lunes, 28 de septiembre de 2015

Dos almas, una sola misión.

Santas Lioba (Leobgyth) y Tetta, abadesas. 28 de septiembre.

Santa Lioba
Lioba nació entre los años 700 y 710, de la casa noble de Wessex, uno de los siete reinos que conformaban la actual Inglaterra. Era reino cristiano desde que San Birino de Dorchester (3 de diciembre) predicó allí y convirtió a rey Kentwin, abuelo de Lioba. Sus padres,  Tinne y Ebba eran de edad adulta y no tenían hijos, por lo que luego de largas súplicas a Dios, concibieron una criatura. Llamaron a la niña “Leobgyth”, o sea “guerrera por amor”. Otras versiones dicen que se llamó “Thruthgeba”, o “verdadero regalo de Dios”. En realidad ambos nombres le fueron puestos por la leyenda posterior. Ambos padres, en agradecimiento a Dios por el regalo hecho, decidieron dedicar a la niña a su servicio, y la llevaron al monasterio de Thanet, para que fuera educada por Santa Eadburgis (12 de diciembre), una de las mujeres más sabias e influyentes del momento. En el monasterio aprendió letras, música, ciencias, teología, las Escrituras. Eran los monasterios el único “instituto” donde las mujeres podían cultivar su intelecto y prepararse para la vida. Además de letras y religión, se les enseñaba a las niñas bordado, enfermería, economía doméstica, a organizar labranzas, dirigir talleres, etc. Siendo religiosa, tuvo una extensa correspondencia con San Bonifacio (5 de junio), el apóstol de Alemania. El monasterio de Thanet fue provisor del apostolado de Bonifacio, proveyéndole de ornamentos, cálices y de un bellísimo misal escrito y miniado a mano por Lioba. Y testimonio da el mismo Bonifacio en una carta, diciéndole a la santa: "Que la recompensa de este presente, querida hermana, sean los dones del cielo para ti”. Y al mismo tiempo le pide un ejemplar de las Cartas de San Pedro en letras de oro. Luego de 733 Lioba se trasladó al monasterio de Wimborne, que había sido fundado por las hermanas Santa Cuthburg (31 de agosto) y Santa Queenburg (3 de septiembre). Era un monasterio mixto, con secciones separadas entre monjes y monjas, todos bajo la autoridad de la abadesa. En este tiempo era comandado por la abadesa Santa Tetta, a la que conoceremos ahora:

Tetta también era hermana del rey Ine de Wessex, y de Cuthburg y Queenburg. Como estas también ansiaba la vida religiosa, pero entendió que la voluntad de Dios era otra. Casó muy joven y, al enviudar, entró religiosa en Wimborne, monasterio del que llegaría a ser abadesa tras la muerte de su hermana Cuthburg. En este momento recibió a Lioba, con la que enseguida tuvo una sintonía espiritual e intelectual. Ambas vivían entusiasmadas con la empresa apostólica de San Bonifacio entre los germanos, con el que Tetta también mantenía una relación epistolar intensa. Y aún más, pues le entregó a su hijo San Wiehtberht (5 de marzo), monje en su monasterio para que acompañase al santo en su apostolado. En ese ínterin murió la priora, religiosa de un cargo menor que la abadesa, y su labor está encaminada a la conservación material, el sostenimiento del monasterio, y el gobierno en ausencia de la abadesa, aunque solo tenía autoridad sobre las monjas, pues los monjes tenían su propio prior. En tanto, la abadesa rige, observa la disciplina monástica y corrige los desvíos, acepta los votos de las religiosas. La priora fallecida era tan incompetente e insufrible, que algunas monjas bailaron sobre su tumba cuando la enterraron, y con tanto frenesí, que hundieron la tumba. Al saberlo Tetta, regañó a las monjas y les impuso tres días de ayuno y oraciones expiatorias. Al cabo, la tierra se niveló por milagro, y la tumba volvió a su sitio originario.

Pues sin priora, Tetta nombró a Lioba su segunda, así como priora podrían colaborar mejor en el gobierno del monasterio. Y acertó, pues según la leyenda, ni el demonio podía distraer de su cometido a Lioba. Intentó el diablo robar la llave del coro para que las religiosas no pudieran ir al coro a rezar Completas. Pensaron era una broma de las novicias, así que a la mañana siguiente, al llegar a la iglesia creían que las bromistas devolverían la llave, y he aquí que un zorro saltó la tapia del convento y depositó la llave a los pies de Lioba, reconociendo Tetta que había sido una estratagema de Satanás, pero Dios le había vencido por las oraciones de Lioba y enviado a una bestia salvaje mansamente para mostrar su poder. Otra señal milagrosa confirmó a Tetta la valía de Lioba, y fue un sueño que tuvo esta: Vio que de su boca salía un hilo púrpura, y aunque intentaba sacarlo con sus manos salía más y más, haciendo un perfecto ovillo. Ni cortarlo, ni anudarlo podía. Temiendo al otro día ser reprendida, pidió a una novicia contase a la abadesa el sueño, pero esta lo hizo como si fuera propio y Tetta le respondió: “¿Por qué estás tratando de mentirme? Tú no has tenido ese sueño. Este sueño pertenece a Lioba. El hilo de color púrpura que sale de su boca que significa la palabra del Evangelio que brota de su corazón y sale al mundo por la boca. Y esto significa que enrolle el hilo a mano: que la obra de sus manos está en correspondencia con su corazón y la palabra que sale de su boca, y que dirigirá al pueblo”.

Y se hizo realidad este sueño por medio de Bonifacio, el cual mandó pedir religiosas que le acompañasen en su evangelización. Ya no bastaba con las oraciones y los regalos. Se necesitaba de sus personas, fundando monasterios y educando a las niñas, sosteniendo la evangelización con la caridad y la piedad. Ambas santas se sintieron entusiasmadas con la invitación del santo. Sin embargo, aunque las dos sostenían con sus oraciones y palabras sabias y espirituales al santo apóstol, sus vocaciones diferían: Tetta quedó en el monasterio como abadesa, prometiéndole al santo todas las oraciones de su claustro, mientras Lioba con 29 monjas cruzó el mar rumbo a la actual Alemania. Entre ellas, Santa Walburgis (25 de febrero), hermana de los Santos Willibald (7 de julio) y Wunibald (18 de diciembre), que ya misionaban con Bonifacio. Otras de las compañeras fueron Santas Tecla, Águeda, Nana, Eolibis, Kunihildis y su hija Gitte (todas a 28 de septiembre). Llegados al continente, remontaron el Rihn y llegaron a Tauber, donde Bonifacio fundó el monasterio para las monjas, del que Lioba fue nombrada abadesa. Aquí no cesaron los portentos: atendían las monjas a una pobre mujer, pecadora. Le daban de comer y la vestían con hábitos de las monjas. Quedó embarazada y lo ocultó hasta el final, entonces dio a luz y arrojó el niño al río, envuelto en un velo de monja. El cadáver del niño fue hallado río abajo y las monjas fueron acusadas de infanticidio por los paganos. Y allá se fueron todos a por las monjas, para expulsarlas por su mal ejemplo, y entre la turba iba la verdadera asesina. Estaban todas las monjas en la iglesia cuando entraron los “justicieros”. Lioba puso los brazos en cruz, oró y en ese momento bajó fuego del cielo y rodeó a la pecadora, que asustada confesó su crimen, quedando las monjas libres de culpa, y los paganos escarmentados y confiados de su inocencia y virtud ante Dios. Otros milagros se cuentan, como sofocar un incendio en la ciudad, tormentas calmadas, pájaros alejados de las cosechas, etc. A algunas monjas y mujeres seglares sanó de hemorragias, cefaleas, ayudó a tener buenos embarazos y partos. Hasta alguna resurrección consiguió de parte del buen Dios. Todos los milagros que la leyenda ha forjado en torno a ella cumplen al cabo el significado de su nombre “regalo de Dios”. Pero el verdadero milagro es su obra cultural y asistencial. Fundó los monasterios de Heidenhei y de Kitzingen, designando abadesas a Walburgis y a Tecla, respectivamente. No les faltaba trabajo, dotando a los monasterios y las iglesias, copiando las Escrituras y obras de los Santos Padres, para que los misioneros predicaran y estudiaran. Ellas mismas estudiaban para formar a las niñas que les encomendaban. Estos monasterios fueron fuente de técnicas de agricultura, de cocina, artísticas, de jardinería, etc. Incluso fueron grandes productores de vino y cerveza, experimentando y comprobando con verdaderos métodos científicos las mejores recetas.

En 754 San Bonifacio le escribe una carta, en la que tal vez previendo lo difícil de su próxima misión entre los frisones, gente bárbara, le dice que en caso de su muerte, quisiera ser sepultado en el monasterio de Fulda y que ella debía descansar en su misma sepultura. Esta recibió con tristeza la carta, aunque se trocó en alegría intuyendo el martirio de su querido Bonifacio, así como que sus reliquias estarían junto a ella. Y efectivamente, ese mismo año, el 5 de junio, San Bonifacio fue asesinado por unos paganos que se negaban a convertirse. Pero no sería hasta diez años más tarde cuando San Sturmis (17 de diciembre) trasladó las reliquias por orden del papa San Zacarías (3, 15 y 22 de marzo) y del rey Karloman. Lioba recibió las reliquias con un gran y solemnísimo funeral. Más tarde se hizo construir una celdita anexa al monasterio de los monjes, para estar más cerca de Bonifacio cuando iba a venerar sus reliquias, lo que hacía frecuentemente. Incluso se sabe llegó a estar en el coro con los monjes, algo impensable en otros casos, pero ¿quién se lo negaría a ella?

Primitiva sepultura de Santa Lioba
Fue consejera de Pipino, rey de los francos y de sus dos hijos, San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre, traslación de las reliquias) y Karloman. Aconsejó sobre todo a Carlomagno en el trato con la iglesia, la fundación de monasterios y escuelas catedralicias. Incluso pasó un tiempo en la corte de Aquisgrán, por su gran amistad con Hildegard, segunda esposa de Carlomagno, pero pronto regresó a su monasterio, añorando la paz y el silencio monásticos. Para estas fechas, es probable que Santa Tetta haya muerto, y su culto comenzó bastante pronto, aunque no consta que Lioba la haya venerado al menos “in situ”. Luego de 28 años como abadesa, Lioba se trasladó a Maguncia, cerca de San Lull (8 de mayo), el discípulo de Bonifacio, para servirse de su dirección espiritual. Allí llevaba la vida de una monja más, dando ejemplos de caridad y humildad. Otra vez estuvo un tiempo en Aquisgrán hasta que, sientiéndose enferma, volvió a Maguncia, para morir el 23 de septiembre, entre 779 y 782. Su cuerpo fue trasladado al monasterio de Fulda. Debían ser depositadas junto a las reliquias de San Bonifacio, pero los monjes no se atrevieron a abrir la sepultura y la enterraron junto a un benefactor de los monjes, al otro extremo del altar mayor.

En 819 Lioba fue trasladada junto a Bonifacio con el pretexto de unas obras en la iglesia monástica. Esta ocasión también sirvió para elevar sus reliquias y proceder a la canonización, dedicándole un altar junto al de San Ignacio de Antioquía en el transepto sur. Pronto se convirtió en meta de peregrinaciones, muchos de los que la conocían en vida, querían su socorro ahora que estaba en la gloria. Luego de 822 San Rábano Mauro (4 de febrero) escribe una “vita” de Lioba, al parecer a partir de los testimonios de aquellas primeras compañeras de Tauber. El 28 de septiembre de 836 se consagró la nueva iglesia del monasterio de las religiosas, a la cual el mismo Mauro, abad de Fulda, trasladó las reliquias de Lioba con gran solemnidad. La causa no se sabe, pues contradecía la voluntad de san Bonifacio, algunos apuntan a presiones de las monjas, a las que no se les permitía el acceso al monasterio masculino  y por tanto no podían venerar a su querida fundadora. Ese mismo año Rábano Mauro la inscribe en su martirologio. En 915 la iglesia y el monasterio fueron asaltados por los húngaros, pero el cuerpo de Santa Lioba parece que fue salvado, pues crónicas del siglo XIV hablan de sus reliquias presentes en el monasterio reconstruido. Salvo que fueran falsas. Su sepultura junto a Bonifacio siguió siendo venerada, y era costumbre que las madres arrancaran piedrecitas para calmar los cólicos de los bebés: las calentaban y aplicaban entre paños al vientre de los infantes. En 1920 una congregación monástica se fundó bajo el patrocinio y espíritu de Santa Lioba.


Fuentes:

-“Crónica General de la Orden de San Benito”. Volumen III. ANTONIO DE YEPES. Navarra, 1610.
-“Biografía eclesiástica completa”. Volumen 24. VARIOS. Madrid, 1865.
-“Guirnalda mística: triunfo de los santos”. Volumen 2. BALTASAR BOSCH DE CENTELLAS Y CARDONA. M.I. Madrid, 1724.
-“La leyenda de oro para cada día del año: vidas de todos los santos”. Volumen 3. P. PEDRO DE RIVADANEIRA. Barcelona, 1866.


A 28 de septiembre además se celebra a  
San Simón de Rojas, presbítero trinitario.
San Fausto de Ríez, obispo. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

San Adolfo, varios.

Pregunta: quisiera saber San Adolfo su historia y quie fue. por favor.

Respuesta: Varios santos con este nombre recogen los santorales. Es un nombre “complicado” porque en ocasiones aparece con diferentes variantes. Así veremos que el mismo santo es llamado Adolph, Adulph, Odulph, Adolfo, Odulfo, etc. Así que me decantaré por tres, omitiendo los Odulph u Odulfo que nunca aparecen como Adolfo, y con los que no hay equivocación posible. Y de los primeros elijo a tres:

-San Adolfo (Adulfus, Adolf o Adulph) de Torney, monje y obispo. 17 de junio.
-San Adolfo (Adulph, Odulph) de Osnäbruck, obispo. 30 de junio y 11 de febrero.

San Adolfo (Adulfo) de Córdoba, mártir. 27 y 28 de septiembre.

Junto a su hermano Juan, padeció el martirio en la Córdoba musulmana, en el siglo IX, reinando Abderramán II. Su vida fue escrita por Esperandeo, abad del gran San Eulogio (11 de marzo). Fueron hijos de Artemia y hermanos de Áurea, virgen y mártir (19 de julio). Su madre, cristiana, había casado con un musulmán y el matrimonio había sido aceptado por los musulmanes puesto que Artemia había prometido educar a los hijos en el Islam, cosa que cumplió solo de apariencias, pues les enseñó los rudimentos de la fe cristiana. Una vez viuda, se hicieron cristianos abiertamente, lo que provocó el escándalo de la familia y las autoridades. Adolfo y Juan fueron conminados aaceptar el Islam como religión propia, por haber sido de su padre, pero se negaron y fueron decapitados el 27 de septiembre de 824. Su madre y hermana entraron en monasterios, Artemia sería abadesa y moriría en la paz de Cristo, mientras que Áurea, como dije, sería mártir por la misma causa que sus hermanos.

Fuente:
- "Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.


Y sobre los otros dos, pues ya publicaré. 


A 27 de septiembre además se celebra a 
San Simeón Metafrastes, hagiógrafo.
San Juan Marcos, obispo. 

jueves, 24 de septiembre de 2015

San Gerardo Sagredo, carmelita.

San Gerardo Sagredo, apóstol de Hungría, carmelita, obispo y mártir. 24 de septiembre y 23 de febrero (traslación de las reliquias).



Perteneció Gerardo a la noble familia de los “Secretis” (Sagredos), emparentada con reyes, y con origen en las antiguas gens romanas. Nació en Venecia, en 986. A los cinco años le entregaron sus padres al monasterio benedictino de San Jorge, de la misma ciudad, para que se formase humana e intelectualmente. Y daba fruto, pues era aplicado a los estudios, cumplidor, devoto, paciente con los demás, humilde y estaba siempre pronto a hacer el bien. Gozaba de las ceremonias de la Iglesia, amén del silencio, el que aprovechaba siempre para hacer oración en soledad. Ya de niño era muy devoto de la Santísima Virgen María a la que consagró toda su vida futura. Cuando tenía 18 años, murió su padre en una campaña en Palestina, y su madre le llamó junto a sí para consolarse en su soledad. Su familia le consiguió un puesto de canónigo en la catedral de San Marcos, además de algunos beneficios eclesiásticos, para que pudiera mantenerse por sí mismo, y no se alejara de la carrera eclesiástica a la que se le veía encaminado.  Pero Gerardo no quería aquello, quería una vida realmente para Dios en pobreza, silencio y oración. Primero pensó en regresar a San Jorge y profesar como monje allí, pero tampoco le pareció apropiado. Muchos le conocían e igualmente le habrían adulado y tratado con deferencia.

Enterado que había un nuevo monasterio en las afueras de Venecia, fundado por monjes que venían de Palestina, les conoció y al ver que eran devotísimos de la Virgen María (hermanos suyos se llamaban), se decidió a tomar el hábito del Carmelo. Unas leyendas le hacen tomarlo allí mismo, para luego irse a Tierra Santa; pero la mayoría coincide en que queriendo conocer el origen de aquellos religiosos, se embarcó hacia el Monte Carmelo, donde tomó el hábito y profesó. Como fuere, le hallamos ya carmelita en Palestina, donde se dedicó a la oración en soledad y a la penitencia, acrecentando todas sus virtudes y dones naturales. Allí vivió unos años hasta que el Patriarca de Jerusalén, conociendo sus prendas, le mandó a Roma, como legado pontificio ante Benedicto VIII y los príncipes cristianos europeos, para hallar una solución con el asunto los griegos cismáticos y los sarracenos, que confundían unos, y perseguían los otros, constantemente a los fieles católicos. Aceptó con sumisión la encomienda Gerardo, sabiendo que esto le haría conocido y reconocido.

Llegó a Roma en 1021, y el papa le envió al emperador San Enrique (13 de julio), a la vez que le nombraba Patriarca de Antioquía, aunque solo titularmente, sin sede, pues la sede estaba ocupada por los griegos (en realidad este Gerardo es otro, no hay que confundirlos como hace la leyenda). Ante el emperador, Gerardo expuso la situación, pidiendo diplomacias o incursiones armadas, lo que hiciera falta. No se decidía el emperador, por lo que Gerardo decidió volver a Palestina. Se encaminó a Hungría, para conocer al bendito rey de Hungría, San Esteban I (16 de agosto y 2 de septiembre), que había convertido a su nación a la fe de Cristo. Una vez que se encontraron, Esteban no quiso separarse de él, porque vio la valía del religioso Gerardo le pidió se quedase en su reino para ser preceptor de su hijo el Beato Emerico (4 de noviembre). Accedió Gerardo, y además de su labor como preceptor, se lanzó a una profunda evangelización, cambiando costumbres, fundando santuarios y monasterios. También consagró el reino a la Santísima Virgen, como buen “carmelita”. Pero añoraba Gerardo la vida monacal, por lo que trajo religiosos carmelitas desde Palestina, fundando un monasterio a las afueras de Budapest, al que se retiraba frecuentemente. Deseoso de más soledad, se adentró a un bosque en absoluta soledad, donde un cuervo le alimentaba, como a N. P. San Elías (20 de julio, 12 de enero, en la Iglesia Oriental, la ascensión al Paraíso; y 20 de junio, traslación de reliquias a la iglesia de los Santos Apóstoles en Constantinopla), y los osos le protegían de otras alimañas salvajes.

Pero le quiso San Esteban de nuevo junto a sí, para lo cual en 1035 le nombró obispo de Csanád, región aún no suficientemente evangelizada. Igualmente cumplió el santo, atrayendo a muchos a la fe. Edificó iglesias y hospitales, predicó, instituyó la caridad, y sobre todo dio ejemplo de vida entregada a Cristo. En esta ciudad instituyó la costumbre de una función solemne en honor a Nuestra Señora, todos los sábados al atardecer con procesiones, súplicas y loas a la Madre de Dios. La devoción a la Virgen María atraía a muchos a ser cristianos, por lo que Gerardo siempre llamaba evangelizadora a la Virgen. “Ella lo hace todo”, decía. Por los pobres lo entregó todo, hasta su anillo en más de una ocasión. Suplicaba limosnas a los ricos, que repartía e incluso llegó a multiplicar para poder atender a más necesitados. Para poder retirarse a la soledad, fundó varias ermitas solitarias, donde se iba siempre que podía para estar a solas con Dios.

En 1038 murió el piadoso rey Esteban y habiendo muerto años antes el príncipe, tomó el reino Pedro Orseólo, sobrino de Esteban. Era de carácter débil y en el fondo despreciaba a los húngaros, a los que consideraba bárbaros frente a los venecianos, de donde él procedía. Contaba con la aprobación de la reina y viuda de Esteban, la Beata Gisela (7 de mayo), quien había mandado cegar a Vazul, un príncipe pretendiente al trono húngaro. Y lo que son las cosas... fue un nieto de Vazul uno de los mejores reyes de Hungría: San Ladislao I (30 de enero y 29 de julio). Pedro Orseólo pronto se quitó de en medio a Gisela, despojándola de sus bienes y desterrándola. Esto trajo rebeliones en el pueblo y los nobles húngaros, con una cruel represión como respuesta. San Gerardo protestó y amonestaba al nuevo rey constantemente, recordándole el compromiso adquirido con la fe cristiana, la justicia y la paz. Echaron los húngaros a Pedro, para poner en el trono a Samuel Aba, cuñado de Esteban. Y este fue peor aún, pues ni siquiera se detenía ante la Iglesia y los lugares sagrados. En la Cuaresma de 1041 mandó asesinar cruel y públicamente a mucho de sus adversarios, para dar escarmiento. Luego pretendió que San Gerardo le coronase rey, a lo que se negó el santo. Luego de la coronación, hecha por obispos adulones, Gerardo subió al púlpito y dijo a Samuel Aba: “la observancia de la cuaresma santa, oh rey, fue instituida para que los pecadores alcancen perdón y los justos premio. Tú, habiéndola violado con muertes tan injustas, y quitádome con tantos hijos el nombre de padre, ni uno ni otro mereces para con Dios, ni con el mundo. Y porque no temo tu ira, antes estoy determinado a morir luego por la honra de mi Señor, te hago saber que al tercer año de tu reinado te hallará el cuchillo vengador, y se te quitarán la vida y cetro que con fraude y violencia has adquirido”.

Martirio de San Gerardo.
El rey quedó muy irritado con el santo ante aquellas palabras, pero planeó su venganza para más adelante, no pareciéndole prudente matarle allí mismo. Pero reinando no tuvo tiempo, pues tan malo era, que los húngaros prefirieron restituir al trono al Orseólo, que en 1043 volvió a ser rey de Hungría. Pensaron que la cosa iría mejor, habiendo escarmentado. En estos años coloca la leyenda carmelitana la profecía de San Gerardo al caballero Guido de Malefayda, que quería ser religioso carmelita. El santo le profetiza que ha de casarse, pues tendría dos  hijos que serían gloria de la Orden y de la Iglesia. Y así sería, pues uno sería el Beato Aimer o Audemar (7 de julio), que sería obispo de Puy-Vezelay y Legado Pontificio en Tierra Santa, y el otro sería N. P. San Bertoldo, I General latino de la Orden (29 de marzo). Y volvemos a Pedro el rey. Pues este, confiado en que le querían en el trono, redobló sus primeros desmanes, así que en 1046 fue destronado por los príncipes Andrés y Bela, hijos de aquel Vazul castigado por Gisela. Así, se coronó Andrés I de Hungría, un rey que despreciaba el cristianismo, por lo que pronto aquellos paganos que estaban en la sombra, se hicieron con el poder, arrasando iglesias y monasterios, castigando y aún asesinando a sacerdotes y cristianos. Se cumplía la profecía de San Gerardo.

Este mismo, sabía que vendrían a por él. Aún así, partió acompañado por los obispos Bezther, Buldo y Benetha, al encuentro de los príncipes, para asistir a la coronación de Andrés,. Esa noche, estando en una ermita, tuvo la revelación de su martirio y el de Beztherio y Buldo. Al otro día celebraron una devota misa y se encaminaron hacia el Danubio, donde se encontrarían la comitiva real. Llegados al río, hallaron al capitán Vata, feroz pagano y enemigo de Cristo, que viendo a los tres obispos, mandó a sus soldados les apedreasen. Benetha pudo huir, salvándose, pero Bezther y Buld murieron por las heridas de las piedras (ambos son venerados igualmente a 24 de septiembre). Al ver los paganos que con San Gerardo ocurría que las piedras no le tocaban, sino que permanecían suspendidas en el aire, para luego caer suavemente, se encarnizaron más con él. Le sacaron del carro, le ataron a una de las guías del mismo y lo arrastraron hasta unas peñas desde donde le arrojaron. Al llegar abajo, viendo otros soldados que aún vivía, le atravesaron el corazón con una lanza, estrellaron su cabeza contra una piedra y arrojaron el cuerpo al río. Era el 24 de septiembre de 1047. Al día siguiente, unos religiosos sacaron el cuerpo del santo y lo enterraron secretamente en una iglesia cercana.

En 1054 Andrés decidió reconvertir la nación al cristianismo, con lo cual cesó la persecución a la Iglesia, y los canónigos de Csanád decidieron trasladar las reliquias de su querido obispo mártir, hallando el cuerpo incorrupto. En 1079 un concilio nacional decidió proclamar mártires a todos los que por la fe habían padecido la muerte en aquellos años turbios, lo cual puede considerarse la canonización de Gerardo. En 1400 las reliquias fueron trasladadas a Venecia, a la iglesia de Santa María de Murano. En el siglo XVI su memoria entró a la Orden del Carmen como santo propio. Sobre las certezas de su biografía y su pertenencia al Carmelo, el primer problema lo hallamos en que su “vita” la escribió un autor anónimo, en quien dice basarse Lezana en sus “Annalecta”, amén de otros autores que cita. Hay que decir que lo mismo hicieron los servitas y los benedictinos, teniéndole como santo propio. Con los servitas, pues no hay mucho que decir, pues el santo vivió al menos 200 años antes que la fundación de esta Orden. Los benedictinos tendrían más razón, pues el santo vivió en un monasterio de su Orden, aunque no está claro si llegó a profesar allí. Los carmelitas hicieron una defensa de esta pertenencia, pero como toda leyenda, se basa en alusiones y suposiciones. Una de ellas, la más peregrina es que no se entiende como habiéndose criado en una Orden tan prestigiosa como la de San Benito, hubiera dejado los hábitos, saliendo del monasterio para ser canónigo de San Marcos.


Fuente:
-"Flores del Carmelo: Vidas de los Santos de Nuestra Señora del Carmen".  FR. JOSÉ de SANTA TERESA OCD. Madrid, 1678.


A 24 de septiembre además se celebra a 
San Hermann el Paralítico, monje. 
Beato Marcos Criado, trinitario mártir. 

domingo, 20 de septiembre de 2015

San Agapito I, papa y peleador.

San Agapito I, papa 22 de abril y 20 de septiembre (traslación de las reliquias).

Agapito fue hijo de un presbítero llamado Gordiano, que estuvo mezclado en asuntos turbios y revueltas populares, por lo que murió asesinado, reinando el papa San Símaco (19 de julio). Agapito, de mente despierta, siguió la carrera eclesiástica de su padre. Amante de las artes, las letras y la ciencia, fue promotor de coleccionar, preservar y traducir al latín toda la obra de los filósofos, poetas, dramaturgos griegos. Siendo presbítero asociado de la basílica de Santos Juan y Pablo fundó la primera biblioteca eclesiástica de Roma.

Fue elegido papa el 13 de mayo de 535, luego de la muerte del polémico Juan II, del que era arcediano. Rehabilitó la memoria de Dióscoro, rival del papa Bonifacio II. Tuvo que pelear bastante el nuevo papa contra los emperadores Justiniano y Teodora a causa de los herejes. Con el emperador, a causa de los arrianos: Sucedía que había un vacío legal acerca de que si los prelados arrianos, al convertise a la auténtica fe católica podían volver a sus sedes de las que habían sido depuestos. El sentir de la Iglesia era que no, pues volvían a la Iglesia, fuera de la cual habían perdido su condición de eclesiásticos. Justiniano quería se les devolviese a sus obispados, porque muchos le eran serviles. Juan II no llegó a arreglar este asunto, y le tocó a Agapito, el cual determinó, en consonancia con el Concilio de Cartago que sólo regresaban a la Iglesia, sin que tuvieran derechos sobre las sedes, cargos o beneficios eclesiásticos.

Con la emperatriz tuvo que defender la fe católica ante la herejía monofisita, con la cual la emperatriz coqueteaba. Y más aún, había ganado para esta herejía a Antimo, patriarca de Constantinopla, con lo que algunos obispos y fieles herejes habían tomado iglesias predicaban sus errores abiertamente, con gran confusión del pueblo. Agapito tuvo que excomulgarlo y poner a otro en su lugar, a la par que reconvenir a la emperatriz. Los abades de Constantinopla reclamaron a Agapito, el cual les confirmó la doctrina de la Iglesia, además de consolarles con su visita, como veremos luego. Igualmente tuvo que condenar los errores nestorianos de los acemetas constantinopolitanos. Y esto último, paradójicamente, por impulso de Justiniano. Y es que la ortodoxia de los poderosos muchas veces es elástica.

Volvió a enfrascarse en peleas, esta vez como pacificador, entre Teodato, rey ostrogodo y Justiniano, que pretendía extender el Imperio de Oriente en tierras itálicas, luego de conquistar Sicilia. Para este viaje no quiso ser gravoso a la ciudad de Roma, y empeñó algunos tesoros de la Iglesia. A medio camino realizó el milagro de sanar a un pobre tullido que oyó la misa celebrada por el papa. Llegó a Constantinopla el 2 de febrero de 536, e intentó disuadir a Justiniano de sus propósitos expansionistas, pero el emperador se negó a hablar del tema. Agapito confirmó su condena a Antimo, por más que la emperatriz le hizo frente. Se negó a aceptar a Antimo si este no renegaba públicamente de la herejía, profesaba la fe católica y aceptaba los cánones del Concilio de Calcedonia, que condenaba el monofisismo. Y aún así, en ningún caso le admitiría a la sede de Constantinopla. Todo lo contrario, confirmó a Menas, su elegido. Tanta oposición le hizo Justiniano, que Agapito le dijo: "Con ardiente anhelo he venido para contemplar la fe cristiana del emperador Justiniano. En su lugar me encuentro a Diocleciano, cuyas amenazas, sin embargo, no me aterrorizan". Finalmente, Justiniano, queriendo eliminar toda sospecha de complicidad en la herejía, entregó al Papa una profesión de fe escrita por él mismo, que Agapito aceptó como católica, aunque señalando que “no puedo admitir en un laico el derecho de enseñar la religión, sin embargo, observo con placer que el celo del emperador está en perfecto acuerdo con las decisiones de los Padres del Concilio de Calcedonia". 

En estas gestiones le sorprendió la muerte, antes de cumplir el año de pontificado, el 22 de abril de 536, fecha en que las iglesias orientales celebran su memoria. Occidente, en cambio, le conmemora a 20 de septiembre, día en que sus reliquias fueron trasladadas y enterradas en la basílica de San Pedro, Roma.


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año: Septiembre. P JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1863.
https://en.wikisource.org/wiki/Catholic_Encyclopedia_%281913%29/Pope_St._Agapetus_I

Otros santos papas son:

San Esteban I. 2 y 30 de agosto.
San Telesforo. 5 y 30 de enero (carmelitas), y 22 de febrero.
San Dionisio. 19 de enero (carmelitas) y 26 de diciembre.
San Celestino V. 19 de mayo.
San Cleto. 26 de abril.
San Ceferino. 26 de agosto.
San Inocencio I. 28 de julio.
San Gregorio III. 28 de noviembre.
San Sergio I. 8 y 9 de septiembre.
San Melquíades. 10 de diciembre.
San Calixto I. 14 de octubre.
San Lino. 23 de septiembre.
San Urbano I. 25 de mayo.
San Silvestre I. 31 de diciembre.
San Eugenio I. 2 de junio.
San Hormisdas. 6 de agosto.
Beato Gregorio X. 10 de enero.
San Julio I. 12 de julio.
San Zacarías. 3, 15 y 22 de marzo.
San Marcos. 7 de octubre.
San Gelasio I. 21 de noviembre.
San Agatón. 10 de enero. 
San Lucio I. 4 de marzo.
San León IX. 19 de abril.
San Aniceto. 17 de abril.
San Alejandro I. 3 de mayo.
San Gregorio VII. 25 de mayo.
San Celestino I. 6 de abril.
Beato Benedicto XII. 25 de abril.


A 20 de septiembre además se celebra a 

Santa Almedha, virgen y mártir.

Santa Almedha, virgen y mártir. 1 de agosto.   Fue esta una de las legendarias hijas del rey de Britania, San  Brychan  ( 6 de abril ). Hast...