sábados del año)”.
[9] Eliminando otros valiosos datos que nos da Aliaga, nos limitamos a enumerar dichas diócesis: Lima, León en Nicaragua, Cartagena de Indias, Panamá, Puerto Rico, Arequipa y Santiago de Cuba. La mayoría de los obispos peticionarios eran trinitarios.
[10] Ambos breves, publicados por J. J. Bourassé, Summa Aurea de laudibus Beatissimae Virginis Mariae VII (Paris 1866) 272-274. Textos recogidos por Aliaga.
[11] En 1677 respondió a varias cuestiones relativas a esta fiesta, como que no se podía obligar a los franciscanos a preferir el oficio del Nombre de María sobre el de las Llagas de San Francisco, que se celebraba en la misma fecha (17 de septiembre).
[12] El texto, tomado de “Decreta authentica Congregationis Sacrorum Rituum”, podemos verlo en Aliaga. Un nuevo decreto del mismo año regulaba otras cuestiones litúrgicas “menores”, como que en el Oficio del Nombre de María no se hiciese conmemoración de la Octava de la Natividad.
[13] Erigida por el breve “Cum nos” el 11 de mayo de 1689.
[14] Aliaga incluye el texto latino del Breve, del archivo del convento trinitario de San Carlino alle Quattro Fontane, de Roma.
[15] En la declaración que se puso como apéndice a la Constitución Sacrosantum Concilium, en 1963.
[16] Por el Motu Proprio "Misterii Paschalis".
[17] BUGNINI, A. “La Reforma de la liturgia 1948-1975” (Madrid 1999), p. 273. Citado por Aliaga.
[18] Mons. Bugnini afirma: "En la segunda edición del misal se incluyeron las misas de María Madre de la Iglesia, y del Smo. Nombre de María, por numerosas e insistentes peticiones": o.c., p. 351. Recogido por Aliaga.
[19] El arraigo que esta fiesta ha tenido en los países de lengua germana, y que es fácil intuir tiene su origen en la liberación de Viena (1683), ha quedado patente en el haber dejado la fiesta del Nombre de María en su ubicación del 12 de septiembre, para uso de aquellas diócesis que quieran celebrarla. Véase la edición oficial del Misal para el mundo de habla alemana, Die feier der heiligen Messe. Messbuch für die Bistümer des deutschen Sprachgebietes (Freiburg im Breisgau 1988) 769: 12 september, Mariä Namen. Citado por Aliaga.
[20] “Collectio Missarum de beata Maria Virgine”.
[21] Recordemos que citábamos un fragmento de este prefacio en la introducción a la primera parte de este artículo.
[22] La introducción a esta misa nos recuerda entre otras cosas que en este formulario “se glorifica ante todo a Dios Padre por el 'Nombre de Jesús' (…) En segundo lugar es glorificado por el 'Nombre de María', esto es, por la persona de la Madre de Cristo y su misión en la historia de la salvación”. Continúa desarrollando que los diversos elementos de la misa celebran el Nombre de María en cuanto que es glorioso, santo, maternal y providente.
[23] Este texto ha sido incorporado como segunda lectura del Oficio de Lectura de la celebración de esta memoria. Esta traducción litúrgica es la que durante varios años se publicó en apéndice al “Calendario Litúrgico-Pastoral” de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Y el nombre de la Virgen era María... Parte I

Anagrama del Nombre de María.

Introducción.
Cuando Ramón me propuso redactar algo sobre la celebración de la fiesta del Santo Nombre de María (12 de septiembre), recordé haber leído hace tiempo en internet un interesante artículo sobre el tema, que tras azarosa búsqueda he logrado recuperar [1]. Reconozco que son pequeñas mis aportaciones, pues buena parte de las presentes líneas no son sino síntesis de dicho artículo, publicado por Pedro Aliaga Asensio, OSST, con el título de: “La Fiesta del Santo Nombre de María: Itinerario histórico-litúrgico”.[2]


Y el nombre de la Virgen era María” (Lc 1, 27). Con estas palabras nos presenta el autor del tercer Evangelio a la excelsa destinataria del anuncio celestial, y la Iglesia, en unos de sus textos eucológicos, se dirige a Dios en estos términos: “En el nombre de Jesús se nos da la salvación, y ante él se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra, en el abismo. Pero has querido, con amorosa providencia, que también el nombre de la Virgen María estuviera con frecuencia en los labios de los fieles; éstos la contemplan confiados, como estrella luminosa, la invocan como madre en los peligros y en las necesidades acuden seguros a ella
[3]. Por ello, señalemos que es común anteponer piadosamente al mismo nombre de María el calificativo de Dulcísimo.

Pinceladas bíblicas
.
Puesto que el “Itinerario” que nos presenta el P. Aliaga, él mismo lo califica de “histórico-litúrgico”, no podemos esperar un análisis bíblico que tampoco nosotros vamos a realizar; únicamente, en unas breves pinceladas, vamos a recordar que el nombre, que para nosotros es algo de una importancia relativa, en el mundo bíblico es esencial pues expresa a toda la persona:


-En el Génesis se nos relata que cuando Dios crea los animales se los presenta a Adán para que él los ponga nombre
[4]; es la manera de decirnos que Dios los pone bajo el dominio del hombre.
-Cuando Dios elige a alguien para una misión especial, con frecuencia le cambia el nombre, así, con Abrán-Abraham
[5], Saray-Sara [6], Jacob-Israel [7], etc.…
-También, ya en el Nuevo Testamento, vemos que es San José quien, por mandato divino, impone el nombre a Jesús [8], con lo que se muestra que aunque biológicamente no lo engendrara, sí se le encomendó una verdadera tarea paterna en el hogar de Nazaret.
-Jesús, al constituir a Simón como fundamento de su comunidad (la Iglesia) le cambia el nombre por el de Pedro
[9].
-Cuando el Señor resucitado se aparece a María Magdalena, ésta no lo reconoce hasta que Jesús la llama por su nombre
[10].

Por ello no podemos creer algo intrascendente cual sea el nombre de la Virgen, si bien no sabemos con seguridad cual es el significado del nombre de María; lo más probable es que signifique Señora (con lo que resulta muy apropiado que nos dirijamos frecuentemente a Ella como Nuestra Señora), pero hay otras numerosas etimologías que defienden los numerosos autores: Amada de Dios, Excelsa, Iluminadora, Bellísima, Mar Amargo, Deseada…
[11] Parece casi preferible no saber con seguridad el significado de María, pues así para nosotros es sencillamente en Nombre de la Madre de Jesús y Madre Nuestra. Dicho esto, sigamos al eruditotrinitario en su exposición.

LA FIESTA DEL NOMBRE DE MARIA EN LA HISTORIA

Antecedentes

La celebración del Nombre de María hunde sus raíces en la piedad mariana medieval, si bien su reflexión teológica comienza ya en la patrística. No podemos olvidar, entre los Padres Griegos a San Epifanio (12 de mayo) o San Juan Damasceno (4 de siciembre) y entre los latinos a San Jerónimo (8 de mayo y 30 de septiembre), que dejaría gran huella en autores posteriores como San Bernardo (20 de agosto) [12], Santo Tomás de Aquino (28 de enero, traslación de las reliquias, y 7 de marzo), San Alberto Magno (15 de noviembre) o San Buenaventura (15 de julio). También señalemos la influencia de Santa Brígida de Suecia (23 de julio y 7 de octubre), Dionisio el Cartujano y San Lorenzo de Brindis (21 de julio). Este último afirma: “Sería equivocado pensar que este nombre glorioso de María no está lleno de misterios o que no está divinamente inspirado, como lo estuvieron los de Jesús y Juan Bautista[13].

La devoción al nombre de María corre pareja a la del nombre de Jesús. Ésta comienza a desarrollarse en el siglo XIV, en el que ya encontramos recogida una misa en su honor en un Misal de Essen; San Bernardino de Siena (20 de mayo) será su gran difusor, extendiéndose después universalmente. Por otra parte, como veremos a continuación, no podemos ignorar la dependencia de la fiesta del Nombre de María de la de su Natividad (8 de septiembre).


El nacimiento de la fiesta: Cuenca, España ¿1513-1588?
La fiesta del Nombre de María nace indudablemente en Cuenca; en concreto, podemos ubicar su origen en una capilla de la Catedral conquense. Tradicionalmente, se ha considerado que fue concedida su celebración por bula de León X en el año 1513; sin embargo, el que no se conserve dicha Bula ni Sixto V la cite en la suya de 1587 hace que algunos autores pongan en duda su existencia, tanto más cuanto que no parece necesario el recurso a Roma para celebrar una fiesta tan localizada, reducida a una única capilla. Recordemos que esto tenía lugar antes de la promulgación del Missale Romanum de 1570, vinculante para toda la Iglesia latina; para que pudiera seguir celebrándose esta fiesta después de esa fecha era necesario pedir indulto a la Sede Apostólica.


San Simón de Rojas
recibe el cíngulo de pureza de
manos de la Virgen de Tejeda
.
En 1587, un canónigo de Cuenca, Juan del Pozo Palomino, pidió y obtuvo de Sixto V la concesión de dicha fiesta, mediante letras apostólicas emanadas por el cardenal Pedro Deza, del título de Santa Prisca, fechadas en 17 de enero de 1587, previa autorización del papa “vive vocis oráculo[14]. La fiesta del Nombre de María se celebraba pues en la capilla de la Catedral de Cuenca de la que dicho canónigo era patrono, dedicada a la Virgen María y dotada de un censo anual, con lo que se hacía con gran devoción y solemnidad. Esta fiesta tenía lugar en la Octava de la Natividad de María (o sea, el 15 de septiembre), pero tras el decreto del Concilio de Trento y del papa San Pio V (30 de abril), tuvo que ser reducida a mera conmemoración por coincidir con la celebración de la Octava [15].

La petición es la de poder volver a celebrar la fiesta con oficio propio: Sixto V accedió, con tal de que se celebrara el 17 de septiembre, sin coincidir con la Octava, concediendo además la categoría litúrgica de rito doble. Un año más tarde se pidió una segunda gracia al Papa: la extensión de la fiesta a toda la diócesis de Cuenca, que Sixto V acogió favorablemente, aprobando dicha concesión en fecha 10 de julio de 1588
[16]. Nace pues como fiesta ligada a la Natividad de la Virgen, de gran tradición en la diócesis conquense.

San Simón de Rojas, Apóstol del Nombre de María,
Señalábamos anteriormente que la fiesta del Nombre de María era en su origen una celebración propia únicamente de la diócesis de Cuenca; su gran difusor será el trinitario San Simón de Rojas (1552-1624. 28 de septiembre), principal propagador de la devoción al Nombre de María. Sus contemporáneos llamaban “El Padre Ave María”, porque estas palabras eran su saludo habitual. Recordemos que Simón fue superior del convento de trinitarios de Cuenca desde finales de 1591 hasta 1594 (en que pasó a ser superior de Ciudad Rodrigo). Es decir, durante su estancia en Cuenca conoció y celebró la fiesta del Nombre de María, que fue su principal devoción mariana. Aunque no haga referencia directa a la fiesta a la que nos referimos queremos añadir que tanto siendo prior del convento de Cuenca como en otras ocasiones acudió varias veces al convento de Nuestra Señora de Tejeda (8 de septiembre) en Garaballa, Cuenca, a hacer unos días de retiro, hospedándose en la celda que hoy es Capilla del Santísimo Sacramento. Allí recibió de la Reina del Cielo
[17] el don de la perpetua castidad, como premio a haber vencido todas las tentaciones que hasta entonces había padecido.

Cuentan todos los biógrafos del Padre Rojas que siendo confesor de la Reina Margarita de Austria, esposa de Felipe III, fue urgentemente llamado a su lado en El Escorial porque se hallaba gravemente enferma de sobreparto y se encontraba sin conocimiento y no había recibido los auxilios espirituales; al llegar el santo a su lado la saludó: “Ave María, Señora”, a lo que ante el estupor de los presentes la reina abrió los ojos exclamando: “Gratia Plena, Padre Rojas”. Recibió con gran fervor los últimos sacramentos y falleció en paz a los pocos días; era el año 1611.

N. S del Dulce Nombre de María.
Madrid.
Cuando el rey le ofreció algún don como agradecimiento por el consuelo proporcionado a la fallecida, el santo le pidió que se inscribiera, junto con sus hijos, en la Congregación de Esclavos del Dulcísimo nombre de María que se disponía fundar para difundir esta devoción a la vez que para asistir a los necesitados fundando un comedor de caridad que todavía subsiste en Madrid, en la Capilla del Ave María, único resto del antiguo convento trinitario, Junto a la Plaza de Jacinto Benavente. Junto con ello también pidió a Felipe III que se tramitara en Roma la extensión de la fiesta del Dulce Nombre de María, lo que no se materializó hasta 1622, ya bajo el reinado de Felipe IV. En efecto, como consejero del nuevo Rey y confesor de la reina Isabel de Borbón desde 1621, el Santo aprovechó su posición en la Corte para conseguir de Roma la consecución de su proyecto; así, va a lograr, como decimos, la extensión de la fiesta del Nombre de María para la diócesis de Toledo y para la Provincia de Castilla de los trinitarios.

Insistamos en la obra más perdurable de San Simón de Rojas, la Congregación a la que ya nos hemos referido, cofradía mariana de tipo esclavista (una de las primeras en su género) que se extendió dentro y fuera de los conventos de la Orden Trinitaria, en España y Portugal, y aún en la América española, cuyo principal objeto fue el culto al Nombre de María, al que se añadió en 1618 (a instancias del mismo Fundador) una finalidad caritativo social. Esta Congregación se difundió después por Flandes, Países Bajos, Francia y el Imperio, merced a la obra del agustino Bartolomé de los Ríos, discípulo del Santo Rojas, autor de la monumental “Hierarchia Mariana”
[18]. La devoción al Nombre de María pasó también a la Congregación de la Virgen del Carmen, fundada por el carmelita Miguel de la Fuente (1573-1625), amigo íntimo de San Simón. Omitimos en razón de brevedad la cita de algún otro autor que también nos señala el P. Aliaga.

Siguiendo con el tema de la fiesta del Nombre de María, fue el Conde de Monterrey y de Fuentes, don Manuel de Fonseca y Zúñiga, embajador extraordinario de Felipe IV ante Gregorio XV, el que en 1621, con autorización real, realizo la gestión, pues tanto él como su esposa, dona Leonor María de Guzmán, eran amigos y confidentes de San Simón de Rojas. En efecto, pidió en la audiencia con el Papa la concesión de la fiesta del Nombre de María para los trinitarios de la Provincia de Castilla y para la diócesis de Toledo, a lo cual accedió el Papa “vivae vocis oraculum” en Frascati, a 31 de mayo de 1622. Cinco días más tarde (5 de junio de 1622) se emanaba el Decreto correspondiente, por el cardenal Gaspar Borgia, del título de Santa Cruz en Jerusalén, por el que se concedía dicha fiesta, con oficio doble, tal y como se usaba en Cuenca
[19].

Dulce Nombre de María.
Castelammare.
También el Conde de Monterrey, animado con el éxito, pidió al Papa concediera a los trinitarios de todas las provincias de España que todos los sábados pudiesen rezar el oficio del Nombre de María, con rito semidoble y nueve lecciones, exceptuando los tiempos de cuaresma y adviento. El Papa volvió a condescender de viva voz, a 5 de enero de 1623, y mandó emanar el consiguiente decreto, que firmó el cardenal Ludovico Ludovisi, del título de Santa María en Traspontina el día 7 de enero de 1624 [20]. La concesión de la fiesta del Nombre de María fue celebrada por todo lo alto en España. El Cardenal Arzobispo de Toledo, don Fernando de Austria (que había sido pupilo de San Simón de Rojas) mandó publicar la gracia en toda la Archidiócesis, y que se hiciesen demostraciones de alegría eclesiástica. En 1623, don Diego de Guzmán, Patriarca de las Indias, capellán y limosnero del Rey, dio licencia al Padre Rojas para que pudiera imprimir el oficio del Nombre de María, del que en breve tiempo se llegaron a hacer siete ediciones [21]. Siendo el Padre Rojas Provincial de Castilla, mandó que todos los terceros domingos de cada mes se predicaran sermones del Nombre de María en todos los conventos de la Provincia. 

Y, como ya nos estamos alargando demasiado, será en la segunda parte donde continuemos exponiendo la evolución de esta fiesta mariana.

Ángel Luis Estecha González, pbro. 




[1] Tras encontrar la ubicación del artículo, ésta nos da resultado de error: www.trinitarianhistory.org/studes/Maria.htm. Sin embargo, hemos encontrado una copia operativa del artículo en el siguiente enlace (algo más debajo de la mitad de la página):
http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=1213
[2] En la prestigiosa publicación: Ephemerides Mariologicae, Vol. 51 (octubre-diciembre 2001), pp. 489-507.
[3] Misas de la Virgen María, misa 21. Prefacio. Posteriormente nos referiremos a este texto.
[4] Gn 2, 19-20.
[5] Gn 17, 5.
[6] Gn 17, 15.
[7] Gn 32, 28-29.
[8] Mt 1, 21.25.
[9] Mt 16, 18.
[10] Jn 20, 16.
[11] -Bou i Simo, Jordi M.: “María, Madre Virgen”. Promoción Popular Cristiana; Madrid, 1988, pp. 137 ss.
-Alastruey, Gregorio: “Tratado de la Santísima Virgen”. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC normal, nº 8); Madrid, 1945. Pp. 7 ss.
-Carol, OFM, J.B.: “Mariología”. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC normal, nº 242); Madrid, 1964. Pp. 386 ss. (El artículo “El santo nombre de María” es de Richard Kugelman, C.P.
[12] Insertaremos en el siguiente artículo un fragmento del significativo sermón 2º “sobre las excelencias de la Virgen Madre” o “sobre el missus est”.
[13] Cit. En Carol, o.c., p. 387. 
[14] El P. Aliaga nos facilita la ubicación de este dato: ARCHIVO SECRETO VATICANO, Segreteria di Stato, Spagna, vol. 64, ff. 688r.
[15] El primer testimonio de la práctica litúrgica de la celebración de la Octava de la Natividad se encuentra en la disposición de Inocencio IV (1243) en que se establece para la Iglesia romana con motivo de un voto hecho par el colegio cardenalicio en el conclave de 1241, cuando durante tres meses estuvieron prisioneros de Federico II.
[16] ARCHIVO SECRETO VATICANO, Segreteria di Stato, Spagna, vol. 64, ff. 688r-688v. El P. Aliaga incluye íntegro el texto latino de este documento en el Apéndice Documental de su artículo.
[17] “Antes de 1609 en que lo refirió a su Provincial”. Fuentes, Manuel: “Esclavo de María y hermano de los pobres, Simón de Rojas”. Secretariado Trinitario; Córdoba, 1988, p. 63.
[18] Sobre este autor, precedente directo de la espiritualidad de San Luis María Grignion de Montfort, es de destacar el libro: Gutierrez Alonso, OSA, Salvador: “La Esclavitud Mariana en sus fundamentos teológicos y forma ascético-mística e histórica, según el Beato Montfort y según el P. Ríos”. Tip. S. de Ocaña; Madrid, 1945.
[19] ARCHIVO SECRETO VATICANO, Segreteria di Stato, Spagna, vol. 64, f. 688v. Aliaga incluye el texto latino en su Apéndice Documental.
[20] ARCHIVO SECRETO VATICANO, Segreteria di Stato, Spagna, vol. 64, f. 689r. También Aliaga incluye el texto. 
[21] No hay localizado ningún ejemplar, aunque sí el texto de la licencia.

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