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jueves, 1 de octubre de 2015

Santa Sidonia y la Túnica Inconsútil.


Santa Sidonia de Georgia, virgen. 1 de octubre.

La leyenda de esta santa está relacionada con las fábulas evangélicas y la reliquia de la Túnica Inconsútil de Cristo. El origen de todo está en el Evangelio de San Juan: “Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: ‘No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca’. Para que se cumpliera la Escritura: ‘Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica’” (Jn 19,23-24). El Evangelio no da más detalles de ese vestido, y algunos escritores espirituales le han dado un sentido simbólico, generalmente referido a la falta de costuras como la falta de divisiones entre los cristianos. Pero bien, vamos a la leyenda:

Según esta, vivían en Mtskheta, Georgia, una familia formada por una viuda y sus hijos Elías y Sidonia. Elías era soldado del Imperio Romano y estaba destinado a Jerusalén en tiempos de Cristo. La madre había oído hablar de Jesús y creía en su Palabra, por lo que hizo jurar a Elías que jamás haría nada contra el Mesías. Llegó el tiempo de la Pasión y Muerte del Señor y Elías fue uno de los soldados encargados de llevar a Cristo al Calvario. Estando allí, vio como algunos de sus compañeros tomaron la túnica y fue quien dijo, esperando ganarla, que la echaran a suertes. Y quiso la providencia así fuera, aunque otra versión dice que la compró al ganador. Entretanto, su madre, allá en Mtskheta, oyó los golpes de los martillazos sobre los clavos mientras crucificaban a Cristo, y rota de dolor lloró junto a Sidonia. Esta se encaminó hacia Jerusalén, y cuando llegó halló a su hermano en posesión de la preciada reliquia, se la pidió y Elías se la dio. Sidonia regresó a Georgia, donde llevó una vida piadosa, entregada a Cristo y a la veneración de la Santa Túnica, por medio de la cual obró algunos prodigios. Aún joven enfermó y falleció con el objeto de sus amores entre las manos, siendo enterrada así mismo. Otra versión dice que al momento de recibirla, falleció en el acto, y fue imposible arrancar la Túnica Sagrada de sus manos.

Tres siglos pasarían para que la memoria de aquel vestigio material del Señor volviera a ser venerado. Habitaban en Mtskheta el judío Abiatar y su hija, también de nombre Sidonia, a los cuales convirtió Santa Nino de Georgia (14 de enero), la apóstol de los georgianos. Estos guardaban la memoria de su antepasada Sidonia y la tradición que allí estaba la Túnica de Cristo. A Santa Nino se le reveló mediante una columna de fuego, la tumba de Santa Sidonia, sobre la cual había crecido un hermoso cedro, del que Nino recibió el mensaje que habría de servir para levantar un maravilloso templo en honor de la Túnica Inconsútil allí enterrada. Efectivamente, fueron halladas y elevadas las reliquias de Santa Sidonia y la Túnica, y junto a ella dos clavos de la Cruz de Cristo (uno de ellos sería trasladado a la catedral de Sioni, Tbilisi). Ocurrió otro portento: de las siete columnas de madera sacadas del cedro, una de ellas resultó milagrosa, pues de ella manaba un aceite curativo, y además, se sostenía en lo alto sin apoyo alguno, levitando. Así estuvo todo un día y una noche, hasta que Sana Nino hizo una vigilia de oración.

El "pilar viviente" sobre la sepultura de Sidonia.
Levantado el templo llamado Svetitskhoveli (“pilar dador de vida”), enterrada en él Santa Sidonia y colocada la Túnica del Señor en un relicario visible, pasaron siglos de devoción. En el siglo XI se levantó una hermosa catedral que aún hoy es uno de los lugares de culto más importantes de Georgia, y la sede del “Katholikós”, Patriarca de toda Georgia. En el siglo XIX estaba en mal estado de conservación, sobre todo los frescos, así que, ante una inminente visita del Zar Nicolás I ¡encalaron todos los frescos!. Al final el zar no fue, pero el mal estaba hecho. Hubo de hacerse una pormenorizada restauración, para volverlos a sacar a la luz. En 1617 el Sha de Persia invadió Georgia, saqueó el complejo catedralicio y se llevó la Túnica, reteniéndola hasta 1625, en que la donó a Miguel I zar de Rusia, de la dinastía Romanov, el 10 de julio de 1625 (la Iglesia Rusa celebra litúrgicamente esta traslación). Alexei I la trasladó a la catedral de San Elías de Iaroslav en 1650. Allí estuvo hasta que se perdió, para aparecer nuevamente un fragmento en el Museo de Arquitectura Histórica de Iaroslav, dentro de su relicario, aunque ya solo un fragmento de la Túnica Inconsútil.

Está claro que las evidencias históricas de esta reliquia son pocas y la leyenda de Elías y Sidonia, hasta la de Santa Nino son simplemente recreaciones para dar una secuencia "histórica" sobre la Túnica de Cristo, pero que no se sustenta más allá del siglo XI, con la elevación de la catedral del "pilar viviente".


A 1 de octubre además se celebra a  
San Suliau de Bretaña, abad
San Remigio de Reims, obispo.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Dos almas, una sola misión.

Santas Lioba (Leobgyth) y Tetta, abadesas. 28 de septiembre.

Santa Lioba
Lioba nació entre los años 700 y 710, de la casa noble de Wessex, uno de los siete reinos que conformaban la actual Inglaterra. Era reino cristiano desde que San Birino de Dorchester (3 de diciembre) predicó allí y convirtió a rey Kentwin, abuelo de Lioba. Sus padres,  Tinne y Ebba eran de edad adulta y no tenían hijos, por lo que luego de largas súplicas a Dios, concibieron una criatura. Llamaron a la niña “Leobgyth”, o sea “guerrera por amor”. Otras versiones dicen que se llamó “Thruthgeba”, o “verdadero regalo de Dios”. En realidad ambos nombres le fueron puestos por la leyenda posterior. Ambos padres, en agradecimiento a Dios por el regalo hecho, decidieron dedicar a la niña a su servicio, y la llevaron al monasterio de Thanet, para que fuera educada por Santa Eadburgis (12 de diciembre), una de las mujeres más sabias e influyentes del momento. En el monasterio aprendió letras, música, ciencias, teología, las Escrituras. Eran los monasterios el único “instituto” donde las mujeres podían cultivar su intelecto y prepararse para la vida. Además de letras y religión, se les enseñaba a las niñas bordado, enfermería, economía doméstica, a organizar labranzas, dirigir talleres, etc. Siendo religiosa, tuvo una extensa correspondencia con San Bonifacio (5 de junio), el apóstol de Alemania. El monasterio de Thanet fue provisor del apostolado de Bonifacio, proveyéndole de ornamentos, cálices y de un bellísimo misal escrito y miniado a mano por Lioba. Y testimonio da el mismo Bonifacio en una carta, diciéndole a la santa: "Que la recompensa de este presente, querida hermana, sean los dones del cielo para ti”. Y al mismo tiempo le pide un ejemplar de las Cartas de San Pedro en letras de oro. Luego de 733 Lioba se trasladó al monasterio de Wimborne, que había sido fundado por las hermanas Santa Cuthburg (31 de agosto) y Santa Queenburg (3 de septiembre). Era un monasterio mixto, con secciones separadas entre monjes y monjas, todos bajo la autoridad de la abadesa. En este tiempo era comandado por la abadesa Santa Tetta, a la que conoceremos ahora:

Tetta también era hermana del rey Ine de Wessex, y de Cuthburg y Queenburg. Como estas también ansiaba la vida religiosa, pero entendió que la voluntad de Dios era otra. Casó muy joven y, al enviudar, entró religiosa en Wimborne, monasterio del que llegaría a ser abadesa tras la muerte de su hermana Cuthburg. En este momento recibió a Lioba, con la que enseguida tuvo una sintonía espiritual e intelectual. Ambas vivían entusiasmadas con la empresa apostólica de San Bonifacio entre los germanos, con el que Tetta también mantenía una relación epistolar intensa. Y aún más, pues le entregó a su hijo San Wiehtberht (5 de marzo), monje en su monasterio para que acompañase al santo en su apostolado. En ese ínterin murió la priora, religiosa de un cargo menor que la abadesa, y su labor está encaminada a la conservación material, el sostenimiento del monasterio, y el gobierno en ausencia de la abadesa, aunque solo tenía autoridad sobre las monjas, pues los monjes tenían su propio prior. En tanto, la abadesa rige, observa la disciplina monástica y corrige los desvíos, acepta los votos de las religiosas. La priora fallecida era tan incompetente e insufrible, que algunas monjas bailaron sobre su tumba cuando la enterraron, y con tanto frenesí, que hundieron la tumba. Al saberlo Tetta, regañó a las monjas y les impuso tres días de ayuno y oraciones expiatorias. Al cabo, la tierra se niveló por milagro, y la tumba volvió a su sitio originario.

Pues sin priora, Tetta nombró a Lioba su segunda, así como priora podrían colaborar mejor en el gobierno del monasterio. Y acertó, pues según la leyenda, ni el demonio podía distraer de su cometido a Lioba. Intentó el diablo robar la llave del coro para que las religiosas no pudieran ir al coro a rezar Completas. Pensaron era una broma de las novicias, así que a la mañana siguiente, al llegar a la iglesia creían que las bromistas devolverían la llave, y he aquí que un zorro saltó la tapia del convento y depositó la llave a los pies de Lioba, reconociendo Tetta que había sido una estratagema de Satanás, pero Dios le había vencido por las oraciones de Lioba y enviado a una bestia salvaje mansamente para mostrar su poder. Otra señal milagrosa confirmó a Tetta la valía de Lioba, y fue un sueño que tuvo esta: Vio que de su boca salía un hilo púrpura, y aunque intentaba sacarlo con sus manos salía más y más, haciendo un perfecto ovillo. Ni cortarlo, ni anudarlo podía. Temiendo al otro día ser reprendida, pidió a una novicia contase a la abadesa el sueño, pero esta lo hizo como si fuera propio y Tetta le respondió: “¿Por qué estás tratando de mentirme? Tú no has tenido ese sueño. Este sueño pertenece a Lioba. El hilo de color púrpura que sale de su boca que significa la palabra del Evangelio que brota de su corazón y sale al mundo por la boca. Y esto significa que enrolle el hilo a mano: que la obra de sus manos está en correspondencia con su corazón y la palabra que sale de su boca, y que dirigirá al pueblo”.

Y se hizo realidad este sueño por medio de Bonifacio, el cual mandó pedir religiosas que le acompañasen en su evangelización. Ya no bastaba con las oraciones y los regalos. Se necesitaba de sus personas, fundando monasterios y educando a las niñas, sosteniendo la evangelización con la caridad y la piedad. Ambas santas se sintieron entusiasmadas con la invitación del santo. Sin embargo, aunque las dos sostenían con sus oraciones y palabras sabias y espirituales al santo apóstol, sus vocaciones diferían: Tetta quedó en el monasterio como abadesa, prometiéndole al santo todas las oraciones de su claustro, mientras Lioba con 29 monjas cruzó el mar rumbo a la actual Alemania. Entre ellas, Santa Walburgis (25 de febrero), hermana de los Santos Willibald (7 de julio) y Wunibald (18 de diciembre), que ya misionaban con Bonifacio. Otras de las compañeras fueron Santas Tecla, Águeda, Nana, Eolibis, Kunihildis y su hija Gitte (todas a 28 de septiembre). Llegados al continente, remontaron el Rihn y llegaron a Tauber, donde Bonifacio fundó el monasterio para las monjas, del que Lioba fue nombrada abadesa. Aquí no cesaron los portentos: atendían las monjas a una pobre mujer, pecadora. Le daban de comer y la vestían con hábitos de las monjas. Quedó embarazada y lo ocultó hasta el final, entonces dio a luz y arrojó el niño al río, envuelto en un velo de monja. El cadáver del niño fue hallado río abajo y las monjas fueron acusadas de infanticidio por los paganos. Y allá se fueron todos a por las monjas, para expulsarlas por su mal ejemplo, y entre la turba iba la verdadera asesina. Estaban todas las monjas en la iglesia cuando entraron los “justicieros”. Lioba puso los brazos en cruz, oró y en ese momento bajó fuego del cielo y rodeó a la pecadora, que asustada confesó su crimen, quedando las monjas libres de culpa, y los paganos escarmentados y confiados de su inocencia y virtud ante Dios. Otros milagros se cuentan, como sofocar un incendio en la ciudad, tormentas calmadas, pájaros alejados de las cosechas, etc. A algunas monjas y mujeres seglares sanó de hemorragias, cefaleas, ayudó a tener buenos embarazos y partos. Hasta alguna resurrección consiguió de parte del buen Dios. Todos los milagros que la leyenda ha forjado en torno a ella cumplen al cabo el significado de su nombre “regalo de Dios”. Pero el verdadero milagro es su obra cultural y asistencial. Fundó los monasterios de Heidenhei y de Kitzingen, designando abadesas a Walburgis y a Tecla, respectivamente. No les faltaba trabajo, dotando a los monasterios y las iglesias, copiando las Escrituras y obras de los Santos Padres, para que los misioneros predicaran y estudiaran. Ellas mismas estudiaban para formar a las niñas que les encomendaban. Estos monasterios fueron fuente de técnicas de agricultura, de cocina, artísticas, de jardinería, etc. Incluso fueron grandes productores de vino y cerveza, experimentando y comprobando con verdaderos métodos científicos las mejores recetas.

En 754 San Bonifacio le escribe una carta, en la que tal vez previendo lo difícil de su próxima misión entre los frisones, gente bárbara, le dice que en caso de su muerte, quisiera ser sepultado en el monasterio de Fulda y que ella debía descansar en su misma sepultura. Esta recibió con tristeza la carta, aunque se trocó en alegría intuyendo el martirio de su querido Bonifacio, así como que sus reliquias estarían junto a ella. Y efectivamente, ese mismo año, el 5 de junio, San Bonifacio fue asesinado por unos paganos que se negaban a convertirse. Pero no sería hasta diez años más tarde cuando San Sturmis (17 de diciembre) trasladó las reliquias por orden del papa San Zacarías (3, 15 y 22 de marzo) y del rey Karloman. Lioba recibió las reliquias con un gran y solemnísimo funeral. Más tarde se hizo construir una celdita anexa al monasterio de los monjes, para estar más cerca de Bonifacio cuando iba a venerar sus reliquias, lo que hacía frecuentemente. Incluso se sabe llegó a estar en el coro con los monjes, algo impensable en otros casos, pero ¿quién se lo negaría a ella?

Primitiva sepultura de Santa Lioba
Fue consejera de Pipino, rey de los francos y de sus dos hijos, San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre, traslación de las reliquias) y Karloman. Aconsejó sobre todo a Carlomagno en el trato con la iglesia, la fundación de monasterios y escuelas catedralicias. Incluso pasó un tiempo en la corte de Aquisgrán, por su gran amistad con Hildegard, segunda esposa de Carlomagno, pero pronto regresó a su monasterio, añorando la paz y el silencio monásticos. Para estas fechas, es probable que Santa Tetta haya muerto, y su culto comenzó bastante pronto, aunque no consta que Lioba la haya venerado al menos “in situ”. Luego de 28 años como abadesa, Lioba se trasladó a Maguncia, cerca de San Lull (8 de mayo), el discípulo de Bonifacio, para servirse de su dirección espiritual. Allí llevaba la vida de una monja más, dando ejemplos de caridad y humildad. Otra vez estuvo un tiempo en Aquisgrán hasta que, sientiéndose enferma, volvió a Maguncia, para morir el 23 de septiembre, entre 779 y 782. Su cuerpo fue trasladado al monasterio de Fulda. Debían ser depositadas junto a las reliquias de San Bonifacio, pero los monjes no se atrevieron a abrir la sepultura y la enterraron junto a un benefactor de los monjes, al otro extremo del altar mayor.

En 819 Lioba fue trasladada junto a Bonifacio con el pretexto de unas obras en la iglesia monástica. Esta ocasión también sirvió para elevar sus reliquias y proceder a la canonización, dedicándole un altar junto al de San Ignacio de Antioquía en el transepto sur. Pronto se convirtió en meta de peregrinaciones, muchos de los que la conocían en vida, querían su socorro ahora que estaba en la gloria. Luego de 822 San Rábano Mauro (4 de febrero) escribe una “vita” de Lioba, al parecer a partir de los testimonios de aquellas primeras compañeras de Tauber. El 28 de septiembre de 836 se consagró la nueva iglesia del monasterio de las religiosas, a la cual el mismo Mauro, abad de Fulda, trasladó las reliquias de Lioba con gran solemnidad. La causa no se sabe, pues contradecía la voluntad de san Bonifacio, algunos apuntan a presiones de las monjas, a las que no se les permitía el acceso al monasterio masculino  y por tanto no podían venerar a su querida fundadora. Ese mismo año Rábano Mauro la inscribe en su martirologio. En 915 la iglesia y el monasterio fueron asaltados por los húngaros, pero el cuerpo de Santa Lioba parece que fue salvado, pues crónicas del siglo XIV hablan de sus reliquias presentes en el monasterio reconstruido. Salvo que fueran falsas. Su sepultura junto a Bonifacio siguió siendo venerada, y era costumbre que las madres arrancaran piedrecitas para calmar los cólicos de los bebés: las calentaban y aplicaban entre paños al vientre de los infantes. En 1920 una congregación monástica se fundó bajo el patrocinio y espíritu de Santa Lioba.


Fuentes:

-“Crónica General de la Orden de San Benito”. Volumen III. ANTONIO DE YEPES. Navarra, 1610.
-“Biografía eclesiástica completa”. Volumen 24. VARIOS. Madrid, 1865.
-“Guirnalda mística: triunfo de los santos”. Volumen 2. BALTASAR BOSCH DE CENTELLAS Y CARDONA. M.I. Madrid, 1724.
-“La leyenda de oro para cada día del año: vidas de todos los santos”. Volumen 3. P. PEDRO DE RIVADANEIRA. Barcelona, 1866.


A 28 de septiembre además se celebra a  
San Simón de Rojas, presbítero trinitario.
San Fausto de Ríez, obispo

domingo, 30 de agosto de 2015

San Pamaquio, el sufrido.

San Pamaquio, confesor. 30 de agosto.

Probablemente hubiera pasado desapercibido Pamaquio, a pesar de ser un cristiano ejemplar, de no ser por su relación con el tempestuoso San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, invención y traslación de las reliquias). Perteneció a la Gens Camilla, y de joven fue educado en la gentilidad. Conoció las artes, la retórica y, por interés más que por devoción, también se formó en la lectura de las Sagradas Escrituras. Fue siendo estudiante cuando conoció a San Jerónimo. En 370 terminó sus estudios y sobre 374 entró en el Senado, cuerpo en el que llegó a ser procónsul. Entre 385 y 388 casó con Santa Paulina (30 de agosto), hija de Santa Paula (26 de enero), la fiel y paciente discípula de Jerónimo. En 393 murió Paulina y Pamaquio se entregó a la caridad, donando sus cuantiosos bienes a los pobres de Roma. Junto a Santa Fabiola (27 de diciembre) construyó un hospital en el puerto de Ostia, para acoger a los extranjeros que llegaban enfermos y no se les permitía entrar a la ciudad por miedo a contagios. Las ruinas de este hospital pueden visitarse aún hoy. Visitaba diariamente este hospital y siempre estaba rodeado de mendigos y niños pobres que reclamaban su atención. Y junto con la limosna, se llevaban la atención, la escucha, la palabra atenta y la caricia pertinente. Fue también apóstol de la palabra, pues escribió algunas obras apologéticas, llegando a convertir a algunos de los principales herejes donatistas. Fue amigo y "director" de Santa Melania "la Joven" (31 de diciembre) y de su marido Piniano Valerio. 

San Agustín (28 de agosto; 24 de abril, bautismo; 29 de febrero, traslación de las reliquias a Pavía; 5 de mayo, conversión; 15 de junio, en la Iglesia oriental) elogia a Pamaquio en una carta, que reproduzco íntegra, por su valía (más que lo que yo pueda escribir):

Agustín saluda en el Señor a Pammaquio, señor eximio y justamente digno de ser acogido, e hijo amadísimo en las entrañas de Cristo:
Tus buenas obras germinan con la gracia de Cristo y te han hecho para nosotros muy honorable, famoso y amadísimo entre sus miembros. Si viese yo tu semblante cada día, no te conocería mejor que cuando miré y conocí, reconocí y amé tu interior, decorado con la hermosura de la paz, radiante con el brillo de la verdad, en el candor de un solo hecho que presencié. A éste hablo, a éste escribo ahora, a éste, querido amigo mío que se ha mostrado a mí, aunque está ausente en cuanto al cuerpo. Sin embargo, ya antes estábamos juntos, vivíamos reunidos bajo una misma Cabeza. Si no vivieras arraigado en el amor de la misma, no te resultaría tan amada la unidad católica, no hubieses amonestado con tales palabras ni hubieses animado con tal fervor de espíritu a tus colonos africanos, establecidos en ese país en que nació el furor donatista, es decir, en el centro de la Numidia consular. Les amonestaste con palabras, les animaste con gran fervor espiritual a que siguiesen lo que pensaban que un varón tan destacado y grande como tú sólo podía aceptar después de haber reconocido la verdad. Separados de ti por tan larga distancia de lugar, hablan de marchar bajo la misma Cabeza y ser contados para siempre contigo entre los miembros de ella los que por su precepto te sirven y obedecen temporalmente.
Reconociéndote y abrazándote en esta hazaña tuya, me regocijé para felicitarme contigo en nuestro Señor Jesucristo y enviarte esta carta de congratulación, como índice de mi corazón y amor. Ya no pude hacer más. Pero te ruego que no midas por ella la fuerza de mi amor. Trasciende tú la carta, después de leerla, con un vuelo invisible, que se realiza en el interior; llégate con el pensamiento hasta mi pecho y mira lo que aquí se piensa de ti. Al ojo de la caridad se abrirá el sagrario de la caridad, que tengo cerrado para las bagatelas tumultuosas del siglo cuando allí adoro a Dios. Aquí descubrirás los deleites de mi alegría por tan buena obra tuya, deleites que no puedo manifestar con la palabra ni expresar con la pluma; deleites ardientes e inflamados en el sacrificio de alabanza de aquel que te inspiró el querer y te ayudó a poder. Gracias a Dios por tan inefable don.
¡Oh, cuántos senadores hay que, como tú, son hijos de la santa Iglesia! Deseo que realicen en África una empresa semejante a la que celebro por ti. Pero es harto difícil exhortarlos a ellos, mientras nada se arriesga felicitándote a ti. Quizá ellos nada harán, y hasta podrían poner asechanzas para engañar a los débiles, como si en su ánimo estuviésemos ya vencidos por los enemigos de la Iglesia. En cambio, tú hiciste de tu parte algo para confusión de esos enemigos y para alcanzar la libertad de los débiles. Por eso me contento con que leas tú mismo con amistosa confianza esta carta a los que puedas hacerlo con derecho cristiano. Estimulados por tu ejemplo, podrán creer que puede hacerse en África lo que quizás actualmente piensan que no se puede lograr, y por eso se retraen. En cambio, no quiero contarte las insidias que los herejes traman con torcido corazón; me he burlado de ellos porque piensan que valen algo en la posesión de Cristo. Pero podrán contártelas mis hermanos. Los recomiendo con interés a tu excelsitud, para que no alimenten un temor superfluo en esta tan grande e inopinada alegría que celebramos por la salud de esos hombres tuyos. Por ellos exulta, gracias a ti, la Madre Católica.
Su amistad con San Jerónimo se vio enturbiada por la radicalidad de este último, propicio a defender la verdad católica con rudeza e ironía. La cuestión fue que Pamaquio pidió a Jerónimo refutase a Joviniano, hereje que negaba la excelencia de la virginidad. Jerónimo respondió encendidamente al hereje, pero para valorar la castidad y la elección virginal denigró el sacramento del matrimonio y la vida conyugal, lo cual, por supuesto, ofendió a Pamaquio y otros cristianos casados, que se sintieron ofendidos ante las consideraciones de Jerónimo. La respuesta de este fue su “Apología a Pamaquio”, donde aunque rebaja el tono, sigue considerando la vida matrimonial inferior a la virginidad. También se vio Pamaquio envuelto en la polémica entre Jerónimo y Rufino, sacerdote erudito, entusiasta de Orígenes, con el que Jerónimo tuvo años de discrepancia. Todo por malentendidos, pues Rufino en realidad no compartía las herejías que algunos predicaban partiendo erróneamente de los escritos de Orígenes. Pero para San Jerónimo, que también había sido amante de estos escritos, el hecho de que hubiera herejías que tomaban a Orígenes como principio, ya le supuso emprender una guerra contra las obras de Orígenes y todo aquel que las promoviese.

Volviendo a Pamaquio. Algunos dicen que ya viudo fue monje, o presbítero, pero lo más certero es que permaneció como laico célibe entregado a la caridad y la oración. En 410 murió en la paz del Señor.


Fuentes:
-http://www.augustinus.it/spagnolo/lettere/lettera_058_testo.htm
-"Vidas de los Padres, Mártires y otros principales Santos". Tomo VIII. ALBAN BUTLER. Valladolid, 1791. 


A 30 de agosto se celebra además a 
Santa Rizza de Koblenz, eremita.
San Fiacre de Meaux, eremita

jueves, 23 de abril de 2015

San Ibar, el enemigo de San Patricio.

San Ibar (o Ivor) de Beggeri, obispo. 23 de abril. 

San Ibar. Vidriera de la
iglesia de Wexford.
Ibar es, junto a San Ailbe de Emly (12 de septiembre), San Ciaran de Saiguir (5 de marzo) y San Declan de Ardmore (24 de julio) uno de los primitivos apóstoles de Irlanda, antes que el famoso y semi-legendario San Patricio (17 de marzo). 


Según la vida-leyenda, Ibar nació en un sitio llamado Cruintain, en el siglo IV, y era de sangre real, pues su padre era de la dinastía Conall. Como todos los principales, estudió con los sabios druidas que, y es probable haya sido uno de ellos. No hay que pensar en los druidas como simples magos, sino como sabios versados en artes, astronomía, filosofía, ciencias naturales, medicina, y magia, claro. Mucho del saber de los santos y misioneros de origen celta, su historiografía, leyendas y formas de devoción proviene del saber druídico, que según se expandía el cristianismo fue decayendo como forma filosófica de ver y explicar la realidad. Una vez conocido el cristianismo, se interesó en él, por una inquietud intelectual. Sobre como conoció la fe es interesante constatar que mucho antes que San Patricio ya Cristo habría llegado a Irlanda por medio de romanos, tal vez soldados o comerciantes, que se movían de un sitio a otro, formando una incipiente comunidad cristiana aunque sin organización eclesial potente y es posible dependiente espiritualmente de la Iglesia británica, que ya contaba desde el siglo III con una institución eclesial sólida.

Viajó a la Galia, donde la fe de Cristo avanzaba gracias a la imponente obra del también converso San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias ; 1 y 13 de diciembre, traslaciones) para imbuirse del modo de predicar, celebrar el culto y establecer la Iglesia que tenía el gran santo. También visitó Atenas donde conoció la obra filosófica de los grandes pensadores y autores helenos y la asimilación de estos por parte de la fe cristiana. Finalmente visitó Roma, donde luego de estudiar a los clásicos latinos y comparar todo su conocimiento y la fe de Jesucristo, rindió su corazón a este, convirtiéndose. Ibar se bautizó en la Ciudad Eterna.

Para adentrarse más en el conocimiento de la fe, viajó a Lérins, al célebre monasterio fundado por San Honorato (16 de enero) donde profundizó en los escritos primitivos de la Iglesia, y conoció a San Ciaran, a San Patricio y tal vez a San Vicente (24 de mayo). Una vez regresado a su tierra, sobre el año 480, lo primero que hizo fue fundar una comunidad monástica femenina en Arran, para luego hecerse eremita en la ciudad de Beggerin, donde se construyó una ermita y una celda. Al poco tiempo tuvo sus primeros discípulos, fundando una comunidad monástica, que la leyenda hace unos 3000 en vida del santo, pero vamos, de seguro no fueron más de 100. Entre ellos estuvo su sobrino San Abban (24 de agosto), que se le unió con 12 años y le acompañó toda su vida.

Esta comunidad monástica, primera en Irlanda, y que sería llamada “Insula Sanctorum et Doctorum” por su ciencia y piedad, se dedicó a la conversión de los paganos, con la predicación y el culto divino. Su campo de misión fue el actual condado de Wexford, donde reinaba el clan Hy-Kinsellagh, cuyo rey estaba casado con la propia hermana de Ibar, lo que allanó su camino para la predicación y la conversión del pueblo. Fundó numerosas comunidades cristianas, poniendo al frente a uno de sus discípulos para que enseñase al pueblo, contribuyendo a la organización de la iglesia local.

Como no puede ser menos, los milagros abundan en su leyenda como buen santo irlandés. Una nos dice que estando su hermana para morir, el santo le predijo que aún tenía que concebir y dar a luz a un gran santo: efectivamente, su sobrino Abban, que le acompañaría desde los doce años y sería elegido para sustituirle en la comunidad durante su segundo viaje a Roma, aunque el niño quería acompañar a su tío. Tanto lloró Abban, que la noche antes de su partida, Ibar le abrazó diciéndole "Descansa tu cabeza entre los pliegues de mi manto", cubiréndole con su propia capucha. El niño se durmió inmediatamente, e Ibar le dejó tendido y subió a la barca que había de cruzarle el mar, mientras indicaba a los monjes hicieran silencio. Pero cuando se había alejado un poco, Abban despertó, vio a su tío a lo lejos y clamó al cielo y la barca quedó estática sobre las olas, Abban se adentró en el mar y caminando sobre este llegó a la barca. Ante esto, los monjes y el mismo Ibar no pudieron sino aceptar que era voluntad de Dios que el niño hiciera el viaje a Roma con su tío.

A la llegada de San Patricio a Irlanda, este chocó con Ibar, porque los métodos de ambos diferían, además de que San Patricio pretendía que, al ser enviado por el papa, Ibar y los demás obispos, luego de consagrarles obispos formalmente, le rindieran obediencia a lo que se negaron. San Patricio pretendió expulsarle de Irlanda, a lo que Ibar se enfrentó rotundamente. Patricio evangelizó en zonas donde el cristianismo aún no llegaba e Ibar, por hacer la paz, se suscribió a su región de Wexford, donde, además, se dedicó, siempre según la leyenda, a dirigir espiritualmente a las monjas de Santa Modwenna (8 de octubre), cosa que también se dice del monasterio de Santa Brígida de Kildare (1 de febrero y 25 de enero, Traslación de la Cabeza). Predicó en Meath, en la actual Vall-Ibor, en Olden Leix donde convirtió y bautizó a los doce hijos de Barr, el feroz jefe de un clan pagano.

Ibar murió el 23 de abil de 500, según la crónica escrita por Abban, y su obra monástica duró casi hasta el año 1000, en que padeció el asesio de los paganos daneses, que destuyeron la impresionante biblioteca comenzada por sus sucesores Abban y San Coemghen (13 de julio), hermano de San Kevin de Glendalough (3 de junio). Luego de la expansión normanda, los Canónigos Regulares levantaron el monasterio y la iglesia, reavivando el culto junto a la tumba de San Ibar. Una peregrinación muy popular se mantuvo hasta el siglo XVII, hasta que fue prohibida por los protestantes de origen británico. Actualmente la iglesia es un templo protestante que mantiene su nombre latinizado “San Iberius”.

Se le considera patrón contra la calumnia y el falso testimonio. Durante el medievo era costumbre hacer junto a su imagen un juicio de veracidad, ante la duda sobre los acusados. Estos tocaban la imagen de madera del santo y si se quedaba pegado, era signo de culpabilidad, mientras que si nada pasaba, era signo de inocencia.

Fuentes:

-“The Irish Ecclesiastical Record”. Volume XVIII, 1921.
-http://omniumsanctorumhibernae.blogspot.com.es



A 23 de abril además se celebra a





Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...