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jueves, 6 de mayo de 2021

La muerte le salvó de ser injusto.

San Britto de Tréveris, obispo. 6 de mayo. 

Sucedió Britto a San Bonoso (17 de febrero) en la sede de Tréveris en el convulso momento de la herejía prisciliana y la condena de su propulsor, el obispo hispano Prisciliano. Este propagaba una serie de errores teológicos, que abarcaban desde el Panteísmo, el Sabelianismo o el Docetismo, la preexistencia de las almas, la condena del matrimonio y la no resurrección de los muertos entre otras cosas. En el Sínodo de Valence, en 374, en la condena de las doctrinas heréticas, mas no del obispo, a quien se le pide retractarse, la firma de Britto aparece justo después de la del papa San Dámaso (11 de diciembre) y la de San Ambrosio (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal). Esto indica la importancia de la sede de Tréveris. 

Britto también estuvo presente en el Sínodo llevado a cabo en su sede episcopal, en 384, en el que estuvo de parte de San Martín de Tours (11 de noviembre) en su intención de salvar al obispo Prisciliano, de quien el emperador Máximo, junto al obispo Itacio, quería la cabeza. San Martín insistió en que la excomunión pronunciada contra los herejes era más que suficiente castigo, y pensó lo había salvado, mas apenas se fue de la ciudad, los obispos lograron que el emperador Máximo ejecutara a Prisciliano y a sus principales discípulos, y además enviara órdenes a España para que se persiguiera y ejecutara a los priscilianos. La tortura le arrancó a Prisciliano una confesión, probablemente falsa, de prácticas impuras; y sobre esta base fue decapitado junto a otros seis. Otros fueron desterrados. 

Britto murió a inicios de 385, al mismo tiempo que esto ocurría, por lo que nada pudo hacer, de hecho su persona no consta en la condena de Prisciliano. Fue sepultado en la iglesia de San Paulino (31 de agosto), donde aún se veneran sus reliquias. Su sucesor fue San Félix (26 de marzo), un laico prominente de la ciudad, alejado de los poderes temporal y eclesiástico.  


Fuentes:
-https://heiligen-3s.nl
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 6 de mayo además se celebra a






viernes, 26 de marzo de 2021

San Félix de Tréveris, obispo.

San Félix de Tréveris, obispo. 26 de marzo.

Fue Félix un cristiano prominente de Tréveris que fue ordenado en los convulsos tiempos del hereje Prisciliano. A grandes rasgos: estos herejes, con el español Prisciliano a la cabeza, propagaban varios errores desde el Panteísmo, el Sabelianismo o el Docetismo, la preexistencia de las almas, la condena del matrimonio y la no resurrección de los muertos entre otras cosas. El emperador Máximo, junto al obispo Itacio, quería la cabeza de Prisciliano y los obispos aduladores no osaron negarse. Solo San Martín de Tours (11 de noviembre) clamó contra intervención del poder secular en causas eclesiásticas y contra el castigo de Prisciliano y sus discípulos, alentado desde España por los obispos ibéricos.

Martín insistió en que la excomunión pronunciada contra los herejes era más que suficiente castigo, y arengó con tal maestría que, en 384, luego del Sínodo de Tréveris creía que había logrado salvar a Prisciliano y los otros. Sin embargo, apenas se fue de la ciudad, los obispos lograron que el emperador Máximo ejecutara a Prisciliano y a sus principales discípulos, y además enviara órdenes a España para que se persiguiera y ejecutara a los priscilianos. La tortura le arrancó a Prisciliano una confesión, probablemente falsa, de prácticas impuras; y sobre esta base fue decapitado junto a otros seis. Otros fueron desterrados.

En 385 Martín regresó a Tréveris y junto a San Ambrosio (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal) intentó salvar a los herejes sobrevivientes, negando la autoridad de los obispos perseguidores. Al mismo tiempo intentó salvar a algunos seguidores del difunto emperador Graciano, a quienes el emperador Máximo pretendía condenar a muerte. El emperador entonces le dijo que si perdonaba a estos, tendría que permitir la persecución, confiscación de bienes y muerte de los priscilianos en España. Tuvo que ceder Martín, a regañadientes, y renunciar a su defensa de los priscilianos.

En medio de estos conflictos había fallecido el obispo de Tréveris, San Britto (6 de mayo), y se pensó para reemplazarle a alguien alejado del poder temporal, de los herejes y se eligió a nuestro santo. Félix fue consagrado al día siguiente de su elección. Félix fue un obispo misionero y muy celoso del culto de los mártires. En 396 trasladó las reliquias de su predecesor San Paulino (31 de agosto) y las colocó en la iglesia de San Mauricio (22 de septiembre), hoy iglesia de San Paulino. También recopiló todas las reliquias dispersas de los mártires San Palmacio y compañeros (5 de octubre y 12 de diciembre, invención de las reliquias), juntándolas en una iglesia, denominada Santa María y Todos los Mártires. En 398 renunciaría al gobierno de la sede para retirarse como ermitaño a cuidar de esta misma iglesia que había construido. Falleció a inicios del siglo V.

Fuente:
-https://heiligen-3s.nl


A 26 de marzo además se celebra a







 

sábado, 11 de noviembre de 2017

Caballero del mundo y Caballero de Cristo.

San Martín de Tours, obispo. (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias; 1 y 13 de diciembre, traslaciones).

El encuentro con Cristo.
Este ilustre santo nació en Sabaria, la antigua Panonia, se padres paganos. Sin embargo, Martín conoció el cristianismo siendo muy joven, y comenzó a interesarse por la vida monástica, aún sin ser bautizado. Ante esto, su padre le alistó en el ejército cuando tenía 15 años, con vistas a que la rudeza y disciplina de la vida militar, a la par de una carrera exitosa, le hicieran olvidar su interés por Cristo. Pero, sin embargo, en carrera militar fue donde el santo tuvo su "gracia fundante", o su encuentro personal con Cristo, que definiría toda su vida. Cuéntase que, estando destinado en Ambianum (la actual Amiens), un crudo día de invierno, cuando el santo atravesaba por la puerta de la ciudad, vio a un pobre mendigo casi desnudo. Martín, con gran misericordia, cortó su manto en dos y le dio la mitad al mendigo. Los que pasaban se rieron de él por el su aspecto ridículo que tenía con media capa, pero a él no le importó. Esa noche tuvo una visión en la que veía a Cristo con su media capa puesta, que decía a los ángeles: "¡Mirad, este es el manto que me dio Martín el catecúmeno!"

Aunque siempre nos lo cuentan con visos de leyenda, el suceso tiene todas las características de haber sido real, y aparece narrado en la primera "vita" del santo que escribió San Sulpicio Severo (29 de enero), en vida del mismo San Martín. La piedad popular es la que ha ido desvirtuando el suceso, sencillo en su origen, para añadir que se le apareció Cristo, o que solo dio media capa porque la otra mitad le pertenecía al emperador. Incluso le añade una segunda parte, ya obispo, cuando entonces entrega la capa completa. Y por supuesto, no falta la reliquia, falsa, de dicha capa, que se veneró en Amiens durante siglos. Ciertamente, a pesar de todo esto, el suceso de Martín viendo a Cristo en un pobre no tiene que extrañarnos, es una constante en la vida de los santos. Y tanto, que se copió para la leyenda propia de San Guillermo de Hirsau (5 de julio).

Militar y monje.
Luego de esto, en 356 Martin fue bautizado, teniendo dieciocho años. La leyenda quiere que haya huido a un monasterio enseguida, pero lo cierto es que el joven sirvió en el ejército dos años más. Llegó a ser Tribuno, durante el Imperio de Juliano el Apóstata, participando en la campaña contra los francos y los allamanni, que habían invadido tierras del Imperio Romano. Aunque la campaña duraría hasta 360, con la victoria de Juliano, en 358 Martín pidió licenciarse del ejército cuando estaba en Worms. Una leyenda, que no aparece en la "vita" primera, dice que Juliano montó en cólera por su petición, y el santo solo respondió: "Ponme al frente del ejército, sin armas ni armaduras, pero no volveré a desenvainar la espada. Me he convertido en el soldado de Cristo". Pero lo cierto es que ese año hubo cierta paz, los allamanni pidieron una tregua, y por esta razón Martín fue liberado de la carrera militar.

Luego de esto, el santo se fue a Poitiers, donde San Hilario (13 de enero) le instruyó en filosofía y teología, Biblia y Santos Padres, con vistas a ordenarle diácono, viendo su capacidad de aprendizaje y su creciente fe. Sin embargo, Martín no quiso oír hablar de ello y se fue a Sabaria, con sus padres. En el camino fue asaltado por un ladrón, al cual perdonó y habló tan bien de Cristo, que el hombre se arrepintió al tiempo y se hizo un buen cristiano. Y él mismo relató el hecho a Sulpicio. Ya Martín en su casa, logró convertir a su madre a la fe católica. Además, predicó contra los arrianos, que cada vez eran más en Panonia, y por este hecho fue azotado y expulsado de la ciudad.

Aparición de la Virgen,
Santa Inés y Santa Tecla.
Como su protector, San Hilario, había sido desterrado, Martín se fue a Milán, donde vivió como eremita, y tuvo de discípulo a San Maurilio (13 de septiembre), al cual enseñó los rudimentos de las letras, las Sagradas Escrituras, junto con la piedad y el gusto por las cosas sagradas. De cuando en cuando Martín predicaba al pueblo milanés, por lo cual fue expulsado de la ciudad por el obispo arriano, que había usurpado la sede. Entonces se fue Martín a la Isla de Albenga, donde hizo vida eremítica en oración y penitencia. Allí casi muere por comer por error una hierba venenosa. Afortunadamente vomitó pronto y el veneno no le fue mortal. La leyenda posterior cuenta que se le apareció la Santísima Virgen, acompañada por Santa Tecla (23 de septiembre) y Santa Inés (21 y 28 de enero), y le sanó.

Dos años vivió allí, hasta que Hilario regresó a Poitiers, y Martín se fue con él, para seguir aprendiendo la vida monástica. Cuando estaba ya formado, Hilario fundó un recinto monástico y Martín fue de los primeros en formar parte, siendo él quien escribió la Regla, seguida después por los Canónigos Regulares y por otros monasterios, como el fundado por San Ouen (24 y 26 de agosto) en Reouen. En este sitio realizó nuestro santo su primer milagro: resucitó a un catecúmeno fallecido de fiebres, al cual Sulpicio también conoció y le narró el hecho. La leyenda le quiere acompañando a San Maximino de Tréveris (29 de mayo, traslación de las reliquias, y 12 de septiembre) en su viaje a Roma. Ciertamente las fechas y la estancia de San Martín en la zona casan sin problemas, pero no está claro que el monje llamado Martín fuera nuestro santo.

Obispo a la fuerza.
En 371 falleció San Lidoire (13 de septiembre), obispo de Tours, y el pueblo quiso que Martín fuera su sucesor, pero como sabían que Martín se negaría, le mandaron llamar con la excusa de que visitara a una enferma, y estando de camino, le tendieron una emboscada y le llevaron a Tours a la fuerza. Los obispos convocados para la ceremonia dudaban de la idoneidad de Martín para ser obispo, sobre todo dudaba Defensor, el obispo de Angers; pero como el pueblo presionaba, no tuvieron más remedio de que ordenarle presbítero y obispo, el 4 de julio del mismo año. Martín siguió viviendo como monje aún después de haber sido nombrado obispo. Para ello se hizo construir una celda anexa a la iglesia, pero cansado del número de visitantes tenía, se fue a un lugar solitario a orillas del Loira, donde luego estaría la abadía de Marmoutier. Allí llegó a tener 80 discípulos, quienes vivían como él, vestido con ásperas pieles, comiendo solo una vez al día y teniendo todo en común. 

Entre estos discípulos estuvo San Bricio (13 de noviembre), un chico pobre y pendenciero al cual Martín había tomado bajo su protección a pesar de ser arrogante y malandrín, y aunque una y otra vez le decepcionaba, el santo obispo no cejaba en llevarle al buen camino. Llegó a suspirar San Martín que "Si Cristo debió soportar a Judas, yo tengo que soportar a mi Bricio". Le redujo al redil de Cristo y Brició tomó le hábito monástico la primera comunidad fundada por Martín, y llegó a ser ecónomo de la misma. Y luego sería su sucesor en la sede de Tours. 

También fueron discípulos suyos, en estos casos según leyendas, San Florencio (22 de septiembre) y San Romano de Garona (24 de noviembre), o San Ibar de Berggeri (23 de abril). Y además, se le relaciona con otros santos como Santa Natalina de Pamiers (10 y 12 de noviembre), a la que habría bautizado, o San Corentin de Quimper (12 de diciembre), al que habría ordenado de obispo. Y no podemos olvidar al estilita San Walfroy (21 de octubre), que se inspiró en nuestro santo para llevar una vida ascética.

Ordenación episcopal.
En las cercanías de su recinto había una aldea donde la gente adoraba a un pino, y se resistían a dejar de hacerlo. Martín, viendo que cortar el árbol sería peligroso, ofreció a los paganos que cortasen el árbol, sentándose él en el sitio donde debía caer, para demostrarles que los dioses nada podían frente a Cristo. Así lo hizo y cuando estaba para caer, inexplicablemente, el árbol cayó justo al lado opuesto, derribando un templo de un ídolo. Esto provocó la conversión de los paganos, que levantaron una iglesia en sitio del templo. En otros lugares no tuvo tantas contemplaciones el otrora militar, pues por su propia mano destruía los santuarios paganos los ídolos, edificando iglesias sobre ellos. Por supuesto que no le salía gratis, en Levroux y en Autun le dieron de palos y si no llega a ser por los soldados del Imperio, le habrían matado. 

Otros paganos, por su parte, intentaron atemorizarle vistiéndose de dioses o demonios, y si bien no lograron atemorizarle, sí que lograron que el santo viera diablos por todas partes. Y en una ocasión se le apareció el mismo demonio, coronado de oro y piedras preciosas, con magníficas vestiduras, y le dijo: - "Ha llegado el juicio, adórame". - "¿Dónde están las marcas de los clavos?" – replicó Martín – "¿Dónde está la marca de la lanza, o dónde está la corona de espinas? Cuando vea las marcas de la Pasión adoraré a mi Señor". Y entonces el diablo desapareció.

Martín contra la violencia.
Estuvo el santo presente en el Concilio de Tréveris, en 384, donde se trató el asunto del hereje Prisciliano y sus seguidores. Los errores doctrinales de este grupo eran varios, desde el Panteísmo, el Sabelianismo o el Docetismo, predicando la preexistencia de almas, la condena del matrimonio y la no resurrección de los muertos. El emperador Máximo quería la cabeza de Prisciliano y los obispos aduladores no osaron negarse. Solo San Martín clamó contra intervención del poder secular en causas eclesiásticas y contra el castigo de Prisciliano y sus discípulos, alentado desde España por los obispos ibéricos. Martín insistió en que la excomunión pronunciada contra los herejes era más que suficiente castigo, y arengó con tal maestría que al irse de Tréveris creía que había logrado salvar a Prisciliano y los otros. Sin embargo, apenas se fue, los obispos lograron que el emperador Máximo ejecutara a Prisciliano y a sus principales discípulos, y además enviara órdenes a España para que se persiguiera y ejecutara a los priscilianos. La tortura le arrancó a Prisciliano una confesión, probablemente falsa, de prácticas impuras; y sobre esta base fue decapitado junto a otros seis. Otros fueron desterrados. 

En 385 Martín regresó a Tréveris y junto a San Ambrosio (4 y 5 de abril, muerte y entierro; 7 de diciembre, consagración episcopal) intentó salvar a los sobrevivientes, negando la autoridad de los obispos perseguidores. Al mismo tiempo intentó salvar a algunos seguidores del difunto emperador Graciano, a quienes el emperador Máximo pretendía condenar a muerte. El emperador entonces le dijo que si perdonaba a estos, tendría que permitir la persecución, confiscación de bienes y muerte de los priscilianos en España. Tuvo que ceder Martín, a regañadientes, y renunciar a su defensa de los priscilianos. Este chantaje pesó tanto sobre él que nunca más participó en Concilio, Sinodo o reunión con gobernante alguno, hastiado de los contubernios Iglesia-Imperio. Llegaría a decir el santo: "¡Ay de los tiempos en que la fe divina necesita poder terrenal, cuando el nombre de Cristo, despojado de su virtud, se reduce a servir de pretexto y reproche a la ambición, cuando la Iglesia amenaza a sus adversarios con el exilio y la prisión, con los cuales los obliga a creer, cuando se apoya en la grandeza!"

Traslado del cuerpo del santo.
Muerte y sepultura.
Martín murió en Candes el 9 de noviembre de 401, a los 84 años de edad. San Severino de Colonia (23 de octubre) y San Evergislo (24 de octubre), aún niño en aquel momento, vieron su alma subir al cielo.
Su cuerpo fue llevado a Tours, dice la leyenda que por un barco "sin velas ni remos, que río arriba subió sin tropiezo, mientras los árboles florecían a su paso". Pero lo cierto es que sus reliquias fueron trasladadas con toda solemnidad, nada menos que por 2000 monjes, que formaron cortejo fúnebre entonando salmos.


Fue sepultado en día 11 en un cementerio a las afueras de la ciudad. En 412 San Bricio construyó allí una iglesia dedicada a San Esteban (en aquella época las iglesias sólo estaban dedicadas a los mártires) para custodiar el sepulcro. El 4 de julio de 473 San Perpetuo de Tours (8 de abril) trasladó las reliquias a una nueva iglesia, bellísima según cuenta San Gregorio de Tours (17 de noviembre), y que sería la primera del orbe cristiano en estar dedicada a un santo no mártir. Fueron las reliquias depositadas en un sepulcro de mármol, que fue veneradísimo durante siglos, a pesar de los desastres y renovaciones de la iglesia. Lo visitaron numerosos santos, prelados y reyes. Santa Monegundis (2 de julio) fue reclusa en una celda cercana a él. La leyenda de San Eloy (1 de diciembre) dice que este santo fabricó un bello relicario para contener reliquias de San Martín. 

En el siglo IX, debido a las invasiones normandas, las reliquias de San Martín fueron trasladadas a Auxerre, junto a la tumba de San Germán (31 de julio). Así que se tenían los dos cultos y cada uno sus seguidores. Estos entraron en pelea (esas tontas peleas de los que no tienen nada que hacer) sobre que santo sería el causante de los milagros que ocurrían allí, y cual, en definitiva, sería más "poderoso". No se les ocurrió otra cosa que ir al hospital cercano, agarrar a uno que acababa de morir y tenderlo sobre las tumbas. En primer lugar fue puesto en la tumba de San Germán, pero no pasó nada. Luego lo pusieron en la de San Martín y de inmediato resucitó el hombre. Los devotos de San Martín quedaron muy contentos, riéndose de los otros. Pero estos, que no querían perder, les dijeron que habría sido una grosería de San Germán hacer el milagro, en lugar de mostrarse hospitalario y "ceder" el milagro a su invitado.

las reliquias volvieron a Tours en el siglo XII y continuaron siendo veneradas. Sin embargo, en 1562 los herejes calvinistas incendiaron el templo y, en su odio anticatólico, profanaron las reliquias del santo, solo salvándose un hueso y parte del cráneo, que se veneran en la catedral de Tours. Durante la Revolución Francesa la bella iglesia fue destruida en parte, y en 1802 demolida totalmente. Pero el culto a San Martín no decayó. El célebre P. Delahaye intentó reconstruir una basílica copiando la anterior, pero las nuevas calles y casas emplazadas donde había estado el sepulcro del santo lo impedían. En 1857 Morlot, arzobispo de Tours, compró las casas y comenzó la excavación del terreno. En 1860 se descubrió el sitio donde habría estado la tumba, pero era propiedad ajena. Compraron esas casas también y finalmente, siete días después, se halló el venerado sepulcro. 

Culto y veneración.
Como dije antes, Sulpicio Severo escribió la "vita" del santo estando este vivo aún, y la completó luego con el relato de la muerte y la sepultura del santo. Este Vita ha servido para el sostén del culto durante siglos, y es que San Martín es uno de los santos más venerados durante siglos, aunque fuese por aspectos culturales o agrícolas. Su día era de fiesta en todos los reinos cristianos, se aprovechaba para la matanza de los cerdos, y hacer fiesta por la cosecha. 

Es abogado de soldados, jinetes, herreros y armeros; de tejedores, sastres, fabricantes de cinturones y guantes, sombrereros, pastores, molineros, viticultores, bodegueros, fundidores y propietarios de hoteles. Se le invoca contra enfermedades oculares, los envenenamientos, las mordeduras de serpiente y la caspa.
Francia por supuesto, es el país donde más se le venera, llegando a tener casi 4000 iglesias dedicadas a su memoria. Pero también hallamos su devoción en toda América, especialmente en México, y para esto transcribo el aporte del Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo:
San Martín de Huixquilucan, México.
"San Martín obispo de Tours, mejor conocido entre el pueblo como san Martín Caballero es un santo de gran tradición y devoción en México, su culto llego con los españoles en el siglo XVI y perdura hasta nuestros días. Es venerado en México san Martín caballero como patrón de los comerciantes y para que nunca falte el dinero y el trabajo, alrededor de estos patrocinios existen muchos ritos que los devotos del santo realizan ya que es muy común ver la imagen de san Martín en muchos negocios en todo México. Una de las tradiciones que hay para que san Martín “ayude en el negocio” es ponerle tres monedas de la primera venta del día que sean de la misma denominación y nombrando a cada una de las Divinas Personas de la Santísima Trinidad al momento de ofrecérselas al santo. Muchos fieles van juntan estas monedas que le ofrecen a diario al santo y con las mismas posteriormente compran veladoras o flores para el mismo altar del santo.
Otra tradición es ponerle albahaca, alfalfa o algún tipo de hierba verde para el caballo de San Martín para que pueda seguir cabalgando haciendo el bien. También el caso particular de ofrecerle albahaca al santo se da mucho en el sureste mexicano que tiene fuerte influencia maya los cuales pensaban que la albahaca era una hierba sagrada por su aroma y que el olor de la albahaca era agradable a la divinidad y subía hasta el cielo llevando las peticiones, por eso es que se considera de especial gusto para san Martín para pedirle de forma más eficaz que interceda por el bienestar de los negocios y comercios.
También existe la situación un tanto supersticiosa que muchos piensan que la imagen de san Martín debe tener un caballo blanco porque ese es el que más ayuda a los negocios y el del caballo marrón no es tan “bueno” para los negocios, como sabemos la intercesión de los santos es igual este pintado como sea su imagen siempre que uno les pida con fe verdadera.

Es también destacable que san Martín Caballero es el patrón secundario de la Asociación de Charros de México, compartiendo este patrocinio con san Hipólito y con el Beato Sebastián de Aparicio (25 de febrero). Y este patrocinio en especial es más evidente en la imagen que de san Martín se venera en la población de san Martín Huixquilucan, Estado de México la cual tiene por patrón a este santo desde el siglo XVIII a la cual cada año desde hace varios años la Asociación de Charros le regala un traje de charro a san Martín y los charros que pertenecen a la asociación le rinden sus respetos cada año con una peregrinación al santo, cuya fiesta en este lugar se celebra el último fin de semana del mes de enero. Hay registros que ya desde el siglo XIX a san Martín se le vestía de chinaco (el antecedente del charro mexicano) y que fue cuando la asociación de Charros le elige por patrón en los años 20 que se le viste definitivamente como charro".


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo XIII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 11 de noviembre además se celebra a
San Berthuin de Malonne, abad y obispo.
San Menas de Cute, soldado mártir.

sábado, 16 de abril de 2016

Santo Toribio de Astorga

Santo Toribio de Astorga, obispo. 16 de abril.

Imagen venerada en la
Catedral de Astorga.
Nacimiento y juventud.
Fue natural de Galicia y nació en el siglo III, sin que se sepa el sitio exacto, ni quienes fueron sus padres u orígenes, que todos los hagiógrafos hacen noble y de fortuna, a tenor de la esmerada educación que recibió.  Estudió Humanidades, retórica, latín, música, filosofía y teología. Además, era conocedor de las Escrituras. Aún joven quedó huérfano y vendió todas sus posesiones a favor de los pobres, para poder dedicarse libremente a Dios. Y se fue en peregrinación a Jerusalén. Llama la atención de este peregrinar que no solo lo hizo por devoción, sino además por conocer las costumbres de otros sitios y las liturgias de otras iglesias. En una carta que escribe a los obispos Idacio y Ceponio sale a relucir su alegría y consuelo al ver que aún con diferentes sentimientos y expresiones, la fe de la Iglesia es una sola en todo el mundo cristiano, y la unánime era la condena a toda herejía.

Llegó el santo a Jerusalén, donde pronto el obispo San Juvenal (3 de mayo) notó su sabiduría y piedad, y haciéndose amigo suyo, le encomendó la administración de la sede jerosolimitana. Fue diligente, cuidando sobre todo las reliquias de la Pasión y Muerte que, dice, en algunas iglesias se veneraban. Cinco años tuvo este oficio, hasta que un ángel le reveló que debía irse de la ciudad de Jerusalén, la cual en breve sería invadida por los bárbaros, saqueada y muchos sacerdotes y cristianos morirían. Tomó el santo algunas reliquias, para salvarlas y regresó a España, entre estas un "Lignum Crucis". De camino la leyenda dice que pasó por Roma, donde San León Magno (10 de noviembre) le ordenó presbítero. Volvió a su Galicia natal donde prosiguió su vida virtuosa, con fidelidad al Evangelio. Con ayuda de amigos y colaboradores, levantó un templo que dedicó al Salvador y donde depositó para la veneración pública el trozo de la Santa Cruz que había traído de Jerusalén. Dícese que luego de esto, sanó milagrosamente a la hija del rey de los suevos, señores de Galicia en estas fechas.

Obispo de Astorga.
Con esta vida virtuosa y sus obras, pronto fue conocido por muchos y su fama de hombre santo se extendió a otras regiones. Y ocurrió que quedó vacante la sede de Astorga y conociendo el clero y los fieles la valía de Toribio, su fe integra, su celo apostólico y su caridad ardiente, le eligieron obispo. Toribio se resistió cuanto pudo, por humildad y porque sabía que los cargos siempre llevan problemas añadidos, pero las instancias del pueblo le obligaron a aceptar. Apenas fue entronizado, ya le empezaron los problemas que temía: Sucedió que en Astorga había un diácono de nombre Rogato, que había querido ser él el elegido como obispo, pero todos le habían obviado por ambicioso. Envidioso y resentido, comenzó a calumniar y ofender a Toribio, que mansamente no se defendía, sino que imitaba al Salvador en su paciencia para con los que le injuriaban. 

Como veía Rogato que las difamaciones no mellaban la fama del santo obispo, le acusó de adulterio. El clero y el pueblo conminaron al obispo a que diera explicaciones y se defendiera de una vez. Con lágrimas en los ojos se fue Toribio a la catedral, para dar testimonio público de su inocencia. Y en lugar de soltar un sermón, tomó unas ascuas del turíbulum, las colocó en su roquete y sosteniéndolas comenzó a rezar el salmo LXVIII “Levántese Dios, y sean esparcidos sus enemigos, y huyan delante de Él los que le aborrecen”, a la par que daba la vuelta a la catedral con las ascuas sujetas. Al ver aquel portento todos clamaron por la inocencia de Toribio. Rogato, confesó su maldad, pero sin arrepentimiento, y allí mismo reventó por castigo de Dios.

Adalid contra la herejía.
Ya libre de toda calumnia, se dedicó el santo a su ministerio pastoral, consolando, predicando y haciendo la caridad. En la defensa de su rebaño brilló como apologeta y martillo de los herejes, principalmente contra los priscilianos, que iban en aumento en España. Prisciliano era un obispo español que, junto a reclamos justos, como la cercanía de los obispos a los pobres, la necesidad de reforma, sostenía teorías heréticas sobre la Trinidad y la concepción del alma humana. En realidad Prisciliano no llegó a los extremos que llegaron sus seguidores en un ascetismo nada cristiano, ni negó dogmas de fe, como sus discípulos luego harían. Fue apresado en Tréveris cuando se dirigía a defenderse ante el emperador. 

El obispo  Idacio de Ossonoba le acusó de falsos delitos, como brujería, recetar hierbas abortivas y varias herejías. El emperador le torturó y le condenó a muerte junto a varios discípulos. San Martín de Tours (11 de noviembre, sepultura; 4 de julio, ordenación episcopal; 5 de octubre, Iglesia Oriental; 12 de octubre, Iglesia bizantina; 12 de mayo, invención de las reliquias ; 1 y 13 de diciembre, traslaciones), San Juan Crisóstomo (27 de enero, traslación de las reliquias a Constantinopla; 30 de enero, Synaxis de los Tres patriarcas: Juan, Gregorio y Basilio; 13 de septiembre, muerte; 13 de noviembre, Iglesia oriental; 15 de diciembre consagración episcopal) y el papa San Siricio (26 de noviembre) protestaron por su condena, y luego por la ejecución, pero no fueron escuchados.

Santo Lignum Crucis.
Liébana.
Pues eso, que los herejes priscilianos iban a más, confundiendo al pueblo y a algunos eclesiásticos con sus doctrinas. Usaban de libros apócrifos a los que hacían pasar por Escrituras Sagradas que contenían enseñanzas y palabras heréticas. Toribio, “deseoso de arrancar toda la cizaña que el enemigo común iba sembrando en el campo de la Iglesia , se preparó á combatir todos los errores , impugnándolos con su celestial sabiduría”. Se nos dice que recopiló los errores priscilianistas y los envió en varias cartas a algunos obispos, para que estuviesen alertas. San Ildefonso de Toledo (23 de enero) menciona estos opúsculos, pero lo cierto es que si existieron se han perdido. Sí consta una carta del 21 de julio de 447 que San León Magno le escribiera sobre este tema, en respuesta a dicha recopilación que el santo obispo le habría enviado para que tomase cartas en el asunto. Elogia el escrito, su capacidad de síntesis y la claridad con que denuncia las herejías. Además, le encarga celebrar un concilio en Galicia para tratar de este asunto y condenar formalmente la herejía priscilianista. Realmente si este concilio se realizó se desconoce del todo, y no faltan los historiadores que han concluido que la relación epistolar entre ambos santos sea solo una leyenda hagiográfica y dicha carta sea apócrifa. Tal vez la leyenda solo busque hacerle partícipe activo en el principal problema de la Iglesia gallega en su momento.

No se sabe en que año murió Toribio, ni dónde; la leyenda dice sufrió la invasión de Teodorico, el rey godo, en 456, cuando saqueó la ciudad de Astorga, asesinando a todo el que pudo y haciendo sufrir muchísimo a Toribio. Es cierto que el obispo Idacio cuenta que dos obispos fueron hechos cautivos, pero no dice nombres. Cuando haya sido su muerte, se supone que fue en Astorga y que allí mismo fue sepultado. En el siglo VIII sus reliquias y la del Lignum Crucis fueron trasladadas al monasterio de San Martín de Liébana, que con el tiempo tomó el nombre de Santo Toribio de Liébana. Allí se venera solemnemente el Lignum Crucis aún, teniendo un célebre Año Jubilar propio, cada año que el 16 de abril cae en domingo.


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los dias del año: Abril. P JEAN CROISSET. S.I. Madrid, 1818.


A 16 de abril además se celebra a 




 

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...